Vampiros, hombres lobo y una cazadora.
Disclaimer : los personajes de Avatar la leyenda de Korra no me pertenecen y sólo los uso con fines de entretenimiento.
Capítulo 1.
El cielo resplandecía en un bello azul claro, sólo algunas nubes lo cruzaban, lo cual hacía más sencilla la idea de que aquélla visión era real. Caminando tranquilamente, con pies vacilantes sobre la dura tierra, una niña de cinco años se movía hacia un abismo, especialmente para una pequeña que no medía ni un metro de alto, aquél era un salto al vacío. Pero ella no temía, su vacilación se debía a su frágil contextura física y su falta de cuidados al moverse. Finalmente, estuvo a algunos metros del límite, donde el cielo parecía unirse con la tierra. Sin embargo continuó caminando hasta el final del terreno firme, donde vio una majestuosa vista que no había tenido pasos atrás. El limite de la tierra marcaba el inicio de un acantilado alto y ancho.
Pensaba que si se caía desde allí probablemente no sobreviviría, mientras se inclinaba un poco hacia adelante.
Tragó saliva duramente y volvió despacio su cuerpo a una posición vertical. Aún a un paso de una caída libre, podía ver el majestuoso mar que se abría ante sus redondos ojos azules. Abajo, luego de más de quince metros de altura, una estrecha línea de arena dorada bordeaba al acantilado, haciendo que se sintiera aún más pequeña por el hermoso paisaje. La niña contuvo el aire y luego respiró profundo.
—Korra!
La pequeña de cabello castaño se tensó de hombros y se giró con lentitud. Una bella mujer se encontraba bastante lejos de ella. Con los brazos cruzados bajo el pecho, llevaba unos pantalones verdes y camisa arremangada hasta los codos.
Korra avanzó hacia ella hasta acercarse lo suficiente, su vestido celeste con finas rayas blancas se movió de un lado al otro, revoloteando como sus cabellos con la brisa. Sus pies descalzos y sucios por la tierra del acantilado pronto sintieron el suave y brillante césped bajo las plantas.
Cuando estuvieron frente a frente, no fue necesario que la mujer, que aparentaba 25 años, hablara, pues ella ya se había enojado de que su madre se enojara con ella.
Su madre, mirándola desde arriba, dejó de juntar el entrecejo, la miró con una sonrisa orgullosa en los labios y la pequeña se sintió confundida. Se acuclilló a su altura y acarició su cabello con una mirada cargada de ternura.
—Qué te dije sobre acercarte al acantilado? —Korra se equivocó al pensar por un segund que el enojo nunca había existido.
—Que no vaya sola —respondió enojada, desviando la vista a un lado.
La mujer aún no borraba la sensación de una sonrisa de su rostro joven pero adulto. Viendo a la tierna pequeña con sus infladas mejillas, su boca infantil apretada y sus bonitos ojos fijos en algún punto perdido del césped. Continuaba acariciando su cabello castaño cuando dijo:
—Te pareces tanto a tu padre.
La niña levantó los ojos de golpe, asombrada, olvidó todo su orgullo herido y sólo pensó atropelladamente en la idea de su padre. La idea de un padre.
—Vayamos a la playa.—Su madre se puso de pie y la tomó de la mano para que fueran juntas.
Korra no intentó ahondar más en el tema, siempre que preguntaba por su padre, su madre cambiaba de tema o aparecía una sombra de tristeza en su mirada. Nunca hablaba de él, ni siquiera cuando la pequeña le preguntaba directamente, y ahora, de pronto, ella decía que se parecían.
Ambas caminaron hasta un lugar cercano al que la niña estaba antes, sólo que más hacia el sur. Allí, se había formado un camino natural de rocas con algunos escalones largos, por los cuales, las personas podían descender sin problemas hasta la playa de arena amarilla. Ésta no era muy grande, pero sí lo suficiente para poder poner una sombrilla, algunas mantas y disfrutar sin problemas del verano.
Aunque ya era otoño, los días veraniegos aún aparecían de vez en cuando, y ambas iban a la playa a disfrutar de los pocos momentos en que podían entrar al agua sin morir de frío. No tardaron ni cinco minutos en descender la escalera, la niña de cabello castaño iba medio saltando medio caminando, mientras su madre la sujetaba fuerte de la mano y la llevab por el lado de la roca. Los peldaños eran lo bastante anchos para que ambas estuvieran apartadas del vacío, aun caminando una junto a la otra.
Pronto los pequeños pies descalzos pisaron arena. Entonces comenzó a correr hacia la orilla, a una distancia de cinco metros, la playa privada se extendía horizontalmente desde el fin del acantilado hasta unos treinta metros mas allá, donde destacaban algunas rocas entre la superficie del agua.
La mujer se paró cruzada de brazos, aunque ahora no estaba enojada, viendo con una sonrisa nostálgica a su niña correr, con sus pies hundiéndose en la arena, dando saltitos y lanzando algún que otro grito de sorpresa cuando encontraba algunos caracoles.
De pronto la sonrisa de la mujer se petrificó. Su cabello lacio ondulaba con el viento con aroma a sal, pero su cuerpo permanecía completamente tenso. En sus bellos ojos, una serie de imágenes desoladoras pasaron por su mente, recordándole terribles fantasmas del pasado, y la sensación de que nunca estaría segura.
—Mami! —El grito la devolvió a la realidad, como un baldazo de agua fría.
La vio igual de feliz que hace un momento. Con los pies dentro de la orilla, el vestido casi rozado por la marea que iba y venía, los cabellos cubriendo su rostro redondeado y una enorme sonrisa al encontrar una enorme caracola de almeja.
La mayor se acercó, tomó el crustáceo con amabilidad y vio que aun había un ser vivo ahí dentro.
—Ésta está ocupada.
—Ah...
—Tenemos que buscar otra. Y respetar la vida de los animales.
La niña pareció alegrarse al pensar que era como una heroína por no haber lastimado a ningún ser viviente, incluso hasta sentía haberlo rescatado de un terrible destino. Su madre lo puso en la orilla de nuevo y le señaló otra que parecía estar vacía.
Así pasaban largas tardes, comiendo con la hermosa vista del mar fundirse con el cielo, la arena enterrándose entre los dedos, el sol quemando la piel y la brisa acariciando el cabello.
Se sentía como la libertad. Cuánto más podrían saborearla?
Sus ojos azules se elevaron al cielo cuando la brisa suave cambió, convirtiéndose en una fuerte ventisca. Se puso de pie instantáneamente.
—Vamos linda.
—Ya?
—Si, ves? —Señaló al cielo comenzando a nublarse— el otoño está cerca y parece que lloverá. Anda, vamos. Toma tus caracoles.
Korra la obedeció y abrazó todos los caracoles vacíos entre sus cortos brazos. La mayor la empujaba sutil pero firmemente desde la espalda y la instaba a caminar un poco más aprisa.
No podía negárselo. Los cambios de clima tan repentinos nunca habían traído nada bueno.
Se inició una tormenta apenas llegaron a la cima del acantilado de nuevo. El viento asemejaba querer derribarlas mientras corrían a la casa, que estaba a una distancia prudente de la escalinata de piedras y rocas. Todo el manto sobre ellas se volvió en un gris aterrador, varios tonos diferentes daban dimensiones de cuánto se movían las nubes allá arriba. Una suave llovizna las atrapó justo antes de que entraran por la puerta de madera de una casa pintada de amarillo claro.
La niña dejó todos los caracoles sobre la mesa de la cocina, entonces corrió hacia la ventana sobre la bacha y se subió a un banquito para ver a través. Una fuerte lluvia lanzaba gotas hacia el vidrio, cayendo como lágrimas luego de repiquetear sonoramente. Podía oírse un fuerte escandalo sobre las tejas del primer piso, mientras los inocentes ojos azules veían como los relámpagos iluminaban el cielo oscurecido. Justo frente a la ventana, un ordenado huerto de zapallos, frutillas, ajies y tomates, entre otras verduras, era azotado por la tormenta. Ella se entristeció al pensar en la tardes que habían pasado plantando sus semillas, regándolas y hablando de lo bueno que sería cuando maduraran, sin mencionar sus pensamientos inculcados acerca de la vida.
Bajó del baquito y se encontró a su madre bajando de la escalera que llevaba a los dormitorios y al baño de la planta alta. Ella había cerrado las dos puertas de salida con cerradura y pestillos, había cerrado y cubierto todas las ventanas con sus respectivas cortinas, y había colocado algunos baldes aquí y allá para contener las goteras.
La niña no notó que su madre estaba mucho mas angustiada que ella. Sus ojos se movían de un lado al otro, buscando posibles problemas que resolver, frotando sus manos con insistencia y moviéndose de una habitación a la otra.
Finalmente, fijó sus ojos en la niña y le vio una sombra de tristeza.
—Que sucede Korra? —preguntó con dulzura.
—!a huerta.. Está inundada.
—No pasa nada, mañana estará como nueva —decía mientras peinaba su cabelo—.Vamos a limpiar esos caracoles, quieres?
La niña asintió y caminaron lentamente a la mesa, donde muchos de los antiguos crustáceos habían perdido agua y arena sobre la mesa de madera. La mujer reprimió una llamada de atención y sólo procuró tranquilizarla, para luego comenzar a ayudarle con su tarea.
...
Cenaron pescado con algunas legumbres, y poco después de acabar, la lluvia se detuvo completamente. Ambas salieron afuera con un piloto. La mayor, quien llevaba uno morado, sólo lo usaba para que la niña usara el suyo, el cual era amarillo brillante, combinando con un par de botas de agua del mismo color.
La pequeña corrió hacia el huerto y salpicó hacia todas partes mientras corría sobre los charcos y tierra mojada. Se agachó frente al cultivo y la madre le dijo, una vez que estuvo mas cerca—: ¿Ya viste? Nada les sucedió. Cada ser vivo está hecho para soportar a sus propias inclemencias.
Ella parecía molesta.. Preocupada. La niña sentía que algo no estaba bien, aunque sabía que a su madre no le gustaban en absoluto los días lluviosos, nunca se había preguntado por qué. Volteó a ver a su madre y la encontró con la vista en el horizonte, ella también volteó y vio las nubes grises cubriendo todo el cielo, las olas embravecidas, el viento rugiendo.
—Inclemencias? —dijo distraídamente.
—Como el clima, o los propios problemas que encuentra cada persona en su vida.
La menor lo meditó un rato largo mientras secaba un tomate rojo salpicado por agua de lluvia y luego soltó—: Como que ando descalza.
—Si, algo así.
Finalmente la mayor miró a la pequeña y le sonrió con ternura, como sólo a ella le sonreía. Aunque, ciertamente, ella hacía muchos años que no sonreía con sinceridad, con ganas, desde lo profundo de su alma.
Le extendió la mano a la niña y ambas se dirigieron de nuevo a la acogedora vivienda. Korra iba dando pasos firmes y fuertes, para así salpicar más gotas a su alrededor. Su madre encontraba tierna toda la intención en su actitud por exprimir cada momento. Saboreando hasta la última gota de agua salpicada, hasta el último pisotón en el barro, llenándose de mugre. Aquella libertad, inocencia y facilidad para la felicidad le traían nostalgia.
Le quitó el piloto y las botas de agua, las colgó y la envió a que se bañara. Por supuesto que aún le ayudaba, pero con "ve a bañarte" ella quería decir "ve al baño, quitate ese vestido sucio y esperame". Así lo hacía ella, a pesar de que subía corriendo las escaleras y hacía tanto ruido que sonaban como petardos en medio de la sala.
Su madre subió dos segundos después a la planta alta. Al final de un pasillo un poco angosto, se encontraba el baño, luego el dormitorio de la niña y luego el suyo, de modo que su dormitorio era el mas cercano a las escaleras. Llegó al baño, encontrando a la niña sonriente con una bata un poco grande para su tamaño, abrió el grifo de la bañera y la adecuó para que estuviera tibia. La pequeña se bañó sola y la mayor sólo la ayudó a enjabonarse el cabello.
Momentos después, ella ya estaba con su pijama, acostada en su cama y tapada hasta las axilas. Entonces supo qué seguía.
—Mamá leeme un cuento.. Antes de dormir. —La otra suspiró.
—Bien, cuál quieres escuchar? —Se dirigió a una estantería, donde había montones de objetos desordenados, y en un rincón, unos cuantos libros infantiles apilados.
—Inventa uno, como el del dragon y la campesina.
—De acuerdo —dijo sentándose a los pies de la cama. Se puso el cabello detrás de la oreja y comenzó— Hace mucho tiempo, en el océano pacífico.. Vivía una joven sirena.
—Ah, cómo era ella?!
—Pues.. Tenía cabello negro, muy oscuro, como la noche sin luna. Y sus ojos.. eran los más hermosos y extravagantes que hayas visto: Eran violetas.
En ése momento ella volvió a ser la de siempre. Haciendo gestos, cambiando el tono de voz cuando uno u otro personaje hablaba, abriendo muy grandes sus ojos cuando un momento de suspenso llegaba.
La niña se durmió, sin saber si el humano y la sirena "vivían felices para siempre", entonces la mujer se levantó despacio, besó la frente de su hija y salió silenciosamente, cerrando la puerta tras de sí.
Caminó con pesadez hasta su habitación y cerró la puerta. Tenía una decoración muy simple. Pocos muebles, una cama grande pero vieja. Muchos libros por doquier, un pequeño cofre dorado con piedras brillantes sobre una mesa, era el único detalle que causaba fascinación en la rústica habitación. Pero podía suponerse con acierto, que tenía más libros que cualquier otro objeto en el dormitorio. Había libros ordenados uno junto al otro, otros apilados sobre mesas, otros dentro de cajas y cajones, ordenados en una esquina, apliados en el piso, había libros por doquier. De todos los tamaños y portadas de colores.
La mujer caminó hasta la ventana, que estaba de frente a la puerta de entrada, y cerró las antiguas cortinas con el cuidado de quien esconde algo. Se sentó en la cama, que rechinó bajo su peso, y abrió el único cajón de una mesita de luz junto a la cama.
Sobre ésta sólo había una vela consumida hasta la mitad, apoyada en un plato de vidrio verde con cera seca sobre él. Dentro del cajón, un objeto cuadrado cubierto con una fina seda azul metalico, parecía estar allí, esperando a que alguien lo buscara. Ella pasó sus blancas manos de uñas recortadas por sobre la tela, con sumo cuidado, como si temiera romperlo.
Entonces cerró el cajón con fuerza innecesaria, cuando creó un sonido espeso que, temió muy tarde, podría despertar a Korra. Mantuvo silencio y no escuchó nada desde la otra habitación. Ella seguía durmiendo.
Suspiró.
"Para mi querida Senna"..
Debajo de la tela habia un libro con esa dedicatoria. Su nombre propio leído por aquella voz dentro de la cabeza, en aquellas letras escritas con tanta delicadeza.. Tan sólo el mero recuerdo le causaron un gran dolor.
...
Cuatro años y medio después sus vidas continuaron en la más extrema calma, a excepción de aquellos días lluviosos, cuando Senna se ponía histérica y era su propia hija de casi diez años, quien la calmaba. Ambas cultivaban y cosechaban frutas y verduras en su propia huerta, las cuales eran vendidas a los comerciantes que venían desde el pueblo más cercano a su casa para comprarles. A veces también vendían peces que conseguían del cercano mar, pero eso sólo lo hacían de vez en cuando. A ambas no les iba nada mal, tenían una vida normal y humilde.
Todas las mañanas, Korra se montaba en su bicicleta e iba a la escuela del pueblo, el cual se encontraba a unos veinte minutos en ese medio. A ella no le molestaba, disfrutaba plenamente del recorrido entre caminos de tierra, largas y largas llanuras recubiertas del mas brillante césped, rodeada de arboles y animales salvajes que ni se inmutaban al verla pasar, a veces tarareando, a veces cantando, a veces en el más completo silencio cuando era ella quien escuchaba a las aves trinar.
La naturaleza era tan esencial para ella como respirar, por eso agradecía mucho vivir a las afueras de la sociedad, lo suficientemente cerca para intercambiar mercancías y comprar otras, pero lo suficientemente lejos para tener completa paz y no tener que guardar la compostura frente a nadie, aunque su madre seguía regañándola para que usara zapatos, ella le daba total libertad para andar sola todo el tiempo que quisiera, ya conocía tan bien su entorno como Senna, y la región era bastante tranquila y segura.
Le faltaba poco para cumplir diez, y estaba pensando emocionada qué pediría ése cumpleaños. La vez anterior, había recibido aquella bicicleta roja, y ése ultimo regalo había sido el más caro que había pedido, por eso su madre se esforzó en cumplir el pequeño capricho, ya que ella casi nunca pedía nada. Ambas eran felices con lo poco que poseían.
Los últimos dos días de la semana, la lluvia había llegado y no dejaba de caer. A veces parecía amainar un poco, pero nuevamente, las nubes se obscurecían y soltaban grandes chaparrones que intranquilizaban a su madre. Finalmente no pudo más con su curiosidad, y decidió preguntar de donde salía tanto temor. Su madre sólo respondió:
—"Criaturas salen de la oscuridad cuando el sol se oculta.."
La pequeña se quedó pensando un rato largo sobre lo que dijo. No tenía ganas ni entusiasmo para continuar preguntando, aquello había sonado muy extraño, casi demencial, como si sólo hubiera repetido el verso de un poema.
—¿Acaso no se oculta el sol de noche? —mencionó preguntándose por qué no temía a la noche también.
Las palabras brotaron de su boca sin notar que las decía, se sentía algo molesta con la paranoia de su madre, quien se encontraba sentada como indio en un sillón viejo de la sala, donde cabían tres personas. Pero la menor había optado sentarse en diagonal a ella, en un sillón que hacía juego con el anterior, sólo que ahí cabía una sola persona, para poder verla a la cara mientras platicaban. Pero no había caso, su madre sólo se dedicaba a mirar por la ventana que se encontraba frente a ella. Entonces Senna volteó a verla lentamente, causándole escalofríos a su hija.
—La luna brilla de noche, y los rayos del sol son reflejados por ella. Por eso incluso deben tener cuidado de la noche.. —dijo en trance.
En ese momento sonó como su madre, pero aún seguía siendo atemorizante.
—¿Q-quienes?
Senna pareció reaccionar de pronto y sacudió la cabeza y una mano en el aire. Despejando sus pensamientos y las preguntas de su hija al mismo tiempo. La miró a los ojos con más calma e hizo una mueca que intentó ser una sonrisa.
—¿No tienes tarea Korra? —Iba a responder con una pregunta pero ella continuó— creo que iré a ver si algunos tomates ya maduraron.
Salió de la casa, evitando a Korra y dejándola con la palabra en la boca. No llevó paraguas ni saco, por lo que algunas gotas de llovizna cayeron sobre ella sin cuidado.
Korra arrastró los pies arriba de la escalera y llegó a la primera planta. Se sentía desanimada, cansada, y muy intrigada aún sobre lo que su madre había dicho.
Pasó distraídamente frente a la habitación de su madre y notó que tenía la puerta abierta, echó un vistazo rápido y supo que tenía el doble de libros que la última vez que había mirado, aunque nunca entraba, ya que no tenía nada que hacer allí. Pero luego de la conversación que habían tenido, sintió una gran curiosidad por ver qué decían todos aquellos libros, y por qué tenía tantos de ellos. Tal vez así podría descubrir si es que su madre tenía un temor reprimido de la infancia, o un mero temor a la lluvia que asociaba con seres malévolos que querían dañarla.
Entró decididamente y tuvo que detenerse apenas atravesó el umbral, pues los libros estaban apilados en el suelo, sobre los muebles y desperdigados por todo el piso. Al parecer habían sido pilas normales en el suelo.. Hace 50 libros atrás, pero ahora simplemente no había espacio, ni siquiera para caminar.
Al comienzo decidió tomar los que le obstaculizaban el paso y apilarlos sobre otros, pero acabó perdiendo la paciencia y sólo intentaba pisar donde no hubiera ninguna portada. Casi parecía estar bailando, andando en puntas de pie de aquí para allá.
Los abría, los ojeaba un poco y los devolvía a su sitio, no es que creyera que su madre podría notar la diferencia entre tanto desastre, pero aún así lo hacía.
Cada libro era diferente al anterior. Desde tamaño hasta color, cantidad de hojas, y lo más llamativo: géneros. Casi no encontraba más de dos libros del mismo género en la misma pila. Iban desde fantasía, hasta policial, romance, e incluso algunos de portadas demasiado escandalosas para una niña de casi 10 años.
Se sentó en la cama, cansada de no saber qué buscaba y no haberlo encontrado todavía. Pero sentía que algo había por allí, algo importante, podía olerlo, sentirlo en su piel, algo estaba muy raro con su madre. Su pequeña "pasión por la lectura" se había convertido en una obsesión maníaca y, quizás, psicópata.
Se rió ante su exageración, pero algo realmente era extraño allí.
Se estiró con pereza y se golpeó el codo con la mesita de luz.
—Ayyy!
Entonces se calló cubriéndose la boca con su palma. Su madre podría encontrarla allí, y no quería una cascada de preguntas de por qué tenía que entrar en su habitación sin permiso. Y al final, tenía razón.
—Korra estas bien? —gritó su madre desde afuera.
—Sí, estoy bien!
Suspiró, eso había estado cerca, debía irse, no era correcto revisar cosas ajenas. Se paró y miró desatenta hacia la mesita que se había clavado en el codo, pensando que allí debió de revisar primero.
Abrió el cajón con cuidado y descubrió un objeto cubierto con una tela por arriba. Lo tomó curiosamente.
"Debe de ser algo muy especial para que esté aquí guardado y no por allí tirado.." pensó ella. Entendiendo rápidamente que aquél también era un libro, quizás un diario, donde podría entender mejor a su madre.
Se lo metió bajo un saco tejido y corrió a su habitación, cerró la puerta y miró por la ventana. Afuera seguía estando gris, pero la lluvia al menos había cesado. Incluso parecía que algunos rayos de sol atravesaban las nubes e iluminaban el camino hasta el acantilado. Descorrió las cortinas y se echó en la cama para ver mejor lo que había encontrado.
Abrió delicadamente la tela que lo cubría, tan suave y bonita como no había visto nunca, mucho menos tocado. La desplegó y quedó como una pequeña manta bajo el objeto: Era un libro de tapa color bordó, con una textura que parecía ser cuero.
Recorrió con sus yemas la cubierta y sus dedos pasaron a propósito por una parte rugosa, pues en la parte superior de la tapa, un recuadro que era negro y debía de tener algo escrito a modo de titulo, había sido incinerado con verdadera precisión. Todo el cuadrado estaba quemado hasta los bordes, de una manera tan prolija que hasta daba extrañeza que fuese posible. Era un libro antiguo, lo supo porque sólo los de épocas antuguas tenían el titulo así colocadas en las portadas. En aquél cuadrado incinerado ya no podía leerse nada de su título, pero el resto del libro estaba intacto.
En el lomo del objeto, no había nada escrito, lo revisó porque a veces los libros repiten el título allí también. Entonces sintió una gran emoción al pensar que era el diario intimo de su madre ¿realmente podía leerlo?.. Supuso que se había equivocado desde que entró a su habitación sin permiso, por lo que un nuevo error no haría la diferencia. Lo abrió decidida y las hojas crujieron cuando levanto la portada. En la primera hoja, de una textura nunca antes sentida, tan fina que parecía que la rompería ante el más mínimo roce, podía leerse una dedicatoria, escrita con letras tan sinuosas y complicadas como las escribían tantos siglos atrás, era una caligrafía exquisita, pero era difícil leerla. Finalmente lo entendió.
—"Para mi querida Senna".
Entonces era un libro para su madre, quizás un regalo de algún familiar, de los cuales nunca hablaba y ella no conocía a nadie, o tal vez.. "Tal vez es un regalo de mi padre a mi madre".
Su corazón comenzó a latir una con fuerza. Estaba tan emocionada. Llena de expectativas de que fuese un regalo de amor entre ellos.
Korra recordó amargamente cómo había decidido dejar de preguntar acerca de su progenitor, una vez que su madre había sido demasiado obvia al desviar la pregunta y cambiar de tema. Decidió no preguntar más, e investigar cuando fuera mayor, en el registro civil, el hospital, alguien debía saber algo sobre su padre, aunque sea.. Sólo deseaba conocer su nombre.
Parpadeó rápido para no llorar, todo aquello era tan triste..
Cambió de página con energías renovadas, debía saber si era un regalo de él, debía saber si sus dedos habían tocado aquellas hojas, si sus ojos habían leído aquellas palabras. Ahora ya no necesitaba de nadie para leer, había crecido lo suficiente y necesitaba respuestas.
Iba a girar la hoja después de encontrarse con una página completamente en blanco, sus ojos pudieron ver la sombra de algunas letras cuando..
—Korra! Ven a ayudarme!
Dio un salto en la cama que causó que soltara el libro. El objeto rebotó en las mantas y se cerró por si sólo luego de volver a caer. Soltó un gruñido y metió el libro, apresuradamente envuelto en su tela azul, en la mesita que ella tenía junto a la cama. Ésta era igual a la de su madre pero estaba pintada de rosa.
Salió corriendo y saltando por el pasillo y bajó rápidamente las escaleras. Su madre la esperaba bajo el umbral de la puerta, con varios tomates, zanahorias y berenjenas dentro de dos canastas.
—Ven cielo, ayudame a lavar estos para la cena.
Ella hizo como le dijo, sin decir nada, sin mirarla, sólo se agachó, tomó una canasta con ambas manos y se irguio de a poco. Le pesaba bastante, pero el orgullo no le haría soltar ni una palabra.
De pronto se sintió observada y levantó los ojos, detrás de su madre que estaba agachada bajo el pórtico, había una persona con un paraguas.
—Ah! —Ahogó un grito y soltó la canasta por la sorpresa.
Su madre se volteó con vehemencia, violentamente, como si esperara encontrarse con un demonio. Entonces se detuvo, miró el rostro con atención, luego con intriga y finalmente con felicidad.
—No vas a darme un abrazo?
—Zaheer! —exclamó y sonrió, pero pronto, su alegria se esfumó— Qué sucedió? Qué haces aquí?
—Entonces no me vas a abrazar.
Ella abrió los brazos y él la abrazó fuerte luego de tirar el paraguas a un lado. Estaba completamente mojado por la tormenta, y aún así, ella se dejó abrazar para complacerlo, aunque algo le preocupaba, era evidente. En cambio él la rodeó con toda ternura, con una sonrisa que parecía hasta casi infantil.
Korra se calmó, sólo se había sobresaltado por la sorpresa, pero ahora veía que era un conocido de ella. Ni siquiera pensó en que podría ser su padre. Él era un hombre bajo, de tez pálida, con el cabello rasurado, y ojos grises. Llevaba puesto un traje gris azulado, con corbata azul oscura. Era algunos centímetros más alto que Senna y tenía una contextura física que demostraba que estaba en buena forma.
Tardaron un momento en separarse, entonces la niña ya había vuelto a poner las verduras en la canasta que había dejado caer. Iba a levantar ambas canastas pero entonces él la miró como miraría a la cosa más curiosa y tierna del mundo.
—Hola —dijo agachándose frente a ella, hablando como algunos adultos hablan con los niños, endulzando la voz.
—Hola —respondió ella con cautela.
—Korra éste es Zaheer, es un.. Viejo amigo. —Él sonrió ampliamente con sus perfectos dientes blancos y la mencionada sólo hizo una mueca—.Te traeré una toalla, y tal vez algo de ropa seca.
—No te molestes Sen.
—No —respondió secamente—, no es problema.
Entonces le lanzó una mirada seria, él supo que se debía a cómo dijo su nombre, como si ésa clase de apodos no significaran nada.. Tragó saliva y bajó la mirada, de pronto la alegría se había cubierto por una capa de tristeza cual neblina sobre un campo cultivado.
Senna se alejó y él bajó la vista a la niña, que parecía absorta mirándolo, de pies a cabeza. Entonces recordó que debía llevar las verduras, tomó la suya y amagó a tomar la otra, pero él se adelantó y lo hizo por ella. Korra caminó hasta la cocina y él la siguió, dejando un fino rastro de agua en el camino. Ella puso su canasta sobre la mesa y él la imitó.
—¿Cuantos años tienes?
—Nueve —Los ojos azulds de la joven lo recorrieron como un escáner. Él no dejaba de sonreír.
—Wow, ya estas muy grande!
—Ya me habías conocido?
—Si, cuando eras una bebé. Desde que tu madre ni siquiera sabía qué nombre ponerte.. No sabía que serías niña.
—Y también conociste a mi padre? —Él se detuvo en seco, estaba mirando la decoración en la cocina como si estuviera en un museo, pero ella lo había sorprendido— ¿Cómo era?
—Tu madre no te cuenta mucho de él? —Ella negó.
—Ella no cuenta nada de él.
—Ah, aquí están —dijo Senna llegando con ropa y una toalla— ten, puedes cambiarte en el baño/lavadero que está al final de la cocina, pero no tiene agua, si quieres bañarte tendrás que ir al de arriba.
—No hace falta, gracias.
Él se alejó y Korra vio su espalda doblar en la puerta del baño en desuso, que sólo servía para usar el lavaropas, como si junto a él se hubiera alejado una muy buena oportunidad por conseguir respuestas.
—Todo está bien? —La despertó su madre— te dijo algo.. Extr..?
—No, él fue muy amable —interrumpió.
Le dio la espalda y comenzó a lavar algunas verduras, realmente frustrada. Al terminar, las puso en un colador y las dejó sobre la mesada. Se alejó hacia la sala dando zancadas, decidida a encerrarse en su dormitorio hasta que pudiera sacarle más información a aquél desconocido. Pero su madre la alcanzó y la tomó del hombro.
—Qué sucede?
—Qué sucede?! —gritó— nada sucede! Tú sólo ocultas mi pasado, mi..! Mi identidad! ¡¿Y preguntas qué sucede?!
—Esto es por tu padre? —preguntó con dolor en su voz.
—Claro que es por mi padre! ¡¿Cómo puedes ser tan cruel?! —gritó enrojeciendo. Nunca le había gritado así a su madre.
—De acuerdo. Te contaré lo que quieras saber —cedió ella.
—De verdad? —Se quedó pasmada.
—Sí, sólo espera a ver qué sucede con Zaheer. Luego responderé a todas tus preguntas _7dijo en un suspiro.
—Lamento.. Gritarte..—susurró Korra cuando su madre volvía a la cocina. Lo bastante bajo para que no influyera en su orgullo, pero suficientemente alto para que ella la oyera. Su madre sólo sonrió.
De la nada, el hombre apareció en la cocina, pero Senna no se fijó en eso. Tenía puestos los shorts veraniegos en color celeste y verde brillante y una musculosa blanca. Ésa era toda la ropa masculina que podía conseguirle en la casa, y sólo porque la había encontrado una tarde en la playa, lejos de su casa, cuando iba buscando alguna fruta que creciera salvaje por allí. Encontró ésa ropa y como no vio a nadie cerca, decidió guardarla para que no se destruyera en la intemperie, y cada vez que alguien pasaba por su casa para comprar algo, ella le preguntaba si le pertenecía, claro que nadie reconoció la ropa y acabó guardándola en el altillo. Al fin había servido para algo.
—Tienes problemas con tu hija? —preguntó apoyándose en la mesa cuadrada, donde ella estaba con la vista fija en picar zanahorias— por qué no le hablas de su padre?
Ella clavó el cuchillo en la tabla de madera—: ¿Y tú por qué crees?
—No te enfades. No importa quien sea él ni quien seas tú, lo importante.. Es la identidad de una persona, de una niña dulce.
—Ya, deja eso. Tuve mis razones, bien? No quería que sufriera.
—Pero está sufriendo por no saber.. —dijo muy serio, con pena. Ella se paró en seco.
—Yo.. No quiero que nada malo le pase, Zaheer. Comprendeme, al menos tú.. Deberías entenderlo.
Él se hundió de hombros y rodeó la mesa, ésta vez, la abrazó con cariño y contención. Y ella, aceptó el gesto con más tranquilidad.
—Ahora dime —Se alejó ella— qué te trae aquí?
—Hablemos de eso después..
—No me asustes Zaheer..
_Mañana hablaremos de eso, por ahora.. ¿Como me lucen estos shorts?
Ella sonrió—. De maravilla.
—Mejor que el traje?
—Mucho mejor.
...
A la mañana siguiente, Korra partió temprano a la escuela, el fin de semana habían sido días tormentosos y llenos de descubrimientos intrigantes. Y luego de tanto alboroto, incluso olvidó el libro tan importante que había descubierto. De alguna manera, sentía que ése libro respondería a muchas de sus preguntas, pero quizás al fin, obtuviera respuestas sobre su pasado por boca de su madre, sin tener que violar su privacidad. Aunque aún no lograba creer en su promesa, así que decidió guardar el libro hasta que ella respondiera a sus preguntas o hasta que se diera cuenta de que aquello faltaba en su habitación, lo que ocurriera primero.
Se montó en la bicicleta y anduvo con cuidado, pues la lluvia había dejado todo el camino hasta su destino convertido en fango.
"Al menos el día está lindo" Pensó ella al elevar el rostro al cielo y respirar profundamente, viendo como las nubes se alejaban y daban lugar al bello cielo azul. Ése día parecía prometer mucho.
Por otra parte, Zaheer se desperezaba y estiraba sus músculos atiborrados de molestias por el incómodo sillón donde había dormido. En ése momento llegó Senna con dos tazas de café, una cilíndrica gruesa y la otra con una forma cónica más estilizada.
Se sentó en un sillón donde entraba sólo una persona, a la derecha de Zaheet y su improvisada " cama". Dejó la taza más bonita frente a él, sobre una mesita de madera, que era rodeada por los tres sillones y una ventana, cubriendo sus cuatro lados. Más allá, contra la pared bajo la ventana, había una mesa mas alta y menos ancha, hecha especialmente para colocar contra los muros, sobre ella había dos marcos con fotos suyas con su hija.
Ambas personas le dieron un sorbo a sus bebidas mientras miraban aquellas fotos. Entonces él preguntó.
—Nunca salieron de éste lugar?
—Sabes que es más seguro así.
—Pero no podrás apresarla toda su vida. Además, ningún lugar es completamente seguro..
—Lo sé, por eso, qué hay de ti? Ahora tendrás que esperar hasta que vuelva a nublarse, o llegue la luna nueva, o..
—Un eclipse? —ella asintió — No, no, la tormenta aún no cesa. Sólo es el "ojo del huracán".—Senna pareció petrificarse— Senn? No.. Calmate, Korra estará bien..
—¡¿Cómo lo sabes?! —exclamó, pero a pesar de que él creyó que saldría corriendo a buscarla, ella sólo se sostuvo la cabeza con ambas manos— Y deja de decirme así..—murmuró bajo. Zheer apoyó una mano en su rodilla.
—Nos daremos cuenta si uno de ellos se acerca.
—Yo no te sentí a ti.
—Tal vez éstas oxidada, pero yo lo tengo aún muy fresco —Ella asintió y sacó las manos de su cabeza, levantando la vista lentamente se sacudió la mano del hombre con cuidado.
—Ahora dime, a qué has venido?
—El rey está débil. Muchos dicen que morirá pronto.
—Y? Una cucaracha menos.. —dijo con su lenguaje corporal cambiando rotundamente de la desesperación a la crueldad. Tenía una sonrisa irónica mientras le daba un sorbo al café negro y amargo.
—Ése no es el asunto. Sabes que la reina no asumirá al trono por ser mujer. Entonces..
—Entonces.. —apremió ella.
—Uno de sus hijos asumirá al trono —Ella lo miró aburrida.
—Deben ser uno peor que el otro..
—Lo son —mencionó intentando ver alguna expresión en su rostro, ningún cambio— primero está el primogénito Hasook. Es un ser despiadado lleno de crueldad, más que moverse por el impulso, él es tan cínico que puede pensar en las maneras mas tortuosas de eliminarte antes de que ruegues por piedad.
—Y el segundo?
—Luego está el menor, Tanho.. es todo lo opuesto a su hermano, inmaduro, incorregible, caprichoso, es un mocoso que piensa que puede hacer lo que quiere sólo por ser príncipe.
—Hasta donde supe sólo tenía dos, por qué hablas como si fueran más? —preguntó ella, bebiendo el último sorbo de café.
—Es que luego de engendrar a Hasook, adoptó a un humano.
—¡¿Un humano?! —Se atragantó con su bebida y habló con voz rasposa.
—Si, sólo lo trajo un día —dijo tranquilamente.
—Acaso planeaba comérselo? Cuando ocurrió eso? Por qué no lo supe?
—Eso fue hace unos once años, —se quejó él— Ah! Y sigue vivo, así que simplemente lo adoptó. Él es mayor que el primogénito, por eso algunos dicen que él será el sucesor. Aunque nunca aparece por el castillo..
—¿Y por qué habría de adoptar a un niño humano? Suponiendo que realmente no quiere comérselo —el la miró con cansancio— y teniendo en cuenta el odio que todos ellos le tienen a los humanos..
_Nunca lo explicó, sólo lo presentó y dijo que sería su hijo. Todos estábamos muy asombrados, incluso el rey, que no parecía nada contento con la presentación.
—Lo imagino.. Si es así dudo que lo sea.. —Zaheer la miró— El rey nunca aprobaría a un huérfano para sucederlo en el trono —afirmó.
—Si, eso es cierto.
Ambos se quedaron en silencio, pensando lo charlado, deduciendo qué acontecería después, hasta que un terrible pensamiento llegó a sus mentes. Algo que debieron pensar desde un principio, pero que se habían negado a aceptar en voz alta, fuera de sus mentes, donde todo era seguro y nada era real.
—Él no querrá morir así como así. —Zaheer negó— entonces estabas en lo cierto, no estamos seguras, ni aquí ni en ningún lado.
...
Luego de ingresar al pueblo, Korra pasó frente a la verdulería, donde el dueño -que compraba mercancía a su madre- la saludó. Continuó andando por una calle por la que casi no pasaba ningún automóvil, siguió derecho un momento más y luego dobló en una esquina donde había un almacén -cuyo dueño le compraba mermelada de frutillas a su madre, la cual ella misma elaboraba- pero aún no habían abierto.
Una calle más y entonces llegó a la escuela. A pesar de que no había muchos pobladores allí, la escuela era bastante grande, ya que muchos hijos de empleados de cultivos y productores agricolas que vivían en las afueras asistían allí. Aunque sólo tenía escuela primaria, la secundaria estaba en un pueblo un poco más grande y lejano, al doble de viaje en la bici.
—"Tal vez podría pedirle a mamá un auto" se rió pensando en su cumpleaños, a menos de un mes de él. Al estar dejando su bicicleta junto a la entrada del ancho edificio vestido de blanco, vio que un auto viejo, con un color gastado, se estacionaba frente al establecimiento.
Una niña de su edad bajó de la parte trasera y se inclinó frente a la ventana del conductor. Le dijo algo a la mujer que conducía y se despidieron. La mujer de cabello gris corto y tez morena la observó hasta que se acercó a niña tenía el cabello color chocolate, tenía unos anteojos de cristal grueso, con marco rojo.
El auto de la mujer se alejó cuando vio que la niña se encaminaba a la entrada.
Korra la escrutinió de arriba a abajo cuando se acercó, mientras ella bajaba de su bici. La niña llevaba puesta una camisa sin mangas en color blanco, con bordes rosados, y unos pantalones celestes claros. Una mochila rosa colagaba de su espalda con ambos brazos sosteniéndola, además de pulcras sandalias de charol, como las que se ven en niñas que iban a escuelas privadas, en las ciudades.
—¿Qué miras granjera? —dijo la niña deteniéndose justo frente a ella.
—Hola Opal.. —Se rió— sólo veía.. A una presumida.
—Claro, miras lo que quisieras tener —respondió despectivamente.
—Quien querría ser una niña de mami? —Se jactó la otra.
De pronto varios niños las rodeaban, riéndose y vitoreando los golpes bajos de ambas. Las dos se miraron con odio en los ojos durante un momento, luego Opal respondió:
—Al menos no tengo que pedalear una hora para llegar aquí.
Los niños se rieron y la castaña miró con suficiencia a la otra, que sólo apretaba los labios con rabia. Pronto llegó una mujer con un delantal blanco y les pidió que dejaran eso y entraran rápido. Muchos miraban a Korra y ocultaban una sonrisita burlona, otros se reían bien fuerte, sin importar lo que pudiera decir la docente.
Así había sido desde el jardín de infantes, ya ninguna de las dos recordaba por qué había comenzado la pelea, pero ya no había manera de detenerlo, se detestaban, se evitaban y cuando se cruzaban comenzaban a ofenderse mutuamente.
Durante la primera hora de matemáticas con una maestra canosa y muy regordeta, los niños tuvieron diez minutos para resolver un problema de multiplicaciones, un tema nuevo para ellos. Cuando pasaron los diez minutos la maestra invitó a algunos estudiantes al azar para que pasaran al frente, primero un niño pequeño y con la cabeza rasurada hizo el primer cálculo, el cual estaba correcto.
Pero en el siguiente, la maestra llamó a Opal, ella estaba sentada con una niña pelirroja con perfectos rizos sobre sus hombros. Ambas compartían una de las mesas que se encontraban junto a la pared, cerca de la puerta de entrada. La pelirroja hizo una mueca malvada, ante la expectativa de lo que sucedería, haciendo que las pecas en sus mejillas fueran más notorias.
Opal se levantó con una sonrisa egocéntrica, se alejó y tomó la tiza como si escribiera con ella todo el tiempo. Entonces escribió con mucho cuidado cada número y símbolo, en una letra muy precisa y bonita , a diferencia de muchos otros que escriben como pueden.
—Está correcto. 6 x 6 = 36 —Lo leyó la maestra— ¿Alguna duda?
En el lado opuesto a la puerta de entrada, Korra estaba sentada junto a la ventana, mirando a través de ella la tierra mojada, los columpios y el tobogán aún húmedos, entonces vio a un pequeño pajarito agacharse y picotear en un charco, había encontrado una lombriz.
—Creo que Korra no entendió —Dijo Opal.
Entonces la maestra reparó en que la niña estaba distraída, mirando hacia afuera. Todos los presentes fijaron sus ojos en ella, quien de pronto se sintió observada y volteó, inmediatamente sus mejillas se pintaron de carmesí. La niña pelirroja que se había sentado con Opal rió notablemente, y entonces todos la miraron con burla.
—Seeñorita Wolf puede pasar a hacer el resto de los ejercicios —Ella miró a la maestra con una mala sorpresa— y si no sabe cómo, entonces deberá prestar más atención la próxima vez.
Todos volvieron a reírse de ella, y no le quedó más que arrastrar los pies hasta el pizarron, desde el cual, Opal la miró divertida antes de volver a su asiento. Korra sólo la repudió con la mirada.
Luego de cinco horas de clases que parecían no tener fin, llegó la hora de salir. Desde el grado más alto hasta el más bajo abandonaron el establecimiento, por lo que la clase de Korra fue de las ultimas en marcharse. Todo el día estuvieron repitiéndole las mismas burlas por haberse distraído. Si antes eran rivales, ahora ya ni siquiera podía ver su cara.
Al salir notó que empezaban a caer algunas gotas.
Korra se quedó de pie bajo el pequeño techo que cubría toda la parte frontal del edificio. Mientras tanto, otros niños eran recogidos por sus madres con paraguas o incluso en auto.
No sólo sucedía que a ella le habían inculcado cierta independencia y libertad para desenvolverse, sino que también, su madre apenas toleraba quedarse en los limites de la casa cuando llovia, no iba a buscarla cuando eran días tormentosos, sino que le decía que faltara a clases. En ése momento, supo que ella debía estar histérica al ver que el clima había empeorado de nuevo y ella no estaba en casa.
Entre problemas más serios, vio como Opal subía con una sonrisa altiva al destartalado auto de su madre. Se metió rápidamente en él y le sacó la lengua tras el vidrio del asiento trasero. Diciendo sin hablar: "granjera".
Había pasado diez minutos pedaleando sobre terreno inestable cuando la llovizna pasó a ser una fuerte lluvia, empapando por completo la remera azul y los jeans que la joven tenía puestos. Sus zapatillas se habían inundado por dentro, por lo que crujían cada vez que movía los pies para pedalear. La lluvia caía hacia el lado opuesto del que debía avanzar. Cada movimiento hacia adelante era mas complicado que el anterior. De pronto las gotas mojaron sus cejas, párpados y pestañas hasta que no pudo ver más que agua resbalando por su cara, entorpeciendo su vista, no pudo ver cuando se dirigió derecho a un charco. La bicicleta se hundió por el frente y lanzó un grito, apenas lo oyó ella misma entre los relámpagos, el viento frío y el agua golpeando todas las superficies.
Cayó de lado, raspandose la rodilla izquierda y embarrandose por completo. Se sentía completamente estúpida, frustrada y enojada a partes iguales. Golpeó con el puño la tierra mojada, y sólo consiguió enterrar la mano y salpicar suciedad hacia todos lados. Respiraba agitadamente mientras aún era mojada por la lluvia que no cesaba. Cerca de algunos arbustos, sintió el aroma a tierra húmeda, moho, césped mojado, era un aroma agradable después de todo. Como si la naturaleza hubiera entrado en sus fosas nasales y la hubiese revitalizado por dentro, se levantó con nuevas energías, más tranquila, había dejado la tristeza atrás.
Volvió a montarse en su bicicleta y volvió a avanzar. Tal vez era la lluvia la que había amainado, o tal vez era ella la que se sentía más fuerte que antes, no lo sabía, pero avanzaba con más fiereza sobre la llanura, siendo bañada y limpiada por la lluvia.
Estaba a mitad del camino cuando se encontró con su madre, ella venía acompañada de Zaheer, ambos tenían paraguas. Fue tan extraño ver a su madre tan serena, caminando bajo la lluvia con algo de preocupación, pero controlada.
—Kora que sucedio? _gritó cuando estuvo más cerca.
—Nada, no es nada.
—Pero si éstas llena de barro!
—Podríamos ir volviendo? —intervino Zaheer.
Ambas se giraron para volver, aunque ésta vez Korra sólo caminó mientras llevaba su bicicleta por los manubrios. Su madre la cubría más a ella que a sí misma, pero esas eran cosas normales en las madres.
—Entonces? Qué sucedió? Te peleaste? Te caíste?
—Me caí. Pero ya estoy casi limpia, ves? —dijo sacudiendo los brazos, salpicando a los lados— la lluvia me limpió.
—Casi.. —dijo su madre, mirándola a los ojos y viendo las manchas secas de barro, que se iban deshaciendo en gotas negras cada vez que una gota de lluvia le recorría el rostro.
Korra sonrió de todos modos. Era la primera ve que su madre se atrevía a salir durante una tormenta. Y presentía que era gracias a Zaheer.
Mientras la menor se bañaba, ambos adultos se sentaron en la sala, secándose con algunas toallas el cabello.
—¿Qué harás ahora?
Zaheer se quedó meditabundo, mirando al vacío algunos segundos. Movió sus pies descalzos sobre la alfombra raída por el paso del tiempo. Tenía los codos apoyados sobre las rodillas y el cuerpo inclinado hacia adelante. Sus anteojos aún tenían algunas marcas de haber sido secados con una tela no apta para eso, dejando algunas pelusas en el cristal.
Por otro lado, la lluvia seguía golpeando la ventana de la sala, era el tercer día tormentoso, eso no podía significar nada bueno ante los ojos de Senna.
—Estoy preocupada —reconoció ella. Él apoyó una mano sobre la rodilla de ella y la miró cálidamente.
—Afrontaremos lo que haya que afrontar, ya no voy a dejarlas.
—Pero y los..!
—No importa, mi lugar está aquí con ustedes —sentenció—. No puedo volver a abandonarlas. No imaginas la culpa que sentí luego de irme.. Dejándote con una bebé, sin nada mas.. —su voz se quebró de tal manera, que supo que él no exageraba, estaba asombrada.
—Zaheer.. —Ella lo miro con pena, apoyando la mano en su hombro— Era necesario. —Sus palabras no causaron el efecto deseado, él sólo negó.
—Debí quedarme, luchar a tu lado..
—Todos hubiéramos muerto si no hubieses regresado y dicho que morí.
Ambos se quedaron en un largo silencio, aceptando las últimas palabras como verdaderas. Su silencio no se debía sólo a la consternación, él estaba meditando, decidiendo si hablar o no. Finalmente tomó valor, levantó sus ojos grises del piso y la miró dulcemente.
—..Siempre te he amado —Ella asintió y se mordió el labio. Eso no la sorprendía—. Pero no tienes que sentir lo mismo, yo sé cuanto amaste a.. Al padre de Korra. Por eso, sólo permiteme ser tu amigo y cuidar de Korra.
—Gracias —Fue todo lo que dijo. Regalándole una sonrisa sincera.
—Estamos juntos en esto.
Korra había salido rápido del baño, y al acercarse a la escalera para avisar que otro podía bañarse, notó el silencio que había en la sala, le preocupó que ambos se hubiesen peleado, ya que aquél desconocido le caía muy bien. Se agachó entre las sombras del pasillo donde empezaba la escalera, detrás del pasamanos. Entonces escuchó la voz de Zaheer.
—"Siempre te he amado. Pero no tienes que sentir lo mismo, yo sé cuanto amaste a.. Al padre de Korra. Por eso, sólo permiteme ser tu amigo y cuidar de Korra."
De pronto las ganas de llorar la abrumaron. No podía ver más que sus espaldas desde su posición, pero no necesitaba ver el rostro de su madre para notar la tristeza que la corroía por dentro. Se levantó aprisa y corrió sobre la alfombra desgastada, la cual se tragó el sonido de sus pisadas como buena cómplice.
Él se había declarado, y se sentía confundida al respecto, pero lo más importante era que había estado a punto de decir su nombre.
"¡Pero no lo dijo!. Había prometido esperar a que él se fuera, pero si él quiere quedarse mas tiempo, si quiere "cuidarnos" entonces nunca se irá, y por él, nunca sabré nada sobre mi padre!" pensaba desesperada, culpando al extraño de errores ajenos. Pero pronto sus ojos divisaron la mesita de luz de su habitación.
—"Ya veremos, madre."
Se encerró en su habitación y corrió a la mesita, donde casi sacó el cajón por completo al jalarlo con fuerza. Agarró el libro envuelto, sin la más mínima delicadeza que había tenido la vez anterior y lo abrió.
Hola! Mientras sigo editando la adaptación de La Sirenita, esta vez traigo algo de mi autoría. Lo escribí hace tiempo como una novela normal pero prefiero convertirlo en fic y que vea la luz de los lectores antes de dejarlo ahí archivado y olvidado.
Y si, va a haber algunas parejas extrañas y los personajes no van a atenerse solo a ser buenos o malos según la serie. Pero claro que Korra va a ser la heroína y este va a ser un fic Korrasami.
Espero que les haya gustado hasta acá. Pronto voy a subir la continuación! Saludos!.
