Autor Original: ofshoyos

ID: 6881828

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Decir que Hinata se sentía bastante desanimado no era más que un malentendido. Durante los últimos días, comenzó a notar cuán distante se había vuelto últimamente Kageyama, alejándose lentamente del control que tenían su amistad.

Y cada vez que Hinata intentaba confrontar a Kageyama con respecto a esto, el mencionado colocador escapaba ante sus propias narices antes de que pudiese siquiera tener la oportunidad de pronunciar una palabra. Le disgustaba, como menos. Sus encuentros se volvieron bastante efímeros ahora, durando solo un momento cuando Kageyama lo pasó rozando sin una mirada en los pasillos, y sus interacciones descendieron en espiral desde largas conversaciones que alguna vez consistían en temas sin sentido, hasta un completo silencio.

Silencio.

Hasta ahora, eso era lo único que recibió.

Durante sus entrenamientos, Kageyama vacilaba a la hora de prestarle atención. Con cada salto en el que ponía su energía y cada golpe que hacía, su palma nunca lograba golpear la pelota. No había satisfacción persistente, solo vacío y una ligera decepción. En el momento en que aterrizaba y se giraba para mirar, solo podía ver cómo la pelota iba hacia otra persona. Primero pensó que podría tener que ver con su tarea como señuelo, luego resulta que se convirtió en mucho más que eso a medida que avanzaba el entrenamiento y ese tratamiento ahora se prolongaba a su vida diaria habitual.

Cada intento que Hinata hacía para captar la atención del otro, simplemente se iba con un rubor. Por lo tanto, es comprensible por qué el señuelo se sentía agitado por eso. Intentó convencer a Kageyama para que hiciera las cosas habituales que solían hacer; intentó almorzar con él, entrenar con él, desafiarlo en carreras, compartir bollos de carne con él e intentar caminar a casa con él. Sin embargo, sus palabras nunca llegaron. Kageyama simplemente siguió adelante sin él, y al ver esto, sintió como si le hubieran vertido un balde de a gua fría.

Sin embargo, Hinata mantuvo la cabeza en alto, razonó que Kageyama podría estar teniendo un mal día y se aseguró de que todo volvería a la normalidad al día siguiente.

Pero a medida que pasaban los días, no volvía a la normalidad al día siguiente. O al siguiente. O el de después.

"¡Kageyama!" Hinata lo llamó de nuevo un día "¡Carrera hasta el gimnasio!" sin esperar la respuesta del otro, se adelantó y aceleró el ritmo tras anunciar la habitual declaración de su carrera. Pero una vez que miró hacia atrás, notó que Kageyama no lo perseguía.

Y así, seguido de los siguientes eventos.

"¡Kageyama! ¿Cómo estuvo el examen?"

Fue descaradamente ignorado. Otra vez.

"¡Kageyama! ¡Vamos a almorzar juntos!"

Simplemente le echaron a un lado. Otra vez.

"¡Kageyama! ¡Pásame!"

Al final, sus gritos casi siempre eran desatendidos. Otra vez.

"¡Kageyama! ¡Volvamos juntos a casa!"

Pero Kageyama ya se estaba yendo sin él, de espaldas a él mientras la distancia entre ellos crecía con cada paso que daba el colocador. Otra vez.

¿Cuánto tiempo duraría esto?

Los días se convirtieron en una semana y poco a poco se dio cuenta de que, de hecho, no se trataba de un error. No fue por un mal día o algo por el estilo. Esto era adrede y era una realidad. Kageyama lo estaba ignorando. Los otros miembros de su equipo también habían tomado nota de eso, al parecer. La distancia entre ellos tuvo un gran impacto en sus partidos de entrenamiento hasta el punto en que Daichci se enfrentó a Kageyama, aconsejándole que le hiciera a Hinata al menos algunos pases. Kageyama obedeció la orden del capitán y, por una vez en esa semana, su equipo finalmente obtuvo la victoria. Incluso entonces, Kageyama se mantuvo firme en ignorarlo fuera de los entrenamientos.

¿Todos estos intentos habían sido entonces en balde?

Pro enésima vez desde entonces, Hinata solo pudo dejar que su mirada se detuviera en la conocida espalda del colocador que se retiraba mientras permanecía clavado en su lugar.

La emoción estranguladora que alguna vez fue un simple brote dentro de él, creció. Creció y floreció. Si bien la emoción, en sí misma, podía ser indescriptible; una cosa estaba clara, Hinata la abrazaba con los brazos totalmente abiertos. No presentó ninguna queja, solo se dejó ahogar por el sentimiento sofocante mientras cada gramo de negatividad se filtraba en su cuerpo. Ese día las nubes se oscurecieron junto con el cielo y poco a poco empezaron a caer gotas de lluvia contra el suelo.

Independientemente de lo miserable que se sentía en ese mismo momento, Hinata no podía llorar. No lloraría por algo tan increíblemente insignificante. No había necesidad de hacerlo cuando el cielo ya le estaba haciendo el favor.

Con el corazón apretado, caminó penosamente hacia el camino que era el opuesto al que cruzaba Kageyama. En su mente, estaba listo para irse a casa. Pero en su corazón, no lo estaba. Hinata deseaba volver desesperadamente. Quería respuesta. Tenía que… no, necesitaba saber la razón por la que Kageyama le estaba dando la espalda, y qué había hecho para recibir ese tratamiento.

Sin que el chico lo supiera, se detuvo en su propio camino, una mano agarrando el dobladillo de su cuello con fuerza mientras no prestaba atención a su bicicleta, que cayó a un lado. En ese momento, solo era capaz de pensar una cosa, y esa única cosa era cuánto le dolía.

Le duele la cabeza. Le duele el pecho. Y le duele el corazón.

Pero lo peor de todo era que no sabe cuánto tiempo más le llevaría lidiar con este dolor.

¿Era posible que los rivales se hicieran amigos y luego se convirtieran en extraños? ¿Especialmente cuando jugaban un papel importante en tu vida?

Quizás. Pero si seguías pensando en ellos de vez en cuando, ¿no son técnicamente extraños? En este caso, Hinata dudaba que Kageyama se convirtiera en un extraño para él. Si no hubiera sido por él, Hinata seguramente no sería la persona que era hoy, y nunca habría saboreado la eufórica sensación de golpear los lanzamientos de Kageyama. Ahora, al menos, Kageyama le estaba haciendo pases. Eso, en sí mismo, debería ser más que suficiente. Sin embargo, por alguna razón, Hinata seguía estando de mal con todo el asunto.

Hinata no sabía por qué se sentía tan mal por todo esto. Para empezar, no es como si fueran amigos. Fue solo hasta hace poco cuando empezó a pensar en Kageyama como más que su amigo, pero entonces, tenía que pasar esto.

Otro día iba a ser marcado en el calendario, y en este momento, estaba dentro de la sala del club junto con algunos otros para cambiarse de ropa, preparándose para regresar a casa después de quedarse atrás para una sesión de entrenamiento. Kageyama se fue, y como de costumbre, no se molestó en esperar a Hinata para que pudieran ir juntos a casa.

"Oye, enano. ¿Hiciste algo de nuevo para enfadar al rey?" Tsukishima chasqueó la lengua "Eso ha estado pasando durante más de una semana, ¿verdad? Lo que sea que hiciste debe de haber sido terrible para que el rey parezca estar ignorándote ahora"

Después de escuchar eso, sintió como si le hubieran dado una bofetada en la cara. Una bofetada bien fuerte, y era como si se la dieran como un recordatorio de los eventos reales que estaba pasando y cómo permanecían sin resolver. Quería lanzarle una mirada furiosa al rubio, de verdad que quería hacerlo, pero después de que no pudiese encontrar fuerzas para hacerlo, lo suficiente pronto, inició una intensa competición de miradas con el suelo en su lugar; la amargura se apoderó de él mientras contemplaba su nueva situación.

El rey parece estar ignorándote.

Eso debía de ser cierto, porque aunque parecía estar interactuando con todos los demás, parecía estar evitándolo.

"No sé si hice algo mal" admite, agarrándose a la correa de su bolso "Ni siquiera sé si hice algo. Intenté confrontarlo, pero Kageyama… no me lo dice. Se niega a decir nada. Ni siquiera me mira"

"Mmm. Parece que definitivamente hiciste algo esta vez"

"Tsukishima" interrumpe la firme voz de Suga, y ya Hinata podía sentir la mirada preocupada que todos los demás le lanzaban.

En el momento en que Hinata apretó su puño con más fuerza en su mochila, fue el momento en que supo que estaba en su límite. Sobre todo porque sabía que las palabras de Tsukishima eran correctas. Si no hubiera hecho nada malo, entonces Kageyama definitivamente no estaría así con él. No lo estaría ignorando. En su lugar, habrían continuado con su pequeña rutina. Por mucho que Hinata odiara admitirlo, era mejor que Kageyama lo regañara, llamándolo idiota en lugar de este tratamiento de completo silencio. Lentamente estaba empezando a recordarle el día en que los dos peleaban por las complicaciones de su ataque.

A decir verdad, la tensión desde entonces parecía haber aumentado. ¿Tenía esto algo que ver con ese día de su discusión? Él pensaba que estaban empezando a llevarse bien "Es mi compañero" recordó haberle dicho esto a Yachi. Así que, ¿por qué? ¿Podría estar empeorando su relación?

Hinata no cree que pueda soportar mucho más esto. Decidiendo que ya tenía suficiente, que no necesitaba la compasión de nadie, Hinata inmediatamente cogió su bolsa y se la echó al hombro, sintiéndose más decidido que nunca de conseguir sus respuestas. Los gritos de preocupación de sus compañeros de equipo cayeron en oídos sordos cuando el joven salió corriendo por la puerta.

Estaba lloviendo mucho de nuevo, pero el chico no se atrevía exactamente a preocuparse por el clima. No le importaba si estaba a punto de empaparse junto con el contenido de su bolsa. Iba a perseguir a Kageyama, y le exigiría una explicación sobre por qué parecía tan insistente con lo de evitarlo, y si tenía que ver con su última discusión. No estaba pensando correctamente, lo sabía. En este mismo momento, estaba completamente abrumado por sus sentidos; tanto sus pensamientos como sus emociones estaban nublados. Pero sobre todo, se sentía furioso.

Ese día, Hinata no sabía que había cálidas lágrimas derramándose de sus ojos mientras la lluvia golpeaba fuertemente su pequeño cuerpo, coincidiendo con cada elevación de su pecho y los latidos erráticos de su corazón adolorido mientras montaba en su bicicleta.

Pero ese día también, Hinata no regresó a casa.