KU-Pyon: Hi, Hi, minna-sama. Después de años de ausencia (bueno, no tantos) he vuelto con una historia de Shaman King. Este fanfic está relacionado con el anterior titulado "Un heredero para los Asakura" pero eso no significa que si no lees ese no vas a entender este, son totalmente independientes. Es 100% Yoh x Anna, pero enfocado principalmente en la perspectiva de Anna (sin embargo, estará narrado de manera omnisciente).

ALERTA: Este fic está basado en el manga de Shaman King, de manera que puede que contenga algo de spoiler.

Después de que Yoh regresó a Izumo, en Aomori, Anna permaneció encerrada de nuevo un par de días, lo cual no sorprendió a Asakura Kino, pues esa chiquilla por lo general nunca salía de su habitación (aunque en realidad en el fondo esperaba que las cosas hubieran cambiado después de todo lo que había pasado con su nieto y Matamune, pero no se le podía culpar). Una mañana, cuando Kino iba a saludar a los ancestros Asakura, notó que las velas estaban cambiadas, y que un nuevo incienso se quemaba, entonces sintió que detrás de ella, su posible futura nieta se acercaba con suma timidez.

— Veo que has presentado tus respetos a mis antepasados— puntualizó la anciana, girándose hacia donde Anna, quien arrodillada intentando ser respetuosa, le miraba con nerviosismo —, muchas gracias.

Anna apretó los labios y permaneció mirándola. Esa niña de apenas 9 años era difícil de entender, y Kino no la culpaba pues bien sabía que su vida, aunque corta, había sido muy complicada desde el inicio. Pero la itako realmente se esforzaba en intentar comprenderla.

— Hoy tenemos judías y manjus para desayunar, puedes comer en tu cuarto, pero me gustaría que de vez en cuando utilizaras el comedor— dijo Kino al tiempo que comenzaba a dar pasos dejando atrás a la niña rubia.

— ¡Yo…!— la mayor se detuvo cuando oyó la voz de Anna (que raramente hablaba en voz alta) — Yo…— repitió bajando el tono de voz, sintiéndose en demasía avergonzada— quiero aprender…— continuó.

La abuela Asakura sonrió con dulzura, y asintió con la cabeza canosa una única vez.

— Te enseñaré— prometió y comenzó a caminar, Anna no tardó en ponerse de pie y caminar detrás de ella. —Te convertiré en la mejor novia que existe— anunció con suma seriedad, consiguiendo que la menor se sonrojara, la anciana había visto por completo a través de ella, aunque la única que era capaz de leer la mente en ese lugar era Anna.

Después de conocer a Yoh, Anna había cambiado completamente… Se hallaba perdidamente enamorada de él, quería ser capaz de agradecerle de alguna forma por todo lo que había hecho por ella.

Porque por primera vez ella le importaba a alguien…

Porque él la había salvado…

Él había dicho que quería convertirse en el Shaman King, y si era su sueño, ella quería hacer lo posible por apoyarlo, ella haría lo posible porque realmente se cumpliera, lo decidió después de esos días de encierro, los cuales utilizó para procesar todo lo ocurrido y determinar qué es lo que ella quería hacer.

Ella tenía un poder enorme con el que había nacido, toda su vida lo había odiado porque solo le provocaba dolor y soledad, pero ahora creía que si aprendía a utilizarlo podría emplearlo por el bien de la persona que amaba. Los Asakura, la familia espiritista más famosa y prestigiosa de Japón, la habían acogido luego de que sus padres la abandonaran, y la criaron como "aprendiz" con el fin de conseguir que ella y el heredero de la familia se unieran; ella planeaba huir una vez que le fuera posible, pues desposarse con un desconocido no estaba en sus planes, o bien, intentaría asustar a su futuro marido lo suficiente como para que él mismo rompiera el compromiso. Pero una vez que conoció a Yoh, ella realmente deseó salvarlo de sí misma, porque él era un buen sujeto, y sin embargo, quien fue salvada fue ella, y no obstante con ello, él se negó a escoger a otra prometida lo cual la llenaba de una infinita alegría.

— Y me llamó linda…— murmuró la Kyouyama con un leve sonrojo, y ocultando una sonrisa. Él había pensado claramente "ella es muy linda incluso cuando es terca" la ultima vez que se vieron.

— ¿Humn?

AunqueKino no podía ver, sabía que Anna no estaba prestando atención, así que golpeó los dedos de la menor con una tira de bambú. La niña rubia se retrajo un poco y apretó los labios debido al dolor.

— Ya te dije que debes saber cómo hacer esto— reprendió con inexpresividad la abuela, girando el rostro a donde Anna. Justo ahora le estaba enseñando escritura antigua, porque una buena esposa debe estar muy educada, además, como espiritistas antiguos debían ser capaces de descifrar textos ancestrales que contienen hechizos de épocas legendarias.

Quizá a ojos externos, enseñarle a tanta profundidad a una niña que no tiene la sangre del clan era demasiado arriesgado, pero para Kino, era un hecho que Anna sería su nieta política en el futuro, y que daría a luz a un hijo Asakura al cual le transmitiría los mismos conocimientos que estaba recibiendo ahora mismo.

Todos los días, Anna fue sometida a un riguroso entrenamiento siendo instruida por la itako Kino, para fortuna de ambas, Anna aprendía rápido, y tenía un poder sobrenatural nato que le facilitaba muchísimo imitar los poderes espiritistas de la Asakura. Anna pudo convertirse en itako como Kino, el primer espíritu que invocó fue al anterior cabeza de familia, que le dio un par de consejos para lidiar con el clan, y poco a poco, Anna comenzó a superar a Kino, lo cual alegraba en sobremanera a la abuela, pues su nieto tendría una esposa que sin duda era fuerte.

Durante su entrenamiento, Anna fue preparada para ser una esposa excelente, tal y como Kino había prometido, aprendió a cocinar, a limpiar adecuadamente, costura, modales, recibió consejos sobre cómo ser un ama de casa, también educación, y además, aprendió muchísimo con respecto al tema del chamanismo, lo cual lo volvía la prometida ideal para los Asakura.

Kino había sido muy dura con ella durante 3 años, no permitía errores y Anna había aprendido a no cometerlos, se convirtió en la mejor alumna que había tenido jamás y se sentía muy orgullosa de ella, pero con la tormenta que se avecinaba, sabía que esos días se habían terminado.

— Compré un boleto para ti— dijo con calma mientras bebía una taza de té que su aprendiz había preparado. La adolescente rubia le miró sin expresar nada— mañana partirás a Tokyo en tren, Yoh vive en la pensión En, te daré un mapa para llegar hasta ahí.

Los ojos de la Kyouyama se ampliaron tras oír aquello. Gradualmente, después de aquella pelea que Yoh tuvo contra el demonio que ella engendró, había perdido la habilidad de leer las mentes (y realmente lo agradecía, ya que por fin podía salir de casa sin miedo) así que lo que la abuela decía era en verdad una nueva noticia.

Esa misma noche hizo sus maletas, Kino no había dicho nada más, pero Anna sabía se quedaría allá un largo tiempo, y también sabía una de las razones por las que debía ir. La pelea de shamanes se acercaba, y ahora todo el conocimiento adquirido mediante su duro entrenamiento debía ser utilizado para ayudar a Yoh.

No nos hemos visto en 3 años… pensó la itako mientras yacía acostada en su habitación, incapaz de dormir.

¿Cuánto habría cambiado Yoh?

¿Seguiría siendo el mismo sujeto amable?

¿Sería más fuerte que en aquel entonces?

… ¿Pensaba en ella tanto como ella pensaba en él?

Anna pensaba en él todos los días, se preguntaba cómo le estaría yendo, si se estaba esforzando, si se encontraba bien. Pensaba siempre en él, después de todo, había decidido entrenar tan duro para poder ser adecuada para él.

Trataba de no pensar mucho en trivialidades románticas, pues al final de todo, no importaba qué, ellos dos se casarían en el futuro. Pero ella aún estaba enamorada de él…

No habían sabido nada del otro después de aquella despedida en tren, él no le había mandado ni una sola carta y ella, aunque sí que había escrito mensajes para él, tampoco envió nada nunca. Ella no sabía si él aún pensaría que ella era linda, pero aún si no, ella no dejaría de amarlo.

La mañana del día siguiente llegó, y apenas teniendo oportunidad de desayunar, Anna tomó sus cosas y caminó hacía la salida de la enorme casa.

— Que tengas un buen viaje— se despidió la abuela Asakura con una sonrisa. Anna asintió con la cabeza después de acomodarse una tela larga y roja (obsequio del abuelo Yohmei) sobre la cabeza como si fuera un paliacate.

— Ya me voy— dijo, esbozando una sutil pero sincera sonrisa.

— Anna— llamó Kino en un tono serio, provocando que la aprendiz la mirara fijamente— tú no estás siendo enviada únicamente para ayudar a que mi nieto se vuelva más fuerte— avisó, y por un momento pareció que sus nublados ojos podían ver a la futura novia.

Anna permaneció inmóvil mirando a la mayor, sin entender bien aquello. ¿Los adultos aún querían que ella y su prometido desarrollaran lazos sentimentales?

La abuela suspiró, como si las palabras que se guardaba le resultaran pesadas, y entonces caminó hasta donde la adolescente rubia, y con un ademán le indicó agacharse. Anna obedeció sin ser consciente de ello y entonces Kino le colocó un rosario que se utiliza para los rituales.

— ¿Señora?

— Escucha bien, y no temas, la pelea de shamanes no es un juego. Aún si Yoh se vuelve fuerte eso no garantizará que sobreviva— la expresión de la Kyouyama se tensó, y casi se convertía en una de horror, pero Kino continuó—. Si Yoh pasa las pre-eliminares… Necesitamos que haya un heredero asegurado, no podemos esperar a que se conviertan en adultos y lamento mucho eso, pero no podemos permitirnos correr riesgos.

La abuela agachó el rostro y curvó los labios en una sonrisa inversa.

— El lugar de Yoh dentro de los aspirantes a rey no es un hecho, pero confío en que harás lo necesario para que así sea, además, necesito que estés preparada mentalmente— continuó hablando la Asakura, y de nuevo suspiró—. Es horrible pedirte esto, ya que eres tan solo una niña…

— Se equivoca— interrumpió la rubia, y puso una mano sobre el rosario recién obsequiado— yo soy la mujer que se convertirá en la esposa del Shaman King— declaró con suma decisión.