Capítulo 1. Un cielo naranja

- Tu siempre serás mi leoncito – una voz suave y tenue resonaba en su cabeza, al mismo tiempo que la imagen de un cielo en horas del atardecer se reflejaba en su mente.

Hundiendo más su cabeza en sus brazos, Sawada Tsunayoshi se acomodaba intentando conciliar sus horas de sueño perdidas, pero el ruido del bullicioso salón de clases le hacía imposible la tarea.

Concentrándose en el cielo naranja que le producía un sentimiento de nostalgia, se preguntaba las veces que lo había visto en su vida y navegando en sus recuerdos se sumía poco a poco en el letargo del sueño. Llevándolo desde que, de niño lloraba en el parque cerca de su casa porque sus compañeros de clases no querían jugar con él por lo inútil que era, hasta, cuando tenía 14 años y miraba por la ventana intentando ignorar los exámenes de cero puntos regados en suelo. Una mirada vacía, triste e inexpresiva que no miraban hacia el futuro, ni siquiera el suyo propio.

- Soy el tutor Hitman Reborn – de pronto un rayo de luz disfrazado de un bebe con traje de mafioso golpeo levemente sus ojos, desapareciendo el filtro gris que envolvía todo los a su alrededor, pintando aquel cielo naranja con colores más vivos renovados.

La imagen de Reborn hizo eco en su cabeza, y recordó todo por lo que había pasado gracias a él. Derroto a Mukuro, Varia, Millefiore, había sido capaz de salvar a Enma, el amigo que lo comprendía mejor que nadie en el mundo y con el que podía ser tan inútil como quería y lo más importante.

Romper la maldición de los Arcobalenos y ponerle fin a un ciclo de sufrimiento.

- Alguien que no está preparado para morir por sus compañeros ¡no es digno de convertiste en el décimo Vongola! – recordó aquellas palabras impulsadas por una fuerte determinación que ardía en su pecho hasta quemarlo, originadas por un sentimiento de miedo, miedo a perder al rayo de esperanza que había iluminado su vida. Frente a él, Reborn quien sostenía su fedora de no volar por los aires por las fuertes llamas que estaba expulsando, el sentimiento de negación inundaba su cabeza y por primera vez deseaba ser lo más terco en su vida. No iba a permitir su muerte, Reborn le había brinda no solo a su familia y amigos, sino algo aún más importante, su resolución.

- Quiero vivir más – aquellas palabras dichas por Reborn no era una petición, eran una verdad, y se daría todo para hacerlas realidad.

Aunque tuviera que rehacer el mundo.

-Mi llama no nace de la desesperación, nace de la esperanza – con sus ojos de color naranja claro casi amarillos y su cuerpo cubierto en llamas siendo la viva imagen de Giotto Vongola, Tsuna una vez más había sobrepasado sus propios límites y la llama que en su pecho ardía, ahora quemaba todo a su alrededor. Aquella llama era pura, sin dudas, sin pensamientos inútiles; Había demostrado una vez más que él era un creador de milagros y gracias a "supremacía" como había llamado a ese estado rompió un ciclo de siglos siendo el único testigo, un cielo atardecer de color naranja claro.

- Leoncito - Volvió a escuchar mientras recordaba el cielo naranja y la silueta borrosa de una joven penetraba en mente provocando que una punzada fuerte en su cráneo lo levantara de su letargo.

Desconcentrado por el dolor de cabeza, se reincorporaba en su asiento un joven Tsuna de 17 años, su cabello ahora era ligeramente más largo y sus rasgos faciales al igual que los físicos lo hacían parecerse a Giotto Vongola pero a una versión más joven que aún conservaba aun su expresión de inocencia que te hacia recordar el cielo azul. Sutilmente estiro su cuerpo sin llamar la atención de ninguno de sus guardianes y miro a su alrededor tratando de localizar a cada uno de ellos.

Gokudera concentrado, leía una revista de excentricidades mientras anotaba cosas en su cuaderno al mismo tiempo que shitt-p habla cosas incoherentes a la par suya, Yamamoto al igual que Enma dormían en sus escritorios plácidamente sin importarle el bullicioso salón de clases y Chrome, su guardián de la niebla, con el cabello ahora suelto y ligeramente más largo, mismo que ocultaba la su ojo izquierdo, revisaba una pequeña agenda.

-"Probablemente revisa los puntos a tratar en la reunión de hoy" – inquirió, recordando que ahora no solo debía preocuparse por sus estudios, sino también por el bien de su mafia, aquella que rechazo tanto y que ahora forzosamente, es el líder.

-"Ni estando en la escuela puedo descansar de Vongola"- pensó con ligera frustración, y desviando su atención a la ventana rememoraba todo por lo que había pasado hasta ahora.

- 3 años – murmuro casi inaudible, y entrando en sus recuerdos, se sumió en un sueño despierto.

Dejándose llevar por el sentimiento, dejo que su imaginación volara y lo transportara a un pasillo oscuro con luces que iluminaban de una en una marcos y obras de artes que representaban sus recuerdos. Caminando lentamente, navego por cada uno de los sucesos después de haber derrotado a Vindice.

- Primero fue Mukuro y Hibari – dijo mirando como paralelamente dos cuadros pintados, los mostraba a ambos manchados de sangre y rodeados de cuerpos a su alrededor. Tsuna se detuvo por un momento y observo ambas imágenes sin expresión alguna, sin sorpresa, sin miedo y dando un suspiro continuo caminando.

- Después Chrome y Yamamoto – menciono deteniéndose entre dos estatuas igualmente paralelas que presentaban a ambos guardianes. En la primera se encontraba su guardián de la niebla extendiendo sus brazos como si de un ángel se tratara, mientras partes de su cuerpo seguían sin ser esculpidas, siendo estas su ojo izquierdo y su abdomen. Y desviando su cabeza al lado contrario, se encontraba su guardián de la lluvia de rodillas con la parte de sus ojos destruida y parte de su rostro fragmentada mientras en sus manos sostenía un cuchillo de cocina roto. Tsuna sintió particular dolor al ver la estatua de Yamamoto e intentando tocarla, detuvo su mano al ver como de esta un fragmento pequeño se desprendía, encogiendo su mano suspiro una vez más y siguió su caminando.

- luego fue Nono – pronuncio con tristeza mientras se acercaba a una vitrina con un bastón viejo y fracturado por el medio – y justo después fue… Kyoko y Haru – paralelamente miro hacia una habitación con dos escritorios vacíos, únicamente iluminados por una tenue luz que amenazaba con apagarse, esta vez reflejo dolor y remordimiento en su expresión, llevo su mano a su pecho y apretó su camisa levemente en señal de dolor. Sin querer seguir recordando apresuro el paso hasta llegar a un gran salón totalmente oscuro, iluminado gentilmente por una amalgama de luces que asemejaban el arcoíris.

- Y por último, la Ascensión – dijo con una voz cansada, al mismo tiempo que se acercaba a la fuente de luz. En el centro de la habitación, una vitrina contenía una caja hexagonal forrada de terciopelo en la cual se encontraba los siete anillos Vongola, todos emitiendo llamas de la última voluntad. Podía sentir el calor que emanaban aquellas llamas, pero no podía sentir armonía saliendo de estas. El sentimiento que le provoca a Tsuna era inquietud y fragilidad, no estaban completamente balanceadas.

No tenían armonía.

- Leoncito – aquella voz resonó nuevamente en su cabeza, haciendo eco en la habitación, lo hizo girar la cabeza buscando la fuente de aquella voz suave que acariciaba sus oídos, peor al mismo tiempo que martillaba su cabeza.

El sonido de música en la lejanía capto su atención, y apartándose de la vitrina se adentró en la oscuridad de aquel salón, siendo únicamente guiado por el sonido y por unas luces intermitentes que poco a poco se hacían cada vez más presente. A medida que se acercaba más, el dolor de su cabeza se acrecentaba, ya había estado en aquel lugar antes, el sentimiento de deja vu lo abrumaba, conocía aquella canción que estaba sonando, aquel escenario; una puerta abierto de la cual solo se podían ver luces estroboscópicas que parpadeaban al ritmo de la música electrónica. Intento asomar su cabeza desde largo y mirar dentro de aquella habitación, pero una capa de humo bloqueaba su vista; su única opción era entrar, pero a cada paso que daba más fuerte se hacia el dolor en su cabeza, pero no le importaba, deseaba entrar, quería averiguar que había en aquella habitación, quería recuperar el espacio que eran ocupados por aquellos recuerdos difusos.

Los recuerdos de su fiesta.

Lentamente daba los pasos y a medida que más se acerca al umbral de aquella puerta, más fuerte eran las punzadas que penetraban su cabeza. Escuchaba voces hablar, la música poco a poco fue bajando el volumen en proporción al volumen de las voces se hacía cada vez más alto confundiéndose entre sí, hasta ser un incesante sonido estresante e inaudible, sus pies estaban tocando el humo que salía de la puerta, solo faltaba un poco más para pasar el umbral de sus recuerdos, su derecha se extendía para intentar tocar el humo mientras que la izquierda sostenía su cabeza presionando su cien, en un intento por resistir aquella migraña. Era solo cuestión de centímetros.

¡Pom!

El sonido de un maletín estrellarse contra un escritorio lo saco de su trance devolviéndolo abruptamente a la realidad, haciéndolo saltar levemente por el susto.

- Siéntense y hagan silencio, no por ser su último año de secunda significa que las cosas van a ser distintas – la voz del profesor resonó por todo el lugar en una orden que fue acatada por los estudiantes seguido de murmullos de inconformidad.

Tsuna aun con leve dolor de cabeza y con el pulso ligeramente acelerado por el susto, respiro hondo y trato de disipar la migraña al mismo tiempo que recobraba la concentración, frustración inundaba su cuerpo, estaba a punto de lograr su meta, iba a recordar aquello que lo tenía martirizando por semanas desde que regreso a Japón, por fin iba a recordar los sucesos de la dichosa fiesta organizada por su tutor, la fiesta por la cual todos en su escuela hablaban.

La grande del Decimo la llamaban a su fiesta.

Pero resignado solo gruño frustrado y saco de su escritorio su cuaderno de clases y un lápiz mecánico, no iba a seguir dándole vueltas al asunto, ya había aprendido a abonar los pensamientos inútiles que años antes sofocaban sus decisiones y su vida.

- Hoy tenemos una nueva estudiantes con nosotros, cuya integración en mi opinión es un poco tardía pero – hizo una pausa quitándose los lentes y restregándose los ojos con clara molestia para luego volverse a poner los lentes y proseguir – al nuevo director Boren no le parecía nada raro – menciono lo último con frustración – puedes entrar y presentarte -.

La puerta del salón se deslizo lentamente, y de ella una joven de tez blanca como la nieve con contextura física delgada de cabello oscuro lacio que suavemente se ondulaba con el viento entrara. Captando inmediatamente la atención de todos los estudiantes, agraciadamente caminó hasta el frente del pizarrón y con una postura delicada y fina con la espalda recta ligera mente arqueada denotando porte, se postro a la vista de todos.

- Mucho gusto a todos, me llamo Elizabeth Vermilíon, espero llevarme bien con todos – dijo en un tono suave y dulce, permitiendo ver la belleza de su rostro y esbozando una sonrisa tenue y delicada.

El tiempo se detuvo para Tsuna en aquel instante. La silueta que era borrosa en sus recuerdos ahora se reflejaba en frente suyo, el naranja de sus ojos penetraba su ser sin pena ni gloria, sin resistencia, sin oposición; Tsuna estaba desnudo ante esa mirada pura que le recordaba el cielo atardecer. En aquel instante no existía nadie en el salón, ni siquiera sus compañeros de clases adulando la belleza sin igual de Elizabeth, o su profesor que intentaba poner el orden en el salón; ese instante era de ellos.

Sus ojos comenzaron a parpadear en color naranja al encontrar con el naranja de la peli negro, como si se estuvieran sincronizando; en su pecho una sensación de calidez acompañada por un fuerte dolor de cabeza volvían hacerlo soñar despierto mientras se perdía en el infinito mar de sensaciones que aquella sonrisa le provocaba . Otra vez estaba en frente de la puerta, pero esta vez la misteriosa joven lo esperába, tendiéndole la mano, como si lo estuviera invitando a pasar.

- Vamos Leoncito – Su vos que delicadamente acariciaba sus tímpanos lo estaba haciendo caer nuevamente en un trance. Estaba perdiendo el control de sí mismo, gotas de sudor bajaban por su cien al mismo tiempo que intentaba calmase sus sentimientos sin éxito alguno, ella lo había desamado sin siquiera tocarlo.

Elizabeth simplemente esbozo aún más su sonrisa gentil al notar como los ojos de Tsuna se habían dejado de parpadear manteniéndose de color naranja brillante. Lo supo, sus ojos la reconocieron, y podía apostar que su corazón también, y susurrando levemente espero que el viento le llevara sus palabras a los oídos del castaño, dedicándole ese segundo eterno solo para ellos dos.

-Te encontré Leoncito -.

Hola a todos, lo sé, volví a faltar a mi palabra pero, muchas cosas pasaron y no quiero abrumarlos aquí, para eso tengo mi instragram en el cual estaré actualizándolos y dándole noticias de los capítulos y sobre nuevos proyectos.

Y por su les interesa saber, también estaré explicando el porqué de mi ausencia estos meses, además esto es una prueba que esta vez sí voy enserio con los fanfictions

Agradecería mucho que compartieran tanto mi instagram como el fanfic con sus amigos interesados en Katekyo.

Perdón por la demora y gracias por su paciencia.

No vemos en el siguiente capítulo.

~Chaosu~

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