Buenas, chicos, esta es un nuevo fanfic de RWBY basado en dos one-shots que leí del escritor Redhazard y éste me dio su permiso para poder hacer esto. Una última cosa, por si acaso, en cursiva son flashbacks , empecemos esto.


Prólogo

Comienzo

La lluvia caía sobre el cadáver que observaba y la sangre que manchaba sus manos, otro paciente, otro muerto, otro fracaso. El joven de 13 años se levantó lentamente dejando que la lluvia mojara su cuerpo y el viento hiciera temblar su cuerpo por el frío mientras soltaba un pesado y cansado suspiro.

«No sientas nada», pensó para si mismo el muchacho de cabellos rubios. No iba a ser la última persona que iba a morir por su incompetencia, nadie le iba a consolar, nadie diría nada, las únicas palabras que seguramente escucharía serían de que no era su culpa y que no debía de obsesionarse con ello, así que no debía sentir a pesar de ese malestar en su pecho.

La respiración relajada se cortó para dar paso a una calmada comenzando con un inspiración lenta dejando a su cuerpo despertar del sueño. Sus ojos se abrieron entrecerrándose ante la suave luz del bar anaranjada. Se recompuso lentamente sintiendo el molesto dolor de espalda por quedarse dormido en el taburete de madera y recostado en la barra.

-Ya te has despertado – fue lo que dijo una voz femenina detrás de la barra.

Sus ojos celestes se movieron buscando de donde venían aquellas palabras y se encontró unos ojos de color verdosos indiferentes. La mujer de una piel blanca como la nieve sostenía una copa de vino pudiendo ser observado como el líquido rojizo estaba a menos de la mitad y se balanceaba suavemente de un lado a otro siguiendo los movimientos de la dueña.

-Perdón por quedarme dormido, sra. Schwarz – dijo su disculpa y se acabó de incorporar.

-No te preocupes, en verdad te veías cansado – dijo mostrando una sonrisa maternal.

-Gracias.

Su mirada se deslizó perezosamente por el cabello negro que era recogido por un moño bien elaborado, sus ojos siguieron moviéndose por la camisa blanca de botones y unos vaqueros negros, ya llevaba su uniforme.

-Se ha hecho tarde, creo que es hora de que me vaya, ya es tarde.

-Sí, Jaune – sus ojos verdes miraron el sencillo reloj digital que tenía en su muñeca izquierda -, dentro de poco abriré esto.

-Vale, supongo que este es un adiós – el rubio se levantó un suave quejido de dolor.

-Espero que no sea uno para siempre – la sonrisa de la pelinegra se mantuvo pero dejó de ser maternal y se mostró una con vida al igual que sus ojos -, mañana empiezas Beacon – aclaró la mujer.

-Cierto – soltó un gruñido malhumorado mientras se iba -, preferiría que no me lo recuerdes… Adiós.

-Sí, sí, adiós.

-Vendré a visitarte.

-No es a mí quien tienes que visitar – dijo la mujer con una sonrisa.

El joven Arc salió de ese establecimiento para recibir la fuerte brisa que le refrescaba su cara y movía su gabardina con camisa grisácea por debajo y sus jeans azules. La noche ya había caído sobre Vale mostrando un cielo despejado e iluminado por las estrellas, una bonita noche.

Dio una última mirada al establecimiento que dejaba atrás, El Bar, un nombre bastante original y se dirigió a su apartamento. Por la calle no se veía casi nada de gente y los locales nocturnos recién estaban abriendo, en un par de horas las calles de ese distrito estarían llenas de borrachos y alcohol, hacía bien en salir de allí, de paso recordó que tenía que comprar algo de vuelta a casa.

Su caminata continuó hasta pasar la calle y una motocicleta amarilla aparcada para la llegar a una tienda de Dust aunque también vendía otras cosas como las que iba a comprar, entró sin reparos dejando que la luz artificial blanca lo cubriera totalmente.

-Buenas – dijo el vendedor que no era más que un anciano -, ¿Qué necesita?

-Buenas noches – respondió con amabilidad al llegar al mostrador -, un paquete de cigarrillos marca Mágica, por favor.

-De acuerdo – el hombre mayor parecía fruncir su ceño.

La ley consideraba un menor a Jaune por tener 17 años pero estar viviendo como un cazador en entrenamiento le ofrecía diversas ventajas siempre y cuando llevara la insignia de los cazadores en su ropa como por ejemplo el que llevaba en su hombro izquierdo, una ballesta verde con el fondo negro.

-Aquí tenga, 4 liens, por favor – el hombre dejó de fruncir y le entregó el objeto después de pasarlo por caja.

-Claro – fue lo que dijo mientras mostraba una sencilla sonrisa y empezaba a buscar el dinero de su cartera.

Mientras buscaba su dinero la puerta de la tienda se abrió seguido de unos pasos rápidos, un sujeto se puso al lado del mostrador y empezó a observar los cristales de Dust. Jaune decidió que no era peligroso, que sería un comprador.

-¿Tienes idea de lo difícil que resulta encontrar una tienda de Dust a estas horas? - la voz del sujeto alertó a Jaune.

La familiaridad de esa voz puso en tensión a Jaune, soltó el aire de sus pulmones mientras respiraba de nuevo y puso una mirada dura al ver al sujeto que llevaba una cabello anaranjado, Roman Torchwick, este en cambio mostró reconocimiento en sus ojos con una sonrisa burlesca en sus labios.

-Pero miren a quien tenemos aquí, el caballero de la blanca armadura – diciendo esto un secuaz apuntó a Jaune detrás de él.

Jaune no dijo nada, solo tomó su paquete de tabaco y dio una mirada rápida, estaba rodeado por más secuaces y algunos empezaron a robar el Dust refinado en polvo de las paredes, la mayoría llevaban armas de fuego y si una bala daba al Dust… esto iba acabar mal, sus ojos se movieron para ver al viejo vendedor asustado y temblando.

-Llévense todo el dinero – pidió suplicante el vendedor.

-No, es más valioso el Dust – dijo Torchwick.

-Simplemente déjele – dijo Jaune molesto al vendedor.

-Chico listo.

-Si fuera listo te hubiera metido en prisión hace dos meses… - replicó Jaune.

Llevaba todo el verano en Vale, sus padres le habían obligado atender la academia y prohibido las misiones pero, el 'mal' nunca descansaba, pudo ayudar de alguna forma peleando contra los criminales entre ellos a Torchwick.

-Tú eres un cazador, deberías de detenerlos – dijo el vendedor con una mezcla de rabia e impotencia.

-Señor – dijo de forma seria -, claramente puedo detenerlos pero estamos en una tienda de Dust, todos ellos llevan armas de fuego y si disparan dándole sin querer al Dust… - dijo eso lentamente viendo como el vendedor se volvía consciente de lo que pasaba -, la tienda explotaría y puede que muramos todos.

-Al final si eres listo – dijo el de cabello anaranjado.

Jaune se quedó quieto apoyado mientras estaba en silencio dejando que el lugar se llenara del sonido de los extractores de Dust y los cierres de las maletas donde guardaban ese objeto valiosos. Pero el sonido de una explosión acompañada de un cuerpo volando rompiendo el cristal del escaparate fue suficiente para arruinar esa frágil paz.


La brisa meneaba su cabello rubio de un lado a otro mientras sus ojos violetas observaron la tienda donde había salido volando con su atracador.

-Encargaros de ella – dijo un hombre pelirrojo a sus esbirros en la tienda.

Yang avanzó al igual que sus oponentes, el primero que se acercó la atacó con un machete siendo fácilmente esquivado por la de ojos lilas con un paso a la izquierda y contraatacando con un izquierdazo en las costillas dejando fuera de combate, no necesitaba usar sus armas ni su semblanza porque era fuerte.

Usó el hombre inconsciente como arma arrojadiza contra el resto de esbirros siendo noqueados, era bastante fácil derrotar a simples matones.

-Una panda de incompetentes – una voz molesta apareció detrás suya.

Su cuerpo se agitó al instante y se dio la vuelta viendo al hombre pelirrojo, Yang no pudo notar cuando se había ido allí pero no importaba, el sujeto dio uso del bastón que llevaba disparando un proyectil rojizo a sus pies.

Automáticamente ella activó su aura pudiendo sentir como los fragmentos del asfalto destruido golpeaban su piel mientras el sonido del cristal romperse resonaba detrás suyo.

-Adiós, amarilla – dijo el criminal con una carcajada.

El corazón le latía a mil por hora, sus extremidades temblaron por el momento de susto y sólo sintió furia por sentirse impotente, estalló. Su cabello dorado brilló como el sol mientras su iris se volvía rojo dejándose llevar por la ira, sus ojos localizaron a quien iba a golpear subiendo al tejado por unas escaleras.

La calle estaba vacía y empezó a correr cogiendo carrerilla y saltó fragmentando el asfalto, sin embargo, no era suficiente altura usando sus armas, unos guanteletes mezclados con unas escopetas, llegó a la azotea con el retroceso.

-¡Alto! - dijo furiosa al criminal que corría a la otra punta.

El pelirrojo se giró mientras saltaba al bordillo y la miraba molesto.

-Los jóvenes de hoy en día son molestos.

Yang tensó sus músculos y usó de nuevo el retroceso de sus armas y la fuerza concedida por su semblanza para llegar adonde estaba el criminal pero este sonrió tirándole algo a la cara que enfocó a unos escasos centímetros, un trozo de Dust rojo en forma de cristal y el siguiente sonido que escuchó fue un intenso sonido de explosión acompañado de un calor que envolvió todo su cuerpo, sus ojos sólo pudieron ver el escenario de forma borrosa y dando vueltas.

Sintió el aire silbar en sus oídos para después golpear chocar contra algo duro y caer de nuevo contra algo duro. Todo estaba borroso, su aura a pesar de bloquear el ataque no podía evitar el dolor. Los músculos se pusieron en tensión mientras cerró sus ojos ante la luz que le daba en la cara y el sonido de explosiones se escuchaban lejos para terminar con el sonido de algo alejándose.

A ciegas se levantó mientras se preguntaba que pasó.

-¿Qué ha pasado? - una voz femenina apareció.

Yang abrió los ojos viendo que había salido volando de la azotea a la calle donde había golpeado a los matones. Sus ojos rojos miraron con rapidez a una mujer con ojos verdes acompañados por unas gafas y un cabello recogido por un moño que descendía de la azotea.

-¿Y tú quién eres? - dijo molesta.

-Soy Glynda Goodwitch, la subdirectora de Beacon – respondió con seriedad.

La respuesta de la mujer fue suficiente para calmarla como si le hubieran tirado un cubo de agua fría, la mujer enfrente de ella era parte de una de las academias más importantes del mundo, sobretodo de la academia que iba asistir en dos años.

Respiró para relajarse y sus ojos volvieron a su color natural mientras se ponía recta, su madre le había hecho mostrar respeto y disciplina ante personas de gran poder.

-¿Y qué pasó con el criminal…? - dijo con una voz sumisa.

-Escapó – respondió de forma seca -, y tú, jovencita, vendrás conmigo.


-¿Dijeron dónde estaría Yang, mami?

-No, Ruby, ten paciencia – respondió la mujer de largo cabello negro y de ojos carmesís.

La muchacha suspiró mientras se estiraba en el silla de uno de las salas de esa torre gigante. Este viaje con su familia debería de haber sido uno bueno porque celebraban que iba a entrar en Beacon mañana, sin embargo, hacía media hora que sus padres recibieron una llamada de Beacon contando que su hermana había sido retenida por las autoridades debido a que participó en un altercado contra el famoso criminal Roman Torchwick.

Su padre estuvo preocupado al oír la noticia, era normal, ella estaba igual porque su pequeña hermana era joven, sólo tenía 15 años y a pesar de que les informaron que estaba bien, no quitaba que se preocupara como cualquier otra hermana mayor. Mientras su madre no mostró preocupación sino orgullo porque su hija era capaz de lidiar con un criminal famoso, así era su madre.

Con sus ojos plateados se fueron a ver a la muchacha que tenían al lado y se cubría la cabeza con la capucha de la sudadera des de donde salían algunos mechones de cabello rubio. Esa chica ya estaba cuando llegaron y era una cazadora en prácticas como ella por la insignia en el hombro izquierdo, sin embargo, la muchacha sólo hizo un saludo y siguió con los suyo mirando el scroll mientras escuchaba música con los auriculares. No había nada malo por intentar una conversación con ella e intento llamar la atención tocándole el hombro, la chica salió de su concentración y la miró con unos ojos celestes.

-¿Qué necesita? - dijo de forma educada mientras se quitaba los auriculares.

-Hola, sólo estaba curiosa del motivo por el cual estás aquí.

-Ah , vale – esa fue su respuesta -, bueno, mi hermano ha estado en un altercado y mis padres están en Patch por lo que me mandaron a mí.

-¿Y por qué tus padres están en Patch? - siguió con el pequeño interrogatorio.

-Porque mi familia vive en Patch pero mi hermano pidió algo de independencia y decidió venir a Vale solo – dijo sin ocultar nada - aunque al final le convencimos de que yo viniera también ya que ambos nos uniremos a esta academia al igual que tú, Ruby Rose.

-¿Eh?

Ruby no supo como actuar, la muchacha sabía sobre su nombre y apellido, por lo que le sorprendió ya que no la conocía de nada. La rubia mostró una sonrisa de comprensión.

-Es normal, no eras una persona muy atenta con el resto de tus compañeros.

-Así que eres de Signal…

Ruby nunca se había mostrado interesada en conocer a sus compañeros de clases debido a que la filosofía de su madrastra la influenció considerando a todos débiles por lo que no tuvo amigos.

-Lo siento, ¿Cuál es tu nombre?

-Me llamo Jeanne Arc - dijo con una sonrisa sencilla y le ofreció la mano -, un placer conocerte.

-Sí… un placer conocerte – dijo mientras apretaba la mano de Janne.

Seguía estando sorprendida, a pesar de que seguramente fue una persona desconsiderada con sus compañeros, Jeanne la trató sin rencores, era raro, normalmente sería ignorada o tratada con sarcasmo.

-Oh, eres una Arc – se unió a la conversación su madrastra -, ¿Cómo está Jaune?

-Está bien.

Rose estaba perdida ahora, Raven conocía a un tal… ¿Jaune Arc…? Debía de ser el padre o un adulto ya que ella nunca lo mencionó. Quiso preguntar pero la puerta enfrente de ellos se abrió apareciendo dos rubios, una mujer mayor de ojos verdes que pudo reconocer por las visitas que a veces hacía a sus padres, Glynda y un joven de ojos celestes que no conocía pero supuso que era el hermano de Jeanne.

-Srta. Arc, su hermano ya puede irse.

-De acuerdo, disculpe las molestias de mi hermano – dijo con pesar la chica mientras se levantaba.

El hermano de Jeanne era parecido a ella, un cabello corto rubio y unos ojos celestes, una diferencia era la altura, el chico media como diez centímetros menos que su hermana, aunque, había otra. Una marca o cicatriz de quemadura que cubría el lateral derecho del cuello y subía hasta la oreja derecha donde se dividía en tres partes como pequeños rayos irregulares, la primera seguía subiendo perdiéndose en el cabello, la segunda pasaba por debajo de la oreja de forma diagonal llegando hasta la nariz y la otra también diagonal alcanzaba a la comisura de los labios.

Bajo los estándares de su madre y del resto de personas, si un cazador tenía cicatrices significaba que era débil ya que no fue capaz de evitar perder su aura, un incompetente pero, no lo conocía de nada, podría haber tenido esa herida cuando aún no empezó a entrenar como cazador.

Otro detalle era que era delgado, más bien escuálido por lo que podía entender Ruby viendo como se podía notar con facilidad los huesos del rostro.

-Esta vez no hice nada – dijo algo indignado el joven poniendo sus manos en los bolsillos de la gabardina.

-Sí, sí – dijo Jeanne sin parecer estar convencida y se quedó enfrente de su hermano -, vámonos.

Jeanne se giró para despedir con la mano a Ruby y se fue a la salida con su hermano mientras la mujer mayor se acercaba a ellos.

-No os preocupéis por vuestra hija, en unos momentos vendrá.

-De acuerdo, Glynda – dijo su padre mientras su madre se quedaba callada.

Y Glynda no mintió, en un minuto salió su querida hermana Yang con el director de la academia, Ozpin, eso puso en tensión a sus padres mientras se levantaron.

-Es bueno veros – dijo el director a sus padres.

-Igualmente, Ozpin – dijo amablemente su padre mientras Raven seguía en silencio con un ceño fruncido.

Su pobre hermana se quedó allí mirando a sus padres sin saber como actuar.

-Diles la noticia – dijo el de cabellos plateados.

-¿Cuál? - dijo Ruby curiosa

-Bueno… - la voz de Yang estaba insegura pero al final habló con gran energía -, el director Ozpin me ha ofrecido entrar a Beacon.

-¿Qué? - tanto su padre como ella hablaron a la vez mientras su madre sólo gruñó.


Bueno hasta aquí el inicio de esta serie, quienes hayan leído o vayan a leer el one-shots del escritor Red verán que hay similitudes por lo que podrán saber que habrá de nuevo. Espero que hayan disfrutado del capítulo, cabe añadir que esta es mi primera vez por lo que tendré varios fallos gramaticales, ortográficos o de estructura de la oración por lo que espero que me lo comenten en las rewiews.

Bye.