KNY es de la Coco, yo solo juego.
Vuelve el dúo OniYess. MaOni, como prefieran ajdkajskjs y esta vez no es joda.
Para la GiyuuShinoweek2021 NSFW.
Advertencia: Contiene lemon (o intento de), y esta vez no es joda.
Dato Rosa: El nombre del archivo con el que guardé este fic es Bunny Supremacy y juro que pensé en llamar así al fic en honor a Filler Bunny (Blumv_v) ...btw, es tu fic, y este fic es el debut y despedida del ft. Ambas nos retiramos del r18. Fue divertido pasar nuestra vergüenza juntas.
En fin, me poseyó el espíritu de Bunny y no sé que terminé escribiendo, pero ahí va.
Prompt: Sin penetración.
A leer!
Día 1: Sin penetración
A veces sus pacientes hablaban mucho y, aunque solía escucharlos con paciencia, no siempre la conversación era de su agrado, suerte que la mayoría de los cazadores temía a los Hashiras y solían guardar silencio cuando eran atendidos por ella. Sin embargo, no era el caso de esas tres kunoichis que no paraban de parlotear cosas que no eran de su interés.
― Pero Tengen-sama ya no tiene su brazo y no podrá hacer...ya sabes ― comentó Suma y la Pilar del Insecto vio a Hinatsuru suspirar y a Makio alzar su brazo en son de amenaza.
― ¡Tengen-sama está vivo y eso es lo importante! ― gritó la kunoichi para luego darle un golpe en la cabeza a la otra esposa de Uzui.
― Makio-san, si haces eso se pueden abrir tus heridas ― comentó Shinobu luego de suspirar, llevaban así alrededor de veinte minutos y ya se estaba agotando de la actitud ruidosa de ellas.
― Lo lamento, Shinobu-san, es sólo que Tengen-sama sigue siendo muy hábil y tiene otras formas de suplir su falta de brazo en...ya sabes...―No, ella no sabía a qué se referían las esposas de Uzui y no le importaba, sólo quería curarlas e irse de esa habitación, antes que terminaran de hartarla.
― Shinobu-san es demasiado inocente para entender lo que están hablando ― mencionó la tercera kunoichi y su comentario sí captó la atención de la mariposa.
― ¿Ara? ¿Inocente...yo? ― preguntó, observando extrañada a la mayor de ellas. La pelinegra sonrió misteriosamente y Suma se arrojó a sus brazos, chillando, sin que pudiera detenerla.
― Shinobu-chan no sabe de estas cosas, perdóname por haberte quitado la inocencia ― chilló Suma en su oreja, provocando que abriera sus ojos en demasía mientras su mente quedaba en blanco. "¿De qué está hablando ella?" Kochô se encontraba perdida en esa charla sin sentido y apenas reaccionó cuando Makio jaló a la otra esposa de Uzui del cuello de la ropa para alejarla de ella.
― ¡Que la dejes en paz! ― reprendió Makio y la risa de Hinatsuru no se hizo esperar mientras la menor de las esposas lloraba.
― ¡Pero Shinobu-chan no sabe lo que es un orgasmo! ― chillo la pelinegra y el cerebro de Kochô terminó de fundirse, mientras que la risa de Hinatsuru aumentó en intensidad.
― Es sólo una descarga repentina de la tensión sexual acumulada que resulta en contracciones musculares rítmicas en la región pélvica ― comentó Shinobu, sin variar su sonrisa perpetua ni su tono de voz dulce. No entendía por qué ellas hacían tanto escándalo por algo así.
Sin embargo, en lugar de zanjar ese tema con su respuesta, las tres mujeres se la quedaron viendo para terminar soltando unas risotadas insultantes que provocaron la inflamación de una de las venas del rostro de Kochô.
― Realmente eres muy tierna e inocente, Shinobu-chan ― dijo Suma, volviendo a abrazarla y los ojos morados se oscurecieron por un segundo, la mariposa estaba comenzando a enojarse con esas mujeres.
― Realmente sabes la definición de la palabra y lo que sucede. ― La risa de Makio apenas la dejaba hablar ―. Pero ¿alguna vez has experimentado uno? ― preguntó la kunoichi y Kochô ladeó la cabeza hacia su derecha, extrañada por la pregunta.
― No deberías preguntarle esas cosas a Shinobu-chan, menos cuando es obvio que nunca ha experimentado uno. ― Y, por algún motivo, la aseveración de Suma le molestó, a pesar de ser real. Shinobu nunca había tenido un orgasmo, pero para ella eso no era algo esencial.
― Es cierto, ¿esperarás a estar casada? ― consultó Makio y tres pares de ojos se centraron en ella. Kochô apretó sus labios y sonrió, tensa, no le agradaba que su vida estuviera siendo tema entre ellas.
― No tengo planes de casarme ― dijo, pensando que aquello zanjaría el asunto, pero el grito ahogado de las tres le aseguró que estaba equivocada.
― Debe ser difícil, en tu posición, encontrar marido ― comentó Hinatsuru y la venita de la frente de la Hashira, aumentó de tamaño ―. Aunque hay varios Pilares que están solteros y son guapos. Podrías casarte con alguno y así sabrías de lo que hablamos.
Las jóvenes le sonrieron y ella quiso salir huyendo, espantada ante la sonrisa extraña que le estaban dando. Además, no iba a casarse.
― No está en mis planes casarme ― reiteró la Hashira ―. No cuando puedo morir en cualquier momento, no está en mis prioridades ― concluyó, sonriendo, satisfecha por sus palabras, pensando que aquello calmaría a las kunoichis, pero el grito ahogado proveniente de las tres la hizo ver su error.
― ¡No puedes perderte de esto! ― gritó Suma mientras tomaba sus manos―. No te cases si no quieres, pero debes experimentar un orgasmo.
―¡Suma! ― regañó Hinatsuru y el cerebro de Kochô volvió a detenerse. Makio le dio un golpe a Suma y Shinobu sólo supo que se disculpó con ellas y salió lentamente de la habitación, decidida a mandar a Aoi a terminar con las heridas de las kunoichis en su lugar.
Todo con tal de olvidar esa charla bizarra.
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Las palabras de Suma no había dejado de rondar su mente, a pesar que ya habían pasado tres días desde el incidente, le frustraba no ser capaz de olvidarlas ni de obviar a esa vocecita interior que se cuestionaba qué tan interesante realmente podía ser un orgasmo para que esas tres kunoichis perdieran la cabeza de esa forma. Es más, le molestaba pensar en que ellas lamentaban que Uzui ya no podría atenderlas como antes por su falta de brazo o eso había terminado concluyendo luego de repasar toda la conversación por onceava vez.
Shinobu sabía sobre reproducción, lo había estudiado en sus libros de fisiología y anatomía. Tampoco desconocía el cuerpo humano; trabajar en la finca cuidando, en su mayoría, a hombres le había quitado la poca incomodidad que podía sentir hacia el cuerpo masculino. Sin embargo, por más que lo analizaba, no le encontraba sentido a dejar que otra persona te viera desnuda y te tocara en condiciones no médicas.
La Pilar del Insecto suspiró antes de entrar en la sala de enfermería. Realmente quisiera sacarse ese tema de la cabeza, pero su mente de científica no dejaba de decirle que conocía la teoría, pero nada de la práctica. "¿Tal vez debería investigar, pero cómo?" pensó, distraída, mientras ingresaba al interior de la sala.
― Kochô― saludó el Pilar del Agua y la aludida alzó su rostro. Tomioka había ido por su chequeo mensual y ella, tras saludar, le indicó que se desvistiera.
El pelinegro retiró su haori y desabotonó la chaqueta del uniforme con rapidez, para proseguir con la camisa. Shinobu no quitó sus ojos violetas de los movimientos del mayor y volvió a preguntarse qué tenía de especial y agradable que otra persona te tocara.
La Hashira frunció su ceño en concentración, cuando Tomioka se deshizo de su última prenda y quedó con su piel completamente expuesta a ella, la joven recorrió el cuerpo de su colega con sus ojos y no pudo comprenderlo. Ella solía tocar la piel desnuda de varias personas y ninguna de ellas había tenido alguna de las reacciones descritas en los libros. Shinobu dejó vagar sus ojos hasta la entrepierna del pelinegro y profundizó su ceño, segura de que él nunca había tenido una erección por ser tocado por ella.
― ¿Sucede algo malo?― preguntó Giyuu, extrañado por la mirada insistente de la joven, quien levantó la vista de golpe mientras le ofrecía una sonrisa nerviosa.
― No es nada, ahora te examinaré ― dijo, poniéndose en su papel de profesional. Giyuu se dejó hacer en silencio, pero notó que ella estaba muy distraída y se le quedaba viendo en más de una ocasión. También se fijó en que, a diferencia de otras veces, Kochô lo estaba examinando lentamente.
― ¿Hay algo mal con mi examen? ― consultó cuando la volvió a pillar con la mirada fija en su cuerpo, la actitud de su colega lo estaba preocupando. Tal vez ella no quería decirle que algo iba mal, pero él tenía derecho a saber.
― ¿Ara? Todo va bien, Tomioka-san~. ― Shinobu sonrió, intentando enfocarse en su paciente, pero a cada momento se preguntaba qué diferenciaba su examen físico de la forma en que una persona tocaba a otra para la reproducción.
― Estás distraída ― afirmó y Kochô suspiró sobre su piel, provocando que ésta tuviera un pequeño espasmo de frío ―. Si algo te preocupa deberías hablarlo ― sugirió, desviando su rostro hacia el lado, dejando de mirarla, no estaba seguro de tener derecho de aconsejarla, pero era demasiado raro verla así.
Shinobu miró a Giyuu con sus grandes ojos violetas y no pudo evitar pensar en que él no parecía el tipo de chico que había iniciado su actividad sexual. Suspiró, frustrada, tal vez debería tratar ese tema con Uzui o Kanroji, pero luego recordó la actitud de ambos y desistió. Ojalá su curiosidad no fuera tan problemática.
― No creo que puedas ayudarme, Tomioka-san, pero agradezco tus palabras ― comentó, sonriéndole con cordialidad. Giyuu clavó sus inexpresivos ojos en ella por más tiempo del socialmente aceptado y Shinobu terminó por picarle la mejilla ―. Es de mala educación quedarse viendo fijamente a las personas, To-mio-ka-san~.
― Es lo mismo que has estado haciendo ― susurró el mayor mientras hacía una mueca de fastidio al ser atacado, continuamente, por el dedo índice de ella.
― Yo no hice nada de eso. ― Se defendió, consciente de que él tenía razón. Giyuu atrapó la mano de ella con la suya y se inclinó hacia la Pilar del Insecto, mirándola con el ceño fruncido.
― Dime que te pasa ― pidió en otro susurró y ella alejó su rostro de él. Repentinamente, la cercanía la había incomodado - eufemismo para negar que se había puesto nerviosa-.
― No ― negó, provocando que él pusiera su típica cara de indignación, haciéndola reír al tiempo que recuperaba su mano de las de él ―. Eres muy curioso, Tomioka~.
― Estás actuando raro. ― Se justificó, mientras volvía a su posición inicial. Shinobu ladeó el rostro viéndolo tomar su camisa para comenzar a cubrirse y, en un impulso, decidió preguntarle directamente. No quería ser la única con esa duda en la cabeza y él, al fin y al cabo, era tres años mayor que ella.
― Tomioka-san ― llamó, provocando que él centrara sus ojos azules en ella mientras abría sus brazos al colocarse la camisa ―. ¿Alguna vez has tenido un orgasmo? ― consultó y Giyuu detuvo sus movimientos, congelado ante la pregunta indiscreta de la menor.
Shinobu vio como el Pilar del Agua bajaba sus brazos al tiempo que sus cejas se disparaban hacia el nacimiento de su pelo, sus ojos y su boca se abrían en demasía y su rostro enrojeció como si fuera un tomate maduro. Tal vez no había sido buena idea preguntar aquello.
― ¿A qué viene esa pregunta? ― cuestionó rápidamente el Pilar, con una voz un poco más aguda de lo normal.
― ¿Eso significa que no? ― contraatacó, no dispuesta a confesarle el por qué de su duda. Además, saber que él tampoco tenía experiencia la hizo sentir -extrañamente- aliviada. Tomioka volvió a enrojecer antes de desviar su rostro. Shinobu pudo ver la punta de una de sus orejas roja y no pudo evitar reír antes de levantarse de su asiento y despejar el pelo de él con su mano ―. Tomioka-san eres tan inocente que te has puesto rojo hasta las orejas ― dijo, entre risas mientras él se apartaba de golpe de ella, avergonzado ―. Prometo que tu secreto está a salvo conmigo.
Giyuu se levantó de golpe, dispuesto a irse, lejos de esa venenosa mujer, pero ella estaba en su camino. La miró con el ceño fruncido y sus labios apretados, aún sintiendo su rostro arder, pero su actitud sólo provocó que ella intensificara sus risas. Sin embargo, un recuerdo de una pequeña conversación con Uzui vino a su mente.
En aquella conversación, el Pilar del Sonido se jactaba de satisfacer a sus tres esposas y Shinazugawa le criticaba que era imposible que pudiera ocuparse de las tres a la vez. Uzui le había enrostrado que lo mejor era distraer a una con su boca mientras a las otras las abrazaba.
"Y si alguna reclama, es cuando debes besarla"
Giyuu no estaba seguro que aquello fuera lo mejor en ese momento, pero Shinobu estaba siendo molesta y, además, había comenzado a hablar de un tema que jamás imaginó que saldría en sus conversaciones con la reservada Pilar del Insecto. Por lo que, no le pareció incorrecto callarla de la forma sugerida por el shinobi.
― Nadie sabrá que nunca has tenido un...― comenzó a decir, pero no pudo terminar porque las palabras se perdieron en la boca del pelinegro. Shinobu intentó alejarse, pero él la retuvo desde la cintura y su nuca.
La boca abierta de la Hashira le había permitido apoderarse de los labios de ella con facilidad y una vez lo hizo, no quiso detenerse. Si Shinobu iba a envenenarlo por tal atrevimiento -aunque fuera para callarla- haría que valiera la pena.
El cerebro de la Pilar del Insecto dejó de funcionar, mientras que su rostro se enrojeció y sus latidos aumentaron de velocidad. Otra vez quiso alejarse, pero él ejerció un poco de presión, impidiéndolo. Los labios del pelinegro dejaron de estar quietos, haciendo que los de ella reflejaran sus movimientos lentos. La descarga eléctrica que el roce de labios la hizo sentir la abrumó, haciendo que se aferrara a la camisa abierta de Tomioka, arrugandola en sus puños.
Shinobu quiso empujarlo, pero los movimientos de la boca de él sobre la suya eran...agradables e hipnóticos, por lo que terminó cerrando los ojos y entreabriendo los labios un poco más. Giyuu sintió la aceptación de la joven y recorrió su labio inferior con la punta de su lengua, provocando un jadeo ahogado que lo llevó a ingresar su lengua en la boca de ella.
Shinobu abrió los ojos ante aquella invasión, pero lo que estaba experimentando era mejor que lo que describían los libros y, en ningún caso, quiso detenerse. Todo era cosa de ensayo y error para la Hashira y, era rápida aprendiendo, por lo que decidió imitar los movimientos de su colega y terminó yendo al encuentro de esa lengua intrusa, descubriendo que la sensación rugosa de ese trozo de carne contra la suya le agradaba.
El ritmo de sus latidos volvió a incrementarse junto a la electricidad y el placer que estaba recibiendo. Por ello se atrevió a experimentar y luchó contra Tomioka hasta que, tras una mordida en su labio inferior, la lengua de él se retrajo, permitiéndole ser la invasora.
Giyuu se sorprendió por la intensidad de la joven, pero -tras recibir un mordisco de su parte- decidió dejarla hacer lo que quisiera con él. Shinobu lo empujó levemente y él terminó sentándose en la camilla de examinación, arrastrando a la joven entre sus piernas. Los ojos morados se abrieron levemente, provocando que Shinobu se separara de golpe al verse en esa posición y la separación fue tan abrupta que Giyuu la dejó alejarse mientras abría sus ojos.
Shinobu se llevó ambas manos a la boca, tapandola, mientras agrandaba sus ojos por la impresión. Tomioka la observó, imperturbable y ella quiso golpearlo por su frialdad, aunque la verdad era que envidiaba su calma. Ella estaba demasiado alterada.
― ¿Por qué te interesa ese tema? ― preguntó suavemente el pelinegro, mientras intentaba pausar su respiración y sus latidos. Kochô no era la única alterada, pero él agradeció poder controlarlo mejor que ella.
Shinobu sintió como una venita se inflamaba en su frente. Él no podía ser tan insensible de preguntarle algo así después de haberle robado su primer beso...pero, se trataba de Tomioka y ella sabía que su habilidad social rayaba en la estupidez. Suspiró, mientras se dejaba caer en su silla, cerrando sus ojos e intentando normalizar su situación.
― Podemos morir en cualquier momento ― contestó cuando se sintió estable, abriendo los ojos, lista para encararlo ―. Y, me han hecho ver, que no entiendo qué hay de bueno en que otra persona te toque. ―Giyuu alzó sus cejas, sin interrumpir a la Hashira, sorprendido de su revelación―. Ósea... cada vez que te reviso para tu chequeo médico te toco y no siento nada de lo que los libros describen y tampoco pareciera que tu lo hicieras. Incluso hay libros que describen el orgasmo sin penetración y no soy capaz de imaginar algo así.
― Entiendo. ― Fue la escueta respuesta de él, haciéndola sentir estúpida por confiarle todas sus dudas―. Buscas sentir un orgasmo propio ― aseveró, enrojeciendo al mascullar aquellas palabras y Shinobu supo que no era la única afectada en esa habitación.
Lo vio cruzar sus brazos sobre su pecho y supo que él no pensaba detener esa conversación pronto, por lo que cerró sus ojos y ladeó su rostro a la derecha, dispuesta a considerar sus palabras.
―Nunca había pensado en sentir uno propio, no cuando me incomoda dejar que alguien más me toque. Me molesta la mirada que me dan algunos hombres. ― Se sinceró, volviendo a abrir sus ojos purpúreos y enfocarlos en los azulinos de él ―. Por eso quemé el uniforme que ese patán con gafas me dio.
Confesó, sonriendo con placer al recordar las llamas y Tomioka volvió a alzar sus cejas, sorprendido por lo decidida que era ella.
― Kanroji debió hacer lo mismo ― susurró el Pilar, haciéndola reír.
― Le ofrecí mi aceite y mis cerillas, pero a ella le dio pena acabar con el trabajo de ese patán con gafas. ― La cara de indignación de Tomioka ante sus palabras la hizo volver a reír, distendiendo el ambiente entre ambos ―. ¿No es incómodo que alguien más te toque? ¿No es incómodo que lo haga yo? ― preguntó, curiosa por la respuesta de él.
― Al comienzo daba vergüenza, pero siempre has sido muy profesional ― dijo, tras una larga pausa, y ella asintió en silencio ―, pero tu no tocas para provocar un orgasmo ― concluyó con dificultad, arrugando sus ojos y boca, como si le doliera decir esas palabras y Shinobu descubrió la timidez inherente en el Pilar.
― ¿Cómo se toca para provocarlo? ― preguntó y Giyuu volvió a enrojecer mientras tragaba saliva con dificultad, ese no parecía ser un tema adecuado para hablar.
― No deberíamos seguir hablando de esto ― concluyó, desviando su rostro ―. Es un tema que ya hablaras con tu esposo, no conmigo ― aseguró y Shinobu abrió sus ojos al tiempo que una sonrisa falsa se formaba en sus labios. Otra vez el tema del matrimonio.
― No me voy a casar, Tomioka-san ― declaró, harta de eso ―. Y puedo morir en cualquier momento, al igual que tu y no quiero hacerlo sin haber aclarado mis dudas sobre este tema. ―Los ojos azules se clavaron en los púrpuras y Giyuu pestañeó, sorprendido por su decisión ―. Además, quiero que me des las respuestas que busco.
― Tengo más confianza contigo que con las otras chicas de la finca ― comenzó diciendo lentamente, algo avergonzado por las palabras de ella; pero, a pesar de que, todo ese tema le daba vergüenza decidió seguir adelante, porque si algo sabía de Kochô era que no se daba por vencido cuando quería lograr algo y no valía la pena ir en su contra ―. Por eso prefiero que me revises tú en lugar de ellas, debe ser algo similar en el caso por el que preguntas. ― Intentó racionalizar lo que le sucedía a él, para explicarle algo que no comprendía del todo. Giyuu era más simple que la Pilar del Insecto.
― Ara, ara, eso tiene sentido, Tomioka-san ― dijo, observando al mayor, preguntándose si por eso el beso que él le dio le había agradado tanto y pensando en que, realmente, no le molestaría que él la acariciara, pero había algo que le daba resquemor - otro eufemismo, este para miedo- y lo miró, decidiendo si debería hacer aquella petición.
Giyuu sintió la mirada persistente de Kochô sobre él y supo que ella quería saber más cosas problemáticas y no pudo evitar pensar en que no tendría más opción que ceder a sus caprichos, al fin y al cabo, siempre había sido así entre ellos. Shinobu solía hacer su voluntad.
― Hay algo más que quieres ― afirmó y la de mechones morados amplió su sonrisa, él ya la conocía lo suficiente para entender sus silencios y, aunque en cualquier otro momento eso la alteraría, ahora le facilitaba las cosas.
Se levantó, dejando en su silla su haori y se acercó al pelinegro, quien no perdió detalle de sus acciones. Shinobu no quitó sus ojos de los azules de él ni siquiera cuando se sentó a su lado, obligándolo a girar su cuerpo hacia ella.
― Yo...confío en tí, Giyuu-san ― dijo, usando su nombre a propósito y sonriéndole sinceramente. Tomioka la observó intensamente, sin mover ningún músculo, decidiendo si había entendido bien las intenciones de ella o no ―. ¿Puedes ayudarme con la práctica? sólo entiendo la teoría...pero...no quiero...no puedo...todo. ―No supo explicar lo que buscaba, la vergüenza de su petición la trabó, por lo que -ante la inmovilidad de él- optó por desabrochar su chaqueta.
Giyuu la vio hacer y enrojeció, sin saber si eso era correcto; un beso era una cosa, pero lo que Kochô le estaba pidiendo era algo completamente distinto. Una parte de él se sentía bien al recibir la confianza de la joven, pero la otra se cuestionaba si caer ante ella o no, si sobrevivían Kochô estaría manchada de por vida y no podría casarse. Sin embargo, la probabilidad de morir era mayor y ella había dicho que el matrimonio no estaba en sus planes.
Tomioka tomó su decisión al tiempo que alargaba su mano derecha hacia el cuello de ella. Sabía que no tenía experiencia, pero recordaba haber escuchado a Uzui decir que una mujer se debía recorrer con la paciencia y dedicación de un artista, por lo que haría todo en sus manos para hacerla sentir bien. Así estuviera a punto de sumergirse en el veneno de ella, el cual -a futuro- la transformaría en su nueva adicción.
Aún conservaba sus dudas cuando acarició su mejilla con las puntas de sus dedos y la recorrió hasta bajar por su cuello. La vio temblar levemente mientras inclinaba su cabeza hacia el otro lado, dándole un mejor acceso mientras -una vez que se sacó su chaqueta- comenzaba a desabotonar la blusa del uniforme. Giyuu recorrió suavemente la clavícula de la joven y deshizo el camino recorrido por su piel, mientras la escuchaba suspirar y la veía parpadear lentamente. A ella le gustaba aquello y eso lo hizo sentir un poco más seguro.
Volvió a bajar por su mejilla, guiando sus dedos hacia su nuca, bajando y subiendo por el dorso de su cuello, provocando que ella inclinara su cabeza hacia atrás al tiempo que sus labios se entreabren formando un gemido silencioso. Sus latidos se aceleraron al ver lo receptiva que estaba siendo ante unos pequeños roces y decidió subir la apuesta.
Tomó su nuca firmemente y se alzó sobre ella, para luego inclinarse y besarla. Shinobu aprendió que un beso suave no le bastaba y optó por introducir su lengua en la boca del pelinegro, buscando la sensación un poco rasposa de la de él contra la propia mientras se aferraba a su camisa abierta, dispuesta a seguir investigando todas aquellas sensaciones.
La sangre bombeando por su cuerpo a una velocidad que sólo conseguía en batalla, sus orejas llenas de sus latidos cardiacos y su piel hipersensible a las caricias, arrojando mil chispas electrificantes con cada roce de las puntas de sus dedos la hacían preguntarse cómo aquello podía ser sólo producido por un contacto tan efímero. Y su boca… sabía que estaba liberando toda la intensidad que sentía en ese beso hambriento que él correspondía a la par y Shinobu aprendió que una batalla no sólo podía involucrar odio, rabia y sangre, katanas y demonios. Una batalla también se podía dar cuando dos lenguas luchaban por dominar a la otra, mientras sus dueños frotaban sus labios, desesperados.
Y no le molestaba en lo absoluto. Kochô descubrió que ser tocada por Tomioka no le incomodaba para nada y eso, lejos de descolocarla, la alentó a investigar si para él sería igual. Sin acabar el beso, soltó su camisa y posó las palmas de sus manos en los pectorales de él, recorriendo su piel hasta los hombros, dispuesta a deshacerse de la tela que los cubría. Tomioka entreabrió sus ojos un segundo antes de volver a cerrarlos y mover sus hombros para facilitarle su tarea a la joven mariposa, quien acarició sus brazos, arrastrando la camisa.
Le gustaba. Realmente le agradaba el tacto de sus pequeñas manos frías en contacto con su piel caliente y que decidiera tomar la iniciativa de desvestirlo sin dudar siquiera. Sabía que ella tenía nula experiencia -al igual que él- y que sólo actuaba por instinto, como él mismo, por lo que decidió romper el beso, recibiendo un sonidito molesto de parte de la Hashira que lo hizo elevar levemente las comisuras de sus labios antes de acariciar su mejilla con la punta de su nariz y depositar un beso efímero en ella.
Siguió acariciando y besando su piel a medida que bajaba por su cuello, haciéndola acelerar su respiración. Giyuu se detuvo un segundo mientras la tomaba en brazos y la acomodaba sobre la camilla, acostándola. Y, alzándose, se llenó de sus ojos brillantes, su boca hinchada y su pecho subiendo y bajando en un esfuerzo por normalizar su respiración.
La blusa abierta de la joven dejaba al descubierto su abdomen plano y su cintura estrecha, sus pechos aprisionados por una venda y su deliciosa clavícula, la cual clamaba por atención. Usó sus manos para abrir más la blusa de ella y darle espacio a su boca para besar su clavícula y cuando eso no fue suficiente, usó su lengua para lamer la piel almizclada de ella. Y Giyuu supo que ese era su nuevo sabor favorito.
"Demasiado... intenso" logró pensar la mariposa, mientras sus piernas -encerradas entre las de él- se frotaban entre ellas en un intento por aliviar una necesidad de algo que no llegaba a comprender. Todo había dejado de ser racional y se estaba volviendo instintivo. Sintió la mano de él recorrer su abdomen mientras mordía la piel bajo su clavícula -sobre el nacimiento de su pecho- y no pudo evitar alzar su cuerpo, mientras llevaba su cabeza hacia atrás y un gemido prolongado abandonaba sus labios.
Tomioka succionó la piel blanquecina de la joven mientras la escuchaba, extasiado con sus respuestas tan desinhibidas y quiso más, quería hacerla gemir de esa forma animal nuevamente. Y por ello raspó su piel con sus dientes, mientras arrastraba hacia abajo la tela que retenía sus montículos de forma tan dolorosa.
Y Kochô se retorció bajo él, llevando sus manos a su pelo para jalonearlo en un intento por controlar sus reacciones. No le parecía justo que sólo ella estuviera tan descontrolada, pero los escalofríos y las descargas eléctricas provenientes de su pecho no dejaban de viajar hasta su entrepierna, lo cual la estaba incapacitando para actuar.
Shinobu tiró del pelo de él hasta alejarlo de su pecho y Giyuu lo hizo con un leve quejido por el tirón, pero ella no le dio tiempo de más. La joven lo empujó hasta lograr que se sentara y se trepó en sus piernas, rozando sus centros -causando un jadeo sincronizado-. Shinobu se balanceó sobre él y Giyuu la tuvo que sujetar de la espalda para estabilizarla, la Hashira repitió el movimiento mientras volvía a aferrarse a los cabellos del pelinegro y la sensación fue tan intensa que su cabeza terminó colgando hacia atrás.
Enterró sus dedos entre los mechones de él y usó sus propias rodillas de soporte para volver a alzarse. Tomioka sintió el roce de las vendas contra su torso y decidió que era una crueldad por parte de Kochô atar de esa forma sus senos, por lo que volvió a la labor que dejó pendiente e, inclinándose, raspó con sus incisivos la piel blanquecina del nacimiento del pecho femenino hasta bajar a la unión con las vendas, arrastrandolas con sus dientes, las que se enredaron en su abdomen. Liberando los delicados senos de ella.
Shinobu nunca imaginó que el dolor pudiera conllevar placer, pero el ardor que sintió producto de la atención de la boca masculina la hizo caer en éxtasis. Tomioka la tomó firmemente y volvió a depositarla en la cama, dispuesto a seguir investigando junto a ella, y se alzó con sus brazos para apreciarla. Estaba sonrojada mientras lo miraba con sus párpados caídos y los ojos más brillantes que hubiera visto. Su boca entreabierta y su aliento escapando por ella mientras su pecho subía y bajaba, controlando su sentir.
― Hermosa ― susurró mientras observaba la línea roja que habían dejado sus dientes en la piel arriba de su pezón en su lucha por bajar ese vendaje torturador.
Shinobu remojó sus labios secos con su lengua, en un intento por no contestar el halago de él. Si se detenía a pensar qué estaba haciendo con Tomioka en esa sala de consulta, terminaría por agarrar sus cosas y huir, avergonzada, pero él no le dio más tiempo.
Giyuu lamió la piel que había maltratado con sus dientes y luego sopló sobre ella, dispuesto a aliviar el ardor que seguramente le produjo a la chica y Kochô volvió a retorcerse, consciente de cómo se acumulaba cierta humedad en su centro que nunca había sentido antes. Y si él no hubiera puesto su rodilla entre sus piernas, rozando su zona sensible, no hubiera podido dejar de sentirse sucia, pero el alivio que experimentó fue suficiente para olvidar su racionalidad.
El pelinegro sintió otro jalón doloroso en su cabello y alzó su rostro, lejos de los montículos que estaba lamiendo con devoción. Vio a la Hashira lamer sus labios mientras abría su boca y supo que él también deseaba besarla.
Shinobu lo atrajo hasta ella y lo besó fieramente, obteniendo la misma respuesta de él. Entre dentadas, lamidas, succiones y roces bruscos dejaron que el instinto animal se adueñara de ellos, haciendo que las uñas de ella se enterraran en su espalda mientras lo apegaba más a su pecho. Kochô había descubierto que la sensación del cuerpo de él sobre ella, lejos de molestarla, la hacía arder de formas que en un futuro no podría dejar de anhelar.
Giyuu rompió el beso y bajó hasta succionar su pezón mientras desabrochaba el cinturón de la Pilar, introduciendo sus largos dedos debajo del pantalón del uniforme, rozando la piel íntima de ella con suavidad, consciente de que ese terreno era delicado. Kochô apretó las piernas, impidiéndole avanzar, y lo miró con pánico en sus ojos. Giyuu alzó la mirada, dejando de chupar, y retiró su mano suavemente del lugar.
― No quiero ― balbuceó Shinobu y él asintió serio, antes de incorporarse y sentarse en la camilla. La Hashira sintió el frío invadir su piel al estar lejos del calor corporal de él y terminó por sentarse también ―. Sin penetración ― sentenció antes de inclinarse sobre el cuello de él e imitar sus besos húmedos.
Giyuu abrió su boca y sus ojos, sorprendido de que ella continuara con aquello, pero se dejó hacer, derrumbándose sobre su espalda, permitiéndole montarse sobre él sin perderse detalle de su cuerpo menudo sobre el suyo. La camisa cubría parte de su cuerpo, pero lejos de que le pareciera molesta, a Tomioka se le hizo bastante sugerente que ella mantuviera casi toda su ropa puesta y no pudo evitar alzar las comisuras de sus labios en una pequeña sonrisa satisfecha al ver el enredo de vendas en su abdomen plano, las cuales tomó y terminó por desatar y abandonar en el suelo de la sala, antes de sujetar a la Hashira por sus muslos cubiertos.
Shinobu lo quería hacer gemir cómo él había hecho con ella, quería descubrir si podía hacerlo sentir igual, por ello no tuvo reservas a la hora de montarlo y apoyar sus manos en sus caderas. Tampoco dudó al recorrer con sus uñas sus abdominales marcados y deleitarse con los espasmos de su piel a medida que avanzaba por ella y la hizo sentir orgullosa el jadeo entrecortado que él soltó cuando siguió el camino marcado por el vello bajo su ombligo hasta la pretina de su pantalón.
Despasó el cinturón y abrió el pantalón buscando sus ojos azules antes de continuar. Y la mirada brillante y curiosa de él la alentó a seguir. Acarició su cintura y con una sonrisa verdadera terminó por acomodarse para inclinarse sobre él y morder la piel alrededor de su ombligo, bajando y mordiendo, provocando que las caderas masculinas se retorcieran en placer. En un impulso caníbal terminó mordiendo y succionando sobre el hueso de su cadera; Giyuu gimió deseando que ella siguiera bajando, pero una parte de él se negaba a ponerse al límite antes que su colega.
Shinobu introdujo su mano por debajo del pantalón, rozándolo y sintió que algo se alzaba en respuesta, sorprendiéndola y haciéndola reír del susto. Giyuu apretó sus dientes mientras aspiraba aire en un intento por resistir la tensión que sentía, pero la risa cantarina de ella lo ofendió.
Shinobu vio el rostro tenso del pelinegro y sonrió, malvada, rozando nuevamente la punta del miembro masculino, provocando un leve gemido en él y se sintió poderosa. Repitió la acción y su sonrisa se amplió al verlo retorcerse bajo ella mientras su respiración se descontrolaba.
Entonces Tomioka decidió que eso no podía quedar así y se aprovechó de la ligereza del cuerpo de ella para tomarla y, sin esfuerzo, voltearla bajo él. Fue un movimiento brusco y rápido, que provocó que Kochô se sujetara de su pantalón y lo bajara levemente, exponiendolo de la mitad del muslo hacia arriba, facilitando la tortura de ella. Sin embargo, no le importó, hundió su rostro en sus pechos mientras ella tomaba con decisión su miembro y lo recorría con sus pequeñas manos.
Lo primitivo se apoderó de ambos y mientras ella jugaba con su entrepierna, él atendió sus abundantes pechos junto a su abdomen terso. Y los jadeos se intensificaron, mientras los gemidos se aceleraban y de repente nada parecía suficiente. Tomioka detuvo con su mano la de ella y Shinobu lo miró, expectante, lo vio alzarse con una mano y sus ojos azules se clavaron, serios y decididos, en su orbes violetas.
― Sin penetración ― aseguró, mientras soltaba su mano y la llevaba a la pretina de su pantalón. Shinobu subió ambas manos a la espalda de él y la acarició de forma ascendente hasta llegar a su nuca y enterrar sus manos en su cabello, soltándolo de su amarre, para terminar atrayendolo a su boca.
Aquel beso fue su confirmación y mientras saciaba su sed en el oasis que Kochô le ofrecía, terminó por abrir y deslizar el pantalón de ella hasta sus tobillos, deleitándose con la suavidad de sus piernas y lo carnoso de sus muslos. La Hashira volvió a recorrer la espalda de él, marcándola a fuego con sus uñas y encontrando cierta satisfacción en posar sus manos en sus bien formados glúteos para luego apretarlos al tiempo que él hacía lo propio con sus muslos.
Entonces, retomó su tortura, pero él hizo lo propio al rozar la piel de su pubis y luego entre sus labios mayores y menores, formando un camino de placer que ella replicó en la entrepierna masculina; entre la punta de su glande y su perineo. Los gemidos muriendo en la boca del otro y la humedad creció en el centro de ella mientras él aumentaba de tamaño entre sus manos.
Y todo dejó de tener sentido cuando Giyuu descubrió cierto botoncito de carne que era el centro de toda esa electricidad creciente en ella. Y todo se distorsionó cuando Shinobu aumentó el ritmo del movimiento de su mano por todo el largo de pene de él. Tomioka terminó enterrando su rostro por sobre el hombro de ella, gimiendo en el oído femenino y Shinobu descubrió su nuevo sonido favorito, mientras su cuerpo vibraba y su ritmo se descoordinaba a causa de las sacudidas que comenzaron a invadirla.
Y algo se tensó en ambos antes de romperse en espasmos llenos de un placer que los hizo creer que estaban muriendo. No supieron entender qué les pasó más que como una culminación que había sido alucinante.
Giyuu intentó no dejarse caer sobre ella, pero Shinobu terminó abrazándolo mientras su respiración se normalizaba. Giyuu sintió sus manos, el abdomen de ella y de él pegajosos y supo que no podía dejarse arrastrar por la modorra, por más que quisiera continuar entre los brazos femeninos.
En un impulso, besó su frente y acarició su rostro mientra ella lo soltaba; se levantó, sosteniendo su pantalón y buscó con sus ojos lo que necesitaba. Shinobu se sintió un poco vacía al verse libre del peso masculino, pero no tuvo tiempo para reflexionar, él había vuelto con papel para limpiar y tuvo la delicadeza de asear su abdomen.
Kochô lo dejó hacer mientras sus ojos absorben su rostro serio y su piel expuesta. Él había reacomodado su pantalón y se había limpiado a sí mismo, no tenía porqué hacer lo mismo con ella, pero algo lo impulsó a actuar así.
Luego de que él se girara a botar las cosas, la Hashira se incorporó reacomodando su pantalón y abotonando su blusa (sin reponer su venda) la cual no se había terminado de sacar y se dio cuenta que todo aquel acto lo había hecho en una sala de examinación, con la ropa a medio sacar y con el Pilar del Agua, pero la culpa no llegó. Todo se había sentido demasiado bien para pensar en arrepentimientos.
Vio a Giyuu tomar su camisa del suelo y sus ojos violetas se abrieron ante las marcas de rasguños en la espalda de él.
― Debería curarte eso ― susurró, incapaz de creer que ella había provocado aquello. Tomioka giró su rostro intentando ver su espalda, sin éxito, antes de encararla. La joven nunca lo había visto con el cabello suelto y debía admitir que le agradaba.
― Debo partir a una misión, déjalo así ―comentó, mientras se ponía la chaqueta. Shinobu asintió e imitó sus movimientos ―. Deberías peinarte ― susurró, mirando los mechones sueltos de ella y Kochô se apresuró hacia un espejo, dispuesta a arreglar su imagen.
Giyuu la vio pasar, la siguió y se detuvo tras ella; miró el reflejo de ambos en el espejo y acomodó su cabello, dispuesto a atarlo. Suerte que en su haori tenía otra banda elástica, la que Shinobu había soltado no la pudo encontrar. Los ojos morados se posaron en los azulinos de él a través del espejo y la joven sonrió ampliamente. Traviesa.
― Tu secreto está a salvo conmigo, Giyuu-san~ ― mencionó de manera cantarina y él la miró seriamente antes de sonreír levemente.
― Y el tuyo lo está conmigo, Shinobu ― dijo antes de tomar su nuca y voltearla hacia él, robándole un beso dulce, para luego volver a sonreírle más ampliamente y partir fuera de la habitación, tomando y poniéndose su haori multipatrón por el camino.
La Pilar del Insecto contestó su beso y no lo retuvo cuando él partió. Simplemente se quedó viendo su espalda ancha al marchar, pero antes de abrir -por completo- la puerta Giyuu se detuvo y volteó levemente su rostro.
― Está sin llave ― dijo, de manera tensa y un escalofrío nada placentero recorrió la espalda de ella antes de precipitarse hacia el pelinegro y empujarlo fuera de la sala.
― ¡Es mejor que te vayas, Tomioka-san! ― chilló y Giyuu frunció el ceño y apretó sus labios al escuchar su apellido en labios de ella, pero no dijo nada. Simplemente, hizo lo que Kochô le pidió y se marchó sin mirar hacia atrás.
Pero si hubiera volteado, habría visto el rostro enrojecido de la Pilar del Insecto mientras una sonrisa sincera adornaba sus labios hinchados y libres de labial. Y si Giyuu se hubiera fijado más, sabría que el labial de ella adornaba partes de su piel que, para su fortuna, estaban cubiertas por su camisa.
Sin embargo, ambos eran -todavía- demasiados inocentes para entender las implicancias de lo que acababan de hacer.
Bueno, me voy a esconder por la vergüenza de haber escrito esto. BTW, Oni hizo un dibujo, lo dejo como portada (sino está en mi cuenta de wtp)
