Shingeki No Kyojin no me pertenece. Mis respetos a su respectivo creador.
[Short-fic] [EreHisu]
Advertencias: drogas, palabras obscenas, sexo explícito.
Bastardo Suicida
One
Historia vivía con un sinsabor por la vida. Tenía un hermoso penthouse con una maravillosa vista, personas a su servicio dispuestos a cumplir todos y cada uno de sus caprichos, pero para ella, no había nada verdaderamente significativo.
Nada. Nadie.
—¿Te gustó?
—Hmp.
Reiner respiraba entrecortadamente echado en uno de los lados de la cama, con una sonrisa autosuficiente que no alcanzó a Historia. El mariscal de campo del equipo de fútbol americano y la "reina" de Titan High School hacían esa pareja que todo el mundo catalogaba de perfecta.
"Perfecta y una mierda"
Pensó la rubia, deslizándose fuera de las sábanas y cubriendo su desnudez con una fina bata de seda azulada. Desde que Ymir se había ido del país, su vida era una monotonía diaria. Historia ya no sentía nada. Y no sabía si eso la aterraba.
Su mayor estado de emotividad era provocado por las esporádicas visitas de su hermana mayor, la cual, pocas veces veía.
Así que a fin de cuentas nada tenía sentido. Ni los besos devotos de Reiner, ni las adulaciones de todos los que conformaban su vacío entorno.
Todo era repetitivo. Llegar al instituto, ser seguida por un séquito de lame suelas, tener en sus manos todo lo que se le antojara con un suspiro; "Historia, ¡qué lindo cabello tienes! ¿Qué productos usas?" "Qué envidia, tener a Reiner Braun para ella sola..." "Historia, ¡me encanta tu falda!" "¡Qué bella te ves hoy, Historia!".
"Patéticos"
Todo pintaba seguir esa rueda de nunca acabar. Todos los días pintaban igual. Excepto un viernes; un día que todo cambió. Un día que un color esmeralda le llamó la atención.
Eren Jaeger regresó de Marley.
Historia oyó aquella noticia con aburrimiento; recordaba al chico, era de su generación, conocido por todos por ser un imbécil con las ideas más descabelladas y absurdas, por lo que terminó gracias a Jean con el apodo del "bastardo suicida".
Una nueva noticia que rompía con los esquemas de todos los días. Pero, a ella no le importaba eso. No era el nerd de la clase ni la espeluznante gótica para alegrarse por eso.
Más, cuando lo vio, el muchacho era totalmente diferente de como lo recordaba. Sus ojos se abrieron ligeramente más de lo normal cuando divisó al altísimo y delgado chico de largos cabellos castaños, barba incipiente y aburridos ojos esmeraldas.
Tan aburridos como los de ella.
Cabe resaltar que al pasar por su lado, Eren la ignoró olímpicamente, como a todos a su alrededor. Sólo recibió una mirada de reojo que Historia dudó de si era real o no.
"Interesante"
El resto de los días el instituto se le hacía más insoportable; los pasillos estaban repletos de murmullos referentes al muchacho, donde quiera que fuera el nombre del chico Jaeger llegaba a sus oídos como persiguiéndola. Era como si el destino se esforzara si o sí en que lo tuviera metido en la cabeza. Eso era frustrante, agobiante.
Estaba harta.
Las semanas siguieron su curso y ver al revolucionado joven era ya algo normal. Historia ya estaba acostumbrada a sus miradas petulantes y desinteresadas, al grave sonido de su voz llegando a sus oídos y a los bonitos abdominales que dejaba ver en las clases de gimnasia, que, sin mucho agravio, internamente reconocía encontrarse a sí misma mirándolos más de lo normal.
Historia no supo en qué momento comenzó a preguntarse como se sentiría tocarlos. Tenerlos encima, o debajo de ella.
No cruzaban muchas palabras. Y la rubia se hallaba sorprendida del nulo interés que el muchacho mostraba por ella. Y eso comenzaba a ser irritante; era del único que recibía no miradas de embeleso, sino todo lo contrario. Como si la repudiara.
"Imbécil"
Quizás por eso posteriormente comenzó a pasearse por ahí, casualmente por los sitios donde más paseaba Jeager, con un extra de perfume o minifaldas más cortas.
—¿Qué quieres, Historia?.—Eren no tenía tapujos en la lengua y el día que estuvieron uno junto al otro en la biblioteca con un mismo propósito el chico la confrontó. Ella solo se hizo la desentendida.
—¿Querer? ¿Qué voy a querer de alguien como tú?
—¿Vas a decirme que el que frecuentes las barras, mis clases, enfurezcas a Mikasa y vistas como zorra es pura coincidencia?
La bofetada resonó en todo el lugar, rompiendo el silencio. Con la rabia carcomiéndola, Historia se fue del lugar.
Jamás se había sentido tan humillada.
Los días consecuentes evitó a Jaeger como a la peste. Y prontamente todos llegaron a la misma conclusión que ella de que el muchacho se había convertido en un arrogante y petulante; ni el conserje era tan odioso y cortante como ese chico.
¿Qué demonios lo había cambiado tanto?
—¡Historia!—. Una mañana la bulliciosa Sasha "glotona" Braus se metió en su camino. Aunque internamente reconocía que era de las pocas personas que le causaban cierta simpatía—. ¿Vendrás a mi fiesta?
La rubia tomó la tarjeta de invitación que Braus le extendía. La miró casi bostezando.
—¿Es a las afueras?
—Sip. Mi familia maneja un campamento de verano, hay muchas cabañas y un lago cerca. Puedes anotarte en el autobús que llevará a un grupo... ¡Qué digo!—La chica rió nerviosamente.—No creo que lo necesites.
Sasha tenía razón. Historia no tenía ni la más remota intención de subir en un autobús con sus molestos compañeros, menos, si existía la posibilidad de que Jaeger viajara ahí también.
"Otra vez estoy pensando en ese idiota..."
Su chófer la llevó por la tarde, después de que el autobús ya había arribado con todos los chicos invitados por Sasha. Los jóvenes contemplaron con fascinación ver a la menuda rubia bajar, glamurosa como ella sola, del sofisticado vehículo que su tío Uri le había regalado al cumplir dieciséis.
Historia caminó ignorándolos, oyendo los mismos comentarios de siempre y los piropos propinados por adolescentes hormonales, hasta donde Reiner le ofrecía su brazo. Rodó los ojos antes de tomarlo y entonces sus oídos distinguieron una molesta risa.
Eren la miraba divertido. Y eso en serio la irritó.
Lo suficiente como para arrastrar consigo a Reiner a la primera cabaña apartada del resto y saciarse del corpulento chico por un rato.
Después de acomodarse la ropa, Historia buscó a Sasha quien le indicó cual era la cabaña asignada para ella. Pasarían el fin de semana entre cervezas, música estridente, bailes y casi nada de ropa.
La joven Reiss suspiró cuando hubo acomodado su espacio. Ella no compartiría la amplitud de la cabaña con nadie, por pedimento propio, así que el espacio estaba lleno de una soledad circulante. Se suponía que ya lo había aceptado, que estar sola era lo cotidiano desde que tenía memoria. Y que estaba bien, pero era inevitable sentir un pinchazo en su pecho al ver por el pequeño balcón que daba una majestuosa vista del lago, a Sasha tratar de hacer reír a la inexpresiva Mikasa Ackerman.
Como extrañaba a Ymir.
Por fortuna unos toques en la puerta la extrajeron de su melancolía.
—Historia—. Siempre amable Arlert le sonrió acomodándose esos pastosos anteojos que ella juraba eran más enormes que su cara—. Venía a invitarte a la fogata, dará comienzo a las ocho y...
—Vale, ahí estaré—el muchacho asintió, se dio la vuelta, ya no había nada más por hacer ahí.—Gracias, Armin—Y se detuvo tras oír el casi murmullo de Historia. Todo un suceso ¿había oído bien? Historia Reiss le había dado las gracias.
Wao.
—No hay de qué.—Y se fue.
El atardecer dio sus primeros vestigios con prontitud e Historia se valió de las puntas de sus pies para apreciarlo en su totalidad desde la barandilla del pequeño balcón. Vio pasar a Jean y Marco Bott charlando animadamente entre ellos sobre algo que, sin lugar a dudas, hacía reír al muchacho pecoso y avergonzaba al caballo. También oyó a Springer reírse sonoramente varias veces, de un modo que se le hizo irritante... pero también gracioso.
¿Qué estaba haciendo?
"Esto es tan ridículo"
Cayó en cuenta de la realidad. Estaba ahí, contemplándolos a todos ir y venir, mirándolos con un deje de superioridad que no le pertenecía, como lo haría una reina desde su balcón real. ¿Qué la hacía verdaderamente más valiosa que esos chicos? Nada más hacerse esa pregunta rayaba en lo vanidoso. Pero Historia no sabía qué hacer, ya había alzado esa reputación frente a ellos y no podía simplemente ir allá, sonreírles y hablarles como si fueran sus amigos de toda la vida.
¿O sí?
Sus divagaciones se mudaron a un segundo plano cuando, enterrándose en ella como alfileres, los ojos de Eren Jaeger la hostigaban desde la distancia, mostrando su maldito abdomen bronceado y perfecto, con la brisa moviendo sus cabellos y los pies descalzos en el borde del lago. Solo usaba esos vaqueros desgastados que para variar le quedaban sueltos, a lo que, por un amago de misericorde suerte, censuraban justamente lo más impúdico de la anatomía masculina. Los pobres rayos de Sol le daban un aire mitigo que sin poder contenerse a Historia la hizo jadear. Y el color turquesa se tornó supremamente llamativo.
Fue como congelar un instante en el espacio.
De repente tenía mucho, mucho calor.
Tan así que no fue hasta que Reiner, musculoso con él solo y tan expuesto como Eren, pasó un brazo por los hombros del altísimo petiso, en señal de camaradería. Eren se desentendió en el acto y le siguió la onda a Reiner, batiéndose en luchas con el rubio hasta quedar mojados y cundidos de arena; la faena resultó exquisita para los inquisidores ojos femeninos. E Historia no fue la excepción. Y no precisamente por Reiner.
Así, pudiendo encontrar por fin una excusa para salir de la humedad de la cabaña cinco estrellas, la rubia tomó su mascada y se calzó unos Adidas que luego lamentaría ensuciar. Allá abajo recostó su menudo cuerpo contra el tronco del árbol más agradable que halló y se entretuvo con la vista que ofrecían los dos mastodontes allá afuera. A pesar de que Eren carecía de la fuerza bruta de Reiner y la bramura de unos músculos de acero, sus bloqueos a los golpes del corpulento chico eran efectivos y rivalizaba con bastante ímpetu.
Historia pensó que eran unos estúpidos, pero al mismo tiempo fue incapaz de apartar la mirada. Las gotas de sudor comenzaron a descender por los hinchados músculos de Eren, por la marcada espalda, en la que ella imaginó hundir sus dedos y trazar líneas con sus perfectas uñas por toda su extensión.
"¿Pero qué estoy pensando?"
Se mordió el labio sin poder evitarlo, sintiendo que un cosquilleo la recorría completa. Los jadeos de Eren opacaron fácilmente los de Reiner. Eran más sugestivos, más enigmáticos, más desconocidos, más todo.
Se abrazó a sí misma y juró sentir llamaradas devorarla cuando, de nueva cuenta, dos esmeraldas barrieron su cuerpo con un algo indescifrable más una nubosidad abrumadora. Ahora, los ojos de Jaeger eran más oscuros.
Historia pensó una palabrota y se reprendió mentalmente por ello.
Más arena, más agua, más sudor. Y gotas, gotas, más gotas.
Un desliz de Jaeger. Un puñetazo de Reiner.
—Diablos.— escapó de la boca de Historia cuando, con una brusquedad animal, Reiner arrojó varios metros sobre el agua al muchacho Jaeger. Como un saco de papas.
—¡Eren!—exclamó entonces Mikasa, corriendo como alma que lleva el diablo seguida de Armin. Se despojó del vestido oscuro revelando unas curvas de infarto y se arrojó tras el chico con la intención de salvarlo.
"Qué exagerada"
No era para tanto. Aunque sin dudas debió haber recibido un fuerte impacto del agua. Historia se desentendió de la situación y se esforzó por librarse de la calentura que había ascendido como tornado en su cuerpo.
—¡Hisu!—Sasha se enganchó de uno de sus brazos y la llevó quien sabe a dónde. Así, la rubia dio un último vistazo al incidente: Reiner movía los brazos en modo de disculpa hacia una iracunda Mikasa mientras Eren recibía el paño que Armin -alias el nerd- le extendía.
—Mikasa, fue sin querer, en serio. No sé qué demonios le pasó al idiota de Eren, nosotros solo...
—Ni una palabra, animal.
—Ya te he dicho que dejes de defenderme.—Fue inevitable alzar las cejas de sorpresa cuando Eren irrumpió subiendo el tono de voz con clara irritación—. No es tu puto problema, Mikasa.
—Pero Eren…
—¡Venga, qué ya!—añadió ya harto, mirándola con un enojo ofensivo. Historia chocó con unas rocas; joder, debía mirar al frente.
La fogata se dio amenamente. Thomas Wagner trajo consigo una guitarra acústica y su melodía tuvo la intención de transmitir una agradable tranquilidad, Mina y Hannah se hallaban abrazadas sobre uno de los tantos troncos tarareando una linda melodía que Historia desconocía. Sasha le brindó una sonrisa de arrullo antes de ir a ponerse junto a Connie, quien bebía de su cerveza como si no hubiera un mañana. Más chicos vinieron, aproximándose, algunos más sudorosos, otros risueños y quienes hablaban por los codos. Historia abrazó a sus piernas; la brisa era sonsacadora de suspiros por aquella época del año, el aire se le impregnaba en la limpia y tersa piel. Todo era calmado hasta que Reiner se aplastó a su lado acompañado de Bertholdt casi haciéndola caer del tronco por el peso.
—Hey, reina.—Su novio le acercó una lata de cerveza. Ella la aceptó sin mayores pretensiones y le dio un sorbo siguiendo discretamente la integración del "bastardo suicida" con el grupo. Desvió su propia mirada al hallarse directamente con la de su objetivo.
"Ups"
Era ya casi media noche cuando su estómago estuvo hasta el borde de salchichas e incontables cervezas consumidas. Tenía las mejillas encendidas y escuchaba las anécdotas vergonzosas de un grupo de desconocidos con los que, no supo cuando, terminó riendo. Sasha había caído dormida luego de comer hasta lo indecible, Jean balbuceaba incoherencias a su lado y Bertholdt no paraba de llorar. Eran los únicos conocidos que divisaba. Volteó hacia uno de los árboles contiguos al lago, encontrándolo en la desolación inusitada. Se suponía que Armin y Annie seguirían ahí aplastados hablando entre susurros con los rostros casi pegados.
Se levantó, temblorosa, pensando en qué momento había perdido de vista a Eren. No lo veía. Oh, ahora que lo recordaba, Reiner también se había ido al carajo al parecer. Perfecto, ¿debería buscarlos? ¿A quién buscaba primero? ¿Era de muy mal gusto sentir mayor agravio por localizar a Jaeger que a su troglodita novio?
Una figura borrosa pasó a su lado como alma que lleva al diablo y a Historia le costó errores confirmar que aquella no era más que Mikasa, subiendo la calzada hasta alcanzar dos faroles de un coche en medio de la nada. Un bonito deportivo; Historia dio un silbido. Sí que era bonito.
Un momento: Mikasa Ackerman, yéndose casi a medianoche en un bonito deportivo en medio de la nada.
"Debo decirle a Eren"
Dio unos pasos en falso, determinó que quizás el culo le pesaba de más y que por eso se cayó de bruces en el suelo. Maldijo en voz alta ¡qué bueno que todos estaban hasta el culo de ebrios! No quería ni imaginarse la sola idea de la cara que pondrían al escuchar a la perfecta Historia decir una palabrota.
Así que, empezó a reírse. Sola y boba. Boba y sola, como si le hubieran contado el chiste más gracioso del mundo.
"Tal vez ese chiste soy yo"
—¿Qué te da tanta risa? —Una voz rasposa llegó a sus oídos. Levantó la mirada; creyó que se trataba de un raro espejismo, pero no, ahí estaba Eren.
—¡Tú!
Extendió los brazos al chico, riendo aún. Después de todo estaba ebria.
Eren la ayudó a reincorporarse, el aroma a cerveza y un deje de ron llegó a la nariz de Historia. Una vez de pie la rubia siguió tambaleándose, sus piernas fallaron, pero ésta vez el muchacho Jaeger no la dejó caer.
—Joder estás hasta el culo…—Lo escuchó decir y un jadeo escapó de la garganta de la rubia cuando Eren la tomó en brazos.
El bronceado muchacho la sostuvo a modo princesa y la llevó consigo a la orilla del lago, apenas manteniendo el equilibrio al moverse. Historia ni siquiera supo como habían llegado ahí; cerró sus ojos y se permitió sentir el calor que emanaban los pectorales lisos de Jaeger, a pesar de que ahora estuviera separada de esa piel a causa de una camiseta verde olivo. Tratando de tener cuidado, Eren la colocó en la arena, a su lado. Uno junto al otro, con algunas risas muertas de Historia contemplaron el agua a sus pies. El reflejo de la luna hacía al lago tan atrayente.
—¿Por qué eres tan mierda conmigo? —preguntó la rubia, abrazándose a sí misma haciéndose ver más petisa de lo que era, mientras Eren acariciaba una de sus orejas con suavidad.
Si así era el chico Jaeger ebrio, deseaba que estuviera ebrio por la eternidad.
—Porque eres una mentirosa de mierda.
Los ojos le picaron de inmediato a Historia y un dolor terrible inundó su pequeño pecho. De repente la magia se quebró, solo quería levantarse y encerrarse en su cabaña. Más los brazos de Eren no se lo permitieron; la envolvió con su cuerpo negándole cualquier intento de escapar.
Y joder que Eren era caliente, caliente, tan caliente.
—Eres una mentirosa de mierda contigo misma, Tori. Bueno, prefiero que seas una perra al pan dulce que fingías ser antes.
—Te volviste un mierda.
—Tú también.
Entonces la rubia reparó en como la había llamado.
—¿Me dijiste "Tori"?
—Seh.
—¿Qué es eso de "Tori"?
—Es un apodo. Qué pereza llamarte Historia, joder. "Historia" es muy formal. —dijo el chico, pasando sus palmas tibias por el vientre de la chica Reiss, causándole escalofríos.
—Creo que ambos hemos cambiado.
—Estoy de acuerdo.
Historia se soltó de Eren, se puso de rodillas como pudo en la arena, hipeando y respirando por la boca. Encaró el rostro cansino del muchacho, dejó todo de lado y sostuvo el rostro de él entre sus manos. Se hundió en su color verde, azul, esmeralda, indescifrables. Los ojos de Eren eran como las joyas preciosas que codiciaba su mamá.
Su mamá codiciaba joyas y ella codiciaba a Eren.
Así que el beso fue hambriento, lúcido, demandante y borroso y una estela a la vez. Eran expertos en ser bestias e Historia lo besó con furia contenida. Jaeger la sostuvo firmemente de la cintura y respondió sin muchas ganas, entonces, la apartó.
—Así no—murmuró apartando mechones rubios pegados a la cara de la sudada chica—Así…
Eren hizo del contacto algo más íntimo. Unió sus labios con los de ella suavemente, casi en cámara lenta, con la respiración errática y cálida desparramándose en ella. Movió los labios sobre los de Historia y sin romper el contacto, hizo uso de su lengua para deslizarse sobre el inferior, humedeciéndolo. Humedeciéndose la entrepierna de Historia también. Hundió una de sus grandes manos en la cabellera de la rubia y la instó a sentarse sobre él, con las piernas a cada lado de su largo cuerpo, aventurándose en la boca de la chica y encontrando la lengua de ella también.
Y se besaron una y otra, y otra vez. Hasta que necesitaron respirar.
Recobraron sus respiraciones, mirándose con un deje de deseo inevitable. Querían tragarse, devorarse y desvanecerse ahí.
Eren estuvo a punto de volverla a besar, pero colocando las manos sobre su pecho Historia lo detuvo.
—Espera. —Había recordado algo—. Vi a Mikasa.
—¿Qué con ella?
—Se fue en un auto, en un deportivo caro.
—¿Insinúas que ella no puede subirse en un deportivo caro? —Ella resopló molesta.
—¡Eso no fue lo que dije, Eren! —De improvisto el chico se comenzó a reír, confundiéndola.
—Tori, no es mi problema. Valoro tu preocupación, pero Mikasa puede cuidarse el culo por su cuenta.
"Si que has cambiado, Eren"
Y volvieron a besarse.
Y cuando sus cuerpos no dieron más, a abrazarse.
Y Eren la acarició… Hasta que se quedó dormida.
¡Hola! Pues yo no aprendo y el EreHisu me dominó lo suficiente como para dedicarle unos capítulos de una historia hecha por mi loca cabeza, je.
Así abro las puertas a otra de las parejas que más me gustan de SNK y si, planeo traer mucho de ellos, asie asie.
La canción base de este fic (y del EreHisu en general por ahora, para mí) es "Señorita" de Shawn y Camila.
En mi página de Facebook (el link lo encuentran en mi perfil) encontrarán más cositas (: Aunque ahorita está mayormente llena de RivaMika, planeo traer cositas EreHisu con los Sims 2 como ya lo hice con RivaMika.
Se despide
MioSiriban
