"No puedo hacerte entender.
No puedo hacer que nadie entienda lo que está sucediendo dentro de mí.
Ni siquiera puedo explicarlo a mí mismo."
—Franz Kafka.
[...]
Era definitivo.
Lo notaba en su mirada perdida y en el modo en que evitaba cruzar palabras con él.Temari había cambiado considerablemente. Ya no llevaba sus típicas dos coletas con la que había conocido a Shikamaru años atrás.
Tenía su cabello suelto y había crecido un poco, sobrepasando sus hombros.
Se mostraba más bonita que de costumbre, pero su alma no se recuperaba.
Sin embargo, Shikamaru no podía dejar de verla y admirar la belleza que había perdido por descuidado e inmaduro.
—Deben firmar estos papeles y estarán oficialmente divorciados. —exclamó la jueza que llevaba adelante el trámite.
Una mujer de cabellera larga y de un color rojo intenso. Su tono de voz parecía atraer a cualquiera que la oyera, dándole un toque sensual a su apariencia.Ella miraba a la pareja que se encontraba sentada frente a sus ojos.
Observaba ambas actitudes e hipotetizó acerca de lo que podría haberles ocurrido.Además, concluyó que había uno de los dos que se rehusaba a firmar.
—Bien, ¿Quién lo hará primero? —inquirió con firmeza.
Miró a Shikamaru, quien no quitaba la vista de su casi ex esposa Temari.
Ella suspiró y tomó la lapicera. Su expresión había cambiado.
Shikamaru temía por su orgullosa actitud. Sabía que cuando Temari imponía un objetivo, no pararía hasta alcanzarlo.
Así era ella. Tenaz, persistente, orgullosa y testaruda.
La Sabaku No firmó en donde la jueza le había indicado previamente.Por otro lado, sólo quedaba Shikamaru.
Temari, por primera vez desde que habían ingresado a la oficina, dirigió sus orbes aguamarina en los de Shikamaru.
Él la conocía perfectamente y sabía que ella estaba guardando todo lo que sentía para poder canalizarlo a solas.
Notaba que sus ojos estaban acuosos y su mano izquierda temblaba.
Se sentía extraño que no llevara el anillo que le había colocado el día de su boda, pero comprendía que toda causa tenía su consecuencia.
Shikamaru sujetó la lapicera y pensó seriamente.
¿Era eso lo que deseaba realmente?
Tiempo atrás...
Cada noche pasaba exactamente lo mismo: Shikamaru llegaba de su trabajo muy tarde.Él siempre tenía su cena hecha, esperando ser recalentada.
Ella jamás lo había descuidado, pero su cansancio comenzaba a pasarle factura.
Shikamaru cenaba tan solo como ella. Lamentaba eso, ya que quería pasar más tiempo con su esposa.
Ser el asistente de un empresario no era nada sencillo.Durante la tercera parte del día, se encontraba fuera de su casa y esto consumía su energía física.Perdía mucho tiempo en su trabajo y casi no podía compartir nada con Temari.
Sin embargo, jamás le recriminó por ello.
Al regresar a su lecho matrimonial observaba a la mujer que lo esperaba hasta donde su cuerpo podía resistir. Habitualmente, Morfeo se la arrebataba para que ella no notara su ausencia y poder así descansar lo suficiente para afrontar las clases en la universidad.
Esa noche, Shikamaru miraba con lujuria a Temari. Ella vestía un sensual camisón que cubría apenas sus muslos.
La rubia dormía de lado, abrazando con fuerza la almohada que pertenecía a Shikamaru.De algún modo, ella trataba de dormir con él.
Shikamaru se quitó el saco y aflojó su corbata. Se quitó los zapatos y subió lentamente a la cama.
Comenzó a acariciar las delicadas piernas de la rubia, buscando que ella despertara.Al no tener respuesta, continuó viajando por su espalda, apartando su prenda y depositando algunos besos.Subió un poco más, hasta llegar a su cuello y, posteriormente, su oído. Le susurraba su nombre.Temari comenzó a moverse apenas. Su sueño era realmente pesado.
—Temari, amor. —musitaba con su típico tono seductor.
Su esposa abrió apenas los ojos y sonrió.
Shikamaru demostró cuánto la deseaba con sólo besarla apasionadamente.
Pese a estar adormilada, Temari respondía a ello.
Se aferraba a su delicado rostro y deseaba tenerla bajo su propio hechizo.
Su lengua jugueteaba con la de Temari y esto alimentaba aún más sus bajos instintos.
—Te extrañé... —expresó Shikamaru, entre jadeos.
—Yo también, amor—exclamó Temari, apoyando su mano en la mejilla de su esposo—. Lo siento, esta noche no puedo.
Por alguna razón, Shikamaru lo sintió como un vil rechazo.Temari cerró sus ojos nuevamente,lamentando fallarle una vez más a su marido.
Shikamaru bajó de la cama y comenzó a desvestirse.No quitaba sus ojos del cuerpo inalcanzable de su esposa.
Ella parecía más exhausta que de costumbre...
Shikamaru suspiró con pesadez y buscó su pijama.Mientras se cambiaba, resoplaba. Jamás se había quejado por no tener relaciones con su esposa. Pero, en esa ocasión, realmente lo necesitaba.
Se sentó en su lado. Apoyó sus codos en las rodillas y se sostuvo la cabeza. Revolvió su cabello y mordía su labio inferior.
—¿Por qué...? —inquirió.
Respiró profundo y se acomodó en la cama.
Abrazó a Temari y besó su frente.
—¿Qué es lo que sucede? —murmuró y cerró sus ojos.
Aunque tenía más miedo de que los días continuaran pasando...
Al día siguiente, Temari despertó a Shikamaru con un delicioso desayuno.
Había preparado un pequeño pastel el día anterior y cortó una porción para él, acompañado de un café fuerte para despertarlo más rápido.
—¡Buenos días! —saludó con una gran sonrisa mientras acomodaba su taza y le dejaba la porción del pastel a su lado.
Shikamaru se ubicó en la cabecera de la mesa y prosiguió a desayunar bajo la atenta mirada de su esposa.
Ella parecía querer decirle algo. Pero, por una extraña razón, no podía hacerlo.
—Está delicioso...—exclamó el Nara mientras acababa su infusión.
—Lo sé. Fue hecho especialmente para ti. —Temari parecía más radiante que de costumbre.
Cuando hubo acabado, Shikamaru buscó su maletín y las llaves de su auto para irse a su trabajo.Miró su reloj y notó que estaba llegando tarde.
—Lo siento amor, en la noche hablamos. —Shikamaru saludó rápidamente a su esposa y se retiró.
Temari sintió que algo no marchaba bien.
Lo podía presentir.
Las horas de oficina no eran divertidas. De hecho, eran más tortuosas de lo que creía.Estaba completamente estresado y necesitaba irse de inmediato.
—Shikamaru... —Una voz se acercaba a él, irrumpiendo en su oficina.
Al levantar la vista, se topó con las orbes celestes de quién sería su secretaria.Una mujer de un cuerpo armonioso y una belleza inigualable.Su cabello rubio le recordaba a su esposa, pero no su carácter.
—Ino... —respondió nervioso.
Algo pasaba en la mente del Nara.
—Bueno, he notado que estás un poco tenso hoy y creí que lo mejor sería que tomaras este café. —Dejó el pequeño vaso de telgopor con la infusión en su escritorio.
Shikamaru agradeció el gesto y se levantó.
Ino se mantuvo en el mismo lugar, observando cómo su jefe se acercaba a ella.
—Ino... —espetó una vez que estaba frente a ella. —¿Puedo preguntarte algo? —Shikamaru parecía ofuscado. La situación estaba yéndose de las manos.
—¿Qué sucede? —Ino, confundida por la actitud de Nara, sólo dejó que él actuara.
—¿Soy un hombre atractivo? —preguntó con cierta timidez. Se acomodó la corbata y desvió la mirada.
Ino rió ante la pregunta y se acercó aún más al moreno.
—¿Que si me pareces atractivo, guapo o seductor?–susurró, estremeciendo a Shikamaru. —Esa no es ninguna pregunta—Apoyó sus manos en el pecho del Nara y las bajó lentamente. —. Por supuesto que sí.
En el interior de Shikamaru, las cosas no marchaban nada bien.Su corazón latía demasiado rápido. Su respiración se agitaba cada vez más.
La avasallante seducción de la rubia lo cegaba.Él estaba hambriento e Ino podía notarlo perfectamente.
Shikamaru, con cierto temor al principio, apoyó sus manos en la cintura de la Yamanaka. La apegó a él y se mantuvo inmóvil, esperando algún tipo de señal.
Ella lo veía con lujuria y sonreía al notar los nervios en él.La situación se desmoronaba más rápido de lo que creía.
Shikamaru, cegado por sus deseos carnales, besó desesperadamente a Ino y comenzó a explorar su cuerpo.
Posicionó sus manos en los muslos de su secretaria y levantó su vestido.
Ino buscaba desesperadamente bajar el cierre del pantalón del Nara.Era una magnífica oportunidad y no podía dejarla pasar.
Shikamaru sudaba y gemía al sentir una mano invasiva en su entrepierna.
Estaba jugado, nada podría hacerlo retroceder.
Ambos se acercaron al escritorio y Shikamaru arrojó todo lo que se encontraba allí.Cuando estaba liberado, sentó a Ino en ese sitio y bajó un poco más su pantalón.
La rubia mordía su labio inferior al notar cómo Shikamaru se encontraba poseído por el placer carnal.Sin perder un solo segundo, el Nara se deshizo de las bragas de la chica, arrojándola al suelo.
Abrió sus piernas y la penetró sin pensarlo dos veces.Ino se aferró al cuello de Nara y, con su otra mano, clavaba sus largas uñas en la espalda del hombre.
Ino no era nada discreta, así que no se dio el lujo de ahogar sus gemidos.Las estocadas frenéticas de Shikamaru la excitaban tanto como siempre lo había pensado.
Ella lo deseaba desde el momento que lo vio. Su sueño se hacía realidad.
Las estocadas cada vez eran más rápidas e intensas.Ambos lo disfrutaban.
Cuando Ino creía que Shikamaru estaba a punto de alcanzar su clímax, él se detuvo.Ino lo miró y se preguntó qué estaba pasando.
Shikamaru estaba atónito, con la mirada fija en la puerta de la oficina.
Ino volteó a ver de qué se trataba y era otra mujer.Una que llevaba dos coletas perfectamente peinadas.
Ella tenía la misma expresión que él.
Su amante no comprendía lo que estaba pasando.Sólo vio cómo Shikamaru comenzaba a llorar y a desesperarse por salir de su interior.
Temari, quien había presenciado una escena que jamás había imaginado, desapareció de allí,dejando un sabor amargo en su esposo.
Él notó el gran error que acababa de cometer y su odio hacia él mismo, comenzó en ese instante.
—¡¡¡Temari!!! —gritó mientras la veía correr por los pasillos del edificio.
Por su parte, la rubia no entendía cómo pudo haberlo hecho.
Mucho menos, el día que ella cumplía años.
