Advertencias: Homosexualidad. Omegaverse. Temas de adultos. ¿M es súper explícito, no? No suelo escribir los seudónimos vulgares de pene, así que está en T. No sé corríjanme si estoy mal ok

Disclaimer: Hetalia no es mío.

Parejas: DenNor y HongIce. Menciones casuales de FrUk, SuFin, Spamano, etc.


Prólogo


Lukas no recuerda realmente mucho de su pasado. Él solo sabe que, hasta sus diecinueve años, él lo ha hecho. Pero si se permite divagar en esos momentos del pasado, la imagen más concisa que recuerda fue cuando estuvo sobre el césped, viendo como la casa se reducía lentamente a cenizas. El fuego bramaba furioso por las ventanas, dándole batalla a los suaves y tibios soplidos del viento nocturno, que intentaban aplacar la guerra. Pero era demasiado tarde ya para siquiera pensar en la palabra esperanza.

"—Todo estará bien, todo estará bien.—le decían, intentando acariciar la cabeza de Lukas, pero él no solo no comprendía lo que pasaba, sino que además era irritable, y no le gustaba lo que olía. Tampoco permitió que tocaran a su hermano.—Tienes que dejarnos verlo, para verificar si está bien, ¿entiendes, Lukas?—pero Lukas no quería entender. Su hermano estaba bien, completamente rendido. Lo tenía fuertemente apretado contra él, rodeándolo con los brazos, ocultándolo del brillo, de los olores, de las personas que veían con lástima cómo, los pequeños hermanos Bondevík, quedaban huérfanos.

Pero Lukas trató siempre de no llorar. Al principio fue complicado. Pero luego se dio cuenta que sus lágrimas jamás traerían nada. No devolverían el tiempo, no acabarían el fuego, no despertarían a sus padres antes de la tragedia. Él era un hermano mayor; el protector, el que estaba a cargo ahora, el que tenía e iba a velar por la seguridad de su pequeña familia desde ese día y para siempre. La debilidad sería una de las más dañinas inflexiones, lo entorpecería, le haría daño a su pobre y pequeño hermano. La gente siempre le acusó de ser demasiado joven, pero para Lukas, no había más opción. Nunca hubo otra opción.

El resto de su vida la recuerda como dando más de lo que creía que podía dar. El gobierno los benefició con una suma todos los meses (como lo hacía con todos los menores de dieciocho años que no tenían familia), pero honestamente, eso no era suficiente. El dinero se consumía en las comidas del día, los impuestos y las necesidades escolares; mientras otras cosas también importantes cómo la medicina del pequeño enfermizo, o las ropas que se rompían por caídas o constante uso quedaban a un lado. Por eso Lukas empezó a trabajar por él y por su hermano, estudió con la motivación con la que normalmente un niño de su edad no estudiaba; consoló a su hermano cuando él mismo estaba ahogándose en un mar de melancolía y sufrimiento, que amenazaba por tragarlo por completo en las noches más oscuras, solitarias y tormentosas. Aunque parecía llover todos los días.

Eso fue hasta que las cosas se empeoraron para él, si además de con trece años y abandonado a su suerte, Lukas no era ya desafortunado. La vida lo recibió a él siendo un Omega, es decir, haciéndole más desgraciado aún: la pequeña hormiga pisoteada de la sociedad. Él fue despedido de su trabajo. Lo molestaron en la escuela. Se le hizo peligroso caminar a casa. La gente lo miraba constantemente por debajo del hombro. Era complicado encontrar un trabajo decente con buen salario para Omegas jóvenes como él: las oportunidades escaseaban. La vida le trataba como una mierda, y hubo un momento donde él estuvo a punto de darse por vencido.

Lukas miró a su hermano con lágrimas en los ojos. Tenía el cabello desordenado y sucio. Su uniforme parecía haberse arrastrado por el suelo, apareciéndose en pequeños rotos. Habían rastros amoratados en su pálido y largo cuello. En su mano tenía su libro de matemáticas, completamente arruinado por la humedad. Había sido suficiente, suficiente, porque no podía más. Y el sentimiento de saber qué estabas en peligro, pero no poder hacer nada para arreglarlo, entumeció su cuerpo en un doloroso retorcijón angustiado en su pecho. Quería gritar, y luego morir.

Estuvo a punto de romperse, delante de quien menos quería que lo viera así, hasta que Emil lo miró con sus grandes ojos.—¿Hermano?—entre sus piernas, tenía una hermosa criatura durmiente. Era una pequeña bestia peluda, que lanzaba ronroneos despreocupados, y movía su cola de un lado a otro. Un gato del bosque noruego, pálido como la nieve. Lukas lo miró inmóvil, sin saber qué decir, ni cómo excusarse, ni cómo desahogarse con su hermano de diez años que ya estaba harto de su vida.—Mira, este gatito estaba afuera en la lluvia y no lo quise dejar allá mojándose... lo siento...¿estás bien?

Lukas exhaló un suspiro roto, y caminó rápidamente, para abrazar a su hermano. Fuerte, en un nido cálido y protector, y al mismo tiempo, el consuelo y todo lo que necesitaba para sobrevivir.

Él se había prometido avanzar, se había prometido no caer derrotado cual débil soldado en guerra. Encontrar un trabajo era difícil, sus compañeros de escuela eran unos pesados cada vez más hirientes, la sociedad les reprimía en vez de tenderles la mano, y aún así, Lukas siguió. De las pocas cosas que recuerda de sus padres, era que eran una pareja Alfa-Omega.

Es por esto que Lukas encontró consuelo en el hecho de que su hermano tenía inmensas probabilidades de ser un Alfa. La vida no podía ser tan cruel para abofetearle con la misma mano dos veces, y además, las casualidades no existían. Los Omegas eran un poco raros, y algo escasos. Si Emil, su querido hermano, se mostraba como un Alfa sería el inicio de la maquinaria de sus planes. Podría ayudarle a trabajar. Podría ayudarle a sobrellevar sus estúpidos compañeros. Podría darle una universidad, para que encontrara un trabajo certificado, y finalmente, finalmente estarían bien. Los Alfas eran privilegiados por el gobierno y por la sociedad, por lo que si Emil era un Alfa, conseguirían muchas cosas con más facilidad, y al final, los pobres y desgraciados hermanos Bondevík serían estables; una maratón extensa que ellos ganarían.

Pero eso nunca pasó.

Emil le miró asustado, lloroso, y adolorido. Sudor le recorría la piel enrojecida.—Lukas, me duele...—murmuró, señalándose sus caderas, y el plano vientre tras su uniforme.—Es insoportable... qué calor insoportable...—entonces entendió qué era lo que pasaba y se le encogió el corazón. Emil estaba sufriendo un celo primerizo. El calor, los dolores en el vientre, la ansiedad y la sensibilidad solo podían significar una cosa a su edad: un nuevo Omega. En celo.

Lukas no fue a la escuela los días del celo de Emil. Tenía miedo que le pasara algo a su enfermizo hermano, o que algún intruso se adueñara de una situación donde los dos hermanos estaban en clara desventaja, pero si eso pasaba, Lukas por lo menos daría su vida por Emil. No podía imaginarse los problemas que su pobre hermano iba de pasar con su nueva condición; más compañeros molestos y exclusión de grupos. Subestimación e inferioridad. Una vida gris y arrastrada como la suya; su pequeño, inocente y único familiar: la única cosa que amaba en el mundo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia: odiaba a los Alfas. Odiaba que fueran superiores, que creyeran saberlo todo, que pensaran que con su estúpida voz podían mandarle. Que lo tuvieran todo al alcance de la mano, que la gente se compadeciera más de ellos, que sus vidas fueran perfectas, mientras que la de Lukas poco a poco estuviera destruyéndose en cada vez pedacitos más pequeños. Que los resultados de sus esfuerzos fuesen solo una alegoría a la desgracia y al infortunio. Lukas podría bien ahora mismo hacer miles de trabajos para poder entrar él a la universidad, pues, tristemente, el precio para los Omegas era más alto porque nadie los necesitaba estudiando; o, ponerse de rodillas ante un Alfa y rogarle que lo desposara para salvar a su familia.

La vida tal y como la conocía ahora se solucionaría arrojándose a las masas, tomando la última decisión, la más fácil y bonita. Pero por supuesto, Lukas Bondevík, el orgulloso y autosuficiente Omega de quince años prefería ahorcarse en el baño antes que hacer algo tan infame y ridículo como depender de seres que, a sus ojos, eran pequeños cachorros arrogantes y creídos. Él no iba a caer en esto. No iba a dejar que todo lo que empezó a hacer y seguir haciendo se destruyera por una debilidad y una rendición que era más que inaceptable, y no iba a dejar que su hermano se arrodillara en la sumisión tampoco.

Por eso no vaciló cuando tomó a su hermano del rostro, quien había salido de su celo hace poco, y se veía algo perturbado.

—Vas a prometerme algo.—le dijo mirándole a sus ojos. El azul marino de los ojos del rubio cautivó su atención por completo.—No, vamos a prometernos algo, tú y yo, hermanito. ¿Estás preocupado?

El menor asintió, avergonzado y triste.—Perdón, Lukas, sé que querías que fuera un Alfa, pero...-

—Eso no importa. Ya nada de eso importa. Es mi culpa por creer que un Alfa resolvería mis problemas.—dijo. Seria faceta junto a esa voz malherida que escondía tras la monotonía—Pero ya no más. Somos tú y yo contra el mundo. Podemos conocer al mundo sin ayuda de un imbécil. Emil, hermanito, prométeme que jamás, jamás vas a dejar que un Alfa te marque.—el niño enrojeció abochornado al oír el tema, pero Lukas no se inmutó por muy adorable que se viera delante de sus ojos. Emil era lamentablemente una presa fácil: totalmente hermoso, y completamente inocente. No iba a permitir que nadie le dañara, y para hacer eso, tenía que prometerle que él sería consciente de lo malo que era esa maldita marca de pura sumisión.—¿Me lo prometes?

Lukas lo tomó de las manos, y Emil no pudo negarle ante eso gesto a su querido hermano mayor, quien se la había pasado gran parte de su vida cuidando de él por muy joven que fuese. Él, quien lo había hecho todo por él.—Sí. Te lo juro. No dejaré que lo hagan. Les golpearé. ¿Tú lo prometes?

Lukas sonrió, inmensamente, y el Omega más pequeño sintió su corazón caliente ante ese milenario gesto. Sus mejillas se sonrojaron aún más.—Yo no solo les golpearé si se atreven a hacerme romper esta promesa con mi lindo hermanito.

El abrazo entre ellos duró unos buenos minutos. Unos minutos donde tanto Emil, como Lukas, sintieron que por primera vez todo estaría verdaderamente bien.


A aquellos que leyeron, gracias. Espero que les agrade cómo va la cosa... si quieren decirme cosas bonitas díganmelo en los comentarios, si quieren hacer una crítica también por favor (pero no sean duros, tengo baja autoestima jaja uwu) y si tienen una pregunta no duden en hacerla. Gracias de nuevo.