Ghosts that we knew
An ItaHina Fanfiction
Capítulo 10. Tienes los ojos de tu madre.
Hinata e Itachi terminaron caminando un par de cuadras hacia adentro, hacia el norte por la calle 110; mientras Itachi hacia un esfuerzo sobre humano por fumar y caminar al mismo tiempo, Hinata se resbalaba entre los locales como si fuera una gota de agua resbalando por un vidrio. Caminaba con rapidez, sin darse cuenta de que Itachi tenía las piernas más largas, pero también más torpes y por ende tardaría un poco más en hacer lo que ella. Pasaron tres cafeterías completamente abarrotadas, una de ellas era un Starbucks; así que decidieron caminar un poco más para intentar probar en otra de las millones de cafeterías que atestaban Nueva York como las palomas o las ratas.
Sin decir nada, Itachi dejó que Hinata los guiara entre las calles, siguiendo sus pasos ciegamente mientras intentaba relajarse al mismo tiempo; el chico estaba confundido e intrigado por la manera tan natural con la que Hinata se movía entre la gente pero recordó que la chica ya no era "la chica nueva del vecindario", ni siquiera "la extranjera", a diferencia suya, Hinata llevaba varios años ya en Nueva York e Itachi solamente podía aspirar a sentirse así de cómodo en la gran ciudad. La chica entró dubitativamente en una cafetería más alejada del parque, que tenía poca gente para la hora comercial que era (además de Hinata e Itachi, entre los trabajadores y los otros clientes, no eran más de 7 personas).
El lugar tenía puertas de madera detrás de las rejas de metal; puertas pintadas de un efusivo color azul que recordaba a Grecia cuando se le contraponía con las paredes blancas y las plantas enredadera que decoraban el lugar. Dentro, tapetes tejidos colgaban de las paredes y había una pequeña librería adentro, con libros que el cliente podía utilizar para realmente matar el tiempo; el concepto era boho y moderno, muy nuevo milenio, muy occidental pero a Itachi le agradó el olor más que a café a panadería que despedía el lugar y el hecho de que no había quince personas pidiendo por un vaso de café con su nombre mal escrito en sharpie.
Se sentaron en la terraza del bistro, en un set de madera debajo de una gran sombrilla. La petunia que adornaba su mesa contrastaba con la madera pintada de un amarillo mostaza y fue un detalle que Hinata admiró en cuanto se sentaron, acariciando los pétalos de terciopelo de la flor. La chica se sentó con lentitud, quitándose el cárdigan de encima y mostrando el uniforme del hospital donde trabajaba. Itachi se deshizo también de su chaqueta, acomodándola en el respaldo de la silla y mirando a su alrededor. La chica se acomodó los pequeños mechones de cabello rebelde que se caían de su moño, y suspiró, mirando hacia la pared donde con tiza aparecía el menú de la cafetería. Sabía que después de tomar su orden no habría lugar para acorralarse, que irremediablemente tendría que comenzar a hablar de todo lo que había sucedido, así que no se apresuró mucho en decidir que tomaría. Pasó buenos segundos leyendo y re leyendo la carta en la pared pero fue Itachi quien finalmente levantó la mano, llamando la atención de un joven mesero que se acercó.
Usaba una ajustada camiseta negra y pantalones del mismo color; el chico tenía un par de ojos grisáceos y grandes, alargados como si fuera un perro triste de caricaturas; tenía las manos delicadas y las uñas limpias y el muchacho ni siquiera apuntó cuando Itachi pidió una botella de agua mineralizada con unas rodajas de lima; tampoco se movió cuando Hinata le pidió un té verde endulzado con miel y solo asintió con una sonrisa apretada cuando Itachi le dijo que era todo. Nuevamente solos en la mesa, con el sentido velado de privacidad que habían cultivado, Itachi y Hinata se miraban el uno al otro sin saber muy bien donde comenzar.
Probablemente, lo cortés hubiera sido que Itachi hablara primero, que aclarara la manera en la que los encontró a ella y a Tora para que pudieran dejar de sentirse perseguidos, como la Sagrada Familia. Itachi abrió la boca para decir algo, romper el hielo, pero Hinata se acomodó el cabello detrás de los hombros, mostrando el logo del hospital y suspiró, como dejando salir todo el aire que tenía contenido en el diafragma. Itachi pudo notar como Hinata lo había hecho en una especie de impulso y la chica lo confirmó cuando habló de manera robótica y ensayada, como repitiendo un guion letra por letra en su cabeza.
-Uchiha-san, le ruego por favor que lo que sea que se diga en esta mesa durante esta conversación no salga de este restaurante…- Hinata frunció el ceño mientras miraba al servilletero entre ella e Itachi. Había consumido valentía en forma de grandes suspiros, pero ahora había abierto la boca, había tenido un buen comienzo pero se había quedado sin mucho que decir a mitad de la oración. Cerró los ojos y los volvió a abrir, visiblemente más calmada. –Estoy confiando en usted.
Itachi asintió con lentitud mientras se impregnaba del rostro de la Hinata adulta, que era demasiado similar a la difunta Hisa. Se veía joven, porque lo era pero se veía cansada, porque lo estaba. El mesero llegó al rescate antes de que Itachi pudiera contestar lo que Hinata había dicho; acomodó ambos pedidos en medio de los clientes y dejó la contraseña de la WiFi anotada. Hinata acercó su nariz respingada al té cítrico humeante e Itachi volcó contenido en el vaso a su lado. Se notaba a leguas que la pareja de aquella solitaria mesa se encontraba en una de las más incómodas primeras citas de la historia.
Sorpresivamente tanto para ella como para Itachi; Hinata fue la primera en hablar. La chica le dio un par de vueltas a su amarillento té y tomó un sorbo directo de la cuchara, antes de dejarla sonar contra la porcelana del plato acompañante y llevarse a los labios. Itachi había dejado de hacer lo que sea que hacía para distraerse y había sucumbido a Hinata Hyuuga una vez más. La chica limpió sus labios elegantemente y suspiró para hacer contacto visual con Itachi; el chico sintió frío.
-Me enteré de Tora el mismo día que enterramos a Sasuke-kun. Había estado tan consumida en su enfermedad que no me di cuenta cuando las cosas en mi organismo comenzaron a cambiar. – Hinata no entraría en detalles, solo en los necesarios. –Antes de salir de mi habitación para dirigirme al servicio de Sasuke, noté que mi periodo estaba tarde. Dos meses tarde.
Itachi ni siquiera pudo imaginarse como podía haber sido aquel momento para Hinata. Ese tiempo no había sido fácil para él ni para ninguno en su círculo social pero al tener esta nueva información, deseaba haber puesto más atención a su alrededor. Frunció el ceño con pesar. Sasuke no supo nunca de la existencia de Tora.
-Hice que Shino fuera a comprarme una prueba de embarazo y Kiba se quedó atrás para cuidar de mí. Fue cuando tú y TenTen nos encontraron hablando en los jardines. – La chica dio vueltas a su té de manera soñadora, recordando perfectamente todo lo que había sucedido. –Esa misma tarde supe que estaba embarazada…- su rostro se había vuelto calmado, angelical, como si aquel recuerdo ya no tuviera una connotación negativa. La chica encogió los hombros. –Fue un pequeño rayo de luz… aunque no lo quise admitir en ese entonces…
-¿Inuzuka-san y Aburame-san saben de la existencia de Tora? – preguntó Itachi tras dar un sorbo corto de su agua mineral.
La chica asintió.
-¿Qué hay de Neji-san? ¿Hiashi-sama?
-De no ser por la ayuda financiera de Neji y mi padre, de Kiba y Shino, Tora y yo estaríamos en la calle. No hay forma de que hubiéramos podido sobrevivir con mi pago.
El corazón de Itachi dejó de sentirse comprimido para pasar a sentirse vago e irresponsable, un completo estúpido, escoria y tierra de zapato. "Ámala por mí", había dicho su hermano menor, y ahora no podía creer que Hinata fuese una completa extraña para él, pero a la vez era la mujer de su difunto hermano y había tenido que hacer quien sabe cuántas cosas para salir adelante, mientras los Uchiha se pudrian en dinero, literalmente.
Itachi negó la cabeza. –No tenía idea de… ¿por qué no tenía idea? ¿Por qué lo sabían todos menos…nosotros? – Hinata dirigió su mirada hacia la calle, donde venía oficinistas y artistas callejeros tratando de hacer una vida. Era tan diferente de Japón que Hinata todavía no podía acostumbrarse. Itachi tomó su silencio para hacer un poco de presión. –¿Por qué nosotros no? ¿Por qué le negarías a mi madre la esperanza de un nieto?
La chica encontró su respuesta en la mirada decepcionada de Itachi, una mirada que nunca había visto y que ahora estaba completamente dedicada a ella. ¿Por qué lo había hecho? Era una buena pregunta, una pregunta sencilla aunque su respuesta era todo menos eso. ¿Por qué había obligado a sus amigos y familia a ocultar la existencia de su hijo como si fuera algo de lo cual estar avergonzada?
La chica bajó la cabeza.
–Uchiha-san, cuando Sasuke murió me encontré simultáneamente embarazada y destrozada por dentro. La única persona que había amado de esa manera se había ido para siempre y no me pude despedir porque estuvo inconsciente sus últimos momentos de vida. No tengo que decirlo porque usted y yo estábamos en la misma habitación cuando sucedió. Era una niña, a veces creo que aún lo soy. – Hinata lo admitiría ante él, ante nadie más. –En ese momento no pensé que tener un hijo fuera lo apropiado. No elaboraré más.
Ahora, Itachi estaba herido y nauseabundamente confundido pero no era tonto. Una imagen rápida de Hinata a los 18 años en una clínica de abortos pasó rápidamente por su cabeza, había sangre y lágrimas en su imaginación pero desechó la idea porque era horripilante imaginarla echada en una plancha de metal, asustada, llorosa, con su sobrino dentro de ella.
-Uchiha-sama…- dijo Itachi por lo bajo. –No habrá considerado…
-Cuando su hermano murió…- interrumpió tímidamente.- Mi mundo acabó, fue una idea sombría, irme…de esta vida junto con Tora… salvarlo de crecer sin un padre y…- Hinata se detuvo mientras una mesera caminaba junto a ellos, llevando una orden a una mesa más lejana. Suspiró pesadamente y solo en ese momento levantó la mirada. – Gracias a los dioses Tora nació 9 meses después…decidí tenerlo aquí lejos de todos porque no quiero que lo vean como la historia triste. Como a mí
-Uchiha-sama, usted sabe que…- tantas palabras querían salir al mismo tiempo que se tropezaban unas con otra. Itachi estaba haciendo un buen trabajo comprendiendo todo pero aquello no lo hacía más fácil. –Tora y usted…
-En casa soy una viuda de 23 años. Aún y cuando Sasuke estaba vivo la gente me veía con lástima y hablaban en susurros alrededor de mí…-A veces, Itachi notó, Hinata hacía eso. Llamaba a Sasuke por su nombre; como una esposa lo haría. Era cierto, Hinata era considerada una mártir, al igual que Mikoto. Las dos mujeres cercanas a Sasuke Uchiha; las únicas mujeres que de verdad amo. -No podía criar a nuestro hijo en una ciudad que lo encasillaría aún en el vientre, pero sobre todo no podría criar a nuestro hijo en una ciudad donde todo me recordara a quien ya no está.
Hablaba con convicción, con seguridad e Itachi logró tener dentro de sí un nuevo respeto por la jovencita enfrente de él, se dio cuenta que sin importar que él fuera mayor a Hinata, no era más sabio. Era una mezcla de una vida difícil vivida y aquella cualidad que solo las madres poseen; quisiera decir que no pero ya no juzgaba a Hinata por haberse ido, incluso lo comprendía. El mayor de los Uchiha tronó los huesos de su cuello para relajarse un poco y suspiró, bebiendo un gran trago de agua mineralizada para saciar la sed que había comenzado a nacer en su garganta, una sed nerviosa.
-¿Nunca quiso…llamar a casa? ¿A Mikoto?
-Una vez. Cuando Tora cumplió tres…- Hinata dio otro sorbo.- Ese fin de semana lo pasamos en casa de los padres de Stephanie en Staten Island. Tora conoció a Laura, la abuela de Mercy y comenzó a hacer preguntas. Me sentí tan mal que calculé la hora para la llamada pero fue hace un par de años que Fugaku-sama comenzó a invertir en la compañía arrocera y salió en todos los periódicos que TenTen me mostró y no quería…no quería que pensaran…- recordó aquellos días de duda, de volverse a sentir como mierda y de recordar la bondad de Mikoto solamente para sus adentros la manera en la que se había sentido.
-Que habías esperado a llamar para el dinero…- así que TenTen lo sabe también. Tenía lógica, pensó Itachi, su madre le había comentado que el Hyuuga y TenTen estaban comprometidos, y aún para el Hyuuga era difícil ocultarle cosas a la persona que amas; no que Itachi recordara como era amar a alguien. –Tiene sentido…
-En el momento tal vez no, pero…le ruego, Uchiha-sama, que por favor…
-¿Qué guarde el secreto? – interrumpió Itachi. -¿Qué no le diga a mis padres? ¿A mi madre? Estoy seguro que recuerda el drama familiar de nuestra casa, Uchiha-san, pero no me puede pedir eso. Mi madre es ahora mismo lo único sagrado para mí.
La chica se sintió acorralada, levantó la cabeza mirando a la salida del establecimiento pero sucumbir a su miedo hubiera sido una estupidez. No podía sacar a Tora de la escuela para que nunca tuviera que relacionarse con Itachi, no podía quitarle todo lo que le había dado para quedarse varado en la nada, sin familia original, sin amigos y sin escuela. Tora y ella ya habían sufrido demasiado como para considerar esa acción.
Así que este era el día del juicio, pensó Hinata mientras sus pupilas se cristalizaban ligeramente. Esto era enfrentar su egoísmo y su cobardía, toparse con el pasado para que se le enseñara que no puede huir de él y cualquier sentimiento de que esa huida fuera posible fue solamente una ilusión. Empujó sutilmente su té a medio beber e Itachi temió que Hinata se levantara de la mesa; sabía que legalmente era una batalla perdida, que Hinata era madre de Tora y fácilmente podría prohibirle verle hasta que el chico cumpliera la mayoría de edad; sabía también que la ley socorría a las madres solteras y que nada le prohibiría elevar una orden de restricción. De nuevo saldría de su vida, al igual que Tora.
-¿Qué me está pidiendo? ¿Qué espera de mí? He hecho lo mejor que he podido y no estoy lavando mis manos de culpa pero…– preguntó Hinata elevando la mirada. La chica se veía harta de todo, incluso de él. Itachi se volvió valiente, y hasta ese entonces pensó que ya lo era. Sus manos callosas, grandes se posicionaron sobre la mesa y Hinata las observó como si viera a una serpiente; expectante al desastre. Casi se estremeció cuando una sola mano tomó ambas manos de Hinata y la sensación le recordó que habían pasado años desde que había tenido un contacto así. La chica observó como Itachi chocaba miradas con ella y aclaró la garganta.
-Uchiha-sama…Hinata-san…- dijo el mayor de los Uchiha todavía con ambas manos de la matriarca entre la suya. –Tan sólo le pido que me deje cuidar de usted. De ustedes…
-No necesitamos que nos cuiden.- dijo con más violencia de la que pensó que se impregnaría en sus palabras. La joven madre suavizó la mirada como disculpa-Es…inútil…
-No para mí. –Respondió Itachi. –No si se trata de ustedes.
Casi derramó una lágrima mientras negaba con la cabeza, mirando a sus manos entrelazadas encima de la mesa. Itachi, por su lado, era una persona que se retraía a sí mismo, que detenía todo este tipo de manifestaciones, sobre todo en público. Había amado y perdido demasiadas veces en su vida como para volver a ser ingenuo; debía controlarse, de otra manera su corazón comenzaría a correr, queriendo salir de su pecho, queriendo apoderarse de su lengua para decirlo todo. Así que por lo general murmuraba, mantenía el silencio y se alejaba de todos, perdía esperanzas y hoy, frente a ella, su mente estaba encendida en fuego.
La mujer frente a él quiso retraer su mano, como si el toque quemara. Itachi no la dejó y estuvieron un par de segundos en esa posición, con tanta calma y mirándose tan intensamente que solo veían las esporas de polvo a su alrededor, volviendo este escenario etéreo, onírico incluso. Itachi suspiró aliviado cuando Hinata finalmente dejó su mano en donde estaba, entre la suya, aunque no la estrechó de vuelta.
-No lo hago por mí, o por usted.- comenzó Itachi, mintiendo un poco.- Lo hago por Tora…y por cumplir el último deseo de su padre. – la culpa no dejaba a Itachi respirar. Tras aprender de Hinata y de Tora, de todas las veces que pudieron estar en aprietos de cualquier tipo, lo consumía la culpa, el luto. Finalmente, el luto era todo el amor que no había podido dar en vida y ahora lo consumía. Debía hacer esto; era una necesidad.
Fue en ese momento que Hinata alejó su mano ligeramente, justo cuando su conmovida mirada lo había hecho pensar que todo se resolvería. La chica tomó una servilleta de papel y limpió un par de gotas del té que se habían derramado en el sacudir de la mesa, cuando Itachi tomó su mano. Hinata sabía que reusar ayuda para Tora era algo tonto, algo egoísta y que la categorizaría como un monstruo; tal vez entonces sabía que tenía que parar.
Simplemente parar.
Parar de huir, parar de esconderse a ella misma y a Tora, abrazar a su hijo, tomar precauciones y simplemente dejarse ir. No había enojo en sus miradas, sino una calma melancólica y serena, como quien ha dejado de correr. Itachi se sintió optimista.
-D-Debes de…- ahí estaba el tartamudeo de nuevo. –Debe de dejarme manejar esta situación antes de…hablar con Mikoto.
-¿Konoha? –preguntó Itachi al viento. -¿Regresará a Konoha?
Hinata se encogió de hombros, luego negó con la cabeza y luego suspiró. Tal vez era demasiado para el primer reencuentro. Itachi cerró los labios y asintió, sin preguntar de más. Hinata no lo había abofeteado y hasta la fecha seguía enfrente de él. Eso tenía que ser una buena señal.
-Creo que podemos…
-Ir lento.- acordó Itachi.- Sería buena idea…
Hinata asintió mientras pedía la cuenta. Asintió pero no estaba muy segura de eso.
Itachi insistió en pagar por ambos pero Hinata había sacado cambio en monedas en el tiempo que le tomó a Itachi buscar su tarjeta de crédito en su cartera. Ambos salieron de la cafetería, el chico con una protectora mano en la espalda de Hinata, esta con una expresión abrumada en su rostro. La cabeza de ambos iba a mil por hora e Itachi deseaba un cigarrillo de manera exasperante; caminarían hasta la estación de metro de Hinata y de ahí partirían camino; a insistencia de Itachi.
Había entendido que todavía no caminaba como neoyorquino y se había apiadado de él alentando sus pasos y caminando lado a lado, sin que sus hombros se rozaran. Se sentían como un de adolescentes que en realidad no tenían un plan pero que sentían dentro de sí mismos un alivio regalado por la gran piedra que ambos se habían quitado de la garganta. Dentro de su chaqueta, Itachi acariciaba la cajetilla de cigarros y debajo de las mismas, sentía el encendedor como una petición para ser usados. Sacudió la cabeza ligeramente y aclaró la garganta para llamar la atención de su acompañante.
-¿Es médico, Uchiha-sama?
Hinata lo miró unos segundos por el rabillo del ojo antes de negar con la cabeza y dejar que sus dedos acariciaran la lana de su cárdigan rosado. Hinata acomodó su cabello detrás de su hombro dejando ver el logo completo del hospital.
-Uh. Enfermera, supongo que es una de las cosas que debimos haber compartido en el café.
Itachi y ella pararon en un alto, dejando que los autos al nivel de las banquetas les rozaran las puntas de los zapatos y sintiendo el mar de gente aplomarse a sus espaldas. Itachi sacó la cajetilla de cigarros a la misma vez que su propio encendedor y sintió la mirada curiosa de Hinata.
El Uchiha mayor encogió los hombros. –Ahora somos familia. Habrá mucho tiempo para contar ese tipo de cosas.
-Yo…- Hinata tragó saliva mientras el semáforo cambiaba a verde y ni toda su experiencia caminando New York la haría moverse después de oír lo que escuchó. Ahora eran familia, aunque técnicamente siempre lo habían sido. Ahora Hinata y Tora tenían La gente comenzó a moverlos a punta de pasos e Itachi solamente tomó la espalda de Hinata de nuevo para moverse ambos sin separarse el uno del otro. No de nuevo, razonó Itachi, no perdería a ninguno de los dos de nuevo.
Cuando llegaron a la estación del metro, ambos dieron unos pasos al lado para evitar obstruir el ajetreado camino de las personas que iban hacia el subterráneo. Itachi tomó un solo cigarrillo de su paquete, bailándolo un poco en los labios para humectarlo y evitar que el papel se pegara a su boca, encendiéndolo segundos después. Hinata observó esto como un ritual que hace mucho no veía, las veces desesperadas en las que Hiashi lo hacía cuando pensaba que nadie lo veía (le había prometido a Hisa que pararía después de que nació Hanabi); también recordaba observar este ritual en los años de pubertad de Neji, antes de que se entregara por completo a la escuela y a la salud física, en las pequeñas ocasiones en las que se permitía ser un rebelde y fumar cigarrillos del tío Hiashi.
Itachi hizo contacto visual un tanto sorprendido, mientras inhalaba el humo del cigarrillo y lo expulsaba lejos del rostro de Hinata, que se acomodaba su bolso de trabajo al hombro.
-Disculpe… ¿Fuma, Uchiha-sama? – preguntaba únicamente para poder romper el hielo; para intentar que Hinata dejara de verlo como un venado que se ha quedado demasiado sorprendido por las luces. La chica pareció volver en sí y asintió, todavía ajena a la forma en la que su nombre sonaba en los labios de Itachi. El chico frunció el ceño, sorprendido visiblemente pero aun así sacó un cigarrillo con delicadeza.
Hinata lo posicionó en sus labios con la delicadeza de un beso y fue Itachi quien encendió la cereza hasta que observó el mismo humo saliendo de Hinata. Era gracioso y antinatura e Itachi no pudo evitar ladear un poco su sonrisa.
-Por favor…-dijo Hinata.-Llámame Hinata
-Sólo si me llamas Itachi.
-Itachi-kun…
Itachi chupó el cigarrillo, expulsando el humo y ladeó la cabeza, con una expresión decididamente más relajada en su rostro.
-Es un comienzo.
-Mi tren estará aquí en diez minutos; debo…- la chica estuvo a punto de dar la vuelta para bajar al subterráneo pero Itachi tomó su muñeca en un desesperado movimiento para no perderla de vista.
-Quiero conocerlo.
-Ya lo conoces…- la chica sabía perfectamente a que se refería pero la respuesta salió casi de manera automática. Frunció el ceño y cerró los ojos un par de segundos antes de volverlos a abrir. Itachi se dio cuenta de que justo ahora, Tora parecía tener los mismos ojos que su madre.
-Quiero que sepa quién soy. Quiero que sepa quién es y de donde viene…
-P-Pides demasiado…- dijo con toda la sinceridad del mundo, su cigarrillo consumiéndose en las manos. –Por alguna razón haz terminado siendo su maestro y debemos de ser cuidadosos. La prioridad uno e-es…y siempre será Tora.
Hinata exhaló el humo con la experiencia de quien no lo hace por primera vez. Quería saber la historia de su primer cigarrillo, quería saber si era un habito o algo que hacia si la vida se volvía de repente muy incómoda; también quería saber el color favorito de Tora, si le gustaba jugar algún juego de consola, si de verdad Mercy era su mejor amiga; pero Itachi sabía que era una caja de preguntas que se abriría en otro lado, en otra ocasión. Ambos terminaron el cigarrillo con segundos de diferencia y Hinata volvió a enfilarse para entrar al subterráneo, volteando atrás y haciendo contacto con Itachi.
-T-Te llamaré cuando sepa q-que hacer, ¿de acuerdo? – había vuelto a tartamudear cuando hablaba, como cuando la conoció.
-Pensé que ya no…pensé que el tartamudeo se había ido…
Hinata se colocó el cárdigan de nuevo sobre los hombros y dio la vuelta mientras decía.
-A veces e-el pasado regresa y n-no hay nada que podamos hacer.
La observó irse entre decenas de personas que también bajaban las escaleras; fue por unos segundos antes de perderla en la multitud y su corazón finalmente pudo abastecerse de haber iniciado algo. Ahora sabía que Hinata no odiaba sus entrañas y que todo ese "odio" que formuló en su cabeza fue en realidad una madre tratando de proteger a sus hijos y dentro de sí mismo algo descansaba a sabiendas de que finalmente podría hacer las cosas bien por sí mismo, por Hinata y por Tora.
Y por Sasuke, sobre todo por Sasuke.
