A pesar de la hora, no se encontraba cansado por el viaje y había esperado tanto tiempo por ver a su padre que realmente el tomar un taxi hasta casa no le parecía un costo muy grande, aunque le preocupaba que pasaban de las diez de la noche y el chofer no iba tan rápido como él esperaría, aunque si era sincero, en Nueva York todo era mucho más rápido, tal vez eso hacía que todo se viera tan lento en Lima.
-Deténgase-dijo casi en un grito y se bajó apresurado, había alguien tirado en la acera. Eso no era normal en un barrio tan tranquilo como ese y mucho menos tratándose de alguien de casi su misma edad.
-¿Lo conoces?-dijo el conductor bajando y acercándose. Sin embargo, su pasajero no respondió, simplemente se arrodilló delante del muchacho y vio sus ropas rotas, moretones en su rostro y brazos, al parecer algo le había sucedido para estar en esas condiciones.
-Hay que llevarlo a la clínica que está aquí a la vuelta, ellos pueden tardar mucho si esperamos a llamarlos-decía tratando de parar al muchacho. Había nieve por todos lados, estaban a mediados de enero.
-Te ayudo-dijo el hombre tomando al muchacho en brazos y poniéndolo en el asiento trasero del vehículo, luego cambiaron la ruta a una de las clínicas más lujosas de Ohio, pero era eso o esperar a llegar a un hospital público.
-Voy a llamar-susurró el joven que estaba en el asiento del copiloto-así estarán listos para cuando lleguemos.
-Clínica Saint Mary-dijo una mujer desde el otro lado de la línea.
-Hola, voy en camino a la clínica, encontré a un amigo tirado en la calle y no tengo idea de qué le ocurrió.
-Dime su edad, nombre y cómo se ve.
-Debe tener unos 18 años, tiene moretones en el rostro, sangra de algún lado y su ropa está rota.
-¿Cómo se llama?-decía la mujer seriamente.
-Sebastián Smythe-dijo suave y sintiendo que eso era una pesadilla. Jamás pensó en ayudar a alguien que lo daño tanto.
-¡Qué!-ese grito lo desconcertó y no entendió nada-muchacho, por favor entren por la urgencia, ahí estarán los paramédicos esperándolos. Ahora dime si llamaste a sus padres.
-No, desconozco…
-Los llamaré de inmediato-dijo colgando la llamada. A los minutos lograron llegar a la urgencia de la clínica y fue en ese momento que los paramédicos se precipitaron junto al auto y al ver a alguien en el asiento trasero decidieron abrir.
-Sebastián Smythe, 18 años, chicos hay que hacer el mejor trabajo, no podemos perderlo-decía quien parecía ser un doctor.
-Tiene poco pulso-decía uno de los hombres al momento que lo ponían sobre una camilla y lo llevaban al interior del lugar.
-¿Tú lo encontraste?-le dijo un hombre acercándose.
-Sí, estaba tirado en la calle a un par de cuadras de aquí.
-Vienes conmigo entonces-dijo corriendo al interior junto al resto de los paramédicos y siendo seguido del muchacho que no entendía nada.
-¿Quién es él?-dijo una mujer seriamente y tapándoles el paso.
-Este chico trajo a Sebastián-decía el hombre seriamente.
-¿Cuál es tu nombre?
-Kurt Hummel, con Sebastián nos conocemos hace un tiempo, pero no pensé encontrarlo así-dijo preocupado.
-Llame a sus padres, están en camino, dicen que no tenían idea de que había salido-dijo la mujer preocupada.
-Podrás entrar a verlo cuando lo estabilicemos.
-Sí, gracias-susurró recordando por un momento al taxista y saliendo para tomar su equipaje y pagar. El hombre seguía ahí, le dio el dinero y tomó sus cosas, al parecer tendría que llamar a su padre para que supiera que no llegaría a la cena.
En cuanto habló con Burt se sintió aliviado.
-¿Dónde estás chico?
-Encontre a alguien herido camino a casa y lo traje a la clínica Saint Mary.
-¿A quién?-dijo preocupado.
-Sebastian Smythe-dijo suave.
-¿Llamaron a sus padres?-dijo con la voz extrañamente preocupada.
-Sí, vienen en camino- susurró sin comprender.
-Voy para allá-dijo cortando la llamada.
Pasaron solo algunos minutos cuando apareció un médico preguntando por los familiares de Sebastián Smythe, por lo que se puso de pie y caminó hasta él.
-Soy Kurt Hummel, lo encontré cuando iba a casa-dijo ante la mirada evaluadora del hombre.
-Bien ¿lo conocías de antes?
-Sí, hace unos años nos conocimos, él estudia en una escuela a la que fui-dijo desviando la mirada.
-¿Qué edad tienes?
-19 años-dijo suave y sin comprender.
-Necesito que me acompañes-dijo indicando a la sala de urgencias y el castaño lo siguió. Aunque no le había explicado mucho, entendió que algo estaba sucediendo. Cuando llegaron al final del pasillo entendió para qué lo querían.
-Buenas noches, muchacho-dijo un hombre extendiéndole la mano-soy el inspector Harris de la unidad de víctimas especiales, y ella es mi compañera Clariss.
-Un gusto-dijo el ojiazul estrechando la mano de la mujer.
-Entendemos que encontraste a Sebastián en la calle ¿había alguien más con él?
-No, pero me extrañó verlo ahí, él no es de esta zona.
-Tal vez alguna fiesta por aquí cerca-dijo la mujer con suavidad.
-No lo sé, iba pasando en el taxi que me trajo del aeropuerto, iba a casa de mi padre.
-¿Dónde vives actualmente?-dijo el hombre apuntando los datos que él decía.
-Nueva York, comparto el piso con una amiga.
-¿Nos darías una muestra de tu sangre?-dijo Harris con tranquilidad.
-Sí, no hay problema, pero ¿para qué?-dijo con curiosidad.
-Lo siento señor Johnson, pero debemos decirle lo que ocurre-dijo dirigiéndose al médico- porque sino no se justifica sacarle sangre-dijo la mujer con un suspiro.
-No me opongo a dar sangre, si eso ayuda a Sebastián, lo haré-dijo Kurt sin querer causar problemas.
-No se trata de donar sangre, acompáñame-dijo la mujer llevándolo a un cubículo donde tenían todo para sacar una muestra.
-¿Sebastián está bien?-dijo sin querer pensar de qué trataba todo eso.
-No-dijo ella sacando una aguja y algunos objetos para la limpieza de la zona de extracción.
-¿Morirá?-dijo sin poder creer que vería al castaño de ese modo.
-No, los médicos actuaron rápido y él se pondrá bien, pero será difícil-dijo la mujer bajando la mirada-por favor descubrete el brazo-Kurt subió su manga y al instante la mujer ató una cinta elástica en su brazo, luego buscó su vena y extrajo una muestra.
-¿Algún antecedente de mí que necesite saber?-dijo tratando de cooperar lo más posible.
-¿Enfermedades?-dijo llenando un pequeño frasco con la espesa sangre del contratenor.
-Ninguna.
-¿Sida?-dijo con seriedad.
-No, siempre uso protección y hace no mucho me hice exámenes-dijo recordando por un momento la infidelidad de Blaine, porque por precaución decidió que lo mejor era ver si no lo había contagiado con algo cuando intentaron retomar su relación después de la infidelidad del moreno.
-De todos modos se analizará tu sangre en busca de enfermedades y si hay compatibilidad con la que encontramos.
-La sangre en la ropa de Sebastián debería ser de él ¿no?-dijo aún sentado en la camilla.
-¿Son amigos?-dijo sintiendo como un nudo se formaba en su garganta.
-No realmente, él es el chico que trató de meterse con mi novio y con el que me insulte por mucho tiempo. No lo odio, pero nunca fuimos amigos. Sé que él aún cursa en la Academia Dalton y yo estoy en la academia Nyada de Nueva York, soy un año mayor que él-dijo ladeando la cabeza un poco.
-Aunque no sean amigos, creo que tienes que saber para qué te extrajimos sangre, aunque has contribuido sin saber.
-Realmente me preocupa saber qué le pasó, aunque no seamos amigos, es alguien a quien conozco y a pesar de lo malo del pasado, no me gustaría que la pasara mal.
-Bien, a Sebastián lo violaron-dijo la mujer de forma directa. Kurt solo la miró sintiendo que su boca se secaba y un escalofrío recorría su cuerpo. En los siguientes segundos sus ojos se llenaron de lágrimas y no supo por qué quería correr y proteger al castaño, decirle que todo estaría bien, que nada pasaría. Pero ni él sabía si eso sería así. No tenía idea de qué vendría de ahora en adelante para su antiguo enemigo.
-Kurt, tu padre está afuera. No tenía idea de que eras hijo del congresista Hummel-dijo el detective Harris ingresando a la habitación.
-¿Sebastián?-dijo bajando la mirada y sintiendo como temblaba. Si él estaba así después de lo que le dijeron ¿cómo estaría el castaño? ¿Cómo tomaría la noticia? ¿Recordaría algo del ataque?
-¿Kurt?-dijo el hombre llamándolo-puedes marcharte-dijo con suavidad.
-Quiero ver a Sebastián-murmuró con la voz rota, las lágrimas no bajaban, pero estaban ahí. Nadie merecía lo que le había pasado al castaño.
-Kurt, eres parte de una investigación en este momento, tenemos que descartar que el adn encontrado en Sebastián no es el tuyo-dijo la mujer con toda la delicadeza posible, y Kurt solo pudo concluir que el que ella fuera rubia, menuda y con un rostro amigable ayudaba mucho con su trabajo. Al igual que el porte protector y seguro del hombre moreno que la acompañaba.
-¿Puedo ver a Sebastián?-insistió poniéndose de pie.
-Esperaremos a que lleguen sus padres, les daremos la información que tenemos y ellos deben decidir.
-Él es mayor de edad-dijo Kurt recordando que Blaine le había dicho que esa semana era el cumpleaños del castaño-¿qué día es hoy?-preguntó repentinamente alterado.
-Sábado 14 de enero-dijo la mujer con seguridad.
-Hoy Sebastián cumplió los 18 años-dijo volviendo a sentarse y mirando un punto en el vacío. No podía ser que alguien haya arruinado un día como ese. Era el día del castaño, seguramente había salido a pasarla bien, tal vez sus padres lo esperaban en casa con una pastel de cumpleaños y él no había llegado. Pero luego recordó que ellos no sabían que él había salido. Tal vez ya habían celebrado su cumpleaños, quizás…
-Kurt ¿te encuentras bien?-dijo Clariss poniendo una mano en su hombro y creyendo que ese muchacho no podría haberle hecho ningún daño a Sebastian Smythe.
-No, pero quiero verlo.
-No puedes, deja que despierte y que él lo decida, además, debemos hablar con él antes-dijo Harris con una mueca-mientras, puedes esperar en la sala de afuera.
-Sí-susurró recordando que había dejado sus cosas en un asiento en la sala de espera, pero aún así no se apresuró en salir ¿qué importaba un poco de dinero, su pasaporte y ropa? En ese momento lo que le había ocurrido a Sebastian rebasaba cualquier cosa.
En cuanto salió, vio a una pareja entrar, los reconoció como los padres de Sebastián, porque eran exactamente iguales, lo único es que su padre tenía el pelo negro y los ojos cafés, su madre era castaño y de ojos verdes. Pero el parecido entre los tres era increíble.
-¿Señor Smythe?-dijo la recepcionista rodeando el mueble y caminando hasta ellos.
-Sí, dónde está mi hijo-dijo el hombre de la mano de su mujer, quien portaba un abrigo negro al igual que su marido.
-Por favor, acompáñenme-dijo la mujer guiándolos al interior de la sala de urgencias, Kurt solo vio como se perdían y luego sintió una mano sobre su hombro, se giró y vio a su padre. Lucía preocupado.
-Llegué hace una media hora, me dijeron que estabas adentro-solo recibió un gesto afirmativo de su hijo.
-¿Ese chico es el que trató de arrebatarte a Blaine?-dijo su padre guiándolo a los asientos y viendo que su hijo estaba en shock.
-Sí, es la suricata-susurró con una pequeña sonrisa ante el apelativo que había salido de ese modo tan sincero de sus labios.
-¿Te dijeron qué le pasó?-dijo el hombre preocupado y tomando las manos de su hijo.
-Sí, me tomaron sangre para descartar que yo esté involucrado-dijo con la mirada perdida, sentía mucho frío.
-¡No pueden hacer eso!-dijo su padre alterado-por qué iniciar una investigación cuando…
-Está bien, es lo que corresponde-dijo mirándolo directamente.
-¡No! No pueden culparte por el estado de ese chico, está bien que no se llevaran, pero iniciar una investigación en tu contra porque su padre es el fiscal de Ohio ¡no es justo!
-¡Papá!-dijo Kurt tan alterado como su progenitor, estaba molesto con él porque no sabía que lo que estaban haciendo los investigadores era lo correcto, pero cómo decirle lo que había pasado.
-¡Hablaré ahora mismo con Steven! Él no puede abrir una investigación de la nada solo porque…
-¡Papá a Sebastián lo violaron!-dijo de golpe y sintiendo como las lágrimas al fin bajaban, y decirlo volvía todo más crudo y real de lo que ya era.
