Como es ya costumbre se nos salió de las manos el que quisiéramos que el día blanco no pasara desapercibido, tuve que dividirlo en dos por que los "pequeños" fragmentos entregando los chocolates fueron todo menos pequeños jajajajaja.

El resto de las citas (si Haru, si fue una cita) serán en el próximo capítulo.

Tempo Rubato

La música era una constante en casa, tal vez la única constante en casa, pero solían escuchar estaciones AM, música clásica, jazz, danzones.

No era como si se viviera un autoritarismo totalitario, Nanao solía poner sus estaciones favoritas de Radio, cantar a todo volumen con los éxitos de antaño de Shakira, bailar al ritmo de Pablo Alborán, incluso a veces ir de una habitación a otra dando conciertos al viento mientras ordenaba la casa y su tío preparaba la cena con sonrisas radiantes.

Pero si era por él, sus estaciones de radio solían ser más clásicas, oldies, en comparación a las propias, así que, cuando Nanao llegó a casa y encontró a su tío cantando a todo volumen el coro de Perfecta (sí, perfecta, de Miranda, esa canción popular y relativamente trillada que, definitivamente, no iba con el estilo de su tío), entonces sí que se preocupó.

Éramos tan buenos amigos hasta hoy que yo probé tu desempeño en el amor

Kyōraku paseaba por la sala, bailando con la escoba mientras entonaba aquellos versos con una sonrisa radiante, Nanao se quedó helada en la entrada cuando vio a su tío pasar bamboleándose al ritmo de aquella pieza, cantando con ganas y sonriendo como...

Como enamorado...

Me aproveché que habíamos tomado tanto, te fuiste dejando y te agarré

—¿Tío? —musitó ella pasmada mientras Kyōraku reclinaba la escoba con un gesto soñador

—¡Nanao! — Exclamó gustoso el castaño antes de dejar la escoba y capturar a la joven entre sus brazos, sacándola a bailar y haciéndola reír con nerviosismo — ¿en qué momento llegaste?

—Recién –alcanzó a decir antes de ahogar un grito ya que su tío la había reclinado hacia atrás.

Sólo tú, no necesitó más —exclamó el castaño haciendo reír a Nanao, que se soltó de un tirón y retrocedió dos pasos viendo a su tío recuperar la escoba —te adoraría lo que dura la eternidad, debes ser perfecta para, perfecto para, perfecta para mí, mi amor

—¿Debería llamar al tío Starrk? —Cuestionó la joven sacando su teléfono y ganándose una mirada ceñuda por parte del mayor —, comienzo a preocuparme.

—¡Bah! Te dirá que estoy bien – se alza de hombros pero manteniendo la sonrisa soñadora, para seguir cantando - ¿Cómo fue que de papel cambie? Eras mi amiga y ahora eres mi mujer

—Más vale —murmuró la chica grabando a su tío para enviarle evidencias a Starrk —, ¿de verdad te sientes bien?

—Mejor que nunca —prometió el castaño sin dejar de bailar ahora que su sobrina lo perseguía cual paparazzi.

Y sí, Nanao se cambió de habitación para enviar un mensaje a Starrk y preguntar al respecto, y aunque debatió mucho entre enviar o no el video, al final optó por guardarlo para después. Mejor si solo ella tenía la evidencia.

—De verdad estoy preocupada —escribió cuando Starrk trató de calmarla por enésima vez —, ¿tú lo imaginas bailando Perfecta?

Bueno —respondió aquel hombre con tanta calma que hasta Nanao se sintió más tranquila —, fuiste tu la que vio esa proeza, así que imagino debe ser todo un circo, preocúpate cuando no haya música

—Sí, ¿verdad? —Murmuró para sí misma antes de echar un último vistazo a su tío, que volvía a reclinar la escoba con aires seductores —Muchas gracias, tío Starrk —redactó con una sonrisa —, me quedo más tranquila entonces. Gracias.

Nanao sonrió dirigiéndose a su habitación para comenzar con sus deberes sin imaginarse el audio que Starrk le mandaba a su amigo.

_—Eres un desobligado, deja de asustar a la niña y dile de una vez lo que te pasa, yo ya no te voy a estar cubriendo las espaldas, me escribe asustada cada tercer día, te voy a mandar a los de servicios infantiles, contesta de una vez, tu concierto puede esperar. ¡Es más! Yo no sé qué hago hablando contigo, le voy a escribir a Katen directo, ¡desobligado!

Y por supuesto, Kyōraku quería decírselo a Nanao, decirle que su flor más hermosa había vuelto a su vida, decirle que estaba más feliz y enamorado de lo que había estado en toda su vida, ya se lo diría. Ya encontraría el momento

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Como era usual a finales de cada mes, todos los estudiantes de cada carrera de Atsudoragon estaban bastantes ocupados para entregar los correspondientes proyectos y prepararse para los exámenes que se promediarían para las calificaciones del trimestre.

Tras el concierto del catorce de febrero que dieron los hermanos en la división trece, los hermanos Yamamoto habían limitado un poco sus actividades extracurriculares para poder terminar sus correspondientes proyectos y prepararse para los exámenes de final de mes, faltaba una semana y hasta ellos sabían que no era bueno confiarse pese a que seguían manteniéndose con las mejores calificaciones en la carrera de música.

Aunque, Haruki por su lado pese a todos los pendientes que pudiera tener, no faltaba fiel y puntualmente a las asesorías de los miércoles con Nanao, siendo esta la única que estaba dando. Claro que, además de ayudar a la violinista a mejorar cada vez más en su técnica, era también un excelente pretexto, para ambos, de verse, y es que desde que se descubrieron realmente enamorados uno del otro prácticamente contaban cada segundo para que el día de las asesorías llegaran, en las cuales platicaban un poco de forma mucha más amena, ya dejando casi por completo las torpezas al estar tan nerviosos ante la presencia de su amor platónico, algo que en si no se quitaba del todo porque cuando Haruki sentía la mirada de Nanao sobre él, los nervios lo seguían traicionando un poco y llegaba a tirar las partituras, gesto que a la violinista le llegaba a parecer lindo. En alguna ocasión literalmente lo dijo, lo que provoco un notable sonrojo en ambos que intentaron disimular volteando cada quien a un lado de la habitación.

Sin duda alguna gracias a las asesorías de Haruki su técnica ha estado mejorando bastante, en cada asesoría lo hacía estupendamente, superando los ejercicios que Haruki diseñaba especialmente para ella. Cada semana tenía que diseñar alguno nuevo, algo que no le molestaba en lo absoluto.

Sin embargo, aquel día, Nanao no estaba del todo concentrada….

Por enésima vez se había desafinado en aquel ensayo, bajando su arco y violín a toda velocidad mientras se levantaba torpemente, sorprendiendo a Haru con aquella actitud.

—Perdóneme, Haruki-senpai —musitó mientras se disponía a guardar sus cosas en la mochila y en los estuches, ganándose una mirada de sorpresa por parte del mayor —, pero siento que hoy le estoy haciendo perder el tiempo y usted debe tener mejores cosas que hacer que lidiar con mi incompetencia.

—Señorita —murmuró el muchacho al piano, viendo cómo le temblaban las manos a Nanao mientras ella trataba de cubrir su violín.

En un momento ya había llegado hasta su lado y había acomodado él mismo la seda, consiguiendo una mirada de disculpa que no pudo sostener mucho tiempo, puesto que la joven bajó de nuevo los ojos hacia sus cosas en busca de la funda del arco.

—De verdad no es mi intensión, no sé qué anda mal conmigo.

—La noto distraída —admitió el muchacho con una sonrisa cálida, tomándole suavemente la muñeca para obligarla a detenerse y mirarle de nuevo.

Aquel contacto suave fue suficiente para contagiar a ambos el suspiro profundo, y luego Nanao asintió apenada, sonriendo de medio lado, sentándose al banquito del piano cuando Haru la invitó con un gesto de la mano, ocupando el sitio a su lado.

—Es que tengo un examen de canto —confesó ella retorciendo sus manos con un gesto suave, incapaz de mirar a Haru a los ojos —, estaba pensando en una canción que aprendí hace un tiempo, repetirla, pero siento que no será suficiente para el nivel que nos están pidiendo, el profesor Barragan es sumamente exigente

-y no ayuda que intimida bastante – suelta Haru para aliviar un poco la tensión de la violinista, lo que consigue al verla reír suavemente — ¿Puedo escucharla?...

—Tengo la partitura aquí —murmuró la chica sonrojándose mientras alcanzaba su bolso y sacaba las carpetas.

Haru asintió viendo las hojas, las notas dispuestas, los acordes e intervalos, no era una pieza complicada en sí, pero serviría para demostrar la capacidad de alguien al cantar.

—¿Puedo? —murmuró girándose para encarar las teclas del piano y colocando las hojas en el soporte.

Nanao asintió girando también antes de murmurar —Do cuarta.

—Gracias.

Las manos de Haru se movieron lentamente sobre las teclas, comprendiendo los silencios y los ritmos de ambas manos, los primeros acordes sonaron forzados, atropellándose unos con otros, pero luego de una pausa corta en la que el muchacho observaba de nuevo las partituras, sus dedos volvieron a recorrer las teclas del piano, ésta vez con velocidad y determinación.

Nanao suspiró sorprendida de la facilidad con la que el muchacho se había adueñado de aquella partitura, y se quedó quieta cuando él levantó la mirada en su dirección, con una mirada de curiosidad que le hizo pasar saliva con dificultad.

—No —soltó ella tensa, consiguiendo que Haruki riera con desenfado, apenado por su atrevimiento.

—Perdón, estoy pidiendo de más.

—¡No, nada de eso! Es que yo...

—¿Todavía se pone nerviosa cuando canta en público? – por respuesta, Nanao baja la mirada – pero si cantó de maravilla la vie en rose en la división trece – alaga, provocando una adorable sonrisa nerviosa en Nanao al tiempo que se acomoda un mechón de su cabello detrás de su oreja, gesto que a Haruki le parecía de lo más adorable – además, no está cantando en público, más bien es como… —Haru lo pensó unos segundos, mirando a su alrededor, buscando en las paredes de aquel salón una buena excusa para pedir aquello. Y una idea brilló en su mente, iluminándole también la sonrisa —Véalo como una extensión de la asesoría. No podemos descuidar unas materias por otras, ¿verdad?

—No, pero —dudó ella encogiéndose en su sitio.

—Y me servirá para practicar el piano, estoy algo oxidado.

—¿Oxidado? — espetó ofendida, mirándolo con reproche —Acaba de interpretar una partitura nueva sólo de haberla leído una vez.

Haru sonrió con culpa, jamás se habría atrevido a admitir que podría haber tocado la partitura desde la primera, pero tal vez mostrar uno o dos errores le darían a Nanao el valor de cantar frente a él.

La chica suspiró, asintiendo una vez y Haruki sonrió radiante ante aquello, volviendo las manos al piano.

(Antidote - Faith Marie)

Los primeros acordes llenaron la sala con cierto aire nostálgico, Nanao suspiró sonriendo mientras esperaba su entrada, leyendo las notas con calma, recordando las palabras de Haru respecto a adelantarse a los ritmos y los tiempos de la melodía, sonrió todavía más.

Finding refuge in my own lies

How are you? I'm doing alright

Small talk is a great disguise

Just let me be

Just let me be

Su voz se alzó armónica sobre la melodía al piano, consiguiendo que Haruki suspirara con nostalgia, la voz de aquella joven era poderosa, a pesar de que cantaba por lo bajo, estar tan cerca le permitió apreciar la manera prudente en que saltaba de una nota a la siguiente y comprendió bien por qué sentía que aquella canción no sería suficiente.

No, era más que sólo suficiente, pero Nanao ciertamente podía dar más que sólo eso, ya lo había demostrado antes.

All the voices in my head are coming to life

They're getting louder and I'm, I'm terrified

How do you run from your own mind?

Is this what I've become?

Take it back, what have I done?

Aquella canción podría ser una pieza difícil, no para Nanao, que la interpretó con soltura de principio a fin, poniendo los acentos correspondientes en los versos y reinterpretando la melancolía profunda oculta entre las palabras que la componían.

Los últimos acordes quedaron suspendidos en el aire mientras ambos músicos se miraban de reojo, Nanao tenía las mejillas enrojecidas ante aquello, preguntándose cómo era posible sentirse tan tranquila y al mismo tiempo tan nerviosa en su presencia.

—Tu voz es increíble, Nanao, y la canción es muy buena. Sólo me da curiosidad... —admitió sacando su teléfono y buscando entre sus favoritas de Spotify, envió la liga a Nanao y sonrió cuando los ojos de la chica se abrieron con sorpresa, reconocía la pieza — ¿Cuándo tienes tu examen?

—Al final del mes.

—Tenemos tiempo para prepararte —prometió el muchacho —, Antidote es una elección acertada para un examen intermedio, pero primero tenemos que trabajar la certeza de tus intervalos —Nanao se le dedicó una mirada de sorpresa y la sonrisa de Haruki se ensanchó con dulzura —. Yo lo noto gracias al violín, pero si pude escucharlo, Takeshi lo hará, puedes distraer a los otros profesores de canto con esa manera ágil que tienes de cambiar del natural a la impostación, pero creo que tienes todo para dar los tonos sin impostar.

—¿Me asesoraría en canto? —murmuró la chica ilusionada mientras Haru reacomodaba las partituras y se las entregaba de regreso.

—Con una condición.

Nanao pasó saliva con dificultad mientras Haru se giraba en su sitio, sonriéndole con cierto aire galante. La joven asintió una vez componiendo una sonrisa tímida, dispuesta a escuchar.

—Café, en la galería oeste.

—¿Perdón?

—Es que —añadió ensanchando su sonrisa —, la próxima semana se inaugura una exposición de fotografías del profesor Kuchiki, hay algunas fotografías de las que quiero su opinión personal, señorita. ¿El viernes podría ser?

Nanao sonrió con ganas ante aquellas palabras y asintió tranquila

—Sólo si me asegura que estaré lista para un aceptable.

—¿Con su voz? — soltó Haruki sonriendo orgulloso — Será un sobresaliente –promete, deleitándose con la sonrisa más confiada que le mostró Nanao.

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Una semana para que el mes acabara y una semana para entregar los proyectos, aquellos días eran una locura para apartar las cabinas de grabación pues era clásico que todos esperaban casi hasta el último día para hacer sus trabajos correspondientes, y es que, era la temporada de en que la mayoría de los profesores pedían trabajos grabados en cabina.

Satoshi y Aasahi tuvieron la fortuna de que su turno en la cabina era mañana a primera hora, fueron lo bastante listos como para apartarlo con tiempo anticipado y que les permitiera practicar sus respectivos trabajos antes de ir a grabarlos, muchos cometían el error de no ensayar previamente, lo que ocasionaba que el tiempo en la cabina no les fuera suficiente.

-supongo que podemos relajarnos un poco mientras tenemos la próxima clase – dice Satoshi caminando con las manos en la nuca

-dilo por ti, el profesor Mugurama me tiene loco – se queja el joven baterista - cada que me ve me pregunta cómo van los arreglos de la batería – ese profesor de verdad parecía seguirlo a luz y sombra, incluso tenía que andarse con cuidado por los pasillos de la escuela para no topárselo

-es una bendición y a la vez una maldición ser reconocidos como los mejores estudiantes de música - dice Satoshi divertido – el profesor Rose también aprovecha cada tiempo que me ve libre para checar como voy con la guitarra, y siempre se saca de la manga un nuevo ejercicio para mejorar mi técnica

-en tu caso es lógico, solo te falta una certificación en guitarra – a él por su parte aun le faltaban un par de más, así que su tortura ante las exigencias de Kensei seguirían todavía por un tiempo

-en fin, vayamos a la cafería de la escuela a tomar algo…. – propone, necesitaba despejarse de todos los deberes de esa semana

-de acuerdo, pero vayamos rápido – dice apresurado – si Kensei ve que tengo un periodo libre me pondrá a practicar… - mira a todos lados para asegurarse que no se encontraba cerca

Iban a paso apresurado para no llegar a toparse a sus profesores, siendo nietos del fundador las exigencias a ellos eran mayores pues se tenía demasiada expectativa en la familia Yamamoto, algo que de verdad estaban cumpliendo admirablemente pero sabían que podían llegar a dar mucho más.

Justo delante de ellos en el camino a la cafetería, se toparon con una escena demasiado familiar en el último par de meses, a Grimmjow y Asami lanzándose comentarios desafiantes sobre quien sabe qué cosa, ninguno de esos dos daba su brazo a torcer, cada uno debía tener la última palabra.

-¿Cuál es el debate de hoy? – le pregunta Satoshi a Riruka que miraba a ese par de cabezas huecas con gesto indiferente

-se toparon en la clase de ensamble de hoy – responde ella tras un suspiro resignado – y discuten de que el otro se salió de tiempo….

-¿y quién tiene la razón? – cuestiona Asahi alzando una ceja

-en realidad ninguno, el profesor Ukitake de hecho nos felicitó – les reclama a ese par de testarudos

-él hizo una progresión que no iba en la pieza - señala Asami cruzándose de brazos con indignación

-perdí la lectura de la partitura – dice este con un sonrojo apenas perceptible, nunca admitiría que sus ojos se desviaron de la partitura por distraerse al mirar a Asami tocando el arpa – pero aun así el director dijo que fue muy buena mi improvisación – se regodea sonriendo altivo – a veces hay que salirse un poco de las reglas princesita…

-claro, clásico que un bandolero diga eso… - le regresa, sonriendo orgullosa y casi prepotente – vámonos Riruka, llegaremos tarde a la clase de la señorita Kotetsu – se adelante sin siquiera dirigirle una última mirada a Grimmjow, siendo seguida por Riruka quien ya empezaba a acostumbrarse a los roses constantes de ese par.

-tu hermana es demasiado perfeccionista – le dice Grimmjow a Satoshi

-no puedes culparla Grimm – le da un golpe en la espalda – el arpa y las flautas requieren demasiada precisión, no es como en nuestro caso que podemos disimular un error improvisando y hacer que suene incluso mejor….

-bueno ya démonos prisa – habla Asahi – los periodos libre no duran para siempre y no me quiero topar con…

-señor Yamamoto – escucha aquella inflexible voz a sus espaldas

-el profesor Mugurama – baja la cabeza en un aura depresiva

-debería aprovechar los periodos libres para practicar – exige el fornido percusionista

-sí, sensei…. – dice este ignorando las risas burlonas de Sato y Grimmjow

-bien pues vamos, una hora extra de clase de ritmos nunca esta demás – le pone la mano a media espaldas para prácticamente llevárselo a empujones

Satoshi también a medio camino de llegar a la cafetería junto a Grimmjow corrió con la misma suerte de toparse a su profesor Rose, quien de forma un tanto más amable en comparación a Kensei le propuso ir a un salón desocupado para aprovechar su tiempo libre y prepararlo mejor para su última certificación que sería en un par de meses más, invitando también a Grimmjow que pese a ser estudiante nuevo estaba mostrando un enorme potencial en la guitarra, lo único que le faltaba era la técnica y la teoría.

Esas ultimas semanas de febrero se la pasaron apresurados entre grabar sus proyectos y estudiar para los exámenes de las materias de tronco común, por lo que casi no tenían tiempo de algunas otras actividades salvo los compromisos que ya tenían de tocar en algunos lugares que los contrataban o las asesorías pendientes que tenían.

Satoshi tenía por proyecto hacer arreglos de varias canciones que estuvieran fuera del rango vocal original, por lo que tenía que adecuar la tonalidad de los instrumentos o ingeniárselas para darle algún arreglo interesante. Para dicho proyecto escogió las canciones de su recién fanatismo por celtian, algo que le gusto bastante al tener que arreglar las canciones a su propio tono vocal y dar algunos detalles más con el violín, a lo que le ayudo Haruki.

Cosas similares tenían bastantes ocupados a los demás Yamamoto, grabar algunas canciones clásicas para su portafolio profesional como era el caso de Asami al grabar una serie de flautas usando una pista, composiciones armónicas o rítmicas, siendo este el caso de Asahi al ponerle como proyecto improvisar ritmos basándose también en una pista que solo podía escuchar una vez, arreglos, etc; por eso mismo el tiempo en las cabinas de grabación era un único día y fuese limitado, esto también les enseñaría a estar previamente bien preparados para grabar en una sola toma.

Haruki por su parte ya tenía todas las certificaciones en violín, no por nada lo ha estado estudiando desde los doce años al grado de literalmente sangrarse los dedos. Los proyectos y exámenes que él tenía eran más que nada de las nuevas especialidades que tomó, como dirección de orquesta y cello, dicho instrumento en el que se tenía que grabar en algunas piezas sencillas en las que Satoshi lo asesoró y pudo terminar en tiempo y de forma bastante sobresaliente para ser prácticamente nuevo en eso.

Él y sus hermanos ya habían acabado de usar las cabinas de grabación para sus correspondientes proyectos del mes, era la última semana que estarían dispuesta para eso pues el día siguiente ya serían los exámenes teóricos y prácticos de forma presencial ante los correspondientes maestros. Por ello, no le resultó raro que Kurotsuchi Nemu le haya pedido entregar sus propias partituras a la cabina doce de grabación alegando que tenía algo muy importante que hacer primero, impidiéndole que ella misma fuera a entregarlas.

Conocía la canción, la había escuchado en sus sugerencias de spotify, así que tenía una noción de qué era lo que Nemu quería cantar para su siguiente proyecto, aún así, revisar las notas dibujadas en el papel con la precisión de una impresión era ahora un deleite. Sólo había visto otro juego de partituras así de organizadas (fuera de las propias) en ese lugar, y pertenecían a la mejor amiga de aquella cantante.

El recuerdo de la partitura para el Ave María llegó a su mente mientras él llegaba a la cabina de grabación y abría la puerta, girando la perilla en silencio sin levantar la mirada de las hojas, por ende, nunca se percató del foco rojo que indicaba "Grabando" arriba de la puerta.

La música lo golpeó con suavidad, obligándolo a levantar la mirada. Las luces de la cabina estaban apagadas, así que él pasaría desapercibido si permanecía quieto en su sitio.

La pista pregrabada resonaba en las bocinas con dulzura, envolviendo el lugar con un aire anticuado que hizo al muchacho suspirar con romanticismo.

Y entonces levantó la mirada hacia el cuarto aislado.

Las luces de aquel apartado estaban encendidas, delineando la diminuta figura de Nanao con suavidad mientras ella se bamboleaba ligeramente, siguiendo el ritmo de las guitarras y las percusiones. La chica tenía los ojos cerrados y los auriculares puestos, así que no se dio cuenta de en qué momento Haruki cerró la puerta tras de sí para evitar ser descubierto por la luz que pudiera colarse por la puerta.

Que en el canto de las olas

Me quisiera sumergir

Embriagándome en su aroma

Algo nuevo descubrir

Sí, Takeshi le había dicho que aquella chica era una de sus alumnas más destacadas en solfeo, al menos de las que no cantaban profesionalmente, y claro que ya lo había comprobado cuando Sato la eligió "por azar" en el evento de san Valentín en la división trece, pero escucharla nuevamente en aquella interpretación siendo grabada en cabina le robo el aliento de nueva cuenta, y algo le decía que siempre que la escuchara cantar o tocar el violín pasaría lo mismo.

No pudo evitarlo, se acercó hasta las consolas y se puso los audífonos para poder apreciar claramente de la chica en contraposición a la música.

Voy a navegar en tu puerto azul

Quisiera saber de dónde vienes tú

Vamos a dejar que el tiempo pare

Ver nuestros recuerdos en los mares

Y esta soledad tan profunda...

Sí, su voz era angelical, adiestrada ciertamente, destacaba en clases de solfeo, ahora lo volvía a comprobar.

Suspiró con ganas cuando la chica hizo una pausa, arrastrando aquellos versos con cadencia y soltura, entreabriendo los ojos con una sonrisa dulce y soñadora. Ups...

Debía emprender la retirada si es que no quería ser descubierto in fraganti, y lo habría intentado, pero las luces del lugar se encendieron y Nanao levantó la mirada en su dirección, primero componiendo una sonrisa, y luego quedándose helada mientras la música continuaba.

Haruki estaba ligeramente encorvado, con las manos en los cascos, se había dispuesto a quitárselos cuando Nemu había entrado al lugar, encendiendo todas las luces y haciendo a Nanao congelarse en su sitio al ser descubierta... o más bien, al descubrir al muchacho mirándole.

—Haruki-senpai —exclamó Nemu sin emoción alguna mientras Nanao enrojecía lentamente —, muchas gracias por traer mis partituras.

—Ah, sí, Kurotsuchi-san —exclamó torpemente el muchacho mientras bajaba los auriculares hasta la mesa y retrocedía, enrojeciendo también —, yo, eh, lamento mucho lo... —ahora o nunca, se dijo a sí mismo, volviendo el cuerpo hacia Nanao y sonriendo apenado al percatarse de que la chica le miraba todavía con sorpresa y pasmo —, es usted muy hermosa, ¡canto!, ¡Canta muy hermoso, señorita Nanao! Y lamento haber entrado a hurtadillas. Con su permiso.

Y sin añadir más, salió de la habitación, dejando a las chicas solas y en silencio un momento.

Y Nanao levantó la mirada en dirección a Nemu, saliendo a toda velocidad hacia la cabina de grabación, hecha un remolino de reclamos y manoteo.

—¡Tú lo planeaste! —exclamó al final la chica con los puños apretados.

—Sí, la verdad sí —confesó la chica sonriendo de medio lado —, y Yamamoto-san te llamó hermosa.

—Dijo que canto hermoso.

—Sí, pero primero te llamó hermosa.

¿Cómo iban siquiera a tratar de imaginarse aquel par que Haruki había permanecido fuera? Se preguntaba si Nanao se atrevería a escuchar sus palabras, tartamudear a propósito, llamarle hermosa.

Porque aquello no había sido tartamudeo ni traición de su subconsciente, como ya le había ocurrido antes, sino un deseo ferviente de hacerle saber a Nanao lo que pensaba de ella. No quería presionarla, no quería que sintiera agobio por sus palabras, así que disfrazar sus acciones con un tropiezo inocente parecía la mejor opción al momento.

Sonrió ampliamente cuando escuchó a Nanao negarse a sí misma la posibilidad de haber sido adulada por su senpai, escucharla debatir con Nemu sobre las palabras que Haru le dedicó, tratando de refutar el argumento de su amiga.

Y sonrió todavía más, alejándose de aquel sitio con las manos metidas en los bolsillos mientras tarareaba el coro de aquella canción de apariencia anticuada, pero con alma joven.

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La clásica alborotada ultima semana de cada mes finalmente pasó, ya la mayoría estaba más que acostumbrado a tal presión en la escuela, especialmente los hermanos Yamamoto que como siempre cumplieron toda expectativa en cada una de sus clases al entregar excelentes proyectos y sacar muy buenas calificaciones en sus respectivos exámenes de mes, no cabía duda de que aquellos hermanos estarían como siempre en los primeros lugares en calificaciones al promediarse el trimestre.

Aunque esta vez no solo los hermanos Yamamoto estaban causando admiración entre los profesores; Grimmjow, quien era prácticamente nuevo en la escuela también estaba mejorando considerablemente en las clases de tronco común que en un inicio le causaban dolores de cabeza y ganas de vomitar, pero claro, tenia una muy buena motivación para esforzarse y era aquella incitante competencia que tenía con la princesa de los Yamamoto, apuesta de la que se aprovechaba para molestarla un poco, lo cual también era un pretexto para hablarle.

Mila Rose también se estaba dando paso como una de las más prometedoras voces de su generación, claro, ella deseaba que la antigua banda que formaron llegue a ser bastante reconocida en un futuro, por eso también estaba detrás de Sotoshi y Grimmjow para que dieran lo mejor en sus clases, especialmente de él peli azul a quien prácticamente lo obligo a tomar la clase de canto junto con ella. Quería no solo tener a excelentes músicos bien preparados, si no también poder contar con voces masculinas y entre Grimmjow y Satoshi tenía un buen matiz que sería muy interesante usar.

Otra de las alumnas que estaban causando gran expectativa por su gran avance (al grado de que casi estaba a la par de los hermanos Yamamoto) eran Nemu y Nanao, otras de las voces femeninas muy prometedoras, y a la vez, entre ellas, una violinista con un gran futuro en la música.

No solo estaba mejorando a pasos agigantados en su técnica con el violín, también parecía estar mucho más motivada en sus demás clases de tronco común, mucho más aplicada que de costumbre. Obtuvo un sobresaliente en su clase de cantó, ganándose la felicitación del mismo profesor Barragan cuyos halagos a los alumnos eran tan raros como encontrar oro en una mina. Aquel profesor siempre tenía alguna objeción o corrección que hacerles, pero en el examen que presentó Nanao incluso corrieron los rumores que sonrió apenas visiblemente cuando la escuchó cantar.

Sin embargo, ese no era el único cambio que se le notaba a Ise Nanao en aquel último mes, pues desde el catorce de febrero se le notaba mucho más entusiasmada por todo. Parecía disfrutar más sus clases y se le notaba mucho más apasionada. Nemu claro que quiso indagar más en el estado tan perdidamente ensoñador de su amiga, pero solo obtenía respuestas como "me está yendo cada vez mejor en la escuela, es todo" respuestas ante que la enigmática chica no se quedaba conforme, pero ya tarde o temprano lo descubriría.

Dicho comportamiento también lo tenía el mejor violinista de la escuela, Haruki Yamamoto, quien aquel día catorce de marzo salió de su casa en la bicicleta con un semblante tan resplandeciente que Satoshi le hizo el comentario burlón de que necesitaba lentes oscuros para poder verlo, comentario que Haruki ignoró sonriendo con más ganas.

Sinceramente solo siento pánico en escena, y sostenerte la mirada me quema —cantaba Haruki a todo pulmón, de pie sobre los pedales de su bicicleta mientras se movía por el estacionamiento del instituto con una sonrisa radiante —, Pero mejor ser arriesgado que un cobarde en pena, cruzar los dedos para ver si te suena

No era extraño escucharlo cantar con fuerza mientras estacionaba la motocicleta, después de todo ocultaba su voz entre el poderoso rugido del motor hasta que lo apagaba, y entonces bajaba la voz hasta convertirla en un murmullo ausente o silbaba los coros con aires distraídos.

No ese día, que cantaba con ganas sin importarle las miradas curiosas que otros estudiantes le dedicaban a su paso mientras él seguía entonando las estrofas y los coros.

Y si bailamos, tan sólo bailamos —cantó a todo pulmón mientras inclinaba la bicicleta de lado para girar en redondo —, y si tus pies nuestra historia escribieran —volvió a girar al darse cuenta de que se había equivocado de edificio, portando una sonrisa bobalicona que sorprendió a los que le reconocieron a su paso —como si fuera este el final de un cuento y nadie más en el mundo existiera.

Hacia un mes que estaba así, tan feliz que parecía no caber en su sitio, sonriendo, distraído la mayor parte del tiempo, cantando en voz alta, perdiendo la mirada en el horizonte.

¿Por qué? Se preguntaba la gente al verlo pasar.

Pero Haruki estaba tan metido en su mundo que apenas era consciente del hecho de que la gente ya no hablaba de él sólo por ser uno de los novios del instituto, sino porque encima parecía estar...

Enamorado.

Era catorce de marzo, así que sonrió todavía con más ganas al poner la cadena a su bici y bajar de la canasta una caja envuelta en un pañuelo de partitura.

Tal parece que yo me acostumbre a ti en un solo día, que te ando extrañando como si hace años que te conocía —cantó cambiando de canción sin darse cuenta de que, por primera vez en su vida, iba tarde a clases por su distracción.

Igual no era para tanto, era un taller sabatino, saltárselo habría sido una opción ya que estaba cansado luego de haber tocado la noche anterior para una exposición del profesor Kuchiki en la Galería de Arte de la ciudad, pero Nanao también tomaba talleres sabatinos, así que ahí tenía su excusa para darle chocolates de regreso para su no confesión de amor.

….

Iba saliendo de su clase, caminaba distraída por los pasillos de la escuela preguntándose si su senpai había ido a clases esa mañana. Nemu le había dicho que uno de sus amigos de fotografía le había dicho que el profesor Kuchiki había dicho que tenía una exposición de arte el viernes por la noche, y que había contratado a Haruki para tocar durante la recepción.

Era bien sabido que Haru solía tomarse los sábados luego de dar algún concierto o tocar para eventos privados, no tenía muchas esperanzas de encontrárselo aquel día, y se preguntaba si de verdad el muchacho tenía la intención de regresarle chocolates como había prometido, pero no tenía sentido darle vueltas al asunto. De todos modos, si a Haruki se le ocurría regalarle chocolates de regreso, ¿cómo se suponía que iba a reaccionar o a responder?

Iba tan metida en sus pensamientos que ni siquiera se percató de la presencia del violinista acercarse a ella y llamarla por su nombre.

Nanao respingó cuando Haru se plantó frente a ella y le sonrió extendiendo una caja envuelta con una mascada blanca, la joven sonrió percatándose de que se trataba de un pañuelo con una partitura...

—Yo vine a cumplir con mi amenaza —murmuró Haruki sonriendo mientras Nanao reconocía las notas del pañuelo.

El Ave María.

—Pero esto... —comenzó insegura, ganándose una mirada pesada por parte de Haru, quien insistió con la caja hasta que ella extendió una mano y aceptó el presente, sonriendo con las mejillas sonrosadas.

—No irá a desairarme con mi presente —murmuró divertido el violinista al ver la mirada de Nanao fija en las notas.

—¡Haruki-senpai! — Exclamó sorprendida, mientras desataba el pañuelo y se encontraba con los chocolates blancos —Esto no era necesario —murmuró analizando el pañuelo mientras el muchacho la contemplaba con devoción, suspirando ante su sonrisa mientras la joven leía la partitura conmovida —, de verdad me parece que se tomó muchas molestias por una tonta pequeñez de mi parte...

—Yo acepté su atrevimiento con la condición de que usted aceptara el mío —le recordó con un gesto amable mientras ella levantaba la mirada y le agradecía con una sonrisa —, voy a creer que me está desairando, ahora, voy a pedir que me disculpe el atrevimiento —añadió sonriendo apenado, mordiéndose el labio antes de añadir —, ¿me aceptaría una invitación para ir por un café?

Haruki soltó el aliento, todo el aire abandonó sus pulmones y pudo ver en cámara lenta aquella reacción, aquel movimiento, porque el mundo pareció correr despacio cuando Nanao soltó una risita nerviosa por lo bajo antes de morderse el labio e inclinar el rostro, tal vez ella ni siquiera era consciente del hecho de que estaba coqueteando con su senpai en un gesto inconsciente, pero tampoco le importó mucho al verle sonreír de nuevo, anhelante de una respuesta afirmativa.

—Tengo una práctica pendiente justo ahora —comenzó ella con lentitud, pasando un mechón de cabello tras el oído —, pero...

—Pero... —incitó el violinista con un aire de esperanza, esperando el resto de la respuesta.

—Salgo a las cuatro —murmuró al final, con cierto aire compungido, consiguiendo que Haruki mirara su reloj y sonriera asintiendo.

—Perfecto, me da tiempo de conseguir serenata o algo – soltó sin pensar, abriendo los ojos al caer demasiado tarde en lo que había dicho

—¿Qué? —exclamó Nanao pasmada, consiguiendo que Haruki también tartamudeara en respuesta.

—¡No, es una broma, perdón! Es que, es que yo...

¿Qué?

Ambos soltaron una risa por lo bajo, un gesto tenue y silencioso al principio, que pronto se convirtió en una carcajada de nerviosismo.

—Por favor —inició Nanao tratando de tranquilizarse —, que no sea música de Jazz.

—¿No te gusta el jazz?

—¡No, lo adoro! Pero es la música que toca mi tío y... Lo asocio con él.

—De acuerdo, cantaré a capela —prometió al final, sonriendo de medio lado mientras Nanao se mordía de nuevo el labio, haciéndole pasar saliva —, paso por ti a las cuatro, ¿te importa si esta vez no usamos la moto?

Nanao bajó la mirada hacia sus piernas, la falda tableada larga a las rodillas definitivamente sería un problema en la motocicleta, así que asintió sonriendo y volviendo a observar los chocolates antes de mirar a Haruki una última vez.

—Estaré en el ala oeste, me toca asesoría para programar mi siguiente examen y...

—Lo harás increíble —prometió el muchacho con una sonrisa radiante, pasando un mechón tras la oreja de la chica —, en poco más de un mes terminaste con todo el programa que diseñé para ti, ahora tengo que improvisar —añadió al final en medio de una risa nerviosa que contagió a la chica.

Dios, ¿estaba coqueteando?

Un recuerdo, como un golpe, como una descarga eléctrica más bien.

The thunderbolt...

¿Me estás coqueteando, Yamamoto Haruki?

¿Cómo podía sonar tan clara su voz en la mente del violinista?

Se le cortó la risa, retrocedió medio paso, y miró a Nanao con un gesto de disculpa.

—Tengo que, yo, y debo ir...

Nanao estaba confundida, ¿qué había pasado con toda la calma entre ellos? Pasó saliva con dificultad y retrocedió medio paso, preguntándose si había hecho algo para incomodarlo.

—Si está ocupado yo lo entiendo, Haruki-senpai, es sábado después de todo, y es día blanco —dijo al final con desgano, volviendo de golpe a su realidad.

Estaba enamorada de uno de los novios del instituto, ¿qué esperaba?, ¿chocolates de regreso y felices para siempre? Qué ingenua debía ser si lo esperaba en serio.

—Señorita —llamó Haruki con una sonrisa serena, avanzando medio paso hacia ella y volviendo a acomodarle el cabello —, si no le importa, pasaré por usted a las cuatro, pero justo ahora tengo un asunto que resolver respecto al transporte, no me veo llevándola a pasear en bicicleta.

—¿Por qué no? — cuestionó ella con curiosidad mientras sus ojos se abrían por la sorpresa —, a menos que le moleste que lo vean pedalear al lado de una bici de paseo.

Haru frunció el entrecejo y volvió el rostro hacia el costado, claro, había visto una bicicleta estacionada esa mañana, verde y azul, canasta amarilla, parrilla tejida...

—Perdón —murmuró inseguro mientras una sonrisa se extendía por su rostro —, ¿es suya una bicicleta que parece recién salida de una casa de muñecas? Ese cuadro bajo pintado en colores claros es clásico de los cincuentas —añadió con entusiasmo antes de aclararse la garganta y retroceder medio paso, recuperando la compostura —, es que es un modelo italiano —añadió como si aquello fuera suficiente explicación, pero Nanao sólo logró fruncir más el entrecejo antes de abrir y cerrar la boca un par de veces —, una bici italiana —repitió Haruki para sí mismo, sintiendo que recuperaba su torpeza habitual —. ¿Le molesta la idea de un paseo en bicicleta? —añadió más tranquilo.

—El día está perfecto —concedió ella antes de retroceder un par de pasos de espalda —, le esperaré entonces.

—No llegues tarde —añadió Haru como una nota mental, pero Nanao al escucharlo le dedicó una mirada de confusión —, ¡A clase! Usted no debería llegar tarde a clases y yo no debería estar tarde para recogerla, no sería justo.

Nanao soltó una risa por lo bajo antes de darse la vuelta y avanzar por el pasillo.

—No llegues tarde —soltó Haruki antes de darse un golpe en la frente — ¡Una bici italiana! — añadió frustrado antes de tirar de sus cabellos —, baka, baka, ¡Baka!

Y aunque había iniciado su marcha de regreso por aquel pasillo, frenó en seco cuando el siguiente trueno lo golpeó. Su voz, retumbando en su cabeza como si le escuchara al otro lado del pasillo, a sus espaldas, cantarina y arrogante como siempre.

Oh, pero si eres un experto en el arte de la seducción, Ha-Ru-Ki-San.

—Sal de mi cabeza —murmuró el muchacho enfilando por el pasillo mientras evocaba claramente el rostro de aquella chica de cabellos verdes y figura despampanante —, no te atrevas a volver, Catnipp.

El sonido de su teléfono lo tomó por sorpresa, Haru sonrió ante la notificación de un mensaje entrante, Hanako reportándose.

¡¿Puedes audios?!

—No —texteó rápidamente —, estoy en el instituto.

¿Un sábado? ¡Qué aburrido!

—Perdón, ¿dónde estás? —respondió frunciendo el entrecejo antes de mandar alguno que otro emoji molesto.

En la pista de hielo, pero es diferente, vine por unos amigos para salir por ahí. ¿Cómo le explicas a un extranjero el Día blanco?

Haru frenó en su sitio, mirando el mensaje de su prima antes de negar con la cabeza y encogerse de hombros, como si Hana pudiera verlo a pesar de la distancia.

—Bueno —comenzó a grabar un audio mientras retomaba su caminata rumbo al área de fotografía —, es el equivalente de San Valentín pero para los hombres, los caballeros que aceptaron chocolates el catorce de febrero tienen que regresar el gesto si corresponden a la chica que les obsequió.

Y suspiró derrotado cuando vio que la chica había enviado un audio de regreso.

¡Es que lo haces sonar tan sencillo cuando lo explicas así! Yo no termino de explicarle a Jugram lo que es. Tu audio sirvió para desmantelar dos horas de conspiración —se escucharon carcajadas al fondo, Haruki pudo reconocer la voz de Saya, reconoció a una amiga de Hanako, Ryuu algo, ¿Oujoryuu?, una voz masculina que asociaba con el novio de la amiga en cuestión y otra voz masculina que no logró reconocer —, gracias Haru, siempre me sacas de apuros.

Haru suspiró mirando su teléfono y sonrió al ver la selfie que su prima había enviado después, todos menos una persona, miraban en dirección a la cámara, un muchacho rubio parado a su lado la miraba a ella con cierto aire de embeleso.

Sonrió, y luego lo golpeó un pensamiento más sombrío.

—¿Tienes un minuto? —escribió con el entrecejo fruncido antes de avanzar de nuevo.

¿Qué pasa?

¿Qué? Buena pregunta. Al muchacho le tomó unos segundos organizar sus pensamientos antes de recuperar su teléfono y responder: —No estoy seguro, he estado pensando en Candice estos días.

Segundos de silencio, toda la alegría con la que había llegado al instituto esa mañana ahora se había desvanecido en un paisaje melancólico que habría contagiado a cualquiera, una figura patética moviéndose por la escuela en espera de una luz que le sacara de las penumbras y le diera paz a su alma para continuar con su existencia.

No me he alarmado todavía, ¿debería?

—¿Por Catnipp? Nah — texteó rápidamente, respirando profundo y apartando los pensamientos sombríos que habían amenazado con apoderarse de él —, es sólo que recuerdo claramente su voz, su existencia, es como si la tuviera enfrente.

Terminarás por invocarla —respondió Hanako rápidamente, haciendo a Haruki soltar una risa floja —¿Por qué estás pensando en ella?

—Coquetear con ella era fácil —murmuró para sí mismo antes de enviar ese mismo mensaje, profiriendo un suspiro pesado y contagioso, Hanako en la distancia suspiró también luego de leer aquel texto.

Porque ella en general no era nada en serio —concedió la patinadora con una sonrisa dulce —, o me vas a decir que la amabas con pasión y con locura.

—Con locura —escribió el muchacho divertido —, tenía que estar loco para estar con ella. No, Hana, tienes razón, nos hicimos novios por molestar, porque la fiesta era buena, porque ella era atractiva y yo también, éramos una fotografía bien montada. Pero nunca estuve enamorado de ella.

¿Ves Haru? Ahí está tu respuesta.

—¿Cuál era la pregunta?

Es obvio que estés pensando en ella —murmuró Hanako suavemente, Haru pudo sentir la sonrisa a través de la distancia —, es lo único con lo que puedes comparar lo que te está pasando justo ahora con tu señorita, no le des vueltas al asunto, dale chocolates y llévala a pasear o algo. ¿Te mantengo informado? Iremos a dar una vuelta con los muchachos por el centro, diviértete, ¿quieres?

Haru sonrió divertido ante el entusiasmo de su prima, y aunque sintió el agobio embargarlo de nuevo (no sólo tenía que escucharla, encima tenía que sentir claramente las manos de la chica acariciándole una mejilla para obligarle a mirarla. Estaba seguro de que si volvía el rostro podría ver los ojos verdes de aquella chica, zalameros y seductores antes de sentir el beso), alejó esos pensamientos y sonrió silbando de nuevo, entonando la melodía de "Mi vida entera" y despejando de nuevo su mente.

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Paseando un rato por los jardines de la escuela escuchó arriba de ella un crujido de ramas, seguido de varias hojas que le cayeron encima, encontrando a ese bandolero amigo de su hermano trepado en el árbol gateando por la rama y moviéndola por el temblor de tratar de no caerse. Asami estaba a punto de preguntarle qué estaba haciendo allá arriba, cuando vio que Grimmjow dejaba a un polluelo en su nido.

Se quedó sin palabras, lo único que alcanzo a hacer fue llevarse una mano al corazón ante tal lindo gesto de aquel rebelde, que, a simple vista, nunca creerías que sería capaz de hacer algo como eso, un simple gesto bondadoso ante una inocente creatura.

Al tratar de volver a poner su mano en la rama tras dejar al polluelo casi pierde el equilibrio, dando la alerta de que estaba a punto de caerse.

-¡cuidado! – soltó sin querer, lo que hizo que Grimmjow diera un sobresalto perdiendo la concentración y que cayera al suelo, golpeando su cabeza en el tronco del árbol

-maldición – se queja sobándose la cabeza – ¿estás loca? ¿Por qué gritas de esa forma? – le reclama a Asami

-pues te ibas a caer – se excusa casi indignada, colocando sus manos en sus caderas

-no me iba a caer hasta que gritaste – se queja poniéndose de pie al tiempo que se sacudía la tierra de su ropa – vaya forma de despertar a alguien – reclama cruzado de brazos, ante lo que Asami encontró una oportunidad para molestarlo un poco, él pensaba que no lo vio ayudando a ese polluelo

-así que estabas dormido – canturrea sonriendo prepotente

-claro que sí. ¿Qué más iba a estar haciendo trepado en un árbol? – Ladea la mirada, obstinado – debo ir a mi siguiente clase – toma su mochila, colgándosela a los hombros en el clásico gesto rebelde y desgarbado

-pero que lindos polluelos hay arriba – exclama Asami con toda clara intención de boicotearlo - ¿no me digas que no los viste cuando estabas tomando tu siesta? – pronuncia esta última palabra con marcado sarcasmo

-yo no me ando fijando en esas tonterías – pero su tenue sonrojo en sus mejillas lo delataron, Asami apenas y pudo contener el grito interno de verlo tan lindo – ya me voy – sin atreverse a dirigirle si quiera una mirada de reojo, se retira

Asami suelta una pequeña risa al verlo retirarse, Grimmjow era el clásico chico de apariencia ruda de un metalero, su hermano Satoshi tuvo una etapa en donde vestía chamarras de cuero y pulseras que prácticamente le cubrían todo el brazo, dando la primera impresión de que era alguien de mal carácter y muy rudo, pero ella conocía perfectamente el corazón de oro que poseía su hermano y posiblemente Grimmjow era igual, solo que él era demasiado obstinado y orgulloso para si quiera demostrarlo.

Aquel día, al ser sábado, solo eran de talleres y clases complementarias, y ella solo iba al taller de batería (tenía curiosidad por saber tocarla al ver a su mellizo) por lo que ya podía retirarse, el día de hoy Riruka no pudo acompañarla a practicar en arpa, así que no tenía caso quedarse ensayando si podía hacerlo en el cuarto de música de su casa, por lo que tomó su mochila y le dirigió una última mirada al nido de polluelos en la rama, recordando con embeleso a Grimmjow regresando a uno de ellos. Al bajar la mirada, notó una caja mal envuelta tirada en el pasto, la curiosidad le hizo tomarla, descubriendo que se trataban de chocolates blancos muy finos.

¿Chocolates blancos?...

¡Día blanco! Es verdad, hoy era día blanco, eso significaba que Grimmjow planeaba regalar chocolates blancos en agradecimiento del día de San Valentín.

¿Serian esos para ella?

Es decir, ella le regalo chocolates hace un mes, aunque haya dicho que en no eran para él y en sí no era obligatorio que él le diera chocolates en el día blanco, pero, aun así traía unos.

¿Debería regresármelos? ¿Y si no eran para ella?

La idea de que fuera a darle chocolates a otra chica no le gustaba, le rompía una parte de su corazón, pero seguramente se daría cuenta que le falta aquella caja, lo correcto es que se la regresara.

-hey tú, bandolero – le grita dándole alcance

-¿y ahora que quieres princesita? – pregunta mirándola altivo desde arriba, él era mucho más alto que ella

-por irte tan rápido al no admitir que ayudaste a un polluelo…. – dice cantarina y en un leve tono coqueto que hace al peli azul ladear la mirada bufando obstinado – no viste que se te cayó esto… - le extiende la caja de chocolates, cuyo papel apenas y se aferraba – deberías envolverla mejor, la presentación de cómo la entregas cuenta mucho – se cruza de brazos, fingiéndose altiva

-no se lo voy a entregar a nadie – dice defendiéndose y evadiéndola – mi tío me encargo que se veía unos chocolates blancos se los comprara para que se los regalara a mi tía – ni él se creía eso, mucho menos Asami, pero mejor le siguió la corriente, tenía curiosidad de que más escusas se inventaría

-¿y también te encargo envolverla? – Pregunta con burla – porque me temo que quedaras muy mal y harás quedar peor a ti tío – el que se estuviera burlando en su cara lo tenían gruñendo internamente - ¿si quieres te puedo ayudar a envolverla? – su ofrecimiento era más en plan "porque sé que eres un completo inepto para estas cosas"

-no importa, puedes quedártelos si quieres – suelta de forma brusca – recordé que a mi tía no le gustan esa marca, así que iré a comprar otros – se excusa inútilmente, Asami era demasiado lista para tragarse eso y empezaba a ver que Grimmjow era un tipo sumamente terco como para admitir que había traído esos chocolates para ella y que esa fue su peculiar forma de entregárselos.

Así era él, comenzaba a ver que era el tipo de persona que se le dificultaba mucho expresar sus sentimientos, aunque aún no entendía la razón de Grimmjow de querer aparentar ser un tipo de piedra, pero ella perfectamente conocía que no era de esa forma, era un gran amigo de Satoshi después de todo, su hermano no se juntaría ni ayudaría a una persona que fuera mala, y, además, recordaba vagamente la época en que tenía once años y acompañaba a Satoshi en cada uno de sus ensayos de su primera banda, ensayos en los que Grimmjow siempre tenía algún dulce para ella alegando justamente que a él no le gustaban.

-de acuerdo, sería una lástima que se desperdicien tan finos chocolates, así que me los comeré – los guarda en su mochila, ignorando la sonrisa triunfal del Grimmjow al verla de reojo - ¿Qué clases tomas hoy? – Pregunta curiosa – se supone que hoy solo hay clases complementarias y talleres…. – sonríe de forma ladina, sonrisa muy parecida a la de Satoshi cuando tenía un argumento irónico con que galardonarse - ¿ya comienzas a sentir miedo de perder la apuesta? – y ahí estaba, claro, el trimestre ya estaba por acabarse y por consiguiente, verían quien sería el ganador de la apuesta que iniciaron cuando entró

-ja, claro que no tengo miedo princesita – sonríe presuntuoso mostrando toda su dentadura – estoy seguro que te ganare, pero hay unas dudas que tengo en teoría así que iré a la clase del profesor Yamamoto

-¿mi hermano? – claro, hoy varios profesores venían unas cuantas horas para dar talleres o las clases complementarias, una ayuda para que los estudiantes no se retrasaran si por alguna razón se perdían alguna clase durante la semana – pensé que Sato te estaba ayudando con eso…

-si, pero él se retiró después del taller de canto – dice alzándose de hombros – dijo que tenía algo muy importante que hacer y se fue corriendo….

Asami rueda los ojos para luego sonreír divertida, Sato solo tenía tal prisa cuando se trataba de ir a ver a Soi-Fong, ya incluso tenía curiosidad de conocerla en persona de tanto que Sato le ha hablado de ella con tal fascinación.

-teníamos planes de ir al cine…. – deja al aire – queríamos ver la nueva película de terror que salió – voltea a verla, desafiándola – te invitaría…. Pero supongo que tu solo vez películas de unicornios y esas cosas….

Asami entonces se le planta enfrente con gesto firme y severo, deteniendo los pasos de Grimmjow que la ve con gesto socarrón y altivo mientras se cruzaba de brazos.

-para tu información, yo he visto cientos de esas películas con Sato desde que tenía doce años – dice severa, dejándolo en claro

-¿de verdad? – alza una ceja en signo de escepticismo

-Sato quería asustarme, pero terminaron gustándome y se quedó como una tradición ver alguna los fines de semana – presume orgullosa – de hecho…. También le dije que me llevara a ver la del conjuro que recién salió….

-bueno, supongo que no le molestara que la veamos primero…. – retoma su camino al salón – incluso podemos molestarlo en darle algún spoiler – sonríe divertido, dándole un aspecto más relajado y juvenil que a Asami le gustó mucho ver en él

-eso suena muy divertido – sí, podría extorsionarlo para que no le dijera algún spoiler

-bien, si quieres puedes ir a casa en lo que tomo la clase – se para enfrente de dicho salón donde estaba el mayor de sus hermanos – iré a buscarte después

-supongo que también puedo quedarme a la clase de Takeshi – dice alzándose de hombros – no me haría mal reforzar algunas cosas – entra primero, a lo que Grimmjow bufa divertido siguiéndola.

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Haru sonrió melancólico mirando su teléfono, la llamada había finalizado y él había logrado ponerse al corriente con Yuriko en tiempo récord, quince minutos, antes de encaminarse hacia el aula de Nanao.

La joven violinista hizo una reverencia para su profesora y luego agradeció a Ukitake con efusividad, agradeciendo el tiempo que se había tomado para ir a evaluarla él mismo.

—No me lo habría perdido por nada —confesó el peliblanco sonriéndole a Nanao con entusiasmo —, después de todo, eres la mejor estudiante que Haruki-chan ha tenido desde que comenzó a dar asesorías, no habla de otra cosa más que de ti.

—¿De verdad? —murmuró la chica con un gesto inseguro, no sabiendo cómo recibir aquel comentario.

—¡Claro, deberías escucharlo! Está orgulloso, y además piensa que eres una chica muy talentosa y muy bonita que tiene el potencial para...

—¡Ow! — exclamó Haru interrumpiendo al profesor con gesto suplicante que transformó en una sonrisa confiada cuando Nanao giró para verlo —¿Nos estamos poniendo parlanchines, Ukitake-sensei?

—Sólo le digo a Nanao la verdad, es tu estudiante más talentosa, podría saltar directo a la siguiente certificación a este paso.

—¿De verdad? —exclamó la violinista esperanzada.

—¡Por supuesto! Tienes la dedicación y el talento, eres asombrosa, Nanao-chan.

—¿Lo ve, señorita? No estaba siendo parcial al adularla, ahora tendré que diseñar un programa nuevo, pero habrá valido la pena si mis sospechas son ciertas.

—¿S-sospechas?

—Quiero prepararla para aplicar el examen de intermedios, pero promoverla a una clase más avanzada, si el director lo autoriza.

—Bueno, veremos cómo sale en su siguiente evaluación y podremos charlarlo. No les quito más el tiempo, jóvenes —añadió entusiasta antes de volver el rostro hacia la profesora y hacer una reverencia poco pronunciada —, el día es hermoso como para pasarlo encerrado aquí. Joven Ise, ¿le puedo pedir un favor?

—Seguro, sensei.

—Si está en sus manos hacerlo —murmuró usando su mano para ocultar la boca de la vista de Haruki, aunque el violinista igual le escuchó —, saque a Haruki-chan de la institución.

—¿Perdón? —espetó el aludido mirando con reproche al profesor, cruzando los brazos con fuerza en un berrinche personal.

—Tiene la mala costumbre de encerrarse en uno de los estudios los días más hermosos del año —añadió el peliblanco mientras Nanao reía por lo bajo, cubriendo su boca —, y créame, nadie lo saca de ahí cuando se hunde en su melancolía. El día está hermoso como para pasarlo encerrado.

—Coincido —soltó la chica con una sonrisa radiante.

Non sono un malinconico e non mi chiudo neanche io (yo no soy un melancólico y tampoco me encierro) —espetó Haruki volviendo el rostro, y aunque Ukitake soltó una carcajada ante aquellas palabras, el violinista terminó ganándose una mirada de asombro por parte de Nanao.

Pero no tuvo ocasión de preguntar al respecto puesto que Ukitake revolvió un poco el cabello de Haru haciéndole reír discretamente antes de dejarles en la entrada del salón.

Haru se dio el permiso de mirar por donde se había ido su sensei antes de encarar a Nanao y ofrecerle un brazo.

Andiamo (andando) —murmuró con una sonrisa radiante haciendo a Nanao pasar saliva y aceptar el contacto….

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Las clases de los sábados con el mayor de los hermanos Yamamoto no eran un a clase como tal, aquella hora en la que encontraban al profesor era especialmente para preguntarle alguna duda que tuvieran de cualquier clase durante la semana, dudas que Takeshi exponía a todos los presentes para reafirmar sus conocimientos.

Normalmente no veía a ninguno de sus hermanos en aquella clase complementaria, ellos aprovechaban los sábados para tomar algún taller o venir a usar las instalaciones para ensayar con calma (ya que la mayoría de las discusiones en su casa era por ver quien usaría el cuarto de música), por eso, le fue un poco extraño ver a Asami entrar a su salón, aunque luego tuvo sentido cuando reconoció al otro estudiante que venía detrás de ella, y quien tomo asiento a su lado.

Varias veces Grimmjow ha ido a su casa al ser uno de los mejores amigos de Satoshi, visitas que han sido más constantes desde que el peli azul entro a estudiar a Atsuradragon he iba para que su hermano le ayudara en algunas cosas. Desde hace mucho que era una visita constante, y Asami parecía siempre seguirlos a todos lados, aun a la corta edad de once años. Claro que la peque ya tenía 17 años y aunque parecía que continuaba persiguiendo a Grimmjow ya no era con un aire inocente, se veía el interés en el hombre y viceversa.

Claro que sabía que existían entre ellos una diferencia de edad de cinco años, pero Grimmjow no era una mala persona pese a tener una apariencia ruda y de pandillero, Satoshi no lo llevaría a la casa ni mucho menos sería tan buen amigo suyo si lo fuera, por lo que no se preocupaba tanto de que Asami estuviese interesada en él, tenía la confianza de que la cuidaría y la respetaría.

Algo bueno de sus clases complementarias es que no solo se limitaba a explicar a detalle en el tema en el que tenían dudas, también dejaba ejercicios del mismo para que lo resolviera quien quisiera, no era en si obligatorio ni tampoco se tomaba en cuenta para calificación.

Justo en ese momento Grimmjow se rascaba la cien con el lápiz al complicársele un poco el agrupamiento de notas que el profesor puso como ejercicio, llevaba varias veces que lo borraba, a lo que Asami no pudo evitar voltear a verlo, especialmente por los gruñidos de frustración que daba.

-vas a terminar haciéndole un agujero al cuaderno – comenta con un hilo de burla, a lo que Grimmjow bufa molesto – si quieres te puedo ayudar…

-¿eso no iría contra las reglas de nuestra apuesta? – la mira alzando una ceja y sonriendo socarrón

-que yo recuerde no pusimos reglas – dice indignada – y no será divertido vencerte si no entiendes nada, quiero una contienda justa – toma el cuaderno del peli azul, borrando su última respuesta – velo de esta forma, casi siempre las corchas van juntas y los dieciseisavos también – le señala con la punta del lápiz – si las vez separadas puede ser esta figura – la dibuja en una esquina - ¿entendiste?...

-creo que si… - lo intenta él, estaba vez completando ya correctamente el ejercicio viendo luego de reojo el cuaderno de Asami, que estaba tan pulcro y estilizado que parecía que estaba impreso – incluso tienes letra de princesa – se burla con sonrisa ladina

-a mí me gusta hacer bien y entendible mis trabajos – se cruza de brazos obstinada – no a lo bruto como mi hermano Sato y tú – eso ocasiona una leve risa del peli azul, que trata de hacerla discreta para no interrumpir a Takeshi en una nueva explicación que daba

Eso claro que molesta a Asami al creer que se burlaba de ella, pero su gesto fruncido se fue suavizando al ver a Grimmjow tan relajado, dándole incluso un aspecto un poco más joven, viendo nuevamente que no era del todo un bruto barbaján como quería aparentar ser.

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No era la primera vez que iba a la lujosa residencia de Soi-Fong sin avisarle antes, ocasionalmente iba a visitarla simplemente porque "pasaba por ahí" en la bicicleta y aprovechaba para saludarla e invitarla a algún lugar para pasar el rato, siempre y cuando ella no estuviera muy ocupada. Visitas en las que la rígida campeona lo recibía con cierto pero disimulado gusto, aunque quisiera ocultarlo su tenue sonrisa la delataba un poco, además que Satoshi la mayoría de las veces que iba le regalaba una sencilla rama de flor de lavanda, humilde obsequio ante el cual Soi-Fong no podía evitar que se le dibujara una tenue sonrisa que no pasaba desapercibida para Satoshi.

La mayoría de las veces que la visitaba de forma espontanea daba la casualidad de que tenía que ir a algún lado, a lo él guitarrista se ofrecía feliz de la vida de acompañarla sin ser consciente que muchas veces Soi-Fong se inventaba dicha excusa para pasar un rato con el músico, aunque ella misma se negaba a admitir que lo hacía por eso.

Ahora, al saberse realmente enamorado, pero, tener el limitante que el mismo se puso de ser dedicado con ella para ganarse genuinamente que Soi-Fong llegue a quererlo lo tenían un poco inseguro. Quería hacer bien las cosas con ella, no deseaba que se sintiera presionada de alguna manera, aunque, el ir hasta a su casa con el fin de entregarle chocolates blancos por ser 14 de marzo no tenía nada de malo, no era una confesión en sí, solo la retribución para agradecerle los chocolates que le dio a él exactamente un mes atrás.

-¿Quién es? – responde una voz grasienta por el parlante

-soy Satoshi Yamamoto….

-¿otra vez vienes a molestar a la señorita Feng niño bonito? – reclama el mayordomo con tono petulante, ante lo que Satoshi aprieta la mandíbula al tiempo que una vena resalta en su frente.

Siempre era lo mismo cuando venía a visitarla, un pleito mediante el parlante con el corpulento de su mayordomo que se negaba a avisarle a Soi-Fong que estaba ahí. Dios, ese gordo seboso se creía dueño de la casa.

-ella está ocupada mocoso – esa manera de llamarle hace que se enfade más, vaya que el tipo era petulante – no puedes venir cada vez que se te dé la gana a interrumpir….

-¿con quién estas discutiendo Omaeda? – se escucha otra voz

-es otra vez ese mocoso que viene a cada rato a molestar a la señorita Feng –

-¿Satoshi? – pregunta la otra voz, una mujer que en definitiva no era Soi-Fong – hola Satoshi ¿eres tú? – se escucha más cerca tras oírse que habían hecho a un lado al mayordomo

-sí, soy yo – responde este – solo vengo a entregarle algo a Soi-Fong – traía en sus manos una caja decorada con tonos lilas, y encima de esta, un par de ramitas de flores de lavanda amarradas con un listón morado – no le quitare mucho tiempo…

-oh en lo absoluto – responde la mujer en tono jovial – por favor pasa….

Las grandes rejas se abren tras que se escucha un chirrido, por donde Satoshi, un poco nervioso, entra.

Era la primera vez que entraba a la casa de Soi-Fong, hasta ahora, únicamente la ha acompañado hasta las puertas de esta, algo que por supuesto respetaba al conocer lo reservada que aún era Soi-Fong con su vida personal. No estaba del todo seguro que le agradara que entrara a su casa, aunque en si lo habían dejado pasar.

Aunque tampoco negaría que estaba emocionado de conocer esa parte de la vida de Soi-Fong, pues a pesar de estar saliendo ocasionalmente y mantener una buena conversación, le daba la impresión de que era demasiado cuidadosa y meticulosa de lo que hablaba con él, como si midiera lo que le revelaba de su vida.

-hey – le llama Yoruichi alzando su mano al recibirlo en la entrada – gusto en verte de nuevo Satoshi – saluda con jovial con una gran sonrisa, no había visto a ese joven desde la primera vez que se lo encontró acompañando a su pupila a casa

-lo mismo digo Yoruichi - responde este de forma informal y jovial

-¿Soi-Fong y tu tienen planes para salir hoy? – pregunta curiosa, sabía que su pupila salía ocasionalmente con aquel músico, aunque nunca le ha sacado mayores detalles

-no realmente, solo vine a entregarle algo – la morena ve la caja que Satoshi traía en sus manos, dibujándosele una traviesa sonrisa felina.

Claro, hoy era día blanco, su esposo la sorprendió en la mañana con una caja de finos chocolates blancos que le entrego en el desayuno y si Satoshi venía a entregarle chocolates, eso quería decir que Soi-Fong si le entrego los chocolates hace un mes. La había cuestionado con eso pero la obstinada de su alumna no le quiso decir si le había entregado los chocolates o no.

-ya veo… - se coloca una mano en la cintura – estamos por terminar la sesión de entrenamiento de hoy, pero pasa… - le invita haciendo un ademan con la mano – seguro te gustara mucho lo que veras… - entona cantarina y divertida mientras guiaba al amigo de su alumna al gimnasio de la casa.

Miraba a sus alrededores con curiosidad y admiración. Era una mansión en toda la extensión de la palabra, muy elegante y pulcra, aunque algo ausente, se sentía una enorme soledad pese a lo extenso del lugar.

Yoruichi lo guio a la entrada de una habitación, encontrándose detrás de la puerta algo qué efectivamente lo dejo prácticamente con el corazón a punto de sufrir un paro cardiaco y haciendo que la sencilla tarea de pasar saliva pasara a ser algo que le costara un esfuerzo casi titánico, gesto que Yoruichi miro divertida y aguantando en todo lo posible que se le escapara una risa, volviendo su vista a donde estaba Soi-Fong, quien golpeaba un saco de box con una serie de movimientos combinados de artes marciales.

Traía puesto un conjunto deportivo que consistía en un top negro cruzado en la espalda que dejaba ver sus hombros y muy tentativamente parte de su espalda. Un short estilo militar que le llegaba por arriba de sus muslos, dejando ver el resto del contorno de sus delgadas, pero bien torneadas piernas. Todo en conjunto mientras golpeaba con determinación y fiereza el saco de box con una mirada dura y terminada que era alucinante e hipnotizaste.

Decir que se quedó helado era poco, simplemente sus sentidos se habían apagado por completo, se había desconectado totalmente del plano terrestre, o mejor dicho, de todo plano existencial.

-eso es todo Soi-Fong – exclama Yoruichi dando dos fuertes aplausos para que se detuviera

Soi-Fong hasta entonces es que da una fuerte exhalación, percatándose luego del hombre que estaba estático en la entrada

-Satoshi ¿Qué haces aquí? – lo encara desde donde estaba, no recibiendo respuesta alguna del músico, que podía confundirse con una estatua por lo rígido de su postura.

-yo lo invite a pasar – responde Yoruichi como si nada e ignorando el reclamo con el que la miro su pupila – vino a traerte algo y no me pareció correcto tenerlo esperando afuera – se desentiende - ¿verdad Satoshi? – este parece volver a su cuerpo moviendo rápidamente su cabeza de un lado a otro ante su nombramiento

-s-si… yo…. Te traje… por el día blanco… - le extiende la caja que llevaba en su mano, ante lo que Soi-Fong abre sus ojos sintiendo como un leve calor se acumulaba en sus mejillas

Yoruichi le da un pequeño codazo en su hombro, mirándola en clara señal de que fuera a recibir el obsequio que Satoshi se molestó en traerle hasta su casa, a lo que la pelinegra, bufando un poco obstinada, se encamina a él, ignorando el acelere que estaba provocando en el corazón de Satoshi al verla caminando con aquel conjunto deportivo que la hacía ver sumamente atractiva y peligrosa, haciéndolo sentir una presa expuesta e indefensa.

-gracias…. – dice está tomando la caja

-no fue nada…. – dice sonriendo ampliamente y sobándose el cuello – lamento a ver llegado en tu entrenamiento, aunque estuviste realmente increíble – alaga efusivo – si no tienes nada más que hacer…. Podríamos ir a caminar a algún lado….

-yo…. –

-claro que no tiene más pendientes – responde Yoruichi – solo dale unos minutos y estará contigo, puedes pasar a la sala y ponerte cómodo – sin decir más, se lleva prácticamente a rastras a Soi-Fong dejando a Satoshi emitiendo un suspiro fascinado

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No tardes en llegar, te necesito

Aquel mensaje de Karin literalmente lo saco corriendo de su casa olvidándose completamente de la partida multijugador, no importándole que le costara varios puntos y experiencia, pero ni siquiera pensó en eso, ahora lo importante era llegar al campo de futbol detrás de la antigua escuela de su amiga lo más rápido posible.

-Asahi, por aquí – le llama la pelinegra ladeando la mano

-¿Qué pasa Karin? – Pregunta, inquieto - ¿estás bien? – la mira buscando alguna señal de problemas, o que se hubiese lastimado

-si, todo bien, solo que necesitábamos un jugador más para el partido o perderíamos por default contra estos perdedores – mira a los chicos del equipo contrario, los eternos némesis de Karin en el futbol desde que estaba en primaria

Esto lo hace caer literalmente de espaldas

-¿la emergencia era un partido de futbol? – cuestiona al reincorporarse, viéndose algo molesto

-lo siento Asahi, pero eras el único en el que pude pensar – junta sus manos a modo de ruego – además, te he estado entrenando prácticamente desde que nos conocimos – alardea con sus manos en la cintura – sé muy bien lo bueno que eres

A diferencia de su hermano Satoshi, él no era muy aficionado a los deportes, pero Karin prácticamente le obligo a aprender a jugar futbol a lo que el acepto con tal de tener más cosas en común con su amiga, además, si le termino gustando, pero era muy diferente jugar uno a uno con Karin a un partido con más jugadores.

-te teñiste el cabello – exclama divertida al ver parte de la mohicana de Asahi de color verde, lo que hace al menor de los Yamamoto fruncir el rostro al tiempo que una vena furiosa aparecía en su frente

-no fue por voluntad propia – murmura entre dientes, recordando el día de ayer que Sato y Haru lo agarraron a la fuerza totalmente desprevenido….

….

Justo estaba en una partida online con Karin jugando Mario Cars, ambos estaban tomándose al fin un momento para relajarse después de los usuales exámenes y proyectos del mes anterior, por eso mismo ya no habían tenido mucho tiempo libre para salir, pero al menos si podían darse un tiempo antes de dormir para verse en una videollamada y jugar un rato.

-ja gane de nuevo – festeja Asahi, sonriéndole socarrón a su amiga tras la pantalla

-no es justo – refunfuña la pelinegra, haciendo sonreír con ternura a Asahi - ¿de verdad has estado estudiando? – le cuestiona severa, sabía que su amigo a veces era un poco perezoso

-claro que sí, pero me puedo tomar al menos una hora para relajarme entre practicas – presume

-insisto, no es justo, a mí me toma todo el día el terminar una pintura y los libros de historia del arte que me dejan leer son eternos –

-te encantan esos libros y se te va la noción del tiempo cuando pintas – la ha visto perderse en los lienzos, en cada trazo que daba, dando un aspecto ensoñador y calmado – juguemos una partida más – dice tras aclararse la garganta al caer en cuenta que se había quedado absorto mirando a Karin tras la pantalla

-hecho – dice esta con toda la intención de ganarla esa partida

Estaba en la tarea de elegir su avatar cuando sintió a dos personas detrás de él, dándose cuenta por el reflejo del computador que era Sato y Haru, cuyos rostros y auras maquiavélicas no le agradaron nada al menor.

-¿se les ofrece algo? – pregunta con toda la intención de que lo dejaran jugar en paz

-hola, Karin, ya tiene tiempo que no te vemos por aquí – saluda Satoshi asomándose

-¿Cómo están chicos? – ladea la mano saludando de vuelta a ese par

-algo ocupados, pero bien – responde Haruki también asomándose – disculpa que los interrumpamos, pero tenemos una dinámica familiar de la que el bodoque no se puede escapar – mira este casi amenazante, provocando que el menor pasara saliva con temor a lo que ese par de locos fueran a involucrarlo esta vez

-¿di-dinamica familiar? – Pregunta con temor – más les vale que no me involucren en sus tonterías

-buenas noches, Karin – se despide Sato de ella cuando entre él y Haru agarraron a su hermanito de los brazos, quien patalea y refunfuña por zafarse – esperamos verte pronto por aquí, me debes una revancha en baloncesto

-claro, iré en cuanto pueda Sato – promete, aunque un poco inquieta por la manera en que agarraron a su amigo – luego me cuentan como estuvo su dinámica familiar

-de eso te pondrá al corriente luego Asahi – mira a este, quien seguía en su intento de escapar de sus hermanos – hasta luego….

Se lo llevan tan rápido y bajo los reclamos de Asahi, que ni siquiera se molestan en terminar la llamada, así que Karin se encarga de salirse tras reír levemente, curiosa por saber que clase de cosas harían los locos de esos hermanos a su amigo.

Mientras tanto, Haruki y Sato llevaron a su hermano a la fuerza al baño, donde lo sentaron en una silla y lo amarraron de las muñecas y piernas con una soga, ignorando completamente los reclamos de este para que lo soltaran.

-ahora si bodoque…. – dice Sato poniéndose en jarras y mostrando una sonrisa amenazante – ya te has escapado por mucho tiempo de la dinámica familiar

Ve entonces a su alrededor, percatándose de los materiales para estética que había en el baño, lo que le dio la alerta de lo que querían hacer.

-tienes diez segundos para elegir un color… - condiciona Haruki – o te lo pintaremos de rosa pastel – esto si que hace palidecer a Asahi

-no, ya les dije que yo no quiero pintarme el cabello – refunfuña tratando de zafarse de la silla, pero esos dos lo habían amarrado bastante bien

-diez, nueve, ocho…. – empieza a contar Haru

-¡no quiero ningún color! – se mueve de un lado a otro, haciendo bailar un poco la silla

-siete, seis, cinco… - continua Sato con la cuenta regresiva

-¡en enserio, ya suéltenme! –

-¿Qué está pasando aquí? – entra Takeshi al baño junto a Asami –

-estoy intentando estudiar y ustedes no me dejan concentrarme – se queja Asami

-últimamente estas muy estudiosa peque – le dice alzándole una ceja, ese trimestre que estaba trascurriendo Asami ha estado mucho más preocupada por sacar una buena calificación

-claro, tengo que seguir estando en la lista de las mejores calificaciones – se desentiende con eso, claro que no le diría sobre la apuesta con Grimmjow

-Takeshi, dile a este par de locos que me suelten – pide con la esperanza que el mayor de sus hermanos los ponga en su lugar

-¿Por qué lo tienen amarrado? – cuestiona Takeshi

-para pintarle el cabello, es el único de nosotros que no lo tiene teñido – Takeshi mira de forma dura a Sato y Haru, dándole la esperanza a Asahi que los obligaría a soltarlo

-no hagan mucho desastre – se da la media vuelta, dejando a Asahi con la mandíbula prácticamente tocando el suelo

-píntenselo de fucsia – dice Asami mirando burlona a su mellizo, retirándose también

-como ya pasaron los diez segundos y no se decidió por un color será fucsia… - dice Sato con un aura peligrosa, misma que tenía Haru

-no, no… -se ladea de un lado para otro – ¡ve-verde!, ¡elijo verde!

-demasiado tarde… - dice Haru preparando la mezcla….

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Karin se tomaba el estómago por la carcajada incontrolable que le dio ante lo que le conto Asahi, ya incluso tenía lágrimas en los ojos por tanta risa, incluso ni le importo e ignoro completamente que los demás chicos del campo la estuvieran mirando con una gota en la frente.

-así que esa fue la dinámica familiar – dice Karin entre carcajadas

-a mí no me parece gracioso – se cruza de brazos, haciendo un puchero

-al menos di que no te lo pintaron de fucsia – ríe aún más ante la idea de verlo con el cabello de ese color

- oigan ¿entonces qué? – Exclama impaciente el líder del otro equipo - ¿está completo tu equipo o no?

Karin mira a su amigo tras controlar un poco la risa, casi suplicándole con la mirada, a lo que este solo suelta un suspiro a no ser capaz de negársele.

-me debes una malteada en la división trece – condiciona Asahi quitándose la chaqueta de mezclilla para jugar más cómodo, dejándose solo la camiseta blanca un poco holgada

-si ganamos te invito malteadas por una semana – empieza a dar una serie de estiramientos con los brazos

-por el susto que me disté y por burlarte de mí deberían ser dos semanas – le reclama cruzándose de brazos – desde el primer momento debiste decirme que se trataba de un partido de futbol, pensé que te había pasado algo…

-lo siento Asahi, pero es que pensé que no vendrías si te decía para que era – sonríe nerviosa

Nuevamente emite un suspiro, si, quizá hubiese estado un poco rejego al comienzo si Karin le pedía que se uniera a su equipo en aquel partido, especialmente que por él hubiese querido esperar más tiempo antes de que Karin lo viera con el cabello teñido, pero también sabía que terminaría accediendo, a fin de cuentas, haría todo por ver a Karin contenta y pasar tiempo con ella.

-¿ya podemos empezar o seguirán con su charla de enamorados? – molesta el líder del otro grupo, sonrojando un poco a Karin y Asahi que se miraban de forma tierna y cómplice

-si, ya, empecemos – rompe el contacto con Asahi, yéndose a tomar posiciones para empezar el partido

Asahi por su parte va a dejar su chaqueta a una de las bancas al tiempo que se pasaba la mano por su mohicana. Claro que le molestaba un poco que le dieran carrilla en su amistad con Karin, pero es que posiblemente eran demasiado obvio, o al menos eso le decían a cada rato sus hermanos.

No era que no quisiera confesarle lo que sentía por ella, pero simplemente no ha encontrado el momento, o cuando lo encontraba siempre algo o alguien lo interrumpían. Peor era cuando los molestaban, se ponía tenso, sentía que lo estaban presionado y toda la decisión que había juntado se desmoronaba, especialmente al ver que a Karin también parecía incomodarla aquellas insinuaciones respecto a ellos….

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-pe-pero Yoruichi…. ¿Por qué le dijiste que saldría hoy con él? – reclama Soi-Fong a mitad del camino rumbo a su habitación

-por favor Soi-Fong…. – responde la morena cruzándose de brazos – vino a traerte un regalo hasta tu casa, lo menos que puedes hacer es salir un rato…. Además…. – muestra una sonrisa ladina – él te gusta – afirma, poniendo bastante tensa a su pupila

-Satoshi no me gusta – niega con obstinación ladeando la cabeza para ocultar el pequeño sonrojo de sus mejillas

-no me refiero en plan romántico Soi-Fong, eso ya lo sabrás después – se recarga en el barandal – pero te agrada estar con Satoshi, y a él le gusta pasar tiempo contigo, eso es muy notorio entre los dos

Eso no podía negarlo. Por más que quisiera ignorarlo, Satoshi tenía una peculiaridad indescifrable, que incluso, a alguien como ella, le hacía sentirse cómoda, sentía que podía bajar la guardia, dejar de lado todo el régimen al que se ha visto sometida por prácticamente toda su vida, pero a lo que ya se ha acostumbrado.

Sentirse diferente la confundía….

-anda, ve a cambiarte…. – le anima Yoruichi – no lo dejes esperar mucho

-ja, ese sujeto es tan insistente que esperaría todo el día – comenta Soi-Fong con una sonrisa ladina y divertida al saber lo terco que podía a llegar a ser Satoshi cuando se proponía algo, fue precisamente por eso que cuando acordó, ya comenzaban a salir juntos ocasionalmente

-o mejor dicho, solo contigo está dispuesto a esperar todo lo que sea necesario – insinúa, algo que Soi-Fong trata de ignorar entrando a su habitación.

Al cerrar la puerta detrás de ella se quedó observando, quizá de forma inconsciente, la caja en sus manos que le trajo personalmente Satoshi hasta su casa, una linda retribución por el día blanco. Definitivamente Satoshi no le era indiferente, sabía que gustaba de su compañía, que causaba algo en ella. Pero todo eso era sumamente nuevo, era un cambio muy abrupto en su rígida forma de vida y eso en cierta manera, la tenía un poco descontrolada.

Fue solo cuestión de unos cuantos minutos para que bajara a encontrarse nuevamente con Satoshi, quien estaba en la sala siendo vigilado por su mayordomo mirando al músico con escrutinio mientras este prácticamente se mantenía en alerta de lo que ese mastodonte fuera a decirle.

-Satoshi – se anuncia Soi-Fong, terminando con las miradas pesadas que se dirigían entre él y Omaeda

La mayor parte del tiempo en que se veían Soi-Fong siempre vestía su uniforme de la escuela, por eso verla con otra vestimenta lo estaba dejando más encantado de lo que ya estaba.

Su vestimenta deportiva con la que la vio entrenar lo había dejado anonadado, completamente en jaque al lucir la belleza fiera que lo conquisto la primera vez que la vio por televisión, tan segura de sí misma, altiva, demostrando que podía abrirse paso por si sola. Ahora vestía ropas más casuales y juveniles; un pantalón de mezclilla negro, entallando sus piernas, tennis grises y una blusa cómoda de cuello en v de color violeta que le daba un aspecto relajado y casual, algo que le gustó mucho a Satoshi.

-en definitiva, el violeta te queda – le dice acercándosele y mirándola embelesado – te vez tan linda como siempre – cumplido ante el cual la pelinegra baja un poco la mirada, evitando mostrar el bochorno frente a todos

Sin decir más ambos se retiran bajo las miradas de Yoruichi y Omaeda, que eran muy distintas una de la otra, pues mientras el corpulento mayordomo miraba receloso a Satoshi, Yoruichi estaba ensoñada al ver a la pareja marcharse.

-no sé cómo permite que un tipillo con ese niño salga con la señorita Feng – refunfuña Omaeda – no es de su clase…

-te comportas como un padre celoso Omaeda – se burla Yoruichi codeando al mayordomo

-solo cumplo con las órdenes del señor Tousen – debate – el comandante me encargo cuidar de la señorita

-quien ya tiene 19 años – responde Yoruichi – sé que la has cuidado desde que su madre murió, pero te aseguro que Satoshi no tiene malas intenciones con ella, no tienes de que preocuparte papá oso – se lleva las manos a la nuca sonriendo burlona ante la sobreprotección de Omaeda que no quería admitir.

-solo cumplo con mi deber – insiste sin dejar su orgulloso atras, claro, Omaeda nunca admitiría que tal como ella, él también le tenía cierto cariño a Soi-Fong, después de todo, ellos han sido prácticamente su única familia al tener un padre tan ausente y frio con su propia hija.

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Se habían mantenido uno a uno por bastante tiempo, el partido ya estaba a pocos minutos de acabarse, aunque hasta el momento, el equipo de Karin se ha estado defendiendo bastante bien, todo gracias a la gran simbiosis que tenían Karin y Asahi al entenderse sin palabras para pasarse el balón y burlar al equipo contrario.

Justo en ese momento a escasos minutos de dar por finalizado el partido, Asahi y Karin iban prácticamente lado a lado pasándose el balón entre ellos o a sus compañeros cuando sentían que estaban por quitárselo.

Recibió Karin un pase por parte de uno de sus amigos de la primaria al estar a pocos metros de la cancha contraria, viendo por el rabillo del ojo que un rival estaba corriendo detrás de ella además que otros dos estaba por impedirle el paso. Pudo ver a Asahi a un lado, solo necesito un asentimiento de su parte para hacerle un pase y que este lo recibiera bajando el balón con el pecho, y una vez que se aseguró que Karin estuviese libre, le regreso el balón, pateándolo esta al aire con la pierna derecha y metiendo directamente sin que el portero hubiese podido reaccionar, ganando con eso el partido que celebraron exclamando un grito triunfal.

-Asahi, ganamos – va directo con él para abalanzarse y darle un efusivo abrazo que Asahi recibe gustoso

-felicidades – dice separándola un poco para admirar el rostro dichoso de su amiga

-vaya que resultaste ser un muy buen jugador – le dice uno de los otros chicos abrazándolo por el cuello

-les dije que Asahi sería un buen elemento – habla Karin orgullosa – yo misma me encargué de enseñarle

-te compadezco chico – dice otros de los amigos de Karin – Karin puede ser bastante mandona y autoritaria

-solo con holgazanes que no se toman enserio los entrenamientos – debate Karin con firmeza – Asahi a diferencia de ustedes es muy dedicado – mira a este apacible, suavizando su mirada, gesto que Asahi le devuelve de la misma forma

Los otros chicos empiezan a hacerle burla al entonar el nombre del baterista de forma melosa, a lo que Karin no duda en ponerlos en su lugar dándoles un fuerte golpe en la cabeza que les saco un tremendo chichón que se sobaron adoloridos, escenario ante el cual Asahi sonríe con nerviosismo al ver el fuerte carácter que podía tener su querida amiga, recordándole un poco el día que se conocieron y le reclamó por entrar a los pasillos de arte.

Karin siempre demostraba ante cualquier circunstancia mucha firmeza y autoridad, pero también era una chica muy amigable que no duda en ayudar a los demás en lo que se necesitara, especialmente cuando estaban juntos en cualquier actividad, en las que siempre se mostraba alegre y riendo ante sus charlas.

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¿Nervioso?

¿Por qué estarlo?

Ah, si, por ella…

Shunsui se encontraba estacionado fuera del departamento de Katen, recargado contra su auto con aquellos aires pachucos que caracterizaban su imagen, parecía una fotografía de época, con el sombrero de ala corta cayendo sobre su rostro mientras daba otra calada a su cigarrillo.

Y cuando escuchó el sonido del cancel perdió la habilidad para respirar. Si liberó el humo fue por inercia, "su chica" estaba hermosa esa noche con su vestido negro y el haori violeta cayendo sobre sus hombros, con el cabello recogido en sus coletas, con su sonrisa coqueta…

—¡Dios! — murmuró para sí mientras se encaminaba a encontrarla en la puerta —, el día que no suspiré al verte, ese día me voy a preocupar.

—¿Qué tanto recitas? —cuestionó ella con el entrecejo fruncido, cuando el castaño le ofreció el brazo con una sonrisa.

—Pienso en voz alta. No me hagas caso.

—Es difícil ignorarte cuando murmuras caminando hacia mí —confesó con una sonrisa radiante mientras él le abría la puerta, y aunque Katen tenía toda la intensión de subir al vehículo, se quedó quieta en su sitio al ver el ramo de crisantemos en el asiento del copiloto, encima de una caja de chocolates —, pero esto…

Shunsui sonrió levantando el ramo antes de entregarlo a Katen y ofrecerle también los chocolates.

—¿No te gusta? —cuestionó divertido mientras ella levantaba la tapa y descubría las trufas blancas, irregulares.

—No me iras a decir que hiciste chocolates para mi, ¿o si?, ¿son caseros? —interrogó antes de llevarse uno a la boca y tomar asiento, gruñendo deleitado ante el sabor.

—¿Tú que dices?

—Digo que los mandaste hacer —soltó divertida mientras Shunsui lanzaba su sombrero al asiento trasero.

—Yare, Yare —soltó entre risas preparando un argumento, pero los labios de Katen capturaron los suyos y el respondió el beso con un suspiro mientras percibía el sabor del chocolate.

¿Cómo no amarla si seguía siendo una niña a pesar de haberse convertido ya en una mujer?

Rompieron aquel contacto antes de que el castaño le acariciara una mejilla, observándola con embeleso.

—¿Entonces? —canturreó ella acariciando la nuca de su enamorado mientras el auto arrancaba.

—Los hice yo mismo, aprendí sin querer de Nanao el trece de febrero.

—¿Me obsequias chocolates caseros el día blanco? —exclamó conmovida —Pero si yo no te di nada el catorce —coqueteó divertida mientras Shunsui le acariciaba la rodilla.

—¿Y eso qué? —Respondió entre risas —¿es que no puedo darle chocolates a mi novia en el día blanco?

Katen soltó una risa nerviosa, volviendo el rostro a la ventana y mordiendo su uña, perdidamente enamorada.

—No preparé nada —murmuró acongojada, volviendo el rostro hacia su enamorado, que sonreía con la mirada fija en el camino.

—Eso no importa —aseguró Shunsui mirándola de reojo rápidamente, agradeciendo que ella le tomara la mano libre entre las propias y le acariciara la piel —, haces mucho, créeme —. Y luego frunció el entrecejo, dedicándole una mirada furtiva con reproche —No puedo creer que quieras pasar el día en el Piso.

—¿Bromeas? —exclamó ella divertida —Es día blanco, quiero ver quien se presenta. Dicen que hay una cantante nueva que es buenísima.

Shunsui soltó una carcajada sincera, haciendo que la sonrisa de Katen se ensanchara con ganas antes de decidir seguirle la bromita.

—No sólo es nueva en el Piso, también en la ciudad. He oído un par de cosas —concedió divertido —, no sólo es muy buena, está buena, tiene un cuerpo —exclamó arrastrando las palabras mientras su expresión se volvía lasciva.

—¿Ah, si? —exclamó Katen ofendida antes de dar un manotazo a su novio.

—Es que tendrías que verla —exclamó entre risas, divertido por la expresión enfurruñada que ella le dedico —, está como quiere.

—Seguramente eso es lo importante —espetó con una sonrisa vacía antes de reacomodarse el cabello.

—Pero lo que más me gusta de ella es su voz —dijo al final con una sonrisa devota que hizo a Katen suspirar corto, Shunsui perdió la vista al frente en la luz verde y suavizó su gesto en una sonrisa enamorada —, cuando ella canta parece que te toca el alma…

—Shunsui —murmuró Katen sin aliento.

Coquetear en el trayecto se había convertido en una cosa de todos los días, ahora Shunsui llegaba temprano a menudo, al menos los días que su flor más bella cantaba en el lugar. Ese día había prometido hacer turno, cantar un par de canciones, pero en cuanto Starrk, Gin y Rangiku los vieron llegar, la pelirroja y el castaño se encaminaron hacia ellos con expresiones de enfado.

—¿Pasa algo? —inquirió Katen fingiendo locura mientras Rangiku se paraba en jarras frente a ella.

—¿Qué hacen aquí?

—Resulta que soy el dueño —exclamó Shunsui divertido, apresado la cintura de Katen a su lado mientras ella sonreía zalamera y le ponía una mano en el pecho, acariciando la piel cerca de sus clavículas —, y mis empleados me regañan cuando falto —añadió divertido mientras le dedicaba una mirada inquisitorial a Starrk.

—Sí, sí, muy bonito —espetó el aludido sacudiendo una mano antes de mirar a sus amigos con reproche —. Es día blanco

—¡Ay ¿no es maravilloso?! —exclamó Katen dando un aplauso con fuerza, haciendo saltar a sus amigos por lo espontáneo del gesto —Festejar el amor correspondido, ahora, si me disculpan —murmuró tratando de pasar entre Starrk y Rangiku —, tengo turno al micrófono más tarde, así que…

La mano de Rangiku pescó a Katen por el cuello, obligándola a regresar sobre sus pasos con un gesto incómodo.

—Ya va siendo hora de que ustedes dos tengan una cita.

—Tenemos citas —acotó Shunsui abriendo los brazos para recibir a Katen.

—Es día blanco —exclamó Rangiku arrastrando las palabras con hartazgo —, salgan por ahí, a la ciudad, a divertirse. Busquen algo que hacer como espectadores, háganse selfies para subir a las redes, yo qué sé.

—Linda —llamó Katen tomando las manos de Rangiku con un gesto dulce —, no hay mucho que queramos hacer esta noche en la ciudad, está hablado. No hay estacionamiento en ningún lado, cúmulos de gente, música comercial y barata. No queremos una cita en la ciudad el día blanco.

—Demasiados clichés juntos para el gusto de la dama.

—Oh, pues entonces deberían hacer algo juntos en el departamento —canturreó la pelirroja con una sonrisa radiante y lasciva mientras su voz se tornaba sugerente —, ya saben, charlar, cenar juntos, el postre.

Shunsui soltó una carcajada por las insinuaciones de la cantante antes de que Starrk lo girarse por los hombros y empujara para sacarlo del Piso.

—Lo que ustedes quieran, el caso es que no los queremos aquí —espetó mientras Katen se acomodaba el haori sobre los hombros y seguía a los castaños para evitar los empujones de Rangiku.

—Echado de mi propio bar —se quejó Shunsui frunciendo el entrecejo y mirando de reojo a su amigo.

—Largo —remató Starrk mientras Katen recibía el abrigo y el sombrero de su novio, sonriendo divertida.

—¡Pero tengo turno! —trató de apelar la cantante una última vez.

—Lo repones mañana —exclamó Rangiku con una sonrisa triunfal —, y me traes los detalles, háganse una selfie o algo, ninguno ha publicado fotos juntos.

—Ninguno publica nada —espetó divertida Haineko a la pasada.

—Ahora largo, antes de que queramos agarrarlos a patadas —finalizó Gin con una sonrisa radiante que hizo a su esposa reír discretamente.

Regresaron al auto, ambos con sonrisas divertidas y nerviosas a la vez.

En fin, quien sabe que les esperaría el resto de la noche puesto que de verdad no tenían nada planeado, aunque eso hacía de esa velada algo mucho más emocionante y excitante….