En el centro de Londres se había desatado una fuerte tormenta. Los muggles corrían intentando refugiarse, de las fuertes lluvias, y rayos que empezaban a tronar cada vez más cerca.
Londres siempre había sido una ciudad de lluvia y mal tiempo, pero hacía años que no se desataba tal tormenta. Los medios de comunicación aconsejaban resguardarse en las casas mientras la tormenta durase.
Una niña castaña, miraba todo la escena desde su ventana, con una pequeña sonrisa traviesa. Sabía cual era el origen de tal climatología, y ello la hacía sentirse poderosa, inquebrantable.
- Hermione Jane Granger Windsor. - su nombre resonó entre las paredes del castillo. Hermione apartó la mirada de la ventana, intentando buscar de manera rápida y eficaz, un lugar que la ayudase a esconderse de una posible reprimenda.
Los pasos resonaban cada vez más cerca, mientras la niña se metía en su baúl de juegos. La puerta de su habitación se abrió con un estruendo, que hizo estremecer a nuestra castaña. Deseó que su magia la ayudase a salir del aprieto, deseando ser invisible.
Los pasos se dirigieron directamente al baúl. Hermione suspiró con desgana, era mejor salir ahora y afrontar a su madre, que esperar a que ella lo abriese.
- ¿Si mamá? - dijo una pequeña niña, sacando la cabeza por fuera del baúl. Sus ojos dorados relucían entre los peluches de animales, pero su mirada dulce no fue capaz de sosegar a su madre. Esta cogió a la niña de la oreja, sacándola a rastras, soltándola en el centro de la habitación.
- ¿Qué te he dicho de utilizar tu magia? - Hermione empezó a temblar, ese tono solo lo oía cuando su mamá estaba verdaderamente enfadada. Agachó la cabeza con miedo.
- Que no debo utilizar magia nunca. -susurró Hermione.
- ¿Y si sabes que no lo debes hacer ... por qué lo sigues haciendo Hermione? - preguntó su madre endureciendo el tono con cada pregunta.
- Porque quiero ir a Hogwarts mamá. - dijo Hermione levantando su cabeza un instante, para agacharla de manera inmediata al ver tal mirada de ira. - Es que de verdad quiero ir mamá. Los niños que papá y tú traen a casa siempre me llaman cosas feas.
- Hogwarts está sobrevalorado Hermione.- suspiró su madre. Ella sabía la tristeza que poseía el corazón de su hija, había vivido la misma situación en carne propia, cuando había llegado la misma carta a este castillo hace 30 años.
- ¿Y como sabes eso mamá? Si nunca has ido. - dijo Hermione rechinando los dientes, cogiendo el suficiente valor para mirar a su madre a los ojos.
- Porque soy bruja como tú, cariño.- dijo Jane agachándose, mientras acariciaba el rostro de su hija.- Que no estudiase magia en ese colegio, no me impide tener amistades de Hogwarts.
- ¿Te refieres a los papás de Theo y Blaise? - preguntó Hermione suavizando su voz.
- Así es.- suspiró Jane. - Ahora mismo la situación en el mundo mágico es insostenible. Existió un mago muy malo que intentaba erradicar a los muggles y a magos de descendencia muggle, su magia ...
- Ya me sé la historia mamá.- dijo la pequeña Hermione intentando soltarse de los brazos de su madre. - Papá y tu me la habéis contado un montón de veces. Pero papá fue a Hogwarts y no le pasó nada, ¿yo por que no puedo?
- Porque eres la única descendiente de la corona británica Hermione.- dijo su madre suspirando.- Tu vida es mucho más preciada que la de tu padre en sus tiempos jóvenes.
- Eso es porque no quisiste tener otro bebé - dijo Hermione soltando pequeñas lágrimas. - yo no he decidido ser princesa, tan solo quiero ser una niña normal que va a Hogwarts.
- Lo siento Hermione, no pienso cambiar de opinión, utiliza esa intelegencia de la cual siempre presume tu abuela, y haz el favor de intentar comprender la situación.- dijo su madre intentando borrar con los dedos las pequeñas lágrimas. - Mañana vendrá una institutriz a ayudarte a controlar tu magia. Es hora de ir para cama pequeña.- la arrastró hasta la cama de estilo señorial, arropándola y dándole un último beso de buenas noches.
- Lo hacemos porque te queremos, cariño. Nunca lo olvides. - fueron las últimas palabras de su madre antes de cerrar la puerta de su habitación, y dirigirse hacia los guardias.
La pequeña castaña giró su rostro hacia la ventana donde la tormenta se seguía desatando pero con menor fuerza. Cerró sus ojos, y deseó con todas sus fuerzas poder ir mañana a Hogwarts, esa escuela de magia de ensueño, acompañada de Theo y Blaise, sus únicos amigos. Poco a poco se fue adentrando en el mundo de los sueños, mientras poco a poco la tormenta se iba calmando.
Lo que Hermione no sabía era que sus deseos se iban a hacer realidad. Un sabio dijo una vez ... hay que tener cuidado con lo que deseas, porque se puede convertir en realidad ... pero ¿a qué precio?
Hello!
También he subido esta historia en Potterfics, con el mismo nombre.
Espero que os guste
Besos!
