Ve(x)cinos
Hace unos días me puse a ver Sekaiichi Hatsukoi por… ¿milésima vez?, y me inspiré en la relación de mierda que tienen Takano y Onodera para hacer esta bella cosa que ya tiene final pensado. Espero entretenerles la cuarentanga con esto, dudes.
Ah, este primer capítulo es una especie de intro, así que va a ser bien corto, pero los demás serán más largos.
Ah x 2, Eren tiene el pelo largo acá (fue la decisión más complicada del fic, pero necesitaba que fuese largo, y sí, con resultados sexuales).
Ah x 3, sí, voy a poner canciones DE TÍTULO POrque siento que le da vida al fic. Escúchenlas sino me les voy a aparecer en sus pesadillas, es una amenaza. (Riptide, de Vance Joy)
Riptide
Is this movie that I think you'll like
This guy decides to quit his job and heads to New York City
This cowboy's running from himself
And she's been living on the highest shelf
...
I can't have it, I can't have it any other way
I swear she's destined for the screen
Closest thing to Michelle Pfeiffer that you've ever seen, oh
Me lleva tiempo convencerla, pero por fin decide irse. La amo a mi hermana, aunque eso no quita que a veces puede ponerse insoportable. Igual, calculo que es algo que les pasa a todos los hermanos.
—Quedate tranquila y andá yendo que en un rato tenés clases. Voy a estar bien.
Ella me mira con desconfianza y vuelve a repetirme que no dude en llamarla si necesito algo. Yo vuelvo a decirle que sí, que OK.
La verdad es que vivir con mi hermana por tantos años me sirvió. Fue cansador en muchas ocasiones, pero a la vez es lo que me impulsó a vivir solo, así que podría decir que le debo una.
—Espero que ahora no vayas a olvidarte de mí de un día para el otro.
Niego y me río.
Si bien me abrió las puertas de su hogar por 5 años, y considerando que mi hermana puede ser muy intensa, dentro de todo respetaba mi privacidad. Mikasa es profesora de yoga, y da clases constantemente, por lo que tiene una agenda bastante ocupada. Además, su casa es enorme, así que nos veíamos a la hora de la cena por lo general. No fue mala la convivencia. Aunque… lo emocionado que estoy por saber que a partir de ahora voy a independizarme por completo, no tiene nombre, y más en este lugar, el lugar de mis sueños.
Desde chico tuve deseos de vivir en este edificio, y por fin lo estoy cumpliendo. El lugar lo conocí por unos amigos de mamá que vivieron acá por un tiempo, y fue amor a primera vista. Su departamento era una locura, pero el edificio en sí es lo que me voló la cabeza. Tiene literalmente de todo. Lavadero propio, estacionamiento, jacuzzi, piscina, cancha de tenis… puedo seguir. Lo mejor, es el precio. No es barato, pero sí accesible, y las expensas son ridículamente bajas considerando todo lo que ofrece el lugar. Ahora, si bien yo quería alquilar el que fue el departamento de los amigos de mamá, me enteré de que el lugar habría sido comprado por quien lo habita actualmente. Igual, me ofrecieron el de al lado. Es un departamento gemelo a excepción del balcón, que es apenas un poco más chico, así que mi felicidad sigue intacta.
—No podría— le aseguro mientras me ato el pelo en una cola para estar más cómodo. Mi pelo se vuelve cada vez más rebelde y… largo.
Nos abrazamos y le digo que me avise cuando llegue. Ella mira a los chicos de la mudanza, que siguen entrando cosas, y se va sin muchas ganas.
Cuando suben el sillón está la joda. Hacen más ruido del que querría, y escucho una puerta abrirse. Supongo que es uno de los vecinos, seguro viene a averiguar qué carajos está pasando. Espero no darles una mala impresión y empezar con el pie izquierdo. Tengo entendido que la gente acá es muy respetuosa, y no quisiera ser quien les cague toda esa armonía.
Apilo y levanto dos cajas que están en la puerta de la entrada así dejo que entren el sillón, y aunque me bloquea la vista por completo, trato de no llevarme todo por delante.
—¿Necesitan una mano?— escucho una voz muy profunda y masculina, y me es inevitable frenar en seco. Hola, Señor Voz. Ojalá esté tan bueno como suena.
—Ah, ¡te agradezco!— grito desde adentro, buscando algún lugar en donde apoyar las cajas para poder presentarme debidamente. La mesa está llena de otras cosas, así que las apoyo en el suelo y me apuro para salir. Para mi sorpresa y desgracia, conozco al dueño de esa voz.
—Levi…
