Disclaimer:

Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, todos son de Tite Kubo (a quien agradezco infinitamente jaja) Esta histoira está escrita sin fines de lucro, y con toda la intensión de entretener y divertir al lector.

Gracias Saya y Asami por crear a sus personajes y seguir alimentando estos romances y dramas que vienen a continuación. Espero hacer justicia.

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(BOOM – X Ambassadors)

Su espalda rezaba la palabra Yamamoto, su nombre era Takeshi, y ese era su partido de despedida.

El muchacho alto, de cabello oscuro y ojos color miel estaba oculto bajo los montones de protecciones reglamentarias del uniforme, pero su rostro se había vuelto muy famoso luego de su racha de goles de toda la temporada, así que la gente alzaba la voz con rabia, llenando todo el lugar.

Era el último juego en el que formaba parte del equipo local de Hockey puesto que, de nuevo, se iría de intercambio para su último semestre en la universidad, poco faltaba para que los minutos restantes de aquel encuentro deportivo se agotaran y él tuviera que dejar de moverse a toda velocidad por el hielo, así que puso especial énfasis en la forma en que las cuchillas de sus patines cortaban la superficie para convertir la resistencia del hielo en velocidad.

Había logrado capturar el disco y ahora se movía de reversa, sorteando a los patinadores del otro equipo haciendo alguna gracia de patinaje artístico, dedicándole ese partido a su hermana puesto que competía ese mismo día.

Sabía en su interior que no podía hacer que el partido de Hockey se acabara más rápido, pero podía vivir cada minuto en la pista de hielo como si no existiera otro momento, podía dejarse el corazón en la pista y dar lo mejor de sí para que sus tres hermanas menores se sintieran orgullosas de él.

Veinticinco años, pronto cumpliría los veintiséis. Pronto se titularía y podría dedicarse de nuevo al hielo, pero primero debía ganar aquel partido.

Vio de reojo que tres jugadores se dirigían hacia él a toda velocidad, dos adversarios un aliado, no tendría tiempo para pensar, así que golpeó el disco contra la pared con todas sus fuerzas para hacerlo rebotar sobre el hielo, y cuando tuvo a los jugadores encima, hizo un salto salchow cambiando el peso de un pie a otro, librando la embestida de sus compañeros mientras recuperaba el disco y seguía con su camino.

Estaba a tres metros de la portería cuando le arrebataron el dominio y no pudo evitar soltar una exclamación de frustración, pero sonrió desafiante y volvió a ponerse en movimiento, cambiando de dirección a toda velocidad para poder alcanzar a sus compañeros y trazar la estrategia.

Yamamoto Takeshi es la persona que ha tenido el control del disco durante más tiempo en esta contienda, señoras y señores —exclamó el comentarista con brío, levantándose un poco en el asiento cuando le arrebataron el disco y volviendo a su lugar antes de mirar a su compañero en señal de ceder el micrófono.

Esta temporada el apellido Yamamoto ha figurado muchísimo en los tableros de las competencias, puesto que Takeshi no es el único integrante de esa familia rompiendo los estándares y poniendo el nombre en alto.

El disco se acercaba a la portería de su equipo, Takeshi se movió a toda velocidad para tratar de detener al delantero del otro equipo, sabiendo que los minutos corrían y cada vez quedaba menos tiempo para tratar de salvar el partido, no había manera de perder un solo punto más, porque eso supondría un abismo de distancia para salvar la competencia.

Es cierto. Esta tarde compiten también Saya y Hanako Yamamoto, hermanas menores del delantero central de los Icebreakers de Karakura. Veamos si esta familia logra romper un récord o dos esta tarde.

—¡Vamos Takeshi! —Gritaron desde las tribunas dos mujeres a todo pulmón, la madre y la hermana más pequeña del patinador, pero sus voces se perdieron en el mar de exclamaciones cuando los Icebreakers recuperaron el control del disco y comenzaron a ganar terreno.

Un jugador despejó el camino y Takeshi tomó el control del disco, ganándose rápidamente la presencia de otra persona pisándole los talones, gruñó por lo bajo tratando de ganar velocidad, sabía que perdería el disco en cualquier momento si no solucionaba la situación de inmediato, si no tomaba cartas sobre el asunto, terminaría perdiendo el disco y el partido con ello.

¡Ow, eso debe doler! —Exclamó el comentarista sacudiendo la mano y sonriendo con socarronería antes de codear a su compañero. —Podemos tomarlo a cuenta de la velocidad a la que Yamamoto patinaba en ese instante, pero tienes que admitir, que se siente personal.

Asami sonrió de oreja a oreja al ver a Takeshi embestir con todas sus fuerzas al jugador que le había estado cerrando el paso durante largo rato, aunque había perdido el dominio del disco por deshacerse de su adversario, ahora uno de sus compañeros había logrado anotar aquel gol, marcando el punto decisivo en el partido, la única diferencia para que el equipo de su hermano fuera el ganador de aquella contienda.

El público gritó enardecido, Asami se puso de pie con tal velocidad que dio un salto en su sitio, alzando ambos brazos al cielo y dejando que todo el estrés que había sentido hasta ese momento se drenara en la catarsis del grito.

Todo el estadio gritaba, locales y visitantes uniendo sus voces en ese momento de gloria, pequeño y efímero, en ese segundo y medio en el que todo el mundo alza su voz al cielo, unos en señal de victoria, otros suplicando que aquello sea un mal sueño, suplicando por un milagro. Y luego las trompetas, los gritos, los abucheos, porque la emoción ha pasado y ahora sólo queda el entusiasmo.

—¡Ganamos oka-san! ¡Ganamos! —Gritó la joven de quince años mientras se asía a la muñeca de su madre y seguía dando brinquitos, mientras aquella mujer sonreía divertida ante el entusiasmo de su hija más pequeña, pero sintiendo el dolor en su hombro con cada tirón. —¡Takeshiiiii! —Gritó la chica soltando a su madre y sosteniendo el peso de su cuerpo sobre la butaca del frente. —¡Takeshiiii!

El muchacho patinaba dando la vuelta a la pista, saludando con una mano a toda la afición mientras otros de sus compañeros se quitaban las protecciones y festejaban entre ellos.

Asami levantó ambas manos y las agitó con violencia, tratando de llamar la atención de su hermano. El muchacho las había localizado antes de iniciar el partido, así que no tuvo problemas con reconocer a su peque dando saltos en la tribuna. Levantó el stick en dirección a ellas, como si fuese un gladiador presentando la espalda, y luego soltó aquel artefacto y corrió para abrazar al compañero que había metido el gol.

—Papá dice que la competencia de Saya está por comenzar —anunció la madre con una sonrisa tímida para su hija, quien asintió frenética antes de tomar sus cosas y abrirse paso entre la gente para dirigirse al estacionamiento.

Bendita la vida, tres competencias el mismo día.

Pero las callecitas del pueblo estaban relativamente despejadas gracias a los eventos deportivos, tenían varias competiciones locales, pero sólo una estatal, competición en la que estaban metidos la mayoría de los habitantes, puesto que Saya Yamamoto se encontraba defendiendo el título.

Si lograba ganar esa competencia, se posicionaría como Campeona Nacional de Artes Marciales Mixtas, así que mucha gente se había aglomerado en las instalaciones del dojo local. No es que el Hockey u otros deportes de hielo no fuesen interesantes, pero era la primera vez que una competencia tan grande se realizaba en un pueblo tan pequeño.

Saya era la tercera de los hermanos, el mayor había competido ya, la más pequeña hacía de ferviente admiradora, ahora era su turno de poner el nombre de su familia en alto.

La chica tenía dieciocho años, el cabello negro y largo hasta media espalda, normalmente lo llevaba suelto, hecho una maraña enredada de la que estaba orgullosa, se había teñido un mechón de cabello rojo, que ahora caía sobre su rostro, pero el resto iba en una apretada trenza que su hermana mayor le había hecho para darle más visibilidad durante la competición.

No lo necesito —había dicho la guerrera mientras su hermana le cepillaba el cabello con una sonrisa protectora. —Puedo vencerlos con los ojos cerrados.

No lo hago por ti —remató ella sonriendo para el espejo, consiguiendo que Saya sonriera también. —Lo hago para que todo el mundo pueda ver ese rostro tan bonito cuando les patees el trasero a todos.

(Born for this – The score)

Saya fue llamada al centro, lo mismo que su último contendiente, ambos avanzaron hacia el frente e hicieron una reverencia cuando el réferi levantó su bandera, indicando que debían presentarse. Se dedicaron una mirada el uno al otro, había tanta rabia, tanto fuego, tanta pasión por la victoria, que ambos parecieron mirarse con desprecio, como si se hablasen con los ojos para decirse "eres mío".

Sí. Saya estaba enfrentando a un varón. Primera vez en la historia de las competiciones en las que un equipo mixto permitía a dos contrincantes del sexo o puesto pelear.

Y la tensión se sentía en el ambiente, puesto que Madarame Ikkaku era leyenda en su dojo. El campeón de Karakura.

Pero Saya sonrió de medio lado, soltando la rabia, soltando la tensión, como si se burlara de su adversario, como si le dijera "ni te esfuerces", y él pareció notarlo, puesto que apretó los puños y pronunció su sonrisa, retrocediendo un paso para proceder a atarse bien el cinto y adoptar una postura que a Saya le pareció estilo Shaolin.

Recibió el primer golpe sobre los antebrazos, Madarame le tiró una patada circular obligándola a levantar ambos brazos y cubrirse el rostro con las manos hechas puño, así que no pudo frenar el golpe que el muchacho le dio en las costillas, marcando el primer punto y obligando al réferi a pedir que se retiraran.

Y él habría creído que con aquello lograría amedrentar a Saya, habría creído que tenía a la chica donde quería, habría creído que tenía la batalla asegurada, lo que no se esperó fue ver la sonrisa socarrona de la chica que acababa de perder toda la ventaja del primer punto.

Porque cuando Saya Yamamoto retrocedió hasta su sitio, lo hizo con una sonrisa radiante en el rostro, como si supiera que había ganado aquella pelea.

Asami y su madre entraron al lugar en ese momento, a la banca reservada para la familia y los integrantes del equipo, y Asami gritó el nombre de su hermana, levantando la mano para saludar, justo en el momento en que el réferi daba el silbatazo para el siguiente round.

Por un segundo completo, Asami se aborreció a sí misma, puesto que Saya levantó la mano y sonrió mostrando todos los dientes, distrayéndose y sonriendo para su pequeña. Y Madarame aprovechó ese segundo para correr hacia Saya, pero todo ocurrió en cámara lenta.

El muchacho corrió un par de pasos, tomando vuelo para iniciar una serie de patadas circulares, saltando en su sitio para tomar vuelo, furioso por la sonrisa socarrona de la chica, jurándose a sí mismo que se la arrancaría con todo y muelas, jurándose a sí mismo que le quitaría con un golpe bien colocado la habilidad de sonreír de medio lado, jurándose dislocar aquella mandíbula tan bonita de la chica que le había despreciado el primer punto, como si se lo hubiese obsequiado.

Sí, Madarame se colocó para lograr una patada quinientos cuarenta que estaba dirigida hacia la mandíbula de Saya, pero la chica se dejó caer de espaldas mientras lanzaba una pierna hacia arriba, trenzando su rodilla con la de su contrincante, sintiendo que la inercia del muchacho se la llevaba consigo. Saya metió las manos para terminar convirtiendo aquella caída en un salto mortal y ponerse de pie de nuevo, aprovechó el movimiento para girar sobre sí misma, aprovechó el impulso para levantar la pierna derecha y azotar la espalda baja de su contrincante antes de golpearlo con ambos brazos en el costado y marcar el segundo punto.

Claro que, Madarame no se dio cuenta de que había perdido el punto hasta que estuvo en el suelo y escuchó el silbatazo.

Saya se acercó a él, ofreciéndole una mano para ayudarlo a levantarse, pero se ganó un manotazo y que el muchacho le volviera el rostro.

—Tsch —soltó Saya ofendida. —¿Dónde está tu espíritu competitivo?

—Yo no vine a competir —dijo antes de levantarse de un salto. —Vine a ganar.

Saya suspiró mientras su adversario retrocedía hasta su sitio, suspiró negando con la cabeza, suspiró resignada y divertida en partes iguales, pensando para sí misma un: No debiste decirme eso a mí.

El tercer round fue tan rápido que nadie se dio cuenta de qué había pasado, Saya había marcado el segundo punto.

Y ahora todo el mundo estaba en silencio.

Asami había tomado las manos de su madre y las había puesto sobre su propia boca, y ahora presionaba con sus propias manos, pues sabía que gritaría y no quería volver a distraer a su hermana, a pesar de ahora tener la teoría de que Saya se había desviado de la pelea a propósito.

¿Eso se penalizaba?

Asami levantó la mirada hacia el rostro de su madre cuando sintió presión sobre su rostro, ambas tenían la misma expresión de concentración y estrés, así que volvió los ojos a la batalla cuando escuchó el otro silbatazo.

¿En qué maldito momento Madarame había marcado el segundo punto?

Ahora todo se reducía a muerte Súbita.

El teléfono celular vibró en el bolsillo de Asami, pero la chica no se atrevió a sacarlo para darse cuenta de que tenía un mensaje de su hermano mayor.

¿Y? La reina de las nieves va tercera, ¿cómo va Saya de las tempestades?

Sus movimientos eran tan rápidos que el árbitro marcó el punto, pero ambos peleadores se detuvieron al escuchar el silbatazo, dedicándole una mirada de reclamo. Ikkaku tenía una pierna levantada, había tratado de golpear el costado de Saya con una patada, pero la chica lo había detenido en el último instante apresándolo con su antebrazo.

Ambos peleadores gritaron al unísono —¡No fue punto!

Y el árbitro retrocedió impactado por la actitud de ambos peleadores.

Tuvieron que acercarse los árbitros de otras competencias para tratar de, entre cuatro personas, dar un seguimiento decente a los peleadores.

Golpe, patada, giros, saltos. Saya ejecutando un perfecto Hakuda, Ikkaku poniendo en alto el nombre de la pelea shaolin.

Sus movimientos se volvieron inalcanzables, de pronto ya no se rozaban el uno al otro, por más que forzaran aquella pelea, se había convertido en una exhibición de Danza.

Y Saya ensanchó su sonrisa cuando se percató de que Ikkaku también sonreía. Que después de haber despreciado a la competidora, ahora parecía estar divirtiéndose con la contienda.

Así que alargaron aquel enfrentamiento todo lo que pudieron, luciéndose en sus mejores técnicas, pero tratando todavía de ganar, tratando con todas sus fuerzas de lograr aquello.

Hana lo está sintonizando. ¿Qué pasa? ¿Por qué tanto entusiasmo?

Ambos lo sabían, el cansancio los haría caer en cualquier momento, debían terminar aquella competencia cuanto antes, debían decidir quién de los dos era digno para ganar el título.

La mano de Ikkaku enganchó con la trenza de Saya, fue un accidente, eso fue claro, y la liga que sostenía su trenza se reventó, permitiendo que sus cabellos se fueran liberando lentamente, muy lentamente.

Ikkaku se plantó, trató de acomodar una patada frontal y tres golpes con los puños, pero Saya giró alrededor de él con su cabellera danzando como un incendio a su alrededor, giró sobre las puntas de sus pies, dos pasos, tres, para rodear a su adversario y volver a plantarle cara, para sonreírle mientras se plantaba sobre la pierna derecha y extendía la izquierda, golpeándole el centro del pecho y lanzándolo hacia atrás a toda velocidad, haciéndole caer también en cámara lenta, consiguiendo que su cabeza diera un latigazo luego de golpear contra la lona y antes de que el cuerpo cayera sobre el suelo.

Y el silencio se convirtió en un zumbido ensordecedor justo antes de que todos alzaran la voz al grito y Saya sonriera, parándose en jarras antes de mirar con reproche a los jueces.

—¿Y mi punto?

El silbatazo sólo hizo que la gente gritara con más ganas mientras Saya le ofrecía una mano a su adversario.

Y ésta vez, Ikkaku sonrió aceptando el apretón y levantándose con el apoyo de Saya.

—Eres muy bueno.

—Gracias, al menos el día de hoy, tú fuiste mejor.

¡Por un demonio, Asami! Responde o le marco a Tu novio...

No podían quedarse a las competencias que seguían, las premiaciones serían hasta la noche, así que eso les daba tiempo de volver a la pista de hielo.

Asami se había quejado en el camino, reclamándose a sí misma por haber conseguido entradas para todos los eventos, diciéndose una y otra vez que era la peor decisión de su vida y que no llegaría a tiempo, que se perdería a sus hermanas, que no vería a su hermano ganar el partido (ahora se quejaba amargamente y aseguraba que no llegaría a ver a Hanako siendo ella tercera), pero su madre había sonreído negando con la cabeza y repitiendo una y otra vez: —Hemos llegado a dos de tres, llegaremos a la tercera.

—¡No vamos a llegar!

Saya había recibido una llamada por parte de Takeshi, que le informaba que él y su otra hermana habían visto toda la contienda desde el teléfono, ahora la competidora de hielo estaba orgullosa de su "Sis", pero debía concentrarse para poder patinar.

Yamamoto Hanako era la única que faltaba ese día. Su premiación sería inmediatamente después de la de Saya, después de la de Takeshi, y agradecía internamente que todas las preseas fueran a entregarse en la pista de hielo al ser el último evento deportivo del día, pero ahora debía pensar y concentrarse en ganar la competencia, ahora debía concentrarse en el hielo, en sus propios pensamientos.

Sólo harás un Mohawk, sólo eso. Después de haber hecho un triple loop, luego de un eagle, luego del axel

¡Dios, Takada se está llevando los aplausos!

No, ¡enfócate Hanako! Sólo harás un Mohawk, enfócate en eso, enfócate en el Mohawk.

Sentía el palpitar de su corazón golpeando con violencia contra sus oídos, podía, perfectamente, escuchar los aplausos y los gritos de la gente a través de sus audífonos de casco, sentía el estómago revuelto, le dolían las manos por la fuerza con la que se aferraba a la barra instalada en los vestidores. La entrada a la pista se encontraba a unos metros, pero a ella le parecían kilómetros.

Vomitaría, estaba segura de que terminaría vomitando el desayuno, y luego se recordó a sí misma que no había desayunado y con buena razón.

Su entrenadora tocó su hombro y Santo remedio: las ganas de vomitar, los nervios, la ansiedad, todo se desvaneció en el acto, y ella se quitó la chamarra que ocultaba su leotardo de lentejuelas azul hielo, su falda transparente, sus mangas decoradas como copos de nieve y un guante violeta.

La chica entregó las gomas de sus patines, entró al hielo levantando la mano izquierda y saludando a la audiencia, que gritó enardecida ante su presencia.

La joven patinadora hizo su rutina de entrada mientras la presentaban en las bocinas, una vuelta a la pista con ambas manos arriba, saludando. Un giro sobre sí misma, una reverencia elegante en la que se agachaba en una rodilla y extendía la otra pierna bien estirada, agachado la cabeza en agradecimiento antes de levantarse y saludar de nuevo, girando sobre sí misma para hacer la reverencia hacia el otro lado.

En la pista de hielo Yamamoto Hanako, diecinueve años, campeona local de la temporada pasada que viene a defender el oro en la categoría senior, si logra picar todos los saltos de esta rutina, estaría ganando su sexta medalla en competiciones locales, de continuar con esa racha, podría convertirse en candidata para las estatales.

El silencio se extendió en el estadio, Hanako llevó los brazos a colocación y esperó por la música.

El día de hoy nos presenta la canción Let it go, la última presentación de su programa corto. Aunque esta temporada nos ha sorprendido con piezas tradicionales de la música clásica, junto con su entrenadora decidió dar un giro radical al estilo que presentación final y apostar por una pieza innovadora.

Sólo haz el Mohawk, y todo lo demás estará bien.

Hanako comenzó a patinar de espaldas, moviendo los brazos en perfecta sincronía con la música que retumbaba en las bocinas, danzando en el hielo, cambiando de dirección como una hoja que cae del árbol. La gente estalló en aplausos cuando la chica sostuvo su pierna alzada en un ángel perfecto mientras se deslizaba por la pista, comenzó a deslizar un pie tras el otro, ganando velocidad.

—Yamamoto se prepara para su primer salto…

Lo que hay en ti, no dejes ver…

La cuchilla golpeó el hielo con violencia y Hanako saltó, girando a toda velocidad, logrando el triple axel y cayendo con elegancia antes de picar un doble loop.

Buena chica tú siempre debes ser…

Hanako se deslizó por el hielo con una pierna bien extendida, logrando la extensión necesaria para el ángel y sonrió cuando la gente estalló en gritos y aplausos. Realizó el Mohawk para el cambio de dirección y clavó las cuchillas en el hielo colocándose para el giro camel.

Y, como toda su temporada, simplemente estuvo perfecta.

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Hanako sonrió dulcemente al ver a sus hermanas corriendo hacia ella, abrió los brazos para recibir a Asami, quien saltó para alcanzarla, trenzando sus piernas en torno al cuerpo de su hermana, haciéndola dar un traspié de espaldas. Las manos de Shūhei sostuvieron a Hanako por los hombros para evitarle la caída y ella sonrió al verse rodeada de sus seres queridos.

Takeshi se llevaba las manos a los bolsillos, Saya mostró ambos pulgares y exclamó: —Gritaron más por ti que por Fuji, y los jueces estaban fascinados.

—Tus puntuaciones fueron muy buenas —añadió Takeshi asintiendo una vez.

—Quebraste el hielo —dijo Shūhei, exnovio de la patinadora y un año mayor que ella, ofreciéndole un ramo de flores cuando Asami bajó de sus brazos, pero se aferró a su cintura, sacándole la lengua a su amigo. —Hoy fuiste un ángel del hielo.

—Hoy fuiste reina del hielo —soltó Asami contradiciendo a su amigo y sacándole la lengua de nuevo.

Hanako recibió las flores y sonrió enternecida cuando se percató de que el ramo tenía consigo una nota pegada: Para el amor de mi vida.

Takeshi sonrió enderezando el kanzashi de su hermana y acariciándole una mejilla.

—Ya sólo falta Maeda y tendremos las premiaciones. No importa qué pase —dijo el muchacho sonriendo ampliamente —, para nosotros ya eres la reina del hielo.

—Yamamoto-San —llamó una voz masculina a espaldas de todos.

La patinadora giró sobre sí misma y sonrió al reconocer al novio de su hermana más pequeña, un patinador de la liga Junior que había anunciado su retiro de las pistas artísticas ese año para poder dedicarse al hockey. Asami avanzó hacia él cuando el muchacho le extendió una mano y sonrió amablemente para todos los presentes.

—Felicidades por tu presentación —comentó el muchacho, que ahora era unos diez centímetros más alto que ella, muy distinto de cuando se conocieron tiempo atrás. —En los camerinos se dice que está entre Fuji y tú, y ya le ganaste por quince puntos.

—Fuji estuvo muy bien, pero ha tenido mejores años, Hitsugaya-kun —soltó Hanako agachando la cabeza en un gesto de agradecimiento.

—Hisagi —soltó el albino al reconocer al pelinegro —, es extraño verte por estos lugares tan remotos, pensé que estabas en la ciudad.

—Vine este fin de semana para ver las competencias de Hana-chan. No me lo iba a perder por nada, después de todo, le prometí estar aquí.

—Y luego terminaron —se burló Saya con socarronería.

—Y míralo —soltó Takeshi divertido, barriéndolo con la mirada y consiguiendo que Hanako rodara los ojos —, sigue aquí.

—¿No tienen un partido qué ganar? —Soltó la patinadora sonriendo ampliamente para sus hermanos, que no mostraban signos de arrepentimiento.

El lugar estalló en aplausos y gritos, y Hanako volvió la mirada en dirección a las pantallas, atenta a todas las puntuaciones, atenta a los cambios en los tableros, atentos a las posiciones que Maeda subía en los marcadores mientras terminaban de dar los últimos detalles.

Y por un punto y doce milésimas...

Hanako ganó el oro de la competencia.

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Los flashes de las cámaras la cegaban por momentos, pero Hanako sonrió ampliamente abrazada por la cintura de su entrenadora mientras los periodistas hacían preguntas todos al mismo tiempo, la chica soltó una risa involuntaria antes de mirar a su familia, detrás del mundo de entrevistadores, y asentir para tratar de calmar a la gente.

—Rompí mi marca este año y estoy muy agradecida, pero no sé si voy a postularme para las nacionales luego de la siguiente ronda de clasificaciones.

—¿Se retira del patinaje artístico?

—No es una decisión que haya tomado todavía, puesto que conseguí una beca para estudiar en la ciudad. Mi intención es continuar con las artes escénicas y revalidar materias en la universidad, pero todavía no sé qué va a pasar con el patinaje.

—Existen rumores que dicen que en la ciudad hay una patinadora que podría competir con tus puntajes, una chica apellidada Matsumoto.

—He visto sus videos en internet y me parece que tiene buena técnica, me encantaría competir contra ella para medir la interpretación.

—Ganaste el oro en esta competencia, es la sexta medalla que te llevas, y la tercera de oro ¿qué piensa tu familia al respecto?

—Mi hermana menor pronto competirá en el programa corto a nivel Junior de próximo mes, así que quiero creer que está orgullosa de mí. Mis otros dos hermanos son patinadores de hockey, así que compartimos la pasión por el hielo, y, en ese caso, soy yo la que está orgullosa de ellos. Pronto seremos cuatro Yamamoto los que estemos rayando el hielo.

—¿Espera enfrentar a Asami Yamamoto si logra ingresar a su liga?

—¡Dios, no! No podría, preferiría entrenarla, será grandioso verla llegar a la división senior.

—¿Qué hay de sus hermanos? El día de hoy tienen el oro.

—La casa Yamamoto quebró el hielo esta noche y eso me hace sentir orgullosa de mi gente, sé que pronto daremos más.

—Supimos de su rompimiento con el patinador Hisagi Shūhei, ¿eso ha afectado sus carreras de alguna forma?

—Afortunadamente, Shū y yo nos llevamos bastante bien, de hecho, vino a animarme esta competencia y pronto iré a uno de sus partidos, así que podemos dejar el tema de lado.

—No más preguntas para mi patinadora, por favor —soltó la entrenadora tomando a Hanako por los hombros y comenzando a arrastrarla hacia la salida, sonriendo y despidiéndose con la mano.

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Hanako tenía planes de irse a casa esa noche, después de todo, le dolía cada músculo luego de su última actuación en el hielo, así que ver a sus hermanas, a Shūhei, a Tōshirō, a Takeshi esperándola afuera de la pista, eso la dejó sorprendida.

Al día siguiente tomarían un avión hacia la ciudad, a buscar el departamento que su abuelo les había conseguido para que pudieran mudarse e iniciar el siguiente ciclo escolar en paz.

Saya había conseguido ingresar a la carrera de música gracias a la beca deportiva adquirida luego de convertirse en campeona estatal en artes marciales mixtas, Takeshi, con lo que estaba ganando como entrenador de Hockey, había decidido ayudar a sus padres para pagarle a Asami el instituto y que la pequeña pudiera seguir a sus hermanas mayores hacia las grandes ciudades y dejar atrás el pueblo, mientras que Hanako había revalidado todas sus materias en la ciudad gracias a sus constantes competencias de patinaje artístico, así que las tres estaban preparadas para mudarse una o dos semanas antes de iniciar el ciclo escolar y acomodarse en el viejo departamento del abuelo.

Ahora Hanako luchaba contra el nudo en la garganta que había aparecido al ver a Shūhei dirigirse a ella, sosteniendo entre sus manos la caja con un moño rosa brillante. Casi no pudo contener las lágrimas al reconocer los patines Roces Schlittschuhe con la nota adhesiva firmada por todos (sí, sus padres incluidos): Por favor, sigue patinando.

Hanako recibió los patines en las manos antes de mirar a sus amigos y familia. Y fue Shūhei quien, luego de despejarle el rostro con una mano, murmuró: —Asami incluso rompió su alcancía, los compramos entre todos.

—Estos cuestan un ojo de la cara —reprochó Hanako. —Por favor dime que no gastaste los ahorros de tu stick.

—Descuida, el stick está asegurado. Lo prometo.

—Mina-san... —murmuró la chica levantando la mirada hacia Asami, quien asintió soltando la mano de Tōshirō antes de abrazar a su hermana... o a la caja, y alcanzar a su hermana con las puntas de los dedos. —Arigatto.

—Sigue patinando, Hana-chan —pidió Asami con la voz cortada. —Al menos hasta que te alcance y podamos competir.