Rio Orihara
Capítulo 1: Un breve punto en el tiempo sobre un mundo prefabricado.
01/08/4040
Esa mañana mi despertador sonó más temprano de lo que normalmente llevaba haciendo hasta entonces, no se trataba de un día normal después de todo. Hoy, primero de agosto comenzaba un nuevo ciclo escolar; mi último año como estudiante de preparatoria y último paso antes de comenzar una carrera universitaria. Sé que puede sonar extraño que comience esta historia narrando el final de un ciclo y no el principio de este, sin embargo, no encuentro mejor momento para hacerlo aprovechando que actualmente me encuentro en una etapa de cambio.
Como ya he dicho, este será mi último año de preparatoria, soy un Lucario común y corriente, normal al resto, y como es de esperarse de un Pokémon común y corriente normal al resto que cursa su último año de preparatoria, cuento con 17 años de edad. El camino de mi vida hasta ahora ha sido relativamente tranquilo, sin alguna experiencia digna de ser contada. No obstante, este año sin duda será uno muy diferente, pues con el motivo de entrar a una buena universidad en el futuro próximo, me he mudado hacia la capital del país dejando atrás mi pueblo natal gracias a la oportunidad que se me dio a causa de mis excelentes notas escolares.
La desbordante ciudad en crecimiento ubicada en la costa noroeste del país, Puerto Plateado, se convertirá en mi nuevo hogar por lo que resta del año escolar. Un lugar lleno de cultura proveniente de cada rincón del planeta gracias a su incesante actividad marítima. Razón misma por la que se han juntado en ella los mejores estudiantes e investigadores de la nación, repercutiendo en un gran sistema de educación que ha favorecido la proliferación de nuevas metodologías y campos de estudio que busquen la obtención de tecnología cada vez más sofisticada.
En caso que te lo estés preguntando, no he dejado atrás amigo alguno, ya que no poseo siquiera uno a mi cuenta. No es que se me dificulte entablar una relación, pero veo innecesario prolongarlas más de lo debido. Discusiones banales, tópicos sin sentido, emociones irrelevantes. Son cosas que realmente no necesito en mi vida y de las que he podido prescindir muy bien hasta ahora. Lo único que necesito saber es quién soy y para dónde voy. Adquirir conocimiento es tanto mi meta como mi ruta hacia ella. Lo que venga después de eso me importa muy poco.
En fin. Mucho ha sido lo que ya he hablado pero poco lo que he dicho durante estos cinco minutos en los que he permanecido recostado sobre la cama, mirando hacia el techo blanco de esta habitación aún extraña para mis ojos en la que ahora paso encerrado la mayor parte de mi día. La segunda alarma del despertador ha sonado ya, indicando que si no me levanto ahora mismo se me haría complicado llegar a clases a buen tiempo; una costumbre por demás típica en mí, sin embargo, al ser el primer día del curso será mejor que busque evitar cualquier clase de impresión entre mis nuevos compañeros. La primera meta que deseo cumplir en el ciclo escolar es la permanecer en el fondo hasta fundirme en él, sin que nadie sea capaz de notar mi ausencia o presencia.
9:20 logré ver que marcaba el reloj para cuando por fin me levanté de la cama. A pesar de ser tan temprano la temperatura ya pasa por encima de los 25 grados, es un día de verano después de todo; y mi ventilador sencillo de mesa poco puede hacer para aminorar la sensación térmica que se acrecienta con cada minuto que pasa. Tras una pequeña serie de estiramientos me dirijo a la ventana con el fin de cerrar las cortinas, la luz natural que se fuga hacia el interior es demasiado intensa con diferencia a la poca que lograba escapar entre las nubes de mi pueblo natal.
Desde el segundo piso en que me encuentro, me detengo a contemplar desde la ventana un momento aquel paisaje de vidrio y concreto que satura mi nueva ciudad; Es una imagen tan similar al lugar del que provengo, pero aun así tan diferente en todo sentido. Las calles no se parecen en nada a las del pequeño puerto industrial donde pasé toda mi vida; y el ruido que logro percibir llegando desde la distancia proviene en su totalidad de conversaciones y risas entre Pokémon presentes en todas direcciones, en contraste con el de las maquinarias moviéndose de forma automatizada a través de las angostas vías de mi pueblo.
Siendo aún tan temprano me resulta incluso poco natural ver tanta gente yendo de un lado a otro con tanta prisa, pero a la vez con tanta calma en cada paso que dan, resultado de vivir día tras día en una rutina interminable de la que no se molestan por intentar escapar será.
Sin demorarme un segundo más, entro al baño para hacer mis necesidades y lavarme los dientes, darse una ducha no será necesario pues lo hice la noche anterior y bastará con un poco de perfume cubrir el aroma de mis sábanas. Durante estas últimas semanas compartí el piso con mi hermana mayor, sin embargo, ya se ha retirado de la ciudad para volver a mi pueblo con el fin de conseguir un empleo en alguna industria gracias a la ayuda de su novio que mantuvo a distancia. Una vida digna que definitivamente no es para mí. Así que por ahora me toca vivir solo en el pequeño departamento de soltero de mi padre. No es que me queje realmente. pues se ubica a no más de diez minutos del sistema de transporte subterráneo desde el que puedo acceder a toda la ciudad sin complicaciones.
Aunque por ahora vivo de lo que mis padres me dan mensualmente, planeo conseguir un empleo de medio tiempo en un futuro próximo. No es que tenga algún lujo que quiera cubrir o similar, sólo busco algo interesante en lo que pueda matar mi usualmente extenso tiempo libre.
Tras una última mirada en el espejo y revisar que mi apariencia sea medianamente aceptable, me dirijo hacia la entrada del departamento, tomando cerca del lugar la pequeña mochila color chocolate que dejé lista con una libreta y un bolígrafo dentro la noche anterior. Pese a que sé bien que en el primer día de clases no suelen decir nada de valor, malo sería destacar por no llevar algo para apuntar bagatelas conmigo. Me coloco la pañoleta con el emblema de la escuela sobre mi cuello y salgo a paso apresurado, asegurándome de cerrar bien con llave primero. Bajo las escaleras con firmeza, escuchando con cada pisar, la madera crujiendo en cada uno de los antiguos peldaños de la residencia. Un sonido con el que aún no estoy muy familiarizado del todo.
Las escaleras terminan frente a un apartamento deshabitado, y, a juzgar por su apariencia desatendida dudo mucho llegar a verlo en uso mientras aquí resida. Sobre mis vecinos no es mucho lo que sé y es menos aun lo que les he hablado. Apenas recuerdo intercambiar miradas y un par de palabras con la pareja de la tercera edad que vive debajo mío. No es que quiera conocer gente nueva, pero considero necesario presentarse ante las personas antes que estas comiencen a investigar por su cuenta, sospechando de cualquier rumor que puedan inventarse con tal de meterse en mi vida, sólo para terminar decepcionados cuando descubran al final se trataba de un estudiante aburrido más. De quien vive al lado mío solo sé de su existencia por la música estridente que pone entre las 19:00 a las 20:00 horas a todo volumen sin tener en cuenta a consideración al resto de vecinos.
Termino por salir del lugar en cuanto cruzo la pequeña reja metálica cuya única función es la de delimitar el fin del terreno más que servir de protección. Parecen confiar demasiado en las personas en esta ciudad, digo esto juzgando el resto de fachadas en cada una de las casas que observo alrededor en busca de la entrada al subterráneo, todas cuentan con un exterior similar, sin importar si son negocios o residencias.
Mientras voy caminando puedo sentir como la temperatura sigue en aumento, el calor del suelo choca contra mis patas en cada pisada que doy, pero lo hace de una forma agradable y sutil que nada puede molestarme en comparación a como lo hacían las placas de lámina tornillos que conforman el suelo artificial de mi pueblo natal. Supongo tardaré un tiempo en acostumbrarme.
Aunque es mi primer día de clases, la verdad es que llegué a la ciudad hace más de un mes, buscando aprovechar el conocimiento de mi hermana para conocer mejor el mapa de la ciudad. Se trató de un lujo que me pude dar gracias a mis altas notas académicas, que me permitieron aprobar el año sin la necesidad de asistir a los exámenes finales. Gracias a ello ahora me puedo orientar con facilidad desde cualquier punto sin temor a perderme entre las monótonas construcciones ubicadas en el extremo opuesto al del puerto, que es donde se encuentra mi apartamento. Sobre la gente que he conocido aquí apenas puedo recordar a un par de nombres cuando mucho, como ya dije antes; no es de mi interés relacionarme con nadie.
El camino al subterráneo es tranquilo y sin novedades, pese a que es una ciudad bastante extensa, la arquitectura de este lugar poco logra destacar entre un punto y otro en este lado de la ciudad, se puede apreciar con facilidad que la gran mayoría de áreas de interés se encuentran ubicadas en el puerto y sus alrededores. Se ve además que es una ciudad contemporánea con una historia a la que no se puede remontar bastante lejos desde este punto en la historia o donde haya pasado algo realmente relevante hasta ahora. De este lado, sobretodo, hay pocos puntos de interés y los que hay se encuentran escondidos detrás de alguna propiedad privada. Algo que he notado mucho es que sin importar dónde me encuentre o a donde vaya, las áreas verdes como parques y plazas escasean en gran parte de la metrópolis y a nadie parece importarle, ni siquiera a los Pokémon tipo planta.
Para mi suerte la ruta del subterráneo desde mi apartamento a la escuela es directa por lo que no tengo que hacer ningún transbordo. Una vez dentro del andén dejo de preocuparme y sólo me dedico a observar cómo se acumula la gente conforme pasan los minutos entre estación y estación. A pesar de la gran cantidad de personas. El desorden es nulo e incluso las voces son pocas en comparación a las que se podían escuchar en el exterior. La gente es bastante respetuosa en ese sentido. Todos menos mi vecino según parece. Cuantas más estaciones me acerco a la escuela, más estudiantes suben al vagón, es fácil reconocerlos por el emblema en la pañoleta que cada uno de ellos lleva puesto sobre su cuello o bajo el hombro; rojo, azul y amarillo dependiendo del grado que cursan. Puedo apreciar que suben hombres y mujeres por igual más no parecen relacionarse mucho entre ellos. Esto puede ser debido, en gran parte, a que la escuela está dividida en dos secciones, para que los hombres solo puedan cursar con hombres y mujeres solo con mujeres.
El espacio en la unidad está por agotarse y, como supuse, confirmo con un rápido mirar alrededor que la cantidad de Pokémon con mochila supera con creces a los que no llevan una; mi elección fue acertada. El vagón se llena y vacía principalmente en las estaciones que hacen conexión con las líneas que llevan al sector comercial y quedamos dentro, en su mayoría, sólo estudiantes cuando nos acercamos nuestro destino en estación Dendemille. Al salir del subterráneo pensé que mis problemas de espacio acabarían mas no fue así, cada vez me es más difícil continuar en línea recta por mucho tiempo, teniendo que esquivar a los Pokémon que se detienen a saludarse o a esperar por sus amigos en cada esquina.
Por fin cruzo el portal principal sin mayores problemas y aunque paso por el tablero con las listas de asignación de curso, no me detengo a observar ni un momento, tuve la precaución de buscar mi grupo por internet un día anterior para evitar cualquier tipo de aglomeración. La ventaja de no tener a quién saludar o a alguien con quien deba fingir formalidades me permite adentrarme al edificio principal con agilidad.
Ya dentro de los frescos pasillos de la escuela relajo un poco mi paso y aprecio con cuidado la apariencia lustrosa de cada pared aprovechando no está tan lleno como se encuentra actualmente el patio central y que seguramente no volveré a verla así de limpia en lo que resta del año. Sólo los más entusiasmados con la idea de volver se encuentran en buscando su salón. el resto prefiere reunirse con sus amigos en el exterior.
Sobre la escuela debo aclarar que los grados se encuentran divididos por pisos, en la planta baja se encuentran los laboratorios, gimnasios, los salones de juntas, auditorios, biblioteca, cafetería, dirección, casilleros, salón de computación, y enfermería; el primer y segundo piso es para los estudiantes de primer año. El tercer y cuarto piso es para los estudiantes de segundo año, y el quinto piso es para los estudiantes de tercer año; que es a donde me dirijo. Tengo entendido que la azotea es área neutral, pero no me sorprendería ver que esté dominada por los estudiantes de tercer año. Sobretodo porque dichos alumnos sólo necesitan un piso para llegar ahí. He escuchado que el nivel de abandono es muy alto en esta escuela por la gran demanda de estudio requerido. Así que no espero encontrar gente demasiado problemática en mi nivel.
Desde lo alto de la escuela, el edificio principal debe parecerse a una gran H, una mitad para los hombres y otra para las mujeres. El auditorio, el gimnasio, y la dirección se encuentran en el centro. La cafetería en un extremo y la biblioteca en otro, no es difícil imaginar que del otro lado es igual. Desconozco la razón por la que la escuela se divide en hombres y mujeres, pero parece que el sistema funciona. Debo admitir que no me incomoda la idea, ser libre de presenciar dramas adolescentes y juramentos de "verdadero amor"; es un alivio muy grande para mí sinceramente.
Pertenezco al grupo de tercero C, el aula muestra unos asientos bien cuidados y cuenta con una pantalla electrónica para enseñar clases, la vista de las ventanas contrarias a la entrada permite observar el área de la piscina y campo de atletismo con facilidad. Durante el curso me harán compañía 17 Pokémon más. Solo 3 de ellos han llegado al aula. Un Pikachu sentado en el centro, un Pancham de pie cerca de la entrada y un Vulpix sentado en el fondo de la fila más cercana a la puerta. Decido sentarme hasta el otro lado para equilibrar la vista de los próximos en llegar. El segundo asiento de la última fila, comenzando a contar de atrás hacia adelante será mi lugar.
La campana de entrada suena y las clases comienzan. Nuestro profesor representante es un Greninja que imparte la clase de lengua y cultura. Tal como imaginé, poco hay que tener en cuenta de lo que dice hoy y decide centrarse en un discurso nada interesante sobre lo importante que es este año para los estudiantes de mi nivel. Al ser el tercer año del curso, es fácil ver que ya hay muchas amistades formadas entre el alumnado. Aun así pide a cada uno de los presentes que se presente desde su lugar, obligando a todos a dar una idea de lo que planean hacer una vez que se gradúen de la academia. A muchos les toma bastante tiempo aclarar su mente y formar una oración coherente. Algunos se ganan aplausos y otros generan risas, no estoy al pendiente de lo que hablan, no me interesa formar parte de esto. Cuando es mi turno los Pokémon guardan silencio, será para escuchar o será que no les interesa. No puedo saberlo pero decido no detenerme demasiado, desde el principio sabía lo que iba a decir.
—Buenos días, mi nombre es Isaac Lucario, cuando termine el curso planeo hacer el examen para entrar al departamento de policía como investigador. —Termino y vuelvo a sentarme; tal como pensé nadie tiene preguntas sobre mi lugar de origen o sobre mi pasado. No existe algo más aburrido que entrar al cuerpo de policía en una ciudad tan tranquila como esta. Mi verdadera meta es entrar en la universidad, pero entonces tendría que responder qué carrera planeo estudiar y demás cosas mundanas.
El siguiente Pokémon en hablar es un Mienfoo, apenas menciona llamarse Solomon se queda en silencio y sale corriendo del aula tras una disculpa. Todos se preguntan qué pasa con él, pero el profesor insiste en continuar con el programa establecido. Pancham le levanta la voz y sale en busca del primer alumno. Greninja insiste en mantener la calma y llama al siguiente y último Pokémon a presentarse.
Tan pronto como escuchan su nombre, el aula entera vuelve a inquietarse con un gélido viento ululante, mas se tranquilizan rápidamente al enterarse que el Pokémon en cuestión no ha asistido al primer día. Nathan Zoroark, un Personaje que parece infundir temor en muchos y que tuve el honor de conocerlo la semana que llegué a esta ciudad. Es como si nuestro encuentro hubiera estado destinado a darse sí o sí. Lástima que sólo yo, de entre los vivos, sé lo que le ha ocurrido. Pues no me interesa para nada contar tu historia en este momento o en un futuro próximo. Ya habrá alguien con la curiosidad suficiente que quiera descubrirlo. Aunque es probable que prefieras nadie lo sepa.
Las clases llegan a su fin tras un breve repaso de lo que han visto el año anterior. Definitivamente han cubierto más temas de los que yo vi en mi antigua escuela. No obstante, no parece demasiado reto ponerme al día, estudiar por mi cuenta es algo a lo que ya estoy más que acostumbrado. Antes de finalizar el turno nos otorgan un calendario con las fechas importantes del mes incluyendo exámenes.
El viernes 5 habrá una asamblea de bienvenida en el patio central. El lunes 8 inician los clubes escolares; por lo que he escuchado por parte de mi hermana, en esta escuela participar en un club es casi obligatorio por lo que podría resaltar el hecho de que no pertenezca a uno, necesito dar con uno en donde la asistencia no sea obligatoria todos los días, las inscripciones cierran el viernes 12. El miércoles 24 hay elección de presidente escolar y mesa de alumnos. Imagino que serán días pesados pese a que no estoy interesado en esa clase de espectáculos. El resto del mes viene vacío.
Los Pokémon comienzan a salir del salón, no quiero ser el último en dejarlo. Me mezclo entre una pareja y un trío de amigos, así no tengo que juntarme por accidente con otro Pokémon que no tenga compañero. Durante mi andar por los pasillos escucho toda clase de conversaciones, mi intención es captar por información útil del instituto. Reglas de la biblioteca, ubicación de baños, precios de la cafetería... cualquier cosa que me ahorre búsquedas innecesarias. En el lobby principal puedo ver a mucha gente reuniéndose para escuchar lo que un Charmeleon habla. Algo sobre el compañerismo y los valores de la escuela. No tengo tiempo para eso. El resto de estudiantes le escuchan con atención. Trato de continuar pero un Drizzile se mete en mi camino y me rebasa, más adelante veo como choca por accidente a un Floatzel de muy mala pinta y deja caer todas sus cartas, me he librado de un posible contratiempo. En el patio frontal un Nidorino y un Manectric de tercero molestan a un Emolga que llevan la banda de primer año. Nadie se mete a detenerlos, parecen temer demasiado a un tal Richard Mightyena de tercero con el que amenazan llamar si se les encara.
A las cuatro con veintidós minutos finalmente estoy fuera de la escuela con el resto de la tarde libre. Aunque puedo dirigirme directo a casa ahora hoy he decidido tomar el camino largo y pasar por el sector comercial cercano a la estación Lumiose del metro. Si tengo suerte puedo encontrar un empleo de medio tiempo con horario de cinco a nueve de la noche en alguna tienda cercana.
Aún hace mucho calor, me detengo en la primera tienda a comprar un helado de vainilla y sigo con mi viaje tras comerlo tranquilo sentado en la banca exterior del local. Muchos estudiantes del instituto se juntan en las arcadias. No soy extraño a los videojuegos, pero tampoco soy de los que juegan para ganar. El cine solo abre de jueves a domingo, en la cartelera aún se leen las cuatro películas del mes pasado. He ido a ver una historia de abogados y detectives hace dos semanas en compañía de mi hermana por capricho suyo y si bien no me ha disgustado, no es algo que me apasione repetir en el futuro cercano.
La tarde se colorea en un amarillo intenso, el sol comienza a ocultarse, la tienda de historietas queda hasta el fondo del último pasillo comercial. Diversos estudiantes de toda clase de edad se reúnen en las mesas a jugar con cartas coleccionables, no me entero demasiado a simple vista de lo que ocurre y no me apetece poner esfuerzo en aprender de momento. Comienzo mi retirada a casa, no sin antes llegar al vivero que se encuentra en la salida del subterráneo, necesito elegir un compañero de cuarto. No sé mucho de plantas, pero el dueño me ha recomendado una con espinas para hacer juego con mi pecho, le tomo la palabra para evitar más diálogo y salgo con un pequeño cactus en mano.
Muchos de los estudiantes se han marchado ya, si no abordo al subterráneo ahora mismo me tocará coincidir con los empleados y trabajadores en el andén. El viaje a casa es tranquilo, Sin embargo, desde el fondo del vagón puedo sentir una mirada que se posa sobre mí. Una Froslass no ha dejado de seguirme con la vista desde hace rato. Decido que es mejor bajar dos estaciones antes de llegar a mi destino. Si me sigue fingiré que me he olvidado de algo y lo tomaré de regreso. De otra manera llegaré a casa tras un ligero desvío. Con algo de suerte llegaré después que mi vecino haya quitado su música.
Apenas doy un paso en el andén echo una mirada hacia el vagón, Froslass sigue dentro. Me toca caminar a casa. Una vez en el exterior me pierdo entre las casas del lugar. Mientras avanzo puedo sentir el aroma de una cena familiar llenando mi nariz. Un platillo lleno de amor para terminar el día en familia en cada una de estas casas. Me obligan a buscar entre mis recuerdos y pensamientos si alguna vez tuve un momento así con mis padres, pero nada sale a la luz. El hambre se acumula y me nubla la mente. En casa tengo algo de comida que sobró de hace tres días cuando me despedí de mi hermana y poco más.
Al estar a tan solo una estación de distancia de mi departamento giro la cabeza en busca de un negocio en particular, una farmacia y consultorio de tres pisos que no debería estar muy lejos de aquí. Destaca mucho por su arquitectura moderna y cuadrada en medio de un bosque de casas con un estilo clásico. Cuando quedo frente al local soy recibido por un ligero viento que emana de su interior y me enfría la espalda de la misma manera que hizo la primera vez que puse un pie en este desolado lugar. Paredes húmedas y descuidadas por donde mires, sillones dañados y asientos amontonados en diversas esquinas hacen pensar que el sitio sufrió diversas modificaciones mientras estuvo en funcionamiento, probablemente en un intento desesperado por mantenerse a flote como negocio antes de quedar en bancarrota. El ambiente se pone tenso y siento una opresión en el pecho, respirar aquí se vuelve cada vez más complicado y sin embargo no puedo dejar de avanzar por los oscuros corredores en busca de las escaleras como si alguien me llamase desde la terraza.
Desde el segundo piso observo por la ventana el cómo ya ha anochecido. Las luces mercuriales bañan el asfalto de una forma que no deja de sorprenderme, bajo la luz de la luna la ciudad adquiere una segunda vida completamente diferente a la que existe bajo el sol, la claridad del cielo permite que la gente salga a disfrutar del paisaje. Puedo incluso escuchar la risa de los niños reverberando entre las paredes del negocio mientras estos corren tras una pelota sin ninguna preocupación en el mundo. Mis pies no se detienen y llego hasta el último piso, no tengo que recorrerlo, las escaleras al techo se encuentran justo al lado mío.
La luna me saluda con su enigmática luz y me señala con la misma una banca ubicada cerca de la orilla más alejada de por donde llegué. Atravieso el techo ahora despejado sin vacilar y llego hasta ella. Me da la impresión de que es la única cosa que no luce en mal estado de toda la instalación. Me siento un momento en ella para descansar un poco ahora que esa opresión en el pecho ha desaparecido, descubro que con un poco de esfuerzo se puede ver el reloj principal de la escuela. No alcanzo a ver la hora que marca, pero sin duda alguna se trata de su silueta a lo lejos.
Es la tercera vez que vengo a este lugar. La primera vez fue el día que llegué a la ciudad. Tuve esa misma sensación de que algo me llamaba desde aquí, y cuando subí, una urna extraña se encontraba a mediación. Pensando que traería problemas tocarla di media vuelta y me retiré sin más. La segunda vez fue a media noche luego de cumplir una semana en la ciudad. Un brillo incesante provenía de este mismo lugar. La urna ya no estaba aquí. En cambio, tuve la oportunidad de conocerlo.
Nathan Zoroark, un Pokémon envuelto en misterio se presentó como si me estuviera esperando. Intenté retirarme sin decir nada, pero no me lo iba a permitir hasta que respondiera a su pregunta. —¿Crees en los fantasmas? —Me preguntó de forma misteriosa sin si quiera presentarse primero. Antes de que pudiera responder, él mismo me dejó y bajó las escaleras saliendo del lugar, por anormal que parezca decidí seguirlo sólo esa vez... Fue entonces cuando...
Al final de esa noche dijo que tenía cosas pendientes por hacer y que no podría regresar en mucho tiempo. —Una batalla contra algo que no conocemos está por comenzar. ¡Te la encargo mucho! —Dejó escrito en una pequeña nota.
En ese momento quedé en deuda contigo. No sé qué sea lo que estés planeando, pero esperaré por tu regreso. Es lo menos que puedo hacer por ti después de quitarte todo cuanto te importaba en este mundo. Me pongo de pie y al tomar mi planta descubro una llave sobre la banca. No puedo recordar si siempre estuvo ahí. Alguna puerta tiene que abrir de este lugar mas no tengo tiempo para probar suerte ahora mismo.
Las calles han vuelto a quedar vacías una vez más. Se está haciendo en verdad tarde. Lo mejor será volver a casa cuanto antes o podría llamar la atención de algún indeseable. Recuerdo que tengo hambre y mi estómago suena. Llego al departamento y subo por las escaleras crujientes, los vecinos de abajo duermen y el de al lado se ha callado ya. Pasan de las nueve. Ceno una rebanada de Pizza directamente desde el refrigerador, no hay tiempo para calentarla. El día de hoy no han encargado tarea. Procedo a bañarme y después a la cama. Mañana espero fundirme aún más en la monotonía.
02/04/08
El despertador suena a la misma hora que ayer, sin embargo, sigo sin hacerle caso a la primera alarma. Sólo es hasta la tercera llamada que me levanto de la cama y saludo a mi nuevo compañero de púas plantado en su maceta cuando me acerco a abrir las cortinas para dejar pasar el aire de un nuevo día. Esta vez salgo a la calle con un pan en la boca. Es algo que siempre quise intentar, pero en cuanto alguien me observa termino por dejarlo para otro día.
Durante el recorrido en subterráneo recuerdo a la Froslass de la noche anterior y me pregunto qué habrá sido de ella haciéndome sentir un poco incómodo primero, más pronto que tarde sale de mi cabeza en cuanto el transporte se empieza a llenar. Hoy las clases inician con Cálculo y matemáticas. Debo estar preparado con la mente ágil para responder ni muy pronto ni muy tarde a todo lo que me pregunten.
Un Gallade se presenta ante la clase, el asiento delante mío ahora está vacío, El Mienfoo que ayer salió de clase a media mañana hoy ha decidido no asistir. Pancham vuelve a salir a mitad de periodo, no puedo pensar en una razón convincente para hacerlo, pero tampoco me fijo mucho. Para resolver una actividad el profesor pide que hagamos grupos de dos. No podría mencionar algo que odiase más en el mundo. Para mi suerte o desgracia un Pikachu llamado Manny me pide ser su compañero como primera opción. Acepto su invitación de una manera no muy convencida sólo para darme cuenta con velocidad que su verdadero objetivo es el de transformar la actividad en una excusa para hacerme una entrevista superficial. Desde mi nombre hasta mi color favorito, respondo a regañadientes sus cuestionamientos, a veces con la verdad y a veces con una mentira que lo deje en paz.
Tras terminar el trabajo me ofrece salir a pasear por el centro comercial juntos, le invento una excusa y me separo de él a la salida. Por hoy deberé suspender mi búsqueda de empleo. Uso la tarde para ponerme al corriente con los temas que me faltaron del año pasado en la biblioteca. Una vez que la luz parda comienza a entrar por las ventanas me levanto para volver a casa dejando cada libro en su lugar.
No doy tres pasos fuera de la biblioteca cuando un Lycanroc noche se para frente a mí para ofrecerme un volante. Lo tomo sin problemas pues no le veo intención de querer hablarme más que para agradecerme la atención. No puedo evitar ver la sonrisa en su rostro mientras se aleja de mí para juntarse con un Zangoose que le da unas palmadas en la cabeza en cuanto llega a su lado.
Me vuelvo a ver el volante solo para descubrir que no es un volante como tal. En realidad, se trata de una foto impresa por el mismo Lycanroc, donde se ve más de lo que alguna vez habría esperado ver de un Pokémon macho en primer plano. Volteo a verlo una vez más y confirmo su rostro de felicidad repartiendo una copia de su foto a todo el que pasa. A pesar de lo observado me insisto a mí mismo que no es de mi incumbencia nada de lo que ocurre aquí. Con dificultad arrugo la foto y la hago bola solo para tirarla en el contenedor más cercano.
Necesito ir al baño, mas no quiero encontrarme a Lycanroc vagando por aquí de nuevo, subo al tercer piso y hago mis necesidades allá. El sitio está completamente despejado con excepción de un Pokémon. A lo lejos del pasillo adyacente al de las escaleras, cercano a la pared del fondo que divide a la escuela en dos mitades veo de pie un rostro familiar.
Se trata de Froslass. Sin acelerarme intento alcanzarla para darme una idea de lo que está haciendo en el lado de los hombres, antes de llegar hasta donde se encuentra desaparece sin dejar rastro. No daba la impresión de estar perdida. Colocándome justo donde estaba de pie descubro que su miraba se centraba fijamente un aula cerrada. El polvo en la puerta y el aspecto de la pared me indican que es un salón fuera de servicio. Tal como imaginé, el picaporte no se mueve. Paso mis dedos a través de la ranura de la llave y recuerdo que cargo con una que todavía no descubro su función.
No sé por qué lo intento y no sé por qué no me he ido a casa, estar aquí solo puede ocasionar más encuentros innecesarios de los que puedo manejar. Aun así mis manos no pueden dejar de buscar encajar la llave en la perilla de la puerta que bloquea mi paso. La llave gira y la puerta se abre de par en par. Volteo a ver de reojo por si alguien me observa y entro con cuidado cerrando la puerta tras de mí al confirmar que no hay nadie cerca.
Un almacén es lo que me encuentro dentro, sillas colocadas una sobre otra, acomodadas en todo el perímetro del aula dejando el centro libre. Una lista con fotos de diferentes Pokémon yace sobre la paleta de la única silla dispuesta para que alguien se siente en ella en el centro de la habitación. Gran parte de las fotos están marcadas con una equis en la esquina. Me siento en la silla y un texto colgando del techo se rebela frente a mi desde ese lugar.
—Club de lo paranormal. —Puede leerse con letras recortadas de papel lustrina. No tardo mucho en relacionar la llave y este lugar con Nathan y los fantasmas por los que me preguntó en aquella ocasión. No tengo mucho más para hacer aquí. Guardo la lista en mi mochila y salgo del aula. Al llegar a las escaleras un Pokémon me llama, no menciona mi nombre, pero no he visto a nadie más por aquí por lo que me doy la vuelta ya imaginando su identidad.
—¿Estuviste dentro no es así? —Me pregunta Froslass con temor en lo que se acerca despacio hacia mí. Una sensación bastante extraña me da al ver como se mueve sin emitir ningún ruido en sus pisadas, me hace preguntar cuanto tiempo me ha estado siguiendo sin que me diera cuenta.
—Es sólo un viejo almacén en desuso, no encontrarás nada de valor allí dentro. —Lo mejor es cortar la conversación tanto por mi bien como por el de ella. Vuelvo a mi camino y continúo bajando las escaleras.
—Lo siento, pero es que estoy buscando a mi mejor amiga que desapareció hace unas semanas y la única pista que tengo es que solía venir a este sitio seguido. —Al escuchar eso me detengo sin decir nada. Al menos así debió parecer para ella. Al menos así debió parecer para el mundo y cualquiera que me viera—. Se llama Amber Braixen, por favor ayúdame a buscarla.
Doy media vuelta y subo de nuevo los pocos escalones que ya había bajado para reunirme con Froslass. —No tengo ninguna razón de ayudarte, pero te comparto lo poco que sé sobre ella. —Abro de nuevo la puerta del almacén—. Este es el lugar al que solía venir para escapar de la gente.
—Siempre me decía que tenía muchas responsabilidades como hija de una famosa Exorcista. —Comenzó a hablar con remordimiento, le corté la lengua en el momento, no es necesario que me llene con detalles que no he pedido.
—¿Conoces a Nathan Zoroark?
—¿Zoroark? —Pregunta tratando de hacer memoria—. Me parece haberlo visto con uno alguna vez. —Empezó a hablar antes de que la volviera a interrumpir.
—Él y Amber eran pareja, venían a reunirse aquí todas las tardes para estar lejos de la gente. —Noto como su cara se pone roja y se impresiona mientras le hablo, si eras su amiga debiste darte cuenta antes—. Ninguno de los dos se encuentra aquí ya, ambos se han marchado de la ciudad, quizá para siempre.
—¡Imposible! —Exclamó incrédula—. Amber era mi mejor amiga, prometimos estar siempre juntas. ¿Por qué me ha abandonado? ¿Es que se ha cansado de mí? ¿No soy suficiente? —Aún sin restos de aura en mi cuerpo puedo sentir como su espíritu colapsa por la expresión de su rostro—. Siempre le ofrecí todo cuanto pude y ahora me paga haciéndome a un lado. Siempre es lo mismo en todas partes, soy incapaz de hacer amigas. —Comienza a avanzar en dirección a la puerta, pero le bloqueo el paso—. ¡Déjame ir! ¡No quiero volver a hablar con nadie! —Me grita, aun así no pienso moverme.
—Si no puedes hacer frente a esta situación... ¿cómo esperas que alguien confíe de verdad en ti? —Le cuestiono casi de inmediato como si alguien me dijera qué decir y así era—. ¡La pobre Amber debió sufrir mucho, no solo cargando con sus problemas, sino además de eso teniendo que arrastrar con ella también tus frustraciones! ¡No me sorprende que te haya abandonado! —Le hablo con una sonrisa desafiante—. Eres desechable.
La temperatura de la habitación desciende drásticamente, la humedad del ambiente se transforma en una escarcha que lo cubre todo, desde el suelo sobre el que Froslass se encuentra levitando, hasta el rincón más alejado del lugar. Una fina capa de hielo se forma sobre mi pelaje y me daña la piel al romperse. Levanta una silla por los aires y me la arroja a la cabeza. Alcanzo a cubrirme el rostro con los brazos, ¡si no fuese porque puedo verla claramente a plena luz del día, diría que estoy siendo víctima de un efecto poltergeist!
Planea lanzarme otra silla, no creo que mis brazos resistan un segundo golpe de esos, reviso que todo esté listo y sin perder más tiempo me lanzo contra ella para dominarla en el suelo. El círculo mágico está completo. De pronto es como si una descarga eléctrica recorriera el cuerpo de Froslass. Convulsionando y echando humo por la boca, la veo y pienso sobre lo irónico que es hacerle un exorcismo directamente a un Pokémon fantasma. Al poco tiempo queda inconsciente. Y junto a ella, en una pequeña jaula una sombra que da la impresión de moverse como si estuviera viva antes de evaporarse en el viento emitiendo un débil alarido.
Sin percatarme del paso del tiempo noto cómo ya ha anochecido en el exterior, la escuela está por cerrar sus puertas y como no salga de aquí antes de que eso ocurra se me complicarán las cosas, tampoco quiero dejar a Froslass a su suerte, si la descubren del lado de los hombres se meterá en graves problemas por mi culpa y podría delatarme. La sacudo un poco y consigo hacerla volver en sí con facilidad.
—¿Dónde estoy? —Me pregunta confundida. Con algo de prisa le explico lo que ha pasado y le entrego una carta escrita con el puño y letra de Amber; ella la reconoce de inmediato como auténtica y sonríe para su interior cuando la lee. No puedo saber qué dice la carta, pero confío en que ha cumplido su objetivo. Sin despedirse de mí, o si quiera prestarme la mínima atención, Froslass desaparece del lugar. No me he enterado ni de su nombre.
—Se llama Emily, es una buena chica, aunque un poquitín dramática, sé bien que encontrará el éxito en su vida si se lo propone, es algo débil de mente, pero puede superarlo con el apoyo adecuado. —Me comenta la Braixen ahora de pie a mi lado. En su mirada se ve un poco de tristeza, pero no preguntaré por ello. Es solo una cosa más de las que le hecho perder desde la noche en que la conocí. —Nathan no se equivocó contigo, aunque te falta mucho por aprender. —Expresó antes de volver a mi interior donde podrá llorar tranquila sin que le vea.
No me queda tiempo para limpiar el lugar, cierro el aula con llave y lo dejo para mañana. Rumbo a la salida, en el área de los casilleros, me encuentro al equipo de Futbol. No quiero que me vean así que me mantengo a la distancia en la oscuridad del pasillo esperando por que se vayan. Todos los Pokémon se ven cansados y sucios con excepción de un Dewott que parece no haber corrido mucho. Veo como intenta animar al resto a pesar del poco caso que le hacen. Cuando finalmente se retiran todos, un Raboot pide que los espere dentro. Dewott les hace caso y puedo escucharlo contar lentamente. Es evidente que el resto del equipo ya se ha marchado. Yo también ignoro al Dewott y salgo de la propiedad.
—¿Oíste eso? Dicen que Elric Grovyle ya está en las arcadias de nuevo. —Escucho decir a un estudiante en el andén del subterráneo—. ¿Qué? pero si apenas es el segundo día de clases. ¡No me dirás que ya terminó todas las tareas programadas del año! —Responde su compañero impresionado.
Lycanroc, Dewott, Grovyle, Mienfoo, Froslass, Charmeleon, Mightyena, Pancham, Floatzel, y por supuesto Nathan Zoroark... Cuantos Pokémon no hay en esta academia, cada uno con su propia historia y con su propio protagonismo. Aún si no me gusta interactuar con las personas, será interesante ver cómo avanza el año rodeado de esta gente. Y todavía están esas sombras de las que nadie parece saber nada. ¿Cuál será el propósito de todo esto? ¿Qué es la gran amenaza para la que se prepara Nathan? Puede que las respuestas a todo esto estén en el club paranormal, no por nada me has entregado la llave y esa lista marcada. ¡Aceptaré el desafío que me has puesto y resolveré el acertijo!
Llego a casa y solo entonces recuerdo que me he olvidado de comprar algo para cenar... Ah, pizza fría de 4 días, eres mi única esperanza. El vecino pone su música estridente, pero trato de que no me moleste, me propongo a hacer la tarea y termino el segundo día con un baño. Buenas noches.
