Bienvenidos a esta nueva historia.

TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS

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Capitulo 1:

Caminaba de un lado a otro por el largo e impersonal pasillo de hospital, todo era demasiado blanco y monótono como para proporcionarle algo de confort. Los médicos habían dicho que algo iba mal con ellos y luego habían desaparecido detrás de unas puertas dobles impidiendo su paso. Su padre lo veía impotente desde la silla ubicada al final del corredor y su madre, junto a él, lloraba en silencio debido a la angustia de su único hijo.

Ellos habían luchado tanto por llegar a ese día y el destino parecía ensañado con él. La vida de su mujer e hijo corrían riesgos y nunca se había sentido tan inútil como en ese momento.

Ni siquiera cuando tuvo que buscar la forma de asesinar a Dumbledore había experimentado una desesperación de ese tipo. En ese momento su vida y la de su madre habían estado en riesgo y aun así él tenía en sus manos el poder para salvarse. Pero ahora eran su esposa e hijo los que peligraban y él no podía ayudar en nada.

Astoria estaba tan feliz esa mañana. Ella había estado terminando de decorar el cuarto de Scorpius con Snitchs doradas de felpa. Él se había ido a trabajar luego de sentir los movimientos de su hijo, como cada mañana desde que él había comenzado a patear. Pronto estaría con ellos y formarían la familia que habían estado buscando los últimos seis años.

Mientras estaba en su oficina, cerrando unos balances de ganancias, un patronus en forma de zorro apareció enfrente de él. Era Theodore avisando que Astoria había caído de una escalera y había sido ingresada a San Mungo de urgencia. Le pareció una eternidad el tiempo que demoró en llegar a su lado.

Él se había casado con Astoria tan solo un mes después de terminar Hogwarts. Como parte de su libertad condicional el Wizengamot lo había obligado a cursar el último año y lo había puesto en la torre de premios anuales solo para que no tuvieran contacto con otros Slytherins. El aislamiento era parte de su condena, la otra parte era convivir con una hija de muggles y heroína de guerra.

Su madre había convencido al padre de Astoria de que Draco sería un buen esposo, luego de que ella fuera condecorada con la orden de Merlín de tercera clase por haber ayudado a Harry Potter durante la batalla final.

El señor Greengrass había aceptado solamente porque Narcissa había ofrecido una cuantiosa suma de dinero en forma de dote.

Lucius debería pasar cinco años en prisión y tendría prohibido el uso de la magia hasta el día de su muerte. La familia Malfoy habría tocado fondo de no ser por Narcissa y Draco no pudo negarse a cumplir la voluntad de su madre.

El y Astoria no se conocían para nada cuando se casaron. Pero con el tiempo construyeron una amistad y ella lo sacó de la oscuridad en la que vivía. Su esposa jamás había odiado a los nacidos de muggles y de hecho, ella apreciaba al mundo muggle y a todos los que en él vivían. Astoria Malfoy, con su carácter suave y sumiso había calmado un poco el atribulado corazón de Draco.

En los últimos años ella había deseado tanto un hijo que él había querido complacerla solo para verla feliz. Y ahora estaba en ese frio pasillo a punto de perderlos a ambos. Según su madre, Astoria se había descompensado antes de caer por las escaleras. Según los medimagos ella padecía algo llamado eclampsia. Draco estaba terriblemente asustado. No sabía a qué se enfrentaban

Una hora más transcurrió mientras devoraba los escasos metros de pasillo con sus largos pasos. Una hora en la que nadie había salido a decirle como estaban su esposa e hijo. Estaba a punto de interrumpir en la sala a la fuerza cuando un fuerte llanto infantil cortó el sepulcral silencio, solo roto por sus pasos desesperados.

Scorpius Malfoy había nacido, y por su fuerte berrido el estaba sano y salvo. Una hora más tuvo que transcurrir hasta que una enfermera vestida de verde le entregó el gimoteante bulto. Su hijo se veía algo morado por el esfuerzo que había hecho para nacer, pero estaría bien.

Su cabecita estaba cubierta de un fino bello rubio y sus ojos se habían visto tan grises como los suyos en los breves instantes que los mantuvo abiertos. El era hermoso y era su sangre.

Cuando la impresión de ver a su primogénito menguó, Draco comenzó a preguntar por el estado de la madre. Los ojos de la enfermera se empañaron con lágrimas que se negaba a soltar. Eso detuvo el corazón de Draco.

- Ella ha perdido demasiada sangre Señor Malfoy. Los médicos han intentado todo lo humanamente posible pero… en verdad lo siento, ella lo está esperando para despedirse

Draco dejó a Scorpius en las expertas manos de su madre Narcissa y se precipitó hacia el cuarto donde habían llevado a su mujer. Los médicos la habían desahuciado, había sufrido una gran hemorragia y su útero no había podido ser reconstruido, a pesar de lo avanzado de la medicina mágica. Ellos solo estaban esperando a que ella muriera.

Ella yacía tendida, mortalmente pálida con su cabello castaño pegado a las sienes, viéndose diminuta en la cama de hospital. Una rosa roja florecía en la sábana blanca que cubría su maltrecho cuerpo. Draco sabía que un sangrado de ese tipo no era normal. Ella definitivamente iba a morir dejándolo solo con el hijo de ambos.

- Astoria.

-Draco. ¿Lo has visto?, él es perfecto…

- lo es querida, nuestro hijo es perfecto.

- me hubiese gustado verlo crecer.

Las lágrimas bañaban el rostro de Astoria y quemaban los grises ojos de Draco. Era injusto. Él era quien había cometido todos esos pecados en el pasado. Ella siempre había sido una criatura pura, noble. Era él quien debía morir y no su esposa que ningún daño había hecho en su vida, ella solo había cometido un error en toda su vida, y ese error había sido casarse con un Malfoy maldito como él era. Su hijo necesitaba a su madre viva. Él, por otro lado...

- lo verás crecer Astoria. Te pondrás bien, tú eres fuerte.

- no es cierto Draco estoy muriendo. Perdóname por abandonarlos, no quiero hacerlo.

- entonces no lo hagas. No te vayas, ¿que haremos sin ti Astoria?. Eres mi mejor amiga, eres mi esposa, mi amante, no puedes dejar a nuestro hijo sin su madre.

- lo siento Draco. Dile, dile a Scorpius que su madre lo amó infinitamente, aun antes de que él naciera. Hazlo sentir amado Draco.

- no puedo solo Astoria.

- si puedes, se que puedes. No lo rodees de cosas materiales, dale tu afecto, eso es lo más importante.

- él necesitará a su madre Astoria. Por favor mi amor no me dejes.

- búscala Draco. Búscala, ella te ayudará.

-¿de qué hablas?

- sabes de quien hablo. Sé que aun la amas. Tu corazón jamás me perteneció Draco. Búscala, ella es buena, ella es digna de cuidar a mi bebé.

Draco sabia de quien estaba hablando Astoria. Él aun conservaba una imagen de ella dentro de la copia de la historia de Hogwarts, que ella le había obsequiado cuando acordaron una tregua para poder convivir en la torre de premios anuales.

Astoria hablaba de Hermione Granger, la bruja nacida de muggles con la que había mantenido un romance durante su último año de escuela. Él había soñado con casarse con Hermione una vez que salieran de Hogwarts, pero ella había desaparecido sin rastros luego de la graduación y jamás contestó sus cartas. Eso había destrozado su corazón.

Ni siquiera Potter supo decirle donde ella estaba realmente, aunque él se había humillado rogando por información. Finalmente él se había resignado a su ausencia y terminó contrayendo matrimonio con Astoria por pedido de su madre.

- tú debes cuidar a tu hijo Astoria. Él te necesita a ti.

- No puedo hacerlo, lo siento. No cierres tu corazón, no te quedes solo y no dejes solo a mi hijo. Promételo Draco. Promete que lo cuidarás y la buscarás para que cuide de ambos.

- Astoria…

- promételo Draco, déjame morir sabiendo que a mi hijo no le faltará amor.

- lo prometo…

Las lágrimas bañaban el rostro cansado de Draco Malfoy. La mujer que lo había acompañado los últimos años había muerto en sus brazos y él no podía hacer nada para evitarlo. Su hijo había perdido a su madre aun antes de tener edad suficiente para recordarla. Y él, él había perdido el último vestigio de luz al que se había aferrado.

Draco se sentía maldito. Cada vez que intentaba abrazar la luz terminaba perdiéndola irremediablemente. Primero fue Hermione, ella lo había perdonado y comprendido cuando ni él mismo podía hacerlo. Ella le había dado una probada del paraíso solo para hundirlo en el fango. Fango del que Astoria lo había rescatado, solo para dejarlo caer nuevamente, pero esta vez con un pequeño niño a cargo que dependía completamente de él.

Solo esperaba tener la fuerza suficiente para no arrastrar a su hijo hacia el infierno, donde él pertenecía.

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N.a: nueva historia. Espero que les interese. Seguramente actualizaré una vez cada fin de semana. Si les gustó y quieren hacerme sabe sus opiniones adoro leer sus comentarios.

Si les interesa también tengo otros dos dramiones terminados, y uno a punto de concluir en mi perfil, siéntanse libres de recorrerlo. HASTA LA PROXIMA!