Advertencia: contiene espoilers del arco de Shibuya, si no van al corriente con el manga no lo leas por favor, si lo haces es bajo tu propio riesgo.

Este fic también quedará abierto para en el futuro próximo compartirles más capitulos siguiendo la premisa de Yuuji de treinta y Satoru de veintiocho.

Sin más espero que lo disfruten. No tiene lectura beta y disculpen por los errores que llegue a tener.


Agosto del 2018.

La música resonaba en todo el patio, la mesa de aperitivos había sido arrasada desde hace un rato y por ahora Kugisaki, Itadori, Inumaki y Panda estaban en medio de la pista improvisada de baile en el patio principal del campus tratando de hacer que Fushiguro y Kamo bailarán. Uno más desconcertado que el otro, pero al menos lo intentaban.

Fushiguro estaba casi seguro que esa tonada pop no se bailaba pero que podía hacer, en el fondo estaba realmente disfrutando la fiesta. No recordaba la últimas vez que se haya divertido así o un aproximado.

La fiesta por el cumpleaños número dieciséis de Kugisaki había terminado siendo una sorpresa hasta para él que la había planeado junto a Itadori y Gojo-sensei. Se suponía solo irían por un pastel a una tienda exclusiva en Roppongi y que Gojo pagaría, todo fuera por su increíble alumna. Una pequeña reunión entre los cuatro; con soda, quizás karaoke y regalos para la cumpleañera.

Al final termino siendo algo más grande pues Itadori le aviso a Todou y Todou le dijo a todos los de Kyoto. Incluso Iieri, Yaga, Ijichi, Nanami e Ino habían llegado.

Aún más sorprendente Gakuganji le había mandado un presente a Kugisaki.

Todos tenían soda, bocadillos y dulces en sus platos o manos y estaba casi seguro que Iieri había contrabandeado alcohol, pues ella y Nanami no soltaban sus vasos y rondaban lo más lejos de Yaga y Utahime.

-Y a este paso le llamo, ser el mejor sensei del mundo- Gojo irrumpió en medio del círculo que habían terminado haciendo para ejercer presión y hacerlos bailar. Los movimientos del peliblanco eran fluidos, viéndose bien sin esfuerzo para el disgusto de todos, menos de Yuuji que lo alabo y le pidió le enseñará a bailar de esa forma tan genial.

Fushiguro lo intuía desde hace tiempo, pero no había querido profundizar en esa idea, solo por el hecho que de hacerlo, tendría que intervenir y eso a Yuuji no le gustaría. Lo que pensara Gojo no importaba por qué sabía que no trataría el asunto como el adulto que ya era y lo que menos quería era que el pelirosa sufriera.

-Claro que si Yuuji, solo debes de soltar la cadera- Gojo se posicionó detrás de Itadori y llevo sus grandes manos a la cadera ajena para sujetarla. Empezaron a moverse al compás de la canción y Fushiguro sintió que él fue el único en sentirse incómodo por esa proximidad, mientras todos los demás empezaron a hacerles barullo. Los "adultos" no estaban poniendo atención, cada uno en sus propias charlas, los demás estudiantes también enfrascados en bailar a su ritmo y antojo, nadie estaba notando la enorme sonrisa de come mierda de Satoru y el sonrojo en las mejillas de Itadori.

Fushiguro resoplo e internamente levanto los brazos en rendición e intento bailar.

Eran cerca de las once cuando la fiesta dió por terminada; Itadori, Maki e Inumaki ayudaban a Kugisaki con las bolsas y paquetes de regalo a llevarlos a su habitación. Todos los demás levantando o limpiando; los platos y vasos desechables en una bolsa de basura, las mesas siendo cargadas y regresadas al edificio de aulas al igual que las sillas, la carpa siendo desmontada y las bocinas llevadas a la sala de audiovisuales.

Los de kyoto se quedarían en las habitaciones desocupadas y el solo tenía que acompañar junto a Miwa y Kamo a los profesores al estacionamiento.

-Utahime-sensei asegúrese de estar aquí temprano- Kamo le dijo a su superior quien había aceptado el pasar la noche en el departamento de Iieri y recordar viejos tiempos de pijamadas. Nanami las llevaría y de paso dejaria a Ino en su casa. Yaga ya se había ido a su habitación dentro del campus.

-Si lo sé, no me tomes como una irresponsable. Miwa-chan estás a cargo.

La mencionada respingo de los nervios pero resignada asintió.

Regresaron a los dormitorios y Fushiguro se despidió de sus compañeros en el primer piso. Subió las escaleras notando que estaba más cansado de lo que pensó pero se sentía bien, no el habitual cansancio físico por las misiones y el pesar en su mente que se había convertido en un hábito, solo por esa noche se liberaría de eso sentires rememorando las risas, las bromas, el buen ambiente que se sintió casi normal, como si las maldiciones no existieran, como si ellos fueran simples chicos de preparatoria festejando el cumpleaños de una amiga y no hechiceros al borde de la muerte todo el tiempo.

Tapó un bostezo con su mano al dar la vuelta para ir por el pasillo que da a su cuarto cuando noto esa mata de cabello albino que conocía tan bien perderse trás de la puerta de Itadori aún lado de la suya. Escucho la puerta cerrarse y el clic del seguro y algo dentro de él grito por ir y sacar a Gojo de ahí, por qué entonces era real, eso que sospechaba desde hace tiempo y que solo le traería dolor a Yuuji.

Sin embargo Fushiguro volvió a resoplar y se adentro en su propio cuarto cerrando la puerta y poniendo el seguro. Se puso los audífonos y una lista de reproducción de su teléfono aún volumen alto pero prudente y aprovecho en terminar de leer ese libro que ya había demorado mucho en leer completo.

Cuando Kugisaki lo detuvo semanas después en su cuarto y le pregunto si sabía lo de Gojo-sensei e Itadori el asintió pero ambos llegaron a la decisión de no intervenir y apoyar a Itadori en lo que necesitara si las cosas salían mal. Pues en su mundo estás cosas no pasaban a menudo, el tiempo para el romance era mínimo o nulo al igual que sus vidas, y si Yuuji estaba sentenciado a morir, un poco de emoción en su vida no le haría más daño, ¿cierto?

.

.

.

Octubre 2018.

El 31 de octubre a la 7pm apareció una extraño velo en en el distrito de Shibuya y que permite la entrada tanto de civiles y chamanes pero no su salida.

Todos los chamanes y ayudante generales son convocados al lugar y tras investigar empezaron a agruparse en equipos y partir hacia puntos estratégicos. En el lugar se corre la voz de que piden la presencia de Satoru Gojo.

A Itadori se le pide esperar instrucciones acompañado de la hechicera de primer grado Mei Mei a quien la acompaña su hermanito Ui Ui en el cementerio Aoyama.

Itadori se siente intranquilo, ansioso por entrar en acción y aún confundido por qué se le pidiera esperar, también hay algo retorciéndose en sus entrañas, una especie de anticipación y miedo, un mal presentimiento y la imperiosa necesidad de saber dónde está Gojo-sensei, pero que se guarda para si mismo.

A las ocho con treinta minutos Gojo Satoru arriba a la estación de Shibuya Hikarie en donde tanto se le solicita y dónde se da cuenta hay una pantalla más.

En este lugar Jogo la maldición de fuego de grado especial junto a Hanami y otro individuo que se hace llamar Choso ya lo esperan. Entonces el plan es obvio; pelear en medio de una multitud de humanos para que Satoru se vea limitado al usar su infinito.

Al final todo es un caos, no se puede evitar sacrificar algunas vidas pero Satoru pelea para reducir el daño al mínimo.

Conforme pasa el tiempo se desespera, pues hay mucho más gente de la que creyó y están muriendo más de los que se puede permitir. Su límite está cerca y cada vez esta más nervioso.

Exorcisa a la maldición Hanami y mantiene a raya a Choso. Jogo se está metiendo bajo su piel y la ansiedad aumenta.

Yuuji tiene sus propios problemas pues se les pide ir hacia la estación del templo Meiji y dónde la maldición de grado especial Mahito está haciendo estragos con sus humanos modificados y a Itadori le está hirviendo la sangre, Los recuerdos de Jumpei se le agolpan en la mente. Necesita detener a ese ser nefasto.

Satoru llega al punto de quiebre cuando un tren lleno de humanos modificados arriba a la estación de Shibuya y empiezan a atacar a todos, no sabe que dominios están pensando esas aberraciones pero no puede permitir que más civiles mueran. Expande su territorio pero a una velocidad de 0.2 segundos que le permite encargarse de todos los humanos modificados y cuando va tras las maldiciones de grado especial nota que un cubo fue arrojado a su lado y escucha esa voz tan familiar pidiendo a la caja abrirse y le toma un instante darse cuenta que es la famosa caja confinadora Gakumonkyo.

Entonces Satoru voltea hacia atrás y lo ve, ve a ese que fue su mejor amigo, una parte muy importante en su vida adolecente y que después los traiciono, Geto aparece ante sus ojos cuando estaba seguro que había muerto, pues él lo mató un año atrás. Era imposible.

Su cerebro sentía que iba a reventar cuando los recuerdos lo azotaron y lo que sintió fue una eternidad, apenas fue un momento, momento que Geto aprovecho para que Satoru fuera atrapado por la caja confinadora y fuera sellado.

Itadori se entera por un pequeño androide Mechamaru de que Gojo a sido sellado y no puede creerlo por qué Gojo era el más fuerte, él podía con todo.

Después de eso Yuuji puede decir que todo empezó a pasar de forma tan acelerada que no supo exactamente dónde las cosas se fueron aún más al carajo, pues cuando fue conciente, Yuki Tsukumo lo dejaba junto a Choso diciendo algo sobre Tengen.

Yuuji se siente indigno de regresar junto a sus amigos, junto al lugar que era su hogar por qué les habia fallado. Ahora irán por su cabeza pues Sakuna hizo el mismo daño que esas maldiciones de grado especial y debe de mantenerse lejos de Fushiguro, no quiere ver la cara de Fushiguro cuando se de cuenta que la decisión que tomo al salvarlo a él le había costado la vida de Miles de personas

Lágrimas amenazan con salir al recordar cómo tampoco pudo llegar a Gojo, el como no fue lo suficientemente fuerte para recuperar su prisión y ver ante sus ojos como lo llevaban lejos, como le quitaban al primer hombre del que se enamoro, al primer hombre a quien se entregó, al que estaba seguro que era el amor de su vida.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Abril del 2033.

Yuuji puede decir que estaba nervioso, un tanto histérico quizás, pero sin duda alguna estába lleno de felicidad, tanto que sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.

Había olvidado como se sentía aquello de una forma positiva y no de la forma en la que la adrenalina por el miedo y la angustia lo habían hecho acostumbrarse.

También de ello, de sentirse de esa forma indeseada ya había pasado mucho tiempo.

Lo verdaderamente importante estaba frente a sus ojos, lo que estuvo buscando sin parar por todos lados. En un principio pensó que estaría cerca del que lo había encerrado ahí para empezar, para su sorpresa y desgracia Geto había escondido la caja confinadora y cuando por fin lo derrotó, esté no le dijo dónde lo había dejado, no le dió ni una pista.

Yuuji paso los últimos quince años de su vida buscando como loco ese artefacto. En un principio había tenía el apoyo y el interés de todos, no los culpa, jamás lo haría, pero después de los primeros cinco años muchos se dieron por vencidos.

Él junto a Fushiguro continuo buscándolo en lugares relacionados con Geto y su secta. Todo Tokio y sus alrededores, plataformas de ventas del bajo mundo y que Mei Mei le había hecho el favor de contactar con personas relacionadas al tráfico de artefactos malditos y apartir de ahí empezó a seguir las subastas en línea que se hacían por todo el mundo, pero sin resultados.

Así que ese preciso momento se sentía irreal, como un sueño de esos que están llenos de felicidad y tienes lo que tanto has deseado, pero terminas despertando y dándote cuenta que nada de eso era real, que seguía acostado en su cama con uno de los sacos de Satoru que hace mucho había perdido su olor pero que abrazaba para que le diera un poco de paz al dormir.

la caja confinadora la encontró en una subasta en Malasia a principios de ese año y dónde se estaba vendiendo en quinientos mil dólares. Yuuji convenció a todos sus conocidos de donar dinero, incluso él se endeudó con compañeros en su trabajo para juntar lo más que pudiera para comprar la caja arriesgándose en que fuera falsa, pero en cuanto la tuvo en sus manos supo que era la original, supo que en sus manos por fin estába Gojo Satoru.

Shoko le había dicho que la caja solo se abriría si el que lo ordenaba era igual de fuerte que el prisionero y Yuuji ya no poseia poder maldito, pero Okkotsu si, solo tenía que esperar que regresará de Marruecos de su luna de miel con Inumaki.

Si había esperado quince años que era una semana más.

Cuando Gojo salió de la prisión confinadora noto varias cosas, pero las más importantes eran las cicatrices en la cara de Yuuji, que ya no quedaban rastros de su adolescencia, de ese rostro brillante y ojos vivaces.

Frente suyo estaba un hombre de facciones marcadas y gruesas, de mirada endurecida y cansada pero no menos brillante, de rostro sereno y que podía darte las respuestas a la vida misma.

-¡Bienvenido de vuelta Gojo-sensei!- Yuuji le dijo sonriendo.

No era la misma sonrisa llena de luz que tanto amaba y que recordaba como si hace tan solo cinco minutos la hubiera visto, está tenía un toque de melancolía, dolor y pena y que a Satoru le supo a hiel.

-¿Cuanto?...¿Cuanto tiempo me fui?- La voz de Satoru salió carrasposa por la falta de uso.

Yuuji llevo su mano izquierda y rasco su nuca nervioso, no sabía si debía soltar esa información tan a la ligera. No sabían aún en que condiciones estaba Satoru mental y físicamente y lo que menos quería era provocarle una crisis en el peliblanco, pero recordó que asi no era sensei, que sensei podía con todo.

-Quince años, disculpe por la demora.

Satoru no podía con todo y menos saber que esos fueron los años desperdiciados, lejos de Yuuji.

-Entonces me e de ver más viejo.

-En lo absoluto Gojo-sensei...te vez tal cuál como la última vez que nos vimos. "

Satoru lo miro incrédulo, sin saber que pensar, de repente sus piernas las sintió pesar como plomo y su vista empezaba a nublarse. Llevo una de sus manos a sus ojos para detener las lágrimas y noto que ya no llevaba puesta la venda, realmente no recordaba dónde la había dejado y realmente no le importaba. De repente sintió dos manos sujetarlo del hombro y de su torso, miro hacia arriba y vio la cara más cerca de Yuuji, noto las líneas de expresión en sus mejillas resultado de sus sonrisas de oreja a oreja, pequeñas patillas de gallo en las comisuras de sus ojos y entre sus cejas ya empezaban a marcarse también líneas de expresión, Yuuji se veía tan maduro y grande aún que él siguiera siendo el más alto entre los dos.

"Quince años", pensó Satoru, "Yuuji ahora tiene treinta". Y la realidad de ello le pegó como si de repente un edificio le hubiera caído encima.

-Es mejor que se siente, aquí hay una silla Itadori-kun.

satoru levanto más la vista para ver sobre la cabeza de Yuuji y ver ese otro rostro tan familiar pero tan distinto y que apenas había notado también estaba ahí con ellos.

-¿Yuuta?

El mencionado lo saluda con una media sonrisa y su mano alzada -Ey Gojo-sensei, cuánto tiempo, gracias por notarme.

Yuuji y Okkotsu se ríen por lo bajo mientras Satoru se sienta en la silla ofrecida, ve sus piernas y el informe que siempre a usado. Preguntándose internamente hace cuanto tiempo dejo de prestar atención a su cuerpo pues no recordaba ni como iba vestido. Dentro de la caja no se veía más que obscuridad y el residuo de energía maldita rodear los cráneos y huesos de los que sucumbieron a la desesperación de estar encerrados y que podía ver con claridad con sus seis ojos. Noto también que sus manos se veían más pálidas que antes y sus uñas más cortas por haberlas mordido compulsivamente.

Levanto una vez más la vista a los chicos frente a él y no pudo evitar dejar salir las lágrimas de sus ojos, sorprendiendo por completo a ambos -¿Esto-Esto no es un sueño verdad?

Tanto el pelirosa como el azabache se miraron aún más desconcertados, era como si Satoru hubiera retrocedido aún más en edad; su voz de oía pequeña y más rota, su postura sentado era encorvada, con miedo.

Yuuji pensó que los quince años dentro de la prisión si pudieron afectar la mente de Gojo, ¿Pero a qué grado?.

Yuuji se arrodilló frente a Satoru y tomó sus manos suavemente, estaban frías y húmedas y Yuuji tuvo la imperiosa necesidad de abrazarlo fuertemente entre sus brazos por qué incluso él necesitaba rectificar que efectivamente no estuvieran ambos soñando.

-Satoru no estás soñando, estas aquí con nosotros fuera de la prisión confinadora, soy Itadori Yuuji, fui tu alumno en la escuela de hechicería en Tokyo y él es Yuuta Okkotsu, también fue tu alumno, Nobara Kugisaki y Fushiguro Megumi también. Iieri Shoko fue tu compañera de clases y Yaga Masamichi tu director y jefe después.

Satoru al escuchar esto levanto la mirada sorprendido y también visiblemente angustiado.

-¿Como están todos?, ¿Geto?, Las maldiciones de grado especial ¿Que pasó con todos ellos?.

Itadori volvió a llevar su mano a la nuca y la rasco, relamio sus labios y desvío su mirada de la intensa azul. Una parte no sabía cómo decirle sobre todas esas cuestiones y otra no estaba acostumbrado en ver a Satoru así, ciertamente jamás lo había visto así.

-Gojo-sensei lo primero que deberíamos hacer es que Iieri te examine, aún no sabemos que tanto te afectó el encierro y como estés de niveles de energía maldita. Esa caja absorbía tu poder y...

-Estoy bien Yuuta, estuvo absorbiendo mi infinito, así que solo me quito una mínima parte, solo necesito volver a acostumbrarme a usar las piernas y estirarme- La voz de Satoru se oía casi petulante y engreída como siempre, pero su cara les decía todo lo contrario al levantarla para verlos -Solo necesito saber que paso.

Yuuta resoplo resignado y ahora el llevo sus dos manos a su cabeza despejando su rostro de su flequillo crecido pero que había mantenido a la altura de los oídos y reajustando el pequeño chongo que se hizo por ya traer el cabello un poco más abajo de los hombros. -Entonces iré a preparar un poco de té, ya no debe de tardar en llegar Iieri-san.

Yuuta dió media vuelta y salió de la habitación, esa fue la señal para decirle a Yuuji que ese era su trabajo y su problema.

Satoru regreso su mirada a Yuuji quien seguía en su mismo lugar arrodillado frente a él y con ambas manos sujetando las suyas ahora. Su mirada parecía distante y más triste, Satoru no pudo más.

Safo sus manos del agarre de Yuuji alertandolo y cuando levanto la cara, las manos de Satoru lo tomaron por las mejillas jalandole hacia él para besarlo. Un beso desordenado y desesperado, exigiendo que abriera la boca con su lengua lamiendo sus labios, el beso casi dolía, pero Yuuji lo dejo entrar y se recargo con ambas manos abiertas en sus muslos y ambas piernas ahora de rodillas.

El beso les sabía dulce y amargo, a felicidad y pena, a amor y angustia.

Ambos lloraban en medio del beso.

Al separarse y mirarse a los ojos era como si de repente Yuuji volviera a tener quince años y Satoru fuera el intrépido profesor del que se enamoro perdidamente, del hombre a quien le entrego todo y que habían jurado que aprovecharían todo el tiempo posible mientras encontraban los dedos de Sakuna y al final sería Satoru quien le diera fin a su vida, pero sin arrepentimientos, sin pensar en el que hubiera pasado si no hubiera dado el paso.

-A sido difícil sin ti Satoru, muy difícil-La voz de Yuuji salía entre sollozos e hipidos y Satoru trataba de limpiar sus gruesas lágrimas con sus dedos pulgares. Yuuji termino recargando su rostro en su pierna, mirándolo desde ahí se veían aún más pequeño.

-Por favor Yuuji necesito saber que paso.

Yuuji mordió su labio inferior, un intento por reprimir su llanto, termino por cerrar los ojos e ínhalo profundo y poco a poco saco el aire tratando de recomponerse, de recordar que ya no era un niño y debía comportarse como el adulto que era. Se levantó del regazo de Satoru y se sentó en seiza volviendo a tomar sus manos.

-Lo primero que debes de saber es que derrotamos a Geto...o Noshitori Kamo el que manipulaba el cuerpo de Geto-san- satoru abrió los ojos en conmoción recordando lo que vio antes de ser sellado, de como Geto se quitó la parte superior de la cabeza revelando un cerebro con una sonrisa mounstrosa. -Yo-yo ya no poseo energía maldita. Fushiguro logro exorcizar a Sakuna y logro mantenerme con vida, en realidad fue más difícil de lo que lo hago sonar jeje...

Yuuji dudo en decir lo siguiente pues era una tema mucho más delicado y sin duda esto podría desatar una crisis en Satoru.

Satoru estaba sorprendido, sabía dentro de si que sus alumnos lograrían hacerse fuertes y encargarse de la situación, pero escucharlo no dejaba de ser sorprendete.

La puerta de la habitación se abrió de repente interrumpiendolos y haciendo que ambos respingaran del susto. Iieri Shoko se veía algo agitada y en cuanto vio a Satoru sus ojos se abrieron mucho más.

-Realmente eres tú.

Iieri respiro profundo recomponiendo su postura y mirada aburrida pero sin borrar la pequeña sonrisa en su boca. Se acercó a paso lento hacia Satoru y cuando estuvo a su lado puso su mano en su cabeza revolviendo un poco su cabello. Satoru le devolvió la sonrisa y se puso de pie encorvandose un poco para abrazarla.

Se quedaron así por un rato, Iieri palmeando su espalda y Satoru apretándola con algo de fuerza hasta que Iieri palmeo con más fuerza para que la soltará. Al separarse los ojos de Iieri brillaban con lágrimas reacias a caer y cuando sintió una resbalar se volteo para limpiarla.

-Maldita sea como desearía un cigarro ahora.

-¿Dejaste de fumar? Te felicito sabía que lo lograrás.

-No, deje mi cajetilla en el auto.

Ambos resoplaron y rieron. Satoru volvió a sentarse notando que sus piernas seguían pesadas.

Iieri saco su linterna de pluma guardada en el bolsillo de su suéter -habito que había adquirido atrávez de los años-, la encendió y levanto la cara de Satoru por el mentón, puso su dedo índice frente a su cara y lo movió de un lado al otro mientras Satoru lo seguia con sus ojos; sus pupilas parecían algo dilatadas y los ojos enrojecidos, pero lo normal para alguien que habia llorado.

Apagó la linterna para regresarla a su lugar y hecho un vistazo general, evaluando que estaba más pálido y ojeroso, algo que nunca había visto en Satoru, pero de ahí en fuera, físicamente estaba completo.

-¿Te duele algo?, ¿Algún malestar?.

-¿Tan pronto vas a empezar con las preguntas incómodas Shoko?

-Contesta.

Satoru dudo pero sabía que de alguna u otra forma Iieri lo descubriría.

-Las piernas las siento pesadas.

Al escuchar eso Yuuji se puso en alerta volviéndose a acercar a Satoru, tomando su mano y poniendo la otra en su muslo izquierdo tanteando, como si quisiera con esa acción saber con exactitud por qué le pesaban. Satoru le dirigió un sonrisa calma y apretó su mano.

-Tranquilo Yuuji, no es nada, debe ser por no haber caminado en tanto tiempo.

Iieri movió su cabeza en afirmación, tenía su mano cruzada en el pecho y la otra levantada para tocar su mentón, lo que hacía cuando estaba pensando con seriedad.

-Aun así, quiero hacerte estudios completos. Itadori-san mañana llévalo a mi consultorio temprano por favor, que duerma lo las que pueda y descanse. Que coma cosas blandas aún no sabemos que le pudo hacer el encierro a su metabolismo.

-Si Iieri-san.

Satoru se quedó perplejo en la forma en la que Iieri se había dirigido a Yuuji, como si el fuera el que estuviera cargo, el adulto responsable. Eso le irritó y divirtió por igual

Satoru puso atención a Iieri también: su cabello seguía largo a media espalda y seguía tan castaño como siempre, seguía siendo una mujer hermosa. Había envejecido como los bueno vinos a sus 43, tomando en cuenta sus hábitos de sueño, cigarro y bebida. Lo único que delataba quizá que ya era una señora adulta, eran las comisuras de su labios, las tenues arrugas ahí. Pensó en si aún seguía tan tolerante al alcohol o si por fin Nanami le había ganado. El prefería acompañarlos con alguna bebida dulce sin alcohol y a la cual le agregaba más cubitos de azúcar. Nanami le había dicho que hacer eso le subía la energía e hiperactividad y terminaba actuando como un mal bebedor.

Una vez bromearon a qué Satoru todo el tiempo actuaba como un mal bebedor pero él sabía que se divertían igual con su presencia y bromas sin igual.

-¿Cómo está Nanami?, Por cierto debería de estar aquí, a salido su buen amigo y no lo veo, siempre tan cruel.

Tanto Iieri como Yuuji se quedaron congelados viéndose, la mortificación en las caras de ambos pero Iieri se recompuso más rápido y volteo a ver a Satoru nuevamente con su cara aburrida, pero Satoru noto que sus ojos volvían a hacerse vidriosos, de repente sus ojeras bajo los ojos la hicieron ver demacrada y marchita.

-Imagino que aún no te han dicho muchas cosas.

Satoru fue perdiendo la sonrisa gradualmente al ver que Yuuji seguía sin verlo e Iieri parecía querer estar en otro lado y no ahí.

-Llegaste en la parte más interesante de mi charla con Yuuji.

Shoko se pasó un mechón de su cabello detrás de la oreja y la otra mano la frotó en su falda sastre de tubo y se sentó en la cama aun lado de él. Satoru por un momento desvío la atención notando esa cama; era una matrimonial con una colcha azul marino y dónde había dos libros, al parecer mangas. El carraspeo de Iieri lo volvió a concentrar en ella.

-Satoru, esa noche, la del incidente en Shibuya murieron muchas personas, entre ellas...Nanami.

Satoru vio un punto fijo detrás de Iieri después de escuchar eso, sintiendo como una fisura nueva era abierta en su pecho, perdiéndose en las muchas más que había por la perdida de su amigos y compañeros.

Ese dolor lacerante tan conocido volvía abrirse paso por su pecho.

-Mierda- Satoru susurro mientras llevaba sus manos a su cara y recargaba sus codos en las rodillas. Yuuji se mantenía estático en su lugar, cerrando con fuerza sus manos en dos puños que se estaban tornando blancos por la fuerza y aguantando las ganas de llorar otra vez. Recordar los eventos en especial de aquella noche era algo a lo que no se enfrentaba con frecuencia. Todas las pérdidas que hubo, todo el caos desatado y las consecuencias devastadoras, hasta la fecha seguían recomponiendose cómo sociedad de todo aquello.

-¿Quien más murió?

Iieri se removió incómoda.

-Muchos asistentes y hechiceros también. Naobito murió días después por quemaduras de tercer grado.

-Megumi-Gojo dijo al instante que oyó lo del jefe del clan Zen'in.

-Él está bien, actualmente da clases en la academia de jujutsu. Pero Yaga...a Yaga lo inculparon como el que motivo a Geto a llevar acabo lo de Shibuya y fue sentenciado a muerte...nadie pudo hacer nada Satoru.

-¿Que?.

Satoru quería arrancarse algo del cuerpo, quería devastar algo, ir tras esos malditos ancianos y pulverizarlos.

-El consejo de ancianos ya no existe- dijo Shoko como si le leyera el pensamiento. -la academia ahora es independiente y yo soy su directora aún que sigo fungiendo como doctora. Ijichi es mi subdirector y mano derecha.

Satoru sintió una especie de alivio por saber que Ijichi estaba bien. Frotó sus manos en su pantalón de repente sintiéndose muy ansioso y al voltear a ver a Yuuji este seguía parado aún lado de él nuevamente perdido en sus pensamientos, sus manos ya no las apretaban fuerte y ahora permanecían laxas a sus costados.

Satoru llamo su atención tomando una de sus manos y Yuuji como si la vida volviera a él lo miro, tratando de quitar los ojos opacos y la tristeza de la cara le sonrió al peliblanco, una sonrisa torcida y que no llegaba a sus ojos.

Satoru se preguntó hasta que grado estaba deshecho y roto, por cuánto tuvo que pasar para llegar a este momento.

Un golpe en la puerta los alertó a los tres, quienes voltearon para ver a Yuuta entrar y aún lado de él a Inumaki.

-El té está listo y prepare algo de comida-Yuuta dijo, pero Satoru le prestó más atención a su ex estudiante. Inumaki no había cambiado en lo absoluto, aún llevaba su cabello un poco crecido y quizás se veía un poco más delgado, sus mejillas una vez redondeada ahora se veían ma afiladas.

-Toge-kun cuánto tiempo.

Inumaki se acercó rápidamente con los ojos brillando pero con esa actitud tranquila, bajo un poco su cuello alto para dejar ver su pequeña sonrisa, lo único que hizo fue darle unas palmadas en el hombro a Satoru y dónde noto llevaba una alianza de oro en el dedo anular.

-Oh Toge te cásaste, felicidades ¿Quien fue él o la afortunada.

Inumaki sonrió un poco más amplio poniendo su ojos en medias lunas y ante la pregunta Yuuta se acercó con una sonrisa similar, rodeo los hombros de Inumaki y lo atrajo hacia su lado.

-Soy el afortunado, no tiene mucho que nos casamos.

-Vaya, muchas felicidades.

Yuuji se acercó a Satoru y se encorbo pasando uno de sus brazos por debajo de sus rodillas y el otro detrás de su espalda, Satoru se quedó congelado al ver que Yuuji pretendía cargarlo estilo princesa, al voltear a verlo con duda, Yuuji esbozo una sonrisa, está si era auténtica y algo traviesa.

-¿Que haces Yuuji?.

-Llevarte a la cocina, dijiste que tus piernas estaban algo pesadas.

-Pero...

La réplica murió cuando fue levantado casi sin esfuerzo en los brazos de Yuuji, a Satoru no le quedó de otra que cruzar los brazos sobre los hombros del pelirosa y se dejó hacer.

Al salir de la habitación noto que estaba en un segundo piso, las paredes en su mayoría eran de color beige el piso de madera y había otras tres puertas en el pasillo. Iieri, Yuuta e Inumaki iban al frente de ellos. Al bajar las escaleras noto varios cuadros de fotos colgados en esa pared, viendo una que otra foto de ellos en el instituto, la fiesta de Nobara de sus dieciséis, sus salidas al centro de Tokyo, de días de clase sin mucho que hacer.

-¿Donde están Fushiguro y Kugisaki?

Yuuji no flaqueo en su agarre ni en su mirada pero si se detuvo a media escalera, en dónde Satoru vio más fotos, una con Fushiguro dónde se veían más grandes, quizás en su veintes afuera de un bar, junto a Todou y Kamo. Otras dónde se veía a Yuuji con un uniforme de bombero y otras personas que no reconoció.

-Kugisaki...tampoco sobrevivió a esa noche Satoru-La mirada de Yuuji se detuvo en la foto de la fiesta de Nobara. Los recuerdos de ver cómo Mahito la había alcanzado y le había explotado el ojo con parte de su cabeza eran algo que seguía rondando su mente, pero había servido que antes de que Nobara muriera, ella le dijera que no fue su culpa.

Nobara estuvo luchando por vivir durante unas semanas, pero al final su cuerpo no había resistido y murió, Yuuji había llegado a tiempo para despedirse y pedirle perdón pero Nobara le dijo que no era su culpa, que nada de lo que había pasado lo era, que esa era la vida de los hechiceros y que ahora él debía esforzarse también por ella, que estaría bien y cuidaría de ellos a su forma en otro lado.

Solo una semana después Maki también se había ido, Nada se pudo hacer ante las quemaduras tan graves que sufrió y que por más que Yuuta trato de sanar, no pudo.

Escucho también que Todou e Inumaki habían perdido uno la mano y otro el brazo, pero a Todou se le logro arreglar por haber sido un corte limpio, en el cazo de Toge no se pudo hacer nada por el reciduo de energía maldita que dejó la expansión de Sakuna y que apenas habían logrado quitar, pues se esparcia cuál veneno por su cuerpo. Fushiguro había rechazado ser líder de los Zen'in y había tenido problemas con uno de los hijo de Naobito. Al final se había arreglado y esa historia tenía que contarla Fushiguro.

También supo que Yuuji estaba trabajando como bombero y que actualmente estaban en Sendai, en el mismo barrio donde Yuuji vivió con su abuelo, que desde hace ocho años había comenzado a vivir nuevamente de forma normal y pacífica y su único problema era bajar gatitos de grandes árboles y buscarlo desesperadamente.

Satoru quería, llorar, reír, romper algo, quería regresar el tiempo y no dejarse atrapar, no dejarse sorprender y haber derrotado a todos, haber estado para Yuuji y los momentos más complicados o evitarle pasar por todo ese sufrimiento. Recuperar todo ese tiempo perdido, pero sabía que eso era imposible, que lo hecho hecho estaba y no quedaba de otra que lidiar con la insatisfacción, con el vacío que dejaron los que ya no estaban y cargar con las consecuencias.

Ahora tenía está oportunidad, tenía este presente y sabia que debía de aprovecharlo, ahora estaba nuevamente con Yuuji en el aquí y ahora.

Viéndolo ahí sentado platicando en la mesa de su comedor como cualquier persona común había sido parte de su sueño, parte de su anhelo. Las cicatrices eran el claro recordatorio de todo lo que perdió, de todo a lo que se enfrentó. Anque Yuuji ya no sonreía de la misma forma, aún mantenía esa chispa y esa calidez, su bondad seguía casi intacta. Yuuji aún seguía amándolo y por supuesto Satoru también seguía amándolo, ahora poseían todo el tiempo de mundo para ellos dos, para volver a conocerse.


Antes que nada pido disculpas por matar a la besto ship Yuri créanme me estoy odiando por esto, pero es mi HC (horrible verdad?) con respecto al canon.

Vuelvo a decir que esto es lo que yo pienso y creo que puede pasar así que es puro fanon, nada es canon hasta que el canon diga lo contrario y ya vimos que a Gege le gusta dejarnos como clowns.

Gracias por leer si llegaste hasta aquí, vení que nos vamos a terapia juntos por qué yo también quiero morir de tristeza. Por cierto ya vieron todo la info que está saliendo en el fan book? yo estoy flipando con todo.

Nuevamente muchas gracias por todo su apoyo son un fandom hermoso y lleno de azúcar y gracias por darse la oportunidad de leer mis loqueras. Nos leemos después los iloveo!