¿Has besado a alguien alguna vez?
Un escalofrío recorría su espalda cada vez que Adrien Agreste pausaba el tiempo en esas palabras, en el recuerdo de aquella tarde de verano. Recordaba como su mano izquierda le cubría la cara, protegiéndolo del caluroso sol que amenazaba con quemarle las mejillas. Estaba acostado de espalda sobre las cerámicas del balcón, el balcón de la casa de Marinette. Ella, quizá adormilada, descansaba su cabeza sobre su estómago.
Disfrutaba el calor de su mejilla a través de su camiseta, si se concentraba lo suficiente, hasta podía sentir su respiración atravesando la tela. Tenía el impulso de acariciarle el rostro con la mano derecha, cuyos dedos parecían rogar la colusión con su melena. Desde hace unos meses que la piel de Marinette parecía haberse recubierto con un aura magnética, que su cabello había comenzado a llamarlo en medio de multitudes. Temía estar bajo los efectos de un enamoramiento. Lo ponía nervioso, que de pronto, su corazón se alborotara ante la proximidad de su amiga.
Porque Marinette era solo una amiga, ¿no?
—¿Has besado a alguien alguna vez?—soltó la vocecita de Marinette rompiendo el silencio.
El corazón de Adrien dio un vuelco, y su respiración se pausó de golpe. Sintió el peso de Marinette dejar su vientre, y se volteó para hallar su silueta de espaldas, sentada en el suelo, a su lado.
—Perdón, ha sido una pregunta extraña…—murmuró sin voltearse— No es necesario que la respondas.
Adrien la siguió, levantando su torso para sentarse con las piernas cruzadas. Confió su rubor a la vista del suelo, apartando su mirada de la chica a su lado. Forjó en sus labios una ligera sonrisa antes de alzar la cabeza.
—¿Qué dices?—le preguntó de vuelta, llevándose una mano a la nuca— ¿A quién crees tú que podría haber besado? No es que hable con demasiadas chicas, no además de Alya y tú…
—Ah, ¿sí?—no parecía haber en su voz deje alguno de sorpresa. Sus ojos se voltearon hacia los suyos casi apenados, desdibujando por un mínimo instante la sonrisa en el rostro de Adrien.
No sabía en qué había errado, pero de pronto una culpa inmensa lo invadía a causa de aquella melancólica mirada. Tragó saliva nervioso, deseando hacer algo para siquiera comprender qué era lo que afligía a su apenada amiga. Si tan solo pudiese entender...
—¿A-a qué viene tu pregunta, Marinette?—inquirió él, esta vez con una sonrisa que amenazaba con quebrarse ante el más mínimo percance.
La pelinegra se quedó en silencio por un minuto que a Adrien le pareció eterno. ¿Qué habrá maquinado su mente de gorrión durante aquel instante? Adrien no lo sabía. Por varias semanas, aquel silencio le robaría el sueño, le alteraría los nervios, le daría cuerda a su ansiosa imaginación que barajaría uno tras otro los paraderos del náufrago pensamiento de Marinette.
—No es nada—respondió finalmente, volviéndose hacia él—. Solo pensé, quizá, hay un chico que…
Un segundo vuelco se robó su corazón, flanqueándole la sonrisa.
—¿Acaso tú has besado a alguien, Marinette?
Sus pálidas mejillas se tiñeron de pronto de un carmesí brillante, sus ojos se abrieron como platos, y su boca intento formar en su curva palabra alguna para explicarse a sí misma.
—¡No!—exclamó Marinette nerviosa— No, no es eso… Solo me preguntaba...—bajó el volumen de su voz, mirando a Adrien a los ojos. Él, paralizado, sintió casi como si Marinette le estuviera un profundo secreto— ¿Cómo será? ¿No será fácil estropear algo? Con lo torpe que soy, si fuese a besar a alguien en este momento...
Se miraron por unos instantes, cara a cara. Ambas miradas nerviosas se analizaban la una a la otra, intentando descifrar en el iris contrario secreto alguno. Ninguno de los dos respiró siquiera, menos llegaron a murmurar palabra alguna. Aquel silencio, sagrado entre sus caras, parecía tan peligroso que fácilmente pudiese haber sentenciado a ambos a la muerte.
—Si quieres…—soltó Adrien— podemos…
Marinette se ruborizó.
—¡No! N-no decía aquí, ni ahora, ni contigo...—dijo de forma acelerada— y-yo…
Adrien sintió como si una flecha se le enterrase en el centro del pecho.
—¡Marinette! ¡Adrien!—exclamó una voz a la lejanía, acompañada por pasos que escalaban escaleras arriba, no pasó mucho rato hasta que una castaña melena se asomara por la ramplilla que hacía de entrada— Disculpen la tardanza, ¿listos para ir a la piscina?
—¿Alya?—el nombre de la morena dejó los labios de Marinette de forma sorprendida, su expresión cambió rápidamente a una forzada sonrisa, una urgente fachada despreocupada alzándose sobre la actitud de la chica — Ah… ¡sí! ¡Lista y preparada! ¡No puedo llegar para esperar a la piscina! Es decir… ah…
—¿Durmiendo en mi clase, señorita Kubdel?—la súbita interrupción de la maestra sacó a Adrien de su nostálgica ensoñación. Sus ojos se posaron primero en Marinette, luego en la profesora y, finalmente, en Alix.
La pelirosa parecía haber despertado de su sueño con una mirada confundida, quizás un tanto asustada. Sus ojos azules escaneaban el salón de clases de un lado al otro, casi como si buscase entre los rostros amenaza alguna. Parecía casi una presa, huidiza, que poco a poco retomó la calma ante la mirada amenazante de la maestra.
—L-lo siento señorita Mendeleiev…
—Por los resultados de su último examen, usted es la última persona que habría de darse el privilegio de una siesta en pleno horario de clase.
—Yo... Disculpe, solo es que tuve una mala noche.
Tenía los ojos de toda la clase frente a ella. Juleka, Rose, Max, Chloe, Adrien... Todos estaban ahí, apartando su atención de ella uno a uno hasta que finalmente se halló a si misma incauta. Exhaló un aliento que no había notado que contenía. Todo estaba bien, ella estaba bien, sus compañeros estaban bien. Era un día normal, y Alix Kubdel estaba en el colegio.
Entonces, ¿fue todo un sueño?
Las imágenes seguían corriendo en repetición en su mente, el súbito temblor que remeció París alterando sus sentidos, los gritos de su madre señalando al pilar de luz que se alzaba al otro lado de la ventana. Y de pronto, un agarre misterioso jalándola del brazo hacia un lugar desconocido. La aturdida cabeza de Alix recordaba a una mujer vestida de blanco. ¿Cual era su nombre? ¿Qué quería de ella? Le hablaba con un tono agitado, y mostraba una terrible angustia ante todo lo que pasaba. Le pedía un favor, un favor importante, un favor crucial que podría salvarlos...
¿Pero salvar a quién y salvarlos de qué? Si Alix había despertado en la sala de clases.
Suspiró. Aparentemente, solo había pasado por una horrible pesadilla.
En la casa de los Agreste, Adrien se sentaba sólo en la mesa a mirar la cena. El plato se enfriaba, y Adrien apenas había probado bocado alguno. Llevaba en su semblante un gesto taciturno, sus ánimos arrebatados por una chica de pelo azabache que pululaba por su cabeza sin dirigirle palabra alguna fuera de ella. Aquella tarde se había marchado sin siquiera despedirse, sin siquiera mirarle. Marinette no quería ni verlo, mientras que él no podía dejar de pensar en ella.
Adrien y Marinette no habían hablado a solas, no desde el incidente del balcón. Incluso estando con Nino y Alya, Marinette seguía evitando su mirada. Rara vez le dirigía la palabra, y si había de quedarse a solas con él, siempre se excusaba. Era como si de pronto, se hubiera impuesto entre ellos una muralla. Adrien se torturaba día y noche, pues nada de eso hubiese pasado si él no se hubiese ilusionado ante sus palabras.
Un beso, ¿desde cuando es que Marinette le alteraba con la idea de un beso?
Conocía a Marinette desde hace un largo tiempo atrás. La recordaba en el primer año de primaria, cuando se escapaban al patio a cazar mariquitas y acariciar al gato que cada cierto tiempo se infiltraba en el jardín de la escuela. También estaba ahí en los veranos, cuando salían a vender limonada y ahorrar dinero para cumplir su sueño de comprar un hamster. Fue con ella que conoció a Nino y Alya, sus nuevos amigos, al llegar a la secundaria. Y era su casa en la que se colaba a comer croissants y tomar té, cuando sus deberes se acababan temprano y le quedaba algún tiempo de sobra.
Marinette era una constante en su vida, y la súbita tensión en su relación había comenzado a urgirle en sobremanera.
El nostálgico Adrien que se sentaba junto a la mesa no llegó a escuchar el sonido de los tacones repiqueteando por el pasillo, tampoco se dio cuenta cuando una rubia se asomó por el umbral de la puerta. Apenas si levantó la cabeza cuando la mujer se acercó a él con una sonrisa y preguntó:
—¿Todo en orden, cariño?—Emilie Agreste abrazó a su hijo por la espalda, gentilmente depositándole un beso en el cabello, antes de tomar un asiento junto a él en la mesa— Si no has comido nada... ¿acaso estarás enfermo?
Adrien intentó forzar una sonrisa para su madre. Emilie era una mujer cálida, de aura amable y sonrisa amigable. Marinette solía llamarla la mamá de ensueño, ante lo cual Adrien no tenía mucho que replicar. Era hermosa, atenta, confiable... Y aun así, en aquel momento, Adrien no se sentía capaz de contarle palabra alguna sobre lo que aquel día lo amargaba.
—No hay de qué preocuparse, mamá—respondió con la mayor convicción que su ánimo le permitió—. Solo tuve un día agotador, no me abunda el apetito. Si no te molesta, me gustaría ir a mi cuarto, creo que hoy dormiré temprano.
Hizo amen de levantarse, mas el gentil tacto de la mano de su madre sobre la suya lo detuvo. Se volteó hacia ella nuevamente.
—¿Estás seguro?—se cercioró— Te veo un tanto apenado, puedes contarme lo que pasa si así lo quieres...
Adrien apartó la mirada, negando con la cabeza. Apreciaba y admiraba la dulzura de su madre, pero aun así, no se creía capaz. No quería hablar de Marinette, no quería que nadie supiese lo que había pasado con Marinette; quería que nadie supiese cuanto le afectaba la ausencia de Marinette.
—No mamá—espetó con otra sonrisa—, estoy bien.
Durante toda la tarde, Alix no pudo parar de pensar en el sueño de aquella mañana. Había algo sobre él que le urgía, la atormentaba, la cargaba con una incesante ansiedad. Intentó distraerse patinando, estudiando, hasta que aquel sueño la envolvió por completo y la dejó frente a la laptop.
Qué significa soñar con terremotos?
No era supersticiosa, pero la situación la estaba superando.
Soñar con terremotos significa, que tiene que mantener con los ojos bien abiertos porque su vida puede cambiar de repente.
Alix bufó. Muy vago. Ya sabía ella que no había de confiar en las cursilerías de Rose.
Aun así, aquel sueño seguía atormentando su mente, como si hubiese algo en él que no terminara de resolver. Estaba comenzando a carcomerla por dentro, y en un último intento por generar alivio alguno, Alix decidió escribirlo.
'Soñé que había un terremoto...'
Las primeras cinco palabras se sintieron extrañas, como acaso escribir una historia que no le interesase a nadie. Se hastió de sus propias palabras, mas siguió escribiendo.
'Por la ventana, mi madre señalaba un gigantesco pilar de luz que se alzaba hasta el cielo. Parecía ampliarse, como si fuese a alcanzarnos...'
Lentamente, la misma Alix comenzó a sentir el impulso de seguir escribiendo. Con cada palabra parecía revivir en carne propia cada instante del sueño.
'Una mujer de blanco me jaló del brazo hacia un lugar desconocido, sus ojos azules...'
¿Azules? Sí, los recordaba azules, así como los suyos.
'Me pedía que lo detuviese, que la salvase, me hablaba del futuro.
Y me tendió un reloj.'
¡Un reloj! La mente de Alix comenzó a maquinar a toda velocidad mientras se ponía de pie de forma acelerada. Corriendo a abrir el cajón de su velador donde encontraría lo que buscaba. Ahí estaba, su mayor tesoro, el reloj que le había regalado su padre. Lo observó con atención, esperanzada, mas sin aun abrirlo. Fue entonces cuando su expresión fue arrebatada por la sorpresa; algo había cambiado en los patrones de la metálica coraza que lo cubría. Alix frunció el ceño, decidida a abrir la coraza para observar el reloj.
Mas tan pronto lo hubo hecho, el reloj pasó a quedar en un segundo plano.
Del interior de la cubierta, emergió de pronto una luz cegadora que forzó a Alix a cerrar los ojos. Su cuerpo tembló ante la idea del brillante pilar que se alzaba en su sueño, aterrada ante la idea de que su curiosidad, acabase de condenar al mundo a vivir su pesadilla.
Mas tan pronto abrió los ojos, ella seguía en su habitación, y el reloj seguía en sus manos, y frente a ella una graciosa criatura blanca flotaba sonriente con gesto de emoción.
—¡Mini-Alix! ¡Eres tú!
Nota de autora
Bienvenidos sean a la madriguera del conejo, una historia en que pueden contar con Alix como protagonista, con un enfoque especial a la relación de Marinette y Adrien. Cuenten con drama, misterio, aventura y, por supuesto, ships (tengo varias ideas de ships que aplicar en esta historia así que no se preocupen).
¿Ladybug y Chat Noir? Puede que sepan de ellos más adelante...
¿Preguntas, halagos y reclamos? No tengan miedo de dejar reviews (porque me encantan uwu)
[¿Mi historia anterior? Lo siento, me di cuenta que no sabía como seguirla después del primer capítulo y decidí borrarla, pero pienso aplicar varios de los conceptos que tenía para esa en esta que tengo la trama ya armada]
Wenu, me retiro por hoy, por favor dejen su opinión. Muchísimas gracias por pasarse a leer~
