Las mujeres caminan por una fina línea.
Puritana.
Puta.
Perra.
Felpudo.
Definir quién eres para el mundo exterior es un acto constante. Es agotador, pero para algunas mujeres ahí afuera es una ocasional escapada. Una excusa que les permite decir lo que realmente está en sus mentes, les permite perdonar incluso si saben que no deberían y las empuja a satisfacer todas sus indecentes fantasías sin las escarlatas consecuencias.
Alcohol.
Puede dar el valor para hablar sucio y el permiso para ir a casa con el camarero.
Es la coartada. El artículo de portada.
No eras realmente tú estabas poseída por el Capitán Morgan y Grey Goose
Lamentablemente, tengo una muy alta tolerancia al alcohol.
Apesta ser yo.
En todos nuestros años juntos, Neal nunca fue capaz de sacarme fuera de combate. Ni una vez. Tal vez es porque empecé a beber a una edad temprana. Tal vez sólo nací así.
A pesar de todo, cuesta mucho que me haga efecto y aún más que me emborrache.
Ese es el porqué, en su día, preferí la marihuana.
Mucho más eficiente.
Sí, has oído bien. Candy White extraordinaria marihuanera. ¿Los Grateful Dead y yo? Podríamos haber sido mejores amigos. La hierba es lo que me dio la valentía suficientemente para hacerme mi tatuaje.
Pero, lamentablemente, esos días terminaron. Cuando empecé la escuela de negocios, me di cuenta de las consecuencias de ser atrapada con una controlada sustancia eran demasiado altas. Así que ahora solamente me atengo a drogas legalmente sancionadas. En su mayoría vino.
Terry y yo bebemos todas las noches, sólo para relajarnos. Y una vez por semana tenemos una cita, una noche especial. Cocinamos juntos.
Terry es un gran fan de las fajitas. Podemos beber y hablar, y beber un poco más.
Esta noche hemos bebido un poco más de lo habitual. Así que, aunque no estoy borracha en el sentido literal, mis extremidades se sienten flojas, Relajadas.
Al igual que mis inhibiciones. ¿Tengo tu atención? Excelente.
Abran una ventana, damas y caballeros va a hacer calor aquí.
Estamos en la cama.
Estoy sobre mi espalda. Y Terry está entre mis piernas.
Bueno, su rostro lo está, de todos modos.
—Me encanta tu coño.
Gimo, y él refuerza sus palabras con acciones. Es grande con las acciones.
Húmedas y adoradoras acciones.
—Joder, podría vivir aquí.
Capta su ritmo, y antes de que puedas decir Pégame con una fusta, estoy tirando de su cabello y gritando su nombre. Momentos después, Terry sonríe con orgullo y se arrastra por mi cuerpo. Mis extremidades están perezosas por el vino y el orgasmo, por supuesto. Todo alrededor, es una agradable neblina, una niebla de adormecimiento, haciendo que todo parezca onírico.
Y luego nos besamos. Y calor se extiende a lo largo de mi cuerpo como una corriente eléctrica, trayéndome de vuelta.
Haciéndome sentir que esto es real.
Arranco mi boca de la suya y susurro, el alcohol me hace valiente
—Terry...Terry, quiero intentar algo.
Esto atrapa su atención.
—¿Qué quieres probar? —Su lengua se desliza sobre mi pezón.
Sonrío y muerdo mi labio
—Algo nuevo.
Levanta la cabeza. Sus parpados están adorablemente pesados.
—Me gusta lo nuevo.
Suelto una risita y lo aparto de mí, luego me levanto y hago mi camino hacia el tocador chocando con la mesita de noche mientras voy.
—Perdón. —Abro el cajón y saco los dos pares de esposas.
Annika los consiguió para su despedida de soltera, pero ella ya tenía un par.
No preguntes.
Balanceo uno alrededor de mi dedo. Mi sexy pavoneo de regreso a la cama casi es arruinado cuando tropiezo con mis tacones de cuatro pulgadas y río.
Terry se alza sobre sus rodillas. Se ve hambriento, como un león muerto de hambre mirando a un jugoso filete que está fuera de alcance. Se traslada para tomar las esposas de mí, pero lo empujo lejos.
—Sobre tu espalda, chico grande.
Sé lo que piensa. ¿No puedes casi escucharlo?
Mmm... ¿Candy quiere manejar el show? Interesante." Se echa hacia atrás y lleva sus muñecas a los postes de la cabecera. Rodeo sus muñecas y aseguro las medias lunas en el lugar.
Click.
Click.
Él le da a cada uno un tirón, probándolo, mientras yo descanso en mis tacones junto a él, mis ojos paseando sobre la extensión de perfección desnuda que es Terry Grandchester.
Hermoso.
—¿Planeas hacer algo? O ¿vas a mirarme toda la noche?
Lo miro. Y sus ojos son ansiosos, desafiándome a que lo traiga.
Oh, yo puedo traerlo. No hay duda de eso.
Levanto mi barbilla orgullosamente y llevo mis manos entre sus muslos.
Froto y masajeo sus bolas lentamente. Deslizo mi mano en su polla ya dura, aferrándolo fuerte la forma en que sé que le gusta antes de administrarle unas bombeadas firmes.
El pecho de Terry comienza a subir más rápido.
Interesante.
Y antes de que preguntes, no, no fui siempre así. Esto es atrevido, Audaz.
Toda mi relación sexual con Neal involucro dos niveles: tímido y mundano.
Vacilante y repetición. Y ahí es donde se quedó. Fue sólo después de Terry que me di cuenta de cuánto Neal y yo nos habíamos conteniendo el uno al otro.
En el sexo —en la vida.
Ante los ojos del otro, siempre seriamos Neal y Candy. Inmaduros.
Dependientes. Siempre jóvenes —como Tuck Para Siempre sobre la fuente de la juventud.
Terry Grandchester llegó a mi vida, sin pelos en la lengua, exigente, y sí, una cachonda mujer que había estado creciendo en mí durante una década fue puesta en libertad. Por lo menos en la cama. Su cama.
Me doblo por la cintura, el culo al aire y tomo su longitud en mi boca. Él da un tirón con el contacto. El alcohol debe haber entumecido mi reflejo de nauseas, porque soy capaz de llevarlo hasta el fondo de mi garganta.
Y lo hago.
Cuatro, cinco, seis veces. Entonces traslado mis ojos a los suyos. ¿Durante una mamada? A los hombres les encanta el contacto visual. No me preguntes por qué.
No tengo idea.
—¿Te gusta cuando chupo tu polla, Terry? —A él también le gusta hablar sucio. En realidad, no hay mucho que a Terry no le guste.
Sus ojos ruedan hacia atrás—. Joder, sí…
Vuelvo al trabajo, dejando que mi lengua entre en acción. Su voz es entrecortada, jadeando
—Dios, cariño, tú das el mejor sexo. Puedes enseñar una maldita clase.
Ja, ¡eso es chistoso! Lame polla 101.
Después de casi dos años, soy una experta en la lectura del lenguaje del cuerpo de Terry. Así que cuando sus caderas empiezan a levantarse y aprieta sus manos en el aire, sé que está cerca. Sus apreciativos gruñidos y gemidos casi me hacen abandonar mi plan.
Pero no lo hago.
En el último segundo, justo antes de que llegue, me aparto. Y me siento. Los ojos de Terry se cierran con fuerza, esperando la explosión que no va a venir. Abre los ojos y está desconcertado.
Sonrío, sintiéndome empoderada. Y traviesa.
Bostezo dramáticamente
—Sabes, ese vino realmente tomó mucho de mí. Estoy un poco cansada.
—¿Quu... qué? —jadea.
—Creo que necesito un descanso. No te importa, ¿verdad?
Terry gruñe—. Candy...
Paso mi pierna sobre él, deslizando su masivamente impresionante erección entre mis piernas. Estoy sentada sobre él, pero no lo dejo deslizar dentro.
—Estoy demasiado sedienta. Voy a tomar un vaso de agua. ¿Quieres?
—Esto no es gracioso, Candy.
Oooh, está enojado.
Da miedo.
Deslizo mi dedo en el centro de su pecho.
—¿Quien se está riendo? —Tira contra las esposas—más duro esta vez.
Cuando las ataduras aguantan, suelto una risita. ¿Quién sabía que chuzar a un león con un palo puede ser tan divertido?
—Relájate, Terry. Quédate como un buen chico y volveré... —Me encojo de hombros—. Eventualmente.
Beso su nariz rápidamente, saltando de la cama y escabulléndome de la habitación mientras él llama mi nombre.
No me mires así; sólo estoy burlándome un poco de él. Sabes que se lo merece. No hay nada malo en ello, ¿no?
Voy por el pasillo a la cocina, orgullosa de mí misma. Cuando camino sobre el frío piso, piel de gallina sube por mis piernas y abajo por mis brazos. Realmente estoy sedienta, así que cojo un vaso del armario y lo lleno con agua fría.
Parada en el fregadero tomo un buen y trago largo, cerrando los ojos mientras el líquido frío alivia mi garganta seca. Una gota hace un sendero debajo de mi barbilla, sobre mi clavícula y debajo de mis pechos.
Sin previo aviso, un pecho duro presiona contra mi espalda, sorprendiéndome. Chillo y el vaso cae y se rompe en el fregadero.
No sé cómo consiguió liberarse, pero las esposas estas sonando en sus muñecas. Ásperas manos me tiran hacia arriba, me atrapan.
Me estremezco cuando el seductor aliento cálido raspa mi oreja.
—Eso no fue agradable, Candy. Yo también puedo no ser agradable. —su voz es baja, no enojada, pero firme. Es increíblemente excitante.
Una mano agarra mi cabello en la nuca y tira, lo que me hace arquear la espalda y presiona mi pelvis contra el borde del fregadero. Jala de mi cabeza hacia un lado, y entonces me besa, sumiendo su lengua en mi boca mientras yo trato de seguirle el ritmo.
El beso es posesivo.
Dominante.
Un momento después se empuja fácilmente dentro de mí y empieza un ritmo castigador, su abdomen inferior golpeando contra mi culo con cada empujón.
Es emocionante.
Me oigo gemir. El mostrador mordiendo mi estómago, pero no me importa.
Todo lo puedo sentir es a Terry.
Controlándome, Conduciéndome, Poseyéndome. Su mano libre agarra la mía y la lleva de vuelta a mi clítoris.
Apretando mis dedos abajo, obligándome a darme placer.
Los hombres tienen algo por la masturbación. Me he dado cuenta que los excita a lo grande—como lanzar una mecha en un barril de gasolina.
Suelta mi mano, pero mis dedos continúan moviéndose como él quiere que lo hagan. Como si fueran una marioneta en una cuerda, y Terry es el maestro titiritero. Y luego se inclina hacia atrás, llevándose el calor de su pecho.
El ritmo de su empuje se desacelera. Y siento su mano deslizarse abajo por mi columna. Entre nosotros.
A mi culo.
Su mano amasa y frota, entonces sus dedos se deslizan alrededor del montículo de carne. De ida y vuelta sobre el agujero hipersensible entre ellos.
Y me tenso.
Este es un territorio nuevo para nosotros. Bueno, para mí. No tengo ninguna
duda que Terry, en un momento u otro, ha estado dentro de cada orificio disponible de una forma femenina.
Pero para mí es desconocido. Y un poco atormentador de nervios.
Sus dedos hacen varias pasadas inofensivas hasta que me relajo. Hasta que la tensión se drena de mis hombros, y una vez más estoy distraída con el intenso placer que el ritmo de sus caderas invoca.
Y entonces desliza un dedo dentro.
No hay dolor. Ninguna molestia. La doble penetración es muy parecida al paracaidismo. Para apreciarlo realmente, tienes que experimentarlo.
Las palabras realmente no hacen justicia. Pero lo intentaré: delicioso.
En una especie de manera prohibida, traviesa.
Terry mueve lentamente el dedo dentro y fuera, poniéndose al día con el ritmo de su polla.
Y estoy gimiendo, bajo, profundo y sin inhibiciones. Mis propios dedos frotan más rápido —más— en el frente. Entonces jadeo cuando él me estira más ampliamente, haciendo espacio para que un segundo dedo se deslice dentro.
Sus movimientos son reposados. Tortuosos y provocadores.
Y quiero abrir mi boca y pedir más.
Más fricción, más calor.
Más rápido, más… Por favor.
Terry me obliga a inclinarme suavemente. Doblándome, así mi cabello cepilla la parte inferior del fregadero. Y entonces se ha ido —fuera de mi cuerpo.
Y me duele la pérdida.
Hasta que siento la cabeza de su pene, mojado con mis fluidos, acariciando de ida y vuelta sobre la abertura que sus dedos acababan de ocupar.
—Terry...
Es un gemido, mitad placer, mitad dolor.
Todo suplica.
—Di que sí, Candy. Por Cristo Jodido... por favor, di que sí. —Su voz es áspera.
Cruda.
Con necesidad.
Por mí.
Y de repente me siento poderosa.
Extraño, teniendo en cuenta nuestra posición actual, pero aun así —soy quien está en control. Él muy bien puede estar rogando a mis pies.
Preparado y esperando órdenes.
No lo pienso. No peso las opciones ni contemplo las consecuencias. Sólo siento, sumergida en la sensación de éxtasis.
Me dejo ir.
Y confío.
—Sí...
Muy lentamente, Terry presiona hacia adelante dentro de mí. Hay un momento de dolor —una quemadura por el estiramiento— e inhalo agudamente. Se detiene. Hasta que libero mi aliento. Luego, suavemente, continúa avanzando, hasta que su más íntima carne está completamente instalada en la mía. Entonces se queda completamente inmóvil. Dejando que mi cuerpo se ajuste a la intrusión.
Siento su mano deslizarse a través de mi cadera y muslo, viniendo alrededor a mi parte delantera. Su mano pasa por debajo de la mía, sus dedos frotando con un movimiento circular. De esa manera sensual, magnífica, antes de sumergirse dentro de mí. Una y otra y otra vez.
Siempre pensé del sexo anal como el último espectáculo de dominación, contundente, tal vez humillante.
Pero esto no se siente así.
Es primordial... inexplorado... pero hermoso también. Sagrado.
Como si le acabara de dar mi virginidad. Y en cierto modo, creo que lo hice.
Me muevo primero, empujando hacia atrás contra él.
Dándole mi permiso a Terry —queriendo saber, experimentar estas nuevas sensaciones. Necesitando cruzar la meta. Con él.
Es más que erótico. Más allá de íntimo.
Los labios de Terry presionan contra la piel en mi espalda. Besando y maldiciendo y susurrando mi nombre. Y entonces es él quien se está moviendo.
Recuperando el control. Deslizándose dentro y fuera, tierno pero firme.
Es divino.
Mi mano se cierra sobre la suya en mi clítoris. Mis piernas tiemblan y sé que me estoy acercando. Tan cerca. Como escalar una montaña y darme cuenta que la cumbre está sólo a unos simples pasos.
Nuestras respiraciones salen en profundos jadeos con la boca abierta ante cada movimiento de las caderas de Terry.
—Sí, sí, sí...
Los orgasmos de los hombres son el 90% físico. Es fácil para ellos llegar independientemente de donde estén sus pensamientos. Las mujeres lo tenemos más difícil. Nuestros orgasmos generalmente dependen de nuestro estado mental.
¿Lo que significa que si un chico quieren llevarnos ahí? No podemos pensar en el montón de ropa para lavar en la habitación de al lado o en la pila de papeles que nos espera en nuestros escritorios.
Lo cual explica por qué no es la mano de Terrt o su polla, lo que me hace llegar.
Es su voz.
Con su frente contra mi omóplato, canta—. Oh Dios, oh Dios, oh Dios...
Es tan diferente a él.
Suena abierto. Expuesto.
Vulnerable.
Este hombre exasperante, que siempre quiere estar al mando, tomar las decisiones. Que no hace un movimiento sin examinarlo desde todos los ángulos, dándole la vuelta alrededor en su increíble mente —los pros, los beneficios, las ramificaciones.
Se desmorona detrás de mí.
Y mientras susurra una letanía de blasfemias y oraciones —caigo sobre el borde.
En éxtasis.
Mi cabeza se mueve hacia atrás y mis ojos se cierran. Estrellas estallan detrás de mis párpados cuando me tenso y grito, y ola tras ola vertiginosa de placer pasa por mi cuerpo.
Los movimientos de Terry se vuelven desiguales y erráticos, más contundentes y descontrolados.
Y un momento después aprieta mis caderas contra él, sosteniéndome ahí, mientras un último gemido gutural se derrama de sus labios.
Después, nuestras respiraciones se ralentizan. Todavía conectados y temblando con las réplicas. Sus manos suben por mis brazos cuando sale de mí.
Me hace girar para enfrentarme a él. Sus manos acarician mis mejillas, y luego él me besa.
Y es tan dulce. Amable y cariñoso. Un marcado contraste con nuestros desesperados movimientos momentos antes.
No sé por qué, pero mis ojos se llenan de lágrimas.
Al instante, la mirada de Terry se preocupa.
—¿Estás bien? ¿Yo... te lastime?
Sonrío a través de las lágrimas, porque son de felicidad. Porque de algún modo extraño, inexplicable, nunca me sentí más cerca de él que ahora mismo.
—No. Estoy maravillosa. Siéntete libre de no ser amable conmigo en cualquier
momento.
Luego sonríe también. Aliviado y satisfecho.
—Anotado.
Terry me alza y me lleva a la ducha. Estamos parados bajo el chorro caliente y nos lavamos mutuamente con adoración. Entonces Terry nos envuelve en toallas gruesas, calientes y me lleva a la cama. Nos envuelve en una gruesa manta y me abraza contra él.
Y me hace sentir valiosa.
Él me hace sentir así. Siempre.
Preciada.
Adoraba.
¿Estaba adolorida al día siguiente? Un poco. Pero no fue tan malo.
¿Demasiada información?
Lo siento. Tratando de ser útil.
En cualquier caso, los dolores y molestias de la mañana siguiente valen más que la pena, en cuanto a lo que me preocupa.
Pero ¿cuál es el punto de todo esto? preguntas ¿Por qué estoy compartiéndolo con vosotras?
¿Porque el buen sexo? ¿Realmente, realmente buen sexo?
No necesita alcohol. Y no es sobre compatibilidad, o práctica o incluso estar enamorado.
Es cuestión de confianza.
Bajar la guardia. Ponerse en manos de otra persona y dejar que te llevan a lugares en los que nunca has estado antes.
Y confié en Terry. Con mi mente, mi corazón, mi cuerpo. Confié en Terry con todo.
Al menos en ese entonces lo hice.
