Disclaimer: "Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir", así como todos sus personajes son propiedad de Thomas Astruc, producidos por Jeremy Zag.
Yo únicamente me limito a divertirme con ellos y a crear controversia.
"La oportunidad perdida es lo único que cuenta".
Antoine de Saint-Exupéry.
Capítulo 1: París.
- Por favor, dime que esa es la última caja.
- Es la última...- respondió el chico soltando un bufido, al mismo tiempo que dejaba caer la caja al suelo.
- ¡Eso suena fenomenal! - exclamó llevándose el dorso de la mano al rostro, para apartar los cabellos negros que se habían escapado del improvisado chongo sostenido con un bolígrafo y que se habían pegado a su rostro con el sudor- Ya no le veía el final a esto...
- ¡Dímelo a mi! Acabo de dejar los pulmones, los riñones y el resto de mi humanidad en esas escaleras - comentó mientras colocaba sus manos en la parte posterior de la cadera y se estiraba haciendo presión al frente, hasta que sus huesos emitieron un crujido que lo dejó satisfecho - Por cierto ma puse [1]... ya subí TODAS tus cosas al ático...
A pesar del cansancio, la jovencita soltó una risilla traviesa al advertir los rastros del polvo gris que manchaban su camiseta favorita, la cual había tenido mejores días.
- Hummm... - cuestionó curiosa - ¿Acaso te estás quejando?
El estiro sus manos entrelazadas hacia arriba, haciendo tronar toda su espalda. Repitió el movimiento hacia el frente, apoyando todo su peso de forma equilibrada en sus talones y posteriormente, hizo lo mismo inclinándose completamente hasta tocar sus pies.
- Nunca... - contestó finalmente con voz petulante - Lo que sea por la pulga de la casa.
- Por eso te quiero, eres el mejor ma moitié [2].
El sonrió ante su respuesta. La mudanza había sido titánica y por demás laboriosa, llena de altas y bajas emocionales. Sintió nostalgia al recordar el dolor en sus ojos, cuando tomaron la decisión de dejar muchas de sus pertenencias en su viejo hogar, pero aquel cambio era necesario.
"Sólo en París tendrán otra oportunidad".
Ella reanudó sus actividades tarareando la melodía armoniosa que había emergido de la nada mientras realizaba sus faenas.
Por un momento, trató de imaginar lo que había sido crecer en ese lugar, lleno de calles pintorescas y edificaciones llenas de romanticismo.
Su atención se perdió un instante en el paisaje que contemplaba a través de la ventana. Los tonos rojizos, naranjas y amarillos que pintaban el atardecer en el cielo parisino, había comenzado a desaparecer, abriendo paso a las primeras estrellas de la noche.
- ¿Qué te parece si preparo Gratin dauphinois [3] para cenar? - le preguntó mientras metía las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.
La joven detuvo sus actividades y lo miró con un brillo especial en su ojos.
- ¿Y para acompañar un laté creme brulee con croissant?
- Seguro.- Le sonrió de vuelta, confirmando su deseo cumplido.
Con visible emoción, la chica se apresuró a acomodar lo que hacía falta tarareando nuevamente su melodía, mientras él se acercaba al lavamanos para asearse y preparar la cena.
Más tarde, ambos disfrutaban sus alimentos mientras que en la playlist se reproducía Build Me Up. Ella movía animada su cabeza revisando el correo electrónico desde su celular, mientras que él marcaba los tiempos con su pie disfrutando el contenido de su plato.
(Hey, hey, hey!) Baby, baby, try to find
(Hey, hey, hey!) A little time and I'll make you mine
(Hey, hey, hey!) I'll be home
I'll be beside the phone waiting for you
Ooo-oo-ooo, ooo-oo-ooo
Los dos emitieron risas llenas de complicidad, al darse cuenta que habían soltado los coros con las mejillas llenas de comida.
"Coman, mis lindos hamsters" - susurró una dulce voz en sus memorias.
Como si la hubieran escuchado, ambos dibujaron sonrisas en sus rostros al evocar el mismo recuerdo.
- Entonces... ¿Irás mañana a la escuela para registrarte?
- Eh, sobre eso... -la chica bajo el rostro y mientras picaba la comida, dudó un instante antes de responder - Estaba pensando que podría ayudarte aquí y tomar clases los fines de semana o saltarme este año... - explicó mirándolo de reojo - Digo, mientras nos equilibramos económicamente.
Él le dirigió una mirada llena de significado, deteniendo su tenedor con comida frente a su boca.
- Ya habíamos hablado de esto, ma puce.
- Lo sé...- contestó ella de vuelta.
Sus ojos grises volvieron a clavarse en el plato, como si trata de buscar la respuesta en el fondo del platillo. El comprendía su inquietud y su nostalgia al recordar los motivos que los habían llevado hasta esa ciudad.
Instintivamente, el joven alcanzó su mano con la suya, haciendo círculos con el pulgar en un intento por tranquilizarla.
- No podemos ir a la escuela al mismo tiempo y que pierdas el año escolar no es una opción. El fideicomiso que dejaron los abuelos es para tus estudios y debemos cuidar los ahorros que tenemos... al menos ese es el plan, hasta que encontremos lo que venimos a buscar.
- Esto es tan injusto...
- La vida es una bruja con todos... - soltó rodando los ojos - pero soy el hombre de esta familia, ma petite soeur [4]
- ¿Acaso debo recordarte que soy mayor que tú?- cuestionó la joven con un dejo de presunción.
- Sólo por cinco minutos - le replicó con una sonrisa y agregó - Es mi deber asegurarme que estarás bien y que el negocio familiar continuará. Me anotaré en la escuela sabatina en cuanto tenga oportunidad, te lo prometo.
La chica lo miró fijamente.
- Estarían tan orgullosos de ti.
- Y también de tí - Aquello fue dicho con convicción, como si tratara de que ella no olvidara sus palabras. Extendió su meñique frente a ella, con una mirada llena de ternura - Yo te tengo a ti...
- ...y tú me tienes a mi- le contestó de vuelta, cruzando su dedo y sellando aquella promesa.
- Bien, es mejor que nos apresuremos para terminar temprano. Lavaré los platos e iré por las herramientas para el mantenimiento de mañana, mientras terminas de acomodar lo que falte.
- Sólo falta una - aclaro ella. Ambos miraron en dirección a la caja colocada sobre la pequeña mesa de centro en la sala - pero creo que a ti te gustaría ayudarme a colocar lo que hay adentro.
Un poco más tarde, ambos acomodaban los objetos dentro de aquella estancia, intercambiando gestos de aprobación, resolviendo finalmente dejar algunos para sus habitaciones.
- Pienso que este debería estar en el negocio, ¿no te parece? - La chica miró aquel cuadro llena de añoranza, sus dedos acariciaron con especial cariño la imagen en él.
- Será perfecta, ma puse.- murmuró en respuesta, posando su mano sobre su hombro y apretándolo suavemente.
El lugar no tenía nada de extraordinario.
Jóvenes iban y venían en la entrada, algunos lanzándose saludos entre ellos, unos más animados que otros. Unos cuantos se gastaban bromas pesadas entre ellos y era notorio el intercambiando comentarios o cuchicheos sobre las caras nuevas en el Instituto.
El sonido de risas estruendosas y abucheos llamó rápidamente su atención, sacándola de sus pensamientos conforme se acercaba al recinto.
Había un grupo de chicos que aguardaba en las escalinatas alborotando a los que llegaban. Simulo buscar algo dentro de su bolso para detenerse un momento y analizarlos mejor.
Frunció el ceño al percatarse que todos ellos observaban sin pudor alguno a las chicas que ingresaban al edificio, emitiendo rugidos o bufidos, según la percepción que tenían de su belleza. Uno de ellos, el más alto y fornido murmuraba algo al chico que claramente era la nueva mascota del peculiar grupo, que de inmediato tomaba nota en la agenda electrónica entre sus manos.
"Qué imbéciles", bufó en su mente.
No era un secreto para ella lo que estaban haciendo. En sus anteriores escuelas había visto conductas similares, incluso se había enterado - para su vergüenza- que su nombre fue anotado en una de esas "libretas de belleza" y que la comunidad varonil la había catalogado como el "máximo trofeo".
Nadie había esperado su reacción ante aquel vergonzoso nombramiento y aunque los chicos aprendieron su lección, se había metido en un problema grave por ello.
Repentinamente, una chica rubia que apenas había bajado de un lujoso automóvil, caminó directo hacia ellos y se dirigió al más alto del grupo, que se quedó mudo al verla. Tras un momento que solo pudo identificar como extremadamente tenso en el que hubo un intercambio de palabras y manotazos por parte de la chica, esta tomó al muchacho de la oreja y lo llevó adentro del edificio, en medio de las risas de sus compañeros.
Vaya, hasta el animal más grande tenía su talón de Aquiles.
Con trabajo, apenas pudo disimular una carcajada, aunque el movimiento de su mano fue inevitable, llamando la atención de uno de los chicos de ese grupo que miró en su dirección y le dió un codazó a otro que llevaba el cabello completamente rapado, murmurando algo a lo que el otro respondió con una expresión que le recordó a las hienas de los documentales de Discovery Channel.
Ok, era tiempo de escapar.
Sin pensarlo ni un instante, sus pies se movieron en automático en sentido contrario. El movimiento fue tan rápido que no alcanzó a distinguir a la persona que caminaba en su dirección, pasando las melodías dentro de su celular y completamente ajeno a lo que sucedía en la entrada de la escuela.
La colisión fue inevitable.
- Heeeeyyyyy! para tu carro, amiga... - exclamó el chico de piel morena que había caído con ella al suelo después del choque, desparramando sus cosas sobre la banqueta.
- Lo lamento tanto... - dijo apresurada ayudándole a levantar los objetos rápidamente. Su rostro se contrajo al escuchar las risas del grupo de chicos, que habían observado el vergonzoso accidente, mientras se reprendía internamente por dejarse intimidar de esa forma.
Ahora estaba justo donde no deseaba estar.
En el perímetro de visión de esos depredadores.
- Oye.. ¿acaso te conozco? - cuestionó el chico, ajustándose la gafas para analizarla mejor.
La forma en que había soltado aquella expresión, reflejaba una clara confusión que no le paso desapercibida. Ella levantó su rostro y le devolvió la misma atención que el le dedicaba a ella. Detrás de las gafas, un par de grandes y expresivos ojos de color miel adornaban el rostro varonil de un típico chico de 16 años. Una arruga de profunda confusión se había dibujado en la frente, mientras le ofrecía una mano para levantarse.
- No. En realidad nunca antes nos habíamos visto... - pronunció ella, tomando su mano con una ligera sonrisa. Una vez de pie, sacudió ligeramente sus jeans mirando de reojo a los miembros de aquel grupo que comenzaron a entrar al edificio. Bufó cuando escuchó las palabras "nerd y ricura" sumados en la misma oración, antes de que todos desaparecieran de la entrada - Acabo de llegar a la ciudad y vine a pedir información sobre este Colegio.
- ¡Vaya! - exclamó visiblemente avergonzado- Entonces eres de nuevo ingreso... no se porqué pensé que ya te conocía.
- Quizá tengo un rostro demasiado común- contestó ella restándole importancia al asunto.
- ¡Todo lo contrario! Eres tan misteriosa y elegante... - la expresión soñadora del chico desapareció en cuanto reflexionó acerca de sus palabras - ...qui..quiero decir... que eres realmente peculiar, tan alta y hermosa como una modelo... aunque las chicas altas no son mi estilo, si...sssa...sabes a lo que me refiero... - sus manos se alzaron frente a el, acompañando sus frases atropelladas, mientras ella enarcaba una ceja divertida y ligeramente avergonzada, para finalmente agregar -y creo que mejor me callo.
No era tonta. Estaba plenamente consciente de que sus rasgos - tez canela, largo y abundante cabello negro azulado, grandes ojos grises - resultaban peculiares, aunado a su ascendencia china y francesa. Aún así, no se acostumbraba al efecto que su apariencia ocasionaba en otros.
Afortunadamente, para el chico la campana sonó indicando el inicio de clases, dándole la oportunidad de escapar de la vergonzosa situación.
- Bueeeeeno pues...- dijo el moreno apresurado - ¡Bienvenida a París, chica misteriosa! ... ahora debo irme o llegaré tarde el primer día... pero ya sabes, lo que necesites, un tour por la escuela, ayuda con tus tareas o una salida romántica al cine, pregunta por Jerome Lahiffe del 3B.
Esta vez, la joven ahogó una risilla cerrando los ojos y cubriendo su boca con la palma de su mano.
Nuevamente el rostro del chico se sonrojo, al reparar en qué su subconsciente lo había traicionado de la peor forma posible. Giro sobre sus talones y se precipitó hacia el interior, reprendiéndose a si mismo con algunas palabras altisonantes.
Tan pronto tomó lugar en el pupitre, se golpeó la frente al tiempo que soltaba un gruñido de frustración, sorprendiendo a sus compañeros, que por un momento brincaron en sus sitios y abrieron la boca con sorpresa ante su arrebato.
- Demonios... olvidé preguntarle su nombre.
Con los brazos cruzados sobre su pecho, su mirada azul aqua viajó por toda la fachada del edificio, contemplando con detenimiento los daños que no había notado la noche anterior. El tiempo, la exposición a la intemperie y la falta de mantenimiento había arruinado completamente la pintura tanto de las paredes como de los rótulos en las ventanas.
Por dentro, también había observado cierto deterioro, pero era un poco más llevadero y podría hacerlo el siguiente fin de semana.
Pero el frente era otra cosa, era necesaria una mano de pintura completa. Urgente.
No hacía falta ser un genio de las matemáticas para saber que aquello le costaría un ojo de la cara.
"Cada problema no es sino una nueva oportunidad, mon fils [5]"
Evaluando rápidamente la situación, entró al negocio haciendo sonar la campanilla y tras un par de minutos, regreso con una caja de herramientas y una escalera.
Con decisión, saco un par de espátulas, algunas lijas de agua, guantes de carnaza, cubrebocas y googles. De momento rasparía la pintura vieja y quitaría los acrílicos dañados, lavaría todo y lo dejaría en un solo tono, mientras elegían una nueva paleta de colores entre los dos. Después de todo era un negocio familiar y las grandes decisiones se tomaban en familia.
Abrió su celular, escogio una playlist y seleccionó Stumblin' in y tras colocándose los audífonos, puso manos a la obra, mientras los primeros toques en la batería rezumbaban en sus oídos.
Our love is a flame, burning within
Now and then firelight will catch us
Stumblin' in
Las notas de la canción lo llevaron por un momento a un lugar en su memoria.
Una pequeña casa, una cocina vibrante, el dulce olor a canela y el calor del horno de pan estaban tan frescos en su memoria, que sonrió para si mismo.
Wherever you go, whatever you do
You know these reckless thoughts of mine are following you
I'm falling for you, whatever you do
'Cos baby you've shown me so many things that I never knew
Whatever it takes, baby I'll do it for you
Con ánimos renovados en su corazón y la música atizando su energía, puso manos a la obra, comenzó a raspar la pintura vieja de las paredes, imaginando los colores que podría ocupar en la decoración.
La playlist siguió rezonando en sus audífonos y antes de que lo pensara ya habían pasado casi tres horas en su labor. Había retirado la mayor parte de la pintura y los acrílicos dañados. Recogió la caja de herramientas y entró al edificio haciendo sonar nuevamente la campanilla. Unos minutos más tarde, apareció con una escoba, un recogedor y un cesto de basura.
De inmediato, comenzó a barrer los restos de la pintura, cuando un sonido irrumpió en la melodía que se reproducía en ese momento, seguido de una vibración en el bolsillo de su pantalón, indicándole que había llegado un mensaje.
Se retiró los guantes de inmediato con un gesto de curiosidad y desbloqueo el móvil. Tras un momento de asombro, sonrió dulcemente al notar el nombre del grupo de WhatsApp, que al final rezaba tres emoticones.
Un corazón, un rodillo y un símbolo infinito.
Rápidamente abrió la mensajería y apareció una imagen en la pantalla. En ella, se contempló a si mismo junto a un grupo de jóvenes, vistiendo atuendos de cocinero. La vibración le indicó que había llegado un mensaje nuevo.
-"Recuerdanos en París"
Vislumbro la imagen nuevamente, enfocándose en el rostro de la chica a su lado. Ella lo miraba de soslayo con el rostro ligeramente ruborizado, mientras el pasaba sus brazo por encima de los hombros de ella y del chico que estaba al otro extremo de él.
Si tan solo lo hubiera notado antes.
Con el corazón palpitando fuertemente y un poco de incertidumbre, activó el manos libres y tras localizar el nombre del contacto que le interesaba, pulso el botón de llamada.
Al tercer timbre, escuchó el sonido de descolgado, sólo que la persona al otro lado de la línea no emitió ni una sola palabra.
- "¿Ming Yue?"- murmuró ya no tan convencido, mesándose el cabello negro.
Tras un momento de tensión, la voz en el teléfono le devolvió el saludo de tal forma, que parecía envuelto en una caricia.
- "¿Lucien...?"
No volvería a poner en duda los límites de su paciencia. Si alguna vez se había cuestionado cual era su tope mental, se arrepentía en lo más profundo de su ser.
La cantidad de personas esperando antes que ella afuera de Dirección Escolar no era tan impresionante, como el tiempo que la Profesora Bustier había dedicado para atenderlos a todos y cada uno de ellos. Tras un par de horas, se había levantado de su lugar anunciando a la secretaria que regresaría más tarde- posiblemente nunca-, pero ella le advirtió que era mejor esperarla.
Sin más opción, regresó a su lugar en el incómodo sillón de espera, concentrándose en contar los puntos en el papel tapiz de la pared frente a ella.
Se puso de pie en un salto cuando por fin se abrió la puerta del privado.
Como la máxima autoridad en el Colegio Francoise Dupont, la imagen de la Directora era todo lo que podía esperar. Iba enfundada en un traje blanco impecable - posiblemente un Ralph Laurent- y su cabello pelirrojo estaba perfectamente sostenido en un chignon pulcro, que lucía esplendorosamente sus dos cintas de canas bien definidas a los costados del rostro. Nada en sus accesorios era ostentoso, alrededor de ella flotaban los conceptos elegante y sencilla. Muy posiblemente superaba los 50 años, pero sus pasos habían resonado con fuerza sobre el piso, indicándole que las zapatillas tenían al menos 12 centímetros de altura y pese a ello, su andar era delicado. Antes de salir completamente de la oficina, la Directora le dedicado una apenada sonrisa.
Era una dama elegante en toda la expresión de la palabra.
- Dotty, la Profesora Mendeleiev se reportó enferma por toda esta semana - indicó la mujer que había salido detrás de la Directora, deteniéndose un instante para entregar unos documentos a la secretaria - La Profesora Bustier y yo veremos como cubrir los grupos que le tocaban, en lo que resolvemos quién será el maestro sustituto.
Aquella profesora era mucho más joven que la Directora, de estatura mediana y ligeramente corpulenta, aunque no por ello carecía de estilo. Por el contrario, todo en ella era un homenaje a la cultura hippie étnico ambientalista, desde sus jeans con flores bordadas hasta su cabello rubio que lucía unas largas rastas de colores al más puro estilo tribal.
- ¿Tiene a alguien en mente, Srita. Haprèle? - le cuestionó la vieja secretaria, dedicándole una mirada escéptica detrás de sus gafas cuadradas. No podía imaginarse a la exótica maestra de Filosofía platicando con un científico.
- Conozco a alguien que solía ser todo un genio en física molecular, pero debo preguntarle si estaría dispuesto a cubrir esas clases.
- Ojalá acepte - refunfuño la secretaria- Los alumnos se ponen insoportables, si no les das algo en que entretenerse.
Mylene Haprèle soltó una carcajada armoniosa ante su comentario. Los chicos solían tener demasiada energía, pero las últimas generaciones vibraban en una sintonía que ella no terminaba por comprender.
- Lo siento, querida...- la secretaría se dirigió a la joven que las observaba silenciosa desde el sillón, visiblemente interesada en su plática - Después de todo, parece que tendrás que volver mañana. Lo único bueno de esto, es que te libraste de las presentaciones del primer día.
La chica sonrió con gesto cómplice ante sus palabras.
- Pero... si aún no he sido admitida.
- ¿Tienes todos tus documentos en regla?
- Es por eso que quería pasar con la Directora. Superé ya el rango de edad, pero me explicaron en el Ministerio de Educación que para certificar mis estudios anteriores, debo cursar nuevamente el último año y esta es la escuela más cerca a mi domicilio actual - indicó extendiendo un folleto con información.
- Necesitas una convalidación de tus estudios - confirmó Dotty, devolviendo el triptico y sacando del cajón de su escritorio una chek list- Puedo platicar tu caso con la Directora, pero estoy segura que te apoyará en lo que necesites. Necesito que prepares estos documentos y los entregues antes de este fin de semana.
Mientras la profesora Haprèle la observaba tomar nota de las indicaciones de Dotty, un amargo recuerdo de su adolescencia revolvió sus entrañas. Un silencioso recordatorio respecto a desconfiar de aquello que podía convertir a un adolescente en el centro de atención. Analizó rápidamente a la joven frente a sí, sus rasgos parecían ligeramente extranjeros, no obstante algo extrañamente familiar la motivó a cuestionarla al respecto.
- Nací aquí en Francia - explicó la chica guardando la información que acababa de tomar dentro de su bolso - , pero viví desde pequeña en China y mi abuela era de ese país - explicó al tiempo que sacaba su pasaporte y lo extendía a Dotty. La secretaria lo examinó bajando los lentes a su nariz, retirando y acercando el documento a su rostro, como si tratara de ajustar el perímetro de su visión. El gesto le causó ternura la joven, que sonrió afable a ambas mujeres y continuó con su explicación - Acabo de mudarme a esta ciudad con mi hermano y aspiro a entrar a la Escuela Normal de Música.
- Niña, no se leer chino... - exclamó Dotty extendiendo el documento a la profesora, quien tras mirarlo , parpadeó un par de veces antes de abrir aún más sus enormes ojos verdes con un gesto de incredulidad. Ajena a su reacción, Dotty comenzó a ingresar información, tecleando rápidamente - Dime a que nombre debo llenar la solicitud de ingreso.
Pero no fue la chica quien contestó. Con apenas un hilo de voz, Mylene pronunció con incredulidad aquello que leía en el pasaporte.
- Louise... ¿Dupain-Cheng?
[1]: Mi pulga.
[2]: Mi mitad, es un sobrenombre cariñoso que es usado más entre parejas, pero que también tiene uso entre hermanos gemelos o mellizos.
[3]: Gratin dauphinois es un platillo elaborado con patatas gratinadas, típico de la cocina francesa en la región de los Alpes. Las patatas van cortadas en finas rodajas y se cocinan en el horno con nata fresca o leche, o la mezcla de ambos.
[4]: Mi pequeña hermana o hermanita
[5]: Hijo mío.
Hola hola!
¡He vuelto! Les he traído con mucho cariño, una idea que surgió precisamente platicando y fantaseando en Instagram con mi pequeña.
Tal vez no sea del agrado general, ya que todo mundo pelea en el fandom entre lo que es canon y los ships que nos gustan, pero he aprendido que todo en esta vida es toda una posibilidad y que el mundo es tan inmenso y maravilloso, vale la pena dejar volar la imaginación.
Ya iremos viendo como se va desarrollando está historia,
Un beso.
Samirasama
