Hellsing y Drácula no me pertenecen.


Observó a los invitados disfrutar de la velada. Sonrió. El Conde debía estar más que complacido por la cantidad de gente que había decidido aparecer.

Aceptó la copa que le ofrecieron y antes de que pudiese terminar de beber, el Conde anunció su presencia. Todo el mundo se giró para admirarlo, ella incluida. Sus ojos se posaron en los suyos. Intentó no sonrojarse.

Se acercó luego de un rato. Ella sonrió tímidamente, y le hizo una reverencia.

Es un placer conocerlo finalmente, Conde. Me han hablado mucho de usted.―se tocó el cabello rubio para tener las manos ocupadas.―El lugar es…―pensó en como describirlo.―Espléndido.

Se lo agradezco.―dijo sonriendo.

Antes de que ella pudiese seguir la conversación, él le había tomado la mano y la había guiado hacia el centro de la habitación.

Me gustaría que me llamara por mi nombre, si no es mucho pedir.

Intentó concentrarse en cualquier otra cosa que no fuese su mano en la suya. Estaba muy fría, pero no era una sensación desagradable. Al contrario.

Como desee…

Bailaron durante un largo rato. Ambos disfrutando la compañía del otro.

Pero poco sabía la mujer del final que aguardaba aquella noche.

Bajo la luz de la luna observaba a su contrincante con una sonrisa desquiciada y con… ¿orgullo?

Ninguno quería que ese momento terminara. Ambos perdidos en la mirada del otro. Solo se encontraban ellos dos en aquel salón, nada más importaba…

Estaban solos. El edificio ardía. Los humanos intentaban huir desesperadamente. Integra hacía lo posible para detener la invasión.

Pero en ese momento existían solo ellos dos. Nada más importaba.

Atacaron. Patearon, golpearon, arañaron. Envolviéndose el uno en el otro.

Ella quería hacerle daño.

Él quería ver qué tan lejos estaba decidida a llegar.

Ambos iban a cumplir su objetivo.

Debo decirle que usted es un magnifico bailarín…

Caminaron hacia los jardines, sumergiéndose en la tranquilidad de la noche. El Conde traía consigo dos copas de vino. Esta era la segunda, y la última, que ella iba a beber.

O eso era lo que le había prometido a su esposo. Y a Mina.

Los mismo para usted.―hicieron chocar las copas, sonriendo.

Lucy observó el cielo, la noche iluminada por las estrellas y la poca luz que ofrecía la luna, escondida entre las nubes. Suspiró, contenta.

¿Puedo hacerle una pregunta, Conde?

Si me llama por mi nombre entonces sí, por supuesto.

Sonrió. La mirada fija en el cielo.

Dígame, Conde Drácula, ¿siente alguna vez soledad en este enorme castillo?

Si usted viese mi verdadero hogar… no lo creería.―le respondió, sin quitarle los ojos de encima.―No tiene idea de cuánta soledad… pero ya he vivido mucho tiempo así, señorita Lucy. Estoy acostumbrado.

Tomó lo último de la copa y lo miró a los ojos, curiosa.

¿Cuántos años tiene?

Sonrió.

Si se lo dijera, seguramente pensaría que estoy loco… o muerto.

― ¿Estás esperando a que me rinda, chica policía?―preguntó, con un aire divertido. Sabía que se estaba cansando. Pelear contra él requería de mucha energía y aquello recién comenzaba. Le estaba dando ventaja. Ella necesitaba sangre.―Si quieres que termine solo dilo…

Los bombardeos se escuchaban cada vez más cerca, pero ninguno de los dos se inmutó. Seras ocultó su cansancio y su necesidad de alimentarse.

―Eres despreciable y obtendrás lo que mereces, Maestro.―pronunció lo último con sarcasmo. La sonrisa desapareció de los labios de Alucard.

Muy bien pensó, sabiendo que lo escucharía, entonces juguemos.

Aceptarás quien eres, Seras Victoria. Te guste o no. Quieras o no.

Ella solo gruñó antes de atacar. Alucard rio.

¿Qué dice?―preguntó Lucy, burlonamente.―Si no lo considera imprudente, permítame decirle que no aparenta mucho…

Lo permito.―dijo, y sonrió ante su ingenuidad.―Y quizás no lo aparento, pero lo soy.―era su turno de observar el cielo.―Y por su seguridad… usted tampoco debería estar aquí conmigo.

Llegó a ver la expresión en el rostro de la mujer antes de que fingiera una sonrisa. Sonrió. Todavía no era el momento.

Siguieron y siguieron hasta que escuchó los gritos de Seras. No la soltó tan rápido. Quería ver si podía liberarse. Las sombras negras se disolvieron hasta transformarse nuevamente en sus formas humanas. Alucard la miró con arrogancia.

― ¿Es suficiente?

Seras lo observó con odio, sin fuerzas, pero volvió a ponerse en posición de ataque. Unas cuantas heridas no iban a derrotarla. Alucard resopló.

― ¿Segura de eso, chica policía?

― ¡Sal de mi mente!―le gritó, antes de lanzarse hacia él.

Esta vez fue más duro, más fuerte, más grotesco. No la dejó acomodarse pero ella no se daba por vencida. En un momento, sin embargo, Seras logró tener la ventaja y antes de que el arremetiera ella llegó a morder su hombro. Comenzó a beber. Alucard no intentó apartarse.

Si seguía así… iba a lograr convertirse en una nosferatu completa. Lo que él había querido desde que la transformó.

Eso es, chica policía. Hazlo… ¡hazlo!

Una risa maníaca se escapó de entre sus labios. Seras intentó parar pero le era imposible. Jamás había probado… no, tenía que hacerlo. No podía darle la satisfacción. No podía dejarlo ganar.

Será mejor que vuelva…―dijo ella. El comentario de Drácula los había sumergido en un silencio pesado e incómodo. El tono de voz de Lucy había cambiado. El Conde sonrió, también de manera diferente. Olvidada había quedado la agradable, cálida y seductora sonrisa que le había ofrecido minutos atrás.―Mi esposo debe estar preocupado…

Pero… señorita Lucy…―la tomó del brazo antes de que entrara.― ¿Sucede algo? Si es por lo que dije… debe saber que solo estaba bromeando.

No, no.―dijo, sin despegar los ojos de su mano helada.―Solo… debo irme, Conde Drácula. Por favor suélteme.―demandó. Él hizo lo posible por no sonreír.―Déjeme ir o… o gritaré. Estamos muy cerca de los invitados y…

¿Tiene miedo de lo que piense su esposo?―preguntó, burlonamente.

Sus mejillas se tiñeron de rojo.

¡N-No! Solo…―volvió a hablar en un tono determinante.― ¡Solo suélteme!

No sin antes tomar lo que necesito, señorita Lucy.

Se acercó y ella intentó gritar pero Drácula fue más rápido. Le tapó la boca con su mano enguantada.

Silencio. Esto terminará pronto. No se preocupe.

Escuchó como su señora lo invocaba pero se resistió. Necesitaba que Seras continuara bebiendo su sangre. Acarició su cabello rubio y entonces se dio cuenta que había cometido un error. No tendría que haberle dado tanta libertad. Segundos después de que lo hiciera, Seras arrancó su brazo izquierdo. Lo observaba con una sonrisa en los labios, muy parecida a la suya.

Sin perder tiempo se volvió a lanzar a la batalla. El manto negro ahora envolvía a Seras, ella hizo lo mismo. Se encontraron en la oscuridad eterna, la desesperación era infinita. El juego había quedado atrás.

Nunca fue un juego para mí, maestro.

Seras sintió como su fuerza regresaba, aunque su cuerpo continuaba pidiéndole la sangre de Alucard. Siguieron peleando hasta que Seras regresó a su cuerpo humano. Él la sostuvo contra el suelo.

―Vamos, Seras Victoria, ¡hazlo!―cientos de ojos la observaban. Si fuese la Seras de años atrás estaría aterrorizada.―Demuéstrame quien eres, demuéstrame lo que puedes hacer. ¡Véngate!

Ella luchó pero el vampiro había vuelto a tomar su forma humana, aplastándola. Sus ojos rojos brillaban con exaltación, necesitaba su sangre. Necesitaba liberarse de él, y probarlo. Necesitaba…

Volvió a morder. Alucard sonrió. Sus manos dejaron al descubierto el cuello de Seras, dejándola preparada.

El Conde se acercó a su cuello, Lucy intentaba luchar. Pero no fue suficiente. Cerró los ojos, los gritos muriendo en su garganta en el momento en que Drácula clavó los colmillos en su piel. Ella abrió los ojos, sin entender. Luego se relajó. Aquello era… era…

No podía ser real.

Falta poco…―susurró, aunque ella no estaba escuchando. Estaba perdida en la sensación, desorientada.

Cerró los ojos al sentirse débil. Él la estaba…

No. Lucy no iba a morir allí, de esa manera monstruosa.

Con sus últimas fuerzas logró alcanzar el reloj que se asomaba del bolsillo del Conde, y antes de que él se diera cuenta se lo clavó en el ojo.

Su mano quedó manchada de sangre pero no le importó. Antes de que volviera a atacarla, Lucy salió corriendo hacia la puerta principal. Alejándose de Drácula para siempre.

O eso es lo que quería creer.

Antes de que Seras pudiese reaccionar, Alucard la tomó del cuello y entonces la mordió. No por mucho, eso era solo una parte del plan.

Seras se defendió pero se paralizó al sentir los labios del vampiro sobre los suyos. Luego de unos segundos ella correspondió. Esta era su oportunidad. Si quería acabar con Alucard ese era el momento. Pero entonces lo escuchó.

Esta no eres tú, Cheri.

Seras se alejó, Alucard no opuso resistencia. Para él todo había salido a la perfección: la chica policía no podría aguantar las ganas de asesinarlo después de eso. Lucharían de nuevo, volvería a beber y entonces el poder la consumiría. Se transformaría en una verdadera vampiresa.

Su obra estaría completa.

Quedó solo en el jardín, su ojo recuperándose rápidamente.

¿Quién habría pensado que esa mujer iba a tener tanta fuerza de voluntad? Sonrió.

Contra sus deseos, había convertido a Lucy en uno de los suyos. Rio al pensar en su reacción, cuando no pudiese verse en los espejos, o al querer alimentarse de la sangre de su esposo.

Solo había que esperar. Le haría una visita muy pronto.

Esperó pacientemente pero ella no parecía querer cooperar.

― ¡¿Qué esperas?!―exclamó.

Seras no respondió. Seguía muy aturdida. ¿Hacía cuanto que Pip no le hablaba? Desde esa noche… y se decidió a aparecer justo en este momento. Intentó comunicarse con él, pero no hubo repuesta. La frase seguía repitiéndose en su mente. Todavía podían oírse las bombas, los gritos. Si seguía… ¿era eso lo que quería? Lo que su lado humano… su lado capaz de empatía y compresión.

Su lado no sediento de venganza. No asesino.

Esta no eres tú.

Miró a Alucard. Seguía molesta, por supuesto, lo seguiría por años. Pero el deseo de venganza de la otra Seras había desaparecido.

Alucard también la miraba, observaba como su creación se desvanecía lentamente. La Seras Victoria capaz de ser una nosferatu completa se había desvanecido. Al igual que… no. Algo la había hecho parar, ¿acaso fue su culpa? El beso debía… a menos que ella…

Oh, Lucy… tú habrías reaccionado de otra manera, ¿verdad?

― ¿Vas a detenerte, chica policía?

―Mi nombre es Seras Victoria.―dijo, enfadada.―Increíble que después de años…―suspiró, cruzándose de brazos.―Hay cosas más importantes para hacer, maestro.

Observó el desastre y decidió que era hora de partir.

―Su Señora nos necesita.

Alucard no se opuso. El fracaso no había tenido que ver con su plan, al menos. Caminaron hasta el borde del edificio.

―Por cierto.―dijo Seras, antes de saltar.― ¿Quién es Lucy?

Alucard suspiró. Así que ahora podía leer su mente. Todo no había sido en vano.

―Vamos, chica policía. Que Sir Integra está esperando.

― ¡Mi nombre es Seras Victoria!―gritó, aunque esta vez menos enfadada.

Alucard sonrió.

Después de ti, Seras Victoria.

Ella no dijo nada. No hacía falta. Sabía que lo había escuchado.


Espero que les haya gustado y que no les pareciera tan confuso. Quise probar algo nuevo, y si bien me gusta más Seras como una reencarnación de Mina, creo que también funciona como una de Lucy, ¿ustedes que piensan?

Muchas gracias por leer y no se olviden de comentar.

Saludos,

-vigigraz