COSMOS CONGELADO

Capítulo Uno.

Nota de Autor: Si bien estoy consciente que, en los Caballeros del Zodiaco son más famosos Kamus y Milo, Degel y Kardia vivieron en una época mucho más cercana a Elsa, en el siglo XIX, por lo que no tendría que explicar como es que los caballeros de Atena se toparon con la Reina de Arendelle en tiempos no concordantes. Además, aún cuando Kamus y Milo son grandes amigos, me gusta más el lazo que tienen Degel y Kardia, pues existe una necesidad: la condición cardiaca del Santo de Escorpión, y como médico, fue lo que me llamó la atención explorar. Por favor, denme una oportunidad.

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El Bosque Encantado se encuentra chispeante de energía, esperando la llegada del anochecer, mientras todos los animales habían ya encontrado su lugar para pasar la noche, estas noches de otoño que de a poco en poco empezaban a llenarse del aire frío que presagia el arribo del invierno.

Bajo este atardecer aún cálido, la Guardiana Protectora del bosque, la antigua Reina Elsa de Arendelle, se encuentra sentada en la orilla del campamento de los Northuldra, con su cristalina risa embelleciendo el bosque, mientras entre sus manos juguetea su adorado Bruni, el travieso espíritu del Fuego que disfruta de entretenidos brincos entre los helados dedos de la joven. Parece como si el espíritu sintiera placer al bajar su temperatura corporal gracias a la naturalmente baja temperatura de la rubia. La felicidad de Bruni le produce alegría a la albina, sumada al cosquilleo de sus pequeñas uñas sobre la delicada y pálida piel. A su lado, su mejor amiga, Honeymaren, se encuentra acariciando la cabeza de un reno bebé, disfrutando también de las travesuras y piruetas del pequeño espíritu, acompañando la risa de la protectora del Bosque.

Pero de pronto, como si hubiera escuchado o sentido algo que escapa a la percepción humana, Elsa levanta la mirada al este, su cuerpo rígido y atento, haciendo un esfuerzo evidente en lograr que sus sentidos incrementen su alcance.

"¿Elsa?" Le pregunta su amiga, al notar la actitud de la joven, actitud imitada a la perfección por la pequeña salamandra. "¿Pasa algo?"

Elsa no cambia su posición, únicamente sube un delicado dedo a los labios, solicitando silencio, mientras agudiza los oídos. La antigua reina de Arendelle no puede oír ni escuchar nada raro, pero su pecho se siente constreñido por una fuerza que no logra dilucidar. Y nota que Bruni también empieza a encender su lomo, gruñendo.

"Llévame, querido amigo. Quiero ver." Sin ignorar de forma intencionada a su amiga, pero sin volver la mirada atrás, Elsa inmediatamente se levanta del lugar, y como si hubiera estado esperando ese movimiento, del pequeño río que pasa a su lado se forma la imponente figura de Nokk, el Espíritu del Agua. Sin pensarlo dos veces, Elsa se arroja sobre el caballo acuático y de inmediato salen disparados hacia el este, dándole la espalda al sol, seguidos muy de cerca por un llameante Bruni.

"¡Elsa! ¡Espera, no vayas sola!"

Pero el Quinto Elemento, acompañada por los otros dos, galopa como un demonio hacia la creciente oscuridad del bosque. La joven morena iba a gritar de nuevo, cuando el viento revolotea las hojas alrededor de ella, haciéndola girar sobre su propio eje, mientras grita una petición al preocupado espíritu.

"¡Gale! ¡Ve por ella! ¡Protege a nuestra diosa!"

El viento arrecia, como si asintiendo, y las hojas se esparcen en la misma dirección que habían tomado los otros elementos.

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"¡Por favor, se los suplico! ¡Déjennos en paz!"

Los gritos retumban y destruyen con su eco la paz que habitualmente reina entre los árboles. Dos hombres vestidos con armaduras totalmente negras, rodean a una joven mujer Northuldra que protege a un bebé en sus brazos. Las carcajadas de los villanos resuenan en el bosque con el mismo eco, pero mayor potencia que la voz de ella, mientras la empujan de un lado a otro, como si estuvieran jugando un juego macabro, creando terror en ambos corazones inocentes.

"¿Pero por que quieres irte, muñeca? Solo queremos dos cosas de ti: Información y… divertirnos un rato." El primer hombre reinicia su carcajada.

"Nos hemos sentido muy solos desde que llegamos hasta aquí. Prometemos ser buenos contigo." El otro se carcajea también y avienta a la joven hacia su compañero, pero en la trayectoria esta tropieza y cae al suelo, abrazando con fuerza al pequeño en sus brazos.

"No se que quieren de mí, pero no tengo nada de información, ¡no puedo ayudarles!"

Los dos hombres se miran uno al otro, y sus sonrisas se ensanchan con las palabras de ella.

"Bien. Si no tienes información, al menos sí nos podemos divertir contigo."

Con eso, los dos se abalanzan hacia la joven, quien grita de terror, pero en eso una ráfaga de hielo golpea a uno de ellos y lo lanza lejos de la mujer, estrellándolo contra un árbol, al cual parte en dos.

"¿Qué significa esto?" Elsa llega con Nokk al lugar, su mano aún extendida después de haber lanzado el ataque. Pero en lugar de acobardarse, el hombre que aún se encuentra de pie sonríe con mayor malicia.

"¡Oh! ¡Muy bien! ¡Que bueno que llegaste, lindura! Parece que después de todo no tendré que compartir la carne con nadie. Y la verdad, estoy satisfecho: tú eres más bella que esta pordiosera."

"¡Detente ahí, rufián, o te las verás conmigo!" A pesar de detestar la violencia, Elsa trata de mostrarse intimidante, pero el guerrero ha visto mucho peor, por lo que sólo sonríe y se lanza sobre de ella. Sin embargo, la Reina de Hielo está lista, y en un gesto, ordena a Bruni que lance una llamarada de fuego, que envuelve al malandro completamente y lo hace gritar, girando por todos lados para apagar las llamas que envuelven su armadura.

Elsa sonríe, satisfecha, y luego se dirige a la joven, sin embargo, antes de poder hablar con ella, un cuerpo duro colisiona contra la albina, derribándola del caballo, Nokk eleva las patas delanteras y relincha al sobresaltarse ante el ataque sorpresivo. Ambos cuerpos caen al suelo, pero el hombre es evidentemente más fuerte que ella, por lo que la mantiene cautiva contra el piso con el peso de su cuerpo, mientras con sus manos sujeta las muñecas de la albina contra el duro suelo.

"Has de verte a ti misma como toda una heroína, ¿no, preciosa?" El segundo asaltante se había recuperado, y la tomó por sorpresa, una lección que Elsa no piensa olvidar… si logra zafarse de las garras de este tipo que la asquea. Dicho tipo se relame los labios mientras su sonrisa se hace aún más maliciosa. "Creo que voy ganando, ¿tú como ves?"

Pero Elsa no se inmuta, al contrario, a través del contacto con sus muñecas congela el cuerpo del intruso excepto la cabeza, de manera que no lo asesine. Del dolor del frío tan intenso que congela su armadura, el hombre grita, mientras la albina se libera de su agarre, sólo para lanzar otro poderoso proyectil de hielo, dirigido al segundo rufián que ha apagado el fuego, y empieza a recuperarse.

"¿Estás bien?" Elsa se incorpora, mientras se acomoda el vestido y se sacude las hojas secas que se han prendado de él. La joven Northuldra sólo asiente, abrazando fuertemente al bebé que continúa llorando, aún asustado. Una vez más tranquila, la Reina de las Nieves grita al viento. "¡Gale! Avisa a los gigantes, los necesito aquí." Pero apenas Gale se retira, como si la hubiera escuchado, llega el hermano mayor de los Gigantes de Piedra, e inclina su cabeza en señal de reverencia. Elsa extiende la mano para tocar la nariz del gigante, en su gesto habitual de saludo. "Gusto en verte, amigo mío. Necesito que me ayudes con estos malandrines. Llévatelos lejos, a las cuevas del norte. Enciérralos ahí un par de días en lo que piensan lo que han hecho, y yo pienso lo que haré con ellos."

El gigante asiente, toma en cada mano los cuerpos congelados de los Espectros, quienes se encuentran gritando profanidades, y se los lleva hacia el norte, para obedecer la solicitud de la reina. Elsa se relaja por un momento, pero antes de irse, la joven morena, un poco más tranquila, se acerca a ella.

"P-pero Elsa… hay más de ellos, eran muchos, los vi yendo al… al este…"

La antigua reina de Arendelle voltea a ver la dirección que le apuntan, y se da cuenta que es hacia donde ella sintió la máxima exhalación de poder.

"Gracias por decirme. Quédate aquí, yo me encargaré."

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Del otro lado del Bosque Encantado, tres sombras tenebrosas corren a toda velocidad, adentrándose en la profundidad de los árboles, seguidas muy de cerca por dos figuras de reluciente armadura dorada, que brillan ante el juego de luz que el sol hace sobre sus contornos metálicos. Las cinco figuras corren a toda velocidad, tratando de esquivar las primeras y atrapar las segundas, destrozando árboles y plantas en cada golpe y arremetida que tienen entre sí, hasta que dos hombres de negra armadura finalmente logran atrapar a una figura dorada, flanqueándola y apoderándose de sus dos brazos.

"¡Ja! ¡Hasta aquí llegaste, caballero! ¡Ya no más persecución!"

Pero dicho prisionero de cabellera azul rey sólo sonríe de lado, como si divertido ante las palabras de su atacante.

"¿De verdad? ¿Estás seguro que no eres tú el que está en problemas?"

Antes de que sus enemigos puedan responder, el Caballero Dorado de Escorpión utiliza las amarras que lo tienen sujeto para tomar desprevenidos a sus dos atacantes y, con un tirón rápido, hace que ambos hombres choquen uno con otro en frente de él, rematando su ataque con dos golpes certeros en cada cabeza, dejándolos completamente derrotados. Pero tan pronto el hombre vencedor se irguió, la tercera sombra lo ataca por detrás, listo para asestar un golpe fatal a la nuca.

Sin embargo, su compañero, el Caballero Dorado de Acuario, actúa de forma rápida, disparando, como por arco reflejo, un golpe que congela al hombre a mitad de su ataque y que, al caer y estrellarse contra el duro suelo, lo convierte en miles de pedazos de hielo.

"¡Maldita sea, Kardia!" Se acerca el reluciente compañero de cabellos verde oscuro. "¿Por qué te distraes de esa forma? ¡Fue fácil leer su ataque, y tu no hiciste nada para evitarlo!"

Pero el hombre sólo volteó a ver a su enojado compañero con una mirada divertida.

"Ya sabía que estabas ahí para protegerme, Degel, ¿cuál es el problema?"

Antes de que el aludido pudiera responder, ambos hombres se ven sorprendidos cuando súbitamente sus pies se quedan pegados al suelo, cortesía de gruesas capas de hielo cubriendo sus botas hasta las rodillas y fijándolos a la tierra.

"¿Pero qué…?"

"Oye Degel, esto no es nada gracioso." Comenta el otro mientras trata de liberarse.

"Te equivocas, yo no…" Sin embargo, antes de que pueda defenderse, una voz femenina detrás de ellos los interrumpe.

"¿Quiénes son todos ustedes? ¿Qué quieren de este bosque? ¡Respondan!"

Degel y Kardia voltean al mismo tiempo en busca de su interlocutor, y la aparición que se presenta ante ellos los deja sin habla y con los ojos abiertos como platos.

Un caballo hecho de escarcha pura, brillante ante el sol que lo ilumina, erguido y altivo, se encuentra frente a ellos, y sobre de él, la mujer más hermosa que los amigos hubieran visto jamás, tan hermosa que parecía desafiar la belleza de la mismísima Atena. Su piel es tan blanca como el marfil, los largos cabellos rubios, casi blancos, se mecen al viento juguetón, acompañados de una larga capa blanca traslúcida que la hace ver casi etérea, pero lo que realmente llama la atención de Degel, por sobre todas las cosas, son los rojos labios que se entreabren en la pregunta, y los ojos azul profundo, que se fijan con desconfianza en ellos.

Degel no lo piensa dos veces, quizá incluso ni siquiera lo pensó, su instinto actúa y, con un movimiento de la muñeca, hace desaparecer el hielo que atrapa sus pies, sin darse cuenta que su acción provoca que la bella aparición abra los ojos enormes; en el momento en que el hombre se acerca a ellos, el fantástico caballo se yergue sobre sus dos patas traseras, relinchando enfurecido, listo para asestar una patada al insolente que se atreve a amenazar de nuevo a su amada compañera.

"¡Nokk! ¡Espera!"

"¡Degel!"

El peliverde se detiene ante la furia del animal, pero antes de que pudiera hacer algo, una ráfaga arremete contra él, haciéndolo trastabillar, rodeándolo en un pequeño remolino que corta la piel por la numerosa cantidad de pequeñas ramas que giran alrededor del caballero. Degel no se inmuta, y da un paso al frente, listo para cortar el viento, cuando de pronto el remolino se llena de llamas color violeta, que le queman la mano.

"¡Degel! ¡Con un demonio ya sal de ahí!"

Kardia trata de liberarse de la prisión de hielo que tiene a sus pies para correr en ayuda de su compañero, pero es mucho más gruesa de lo que esperaba, mientras su amigo empieza a toser por el fuego que lo rodea.

"¿A qué estás jugando? ¡Sal de ahí o yo iré a sacarte, y si haces que me queme los dedos, de verdad que lo vas a lamentar!"

Degel voltea a ver a su compañero, dirigiéndole una mirada dura, una que le pedía tuviera paciencia, sabedor de que tiene todo bajo control. Pero antes de levantar las manos para lanzar un ataque, ve a la mujer bajarse del caballo, gritándole al remolino, tratando de imponer su voluntad.

"¡Gale, Bruni! ¡Basta! ¡Esto no es necesario, lo tengo todo controlado!"

Pero el fuego se expande más y el viento arrecia, como si rebeldes ante la orden. De pronto Degel abre los ojos al entender la situación. Ella comanda el hielo, eso era evidente, pero tal vez no sea lo único que gobierna. Al menos el viento y el fuego están bajo su mando, un mando que evidentemente no era total. Degel lo piensa un momento y luego se hinca ante ella en señal de sumisión, una rodilla al piso, un puño asestado contra el suelo.

Elsa al principio titubea al verlo en una posición de rendición, pero eso la convence de incrementar sus intentos en calmar a los espíritus.

"¡Gale, Bruni! ¡Ya está bien, él no hará nada contra nosotros!"

Degel sonríe, pues pareciera que la bella aparición regañara a los elementos como si de dos chiquillos traviesos se tratara. Increíblemente, el viento y el fuego se disipan como si hubieran sido golpeados, y una pequeña llama se dirige hacia ella. Degel trata de moverse para protegerla, pero el caballo relincha ante su súbito movimiento, volviendo a levantar las patas delanteras, amenazante.

¡Oh! Ya entiendo. La están protegiendo.

"¡Nokk!" La mujer, con la pequeña llama en la palma de la mano, trata de sujetar la crin del caballo, pero este se levanta de nuevo, amenazando al hombre hincado, desoyendo las órdenes de la joven. Sin embargo, el caballero, en vez de moverse, sólo baja la cabeza, mostrando su cuello, buscando calmar al animal. Éste tira patadas al costado derecho del hombre, para volverse a erguir y tirarla al costado izquierdo, evidentemente sin querer golpearlo, pero sí amenazando con hacerlo; sin embargo, el hombre hincado jamás se mueve.

"¡Nokk! ¡Por favor!" La bella aparición no parece lograr calmar a la fantástica bestia, es como si la furia fuera demasiada para contenerla, pero ante la pasividad del hombre, el animal sólo bufa una vez más, dejando las poderosas patas ya pasivas en el suelo, y acerca su nariz a la cabellera turquesa, como para olerlo. El hombre sonríe y se atreve a levantar la mirada para fijarla en la bestia, quien bufa de nuevo en advertencia, pero, curioso, acerca de nuevo la nariz, para oler la mano extendida del extraño. Una vez calmado, pero sin alejarse del caballo de agua del todo, Elsa se disculpa con el peliverde.

"¡Lo siento! De verdad lo siento tanto, Nokk, Bruni y Gale habitualmente no desobedecen tan abiertamente. Pero aún están muy agitados, recientemente tuvimos un encuentro un poco… violento."

Al ver que el peligro había pasado, Degel finalmente rompe contacto con los ojos del caballo, dirigiendo la mirada hacia la joven, y no puede levantarse por unos segundos, abrumado por la elegante y altiva belleza de la mujer, seguro, por los movimientos suaves y refinados de esta, que debía pertenecer a algún tipo de realeza.

¿Pero qué realeza estaría así, en el bosque, con un animal tan fantástico?

"¡Eh! ¿Acaso no piensas liberarme?" Un enojado Kardia lo saca de su ensimismamiento. La mujer voltea a ver al compañero, regalando unos segundos más a Degel para que salga completamente de su estado.

"Lo siento." Dijo Elsa, con mirada desafiante, pero mano titubeante aún. No estaba acostumbrada a ser tan agresiva. "No creo que sea prudente liberarlos a los dos. De hecho, no se como has podido soltarte tú solo."

Degel, recuperando la compostura, se levanta y acerca a ella lenta y cautelosamente, las palmas al frente en señal de buena voluntad, aún respetando a los espíritus que la protegen.

"Por favor, no te asustes. Mi nombre es Degel, Caballero Dorado de Acuario, al servicio de la Diosa Atena quien vela por este mundo. Mi poder principal es el hielo."

Kardia levanta una ceja ante la apertura de su compañero. "Bien, no creo que sea sensato confesar todo ante un extraño así de la nada, ¿no es así, mi usualmente prudente amigo?" Pero dicho compañero hizo como que no lo escuchó.

"Mi amigo, ahí congelado, es Kardia, Caballero Dorado de Escorpión."

Kardia, divertido pero aún congelado, hace una cómica reverencia.

"Mucho gusto, hermosa doncella que me tiene, literalmente, cautivo."

Aún titubeante, e ignorando el sarcasmo del hombre, Elsa suelta por un momento la crin de Nokk, y se acerca al hombre de cabello verde. "Acuario… Escorpión… me suena a las constelaciones en el cielo…"

Degel le sonríe lo más encantadoramente posible. "Y así es. Representamos a las constelaciones del zodiaco, de las cuales tomamos fuerza."

"¿Cómo es eso posible?" Elsa siempre es prudente, sin embargo, su curiosidad crece, así que da un paso más hacia el hombre, olvidando su recelo y evidentemente interesada.

El pecho de Degel se hincha de la emoción de tenerla cerca, pero sabe contener su excitación, y habla con toda la calma del mundo. "Te prometo contarte todo, si primero liberas a mi amigo. He notado que también tienes la habilidad de dominar el hielo."

Una delicada ceja se levanta; incrédula, Elsa da un paso atrás en desconfianza. "Ni siquiera se quienes son ustedes, ni si puedo confiar. ¿Cómo me garantizas que no me atacarás, como hiciste con tus compañeros?"

"Por supuesto que no te atacaré, venimos para proteger el bosque, y esos que ves tirados en el suelo son nuestros enemigos, a las ordenes de un poder oscuro mucho más fuerte que quiere acabar con la humanidad para apoderarse del mundo."

Una altiva ceja se levanta ante tal afirmación. "¿Poderes oscuros que quieren acabar con la humanidad? Eso suena muy increíble como para darle crédito." Sin darle tiempo a reaccionar, la albina regresa al lado de su extraordinario corcel, montándolo de un salto y, orgullosa, remata con desdén en la voz. "No necesitamos protección aquí. Yo soy la protectora del Bosque Encantado, y sólo los espíritus y yo somos necesarios. Gracias por el ofrecimiento, pero podemos arreglarnos solos. Espero se alejen de nuestro bosque de inmediato."

"¡Hey! Eso no es muy agradable de tu parte." Kardia protesta, aún tratando de liberar los pies, empezando a sentirse exasperado por tal atención. Sin embargo, Degel, aún tranquilo, levanta una mano para aplacar a su compañero.

"Venimos desde muy lejos persiguiendo a estas sombras, que desde hace días han sembrado pánico y dolor en aldeas aledañas. Hasta hace unos momentos logramos darles alcance y terminar con tal amenaza. Entiendo perfecto que no somos necesarios en un lugar tan maravillosamente protegido por seres como usted, su Majestad." El hombre hace una pausa, al ver el sobresalto de la mujer ante la forma en que la llama, lo que le confirma su estatus de realeza. "Sin embargo, estoy seguro que también por estos lares, las buenas y milenarias costumbres de asistir a viajeros cansados y heridos se cuidan y cultivan como cualquier costumbre de nuestros antepasados." Degel se mantiene serio, y a la vez se admira de la dama frente a él, cuyo rostro también parece estar hecho de hielo, sin reflejar emoción alguna. Definitivamente pertenece a una clase alta, muy conocedora de las políticas requeridas entre los numerosos reinos de la región. El hombre se permite una ligera sonrisa cuando ve que la joven asiente ligeramente, y con un movimiento de la muñeca, pulveriza el hielo que retiene al peliazul.

"Tiene razón. Que descuidada de mi parte. Le invitaremos a nuestra pequeña y humilde aldea, esperando que respeten nuestras costumbres y a nuestra gente."

Degel se inclina, respetuoso. "Así será, su Majestad."

Ella espolea a su corcel, mientras le dirige una mirada gélida al hombre. "Por favor, no me llame más así. Hace demasiado tiempo que la gente dejó de hacerlo, y lo prefiero de esa forma." Con un delicado gesto de su mano dirigido hacia Kardia, ordena la disolución del hielo que lo aprisiona, y dirige la comitiva hacia las profundidades del bosque. Kardia alcanza a su compañero mientras ambos siguen, a pie, a la hermosa doncella.

"Quiero pensar que sabes lo que estás haciendo, ¿verdad amigo?"

Degel sólo guarda silencio, mientras sus ojos se mantienen fijos en la hermosa silueta que se dibuja ante ellos.

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A/N: llevo, literalmente, años en tratar de escribir esta historia, pero por alguna razón nunca encontraba la inspiración. Ahora, con una poderosa y realizada Elsa, es fácil verla enfrentarse a los demonios de Hades. Es más fácil que Degel se enamore de ella.

Espero que les guste la historia!