El efecto Magnus
Despertó con un sobresalto, las pesadillas se hacían presentes otra vez durante su descanso. Llevaba algunas noches sin dormir de manera apropiada, pero era algo que prefería mantener en secreto. Se puso de pie y caminó hacia el espejo, había cambiado mucho, aunque en su rostro aún se percibían rasgos infantiles. Sus ojos azules se veían cansados, adornados por ojeras y una expresión que no mostraba nada y todo al mismo tiempo. Sus rubios cabellos llegaban a la altura de su barbilla, definitivamente necesitaba un corte o tal vez ya era hora de cambiar un poco su apariencia y dejarlo crecer. Después de todo, siempre había admirado en secreto la larga cabellera de su maestro.
Siendo incapaz de conciliar el sueño nuevamente, optó por vestirse y salir a dar una vuelta a los alrededores. Tomó su libreta, un lápiz y emprendió su pequeño viaje sin dirección. No supo por cuánto tiempo caminó, pero llegó hasta el antiguo coliseo, que muchas veces era utilizado para celebraciones que él consideraba poco importantes. Un enorme y frondoso cerezo se erguía al lado de las escalinatas. Como en ocasiones anteriores, tomó asiento bajo el gran árbol, fantaseando un poco sobre cómo habrá lucido aquel lugar en épocas pasadas.
Conocía las historias que su maestro le había contado desde que tenía memoria, las grandes guerras y victorias que el ejército de la diosa Athena había acumulado en su historial. Había memorizado cada una de ellas a la perfección. Por esa misma razón, se cuestionaba el hecho de formar parte de dicho ejército en ese punto de la historia. ¿Cuál era el propósito de seguir siendo un ejército en tiempos de paz? Habían pasado más de 200 años desde la última guerra.
Athena no era más que una chiquilla dos años menor que él y eso, provocó que algunos caballeros (él entre ellos) no la vieran como la deidad que decía ser. La pobre muchacha griega de nombre Serilda había sido llevada al santuario casi por la fuerza luego de que el patriarca pudo identificar su cosmos. En el poco tiempo que llevaba allí, ella había logrado ganarse los corazones de la mayoría de los habitantes del santuario. Aunque, algunos pocos se resistían a ello.
No supo cuánto tiempo llevaba sentado bajo el árbol, pero pudo notar que fue mucho al darse cuenta que la luz del sol comenzaba a asomarse tras las montañas. El sonido inconfundible del metal de una armadura lo sacó de su trance, volteó lentamente y allí estaba su maestro.
"Maestro Leandros ¿Deseaba algo?"-Escribió el joven caballero en su libreta.
-¡Claro que deseo algo! Pequeño infeliz desconsiderado.-Expresó el caballero de Acuario con visible molestia.
"¿Entonces?"-Tal vez esa simple palabra podría malinterpretarse, eso lo hizo encogerse de hombros inmediatamente.
-Magnus, he sido bastante paciente contigo, ya estoy cansado de que me ocultes cosas. ¿Qué te está pasando?-Cuestionó Leandros, cambiando su semblante a uno que demostraba preocupación en lugar de enojo.
El joven aprendiz respiró con alivio al ver que su maestro tomó asiento a su lado, cosa que no hacía desde que él tenía 10 años. Leandros no supo leer la expresión en el rostro de su alumno, siempre había sido alguien muy enigmático y reservado. Todo era poco usual en Magnus, desde su nacimiento, hasta el extraño poder que poseía. Esa confusión lo hizo rememorar el día que lo llevó consigo al santuario. Era tan solo un bebé indefenso, debía ser salvado a toda costa de aquellos que deseaban hacerle daño.
"Pesadillas sin importancia."-Se limitó a expresar.
El caballero de la onceava casa nunca se imaginó lo difícil que podría ser criar a un niño por su cuenta. Para su fortuna, siempre contó con el apoyo de su mejor amigo Zale de Escorpio. La extraña dupla había fungido el papel de "padres" para el pequeño ser. No pasó mucho tiempo para que ambos notaran algo peculiar el el niño: al parecer este nunca sería capaz de hablar. Tenía la capacidad de escuchar perfectamente, pero no era capaz de emitir sonido alguno. Mientras iba creciendo, los dos se tomaron la tarea de enseñarle a escribir lo que quisiera decir por medio de una libreta y un lápiz.
Fue esta misma diferencia la que hizo que el pequeño Magnus se aislara de los demás desde una edad temprana. Muchos asumían que él no podía escucharlos y se dedicaban a decir cosas hirientes. Él nunca hizo lo posible por hacerles saber que entendía perfectamente lo que decían, prefería demostrarlo en el campo de batalla. Había sido entrenado por Leandros de Acuario desde los 8 años y había demostrado una gran habilidad para utilizar su cosmos. Su única debilidad parecía ser el combate cuerpo a cuerpo, pero nunca lo necesitó en sus encuentros.
A los 12 años logró obtener la armadura de Orión, convirtiéndose en el caballero de plata más joven de su generación. Poco a poco, ese repudio y ese miedo que los demás sentían por él, se convirtieron en respeto y admiración. De alguna manera, el enigmático caballero que siempre llevaba una libreta consigo se logró convertir en alguien a quien todos podían utilizar como ejemplo de superación. A pesar de haber sido enviado a diferentes misiones a lo largo de los 4 años que llevaba como portador de su armadura de plata, la misión que su maestro le encomendaría sería diferente: era momento de su primera misión en solitario.
"Detalles por favor"-Escribió Magnus con una letra un tanto temblorosa debido a la falta de sueño.
-Es una simple misión diplomática. Tendrás que viajar a Egipto a visitar a los reyes y a sus hijos. No es nada del otro mundo, pero necesito que descanses un poco porque partirás mañana.-Dijo Leandros mientras ofrecía una mano a Magnus para que se pusiera de pie.
Ya de pie, el joven caballero simplemente asintió con un movimiento de su cabeza y se dispuso a marcharse. Tal vez es cansancio acumulado por los días sin dormir apropiadamente le ayudarían a descansar por fin. Así fue, ni siquiera tuvo que esforzarse por ello, simplemente cerró sus ojos y despertó hasta la mañana siguiente cuando alguien tocaba a su puerta. Era uno de los mensajeros del santuario, había sido enviado para indicarle que partiría en pocos momentos. Se aseó y tomó unas pocas pertenencias, entre ellas su inseparable libreta y algunos lápices.
Durante su travesía, admiraba en silencio cómo los niños gritaban, lloraban y exclamaban tantas cosas. Muy en su interior, sentía envidia por aquellos que podían expresar sus pensamientos y sentimientos por medio de su voz. En cambio, él había tenido que guardar tantas cosas que nunca supo plasmar en papel. Cuando por fin llegó a su destino, se sorprendió de lo mucho que había cambiado el lugar. Su maestro le mostró algunos libros que describían la ciudad, pero dichos escritos tenían más de 200 años de antigüedad. Todo lucía más moderno y acorde a la época en la que se encontraba. Aunque le seguía pareciendo extraña la existencia de la monarquía en estos tiempos, asumió que todo era un esfuerzo por mantener vivas las viejas tradiciones.
Una elegante barca lo ayudó a cruzar el enorme río que rodeaba la fortaleza que resguardaba el palacio real. Unos guardias esperaban su arrivo y lo guiaron hacia donde debía encontrarse con la familia real. Le parecía irreal lo enorme y bien decorado del lugar. Era justo como lo describían los libros de la casa de Acuario. No pasó mucho tiempo para que llegara hasta el salón en el cual sería recibido. Allí se encontraba el rey junto con su esposa y 3 de sus hijos: un chico de unos 20 años, una chica de 17 y una pequeña niña de 9 años. El chico parecía ser una fotocopia de su padre y las chicas eran muy parecidas a su madre.
Magnus estuvo a punto de tomar su libreta para presentarse, pero el fuerte sonido de la gran puerta del salón siendo abierta lo detuvo. Al parecer, el último de los hijos del rey quería unirse a la recepción. Para el joven caballero, el tiempo pareció transcurrir más lento al ver a aquella figura adentrarse en el lugar. Era un joven que aparentaba tener unos 14 años aproximadamente. Su complexión física era algo delgada en comparación con la de su hermano, pero mostraba indicios de arduo entrenamiento. Su cabello era corto y azulado, pero su piel parecía ser un tanto más clara que la de sus padres o sus hermanos y hermanas. Incluso sus ojos eran algo rasgados en comparación. Se posicionó al lado de su padre y le indicó que prosiguieran con el protocolo de recibimiento.
-Bienvenido a nuestro reino, es un placer tener aquí a un querido amigo del santuario.-Expresó el rey con bastante amabilidad y entusiasmo.
"Soy Magnus de Orión y el gusto es mío."-Escribió rápidamente en su libreta, para luego mostrar el mensaje a sus interlocutores.
-¡Ja ja ja! ¿En serio enviaron a un mudo? Padre ¿No te parece esto una burla?-Dijo el recién llegado príncipe ante el mensaje del caballero.
-Lo contrario mi querido Izanagi, me parece realmente fascinante conocer a un guerrero con tal peculiaridad.-Dijo el rey, intentando suavizar el mal momento que su hijo menor seguramente había hecho pasar a su invitado. -Me gustaría que pudieran retirarse, hay algunas cosas que quisiera comentar a nuestro visitante.-Dicho esto, todos se retiraron de la sala, quedando solamente Magnus y el rey.
"No me siento ofendido si es lo que piensa."-Afirmó Magnus, intentando evitar alguna escena de disculpa.
-Incluso si no te sientes ofendido, me veo en la obligación de pedirte una disculpa. Sé muy bien que Izanagi no lo hará, él no sabe medir sus palabras y te prometo que será castigado por lo que ha hecho hoy.-La expresión del rey cambió a una un poco más seria.
"No me sentiría bien sabiendo que un pobre niño ha sido castigado por mi culpa."-A Magnus le llevó unos cuantos segundos completar la oración. De alguna manera, había logrado empatizar con el rebelde principe y no deseaba que lo castigaran por algo que él consideraba una nimiedad.
-Tú también eres solamente un niño y seguramente has sufrido duros castigos en tu vida. ¿No es así? ¿Cuántos años tienes?-Interrogó el rey.
"16"-Respondió él por medio de su escritura.
Luego de revelar su edad, Magnus se abstuvo de responder más preguntas y simplemente escuchó con mucha atención todo lo que el rey tenía para decir. Malik era su nombre y era conocido como "el rey escorpión", título que era heredado a todo aquel que ocupaba dicho cargo desde el reinado de un antiguo monarca llamado Hatim. Su hijo mayor se llamaba Samir, le seguía su hija Yasira, su hijo Izanagi y su hija más pequeña llamada Zaina. Los presentó a todos de manera apropiada durante la cena de bienvenida. Nahib, la esposa del rey, mantenía una expresión bastante seria. Observaba disimuladamente al invitado, era la primera vez que veía a alguien con un físico parecido al suyo, sentía curiosidad.
Izanagi en cambio, veía sin ningún reparo o disimulo al joven caballero sentado frente a él. El momento se tornó incómodo cuando Magnus dirigió su mirada hacia el rebelde príncipe. El muchacho se sonrojó violentamente al verse descubierto, Magnus simplemente mantuvo la mirada hasta que Izanagi no pudo soportarlo más y tuvo que ver hacia otro lado. No quería admitirlo, pero incomodarlo era su pequeña venganza por la manera en la que este se había expresado de él al momento de su llegada al palacio. Se tomó el resto de la cena para observar detenidamente el comportamiento de aquel chico.
No le tomó mucho tiempo darse cuenta de la relación tan tensa que tenía la familia real. La reina y su hija mayor Yasira parecían ver con desprecio a Izanagi, Samir parecía bastante imparcial, Zaina era muy cariñosa con él. Pero lo que le pareció realmente curioso fue la manera en la que el rey parecía evitar a su hijo, pero este no se rendía en tratar de impresionarlo y captar su atención a toda costa, incluso si esto significaba ser rebelde. Era un pobre adolescente deseoso de atención, una atención que se le era negada a toda costa. Era su polo opuesto sin duda, mientras Izanagi quería ser el foco de atención de todo el mundo, Magnus disfrutaba de pasar desapercibido ante las personas. También notó algo muy particular en aquel chico, pero supuso que era algo que debía mantener como un secreto solamente.
Terminada la cena, el caballero de Orión entregó al rey unos escritos por parte del santuario. Normalmente, el caballero invitado es quien da el mensaje de la diosa, pero por obvias razones, esta vez no sería de esa manera. Magnus se tomó el tiempo de redactar cada uno de los agradecimientos y buenos deseos de la Athena para que el rey pudiera leerlo en voz alta frente a su familia y el consejo que los acompañaba. Todos parecían alegres de escuchar lo mucho que la diosa de la sabiduría y la guerra agradecía su alianza. Aprovechó para recordar viejos tiempos en los que la familia real había sido pieza clave en las épocas anteriores.
Izanagi parecía escuchar con bastante anhelo y atención aquel mensaje, no quedaba rastro del joven rebelde que se había presentado al inicio de la convivencia. Terminado el mensaje y la cena, todos se dispusieron a volver a su lugar de descanso. El rey delegó al menor de sus hijos para que escoltara al invitado hacia el lugar en el que pasaría la noche. Ese era el plan, el chico pasaría la noche en el palacio y partiría de regreso al santuario a la mañana siguiente. Ese era el plan, pero al parecer, el destino tenía algo más preparado para todos ellos.
-Quiero que conozcas el palacio antes de irte a dormir.-Dijo Izanagui, intentando sonar amable.
Magnus tomó su lápiz y simplemente escribió: "No lo veo necesario."
-¡Vamos! Te lo debo... fui muy grosero contigo y no quiero que pienses que soy así todo el tiempo.-Insistió.
Orión se sintió intrigado ante la repentina insistencia del chico, así que levantó su libreta nuevamente para mostrar el mismo mensaje: "No lo veo necesario."
-Pues no me importa, irás conmigo a dar una vuelta. Los dos necesitamos aire fresco luego de estar encerrados en esa sala llena de hipócritas.-Respondió el chico.
Tomó de la mano a su invitado y lo llevó casi a rastras por los pasillos del palacio. Aunque se negó en un principio, Magnus se sintió gratamente sorprendido por la belleza del lugar, especialmente cuando salieron al hermoso jardín que lo rodeaba. La luz de la luna llena iluminaba todo el lugar y las gotas de rocío parecían brillar como pequeños cristales sobre las plantas.
-Ahora no lo parece, pero en este lugar se libraron muchas batallas y se derramó mucha sangre.-Comentó Izanagi. Magnus tomó su libreta nuevamente y se disponía a escribir una respuesta, pero la mano de su acompañante se lo impidió.
-No es necesario que respondas a todo lo que digo, puedes guardar eso. Supongo que es un poco irritante tener que escribir todo lo que piensas o sientes.-Pronunció el muchacho. Magnus esbozó una sonrisa cansada y guardó sus implementos dentro de un pequeño bolso que siempre lo acompañaba.
-Ya es muy tarde y te ves cansado, te llevaré a tu habitación para que puedas descansar.-Dicho eso, el príncipe escoltó a su invitado hacia la habitación que utilizaría durante esa noche.
Izanagi se mantuvo en silencio mientras recorrían los pasillos ya oscuros por la hora. Los iluminaba solamente la poca luz de luna que se colaba por las rendijas o por los grandes ventanales que aún no habían sido cubiertos por las cortinas. Magnus juró ver una lágrima resbalar por la mejilla de aquel pobre chico que lo acompañaba. Se detuvieron frente a una puerta de madera decorada con detalles exquisitos, al parecer esa sería su habitación. Abrió la puerta con algo de timidez y se sorprendió grandemente al ver lo enorme y bien decorada que estaba. Sería la primera vez en su vida que pasaría la noche en un lugar tan inmenso aparte del templo de su maestro. Se dispuso a entrar, pero la voz de su acompañante lo detuvo.
-Magnus signfica "grande y poderoso". Fue el nombre de muchos reyes. También es el nombre de uno de los personajes de mi saga de libros favorita.-Mencionó Izanagi.
El joven caballero estaba de espaldas, pero Izanagi pudo notar como sacaba su libreta y su lápiz nuevamente. Le había dicho que no tenía que responder a todo lo que él decía, pero al parecer no iba a obedecerle tan fácil.
"Magnus Bane de Shadowhunters."-Escribió el chico. Dio vuelta a la hoja y siguió escribiendo para luego mostrar el resto de su respuesta:
"Recibí este nombre debido al efecto Magnus. Este describe un objeto con una trayectoria conocida que, repentinamente se desvía y va a un lugar que nunca hubiera esperado. Mi maestro eligió ese nombre para mí luego de leer ese libro y ver como ese brujo excéntrico decidió nombrarse así por ese efecto."-Era una de las respuestas más largas que el joven caballero había dado en toda su vida, pues siempre se limitaba a responder con una simple palabra o frase corta.
-Lo admito, eres bastante agradable Magnus. Espero que cuando envíen a alguien del santuario seas tú nuevamente. Al menos tú no podrías decir estupideces y mentiras aunque quisieras.-Pronunció Izanagi antes de cerrar la puerta. Al parecer, la amabilidad del chico era de corta duración y volvió a ser el grosero rebelde de siempre.
Magnus dio un pesado suspiro y decidió que merecía un descanso luego de toda la incomodidad que había vivido ese día. Se despojó de su armadura y vistió algo más cómodo, para luego recostarse en la enorme cama. No le fue difícil conciliar el sueño, después de todo, el cansancio del viaje ya había empezado a causarle estragos. Pudo descansar algunas horas, hasta que la presencia de una fuerza oscura lo hizo despertar repentinamente. El ambiente se sentía pesado y tenebroso. Vistió su armadura y salió de la habitación, intentando hacer la menor cantidad de ruido posible.
Por alguna razón, se sentía muy aturdido. Era como si hubiese estado bajo el efecto de algún tipo de droga, incluso sentía un aroma dulce muy fuerte por todo el lugar. Apenas era capaz de mantenerse en pie, pero siguió avanzando. Al llegar al pasillo principal del palacio, se topó con una escena horrible. El suelo estaba manchado con sangre y frente al trono yacían la reina junto con tres de sus hijos. El rey luchaba con todas sus fuerzas para que un misterioso encapuchado no le arrebatara una espada negra como la noche. Según podía ver, la obtención de dicho objeto era lo que había provocado aquella masacre.
Orión lanzó una ráfaga de polvo de diamantes para congelar de manera momentánea a la misteriosa figura. Izanagi surgió de entre las sombras y propinó una fuerte patada a aquel ser, provocando que cayera al suelo y soltara la espada. Pero antes de que Magnus pudiera acercarse para recuperarla, ambos fueron paralizados y un portal se abrió en medio de la habitación. El caballero de Athena se puso de pie para seguir luchando, puero fue brutalmente golpeado por una fuerza invisible. Aturdido y confundido, lo único que pudo ver antes de perder la consciencia fue a Izanagi sangrando en el piso. Pero hubo un detalle que jamás se borraría de su mente: el extraño invasor portaba una máscara persa y se lograban distinguir dos ojos rojo centellante. La figura desapareció y el portal se cerró tras él.
No supo cuánto tiempo había pasado desde el suceso anterior, pero unas manos lo golpeaban fuertemente en el rostro para que despertara por completo. Era Izanagi, lucía realmente herido y de sus ojos brotaban ríos de lágrimas.
-¡Despierta de una vez! ¿Por qué no nos protegiste?-Cuestionó el joven príncipe, aún con lágrimas en los ojos. Tomó un trozo de papel de su bolsillo y se lo arrojó a Magnus junto con un lápiz que casi no tenía punta.
Con el cuerpo extenuado y tembloroso, Magnus comenzó a redactar una respuesta que seguramente no dejaría satisfecho al ahora huérfano príncipe.
"Nos drogaron a todos. ¿Sientes ese aroma dulce? Desperté demasiado tarde."-Escribió el caballero.
-Esto no se quedará así. ¡Tengo que vengarme de quien lo hizo! ¿Ves lo que sucedió? ¡Ahora estoy solo! ¡No tengo a donde ir! El consejo quiere mi cabeza, no puedo quedarme aquí.-Izanagi comenzó a sollozar con más fuerzas.
"Puedes venir conmigo al santuario. Athena podría ayudarte a encontrar a los responsables."-Volvió a escribir Magnus.
Izanagi simplemente asintió, ayudó al guerrero a ponerse de pie. Cubrieron los cuerpos con algunas mantas, tomaron unas pocas provisiones y salieron a toda prisa del palacio. Debían aprovechar que la noche aún cubría el paisaje para poder escapar sin ser vistos. Mientras huían, el príncipe volteó por última vez hacia el sitio que había sido su hogar. Un dolor indescriptible se apoderó de él, pero ese dolor se transformaría en odio y resentimiento. Haría lo que fuera necesario para vengar a su familia. Al final de cuentas, Magnus estaba siendo víctima del efecto que le dio nombre. Había emprendido aquel viaje con un fin, pero terminó en un lugar y en una posición que no hubiera imaginado.
Hi, this is Vega! Esta será mi última historia. Estoy recibiendo la ayuda de una personita para continuar con ella. Gracias a las personas que preguntaron por mi estado de salud en el capítulo final de mi historia anterior. Estaré bien, de vez en cuando dejaré notas y saludos por aquí. Gracias a mi querida Pau por ayudarme. Que la fuerza los acompañe.
