No creí que volvería a andar por estos lados, pero anduve revisando mi carpeta y vi que tenía esto escrito desde hace casi tres años y decidí publicarlo tras unos retoques y re estructuración de la idea central. Tengo planeado que sea un three shot, pero no me atrevo a asegurar nada(?)
Además, tauro x virgo no tienen casi amor y me dije: lo haré porque me apetece, porque quiero y porque puedo y ualá!
Disclaimer: LC pertenece a Shiori Teshirogi y yo sólo uso sus personajes para mis necesidades shippeadoras(?)
Terapia
By Zahaki
Capítulo 1
Una nueva mañana había irrumpido en el hogar habitado por múltiples personas sin que el hecho de que aquel evento fuera ejecutándose diariamente le permitiera acostumbrarse del todo. Ya casi llevaba un año en Grecia y a pesar de que había logrado acoplarse al ritmo impuesto por su tío y sus primos, las concurrencias jamás habían sido precisamente su punto fuerte y por concurrencia se refería a la que conformaba el hogar donde habitaba en la actualidad.
La casa, afortunadamente lo suficientemente amplia para la numerosa familia, todas las mañanas despertaba sumida en el caos del inicio de las actividades del día.
¿Por qué su padre tenía que ser tan escandaloso?
Shion hizo un esfuerzo sobrehumano por descansar unos minutos más al colocarse la almohada sobre el rostro, pero los reclamos de Hakurei en la planta inferior apresurando a Atlas le privaron de semejante privilegio. Sage no tardó en sumarse a las quejas (mucho más moderadas que las de su gemelo) por la poca proactividad de Manigoldo, quien aparentemente se robaba otra taza de café, y ante la certeza que el silencio no llegaría pronto, se deshizo de sus intenciones y echó sábanas fuera de su cuerpo.
Fue tal el estrépito con el que Shion trató de ponerse de pie que en el proceso pisó algo, o mejor dicho, alguien. Un elemento del que se olvidaba casi a diario desde que se había sumado al caótico lugar, vayan a saber los dioses por qué.
—Lo siento… y buenos días.
Dijo en un susurro al nuevo ocupante de su habitación, a quien encontraba todas las mañanas en la posición de loto sobre una alfombra. Tal vez siempre terminaba olvidándose de que Asmita se había mudado con ellos hacía un par de semanas era precisamente porque éste ni se sentía en comparación al resto de su familia.
—No te preocupes, apenas me rozaste.
Shion le dirigió algo parecido a una sonrisa que desapareció tan pronto como recordó la condición de su primo. No era como si pudiese ver sus gestos de empatía aunque muchas de sus acciones hicieran creer lo contrario.
Asmita le llevaba si acaso un par de años, pero su actitud reservada daba una sensación de llevarle muchos más. Decían su padre y tío que era hijo de alguien muy querido del que no hablaron con demasiado detalle y la verdad es que el parecido entre ellos no parecía emparentarlos de algún modo.
Mucho más pequeño, recordaba haberlo tenido de visita en Jamir, donde prácticamente no interactuaban por el régimen de meditación que el chico se imponía. Shion admitía haber tenido reservas en tratarle, pero con el pasar del tiempo se acostumbró a él, sus silencios y extrañas costumbres, por lo que el parentesco dejó de ser una inquietud.
Ya en Grecia, Asmita había ido a visitarles en otras ocasiones, pero para el momento se había trasladado definitivamente a su residencia al encontrar un empleo que pudiera desempeñar a pesar de su condición, y a diferencia de él, no parecía tener problemas con el ruido que imperaba en el lugar 20 de las 24 horas del día. El hindú lucía tan calmado que parecía inmerso en una dimensión ajena al jolgorio matutino que se desataba en la cocina.
—¿No se te hace tarde? —consultó Asmita al percibir que Shion no se había movido de su posición y no mostraba tener intenciones de agregar algo más.
Shion, saliendo de su escrutinio y sintiéndose avergonzado por observar de esa manera a su acompañante pese a que éste no pudiera haberlo atrapado, se puso de pie con estrepito renovado mientras atropellaba su respuesta.
—H-hoy no me toca ir a la facultad y… —Shion pensó que en realidad iba a tener un día fuera de casa a diferencia de Asmita que iba y volvía del trabajo sin mayor alternancia en sus actividades — ¿No te gustaría acompañarme hoy?
Asmita elevó una de sus delgadas cejas en un arco notoriamente extrañado, pero sin mostrar disgusto por la propuesta.
—No me gustaría interferir en tus planes con Dohko.
A Shion esa respuesta le supo más a un «El hecho de que no pueda ver no significa que no haría el papel de farol» o algo así.
—No, no. No es nada de eso, no te preocupes. En realidad es una salida grupal, estoy seguro que Defteros también irá — El tibetano percibió la réplica aún no declarada del hindú, pero se apresuró a agregar: —. Nos iremos en una hora —dejándolo a solas con el compromiso.
Shion debía reconocer que había subestimado la capacidad de Asmita, pues aunque no había mostrado demasiado interés en su propuesta, 10 minutos antes de la hora pautada estaba arreglado bajando las escaleras, conduciéndose como cualquier otra persona en uso total de todas sus capacidades.
—Me alegra que me acompañes y estoy muy seguro de que los muchachos se alegrarán con otra persona.
Asmita hizo un gesto que levantó una de sus comisuras y arrugó un poco su nariz, tal vez poniendo en duda la declaración de Shion, pero se ahorró cualquier comentario y le siguió con total seguridad guiándose nada más por el sonido de sus pasos.
—Hace mucho que no hablo con Defteros y pensé que sería una buena ocasión aprovechando que es mi día libre.
Shion, por supuesto, no esperó aquella confesión, pero se repuso rápidamente.
—Es la ocasión perfecta, hace mucho que no está el grupo completo.
El trayecto se hizo rápidamente con comentarios y respuestas breves tanto de una parte como de la otra, y Shion pudo comprobar con cierta restricción que conocía muy poco a Asmita, no obstante, no perdió el ánimo y se dispuso a darle el revés a esa situación con el momento que se le presentaba.
Llegaron al sitio indicado.
Era el campus, ciertamente, mas Shion se encargó de explicar que simplemente utilizarían las canchas para prácticas amistosas.
Dégel y Albafica recibieron con agrado al recién llegado, Manigoldo que estaba calentando con Kardia y Dohko, hizo escandalosas exclamaciones al verles llegar, pero todas y cada una de ellas fueron ignoradas. Aspros y Defteros llegaron junto a Sísifo y Hasgard minutos más tarde y no fue hasta después de mediodía en el que todos se dispusieron a compartir asiento en mesas improvisadas y unidas.
Asmita conocía a casi todos o al menos los había escuchado mencionar. Era un ambiente un poco sofocante para él, que a pesar de estar acostumbrado al ruido en casa, el hecho de estar en un entorno desconocido y con tantas voces nuevas lo abrumaba más de lo que le gustaría admitir.
—Es una sorpresa que hayas venido. ¿Quieres caminar un poco?
Defteros en su imaginación era una persona tosca y salvaje a diferencia de su gemelo Aspros, cuya voz transmitía confianza y dominio. Sin embargo eso no era ningún impedimento para que Asmita se sintiera cómodo en su presencia.
—Sí —respondió brevemente sin develar la incomodidad que experimentaba a sabiendas de que Defteros ya era dueño de tal conocimiento.
Asmita se levantó apenas sintió la silla de su amigo correrse un poco y, siguiendo el ritmo de sus pisadas, le siguió alcanzándole sin ninguna dificultad.
—¿Si estás tan incómodo para qué viniste? —consultó Defteros con una asertividad que a Asmita no le extrañó y, encogiéndose ligeramente de hombros, respondió:
—No quise ser grosero con Shion —dijo con simpleza—. Hace varios días que vivo definitivamente con ellos y hace muchos años que lo conozco, pero es evidente que no sabemos tratarnos. Así que decidí darnos la oportunidad y...
—…Y nadie puede decirle que no cuando se lo propone, ¿no es así?
Asmita se limitó a encogerse de hombros sin ánimos de entrar en detalles al respecto.
Defteros emitió una risa áspera y siguió con su caminata, acoplándose a un ritmo que Asmita pudiera seguir sin inconvenientes al ser plenamente consciente de que prefería en la medida de lo posible no depender del bastón que se empeñaba en olvidar en algún rincón como si esperara que simplemente desapareciera en vez de recordarle constantemente sus limitaciones.
—Es bueno que hayas venido —continuó Defteros tras unos segundos de silencio sorprendiendo a Asmita que movió las cejas y giró suavemente la cabeza como indicativo de atenderle —. De hecho, pensaba visitarte cuando saliera de aquí. Ten.
Asmita no tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió que su muñeca era firmemente sujetada por Defteros y colocaba una bolsa en su mano. Tanteó un poco la bolsa, era de papel suave, crujió bajo su agarre y al descubrir el lazo que la mantenía hermética de cualquier agente exterior, la abrió intuyendo su contenido a través del olor dulce que se filtró hasta su nariz.
Asmita giró el rostro hacia Defteros en la búsqueda de una explicación, pero éste se adelantó y tomó de nuevo la bolsa para extraer algo y colocarlo en su boca.
—¿Alguna vez dejarás de ser tan desconfiado? Vamos, no pienso envenenarte a menos que sea por mal sabor. ¿Y bien?
Asmita siempre se sentía aturdido por el arrollador accionar de Defteros, seguir su ritmo siempre implicaba un cansancio físico y mental, y no era de extrañar que siempre le costara un poco más de lo normal en reaccionar con respecto a su entorno cuando él estaba presente. Se atrevió a identificar la superficie que tenía entre los labios descubriendo un sabor dulce y extrañamente familiar.
—Muy dulce —respondió al terminar de pasar el pequeño trozo— y algo picante, así que está perfecto.
—Llevaba varios días buscando las especias y cuando descubrí que acá las vendían con otro nombre, me sentí estúpido.
Asmita sonrió costándole a horrores contener las ganas de reír.
—Hubiera sido suficiente con que me preguntaras.
—No. Quería que fuera una sorpresa, además que sabría que lo hice bien si lo identificabas. No me sentiría conforme si me dabas una buena opinión por lástima.
—No soy tan misericordioso, Defteros.
Siguieron hablando por otro lapso ininterrumpido y degustando de los dulces hasta que de ellos no quedaron más que migajas dentro de una bolsa abandonada en los vaqueros raídos del griego.
—Iré por una cerveza. ¿Quieres algo de beber?
—Cualquier cosa sin alcohol estará bien.
Defteros se alejó con la promesa de no tardarse y Asmita decidió apoyarse en un árbol mientras esperaba para evitar desorientarse. Vagó algunos segundos con la mano estirada intentando ubicarlo por la sensación de frescura cuando sintió un vacío que se apoderó de sus músculos y que la fuerza de gravedad ejercía su predominante presión sobre él. No obstante, una fuerza contraria lo devolvió a otro lugar sin que pudiera sentir debajo de él más que una masa de carne amplia que evidentemente no era la grama que se esperaba.
Un quejido respondió a sus dudas y alejándose estrepitosamente su mano se encontró con la causa del desbalance que le había puesto en esa situación. Otro tirón lo devolvió a sitio seguro.
—¿Estás bien?
Asmita movió la cabeza hacia la dirección de dónde provenía esa voz y tardó varios segundos en identificarla. Era el mejor amigo de Aspros y Sísifo, Hasgard, a quien le asintió a modo de respuesta. Le escuchó deslizarse por la grama y atento a cada uno de los sonidos alrededor, esperó a que le dejara ir e intentó ponerse de pie, mas un dolor en el tobillo se lo impidió.
—Déjame ver —pidió el gran hombre que cohibió a Asmita con su mera presencia cuando le sintió acercarse y, sin mayor dilación, exponía uno de sus tobillos —. Al parecer tienes una torcedura, pero no creo que sea algo de qué preocuparse. Es muy posible que no puedas apoyarte en un tiempo.
—No es necesario que te tomes la molestia —dijo intentando alejarse sin parecer muy grosero.
—Soy fisioterapeuta, es mi trabajo no una molestia.
Asmita sintió un extraño pánico al sentir los firmes dedos de Hasgard presionando puntos que le arrancaron muecas de incomodidad y disgusto. Aquello era más de lo que podía soportar considerando lo poco que estaba acostumbrado a las personas y la invasión del espacio personal. Más de una vez intentó alejar la pierna de las prodigiosas manos del terapeuta y más de una vez éste le fijó de nuevo en un punto de alcance mientras practicaba lentamente algunos movimientos y preguntaba donde dolía más.
—Es suficiente —le interrumpió Asmita hastiado de sentirse manoseado—. Gracias por tu ayuda, le pediré a alguien que me lleve a casa y guardaré reposo.
Hasgard mantuvo silencio por algunos segundos, quizás extrañado por la reacción de Asmita.
—No quisiera ser fatalista y disculpa la franqueza, pero no tienes la mejor constitución que haya visto para alguien de tu edad.
Asmita le escuchó alzarse y al sentir que su imponente presencia y figura se acercaba, se retrajo en sí mismo, pero Hasgard, por su parte, dejó escapar un suspiro exasperado y sacudió sus ropas y él pudo notar la molestia en cada uno de los aletazos que daba a sus prendas.
Aun así, no dijo nada e intentó inútilmente ponerse de pie.
—Llamaré a Defteros y si persiste la molestia, le dejaré indicaciones para que te lleve a mi consultorio.
Asmita aspiró a profundidad cuando sintió la presencia de Defteros a su lado, quien preguntándole preocupado por los detalles, se tomó la tarea de llevarlo a su casa en el auto de Aspros.
Al día siguiente, y pese a sus quejas, estaba sentado en una pequeña sala de espera con una música de ambiente saliendo de algún lugar de una esquina superior. El olor a pino del desinfectante y la tranquilidad del lugar le hicieron saber al hindú que aquel sitio no era un hospital público cualquiera y que cualquier consulta o factura golpearía fuertemente sus ahorros y más cuando era muy probable que necesitara unos días de licencia para su recuperación.
—¿No podíamos ir a un médico público? —consultó a Defteros, mas éste se limitó a pasar la página de lo que sea que estaba leyendo sin mostrar intenciones de moverse de su lugar.
—Hasgard dijo que viniéramos. Deja que te vea y ya luego veremos lo que haremos.
Asmita volvió a dejar ir el aire por la nariz y se sentó apropiadamente hasta que su turno de ser atendido llegó.
Hasgard saludó a Defteros con una efusividad que le hizo saber que eso era simplemente parte de su personalidad y habló con él como si Asmita fuese un menor de edad, y en cierto modo así se comportaba y lo demostró cuando una expresión nerviosa se apoderó de su rostro al oír que su acompañante esperaría afuera.
Hasgard intentó tomarlo para conducirlo a la camilla donde le evaluaría, pero Asmita alejó su mano de una manera poco educada por mera costumbre y aversión a que lo trataran como un lisiado que por el otro hombre.
—Sólo dime a donde tengo que ir.
En ocasiones aquello era un motivo de disputa con Defteros que a ambos les había costado superar y Asmita sólo esperó a que entendiera que odiaba ser tratado con tanta reserva por su condición. No obstante, Hasgard no tenía planes de ceder a sus caprichos y aún tenía una lista de pacientes por atender.
Le condujo, tomándole fuertemente por los hombros y a la mínima muestra de resistencia advirtió:
—Puedo cargarte si tanto te molesta.
Asmita apretó fuertemente la agarradera de la muleta donde estaba apoyado y caminó hasta la camilla, la cual tanteó antes de subirse a ella con un pequeño impulso.
Luego de algunas indicaciones, Hasgard se ubicó en el extremo en donde se encontraban sus pies y tras examinarle detenidamente y preguntarle algunas cosas como dietas y bebidas, dio su opinión.
—Necesitaré una radiografía. Puedes hacerla ahora mismo en el piso dos, daré la orden, espera aquí.
Y antes de que pudiera reprochar o pedir una explicación más amplia sintió el consultorio sumido en soledad, aunque no por mucho tiempo. Pronto volvió el fisioterapeuta y detrás de él algunas personas que no identificó, por lo que no tardó en descifrar que serían algunas enfermeras.
—He mandado a traer una silla de ruedas —le explicó y dirigiéndose posteriormente a otra persona, prosiguió—. No quiero arriesgarme a que se ponga peor así que tráiganme el estudio apenas esté listo.
—¿Tiene expediente?
Y Asmita tembló ante la mención de aquello. ¿Cómo explicarle que era un extranjero que ni siquiera tenía un seguro decente para cubrir tales gastos?
—Acabo de abrirlo, acá está.
Asmita no sabía hacia dónde dirigir la cabeza ni como pedir explicaciones. No podía ubicar la voz de Defteros entre los residentes y el hecho de no hallarse a solas con el médico lo ponía en un serio dilema, mas una mano sobre su hombro que reconoció de inmediato le hizo olvidar brevemente su línea de ideas.
—No te preocupes, todo está arreglado.
Era la voz de Hasgard.
Exámenes realizados y de vuelta al consultorio, Hasgard le comunicó muy a su pesar que había sufrido una leve fisura y tendría que enyesarle por algunas semanas, no obstante, lo que le preocupaba al terapeuta era lo mencionado el día de la caída.
Asmita tuvo que mantenerse en reposo algunos días, pero no pudiendo extender más su descanso, tuvo que presentarse a trabajar con muletas, siendo acompañado en ocasiones por Defteros, otras por Shion y algunas veces por las nada silenciosas quejas de Manigoldo.
Aquello solamente había intensificado su aversión a su nueva condición, no era paralitico, pero era tratado como tal. ¿Cómo le hacía entender a esas personas que sólo estaba levemente impedido? Afortunadamente su trabajo consistía en algo muy sencillo y en el que estaba sentado. Atendía llamadas de emergencia y refería a los cuerpos competentes para que atendiera la situación en la dirección que indicaban.
Jornada tras jornada se había desarrollado sin inconveniente salvo en las ocasiones que Manigoldo le dejaba esperando más de la cuenta a la hora de su salida. Shion, por el contrario, era mucho más puntual y aunque Dohko resultara agradable, le parecía extraño cada vez que ellos dos iban a buscarlo juntos.
Dos semanas habían trascurrido desde que tuviera la férula y se encontraba esperando a que Defteros le buscara para llevarle a consulta. No había sido un par de semanas agradables por lo que no podía decir que no estaba impaciente por volver a su rutina.
Un claxon sonó en la puerta, pero no parecía ser el del hermano de Defteros, cuyo auto se había convertido en la ambulancia personal para sus visitas al médico. Asmita permaneció en el mueble sin mostrar intenciones de ponerse en movimiento, pero la insistencia y posteriormente el timbre le indicaron que definitivamente tenía que ser para él ese llamado.
—Buenos días.
La voz que le saludó no fue la que esperaba y esto hizo que su respuesta fuera mucho más lenta debido a la sorpresa.
—Buenos días —respondió aún extrañado—. Justo iba para a la revisión, pero Defteros quedó en pasar por mí y aún no ha llegado. Él no suele tardarse…
Hasgard lo interrumpió.
—Me ofrecí a venir por ti —
Asmita enarcó una ceja. No era como si le desagradara Hasgard al punto de no querer estar con él, pero hubiera agradecido que Defteros al menos se hubiera tomado la molestia de avisarle antes de enviarle a alguien quien para él seguía siendo un simple extraño que veía una dolencia de manera ocasional.
No pudo evitar que un gesto de incomodidad invadiera sus facciones.
—Debió avisarme —insistió Asmita vocalizando sus pensamientos.
Aunque Hasgard tenía un aura parecida a la de Defteros, pero más bonachona que salvaje, sus aproximaciones eran mucho menos mesuradas. Parecía costarle entender que todo lo que tuviera que ver con ser conducido, llevado y compadecido le resultaba infinitamente irritante al punto de parecerle ofensivo.
Hasgard por su parte, tenía su rol de hombre amigable y otro de médico completamente en debate. Las veces que intentó acercarse al otro fueron impulsadas por sus instintos, por sus ganas de servir, pero éste despertaba sin duda alguna lo peor que tenía y en ocasiones quería simplemente dejarlo a la deriva y que el mundo lo arrollara.
El gran hombre emitió un suspiro áspero antes de hablar.
—Él no me pidió que viniera por ti. Me llamó para cambiar el horario de tu consulta porque tenía una cita para una degustación de su menú para una cadena importante y yo como tengo mis demás horas ocupadas me ofrecí a llevarte y así no postergamos más tu revisión.
Asmita asintió comprendiendo la situación, pero aún reticente a estar con el otro fuera del consultorio le costó tomar la iniciativa y avanzar. No le quedó más opción que dejarse conducir hasta el auto sin esperar que Hasgard evitara el mayor contacto posible con él.
De camino, Hasgard colocó música suave y fue imitando los golpes de percusión al volante mientras su boca tarareaba la melodía por lo que cualquier intención de conversación fue extinguida antes de producirse, y así el trayecto se hizo mucho menos tenso de lo que Asmita hubiera esperado.
La consulta transcurrió sin inconvenientes ni irregularidades a excepción de la poca habladuría de Hasgard, quien sólo dijo lo que a él le pareció estrictamente necesario y Asmita, pese a que pensara que así era mejor, no pudo evitar preguntarse si además de él, algo incomodaba al otro.
Estuvo acostado en la camilla más resignado que tranquilo mientras Hasgard pasaba sus manos, que para ser grandes, lo trataban con una delicadeza a la que no podía decir que no se hubiera acostumbrado. Luego movió su pie en diferentes direcciones y al no encontrar algo fuera de lugar pareció satisfecho y finalmente lo dejó ir.
—No sugeriría que dejes las muletas aún, pero podrías reemplazarlas por un bastón y procurar no hacer mucho peso en este pie.
Asmita no entendió su sugerencia y se sentó en la camilla una vez éste terminó su inspección.
—¿No se supone que estoy curado?
Hasgard le ayudó a bajarse y sin esperar consentimiento, volvió a conducirle hasta la silla y el protocolo ponía ansioso una vez más a Asmita.
—No sé si recuerdas lo que te dije el día del incidente —dijo el terapeuta y procedió a acomodarse en su propia silla—. Tu constitución es muy débil para alguien de tu edad y con este antecedente no podemos asegurar que no sigas teniendo inconvenientes —explicó.
—Procuraré tener más cuidado —ofreció.
—No es solamente eso —replicó Hasgard extrañamente cauto—. Es probable que duela las primeras semanas ya que debes volver a acostumbrar tu pie al movimiento y al apoyo, pero además de eso, tu masa muscular no está lo suficientemente desarrollada.
Asmita no estaba muy seguro de a dónde quería llegar su médico de turno con tanto rodeo.
—Y tú sugieres…
—Más que sugerencia, haré una orden para que hagas una terapia.
—¿Terapia? ¿Qué se supone que estuve haciendo todo este tiempo?
—Recuperándote de una lesión —contestó—. Sanar y volver a la rutina son cosas diferentes, es un procedimiento más lento y como dije, tu muscula-
—Ya sé que no estoy en forma. Te lo agradezco, pero no estoy interesado y no tengo cómo pagarlo.
—Jamás dije que lo cobraría.
Asmita, quien siempre procuraba que su carácter no le ganara, cedió ante la molestia.
—No acepto caridad —dijo con una voz profunda y se incorporó de inmediato. La molestia se apoderó de su pie con un pinchazo, pero el enojo sobrepasaba cualquier clase de dolor que pudiera estar experimentando en ese momento—. Realmente agradezco que hayas visto mi lesión y me ayudaras a recuperarme, pero no estoy dispuesto a ser tu buena acción de día así que, por favor, no te tomes atribuciones que no te corresponden.
—Difiero —se impuso Hasgard con su voz profunda al son de la silla deslizándose tras él cuando se incorporó—. Como tu médico, es mi atribución velar por tu recuperación no sólo física, sino que también puedas retomar tus actividades lo mejor posible y evitar futuras lesiones. ¿Cuánto no más si son amigos de mis amigos?
Asmita le escucha dar unos pasos y posteriormente acercarse a él. Su mano amplia ya muy conocida por su pie y pierna, le hizo sujetar algo, por su textura parecía un mango forrado con un material antideslizante que se adhirió a sus dedos y se amoldó a su forma.
—Y más cuando mi paciente es tan obstinado. ¿No acabo de decirte que no lo apoyes?
Asmita no pudo rebatir ninguna queja ni mantenerse en pie de lucha contra Hasgard, quien lo despidió con la promesa de ir preparando su cronograma. Salió del consultorio con pasos titubeantes sin estar muy seguro de qué acababa de ocurrir.
Se dirigió a la salida de la clínica comprobando que en efecto no podía apoyar apropiadamente su pie afectado y considerando que, pese a sus objeciones, Hasgard tenía un punto a su favor. Exhaló un suspiro y salió al fin, completamente ajeno al hecho que su regreso a esas instalaciones cambiaría su vida.
Espero que haya sido de su agrado.
Agradecimientos a mi novio Exoesqueleto7 por revisarlo antes de subirlo
