Disclaimer: Lamentablemente, One Piece y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda.
Rated: M por violencia, lenguaje y leve contenido sexual.
¡Hola! Yo de nuevo :D les traigo esta vez una historia con la que llevo trabajando bastante tiempo, no planeaba publicarla todavía, pero estaba muy emocionada por hacerlo y hace unos cuantas semanas que no publicaba nada nuevo. No sé como será las actualizaciones, pero ya que llevó parte de la historia escrita entonces espero no tardar demasiado. Este es un fanfic nada parecido que haya hecho antes, y lo he escrito con mucho amor para ustedes.
También planeo publicarla en ingles. ¡Déjenme un Review si les ha gustado! Esto será como un pre-estreno por así decirlo de la historia. Besos :)
Capítulo I
El frio metal del arma posándose en la parte baja de su espalda se coló a través de la sucia y delgada tela de su camiseta, en espera de que el portador de dicha pistola jalara el gatillo para acabar con su vida. Pasaron los segundos en los que no hubo movimiento alguno, Nami temía que su intranquila respiración fuera el detonante que decidiera arrebatarle la misma, pero su tensión poco a poco se calmó cuando el tiempo transcurrió en silencio.
El arma se tensó de nuevo cuando intentó darse la vuelta, inmediatamente supo que no había sido una idea sensata, era mejor quedarse en la misma posición sin mover un músculo, en espera de que el individuo tomara una decisión.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —escuchó que le preguntaba la persona tras de ella, por el tono grave de su voz reconoció que se trataba de un hombre.
—Estoy herida—le explicó apretándose levemente el abdomen con el brazo, esperando que su camiseta desgastada sirviera como venda para drenar la sangre de su nuevamente abierta herida, en donde anteriormente un pedazo de vidrio había perforado su carne.
En cuanto el desconocido oyó su respuesta, Nami se mordió el labio al sentir que el arma ahora apuntaba directamente en su cabeza mientras el seguro se liberaba. Con la poca energía que le quedaba, iba a explicarle que no se trataba de una mordida, pero sus ojos comenzaron a hacerse pesados y su cuerpo se desvaneció en el aire, cayendo sobre en sus brazos antes de perder totalmente el conocimiento.
Le costó abrir los ojos al despertar, la luz de la lámpara fue el primer impacto que recibió y tardó unos segundos en acostumbrarse. Intentó levantarse en cuanto su cerebro se activó completamente y los recuerdos llegaron a su mente, pero fue inútil, las correas en sus muñecas y tobillos no le permitieron tal movimiento.
Con fracasados intentos de zafarse de sus ataduras, su herida ardió, lo suficiente como para quedarse quieta antes de comenzar a mirar de reojo la habitación en donde se encontraba. Parece que seguía en el hospital en el que entró.
Levanto levemente la cabeza para intentar ver las heridas que tenía en su estómago, pero al estar atada, su vista no le permitió ver nada más que su camiseta rota. Recordó entonces lo que había pasado antes de desmayarse, y se preguntó si había entrado en un lugar al que no debía y si las personas que parecían haberla ayudado a simple vista no se aprovecharían de sus condiciones como había pasado anteriormente. Al solo recordarlo le causó escalofríos.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de la puerta rechinando, inmediatamente se puso en alerta. Un hombre pelirrojo cuyo rostro estaba cubierto por una gorra, se aproximó a ella luego de cerrar nuevamente la puerta, y en cuanto se dio cuenta que se encontraba despierta, le dio una sonrisa nerviosa.
—Así que ya despertaste…—le dijo mientras ella le dedicaba una mirada analizadora de arriba abajo. El desconocido se encontró incómodo por su nada sutil análisis y lentamente comenzó a liberarla de sus ataduras luego de dejar una bandeja de metal sobre la mesa a pocos pasos de la camilla.
Comenzó desatando sus tobillos para luego ir hacia sus muñecas, tomando la precaución de no hacer movimientos demasiado brucos o sospechosos para que ella no se asustara. En cuanto estuvo libre Nami no pudo evitar acariciarse la piel de sus muñecas con una mueca de dolor.
—Lamento que te hayamos atado, pero era por precaución—se disculpó avergonzado—. El jefe hablara contigo en un momento. Rápidamente se escabulló por la puerta y Nami se abalanzó hacia la mesa sin pensarlos dos veces, en cuanto estuvo allí tuvo que aferrarse a ella para no caer del dolor que su herida profesaba por el movimiento brusco, se agarró el estómago y se obligó a ser fuerte.
Tenía que pensar rápido, antes de que llegara el hombre apodado como "Jefe" quien sabe que cosas podrían hacerle ahí, o que cosas le habían hecho mientras estaba dormida. De todas formas no se iba a quedar a averiguarlo.
En la bandeja había un plato de comida junto a utensilios de plástico para comer, los desdoblo de la servilleta y tomo el cuchillo en caso de tener que defenderse. Se sentó nuevamente en la cama a esperar a que alguien regresara, tenía suerte de que Zoro había dedicado tiempo en enseñarle como defenderse, porque en caso como esos en que andaba por su cuenta, no tenía quien pudiera ir a su auxilio.
Al poco tiempo el hombre que había visto anteriormente entró nuevamente en la habitación, acompañado de otros tres que jamás en su vida había visto. Uno de ellos tenía el cabello castaño y al igual que el otro, llevaba puesta una gorra que no dejaba ver correctamente su rostro, estaba vestido de un traje blanco cuerpo entero; también estaba lo que parecía ser un oso y seguido de él estaba uno mucho más alto y peligroso, no apartó la mirada de él en cuanto lo vio.
— ¿Cómo te sientes? —Le preguntó tímidamente el oso al verla, indeciso de si debía acercarse a ella para revisar sus vendas o quedarse en su lugar luego de ver la mirada de desconfianza que ella le dio inmediatamente—. Lo siento.
—Estoy bien—respondió ignorando su disculpa, incorporándose y tomando una postura más cómoda debido al dolor de su herida.
—No deberías haberte movido—le regañó el tercer hombre. Nami encontró su voz algo familiar y dedujo que podría ser el hombre que anteriormente le había apuntado antes de desmayarse.
— ¿Dónde estoy? —exigió luego de pasar sus ojos por cada uno de ellos con desconfianza. No se sentía cómoda al estar en aquel estado tan débil con la mirada de todos sobre ella, considerando que se trataban de solo hombres y ninguna mujer a la vista.
—En el hospital que allanaste—comentó sin inmutarse por su mirada afilada mientras se acercaba hacía ella. Nami entró en pánico, antes de que pudiera si quiera tocarla reaccionó violetamente y lo empujó antes de levantarse del otro lado de la cama y sacar el cuchillo que anteriormente había adquirido y guardado en su sostén.
Los hombres se tensaron ante sus acciones, pero ninguno se atrevió a recriminarle nada. Uno de ellos intentó acercarse con cautela tratando de calmarla, pero Nami reacciono rápidamente y lo amenazó con el cuchillo si se atrevía a cruzar la línea.
—No vamos a hacerte daño—indicó bajando los brazos, en un afán de que no intentaría nada raro.
—Acércate y será lo último que hagas—le amenazó con furia y el hombre le recorrió una gota de sudor por su frente, temeroso de salir herido por la mujer frente a ella.
Nami por otro lado, intento no darles la impresión de que le herida le dolía a horrores, no quería parecer débil frente a ellos y que les diera una ventaja sobre ella para atacarla. Inútilmente se llevó la mano a la herida cosida dando una mueca de suplicio, cuando bajó la mirada observo como la venda se teñía lentamente de rojo, su herida se iba a abrir de nuevo.
No se dio cuenta cuando fue que uno de ellos se aproximó hasta ella si no cuando le apartó el cuchillo con suavidad y su mano se posaba sobre su hombro.
—No me toques—dijo mientras apartaba su mano con disgusto.
—Vuelve a la cama antes de que la herida termine de abrirse—ordenó sereno, Nami solo lo miro de reojo sin ganas de obedecer a sus órdenes—. No me obligues a llevarte yo mismo. El tono que había pasado de ser tranquilo a uno demandante la sorprendió; a regañadientes camino hacia la cama en donde volvió a acostarse con dificultad y gesto adolorido.
El resto no dijo una palabra.
El hombre que anteriormente la había ordenado acostarse, se acercó a ella con un botiquín listo para limpiar la herida que se había abierto de nuevo. Al principio su cuerpo se puso rígido, pero a medida de que comenzaba a tratarla con delicadeza entonces poco a poco comenzó a relajarse y dejar a un lado lo tensa que se había puesto.
Nami se encontró sorprendida por la sutileza con la cual realizaba su trabajo, sus dedos habilidoso limpiaron la herida y en ningún momento le ocasiono más dolor del que tenía y tampoco lo hizo de mala manera, se preguntó si el hombre era un doctor antes de que todo aquel desastre tomara lugar.
En todo ese tiempo se dedicó analizarlo lo más que pudo, y él no pareció incomodo por lo atenta que era su mirada. En cambio, le volvió la mirada de soslayo antes de enfocarse en su labor. Ahora que el dolor había desaparecido se sentía mucho más a gusto y tranquila, pero eso no significaba que todavía confiaba en los hombres de la habitación
—Lamentamos no habernos presentado antes—rompió el silencio uno de ellos, intentando que el incómodo momento quedara en el pasado—. Yo soy Sachi—se presentó el mismo para luego pasar a presentar al resto de sus acompañantes—. Este que ves aquí es Penguin, Bepo y nuestro jefe Law—dijo señalándolos en el orden en el que se encontraban a su derecha, ella paso la mirada sobre todos ellos para saber de quién estaba hablando.
—Nami— apenas susurró con un hilo de voz, sentía la garganta realmente seca y la saliva no era suficiente para aliviar el ardor.
—Bebe—le ordenó Law entregándole un vaso lleno de agua. Nami lo miró antes de arrebatarle ferozmente el vaso y beber el agua de un solo trago, al instante su garganta se alivió.
— ¿Cómo obtuviste todas esas heridas Nami-san? —preguntó Bepo con un rostro preocupado, el resto la miraron interesados ligeramente en saber su respuesta.
—Es una larga historia—suspiro profundamente. Nami no tenía ganas de contarle todos los detalles, pero si al igual que ella no confiaba en ellos; seguramente quisiera saber que paso para saber en que se estaban metiendo.
Sus rostros llenos de curiosidad la hicieron suspirar para luego comenzar a contarles todo lo sucedido.
-Nami esquivo el ataque de Zoro a duras penas, moviéndose a la derecha justo a tiempo para evitar ser lastimada por el bastón de madera, pero a pesar de no resultar lastimada en su ataque, rápidamente él envió otro golpe desde el lado izquierdo haciendo que no le dejara tiempo para pensar en moverse o escapar.
—Demasiado lenta Nami—la regañó el espadachín rascándose el cabello. Nami se acarició la pierna suavemente antes de dirigirle una mirada.
—No puedes esperar a que sea tan rápida como tu Zoro—le recriminó.
—Tienes que concentrarte—le gruño en respuesta. Aunque sabía que el hombre tenía razón, también debía admitir que sus ataques eran fuertes y no se contenía solo por el hecho de ser mujer.
Otro ataque sorpresivo la envió al suelo, haciendo que se dé por vendida el menos por ese día.
—Me rindo—gimió con cansancio—. Prefiero usar amas con Ussop.
—Las armas no te servirán si se te acaban las balas—dijo mientras le daba la espalda y agarraba una toalla para secarse el sudor, Nami sentada desde el suelo analizo la situación. Zoro estaba distraído, con la baja guardia y un ataque sorpresa no sería tan mala idea.
Contó hasta tres lentamente antes de salir corriendo hacia su dirección con el arma entre sus manos, una vez que estuvo lo suficientemente cerca y creyó que finalmente tendría una oportunidad, fue cuando Zoro se volteó y noqueo rápidamente su ataque antes de robarle su arma y lanzarla al suelo nuevamente.
—Hmm—gimió adolorida, antes de acariciarse la cabeza que impacto contra el suelo.
—Buen intento—se mofó de ella mientras le extendía la mano para ayudarla a levantarse.
— ¿Qué hice mal esta vez?—gruñó exasperada tomando su mano y levantándose con su ayuda.
—Eres demasiado ruidosa—le dijo antes de beber un largo trago de agua—. La idea es atacar sigilosamente, no alertar a tu presa antes de atacar—añadió para luego beber más agua, pero Nami rápidamente se la arrebato.
— ¡No te la tomes toda idiota! —lo regañó—. Esta es una de las últimas botellas.
—Nami—la voz suave de Robin los interrumpió desde el pasillo antes de que la mujer entrará en la habitación con una pequeña sonrisa—. Veo que ya has terminado tu entrenamiento de hoy.
— ¿Sanji-kun ya ha terminado de hacer el almuerzo? Muero de hambre
—Está en ello—mientras las chicas hablaban, Zoro aprovecho la oportunidad de robar la botella de agua de las manos de Nami, solo que ella se dio cuenta el instante.
— ¡Zoro! —Le gritó pegándole fuertemente en la cabeza—. ¡Esa es mi parte!
—Ese idiota Marimo no sabe cómo tratar a una dama—dijo Sanji mientras entraba a la habitación con el almuerzo entre la manos seguido de todos los demás. Zoro bufó con molestia antes de tomar asiento y esperar por su comida al igual que el resto.
— ¡Comida! ¡Comida! —comenzó a canturrear Luffy mientras saltaba alrededor de Sanji.
Una vez todos se encontraban sentados formando un círculo en el suelo, Franky decidió que era el momento para exponer su plan del día.
—Oí chicos—los llamó captando su atención, todos pararon de conversar y le prestaron atención al cyborg que había tomado la palabra—. Tenemos que tener un plan si queremos salir fuera hoy.
— ¿Es necesario que tengamos que ir todos? —preguntó Ussop rápidamente con algo de miedo reflejado en sus pupilas.
—Necesitamos medicinas, comida y otras cosas si queremos largarnos de aquí—contestó Sanji dándole una calada a su cigarrillo—. Y solo podemos encontrarlas donde hay más de esas cosas.
— ¡¿Entonces cuál es el problema?! —Gritó Luffy levantándose de su asiento—. ¡Vamos!
—Espera Luffy— lo detuvo Nami—. No podemos salir sin un plan, prácticamente sería un suicidio.
—Nami-san tiene razón—la apoyó Brook a su lado bebiendo de su taza humeante de té.
—El centro de la ciudad esta abarrotado de todas esas cosas—le explicó a Luffy—. Ir en grupo es la mejor forma de salir vivos de allí.
Luego de que Luffy finalmente aceptará hacer un plan para que todos se adentraran al centro de la ciudad, terminaron de comer y se prepararon para salir antes de que la oscuridad llegará y sus probabilidades de sobrevivir se redujeran. Salieron aproximadamente a la una y media del mediodía, cuando el sol brillante aún se encontraba en lo más alto del cielo.
Usaron uno de los carros que Franky había transformado para poder llegar hasta su destino, y al no haber tráfico ni nada que pudiera retrasarlos, llegaron rápidamente y se pusieron a trabajar, yendo en grupos de tres para poder abarcar más terreno y tomar ventaja del tiempo.
Como siempre, cada uno tomo un papel y se fueron de acuerdo a los grupos que les tocaron, no sin antes establecer un punto de encuentro y asegurarse de que cada grupo tuviese bengalas en caso de que algo saliera mal.
El grupo de Robin junto a Luffy y Ussop se encargaron de ir al sur, mientras que el de Zoro, Brook y Chopper hacía el norte; dejando así a Nami, Franky y a Sanji yendo al este y encontrándose todos en el oeste para finalizar.
Nami entró seguida de Franky a un edificio abandonado, con la esperanza de revisar cada departamento en busca de cosas útiles. La luz de las escaleras parpadeaba indicando que en cualquier momento sería capaz de apagarse y dejarlos a oscuras, así que decidieron hacer ruido en caso de que algún infectado estuviera en los pisos de arriba y eliminarlos antes de llevarse sorpresas.
Una cantidad considerable bajo en algunos instantes y los eliminaros lo más rápido posible con un cuchillo para evitar en lo más posible el ruido, en cuanto terminaron fueron al primer piso.
Cada uno decidió revisar un apartamento en busca de cualquier cosa que pudieras serle de utilidad en el futuro; Nami decidió escoger el del fondo, mientras que Franky y Sanji se ocupan del resto. Usando su habilidad especial para abrir puertas cerradas por dentro, Nami se adentró en una apartamento muy bien decorado con mueblería y artefactos modernos, tan ordenado que pareciera que nadie hubiese vivido allí durante un tiempo, pero lo suficientemente sucio para indicarle que hace mucho nadie había habitado el lugar.
Arrancó las cortinas, permitiendo que la luz solar entrara en la sala en caso de que algún infectado decidiera aparecer y luego se enfocó en hacer su tarea de revisar los anaqueles de la cocina en busca de comida y buscar en las habitaciones ropa u otros objetos.
Cuando terminaron el primer piso, con ayuda de Sanji y Franky fueron cargando las cosas en la camioneta para continuar en los siguientes. Decidieron llegar hasta el quinto piso ese día, para no sobrecargar su transporte con demasiadas cosas, considerando que los otros grupos también debían traer lo que habían encontrado.
Fue entonces cuando un destello rojo apareció en el cielo, tomando la atención de los dos hombres y la de Nami.
—Parece que uno de los grupos tiene problemas—dijo Franky quitándose los lentes oscuros un instante para poder visualizar mejor.
—Es el grupo de Robin—comentó Nami levemente preocupada.
— ¡Tenemos que ir a ver si Robin-chan se encuentra bien! —gritó Sanji corriendo fuera del edificio sin pensarlo dos veces.
— ¡Espera Sanji-kun! —lo llamó Nami intentando detenerlo en vano, cuando una señorita estaba en peligro Sanji no era capaz de esperar un poco.
Ambos se miraron antes de correr tras del cocinero en dirección al grupo de Robin, una vez que finalmente llegaron vieron a Sanji golpeando a Luffy sin pudor, la mujer a su lado simplemente sonrió y Ussop ya tenía un enorme chichón en la cabeza.
— ¿Qué demonios pasó? —pregunto Franky confundido, Nami a su lado ya se estaba haciendo una idea de lo que había ocurrido al verlos a todos sin ninguna herida.
— ¡Este idiota! — Se detuvo Sanji sus patadas por un momento para ver a Franky—. ¡Por estar de payaso activo la bengala! —dijo y luego le dio un último golpe antes de alejarse.
—Lo siento…—se disculpó Luffy con la cara golpeada y con un montón de chichones en su cabeza.
—Solo es en casos de emergencia Luffy—dio un largo suspiro Franky—. Ahora cualquier persona o cosa sabe nuestra posición.
—Podemos ser comidos vivos—dijo Robin con calma y sin dejar de lado su escalofriantes sonrisa.
— ¡Oe!—tembló de miedo Ussop a su lado—. No digas esas cosas…—el francotirador se detuvo al escuchar el sonido de otra bengala siendo disparada en el aire.
— ¡¿Y ahora que!? —exclamó Nami cansada de la situación.
—Espero que esta vez no sea una broma—murmuro Sanji detrás de su cigarro recién prendido.
— ¡No idiotas! —Dijo Ussop—. ¡Prefiero que haya sido un error a que en verdad estén teniendo problemas!
—Deberíamos ir a asegurarnos que todo esté en orden—concordó Robin con el resto. Ussop continúo quejándose el resto del camino, pero tampoco quería quedarse solo en medio de una ciudad abandonada, asi que los siguió sin dejar de temblar.
Caminaron dos cuadras antes de visualizar a Zoro, Chopper y Brook corriendo a toda velocidad hacia ellos, se quedaron estáticos viéndolos venir, sin entender realmente de que huían tan despavoridos, no hasta que pudieron verlo con sus propios ojos.
Una horda de muertos venía detrás de ellos a toda velocidad.
Nami se tapó la boca con la mano, ¿Cómo era posible que pudieran salir en plena luz del día? Desde que aquel apocalipsis había comenzado, aquellas criaturas habían sido fotosensibles, y prácticamente morían al ser tocados por un mínimo rayo de luz, pero ahora se encontraban corriendo energéticamente con el sol aun en la cima del cielo.
Esto iba a hacer un gran problema.
-Cuando terminar de contar la historia lo más resumida posible, la habitación quedó en silencio con los rostros sorprendidos de los tres hombres y el oso, incapaces de pronunciar una palabra.
— ¿Estás diciendo… que han sido capaces de adaptarse? —le preguntó Sachi luego de analizar la situación, estupefacto aun por lo que la mujer les había dicho. Nami asintió en respuesta.
—No solo han sido capaces de adaptarse al medio en el que viven—tomo un suspiro—. Son más fuertes y rápidos, han sido capaces de evolucionar.
—Si lo que dices es cierto…—hablo Law por primera vez—. Eso significa que ningún lugar es seguro ahora.
—Exactamente—dijo de acuerdo con él—. Y si siguen haciéndolo, lo que queda de la raza humana se extiguirá.
No eran noticias buenas y no se esperaban escuchar aquel relato en ese momento, sus probabilidades de sobrevivir bajaban cada día más y llegaría el día en que no serían capaces de aguantarlo por mucho más tiempo.
— ¿Qué ocurrió una vez que encontraron al otro grupo? —pregunto el moreno con curiosidad, queriendo saber el resto de la historia.
—Intentamos eliminar la mayor cantidad de ellos, pero su número era exageradamente grande y aunque logramos aguantarlo durante unos minutos, fue entonces que lo peor llego.
En cuanto las criaturas los rodearon, una batalla de sangre y miembros esparcidos comenzó, cada uno haciendo su mejor esfuerzo por protegerse unos a otros como a sí mismos, una lucha desesperada por salir con vida o perderla todos juntos de la misma forma.
Nami disparó con dos armas en cada mano a todos los que le fuera posible, intentando ayudar al resto a deshacerse de los que estaban demasiado cerca, pero sus balas no eran infinitas e iba a tener que usar la fuerza luego; Ussop los respaldaba con su increíble puntería desde la parte de arriba de la camioneta, usando las armas instaladas por Franky especialmente para él.
Cuando las pistolas se quedaron sin munición, Nami fue ayudar a Chopper y a Robin que parecían ser los que estaban en más problemas, mientras que el trio podía defenderse muy bien por sí mismos. Nami corrió al lado de Robin quien le dirigió una pequeña mirada antes de seguir atacando.
—Esto no parece que vaya a acabar pronto—le dijo a la mujer mayor, esperando a que este se le ocurriese un plan para poder salir de allí.
—Aunque logremos deshacernos de la mayoría siguen siendo demasiados—respondió rompiéndole el cuello a uno de ellos.
— ¿Algún plan?
—Una distracción sería lo mejor para que podamos escapar—dijo rápidamente.
—Le avisare a Franky. Nami uso sus viejas habilidades de ladrona de billeteras para logarse escabullir entre los caminantes sin ser atrapada, logrando llegar hasta el cyborg quien disparaba tranquilamente a varias de las criaturas.
— ¡Franky necesitamos una distracción ahora! —gritó—. Son demasiados, no podremos contra ellos.
—Tengo el plan perfecto para eso girlie—le guiñó el ojo—. Pero necesito que todos estén juntos o no podré hacerlo.
—Yo me encargaré de eso. Nami comenzó a avisarles a todos los miembros del grupo, decidiendo dejar de últimos a los tres hombres que luchaban con tanta ferocidad, distraerlos de la pelea no era tan fácil.
— ¡Chicos! —Los llamó captando su atención—. Franky tiene un plan de salida, tenemos que estar todos juntos.
— ¡Ten cuidado Nami-san! —le advirtió Sanji justo cuando uno de ellos se acercaba lentamente a Nami por detrás, por suerte Ussop logro reventarle la cabeza antes de que pudiese tocarlo.
— ¡Pudiste haberme explotado la cabeza Ussop! —grito Nami al darse cuenta de lo cerca que la bala había pasado de su cabeza.
— ¿Qué no confías en mi puntería? —comentó molesto antes de disparar hacia otro caminante.
— ¡No cuando un bala pasa rozando tu cabeza!
— ¡Ussop cabrón! —Lo regañó Sanji pateando a un caminante—. ¡Te cuidado con mi preciosa Nami-swan!
—Sí, si como digan—balbuceó con aburrición mientras continuaba descargando la munición sobre las cabezas de los muertos.
Luffy y Zoro habían logrado superarse un poco del resto, ambos luchaban par en par en una pelea ridícula por saber quién de los dos lograba matar más Zombies.
— ¡Dejen su pelea ridícula y escúchenme par de idiotas! —Nami le gritó caminando hacia ellos mientras intentaba que ningún zombie lograse tocarla.
— ¡Pero Nami! —Gimoteó Luffy en un puchero—. Zoro me dará mucha carne si gano.
—Y yo te dejare sin carne el resto de tu vida si no vienes aquí en este mismo instante.
La amenaza de Nami pareció hacer efecto en su extraño razonamiento, corriendo hacia ella en un instante. Todos se reunieron en un círculo mientras seguían disparando o golpeando las cabezas putrefactas de aquellos seres, dándole tiempo a Franky de planear su fuga del lugar.
— ¡Chicos cuando cuente hasta tres los quiero a todos dentro de la camioneta! ¡Y no olviden sujetarse bien!—les avisó rápidamente Franky mientras hacia los últimos arreglos y se aseguraba de tener todo listo—. Uno…dos…tres… ¡Coup of Burst!
En el momento en que todos estuvieron dentro del auto, Franky activo el sistema de emergencias para casos como ese, sacándolos a todo velocidad del lugar. Se llevaron por el camino un montón de cuerpos que chocaron contra el parabrisas, llenando las ventanas de sangre negra y trozos de carne; Nami estuvo a punto de vomitar cuando vio una extraña figura salir de la nada y detenerse en medio del camino.
— ¡Cuidado! —gritó alertándolo. Franky rápidamente le dio vuelta al volante, pero se tardó demasiado en ir en dirección contraria y termino impactando contra la criatura en frente de ellos; el capo quedo destruido luego del impacto y los ojos negros de la criatura se enfocó en cada uno de ellos, planeando la muerte de ellos de forma lenta y dolorosa.
De repente se movió y logró levantar con ambas manos el auto y lo volcó hacia atrás con fuerza, mandándolo a rodar unas cuantas vueltas hasta que se detuvo. En ese momento a Nami sintió que la cabeza le daba vueltas, y se chocó con los demás unas cuantas veces antes de que la camioneta parara de girar y quedara boca abajo sobre el asfalto.
Por un momento se quedo en trance, incapaz de ver bien o reconocer los sonidos a su alrededor; era como si su cabeza hubiese quedado aturdida luego del impacto. Robin la logró traer de vuelta a la realidad luego de varias sacudidas para que reaccionara.
— ¿Estas bien? —logró entender lo que dijo a duras penas. Nami asintió lentamente para responderle aunque no parecía estarlo; entre ellas se ayudaron para salir del auto seguido de los demas quienes habían quedado aturdidos por el impacto.
Afortunadamente ninguno tenía heridas graves, más que ligeros golpes o pequeños rasguños en los brazos, pero su tranquilidad al salir pronto se vio obstaculizadas por la criatura avanzando hacia ellos con gran velocidad.
—Asi fue como obtuve todas estas heridas—se encogió de hombros.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? —preguntó el oso curioso.
—Aproximadamente tres días—comentó algo con inseguridad.
— ¡¿Tres días?! —Exclamaron Sachi y Penguin al mismo tiempo, haciendo que ambos se miraran confundidos y que Nami diera una pequeña risa—. Eso es demasiado tiempo Nami-san.
—Es un milagro que hayas podido sobrevivir con esa herida abierta por tanto tiempo—lo apoyó el pelirrojo.
—No fue fácil, tuve que tomar muchas medidas…—titubeó—. Pero…lo bueno es que logre sobrevivir a ello.
— ¿Qué clase de medidas? —preguntó Law repentinamente curioso. Nami se puso rígida.
—No son importantes—respondió nerviosa—. ¿Y ustedes son los únicos aquí? ¿Hay más pacientes? —preguntó cambiando rápidamente el tema.
—Los había—comentó Bepo con la cabeza abajo, notablemente afligido.
— ¿Todos…murieron? —preguntó sorprendida.
—La mayoría terminaron muriendo por sus enfermedades iniciales, y luego se convirtieron—dijo lentamente—. Lograron infectar a algunos doctores o enfermeros sanos, y así fue como terminamos quedando solo nosotros.
—Lo siento—se disculpó sinceramente al observar sus rostros abatidos, ver la muerte de muchas personas aunque no fuesen parte de su familia o conocidos era doloroso.
—Entonces…—comenzó de nuevo Sachi—. ¿Planeas buscar a tus amigos?
—Asi es —asintió con seguridad—. Pero primero necesito curar estas heridas, si no les molesta que me quede aquí por unos días—los miro a todos de reojo, especialmente al moreno quien no parecía muy generoso con la idea de ofrecerle refugio.
—Claro que no, pero…—tragó con fuerza, no sabiendo si era correcto decir lo que pasaba por su cabeza en ese momento—. ¿Has considerado la posibilidad de que…?
— ¡No están muertos! —Prácticamente le grito al hombre levantándose de la silla, haciendo una mueca de dolor—. Sé que no los conocen, pero definitivamente no están muertos.
—No te levantes—le gruñó Law al verla y se levantó para obligarla a acostarse de nuevo.
—No quería insultarte Nami-san—se arrepintió rápidamente el hombre.
—Lo siento, es solo que…—se peinó el cabello hacia atrás—. De hecho lo pensé, lo hice, pero se que ellos no han muerto—los hombres se miraron entre ellos, incapaces de contradecir sus palabras o hacerle creer lo contrario, ella creía firmemente en que sus amigos continuaban con vida y ellos no tenían el derecho de cuestionar eso.
—Debes tener hambre—dijo rápidamente aligerando la tensión que había comenzado a acumularse en la habitación. Bepo se levantó y le dio la bandeja con el emparedado sobre el para que pudiera comer.
Nami lo devoro en casi un instante, hace días no había comido algo decente más que las mandarinas que siempre traía consigo; rápidamente paro de masticar y se preguntó. ¿Dónde estaban sus cosas?
— ¡Mis cosas! —Gritó sobresaltándolos por la sorpresa—. ¡¿Dónde están mis cosas?!
Sachi miró a Law antes de ir a buscarlas, a lo que él le asiento serenamente para que se las entregara, en cuanto tuvo su bolso y la katanas en su mano Nami se emocionó como una niña pequeña al comprobar que todo se encontraba como lo había dejado.
Lo primero que hizo fue desenvainar la Wadō Ichimonji de Zoro, asegurándose de que se encontraba en perfecto estado. Suspiro de alivio cuando vio que no había nada fuera de lo usual con ella.
— ¿Es tuya Nami-san? —preguntó el oso con curiosidad, al verla limpiar la hoja con tanta calma y delicadeza, Nami no se dio cuenta de su pregunta hasta que sintió la mirada de todos sobre ella.
—Oh no—negó con una sonrisa—. Es de mi amigo Zoro—aclaró continuando con su tarea.
—La tratas muy bien para no ser tuya—le guiño el ojo.
—Me matara si ve aunque sea un rasguño pequeño en ella—explicó divertida.
— ¿Son pareja? —preguntó con curiosidad Sachi.
Aunque Nami veía a Zoro como un hermano mayor y mejor amigo al igual que Luffy, no pudo evitar sentir vergüenza de que lo hubiera insinuado si quiera.
—Que grosero preguntar eso—se cruzó de brazos arrugando la nariz—. ¡Zoro es como un hermano para mí!
—Lo siento—se disculpó avergonzado. Penguin a su lado se rio de su sonrojo.
—Ya basta de preguntas sin importancia—los regañó Law levantándose de su silla—. Déjenla descansar. A pesar de que ellos querían seguir conversando con ella, decidieron obedecerlo y despidiéndose de ella con una sonrisa, salieron de la habitación dejándolos a solas. Nami se sintió incomoda por la fija mirada que el hombre le daba, no era capaz de saber en lo que pensaba; encontró un parecido con las miradas que Zoro le daba cuando no estaba de acuerdo con algo.
— ¿Cómo lograste sobrevivir tanto tiempo? —le preguntó con curiosidad. Desde que había relatado su historia antes de llegar allí, Law había tenido esa duda y no encontraba forma alguna de que hubiese sobrevivido tanto tiempo con una herida tan grande.
—Encontré vendas y medicina—se hizo la desentendida.
—Con esa herida no hubiera sido capaz de sobrevivir ni un día completo—se cruzó de brazos—. Además de que las medicinas son difíciles de encontrar en estos días, y dudo mucho que un caminante supiera usar un arma.
Nami se mordió el labio con nerviosismo, el hombre de hecho tenía razón y se alivió al encontrar que ninguno se hubiese dado cuenta, pero no debió haber bajado la guardia con él.
—Eres más astuto de lo que creí—sonrió divertida—.Logre detener la hemorragia a duras penas, pero a medida de que avanzaba la herida lograba abrirse cada vez más—comenzó a contar la verdad, de nada serviría ahora mentirle—. Pensé que moriría en ese momento y por un momento me rendí al hecho de sobrevivir, hasta que encontré un grupo que tenía comida, agua y medicina—le miró a los ojos ahora—. Fue muy fácil robarles a pesar de la herida, y la bala fue gracias a uno de ellos.
— ¿Qué grupo?
—Era un grupo de hombres, no sé sus nombres—se encogió de hombros—. Pero si recuerdo al hijo de puta que me disparo, estaba muy molesto en cuanto se dio cuenta de que les robe—rio divertida al recordar su reacción—. Tenía cabello rojo y…
—Tiene una muy mala actitud—terminó su frase con un suspiro y Nami se sorprendió al escucharlo—. Su nombre es Eusstass Kidd.
— ¿Lo conoces? —preguntó confundida.
—Lamentablemente—levantó las cejas relajando el ceño—. No son un grupo muy bueno, tienes suerte de haber escapado en una sola pieza.
— ¡No me subestimes idiota!—inflo las mejillas molesta—. Soy más capaz de lo que crees.
Aunque quiso reprimir el gesto, Law no pudo evitar encontrar su reacción divertida y que sus labios se curvaran en una sonrisa indeseada.
Capítulo actualizado el 24 de julio de 2020.
