¡!Y rompimos récord con este capítulo!
Que bueno que solo serian fragmentos pequeños para que el día blanco no pasara desapercibido, pero, en fin, tengo el presentimiento que ya la mayoría de los capítulos no quedaran tan cortos…
Col Anima
Pedalear por la ciudad resultó reconfortante para ambos, dedicarse miradas de soslayo de vez en cuando mientras se dirigían a la División trece, sonrisas cálidas y miradas nerviosas que se convertían en risas por lo bajo, justo en ese trayecto fue cuando Haruki vio el anuncio en la pared, dedicándole una mirada a Nanao antes de orillarse y frenar ambos.
—¿Ocurre algo, Haruki-senpai? —quiso saber ella, nerviosa.
—Ocurre que estamos fuera de la escuela, señorita —comentó con una sonrisa ladina —, y si no deja de llamarme Senpai, me veré en la penosa necesidad de tomar cartas en el asunto.
—Pero…
—Al menos por ahora concédame ese capricho —pidió con una sonrisa y los ojos entrecerrados, haciendo a Nanao sonrojarse y pasar saliva con dificultad mientras él se dirigía hacia los anuncios de la ciudad —, sé que la invité por un café —comenzó mirando a Nanao sobre su hombro, con expresión anhelante —, pero me gustaría saber si le interesa una actividad más enriquecedora.
Nanao se situó al lado de Haruki y levantó los ojos hacia el cartel mientras una sonrisa radiante se extendía lentamente por su rostro y se le iluminaban los ojos, Haruki no necesitó mayor confirmación y sonrió cuando la joven le miró asintiendo efusiva.
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Las caminatas favoritas de Satoshi eran recorriendo los linderos del bosque que rodaba la ciudad, especialmente cuando Soi-Fong lo acompañaba, de hecho, ella también ya comenzaba a acostumbrarse a ese tipo de caminatas en las que, para variar, podía relajarse.
Tal como siempre que salían, iba comentándole una variedad de cosas, las cuales se habían acumulado un poco ya que debido a sus ocupaciones en la escuela no había podido irla a visitar tan frecuentemente, aunque se mantenían en contacto mediante mensajes de WhatApp.
Soi-Fong se mostraba también cada vez algo más abierta a esas charlas, incluso le preguntaba acerca de sus proyectos de su escuela, algo que a Satoshi lo tenía más que encantado.
-traigo en mi celular las grabaciones que hice – le dice este reflejando lo orgulloso que estaba de aquel trabajo – me gustaría que las escucharas – la mira tal como un niño que iba con sus padres a mostrarles un dibujo, gesto ante el cual toda rigidez y dureza parece desaparecer de su rostro para dar un asentimiento suave.
Soi-Fong aun parecía mostrarse en cierta manera recelosa y muy meticulosa con contar cosas sobre sí misma, pero el que ya la empezara a notar cada vez más relajada al estar con él era buena señal, estaba yendo por buen camino en conquistarla poco a poco.
Satoshi solía hablarle mucho de sus gustos, especialmente en música. Normalmente eso no le molestaba, al contrario, sin darse cuenta, comenzaba a interesarse genuinamente en aquella pasión del musico. Sin embargo, el que no parara de hablar con admiración fastidiosa sobre una tal Raquel Eugenio que hace poco había conocido en YouTube y en la que se había basado para hacer sus proyectos, la tenían un poco fastidiada al estar exclamado que su manera de cantar estilos célticos, su simpática interpretación, su voz y de más cosas que ya la estaban comenzando a molestar, y no, no era porque estuviese sintiendo celos de una cantante que estaba literalmente del otro lado del mar, y mucho menos que estuviese celando a Satoshi.
-¿A dónde vamos? Por cierto – pregunta para dar por finalizado el tema de aquella cantante
-oh, que mal, ya notaste que te estoy secuestrando…. – dice sonriendo de lado – discúlpame linda, pero no me has dejado otra opción – se alza de hombros
-entonces yo no tendré otra opción que dejarte con los huesos rotos – amenaza cruzándose de brazos, ante lo que Satoshi suelta una carcajada, que contagia un poco a la pelinegra al dibujársele una disimulada sonrisa
-ya casi llegamos, es un lugar que descubrí hace poco paseando en bicicleta – mira al frente, buscando con mirada ansiosa dicho lugar
Soi-Fong comenzaba a preguntarse qué lugar podría ser que estuviera casi adentrándose en los linderos del bosque, además que llevaban horas caminando, algo que a ella no le molestaba al estar bajo rigurosos entrenamientos por las artes marciales, podía presumir que tenía una excelente condición física, y por lo visto, también Satoshi, quien no mostraba el menor signo de cansancio, se le mostraba incluso más entusiasmado que otros días.
Tampoco pudo evitar notar que últimamente siempre llevaba el mismo collar….
Podría decirse que Satoshi tenía cierto código de vestimenta. Un pantalón de mezclilla, a veces rasgado, a veces liso. Sus tenis negros de siempre y camisa negra, aunque está variaba al ser de un distinto grupo musical que le gustaba o algún otro estampado. También solía ser variado en cuanto a accesorios como pulseras, que en ocasiones eran demasiadas las que se ponía en los brazos o solo se dejaba alguna que otra sencilla. También le ha visto distintos tipos de dijes que portaba en el cuello, la mayoría con temática de algún instrumento, de música o dragones (una vez salió el comentario que le gustaba coleccionar collares y pulseras y que procuraba usar uno distinto a diario). Sin embrago, ahora siempre le veía puesto un collar con cadena doble de una plumilla de madera que tenía dos claves de sol a cada lado, lo que le hizo pensar que posiblemente era un accesorio significativo para él, pero que, por alguna razón, no se atrevió a indagar en eso.
-llegamos – dice este deteniéndose a los pies de unas escaleras de cemento ocultas tras unos matorrales
-no insinuaras que subamos…. – mira a estas, parecían no tener fin al perderse conforme subian
-si crees que no resistirás puedo llevarte en mi espalda – alardea coqueto – o quizá sería más cómodo para ti llevarte al estilo nupcial….
-no me subestimes Yamamoto – ladea la mirada en actitud orgullosa – el que se quedara exhausto a medio camino serás tú – comienza a subir aquellas escaleras
-¿tú crees? – eso prácticamente sonó a un reto, dejando el claro el desafío al rebasarla saltado de a dos escalones
Comienzan rebasándose uno al otro, demostrando que ambos tenían una excelente condición, pero de un momento a otro Soi-Fong empieza a correr escaleras arriba adelantándose bastante, a lo que Satoshi responde corriendo con todas sus fuerzas con gesto desafiante y divertido a la vez.
La campeona podía verlo a pocos metros detrás de ella, siguiéndole admirablemente el paso, debía admitir que tenía tan buena condición que ella, pero aun así, no le ganaría, no al tener la ventaja de muchos más años de entrenamientos físicos, de correr todas las mañanas para mantener la condición y continuar defendiendo su título, por lo que no fue sorpresa que llegara primero al final de aquellas escaleras oculta entre algunos arbustos y maleza, alardeando su victoria apenas jadeando ante Satoshi que la alcanzo un poco más exhausto.
-bien… - dice apenas pudiendo hablar por el cansancio – admito mi derrota… - se inclina sobre sus rodillas para recuperar el aire por aquella carrera cuesta arriba
En lo que Satoshi recuperaba el aliento, Soi-Fong miró a su alrededor, notando que tenía una vista maravillosa de toda la ciudad de Kakaruka al estar tan alto, paisaje que se veía aún más hermoso al tener el sol casi en el crepúsculo, dando a la vista colores cálidos y un ambiente reconfortante, tranquilizador y pacifico al que inevitablemente se vio atraída comenzando a caminar al barandal que impedía que quedaran al vacío de aquella alta colina. Satoshi le dio alcance después, colocándose a un lado suyo y aprovechando en mirar a su amor platónico con admiración y fascinación, disfrutando como aquella rigidez en su rostro se suavizaba al mirar la ciudad mientras su rostro era bañado con los tonos anaranjados del atardecer ante ellos.
No sabía si era que su rostro se veía cálidamente iluminado por la luz que la bañaba por el atardecer o que estaba más enamorado de lo que creía, pero en ese momento la veía más preciosa que nunca.
-creo que era un antiguo mirador – habla volviendo su vista al frente – encontré las escaleras y me dio curiosidad por descubrir a donde llegaban – recarga sus brazos en el barandal, disfrutando de la vista – quería mostrártelo primero a ti….
La simpleza del lugar, un sitio oculto que las personas solían pasar de largo, perdiéndose tal vista de su propia ciudad, incluyéndola a ella que vivía bajo mucha rigidez, demasiadas expectativas, una vida que hasta ahora caía que estaba vacía hasta que Satoshi poco a poco iba involucrándola en su forma tan despreocupada de vivir, mostrándole que no se requerían de lujos, de salidas costosas para estar a gusto, y eso lo ha ido descubriendo al estarla invitando a dar simples paseos como ese.
-nunca me hubiera imaginado que hubiese sitios como este en Karakura… - se sentía en calma, como cada vez que salía con Satoshi, aquel rebelde desgarbado le daba una tranquilidad que no creía necesitar en su vida, descubría que era le quitaba un peso de encima al permitirse bajar la guardia en su presencia, dejar de ser la titulada "reina de hielo"
-hay muchos lugares hermosos que tenemos a simple vista, pero que pasamos desapercibidos al no mirara con atención… - se acerca un poco más, poniendo su mano junto con la que ella estaba tomada del barandal, apenas unos pocos milímetros de rozarla – si me permites…. Me encantaría mostrártelos todos…. – la mira con calidez y una sonrisa apacible ante lo que la morena no pudo evitar sentir algo extraño en su pecho – irte conociendo cada vez mejor ha sido algo maravilloso, Soi-Fong…. – dice con sinceridad, demostrando con su dulce gesto lo contento que estaba por ese simple hecho, sin pisca de una intención oculta. Eso se podía ver claramente al ser Satoshi alguien sumamente trasparente – me agrada mucho estar contigo, eres una chica muy especial y diferente a las demás… – moría por cortar distancias, por al menos tomarla de la mano. Maldición, por besarla….
Pero se repitió que debía seguir dedicándose a ella poco a poco, seguir demostrándole que de verdad la quería y ganarse que ella lo quiera sin ninguna presión de por medio, por lo que miro al frente, al paisaje de la ciudad cubierto de colores entre anaranjado y rojizo. Debía controlar sus impulsos, aunque le fuese cada vez más difícil al ir conociendo más a Soi-Fong e ir descubriendo que tras esa mascara de dureza existía una chica muy dulce, aunque, dicha combinación de dureza y dulzura le era fascinante, alucinante, era lo que cada día lo traía más loco por aquella mujer de la que no fue consciente del gesto contrariado que hizo al volver su vista al frente, gesto que poco a poco fue suavizando. Le era inevitable, quizá ni siquiera se daba cuenta lo tranquila que se sentía siempre al estar con Satoshi.
-¿quieres escuchar las grabaciones que hice? – pregunta de la nada, sobresaltándola un poco – también hay varias canciones que te puedo recomendar para que las escuches mientras entrenas – le guiña el ojo al tiempo que se le dibujaba una sonrisa ladina – te aseguro que tendrás mejores resultados con la música adecuada….
-¿con que lo aseguras? – reta Soi-Fong mirándolo con una sonrisa desafiante que deja momentáneamente tenso al guitarrista
-claro… la música puede causar una gran variedad de estímulos – presume orgulloso, demostrándole una vez más a la pelinegra lo apasionado que estaba con la música….
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El ir en la moto de Grimmjow no era un problema, afortunadamente ese día llevaba unos cómodos shorts de mezclilla y un top negro de tirantes con el que lucía el percing en su ombligo que Grimmjow claro que notó desde que apareció en el patio de la escuela y el que ya había visto en la ocasión en que ser quedo a dormir en su casa, y tal como esa vez, no podía evitar ir viendo aquella zona de su cuerpo de reojo en lo que se dirigían al estacionamiento donde estaba la moto del rebelde.
-lamento no tenerte una carrosa jalada por caballos princesita – se burla descaradamente pasándole el casco de repuesto, ganándose un refunfuño por parte de Asami
-para tu información, no es la primera vez que me subo a una moto – le arrebata el casco – mi hermano Haruki también tiene una y en varias ocasiones me ha llevado en ella – se coloca el casco, demostrando que sabía cómo se ajustaba la correa para que no se le cayera
-muy bien, pues sube – él ya está montado en aquella Harley-Davison clásica
Si Asami dudo por unos momentos no fue por el miedo a subirse a esa enorme motocicleta, que efectivamente era mucho más grande que la de su hermano, más tosca, digna a la medida de Grimmjow que al estar montado en ella le daba un aspecto más rebelde e incluso hasta peligroso. Si estaba un poco nerviosa y con ciertas dudas fue por el pequeño bochorno que estaba tratando de evitar al pensar en ir detrás de Grimmojow y tener que abrazarlo para no caerse, pensar en eso le acelero demasiado el corazón al grado de tenerla un poco temerosa.
-si no quieres ir en la moto podemos tomar un taxi a la plaza – dice Grimmjow al ver la duda en Asami
-no, está bien – contesta rápidamente antes de que se bajara de su moto
-¿segura? – la reta con una mirada presuntuosa – no quiero que vayas gritando durante todo el camino
-yo no voy a gritar – dice firme subiéndose detrás de Grimmjow e ignorando la sonrisita victoriosa de este – debió costarte mucho – comenta
-¿sabes de motos? – pregunta escéptico viéndola por encima de su hombro
-un poco por Haruki, fui con él cuando compro su "monstruo" – hace comillas con los dedos, pues comparada con la enormidad de la moto de Grimmjow, la de Haruki ya no parecía tan grande
-no me costó tanto, hace varios años la encontré en un deshuesadero y la fui reparando – pone la llave en la marcha
-así que prácticamente sabes armar una moto desde cero –
-sí, fue lo único bueno que aprendí de…. – deja sin terminar, lo que a Asami le dio curiosidad y se asomó a un lado, viendo el rostro serio y contrariado de él peli azul – sostente, ya voy a arrancar – pone en marcha el motor, que rugue como una agresiva pantera….
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El plan era festejar en grupo la victoria del partido de hoy, algo que Asahi no le hubiese molestado a pesar de conocer relativamente poco a los amigos de Karin, sin embargo, la pelinegra lo sorprendió negando ir en grupo a algún lado, llevándose a Asahi de la mano e ignorando completamente que los demás chicos exclamaban un gritillo cursi al verlos irse juntos.
-¿Por qué no quisiste quedarte con ellos? – le pregunta Asahi siguiendo a su amiga
-por nada, es que hoy prefiero pasarla contigo – responde con un leve sonrojo y una linda sonrisa – hace mucho que no nos vemos…
Que prefiriera estar solo con él lo hizo albergar muchas esperanzas de que su amiga pudiera corresponderle, que, al igual que él, Karin lo quisiera como más que un amigo. Y es que era verdad, tenían semanas de no verse en persona, se juntaron demasiadas cosas tras el evento del catorce de febrero en la división trece y estar cerrando un nuevo mes para entregar proyectos y prepararse para los exámenes de final de mes. Debido también a eso no ha tenido oportunidad de encontrar el momento adecuado para declarársele, pero quisa, hoy era el momento adecuado, al fin tenían la oportunidad de pasar un rato juntos. Vaya, pensarlo era más sencillo que decirlo, las palabras parecían no salir de su boca aun teniendo toda la voluntad de confesársele en ese momento.
-¿y a donde quieres ir? – pregunta Asahi, observando como Karin se llevaba la mano al mentón para pensar en algo
-¿ya comiste algo? Podemos pasar al parque por unas crepas y luego por un helado – propone
-me parece muy buena idea – sí, el parque parecía un buen lugar para confesársele
-vamos entonces…. – lo toma de la mano, llevándoselo a paso apresurado y ansioso bajo la mirada enternecida de Asahi – luego podemos ir al centro de videojuegos – lo mira por encima de su hombro continuando su apresurada caminata
Le encantaba ese entusiasmo en Karin, su sonrisa animada y segura, le gustaba mucho la relación que llevaba con ella, que era una amistad muy linda, pero, a la vez, había algo más, existía entre ellos una confianza tan estrecha que no era raro que la gente al verlos juntos pensaran que eran novios. La cuestión era, si ella quisiera que hubiese algo más entre ellos, tampoco quería que se sintiera incomoda ante alguna confesión.
Tan solo quedaba arriesgarse, Karin no dejaría que su amistad se arruinara por no corresponderle, ni tampoco él lo permitiría.
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Nanao miraba los instrumentos dispuestos en las paredes, el museo presentaba esa tarde una exposición sobre historia de la música.
Paseaban distraídos por el ala designada a los instrumentos de cuerda, y mientras los ojos de Nanao saltaban de una pieza a la siguiente, los de Haruki iban fijos en el folleto/libro que les habían entregado a la entrada mientras buscaba con ahínco aquello que había capturado su atención mientras paseaban por la ciudad.
La mano de Nanao se asió al codo de Haru cuando ella cambió de dirección, arrastrando consigo al violinista de manera que Haru pudo seguir leyendo, ambos se detuvieron frente a uno de los aparadores principales, que lentamente era abandonado por la gente.
Ya dos o tres veces Nanao le había hecho algún comentario al violinista y cambiado de dirección, y en cada ocasión él había seguido de filo demasiado perdido en sus pensamientos como para levantar la mirada de su lectura, así que Nanao había hecho un pequeño experimento para ver si su Senpai reaccionaba.
Tenía que admitirlo, le parecía adorable el nivel de concentración en el que el muchacho se había sumido, lo que estuviera buscando debía ser importante como para tenerle con entrecejo fruncido, carraspeando a cada pasar de la página, así que al ver que no le interrumpía, siguió con esa estrategia un poco más, tomando su brazo para andar por la exposición.
Ya había visto ese nivel de concentración en él, sobre todo acercándose las certificaciones y exámenes, caminaba por la escuela con la mirada fija en las partituras sin ser consciente del mundo que le rodeaba, demasiado perdido en sus propios pensamientos. No era a propósito, no es que ignorarse al mundo en general, era que, de verdad, su entorno se desdibuja a hasta formar un sonido distante que no le alcanzaba para nada.
Tenía así unos quince minutos, le había dicho a Nanao que quería buscar una exposición en específico, y ella le insistió para que lo hiciera, que no se preocupara, ahora se preguntaba cuanto más estaría sumido en sus pensamientos.
"Violines del mundo" se había convertido en su aparador favorito, pero definitivamente quería compartirlo con él.
—Esta mañana desayune zapato —murmuró Nanao inclinándose hacia el frente en la vitrina, leyendo la etiqueta de los violines alemanes en la antigüedad, obtuvo un gruñido afirmativo por parte del violinista —, con espárragos —añadió divertida sin imaginarse que esa segunda frase había llegado hasta él, convirtiendo el mantenerse enfocado en una tarea titánica —, y me enamore de usted…
Haruki soltó un jadeo, Nanao supo que estaba perdida, o al menos eso creyó hasta que Haru levantó la mirada hacia ella y sonrió radiante.
—¡Lo encontré! ¿Qué hora es? ¡Esto le va a encantar, lo prometo!
—¿Eh? —murmuró aturdida Nanao, arrepintiendo se de haber tentado al destino de aquella manera, ¿o es que no la había escuchado?
Haruki le tomó una mano, entrelazando sus dedos con los de ella antes de comenzar a trotar hacia el otro lado del museo, arrastrando a una Nanao confundida consigo.
¿Qué había encontrado?
El foro estaba relativamente vacío, pero las butacas del frente estaban llenas, Nanao miró a su alrededor en busca de un buen sitio para tomar asiento, pero cuando alzó los ojos en dirección a Haru y se percató de que el muchacho miraba hacia arriba con curiosidad, analizando los balcones y los palcos, prefirió esperar para ver que tenía el violinista en mente.
—Sí gritara de la nada ¿creería usted que estoy loco? —cuestionó divertido sin bajar los ojos en busca de Nanao.
—Creería que está tanteando la acústica del lugar —admitió ella ganando ahora si una mirada curiosa y una sonrisa orgullosa.
—Entonces cubra sus oídos.
Nanao obedeció divertida y Haruki definitivamente gritó, un sonido corto y controlado que consiguió llamar la atención de la gente hacia él, el silencio plagó el lugar y el violinista sonrió tomando la mano de Nanao, tirando de ella suavemente mientras comenzaba a andar.
—Creo que encontró el lugar correcto —observó ella, divertida.
—El mejor lugar disponible —sin embargo, el muchacho freno en su sitio pasando saliva antes de mirar a Nanao con una disculpa en los ojos y cuestionar —, a menos que usted prefiera ver el espectáculo que…
—Haruki-senpai, ¿somos músicos o somos espectadores?
—Somos músicos —coincidió afianzando el agarre sobre la mano de Nanao mientras subían las escaleras a la segunda planta, sonriendo ambos.
Y el muchacho guardó silencio unos segundos, tratando de ponerle orden a todo lo que le pasaba por la cabeza en ese momento, pero agradeciendo la calma que Nanao le brindó al regresar el apretón dulce sobre sus dedos.
—Perdón por tanto misterio —murmuró el violinista cuando llegaron por fin a la planta alta, recargando las manos en el barandal y mirando al escenario con aires taciturnos —, debo parecer un imbécil, no era mi intensión ignorarla —se apresuró a decirle mientras hacía consciente que la chica había dicho "enamorada" pero negándose a creerlo, considerando que lo hubiera dicho por hacerle reaccionar —, cuando veníamos hacia acá vi este concierto anunciado como parte de la exposición, pero no lo encontraba en los folletos, y cuando me frustro puedo llegar a ser…
—Haruki-senpai —cortó la chica poniendo una mano sobre el brazo de Haru y haciéndole suspirar más tranquilo —, no quiero sonar a stalker, pero en el instituto se habla de lo mucho que usted se concentra al leer una partitura, honestamente no esperaba que fuera distinto.
—Bueno —murmuró melancólico mientras desviaba el rostro, rascándose la nuca —, hay gente a la que le molesta mucho. Que me embeba en mi mundo o —añadió desanimado —, o que conmigo todo sea solo música —terminó con un suspiro, recargando los codos en la baranda y mirando al escenario.
Nanao sintió el corazón encogido, jamás había visto a Haru suspirar por la tristeza, no pudo evitar recordar cada vez que Nemu la había regañado por disculparse al hablar mucho de un tema que le gustara, ella solía emocionarse hasta el punto en el que se mordía la lengua por la velocidad. Nanao vivía disculpándose, y se preguntó qué sería aquello que había puesto tan triste al violinista sin imaginarse que en la mente del muchacho resonaba la voz de su exnovia emitiendo un reclamo: ¿Puedes dejar la música un momento? No puedes tener la nariz metida en las partituras todo el tiempo.
—Bueno —comenzó ella agachándose también, recargando su hombro contra el de Haru y haciéndole sonreír de medio lado —, estoy segura de que no tengo derecho a decir nada, conmigo todo es sobre la música, digo —añadió sonriendo débilmente —, terminamos en una exposición de historia de la música. Además, gracias a eso pudo diseñar un programa para mí, y si no fuera por ello...
Nanao suspiró mientras comprendía que, de no ser por las asesorías, jamás se habría acercado al muchacho que ahora la miraba fijamente, sonriendo de medio lado mientras se culpaba por la creciente melancolía en sus facciones.
Haruki bufo divertido, mirando a Nanao con una sonrisa de disculpa cuando ella alzó sus ojos en dirección a él.
—La hice entristecer —murmuró como si se incriminara por el peor de los pecados.
—No, entristecer no —murmuró ella acomodando sus lentes y haciendo a Haru suspirar —, es que me preocupa un amigo querido. Y amo la música, y me gusta verlo tan concentrado, quisiera ese superpoder.
—Es una maldición —cortó divertido el muchacho.
—De hecho, no hemos hablado sólo de música, pero definitivamente es mi tema favorito —confesó a media voz —, sus ojos brillaban cuando habla de música, Haruki-senpai.
—Otra vez ese Senpai —musitó divertido el muchacho, sonriendo de medio lado y enarcando una ceja con sarcasmo —. Señorita, no estamos en clase, deje el Senpai o…
–¿O qué? —cortó la chica alegre al darse cuenta de que, cualquiera que fuera la nube de tristeza en la que Haru se hubiera sumido, ya no estaba más —¿Suspenderá las asesorías?
—No es mala idea —exclamó el violinista como si hubiese tenido una revelación.
—¿Qué? ¡No!
Haruki soltó una risa floja antes de recibir un empujón al costado, bastó una mirada funesta para que el chiquillo que quería hacerse sitio se alejara amedrentado.
—Esta gente… —murmuró el violinista para sí mismo mientras Nanao ahogaba un gruñido de incomodidad —¿Te importa? —exclamó Haru viendo al muchacho que había empujado a su amiga —, la señorita está ahí de pie.
—¿A sí? —respondió aquel extraño con arrogancia antes de alejarse un poco —, no la vi.
Haru suspiró para calmarse antes de agacharse un poco sobre el oído de Nanao y murmurar de nuevo.
—Siento que hoy no he hecho más que disculparme por mi torpeza y mis atrevimientos, pero me voy a volver a disculpar.
—¿Por qué está vez?
No hubo respuesta, al menos no hablada, las manos de Haruki se asieron al barandal a los lados de las suyas, podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo de Haru a sus espaldas y no se atrevió a levantar la mirada para buscar los ojos de su Senpai, pero pudo escuchar su sonrisa.
El muchacho ahogó un gruñido al recibir otro empujón de la gente que pasaba, pero sonrió cuando un mechón de su cabello bailó hacia el frente haciendo cosquillas a la mejilla de Nanao.
—Así le evitamos la molestia de lidiar con esta gente.
—Pero, usted…
Nanao levantó la mirada hacia Haruki y sonrió al verle dedicar una mirada contundente a un grupito que se acercaba a ellos, por supuesto los rodearon, intimidados por la expresión de Haru, que se suavizó cuando Nanao soltó una risa por lo bajo.
—Se dará cuenta, señorita, que una mirada dice más que mil palabras.
—No quiero ser un impedimento para que disfrute el evento.
—Ser el segundo más alto siempre ha sido una ventaja.
—El segundo más… —repitió Nanao volviendo el rostro, percatándose de que su coronilla apenas rozaba la barbilla de aquel muchacho, y no pudo evitar percatarse de la cicatriz cerca del labio del muchacho —, Haruki-se... san, ¿eso es?...
Y el sonido se alzó sobre ellos, solemne y profundo, consiguiendo que la chica volviera la vista al frente.
El sonido era de cuerdas, aquello era inconfundible, pero el instrumento era...
Nanao frunció el entrecejo, parecía una mandolina, o una guitarra mediana, posiblemente del tamaño de un ukulele, no, más grande, pero tenía botones por el costado y una manivela en la parte baja.
La manivela, aquello había hecho que el instrumento cobrara vida, pero la música pasó a segundo plano cuando Nanao se percató de que los nudillos de Haruki se habían puesto blancos por la presión.
(Reverse dance – Andrey Vinogradov)
La respiración del violinista estaba afectada, su boca entreabierta, los ojos desbordaban asombro, cuando el músico comenzó a presionar los botones de aquel instrumento y la música cambió, Nanao no pudo evitar encogerse en su sitio puesto que Haru había avanzado un par de centímetros, cautivado por la belleza de aquella melodía extraña y atemporal.
Pero de la misma manera en la que Haruki estaba hipnotizado con las notas embriagantes que emergían de aquel peculiar instrumento, Nanao se había quedado prendada de las facciones del violinista que se movía levemente con el vaivén de la manivela. No pudo retirar la mirada de los pómulos del muchacho, de sus ojos embelesados, de sus labios fuertemente apretados en la primera evolución real de la melodía, los ojos de la joven seguían atentamente los cambios en cada gesto que componía aquel muchacho, cerrando los ojos, respirando profundo, sonriendo ampliamente ante la contundencia de la pieza que había sumido al lugar en el más profundo de los embelesos.
Normalmente ella podría fácilmente perderse en la música, pero no ahora que estaba tan cerca de aquel muchacho, escuchando el latir vehemente se su corazón cerca de su oído.
Cuando Nanao por fin pudo bajar la mirada hacia el escenario en el que los músicos se presentaban con el canto de su instrumento no vio más el foro del museo, pudo ver mucho más allá.
Telas pesadas, castillos de piedras grises, paisajes verdes hasta el infinito, caballos blancos portando telas a cuadros en los lomos, princesas en sus torres mientras bailes se realizaban a la luz de las antorchas, esperando a ser rescatadas por caballeros de armaduras refulgiendo al sol montados en caballos negros como la noche.
Se le secó la garganta en un momento, el recuerdo de ella subida en la motocicleta de Haruki un mes atrás, el caballero andante que había pagado las entradas al museo, que había salido en su rescate la noche en que su mejor amiga la había dejado sola. El caballero gallardo que le había cedido el paso en las bicicletas, que la había hecho enganchar la suya primero. El mismo caballero andante que abría su puerta y recorría para ella el banco del piano cuando veían la teoría en las asesorías...
Y ella, oculta entre sus brazos, protegida de la multitud a su alrededor, una damisela consagrada, eternamente en peligro, eternamente rescatada por aquel muchacho de largos cabellos castaños y cían...
—Zanfona...
El aliento cálido del muchacho acarició su oído, removiendo también algunos cabellos y haciéndole cosquillas en la piel. Nanao suspiró al sentir el roce de las manos de Haruki contra las suyas, ambos aferrados al barandal mientras la música seguía dejando estragos en un público inexperto que ya se encontraba al borde del llanto ante la belleza de aquella interpretación.
—¿Perdón? —murmuró la chica con dificultad, volviendo el rostro y percatándose de que los ojos de Haru estaban anegados.
—No, perdóneme usted a mí —murmuró parpadeando rápidamente y limpiándose con el dorso de una mano, cuidando no golpear a Nanao con aquellos movimientos torpes —, es, es, es el nombre del instrumento, zanfona.
—Es increíble —murmuró ella sonriendo enternecida antes de levantar una mano para capturar la siguiente lágrima fugitiva de aquel muchacho —, y su música es hermosa.
—Quería venir aquí contigo —admitió el muchacho a media voz, todavía sin atreverse a volver los ojos hacia Nanao, sintiendo que perdería el valor para confesar aquellas palabras, les era difícil escucharse el uno al otro por el poderoso sonido de las cuerdas, pero sentían que la voz no saldría más allá de un susurro suave, así que hicieron por acercarse —, cuando veníamos para acá y vi anunciado el concierto de la zanfona pensé que quería que tú la conocieras.
—¿La habías escuchado antes?
—¿En vivo? ¡Nunca! —confesó sonriendo y volviendo por fin la mirada hacia Nanao, percatándose de que la chica parecía haberlo estado observando desde minutos atrás y encontrando valor en la profundidad de sus ojos —, conocí el instrumento por accidente en YouTUBE, o en Facebook, no me acuerdo, y resulta que Sato ya lo conocía cuando yo lo descubrí, por la música celta y eso. Un día dijimos que debíamos estar en alguno de esos conciertos, escuchar ese instrumento en vivo o...
Soltó una risa por lo bajo, y luego ambos saltaron por la impresión al escuchar al público estallar en aplausos puesto que la pieza había terminado.
—Perdón —murmuró ella divertida, volviendo la vista al frente y recargando las manos de nuevo en el barandal —, ¿el folleto dice cuánto dura el concierto?
—Cuatro canciones más —informó el muchacho con media sonrisa —, tal vez más, no lo sé.
—Entonces hagamos esto —pidió la chica dulcemente —, tú vas a dejar de disculparte, yo voy a dejar de disculparme, terminaremos el concierto y luego me contarás tu apasionante historia con la zanafona.
—Zanfona —corrigió el muchacho haciendo a Nanao respingar de nuevo antes de asentir.
—Zanfona….
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Se sentaron en una banca de concreto al fondo para poder escuchar las canciones de forma más cómoda. Satoshi se acercó mucho a Soi-Fong, poniéndola un poco con la guardia alta, aunque se relajó cuando Sato le extendió uno de los audífonos para que se lo pusiera en su oído, únicamente se había acercado para que alcanzara el cable, así que volvió a relajarse y se colocó el auricular.
La cercanía de Satoshi era reconfortante en una extraña manera, su entusiasmo al explicarle como había hecho los arreglos en contraste a la canción original a la que él arreglo para la tonalidad de su voz, causando asombro a la peleadora al escuchar la voz de Satoshi en aquellas canciones.
De no ser porque él mismo le mostró que era un arreglo de una canción original, ella hubiese creído que era una canción propia, y es que se escuchaba totalmente entregado a la interpretación.
Una vez que terminó de mostrarle su trabajó, Satoshi dejo correr su lista en aleatorio, que iban de una gran variedad de música, desde baladas, rock, metal, música en inglés, sueco etc., pero cada una de ellas causaba una reacción diferente en Satoshi, ya sea que se balanceara suavemente o empezara a dar leves brincos animados ante la música celta, ante la cual revelo que efectivamente era su estilo favorito.
Comenzó luego una canción con suaves acordes en piano a la que le siguió una voz grave y varonil cantando en italiano, a la que se sumó otra voz un poco más tenue, y que no venía de la canción que escuchaba por los auriculares, descubriendo que era Satoshi el que comenzó a cantar con los ojos cerrados, la cabeza un poco inclinada hacia atrás y con los dedos colocados en el auricular puesto en su oreja, entregándose complemente a las palabras que entonaba con perfecta pronunciación del idioma.
Vivo per lei da quando sai
La prima volta l'ho incontrata
Non mi ricordo come ma
Mi è entrata dentro e c'è restata
Vivo per lei perché mi fa
Vibrare forte l'anima
Vivo per lei e non è un peso
Ya había visto su entrega a la música en el evento de hace un mes. Era sumamente atrayente verlo entregarse de esa forma, de sentir la música con cada fibra de su piel, de olvidarse de su alrededor. Incluso le daba cierta envidia al querer ser capaz de hacer lo mismo, de olvidarse del mundo de esa manera.
Satoshi entonces sintió la mirada de Soi-Fong en él, lo que le detuvo en su canto llevándose las manos al cuello y sonriendo entre apenado y divertido.
-perdona… me es inevitable cantar esa canción cuando suena, podría decirse que es el himno de todo musico –
-tienes buena pronunciación – dice como si nada, volviendo su atención a la canción –
-bueno, es mi mamá es italiana, nos enseñó el idioma desde que nacimos – dice con orgullo, incluso algo fanfarrón - Posso cantarti in italiano quando vuoi (puedo cantarte en italiano cuando gustes) – la mira con sonrisa ladina y coqueta
Ella ladea la mirada en gesto indignado, más que nada por ese molesto bochorno que le provocaba con cada vez más frecuencia ante un espontaneo coqueteo, viendo por el rabillo de su ojo el gesto triunfante de Satoshi, seguramente pensando en que no le había entendido, lo que le hizo tener una idea para regresarle la jugada.
-la canción habla de la música, entiendo por qué la consideras un himno – comenta triunfante quitándose el audífono
-sí, por eso no puedo evitar cantar…. – de repente procesa algo, que lo hace tragar pesado mirando pasmado a Soi-Fong – un momento… ¿le entendiste? ...
Ella solo se pone de pie, mirándolo triunfante y altiva…
- Ho capito ogni parola (entendí cada palabra) – se adelanta a las escaleras, dejando totalmente pasmado a Satoshi
-e-espera…. – le da alcance una vez que salió de su sorpresa – así que sabes hablar italiano…
-entre otros cuatro – comenta con gesto neutro – mi padre desde pequeña me puso a estudiar varios idiomas – siempre se la vivo entre estudios, exigentes estándares al ser la hija de un militar y prospecto a un puesto muy importante en la política, siempre viviendo una vida demasiado rígida, llena de expectativas.
A Satoshi lo tenía cada vez más fascinado pero intrigado al mismo tiempo. Era admirable que fuese una chica tan culta, fuerte e independiente, pero a pese todos sus lujos, a su distinguida educación, parecía enjaulada en su propio regimentó, a sus propios estándares.
Por eso, a pesar de estar totalmente enamorado al grado que quería gritarlo a los cuatro vientos, debía esperar, tenía que ganarse que Soi-Fong se sintiera cada vez más cómoda ante él, ganarse genuinamente su cariño, además de demostrarle que la quería por todo lo que ella representaba; una chica que no se galardonaba por su posición económica, que demostraba que podría abrirse paso por su propia cuenta, pero, que, a su vez, necesitaba un respiro, bajar la guardia para verse vulnerable sin tener el temor de que la juzguen de débil, y Satoshi, sin duda le haría tener la confianza de que podía ser su hombro para eso, el ser ese alguien con quien podía estar tranquila, sin presiones, sin demostrar estándares de por medio.
Porque por él, ella podía vivir bajo un puente y le seguiría fascinando de igual manera.
-antes de irme a casa… - empieza a hablar bajando las escaleras – necesito pasar a un lugar…. – dice neutra sin quitar su vista al frente
-tienes suerte linda – sonríe de lado, en su clásico gesto galante – tengo el día completamente libre para acompañarte a donde quieras…
-si, vaya que es una auténtica fortuna – suelta con marcado sarcasmo, viendo por el rabillo de su ojo la sonrisa amplia de Satoshi, lo que la hace también sonreír con disimulo.
Iba por buen camino, por lo menos Soi-Fong cada vez le permitía pasar más tiempo con ella, permitiéndole acercarse a ella sin incomodarla, como ahora que casi el hombro de Soi-Fong iba rosando la mitad de su brazo al ir bajando las largas escaleras.
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Compraron un par de crepas en un carrito que recorría el parque, las que Asahi no dudo en pagar el mismo, ganándose de nuevo un pequeño debate de Karin de que él siempre pagaba todo cuando salían, a lo que él respondió que el trato para que aceptara jugar en el partido era que le invitaría una malteada por dos semanas en el café de su hermano, pero que las crepas y los helados no entraban en eso.
-tu nunca me dejas invitarte Asahi – refunfuña Karin recibiendo la crepa que pidió
-a lo próxima que salgamos invitas tu – responde recibiendo la suya y pagándolas
-siempre dices lo mismo y siempre pagas todo – vuelve a debatir mientras iban sentarse a una banca del parque para comer a gusto
-¿Qué tiene de malo que yo invite? – muerde un trozo de su crepa, haciéndose el desentendido, era ya clásico tener esta discusión con Karin
-que no es justo, también yo debería invitarte algo de vez en cuando – hace un mohín, ante al que Asahi no puede evitar reírse
-de acuerdo, tu invitas entonces los helados ¿contenta? – hace una sonrisa ladina, muy parecida a la de Sato, cualquiera que los viera diría que le estaba coqueteando
-es un trato – Karin le ofrece el dedo meñique, el que enlaza Asahi con el suyo
-eres una chica muy rara, peleas porque no te dejo que pagues nada, debería ser lo contrario – la mira suspicaz alzando una ceja
-es porque las cosas deben ser justas – se defiende Karin con convicción
-pero entre nosotros no es que sea justo o no – juguetea un poco con el trozo de la crepa que le quedaba – simplemente me gusta que estés contenta conmigo, que te la pases bien – siente como Karin se abalanza a él, rodeándolo con sus brazos por el cuello y mostrando una gran sonrisa
-yo siempre me la paso bien contigo, me compres algo o no – Asahi baja la mirada, sonriendo un poco apenado por la cercanía y las palabras de la pelinegra – iré por los helados – se levanta prácticamente dando un brinco
-te acompaño –
-oh no, tu quédate aquí – ordena señalándolo antes de permitirle ponerse de pie – te conozco Asahi, si me acompañas te adelantaras y pagaras primero – la mira haciendo una divertida mueca – espérame aquí, no tardare… - la ve marcharse, prácticamente dando leves brincos al caminar.
Encontrar las palabras adecuadas, es decir, sabía que quería decirle, pero no tenía idea como ponerle palabras a eso, y es que quería ser en cierta manera cuidadoso en como expresarle lo que sentía por ella, dejarle en claro que le gustaba, que le gustaba mucho, pero que al mismo tiempo eso no la obligaba a corresponderle, que él estaría feliz de continuar siendo su incondicional amigo.
Vaya, esto era más complicado de lo que pensó.
Literalmente sintió en su rostro algo helado que lo bajo del tren de sus pensamientos que lo hizo caer en cuenta que ya tenía a Karin frente suyo embarrándole el cono de helado en su cara.
-hey, ¿Por qué hiciste eso? – reclama limpiándose el helado de su nariz
-llevo horas hablándote, pero tu estabas en el último rincón de la luna – debate la pelinegra entregándole el helado - ¿en qué tanto pensabas? – conocía a Asahi, no era raro que se sumiera en el mundo del subconsciente, aunque normalmente eso le pasaba cuando estaba muy concentrado escuchando música, según él, no podía evitar analizar el ritmo de la batería y el bajo.
Pero esta vez no tenía puestos sus auriculares, simplemente se había quedado sumido en la nada cuando regresó y quiso entregarle su helado, ignorándola completamente.
¿En qué pensaba? Esa pregunta le hizo dar un sobresalto interno pues precisamente pensaba en ella.
Ya, era hora o nunca, quisa el decir las cosas a lo bruto como Satoshi si podría funcionar mejor en ese momento en lugar de pensarlo tanto.
-Karin…. – voltea a verla, gran error, ver sus ojos negros llenos de curiosidad hicieron que por un instante se bloqueara, pero no daría marcha atrás – es que tu….
-hola Kuruzaki-san – una escandalosa y efusiva voz lo hace caerse de espaldas
-hola Mashiro-senpai – saluda Karin al ver llegando a la peliverde en compañía de su hermano mayor, el profesor de percusiones, Kensei Mugurama
-que sorpresa verte por aquí Yamamoto – le dice Kensei mientras las chicas se fueron a unos metros de ellos para platicar – espero que ya tengas bien preparadas las canciones para el examen y proyecto de fin de trimestre – su cruza de brazos, mirándolo con exigencia
-si Mugurama-sensei – refunfuña entre dientes, Kensei era buen profesor, pero siempre estaba encima de él exigiéndole más que a los otros, además que él y su hermana lo interrumpieron justo al momento en que se le iba a confesar a Karin
-de acuerdo…. supongo que también debes darte tiempo para salir en una cita con tu novia – dice desentendido e ignorando el gesto fruncido y sonrojado de su mejor alumno
-no, ella no es…. Solo estamos….
-síganse divirtiéndose chico - lo ignora dándole una palmada en la espalda que casi le saca los pulmones, Kensei era un hombre bastante fornido – mi hermanita me trajo a la fuerza para que le compre algo por el día blanco – dice con desgana – ella piensa que como me dio chocolates en febrero ahora yo estoy obligado a comprarle hoy lo que quiera. Ya le expliqué unas mil veces que así no funciona el día blanco, pero es imposible razonar con ella…
¿Día blanco?
Maldición era cierto, se supone que hoy debía regarle chocolates blancos a Karin en agradecimiento de los que ella le dio hace un mes. ¡Lo olvido por completo!
-nos vemos en clase chico – se despide alzando la mano – más te vale tener todo bien preparado
¿y ahora que haría? Es decir, estaban en un parque rodeado por varios locales que seguramente estarían vendiendo chocolates para aprovechar la venta por el día, pero se vería muy obvio que lo olvidó al comprarlos frente a Karin. Él no era muy seguidor de las fechas, pero Karin se había tomado la molestia de regalarle unos chocolates en San Valentín, es decir, recibió por amabilidad algunos otros que le regalaron algunas chicas de la escuela, pero obviamente los que realmente le importaron fueron los de su amiga. A ella si tenía que corresponderle el regalo.
-¿vamos a nuestra siguiente parada? – pregunta ansiosa Karin al acercársele
-sí, claro – responde un poco ausente poniéndose de pie
-si pierdes en la mayoría de los juegos queda anulado el trato de la malteada – reta Karin
-¿Qué? – Eso claro que lo hace reaccionar – oye eso no es justo, el trato era que si participaba a jugar me invitarías una malteada de la división trece por dos semanas – refunfuña, a lo que su amiga suelta una carcajada
-¿Qué tal un doble o nada? – lo mira confiada cruzada de brazos – si yo gano en la mayoría queda anulado ese trato pero si tu ganas serán cuatro semanas que tendrás malteada gratis – sí que era muy tentadora su apuesta - ¿aceptas? – pregunta con tono retador y mirándolo inflexible
-hecho – acepta chocando las palmas –
Estaba seguro de que Karin no se molestaría por no regalarle chocolates del día blanco, daba la impresión de que ni siquiera era consciente de que era hoy, o quizá sí, pero no quería reclamarle por ello. Sea que se acordara o no, quería tener ese detalle con ella, pero ya encontraría el momento de comprárselos, ahora lo que importaba era pasarla bien con su querida amiga en el centro de videojuegos….
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Con el firme propósito de provocar que Asami se fuese aferrando a su cintura lo más posible, Grimmjow pasaba prácticamente a toda velocidad entre los autos, galardonándose con una sonrisa victoriosa y presuntuosa al sentir en efecto los brazos de la princesa de los Yamamoto rodeándolo, aunque ignorando que Asami disfrutaba el viaje en motocicleta y que también estaba tomando de pretexto ideal el tener que abrazarlo para no caerse, y no verse del todo expuesta de que estaba disfrutando tal cercanía con el bandolero.
-conduces como loco – le reclama quitándose el casco y bajando de la motocicleta una vez que se estacionaron
-calma princesita, no te pasó nada – dice entre risas también desmontando y quitándose el casco, ladeando después de un lado para otro su cabello para darle ese estilo desgarbado de siempre, gesto ante el que Asami no pudo evitar sonrojarse
-de pura suerte – ladea la mirada obstinada, cruzándose de brazos
La plaza era bastante grande, no solo contaba con una sala de cine, también la clásica zona de comida, centro de videojuegos, de ropa etc.
Asami, para un poco de molestia de Grimmjow, no pudo evitar entrar a las tiendas de ropa al ver que una falda o blusa que le había gustado y quería probarse, poniendo a prueba la paciencia del rebelde que tenía que esperarla a fuera, aunque en sí, no tardaba tanto en salir con la nueva adquisición que le había llamado la atención.
-se nos pasara la función – comenta Grimmjow al subir las escaleras eléctricas
-pues veremos la próxima – comenta Asami simplemente – no tengo prisa – y menos al estar disfrutando una salida a solas con Grimmjow – espera…. Deja ver una última cosa…. – dice caminando a paso apresurado a la derecha una vez que terminaron de subir
Grimmjow profirió un suspiro al pensar que iría a otra tienda de ropa, pero Asami se paró frente a la vitrina de una tienda de música, viendo específicamente una guitarra eléctrica, lo que le dio bastante curiosidad a él peli azul.
-¿no me digas que ahora quieres volverte una rebelde y tocar guitarra? – comenta parándose a un lado de ella
-claro que no – responde – no tengo nada en contra de las guitarras, pero siento que no es lo mío – miraba cada una de las guitarras exhibidas – es solo que el cumpleaños de Sato es en este mes, y quisiera comprarle una nueva guitarra – eso hace que a Grimmjow se le dibuje una sonrisa ladina enternecida, era envidiable la unión de los hermanos Yamamoto, especialmente ver lo unida que era Asami a su amigo, aunque eso ya lo había visto hace mucho tiempo cuando recién formaron la banda y Asami no faltaba a ninguno de los ensayos – pero la verdad, no sé cómo cual podría ser…
-una guitarra semi acústica sería buena opción – habla Grimmjow, llamando la atención de Asami – para alguien tan versátil como Sato le serviría bastante bien….
-supongo que si… - mira la guitarra a la que se refería, si, a su hermano seguro le gustaría – vendré por ella luego – da la media vuelta, encaminándose esta vez a la sala del cine
Faltaban unos treinta minutos para que la siguiente función, así que se fueron a sentar a la sala del lobby a esperar. Mientras tanto, aprovecharon para comprar las palomitas y demás snacks que se les antojaron, todo por cuenta de Grimmjow que contando los billetes pudo cubrir apenas todo, no imagino que Asami fuera tan fanática de los dulces, pero en parte empezaba a comprender porque Sato solía consentirla tanto de pequeña, la expresión que hacía al tener tantas golosinas era adorable.
-¿Cuándo te hiciste la perforación del ombligo? – pregunta de forma abrupta, ante lo que Asami casi se atraganta con el sorbo que le estaba dando a su refresco – por favor, no te indignaras de que lo note – sonríe casi seductor y a la vez desafiante – me sorprendió ver que la princesa de los Yamamoto tiene algo de rebeldía – se reclina en su asiento
-no tiene nada de malo – se desentiende mirando a otro lado - Haru y Sato también tienen perforaciones, de hecho, fue Sato quien me la pago hace un año cuando lo acompañe a hacerse su tatuaje
Grimmjow suelta una carcajada llevando su cabeza hacia atrás, a lo que Asami alza la ceja no sabiendo si se estaba burlando de ella o que le parecía tan gracioso.
-Satoshi siempre te ha tenido demasiado consentida desde que los conozco – dice volviendo a recordar a la niña de once años que estaba todo el tiempo detrás de su amigo – me hubiese gustado saber qué argumentos usaste para que te pagara la perforación – la ve alzando la ceja, Asami podía ser bastante manipuladora con su hermano, lo ha sido desde que los conoce y eso por lo visto no ha cambiado
Asami se ofreció a acompañar a Sato aquel día que tenía planeado hacerse el tatuaje de las notas musicales porque desde hace mucho ella quería hacerse una perforación en el ombligo, quizá ver que tanto él como Haru tenían uno le hizo también quererlo, y en el ombligo se veía bastante coqueto a su parecer. Pero al ser aún menor de edad no podía sin la compañía de alguien mayor, así que no perdió la oportunidad cuando Sato iba con Nnoitra Gilga.
-¿Qué tiene de malo? – debate Asami con los puños en la cadera – tú y Haru tienen perforaciones
-pero nos la hicimos cuando ya cumplimos la mayoría de edad – le responde colocándose la camisa cuando Nnoitra termino de tatuarlo – espera unos años más y podrás hacerte lo que quieras
-no es justo Sato – hace un puchero – tampoco soy una niña, tengo casi dieciséis años
-lo siento Asami, ya vámonos…
Pero su hermanita era bastante terca, casi igual que él, cuando se proponía algo, así que se fue a sentar a la sala de espera cruzada de brazos en gesto de que no planeaba moverse de ahí hasta que Satoshi accediera a que se hiciera la perforación y claro que este era consciente de que no le ganaría en aquella discusión.
-¿no hay problema en que se haga una perforación Nnoitra? – ambos miran al tatuador, Asami mirándolo emocionada y casi suplica mientras que Sato se daba por derrotado por las peticiones de su hermana, otra vez.
-no si tu como su hermano das permiso – responde el pelinegro
-de acuerdo… - Asami entonces da un grito de alegría al tiempo que saltaba a colgársele a Sato por el cuello
-eres el mejor hermano mayor que podía pedir – dice con una sonrisa radiante y victoriosa
-si claro, lo dices porque siempre te doy por tu lado – le reclama entre cerrando los ojos
Grimmjow se destornilla más de la risa ante la forma en que Asami convenció a su hermano para que le pagara la perforación, especialmente porque su amigo de verdad nunca ha podido negarle nada a su hermana pequeña, siempre le sacaba que le comprara un helado tras salir de sus ensayos y ahora hasta que le pagara su primera perforación.
-con justa razón eres la princesita de los Yamamoto – dice calmando un poco sus risas – aunque estoy seguro de que el que más te consiente es Sato, o al menos a él siempre lo he visto al pendiente de ti
-todos mis hermanos me cuidan mucho, a veces exageran – aun actualmente Takeshi parecía ser un segundo padre, especialmente cuando sus papás estaban de gira él se tomaba muy enserio su papel de responsable de la casa – pero Asahi y yo siempre seguimos mucho a Sato cuando éramos pequeños – siempre fue con quien más jugaban, y en efecto, quien más los consentían.
-eso lo explica – suelta colocando sus manos en su nuca
-¿Qué cosa? –
-el porque te pareces tanto a Sato, a veces tienen los mismos gestos – dice divertido – eres como su mini clon….
No era la primera vez que le decían eso, Riruka también muchas veces le comentaba que cuando ella y Sato estaban juntos parecían coordinarse en gestos y formas de moverse, que incluso se despedían de la misma forma. Era lógico, incluso ahora que lo pensaba, también Asahi tenía la misma sonrisa ladina de Satoshi cuando quería molestarla.
-si, creo que termine pareciéndome más a él que a mi mellizo – analiza, y eso de hecho parecía no molestarle en lo absoluto
Era en cierta manera envidiable el afecto tan puro que se tenían aquellos hermanos, eran una familia muy unida, aun cuando sus padres pasaban la mayor parte del tiempo en giras en cruceros estaban al pendiente de ellos, enviándoles dinero, llamándolos ocasionalmente para saber cómo se encontraban, pero, sobre todo, se cuidaban y apoyaban entre ellos. Por eso le costaba o evitaba la posibilidad de ver a Asami como algo más, aun cuando después de tanto tiempo no hubiese podido evitar notar la mujer en la que se estaba convirtiendo, pero en parte, también se sentía un poco culpable se ver de esa forma la hermana menor de su mejor amigo y que siempre cuidaba tanto, sentía que no era del todo correcto empezar a verla con otras intenciones, pero tampoco podía evitar sentirse tranquilo al estar con ella, aun cuando solo se acercaba para provocarla.
-¿puedo hacerte una pregunta? – habla sacándolo de sus pensamientos
-ya lo hiciste – se burla sonriendo socarrón
-obviamente esa no era – refunfuña, haciendo reír a Grimmjow - ¿A dónde te fuiste durante cinco años? – suelta, a lo que Grimmjow para de reír en seco, poniéndose muy serio – Satoshi ni nadie pudo contactarte, me extraño, a todos… - corrige – que de repente ya no volvieron a tocar…
-ya está por empezar la película – evade poniéndose de pie y tomando la mayoría de las cosas que compraron para caminar a la sala.
Asami le da alcance caminando a su lado, arrepintiéndose de haber hecho tal pregunta y ocasionando que se incomodara después de que estuvo tan relajado y que, para variar, no estuvieran atacándose con comentarios desafiantes como los que solían tener al encontrarse en los pasillos de la escuela. Siempre ha sido curiosa, y el enigma que representaba Grimmjow era lo que mayor intriga le causaba, el verlo con esa actitud tosca, como si quisiera alejar a la mayoría de las personas de él, como si, quisiera defenderse constantemente de algo.
Quizá lo mejor era preguntarle a Satoshi, el seguramente sabría que ocultaba Grimmjow. Dudaba de que fuese algo muy grave o imperdonable, si fuese así, Sato no le tendría el nivel de confianza como para llevarlo a su casa o ayudarlo a entrar a la academia.
Quisiera que él mismo le contara, pero ella misma sabría que sería difícil siendo Grimmjow alguien sumamente receloso con su vida personal, y es que algo le decía que lo que ocultaba no era un secreto cualquiera….
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—¡Comprar una! —exclamó Nanao mientras Haruki dejaba su bebida sobre la mesa, derramando un poco sobre sus rodillas por la impresión —Pero deben ser muy caras.
—¡Más o menos! —exclamó el muchacho sonriendo divertido mientras miraba sus manos —, pero tengo los ahorros de los conciertos, lo que he ganado en las galerías y en las asesorías del ciclo anterior. La verdad sólo gasto mi dinero en arreglar el monstruo y mejorar el arsenal familiar. ¡Ah, y en café!
—¿Arsenal familiar? —soltó divertida la chica entre risas antes de llevarse su taza a la boca.
—Ya sabes —soltó casual y galante, coqueto tal vez un poco, jamás como él normalmente coquetearía, de nuevo no estaba del todo seguro de qué pasaba con él, una faceta que desconocía, pero que comenzaba a agradarle, sentirse tan relajado —, mis violines, toda la variedad de flautas que Asami tiene —soltó rodando los ojos —, el Sax de Takeshi, ¿sabes cuánto se gasta en boquillas? —exclamó divertido mientras arrugaba la nariz —, casi lo mismo que Asahi en baquetas.
(Four steps – Andrey Vinogradov)
Ambos frenaron sus carcajadas y levantaron la mirada hacia las bocinas de aquel café improvisado al fondo del museo para tomar una pausa y un buen café.
Haru cerró los ojos permitiendo que la melodía lo embargara, moviendo su mano de un lado al otro, como si meciera las notas, como si las acariciara, pasaron apenas dos tiempos antes de que levantara la otra mano y marcara los tiempos con chasquidos, haciendo a Nanao suspirar y sonreír.
—Four steps, llega un punto en el que todo se limita a los pasos de distancia —murmuró Haruki en medio de un suspiro corto —, primero dos, ahora cuatro.
—¿Pasos?
—Two steps from hell fue la razón por la que decidí cuál sería mi camino en la música, la primera vez que escuché Protectors of the earth pasé dos meses soñando que dirigía una orquesta, concierto a las musarañas, decía Sato —confesó ampliando su sonrisa antes de suspirar y levantarse torpemente, tomar la taza de manos de Nanao y ponerla en la mesa antes de ofrecerle una mano.
La chica aceptó con un gesto de duda, y luego palideció al ver a Haru retroceder y hacer una reverencia pronunciada, anunciándole con la mirada lo que venía a continuación.
—Pero yo...
—Sé cómo solucionar tu tema con el ritmo.
—Yo no...
—Por favor —murmuró como una súplica, sonriendo suavemente mientras se quitaba los lentes y los dejaba en la mesa.
La chica pasó saliva con dificultad antes de aceptar la mano del muchacho y avanzar medio paso.
Los ritmos de la pieza, Nanao sentía como si su corazón latiera al ritmo de aquella canción mientras avanzaba y retrocedía, con una palma levantada a la altura del rostro, anhelando entrar en contacto con la de Haru, pero manteniendo las distancias prudentes.
Primero pasos cortos, uno al frente, uno atrás, mirándose a los ojos, repitiendo aquel proceso mientras la música volvía a evolucionar. Haru aventuró su mano hacia el frente, entrelazando sus dedos con los de Nanao antes de hacerla girar lentamente, avanzando en una danza que parecía más una caminata. Nanao suspiró sintiendo que se adelantaba a los ritmos mientras la sonrisa de Haruki se ensanchaba, sólo fue necesario enarcar una ceja para hacerle entender que debía cuidar sus pasos.
Ya conocía ese gesto, lo había visto en cada asesoría, cuando la joven violinista se le adelantaba al metrónomo, así que sonrió mientras la mano de Haru le encontraba un sitio en su cintura para guiarla por el espacio.
Suspiraron, Nanao puso su mano sobre la de Haru mientras él le tomaba la mano disponible y se situaba a su lado, avanzando lentamente, marcando un círculo mientras se miraban a los ojos y él le sonreía con diplomacia.
—Cuando tocas estás demasiado preocupada por seguir el ritmo de la melodía —reprendió el muchacho suavizando su mirada, haciendo a Nanao pasar saliva y asentir atenta de la lección —, y te olvidas de sentir la música. Tocar el violín exige todo de nosotros, sí, pero eso no quiere decir que la perfección deba inhibir nuestra habilidad para sentir. Nanao, tú ya eres perfecta —prometió con voz contenida mientras la chica soltaba el aliento —, ahora te falta transmitir… —hizo una pausa, tratando de encontrar las palabras, pero cuando sus miradas coalicionaron, no tuvo más dudas, ahí estaba lo que siempre había visto en ella, esa chispa de talento natural — emoción...
La pieza murió en las bocinas y los aplausos de la gente les hicieron dar otro respingo, alejándose el uno del otro antes de que Haru le tomara una mano a Nanao como si pretendiera presumirla, luego ambos hicieron una reverencia para agradecer el aplauso, la chica con el rostro enrojecido por la vergüenza ante el público, el violinista sonriendo con descaro con esa máscara ensayada para los escenarios.
Y luego Haru encaró a Nanao, tomando sus manos y plantando un beso en sus nudillos.
—En cuanto olvidaste el conteo y fluiste con la música, el resto pasó natural ¿puedes verlo?
—Sí, puedo.
Haru abrió los ojos con sorpresa al sentir la vibración en su bolsillo, sonrió percatándose del mensaje que tenía sin leer, Hanako, otra selfie y como ocho audios de entre ocho segundos y dos minutos cada uno. Y entonces se percató de la hora.
—Señorita —exclamó levantando los ojos hacia Nanao —, casi son las diez de la noche.
—¿Qué? —exclamó pasmada sacando su teléfono del bolso y percatándose de que tenía varias llamadas perdidas por parte de Nemu, desbloqueó rápidamente para reportarse y mirar a Haru con expresión de sorpresa —Voló el tiempo —musitó trémula mientras sonreía apenada, agradeciendo que su tío estuviera en el Piso o estaría muy preocupado por ella.
—Debería acompañarle a casa —murmuró Haruki con una sonrisa cargada de tristeza, como si no quisiera hacerlo, porque ninguno de los dos quería que aquel día se terminara, tantas horas juntos, conocer tanto el uno del otro.
—Pero vamos en bicicleta los dos, no quisiera que se pusiera en riesgo.
—No sería la primera vez que me aventuro por la ciudad en mi bicicleta una noche primaveral. Descuide, me sentiré más tranquilo si puedo acompañarla.
Recuperar sus mochilas en la entrada del museo, desenganchar las bicicletas, el aire frío de la noche, Haru rebasó a Nanao unas calles adelante del museo y la hizo frenar en su sitio antes de ofrecerle su chamarra de mezclilla con una sonrisa, alegando que la manga larga de su camiseta sería suficiente para protegerse del frío.
Se había llegado el primero de marzo antes de que el violinista hubiese podido recuperar la chaqueta que le había prestado el catorce, no le molestaba dejarle otra y así tener una excusa para verse fuera de la escuela. Esa salida al museo (porque Haru se negaba tajantemente a llamarle cita a ese paseo) sería la primera vez que se encontraran fuera del instituto, y para ambos había resultado refrescante percatarse de que había un mundo oculto en la vida del otro. Conocerse sin la parcialidad de las asesorías era otra cosa.
El cariño que Nanao le tenía a su tío, el amor incondicional entre los hermanos Yamamoto, todas las vergüenzas que Nemu le había hecho pasar a la violinista, todas las venganzas de Sato sobre sus bromas, sin los violines de por medio, de pronto aquel par se había vuelto tan... Humano.
Ambos bajaron de las bicicletas y esta vez fue turno de Haruki para agacharse sobre la mejilla de Nanao y depositar un beso corto ahí.
Se alejó muy rápido, demasiado nervioso por aquel atrevimiento como para extenderlo más de lo necesario, sin embargo, para sorpresa de ambos, Nanao ofreció la otra mejilla bajando la mirada.
Y Haru suspiró considerando seriamente la posibilidad de depositar un beso más largo a los labios de aquella chica, percatándose de cómo se encogía en su sitio cuando los labios le aterrizaron en la otra mejilla, nerviosa, pero sonriente cuando él depositaba un tercer beso en su frente antes de alejarse algunos pasos y sonreírle con cierto aire... pícaro.
—Le va bien la mezclilla —dijo subiendo a su bicicleta y encaminándose hacia la avenida.
—¡Haruki-senpai! —exclamó la chica haciendo ademán de quitarse la chaqueta, pero la voz de Haru en la distancia la hizo congelarse en su sitio.
—¡Otra vez con su senpai! Nos vemos el lunes, señorita.
—¡Avíseme cuando llegue!
Haru miró sobre su hombro y asintió antes de seguir con su andar por la ciudad, y Nanao suspiró, tal vez por enésima vez esa tarde, sintiendo que era la mujer más dichosa en todo Japón.
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A donde Soi-Fong supuestamente tenía que ir quedaba al centro de la ciudad, por lo que era más fácil moverse en algún trasporte que ir a pie. Satoshi estaba por ofrecer ir por el auto de su padre, aunque a él no le gustara mucho conducir, sin embargo, Soi-Fong lo sorprendió al decirle que tomaran el subterráneo, alegando que era mucho más rápido que ir en auto, además que se evitarían en buscar donde estacionarse.
Esto a Sato lo lleno de orgullo al reafirmar que Soi-Fong era una mujer que le gustaba hacer las cosas por sí misma, que podía abrirse paso por sus propios medios y que pese a su lujoso estilo de vida que le podía permitir sin problemas ir a lugares ridículamente caros prefería mantener un perfil bajo, humilde y encantador a los ojos de Satoshi que conocía chicas de su propia escuela demasiado pretensiosas que incluso se galardonaban y humillaban a los alumnos de nuevo ingreso solo por ya estar en un nivel superior, siendo que ellas misma aún les faltaban un largo camino que recorrer.
Caminaron por una calle bastante transitada al haber varios puestos a los lados de comida, bebidas, entre otras cosas. Satoshi era el que prácticamente iba siendo guiado por Soi-Fong pensando que estaba buscando lo que sea a lo que allá venido al centro, ignorando completamente que la morena no buscaba nada realmente, que únicamente quería pasar un poco más de tiempo con él, pero su orgullo le impedía decirlo o si quiera reconocerlo para sí misma.
Aunque había olvidado que Soi-Fong lo llevo a ese lugar porque tenía que "pasar por algo", además, a él le encantaba dar paseos por el centro, algo que era mucho mejor al estar en compañía de su amor platónico, a quien, a pesar del bullicio de tanta gente alrededor, escuchó que le rugió el estómago, lo que confirmo al verla colocando sus manos en su vientre y frunciendo el rostro sonrojada al verse descubierta por Satoshi, a quien también, segundos después, le rugió el estómago, lo que le hizo soltar una risa nerviosa al tiempo que se sobaba el cuello, lo que también la hizo reír un poco al verse inevitablemente contagiada.
-tienes una sonrisa muy linda – suelta sin pensarlo, ocasionando que Soi-Fong lo mirara unos segundos, ladeando luego el rostro al sentir algo en su pecho ante la mirada cálida con que la miro Satoshi al decirle aquello
La había puesto incomoda, o eso le pareció a Satoshi. Lo dijo sin pensar, ni siquiera fue con la intención de hacerle uno de sus usuales comentarios coquetos y galantes que Soi-Fong solía regresarle con algún comentario sarcástico, simplemente le pareció tan hermosa su sonrisa espontanea, que, sin proponérselo del todo, las palabras salieron por si solas de su boca.
-¿te apetece comer Takoyaki? – sugiere al ser lo primero que vio en un puesto cercano – podemos descansar un rato mientras lo comemos….
-sí, está bien – responde con tono neutro sin mirarlo, tratando de ignorar el calor en sus mejillas
Lo esperó en una baqueta cercana alejada un poco de tanto bullicio, aunque aún podía alcanzar a ver a Satoshi ordenando el Takoyaki y un par de bebidas frías. No pudo evitar mirar con más atención el rostro jovial y despreocupado del guitarrista, siempre parecía estar de un excesivo buen humor, siempre mostrando esa confianza y despreocupación, lo que en una extraña manera le daba envidia y a la vez, le daba gusto ver, incluso tal actitud llegaba a contagiarla a ella, haciéndola sentir tranquila, sin presiones de ningún tipo.
Un pequeño maullido llamó su atención, encontrándose a un gato negro a sus pies que la miraba fijamente y a quien no pudo evitar comenzar a dar mimos que el felino gustoso recibió restregándose entre las piernas de la morena que enterneció el rostro ante el comportamiento del animal, dándole tal encantadora apariencia que Satoshi, al ir justamente de regreso con los alimentos, se detuvo unos momentos mientras que interiormente se agarraba frustrado el cabello mientras gritaba "no me hagas esto, te vez demasiado linda para resistirme", para luego continuar su camino tratando lo humanamente posible de mantener el control mientras se repetía una y otra vez que tenía que ser dedicado y paciente.
-perdona por hacerte esperar – le dice sobresaltándola un poco y dejando de acariciar al gatito, aunque este siguió restregándose en sus piernas - ¿debo ponerme celoso? – bromea entregándole su platillo – es primera vez que desharía estar en lugar de un gato callejero…
-no digas tonterías – debate con obstinación, dando luego una mordida al Takoyaki
-le agradaste…. – chasquea los dedos para llamar la atención del minino, quien obedece yéndose ahora a recibir las caricias de Satoshi – sin duda tiene buen gusto el muy picaron – le sonríe mostrando toda su dentadura, a lo que el gatito le maúlla como si confirmara lo que dijo - ¿tienes hambre amiguito? – le pregunta, a lo que vuelve a maullar
-¿Cómo sabes que es macho? – pregunta dando luego otra mordida a su comida
-no lo sé, es difícil saberlo a primera vista – empieza a quitarle la masa a una bolita del Takoyaki, dejando solo el pequeño trozo de pulpo que le da al felino – es curioso, a ti te gustan los gatos negros y justo uno se te acerca para que lo mimes – dice haciendo lo mismo con la otra bolita y dándole otro trozo de pulpo
-¿Cómo sabes que me gustan los gatos negros? – le cuestiona alzándole una ceja, eso jamás se lo ha contado
-lo supuse por el llavero de gato negro que se te cayo de la mochila cuando nos conocimos en persona – rememora dichoso, partiendo la última bola de su Takoyaki para darle el trozo de pulpo al gato, acción que ve Soi-Fong, dándose cuenta de que solo se estaba comiendo la masa – a mí también me gustan los gatos negros…. – acaricia la barbilla al que le dio de comer mientras este ronronea demostrando lo feliz que estaba por la comida y las caricias – y desde ese día, me gustan aún más – la mira sonriendo de forma ladina y coqueta, pero a la vez, de forma muy especial.
-solo te quedaste con la pura masa – cambia de tema para evadir la obvia indirecta de Satoshi
-no importa, de todos modos, esto siempre suele tener más masa que pulpo – de hecho, se come gustoso los pedazos de masa que desbarató al estar buscando los trozos de pulpo para dárselos al gatito que ahora se hecho a dormir en medio de los pies de ambos
Ya había notado la sencillez de Satoshi, es decir, era nieto del fundador de la prestigiosa escuela de las artes, le contó que sus padres trabajaban en lujosos cruceros y que, además, él y sus hermanos trabajaban dando asesorías y tocaban ocasionalmente en algunos lugares. Sin duda tenía buena posición económica, quizá un poco menos que la suya o la de sus compañeros presuntuosos de su escuela, pero, aun así, Sato era de las personas que gustaban sencillos paseos a pie y vestir de forma informal, además que era muy amigable con todos, hasta con un pequeño gato callejero a quien no le importó darle parte de su comida, con lo que ahora también se daba cuenta que poseía un corazón de oro.
A ella aun le quedaba una bola de Takoyaki, pensar en dársela a Satoshi le causaba cierto conflicto, no porque no quisiera, pero la idea de hacerlo le causaba un incómodo bochorno, así que únicamente le extendió rápidamente el plato frente a su cara sin mirarlo.
-¿ya no quieres? – pregunta tomando el plato
-no – responde secamente
-bueno, me la comeré para que no se desperdicie – le da una gran mordida, haciendo casi los mismos gestos que el gato, lo que le causa una pequeña risa a Soi-Fong que trata de disimular – oh, te traje algo de tomar – dice con un poco de comida en la boca, pasándole un vaso trasparente que dejaba a ver que era café helado – yo suelo tomar el café frio como mi corazón, pero no sé si a ti te guste… - le da un sorbo al suyo
-¿frio como tu corazón? – cuestiona ella ante como se refirió a sí mismo, para nada iba con él
-oh no, no es que lo diga enserio – sonríe divertido – se me quedo decirlo por un chiste local que les decía a mis primas. Saya decía que ni yo me la creía, y Hana la secundaba diciendo que bien sabía yo que tengo un corazón de pollo
-lo dices porque sabes que es lo contrario – dice sin pensar que le estaba dando la razón a sus primas, lo que disimula al darle un sorbo a su café
-exacto – le guiña un ojo – tu si lo entendiste linda
-o también puede ser porque eres un ególatra de primera y quieres que te digan que no es cierto – debate esta con aires altivos, ante lo que Satoshi, en vez de ofenderse, suelta una sonora carcajada
-no del todo – dice entre risas – porque Saya luego comenzó a decir que no podía existir un café tan frio –
-al fin alguien que no alimenta más tu narcisismo – sonríe de lado cruzándose de brazos, lo que aumenta más la risa de Satoshi, contagiándola de nuevo a ella al hacerla reír un poco, que intenta ocultar mirando a otro lado.
-peludito – escuchan la voz infantil de una niña a lo lejos – ese es mi gato peludito – se acerca a ellos, señalando al gato negro que se levanta al escuchar su nombre – llevo buscándolo desde hace dos días – se le notaba la tristeza mezclada con el alivio de al fin encontrarlo
-tranquila, él está bien – para sorpresa y para aumentar todavía más el embeleso de Satoshi, es Soi-Fong quien toma al pequeño y se acerca a la niña, agachándose un poco para estar a su altura de la más pequeña – toma…. Cuídalo mucho, es un buen gatito… - acaricia a este a modo de despedida
-gracias – exclama efusiva la pequeña, yéndose en dirección a su mama diciéndole feliz que había encontrado a su gatito
En ese momento sentía y podría reconocer sin problemas que tenía una completa sonrisa de idiota, y es que ahora terminaba por confirmar lo que ha sentido desde que quedó prendado de ella desde que la vio por televisión, y era que Soi-Fong era mucho más que la dura campeona de artes marciales, que tras la máscara de dureza que por alguna razón se obligaba a portar, ocultaba a una chica encantadora y dulce, una que le estaba gustando mucho ir descubriendo poco a poco.
-¿qu-que… que miras? – pregunta incomoda al sentir los ojos de Satoshi puestos en ella
-nada – baja la mirada, tratando en vano de borrar la sonrisa bobalicona de su rostro al tiempo que se ponía de pie – vamos por lo que sea que viniste a buscar antes de que las tiendas cierren – ya casi daban las ocho de la noche, pero a pesar de sentirse cansado por todo lo que caminaron, también se sentía con muchas energías
-no, está bien, otro día vendré a buscar lo que necesito – evade en lo posible ver a Satoshi, y es que nunca se le ocurrió que podría necesitar para excusarse de haberlo traído hasta el centro – será mejor que ya regresemos –
-de acuerdo… te acompaño a tu casa… - se ofrece como siempre, algo que Soi-Fong ya se esperaba, después de todo, Sato siempre la acompañaba hasta su casa en la mayoría de las veces que llegaban a salir, quizá por eso estaba acostumbrándose tan rápido a su compañía.
El subterráneo de regreso estaba algo lleno, no al grado de parecer sardinas, pero no pudieron encontrar asientos disponibles, por lo que tuvieron que irse parados, algo que ni a Satoshi ni a ella les molestaban, podían resistir el irse parados pese a todo lo que caminaron en el día.
A Sato, por supuesto, no le hubiese molestado nada que el tren se llenara y tuviera que acercarse a Soi-Fong con el pretexto de cuidarla de cualquiera que fuese a aprovecharse del tumulto para tocarla, sin embargo, al no estar sosteniéndose de nada, casi cae cuando el tren frenó al llegar a una estación, pero Satoshi rápidamente la toma de la cintura y la acerca a su cuerpo mientras él se sostenía firme de una barra con la otra mano. Esto lo hizo por mera inercia, pero no pudo evitar sonreír con cierta picardía al tenerla así de cerca, especialmente al ver su rostro entre impactado y abochornado por la cercanía con el musico.
-no me lo vayas a tomar a mal linda… – dice con gesto galante – pero te recomiendo que te sostengas bien, por seguridad claro
Únicamente ladeo el rostro, frunciéndolo y sintiendo de nuevo ese molesto bochorno que Satoshi le provocaba cada vez de forma más inevitable. Pudo alejarse de él diciéndole que ella misma podía sostenerse, claro que fue lo primero que quiso hacer, pero, en lugar de eso, se vio aferrándose a la camisa de Sato, arrugándola entre su puño. Quizá su mente, su sentido de alerta le decía que estaba bajando la guardia, exponiéndose al peligro, pero su cuerpo no correspondía a lo que su cabeza le decía, parecía incluso que su propio cuerpo tenía mente aparte y que este le decía que quería estar cerca de Satoshi.
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Desde que era pequeña se acostumbró a ver películas de terror, ya que eran el género favorito de Haru y Sato, y ella, siempre siendo tan curiosa, una noche se unió a ellos, adjuntándose a esa afición de sus hermanos en la que, desde entonces, Satoshi varias peses intento asustarla contándole algunas historias, pero en lugar de eso, terminaron interesándole, incluso le insistía a su hermano que le contara alguna nueva.
Pero, el fingir que ciertas escenas de la película la estaban asustando eran el pretexto ideal para acercarse a Grimmjow y tomarlo del brazo, ignorando que estaba poniéndolo en un pequeño aprieto y conflicto al no saber si hacerle algún comentario para burlarse de ella o regresarle un gesto parecido, es decir, no era una chica cualquiera con la que podría tomarse ciertas libertades y no pasara nada, Asami era hermana de su mejor amigo, no deseaba tener un problema con Satoshi por algún malentendido, así que lo mejor fue mantenerse prácticamente indiferente a la cercanía de Asami y fingir estar atento a la película. Además, estaba casi seguro de que ya ni siquiera le hablaría si llegaba a saber dónde estuvo en los últimos cinco años, ni siquiera debió tomarse la libertad de invitarla a salir al ser ella una chica que en la vida se ha visto involucrada en lo que él estuvo.
Pero la indiferencia de él peli azul ante su pequeña insinuación desalentó un poco a Asami al hacerla creer que Grimmjow no podría verla como algo más al ser cinco años menor, que era una niña ante sus ojos, demasiado inmadura para él, que posiblemente buscaba mujeres de su edad. Si ese era el caso, en primer lugar, no lo habría invitado al cine.
Realmente no entendía a ese bandolero y de sus intenciones con ella, porque una cosa es que fuese amigo de su hermano, pero no por eso debía sentirse con la "obligación" de llevarse bien con ella o invitarla a salir.
¿Qué quería entonces?
Sus provocaciones, sus roces en la escuela, si, quizá estaba mal interpretando todos esos gestos, Grimmjow solo se estaba comportando como el bruto que era, solo gustaba hacerla enfadar por mera diversión suya. Y ella que estaba empezando a considerar el cancelar la apuesta, pero ahora estaba dispuesta a ganar y hacerle pagar.
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Ambos eran buenos en casi todos los videojuegos, se la pasaban ahí en la mayoría de las veces que tenían tiempo libre y estaban juntos, por lo que la competencia que traían ambos era bastante reñida. Los dos tenían casi el mismo puntaje en sus tarjetas de bonos, entre ambos ya podían llevarse un buen premio, pero lo que les importaba era ganar una de sus usuales apuestas amistosas. Aunque a pesar de tener eso, ambos se dirigían sonrisas alegres al estar pasando de juego en juego, principalmente se estaban divirtiendo mucho como siempre.
Karin se destacaba más en los juegos destreza estilo deportivos, pero claro, no le pudo seguir el paso a Asahi en los juegos como Guitar hero, en el que el experimentado baterista se entretuvo bastante al ver el rostro fruncido de Karin cuando intento tocar la batería, molesta por que la estaban abucheando al estar fallando mucho en aquel juego, mientras que Asahi tocaba como si nada la guitarra, dándole oportunidad incluso de reírse de su amiga.
-no es justo – se queja al perder el juego – este a ti no te cuesta nada – se pone en jarras
-como a ti no te cuesta nada los de tipo tiro al blanco – le debate Asahi victorioso, riendo aún más ante el puchero que hizo Karin – yo voy ganando – alardea con una sonrisa ladina al ver su puntaje en el reloj digital
-todavía te puedo vencer Yamamoto – le mira de frente, casi pegando su rostro al de él, ocasionándole un momentáneo sonrojo – falta un juego más – señala a un costado, donde estaba la máquina de baile
Suelta una pequeña risa ante la competitividad de Karin, le agradaba mucho ese nivel de energía de su amiga, que no se daba por vencida ante nada y mostraba una gran determinación en todo lo que se proponía. En sí, él no estaba tan determinado a ganarle, (aunque la idea de tener malteadas gratis por todo un mes era muy tentadora), pero el ver a su amiga tan entusiasmada con esa amistosa apuesta le hacía dar lo mejor de sí, además de que Karin se daría cuenta fácilmente si la dejaba ganar, era demasiado perspicaz.
-bien, pues vamos – dice Asahi tomándola de la mano, gesto que ya era muy común entre ellos, pero, aun así, Karin sonrió con ternura ante eso
Pusieron las canciones en aleatorio, tocando la versión de virus de Beethoven, a lo que Asahi sonrió socarrón, confiándose que sin duda no le costaría seguir el ritmo de esa pieza al ser una de las favoritas de sus hermanos y que tocaban a cada rato, pidiéndole a él que los acompañara con la batería.
-tendré un mes de malteadas gratis – canturrea Asahi dándole play
-no cantes victoria antes de tiempo – dice Karin, poniéndose en posición para empezar
Sus pies parecían coordinarse como si ya hubiesen tenido bien ensañada aquella pieza a pesar de ir bastante rápida, la emoción de la competencia, mezclado con el gusto de estarse divirtiendo juntos les daba una simbiosis asombrosa a pesar de que Karin no era experta en seguir el ritmo como lo era Asahi al ser un experto tocando la batería, pero no importaba, le daba igual ganar o no aquella apuesta con su amigo, únicamente le interesaba, como siempre, estar con él.
La forma en que miraba a Asahi, la forma en que se sentía al pasar tiempo con él era muy diferente de estar con sus demás amigos o con su hermano mayor. Con Asahi buscaba con más ahínco su compañía, miraba otras facciones suyas como ahora que se distrajo unos segundos viendo su rostro puesto en la pantalla de la máquina de baile, no pudiendo evitar pensar que era muy lindo, que esa sonrisa confiada al bailar era muy atractiva. Claro que sabía que le gustaba, desde hace un mes que había ya caído en cuenta de esa verdad que no se atrevía a expresar al temer arruinar su amistad con Asashi por pensar que este solo la veía como a una amiga, se repetía miles de veces que no importaba, que estaba conforme con eso, pero no era verdad, pues al imaginar a Asahi con alguien más le rompía el corazón.
El pie se le doblo faltando poco para que la rápida pieza del juego terminara, lo que la hizo caer se sentón en la plataforma sintiendo el dolor punzante de su tobillo que trató de calmar al sobarlo con ambas manos.
-Karin – exclama Asahi preocupado poniéndose en cuclillas para verla
-estoy bien, solo me torcí el tobillo – le resta importancia sonriéndole para que no se alarmara tanto
Cosa que no funciona, conocía a Karin y su mala costumbre de hacerse la fuerte para no preocupar a nadie, así que la carga al estilo nupcial y la lleva a sentarse a una silla cercana, provocándole un leve sonrojo en las mejillas a la pelinegra que por inercia abrazo por el cuello a Asahi con sus brazos.
-de verdad estoy bien Asahi – trata de convencerlo cuando la sentó en la silla – creo que pise mal y me torcí, pero no me duele tanto – se sentía un poco mal ante el rostro serio de su amigo, como si se estuviese culpando de ese accidente
Dejo salir un fuerte suspiro antes de encarar a Karin con una mirada dulce y sonrisa admirada y compasiva a la vez, así era Karin, valiente e independiente, aunque también algo orgullosa en admitir sus debilidades como un tobillo lastimado solo para que la gente no se preocupara por ella.
-ya sé que te crees de roca – dice este con un hilo de burla, al que Karin se cruza de brazos orgullosa – pero de todos modos lo recomendable es que no te fuerces – le da la espalda, inclinándose un poco y mirándola por encima de su hombro, dejándole en claro la invitación
Una pequeña sonrisa llena de cariño se le dibuja en su rostro al tiempo que sus mejillas se teñían de un suave sonrojo ante la tierna acción de su amigo, a cuya espalda se sube con cuidado aferrándose alrededor de su cuello mientras Asahi la acomodaba mejor para salir del lugar y llevarla a su casa, camino mediante el cual, no hubo una charla de por medio, pues ambos mejor prefirieron disfrutar de tal cercanía, permitiéndose ambos disfrutar de un cariño más fuerte que una linda amistad. Karin se permitió tomarse la libertad de recarga su mejilla en el hombro de Asahi, aferrándose a su cuello, feliz de tener tal contacto con aquel chico que le hacía sentir algo muy especial. Asahi, por su parte, se regocijo al sentir el calor de su querida amiga en su espalda, disfrutando de sus brazos que ponía alrededor de su cuello, de sentirla tan tranquila, e incluso, se permitió imaginarse que estaba sonriendo con ternura al ir recargando su mejilla en sus hombros, imagen que lo lleno de dicha y esperanzas.
No había forma de que pudieran arruinar su amistad por una confesión, y posiblemente, ese era el escenario ideal para intentarlo de nuevo….
-Karin…. – empieza, aunque sintiéndose de nueva cuenta un poco inseguro por encontrar las palabras correctas – ¿sabes?... – la siente asomarse por encima de su hombro para prestarle atención – es que desde hace tiempo tú me….
-¿Qué le hiciste a mi hermana mocoso? – escucha la voz de Ichigo que lo hace bajar la mirada en un aura depresiva, ni siquiera se había dado cuenta de que ya habían llegado a su casa
-Nii-san ¿Qué haces aquí tan temprano? – reclama Karin sin una pisca de vergüenza de que su hermano la viera cargada a espaldas de Asahi
-vine a traer a Yuzu de su clase – responde poniéndose en jarras y mirando de forma fulminante a Asahi, con quien tiene un choque de miradas electrizantes – no me han respondido…. ¿Por qué el chiquillo te trae cargada?
-me torcí el tobillo jugando en el centro de videojuegos y Asahi me trajo a casa – se abraza más a su cuello, causándole un notorio sonrojo a Asahi que fue notado con cierta molestia por Ichigo - ¿tú no tienes que ayudar a Rukia-san en el café? – le insinúa para que los dejara de molestar
-si, si, ahorita regreso – ladea la mano restándole importancia – primero te llevare a casa – toma su hermana entre sus brazos – gracias por traerla – le dice a Asahi con clara insinuación de que ya podía irse
-por nada…. - dice entre dientes, también resultaba que tenía el problema del hermano celoso de Karin – cuídate…. – le dice a ella – trata de no caminar mucho, al menos por hoy
-no te preocupes Asahi… - responde ella conmovida por la preocupación de su amigo – estoy segura de que no es nada grave – ambos se dirigieron miradas dulces y llenas de cariño, a lo que Ichigo ladeaba la cabeza mirando a Asahi y Karin frunciendo el gesto que no quito aun cuando aquel chiquillo se dio la meda vuelta alejándose
-pasas demasiado tiempo con ese… - comenta Ichigo llevando a su hermana adentro
-¿y qué tiene de malo? – se cruza de brazos siendo cargada por Ichigo a adentro de su casa.
-él tiene 17 años y tú 15 – la deja en el sofá
-en dos meses cumplo 16… - ladea el rostro en obstinación – y de todos modos no tiene nada de malo, Asahi es un buen chico y…. – baja el rostro, poniéndose un poco decepcionada – solo somos amigos….
Al parecer, todos, menos ellos, notaban que había algo más que amistad en su relación, e Ichigo no era la excepción. Él mejor que nadie se daba cuenta de lo mucho que Asahi quería a su hermana, y viceversa, era muy notorio en la forma en que se trataban pues era muy similar a como empezaron a llevarse él y su esposa, ambos siendo amigos, compañeros de aventuras que a la larga se terminaron enamorando tanto que tiempo después se unieron en matrimonio.
-debo regresar al café para ayudar a Rukia a cerrar – dice Ichigo – si necesitas algo puedes pedírselo a Yuzu
-puedo moverme Nii-san – se pone en jarras – ya les dije que no fue tan grave – su hermano y Asahi estaban exagerando demasiado su pequeña lesión
-si, como digas…. – le alborota el cabello a lo que Karin hace un puchero, tal vez ya era una adolescente, pero él no podía evitar seguir viéndola como a una niña – regresamos más tarde – alza la mano a modo de despedida, saliendo de la casa
A Rukia le daba gracia y solía molestarlo con sus celos de hermano mayor, pero también le insistía que aquellos hermanos Yamamoto eran de una muy buena familia con valores y bien educados, ella los conocía bastante bien y les tenía mucho cariño, por eso trataba de convencerlo de que no tenía de que preocuparse de que Asahi pretendiera a Karin, al contrario, que debería darle gusto que alguien como él estuviese interesado en ella.
Claro que no tenía nada en contra de Asahi, lo que le afectaba un poco es que sus pequeñas hermanas estaban creciendo demasiado rápido, le daba la sensación de que ya pronto harían sus propias vidas y dejarían la casa, y ya estaba demasiado acostumbrado a tenerlas cerca.
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-de regreso a su castillo… - dice este haciendo un ademán de inclinarse como si fuese un caballero de brillante armadura
-no exageres Satoshi – se cruza de brazos ladeando el rostro – mi casa no es tan grande como para que la compares con un castillo – ignoraba claro que Satoshi lo decía porque ella ya era su reina, y no por su título de ser "la reina de hielo", no por vivir en una lujosa mansión, si no, porque desde que la vio, ya se había ganado el lugar de ser la reina de sus sueños
-bueno, descansa… - se soba la nuca en gesto nervioso, inseguro de lo que estaba a punto de hacer – eemm…. Gracias por dejarme acompañarte….
Dejándose ganar por un pequeño impulso, le da un rápido beso en la mejilla, corto, aunque no tanto como el que le dio el catorce de febrero cuando le regaló los chocolates. Esto la hizo volver su rostro a él, observando el gesto apenado pero sonriente de Satoshi, exactamente igual a como hace un mes. De hecho, desde esa vez ya no la había despedido con un beso en la mejilla.
-hasta la próxima… - parecía un niño que se acercó a la niña que le gusta para invitarla a comer un helado – que… espero que sea muy pronto… – muestra su resplandeciente sonrisa dejando ver su blanca dentadura.
-quisa…. – dice ella sintiendo de nuevo el calor en sus mejillas que disimula bajando el rostro.
-con un "quisa" me quedo conforme…. – le da otro beso en la misma mejilla, un poco más profundo y largo – perdona…. – otra vez se lleva la mano a la nuca bajando su rostro, sonriendo adorablemente apenado – no era mi intención darte otro beso y que durara tanto – se empieza a alejar caminando de reversa – buenas noches…. – da un pequeño tras pie al no ver por dónde iba – creo que… mejor me fijo por donde camino ¿verdad? – justo ahora si sentía que tenía una autentica expresión de idiota enamorado.
-creo que es lo más recomendable – lo ve con un poco de burla, aunque en cierta manera le parecía lindo
-sí, hasta luego…
Y es hasta que se da la media vuelta y se aleja un poco cuando Soi-Fong se permite colocar su mano en la mejilla donde Satoshi la beso dos veces, dibujándosele un gesto enternecido que delataba lo que se negaba a admitir para sí misma, y era que estaba encantada con aquel descargado y loco musico. Claro que todavía no estaba lista para admitirlo, por lo que trató de regresar a su actitud normal ladeando el rostro de un lado a otro de forma frenética y entrar a su casa con su usual rostro rígido y orgulloso, pero, sintiendo todavía el calor en su rostro que esperaba que pronto se le pasara.
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La situación era bastante tensa entre ellos desde que salieron de la sala al terminar la película, Asami parecía ofendida con él por alguna razón que por más que se quemaba la cabeza y rascaba la nuca no lograba entender que hizo o dijo para que de repente lo tratara con indignación. La invito incluso a tomar un helado a la zona de comida, pero ella apenas y dejo salir un seco "gracias" cuando se lo entregó. Grimmjow dejo salir un frustrado gruñido antes de ponerse de pie e irse a paso pesado a quien sabe dónde, lo que ocasionó que Asami se molestara aún más. ¿se atrevió a dejarla sola? El muy maldito….
Estaba por irse sumamente enfadada a su casa con la firme promesa que ya ni siquiera se dignaría a dirigirle la mirada si se topaban en la escuela, pero entonces, un pequeño peluche de lo que parecía ser un animalito con ojos grandes se posó frente a ella parándola en seco, encontrándose al subir la mirada a Grimmjow que la evadía con el gesto fruncido y levemente sonrojado.
-¿lo vas a querer o no? – pregunta obstinado
-¿de dónde lo sacaste? – cuestiona Asami
-de ahí, fue el primero que salió – señala a unos metros una máquina de peluches – si no lo quieres se lo puedo dar a alguien más en la escuela…. – la tienta, ladeando el muñeco de un lado a otro mientras sonreía mostrando con malicia toda su dentadura ante lo que Asami le arrebata aquel muñeco haciendo un pequeño puchero
-eres un tonto… - de verdad que era frustrante el tratar de comprenderlo, pero más frustrante era el admitir que realmente quería a ese soquete
-y tu una princesa consentida – le regresa, ante lo que los dos se quedan observándose con desafío – pero ya me cobrare todo esto cuando gane la apuesta – asegura con presunción, pero aliviando un poco el momento tenso entre ellos
-ja ni en tus sueños bandolero – sonríe ya asegurando la victoria – es más, vete preparando un uniforme de mayordomo – ordena altiva dándose la media vuelta y caminando orgullosa
-¿y eso para que lo necesitare? – pregunta dándole alcance
-ya que insistes que soy una princesita, el día que gane la apuesta iras de mi sirviente a donde yo quiera – lo mira de reojo, disfrutando el pasmo en la mirada de él peli azul – iras a dos pasos detrás de mí y a lo que yo te ordene tendrás que contestarte "lo que ordene su alteza" y harás una reverencia
Grimmjow ya estaba imaginándose tal escenario, y es que tratándose de Asami no sabía si solo estaba molestándolo o realmente sería capaz de irse a tal extremo. Si, tenía que reconocer que empezaba a sentirse inseguro y que se maldecía a él y su bocotá por haber hecho tal apuesta.
-¿te está comenzando a dar miedo bandolero? – le reta mirándolo de forma desafiante y a la vez casi seductora, haciéndolo tragar saliva
-claro que no, ganare esta apuesta – se cruza de brazos ladeando la mirada en un intento de ocultar el sonrojo que fue en vano, ya que Asami pudo notarlo
Estaba en una encrucijada con aquel rebelde; por un lado, no quería, no estaba dispuesta a darse por vencida con él, pues desde hace mucho tiempo sabía que le gustaba, y eso solo lo confirmo cuando volvió después de cinco años. Aunque, por otro lado, era un tipo muy difícil y frustrante, pero sabía que Grimmjow no le era indiferente pues con la mayoría de la gente, a excepción de Sato y sus demás hermanos, era sumamente huraño, ni siquiera hacia caso de los coqueteos descarados de las chicas de la escuela, a ellas simplemente las ignoraba y pasaba de largo.
Y es un día no lo toleraba, pero en otras ocasiones, tal como hoy, parecía que se llevaban bien, que realmente pese a ser cinco años menor que él eso no importaba, pues entre peleas, provocaciones y roces como los que tenían la mayor parte del tiempo aun Grimmjow de cierta forma brusca y tosca, la buscaba, y ella de nuevo volvía a caer ante ese atractivo bruto.
Quizá esa apuesta, aunque la ganara, la terminaría perdiendo….
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De verdad que no era una lesión grave, le molestaba un poco y cojeaba al caminar, pero no tenía ningún moretón ni hinchazón, aun así, Yuzu la procuro demasiado poniendo su pierna en alto tras vendárselo y le impidió moverse en lo posible dejándola en la sala para poder estar al pendiente de lo que necesitara.
-enserio están exagerando demasiado – sé queja Karin sentada en la sala
-nunca se exagera en una lesión Karin – debate Yuzu con su clásica dulzura – y Asahi no me perdonaría que te dejara moverte
-él también está exagerando – baja la mirada sonriendo un poco abochornada, escuchando después el timbre de la casa
-yo atiendo – se apresura Yuzu, regresando con un invitado frecuente – al parecer lo invocamos – dice divertida Yuzu llegando justo junto a Asahi
-hola, Asahi – saluda Karin asiendo el ademan de levantarse, pero Asahi la detiene sentándose a su lado tomándola del hombro – no esperaba verte otra vez hoy – pero le daba gusto, por ella se hubiese pasado el resto del día con él, pero para mala suerte tuve aquella lesión
-vine a ver como seguías – dice este, mirándola con cariño
-te dije que no fue gran cosa Asahi – rueda los ojos
-está bien – sonríe de forma encantadora, contagiando a Karin haciendo la una expresión similar – también vine a traerte esto…. – le pasa una caja adornada con dibujos de manchas de pintura envuelta en un moño que lo atravesaba un pequeño pincel – es… por el día blanco… - se encoje de hombros en un gesto un poco tímido, pero confiando a la vez
Karin toma con delicadeza la caja, mirando el detalle con el que la adornó. Podría considerarse una chica ruda y con carácter, pero no por eso dejaba de ser una chica que gustaba de ese tipo de detalles.
-gracias, Asahi – le da un rápido beso en la mejilla a este, lo que lo hace bajar la mirada al sentirse un poco abochornado
-oh lo olvide – exclama de la nada Yuzu, sobresaltándolos – tengo que ir a comprar unas cosas para la clase de repostería de mañana – toma su bolsa que estaba en una mesa de la esquina – Asahi, ¿te molestaría quedarte un rato a cuidar de Karin en lo que vuelvo?
-eeemm yo…. – estaba un poco alborotado por el repentino cambio de ambiente
-Yuzu ya te dije que no es grave – debate Karin – quisa Asahi tiene cosas que hacer….
-no, bueno…. Me puedo quedar un rato si no tienes problema…. – no era para nada molestia, al contrario, él también quería pasar más tiempo hoy con Karin
-muchas gracias, Asahi – dice Yuzu rápidamente para no darle oportunidad a su melliza de repelar – no me tardo – sale de la casa a toda prisa, dejando a Asahi y Karin bastantes extrañados por la prisa de la castaña
Ese par de bobos, todo el mundo ya esperaba que se hicieran novios, era obvio que se gustaban mutuamente, aunque no para ellos, pero mejor no presionarlos, aun así, no tenía nada de malo darles leves empujones y oportunidades para que se animaran a expresar lo que sentían el uno por el otro. Solo esperaba que de verdad aprovecharan el que los dejara solos….
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El trayecto al auto fue silencioso, ambos se dedicaban sonrisas soñadoras y miradas de soslayo mientras avanzaban por la ciudad sin rumbo fijo. Era cierto, no les gustaba del todo el hecho de que todo era congestión vehicular, vendedores de flores a costos exagerados y música barata para donde mirasen, sin embargo, no habían quitado el dedo del renglón y habían decidido dar una vuelta más antes de dirigirse al departamento de la chica.
Quién sabía, tal vez si daban el beneficio de la duda, la ciudad les daría una buena sorpresa.
La mano de Katen abandonó la rodilla de Shunsui en un parpadeo, la chica había apagado el radio e inclinado el cuerpo hacia adelante, escuchaba atentamente todos los sonidos de la noche, la vehemencia de los cláxones, las risas de la gente, la música en los cafés y barecitos de la zona, pero ninguno de esos sonidos era lo que ella buscaba con apremio. Kyōraku mantuvo la mirada fija al frente, pero atento por el rabillo del ojo a cualquier cambio o movimiento de su enamorada.
—¿Lo oyes? —cuestionó ella mientras se enderezaba de nuevo, mirando a su alrededor por los reflejos de los cristales.
—¿Qué de todo? —cuestionó entre risas, agudizando el oído ahora que veía a su enamorada más atenta que antes.
—Oh, vamos, no puedes ser así de sordo —se burló ella divertida, reclinándose en su asiento, considerando seriamente haberse equivocado —¿Ya estamos tan viejos?
Sin embargo, el castaño giró hacia la derecha, sonrió encaminando el vehículo...
Y la música se intensificó.
Katen sonrió como una niña pequeña, abriendo los ojos mientras Shunsui le acariciaba una mejilla con aires distraídos.
—Por favor dime que estás estacionando —pidió ella —, ¿podemos ir a ver? Vamos.
—Lo que me pidas, mi amor —murmuró distraído el castaño mientras estacionaba.
Katen sonrió pasando saliva con dificultad, bajando la mirada con un aire nervioso mientras Shunsui desviaba la mirada, sonriendo con aires distraídos.
—¿Me acabas de llamar amor? —cuestionó Katen volviendo la mirada y haciendo a Shunsui reír distraído.
—Te acabo de llamar amor —soltó con una sonrisa pícara mientras dedicaba una mirada abrasadora a su novia, haciéndola sonreír con ganas, pero pasar saliva con dificultad. Shunsui le tomó una mano para besarle los nudillos y murmurar con voz contenida —, no te bajes del vehículo, por favor.
—Quietecita —respondió con un hilo de voz, sonriendo radiante mientras veía a su novio darle la vuelta al auto para abrirle la puerta y ofrecerle el brazo para caminar por la noche.
Un concierto, eso era lo que Katen había escuchado en la ciudad, pero no cualquier concierto, la música era cadenciosa, lenta, seductora, danzones tocados en vivo mientras la gente se aglomeraba frente a los escenarios dispuestos en la plaza, y Katen se asió aún más al brazo de su novio, acercando sus cuerpos y agradeciendo el hecho de que aquel hombre apretara el brazo al costado para llevarla más cerca todavía mientras se disponían a disfrutar de la música y dejarse envolver por el ritmo de aquel concierto.
(Maldita vecindad y Los hijos del quinto patio – Kumbala)
La música era embriagadora, montones de personas se bamboleaban de un lado al otro, arrastrando un poco los pies mientras los acordes melódicos de aquella canción se adueñaban de sus sentidos, sumiéndolos más y más en aquella sensación de suavidad que parecía cubrir la ciudad esa noche.
Ya lo había pensado suficiente en el rato que tenían disfrutando de la música, Shunsui no tardó en soltarse del agarre de Katen y plantarse frente a ella, ajustándose el sombrero y sonriendo galante mientras hacía una reverencia leve. Las mejillas de aquella mujer se sonrojaron antes de mostrar una sonrisa amable y aceptar el agarre.
Doce tiempos, once pasos, una pausa antes de volver a empezar. Los paseos y los adornos.
Otras parejas pronto dejaron su danza al percatarse de los gestos histriónicos de aquel par que recién se incorporaba al espacio de baile. Había técnica en sus pasos, poca, pero había. Sin embargo, no era la perfección en la ejecución de aquella pareja lo que tenía a la gente fascinada, sino la infinita devoción con la que se miraban mientras abría sus pasos y Shunsui movía a Katen a su alrededor, como si la presumiera para que todos los presentes pudieran admirar su belleza.
Shunsui cerró una mano sobre la cintura de Katen en la siguiente evolución musical, sosteniéndola cerca, y aunque aquel pretendía ser un contacto respetuoso, sus movimientos lascivos al momento de sostenerla eran abrasadores al grado de conseguir que la gente pasara saliva mientras el cerraba uno a uno los dedos sobre la curvatura natural de aquella dama.
Katen sonrió en respuesta, mirando a Kyōraku con tanta intensidad que el castaño tuvo que pasar saliva para aliviar un poco la tensión. ¿Era él o hacía tanto calor?
El pie de Shunsui encontró un sitio entre los tacones de Katen, empujando ligeramente pata hacerla dar un paso de lado, y ella ensanchó su sonrisa mientras separaba las rodillas y acompañan a el vaivén con un suspiro enamorado.
El ritmo del danzón era complicado cuando se bailaba por primera vez, pero ambos eran músicos, y, además, ella pondría sin dudar su vida en manos de aquel hombre dulce y tranquilo sin dudarlo.
Con los cambios de la música vinieron otros cambios en los pasos, Shunsui aprovecho la velocidad de aquella pieza para girar muy abrazado al cuerpo de su enamorada antes de volver a abrir su postura, rotando en su sitio para que Katen caminara a su alrededor marcando todavía el uno, dos, un dos tres mientras extendía la mano libre con elegante coqueteo.
De haber sabido que terminarían bailando danzones en alguna plaza de la ciudad, Katen Kyōkotsu habría cargado con su abanico y así poder coquetearle a la audiencia como lo exigía la pieza, tuvo que contentarse con los movimientos de su mano, que igualmente arrancó suspiros a los presentes.
Y cuando Shunsui volvió a atraerla hacia sí para besarle la mejilla, ella se asió al cuello de su enamorado y murmuró: —sácame de aquí.
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El plan era llegar a casa a hurtadillas, seguro de que cada hermano estaría en su habitación, en el quinto sueño... Sí, claro, todos, salvo Takeshi, que estaba acostado en su cama con las piernas cruzadas y los brazos bajo la cabeza.
Haruki soltó un grito cuando encendió la luz y vio a Takeshi levantarse a toda velocidad.
—¡Bendita la hora! —exclamó Takeshi con sarcasmo mientras Haru recuperaba un poco el aire.
—Y Benditos los ojos —respondió ofuscado el violinista antes de lanzar su mochila al costado y adelantarse hacia los cajones en busca de algo más cómodo para dormir.
—Tardaste mucho hoy, ¿no crees?, ¿no merecíamos un mensaje?
—Le escribí a Sato que saldría a dar la vuelta.
—Debiste ponerlo en el grupo, Sato también fue a dar la vuelta y viene colgando del cielo.
Haruki suspiró sonriendo antes de mirar a su hermano de reojo y asentir.
—Hoy todos colgamos del cielo —afirmó el menor mientras tomaba su toalla y se encaminaba al baño —, ¿seguirá el sermón? Para dejar la puerta abierta.
—Báñate tranquilo —soltó Takeshi rodando los ojos con una sonrisa, aliviado al tener a todos sus hermanos al fin en casa, sanos y salvos —, calentaré la cena para ti.
—Comí algo —afirmó el violinista —, pero si no has cenado te acompaño con algo.
—Ya cené —murmuró Takeshi resignado, en medio de un suspiro mientras comenzaba a considerar que su hermano era contagioso —, no desaparezcas así.
—No lo haré —prometió el muchacho antes de meterse bajo el chorro helado de agua y sentir que volvía a la vida.
Se había reportado con Nanao en cuanto había dejado la bicicleta en el garaje, antes de entrar a la casa, con quien no se había reportado era con Hana, quien rápidamente le respondió con un audio.
—¿Qué tal estuvo tu cita con Nanao? Cuéntamelo todo.
—Nanao y yo no estuvimos de cita, Hana—texteó a toda prisa con el entrecejo fruncido —, solo fuimos de paseo al museo.
Y él audio en respuesta no se hizo esperar, la voz cantaría de su prima lleno los audífonos con su entusiasmo.
—Ah, yo tampoco estuve de cita con Jugram, solo nos tomamos unas malteadas antes de ir a comprar flores para mi canasta, pero por mayoría de votos, y pregúntale a Asami si quieres, pasar más de dos horas de paseo con alguien que te gusta, estando sólo ustedes dos, es una cita.
Pasmado, durante largos segundos no supo cómo responder ante aquellas palabras, se quedó contemplando la conversación con Hanako para ver si encontraba alguna respuesta distinta.
No la había.
—¿Por qué todo el mundo insiste en que fue una cita? —cuestionó Haruki en medio de un suspiro, esperando el audio de respuesta
—¡Duh! Porque lo fue, y todos te dirán lo mismo, te lo apuesto
Haruki suspiró dejándose caer en la cama y sonriéndole a la selfie que Hanako tenía puesta en su perfil de whatsapp, una sonrisa radiante, una coleta alta, un vestido halter de bolitas blancas y un muchacho rubio al fondo, vistiendo una camisa blanca, un blazer color camello, bebiendo de una malteada con aires distraídos. Seguramente Hanako ni siquiera le había advertido que haría la fotografía.
—Y tu cita con Jugram ¿qué tal?
Si la respuesta tardó en llegar fue sólo porque la patinadora se tardó grabando aquel audio, haciendo a su primo sonreír con ganas.
—Bueno, Jugram es un caballero en el hielo y en el asfalto, es serio y misterioso, amable con casi todo el mundo, pero distante, muy distante. A veces siento que me deja ver a través de él porque quiere que yo sepa, pero creo que podría ocultarse incluso de mí. Fuimos por malteadas, caminamos por la ciudad tomados de la mano, nos hicimos selfies y luego me dijo algo en su lengua natal, pero no supe traducirlo. Si crees que preguntándome por mi cita harás que me olvide de la tuya, estás loco. ¿Cómo te fue con Nanao?
¿Cómo?
Fácil. Muy fácil.
—Estoy enamorado de Nanao, Hanako —musitó en un audio, con voz somnolienta mientras el sueño lo iba venciendo poco a poco —, y hoy descubrí que es una chica divertida, sensible, atrevida cuando se necesita, ¡Dios! Sólo estoy cayendo más y más, y más profundo. Estoy perdido. Pero... —musitó al final con una sonrisa radiante —, pero me encanta esto que estoy sintiendo, es como si viviera por primera vez.
—Ya vete a dormir —respondió rápidamente la chica mientras ocultaba su sonrisa tras una mano —, o mañana amanecerás delirando.
—Ya deliro, Hanako, ya deliro. Descansa.
—Te quiero…
Y cerro los ojos, tratando de conciliar el sueño. Muy probablemente tardaría un poco, estaba demasiado feliz para poder caer enseguida a los brazos de Morfeo.
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ATENCION: el siguiente fragmento es clasificación M, si no te gusta este tipo de contenidos acaba aquí la lectura….
El nerviosismo se apoderó de ellos en el trayecto a casa de la cantante, miradas de soslayo, sonrisas nerviosas, risitas por lo bajo mientras se tomaban las manos y dudaban sobre aventurar una caricia cadenciosa que insinuara una invitación.
No, cuando el auto se detuvo frente al hogar de Katen, Shunsui sintió la garganta seca y cualquier intento de coqueteo murió antes siquiera de nacer.
Bajó, abrió la puerta de su enamorada y la siguió hasta la entrada del departamento como un alma cautiva del hechizo de aquella bruja antigua y poderosa.
—¿Cuánto tiempo más seguiremos pretendiendo que no morimos por esto? —murmuró Katen con voz felina y seductora, consiguiendo que se le secara aún más (si es que eso era posible) la boca a Shunsui, haciéndole imposible pasar saliva para tratar de encontrar calma. Y la cantante remató dándole la espalda a su novio, dirigiéndose hacia la entrada de su departamento y mirándole sobre el hombro al añadir —Después de todo, ya no somos unos niños... ¿Quieres pasar?
—Sabes la respuesta, amor —respondió con voz ronca mientras ella reía suavemente —, sólo quiero que estemos listos ambos —confesó al final, consiguiendo que Katen suspirara con el corazón lleno.
—Hagamos esto —sugirió ella con una sonrisa dulce, pero sin atreverse a mirarlo —, voy a entrar a mi departamento y dejaré la puerta abierta, tú te encargarás de cerrarla. Puedes pasar o puedes quedarte fuera, y, cualquiera que sea tu decisión —añadió al final a manera de promesa, sonriéndole de reojo mientras acariciaba el marco de la puerta como una invitación —, no hay manera de que me enoje contigo, amor.
Shunsui cerró los ojos, soltando el aire que había estado conteniendo hasta ese momento, sintiendo que un escalofrío lo recorría de pies a cabeza al escucharla llamarle así.
Y dicho y hecho, Katen atravesó el umbral encendiendo las luces a su paso y consiguiendo que el corazón se le acelerara al castaño.
Katen dentro del departamento había sacado una botella antes de dejar su haori colgado en el respaldo de una silla, y sonrió con ganas al escuchar cerrarse la puerta mientras ponía hielo en dos vasos y servía whiskey mientras su sonrisa se ensanchaba.
El saco de Shunsui aterrizo sobre el haori de su enamorada y el castaño hizo por dejar el sombrero en la barra, sonriendo divertido al ver a su novia levantar un vaso hacia él, un ofrecimiento que aceptó gustoso antes de acercarse a besar la mejilla de la cantante, su pómulo, la punta de su nariz, los labios...
—¿Cómo sabías que entraría? —murmuró Shunsui con los labios contra la barbilla de Katen mientras ella soltaba algunas risas por lo bajo, sintiendo que él le hacía cosquillas con su insípida barba.
—Tengo una fe ciega en ti —respondió a media voz mientras el brazo libre de Shunsui le apresaba la cintura con fuerzas, atrayéndola cerca y obligándola a ahogar un grito por la sorpresa antes de romper en carcajadas, sintiendo los labios del castaño encontrando un sito contra su cuello —, de verdad no puedo ser la única que quiera esto.
(Reconsider baby – Joe Bonamassa)
—¿Quién dijo que lo eras? —refutó el castaño antes de morder ligeramente el cuello de la cantante, haciéndola jadear por aquel gesto que disparó oleadas de placer a todo su cuerpo.
Hablaban a media voz, un sonido quedo y seductor por el temor de romper con la cadencia del momento, la voz de Shunsui sonaba ronca por la excitación mientras que las pocas palabras que Katen emitió fueron como terciopelo sobre la piel desnuda, ¿se podía estar más cerca del cielo todavía?
Y la respuesta llegó a ellos cuando Shunsui dobló un poco las rodillas y sus manos recorrieron la piel desnuda en los muslos de Katen hasta encontrar el borde de su falda.
—Yare, yare, ¿qué tengo aquí? —dijo divertido al deslizar un poco la tela y encontrarse con el encaje suave de un liguero.
Cuando el castaño levantó los ojos en busca de la mirada de su enamorada, se encontró con los ojos oscurecidos por el placer, un gesto felino y seductor mientras ella se llevaba el vaso a los labios y se llenaba la boca de whiskey.
Y aunque Kyouraku habría esperado verla pasar ese trago antes de escuchar una respuesta inteligente y sagaz, la mano de aquella cantante se le enredó en los cabellos y tiró hacia sí antes de tomar posesión de su boca, vertiendo aquel líquido entre los labios del saxofonista y consiguiendo que una fina hebra de alcohol resbalara por el costado de sus bocas.
Gimió.
Kyouraku gimió ante aquel gesto erótico que le dedicó su musa y, en un movimiento arrebatado y pasional, arremangó el vestido de aquella mujer para abrir sus piernas hasta cargar con su peso y sentarla sobre la barra.
—Katen Kyoukotsu ¿qué me haces? —gruñó Shunsui mientras la cantante le abrazaba las caderas con las piernas, presionándole hacia sí y riendo por lo bajo —me tienes preso de tu hechizo —añadió mientras empujaba sus caderas con fuerza, al encuentro del cuerpo de su amante y gimiendo por lo bajo por las oleadas de placer que aquel roce lascivo les brindó a ambos —. Una parte de mí quiere descubrir tu cuerpo milímetro a milímetro —murmuró contra el cuello de ella mientas la mano de Katen se deshacía de la liga de su cabello y enterraba sus dedos masajeando la cabeza del castaño, dándole una nueva sensación de satisfacción y calma —, y otra parte de mí exige que te tome en este instante.
—Tenemos una vida para descubrirnos —soltó ella jadeante mientras Shunsui volvía a empujar contra su cuerpo, haciéndola gemir por lo bajo —, ¿Qué esperas para hacerme tuya?
No, no hubo respuesta, al ver los ojos oscurecidos del hombre al que adoraba, ella se llevó otro trago de aquel líquido ambarino a la boca antes de tomar posesión de los labios de su amante y hacerle gemir contra su boca, presos ambos de la vorágine que amenazaba con consumir lo que quedaba de cordura mientras sus caderas volvían al encuentro y presionaban con fuerza.
La mano de Katen se enredó entre los cabellos de su novio, no dudó antes de tirar con fuerzas y hacerle reír contra sus labios, un instante antes de profundizar aquel beso apasionado que cargaba todo el deseo que desbordaban el uno por el otro.
Katen sintió la lengua de Shunsui abrirse paso entre sus labios y ella abrió la boca con pleitesía, recibiéndole gustosa mientras una mano de aquel hombre rodeaba su muslo y comenzaba a subir entre sus piernas hasta encontrarse con la tela humedecida, masajeando aquella zona erótica y obligándola a echar hacia atrás la cabeza, gimiendo con fuerzas.
—¿Qué me haces? —repitió el saxofonista antes de llevar sus manos a los glúteos de la cantante y aferrarse a ella mientras la levantaba en peso, avanzando hacia la habitación mientras ella volvía la atención de su boca contra el lóbulo del castaño, donde antes había una arracada que ella había amenazado con arrancarle con los dientes.
Escalofríos recorrieron el cuerpo de aquel hombre mientras la cantante seguía paseando su lengua contra la piel de su oreja, mordiéndole entre los colmillos antes de volver a los lengüetazos y succionar aquel pedacito de carne y de piel, aquel que siempre había sido su punto débil y que ella había descubierto años atrás en el más inocente de los accidentes al despedirse con un beso y conseguir arrancarle un escalofrío, un jadeo, y la pista de un gemido.
—Lo mismo que tú a mí —respondió ella soltando el agarre de sus piernas y deslizándose hacia el suelo, empujando a Shunsui hasta hacerle sentarse en la cama.
Y aunque el castaño habría esperado sentir la presión de las manos de su enamorada hasta hacerle caer en la cama, le sorprendió muchísimo verla darle la espalda y dirigirse de nuevo hacia la puerta.
—Amor —llamó temeroso mientras ella le sonreía sobre el hombro y encendía las luces.
—Esto no me lo quiero perder —murmuró ella antes de relamerse los labios y hacer a Kyouraku pasar saliva con dificultad.
La cantante sonrió reacomodándose la falda mientras sus caderas trazaban un camino circular, moviéndose de un lado al otro con gestos hipnóticos que tenían cautiva la mirada de Shunsui, Katen sonrió haciendo un gesto con la mano, como si invitara a su enamorado a levantar la mirada.
¿Cómo resistirse a esa invitación?
Las manos de la cantante se habían posicionado sobre los botones de su escote, el vestido tenía botones por toda la parte del frente que lo mantenían cerrado, así que Shunsui pasó saliva con dificultad al ver a su musa bailar con sensualidad mientras sus manos soltaban uno a uno los botones, lentamente, muy lentamente hasta dejar al descubierto su busto, los senos ocultos bajo el encaje violeta del bustier que dejaba muy poco a la imaginación.
La cantante hizo un puchero y enarcó una ceja, como un reclamo que Shunsui entendió a la perfección, deshaciéndose del chaleco y desabotonando su camisa mientras ella sonreía complacida, soltando algunos otros botones hasta dejar la piel de su abdomen al descubierto y conseguir que Shunsui pasara saliva.
Katen le dio la espalda a Shunsui mientras se agachaba provocativa, revelando la tela de sus braguitas al tirar hacia arriba del vestido y terminar de desabrocharlo, Shunsui ni siquiera hizo por disimular, se reclinó hacia atrás, hacia los codos, para poder tener una mejor vista de aquel espectáculo que su musa ofrecía antes de enderezarse, abriendo el vestido, descubriendo sus hombros, moviendo las caderas ida y vuelta hasta hacerle arder en deseo.
La tela llegó hasta el suelo y Shunsui jadeó con fuerza al ver la espalda de su musa. El encaje violeta cerrado contra su columna, la manera en que la ropa interior se había hundido levemente entre sus glúteos, los ligueros que mantenían las medias en su sitio mientras ella se bajaba de los tacones y se soltaba el cabello antes de encararlo bajando las manos, acariciando su propio cuello, paseando por las crestas de sus senos hasta su cintura y luego ponerle las manos en los hombros para empujarlo hacia la cama, haciéndolo retroceder y poniéndose a gatas sobre su cuerpo.
Katen se sentó sobre la cadera de Shunsui con una sonrisa felina y él no dudó un segundo antes de llevar las manos hasta los broches en la espalda de aquella cantante, liberando la tela y arrancando en un movimiento certero el encaje para dejar a la vista el cuerpo desnudo de aquella mujer.
Si ese encuentro hubiese ocurrido durante la adolescencia, seguramente todo habría sido caricias dulces, miradas nerviosas, risas por lo bajo mientras se preguntaban cómo proceder, actos nerviosos e inocentes puesto que no tenían idea de cómo brindarle al otro todo aquello que querían reclamar para sí mismos. No en ese momento, no ahora que tenían tanto tiempo deseando esa velada, no ahora que la niña insegura que ocultaba su cuerpo había desaparecido, dejando en su lugar a aquella mujer que sonreía lasciva mientras las manos de su enamorado le sujetaban con fuerza los senos y ella se erguía orgullosa de su figura. No ahora que el adolescente frustrado y violento había dejado paso al hombre sereno que no se había medido antes de tomar la espalda de Katen hasta ponerla bajo su cuerpo y poder pasear su lengua entre los pechos de aquella dama, haciéndole gritar por el escalofrío que la invadió en el momento en que él decidió introducir su mano en la ropa interior de ella y buscar los puntos más eróticos.
—¡Te necesito! —exclamó ella en medio de un jadeo cuando la lengua de Shunsui le acarició el ombligo y las manos de él la despojaron de la ropa que aún conservaba.
Katen jadeó al verlo quitarse la camisa, se recorrió en la cama conforme él fue gateando sobre ella y gimió gustosa mientras sentía cómo Shunsui se adentraba lentamente en su cuerpo, también desnudo ahora que había atendido a la súplica de su enamorada.
Le acarició las piernas con los dedos de los pies antes de abrazarse a sus caderas y tirar de él, Shunsui también gimió por lo bajo mientras se enterraba profundo, penetrando el cuerpo de su amante y besándole el cuello con apremio, con la espalda arqueada para poder seguirle masajeando los senos y deleitándose en la suavidad de su piel, pellizcándole y acariciándole como tantas veces fantaseó en su adolescencia. Si se retiró un momento fue sólo para degustar la desnudez de su amante, deleitarse la mirada en las curvas de sus pechos, en la firmeza de su abdomen, y, al mismo tiempo, dándole a ella la oportunidad de hacer lo mismo sin dejar de empujar las caderas al encuentro del otro.
Las manos de Katen encontraron un sitio en el pecho de Shunsui, acariciándole los pectorales, el abdomen, percatándose de la musculatura firme al paso de los años, del cuerpo trabajado, del bello en su piel (Dios, ¡cómo amaba eso en él!), el tono canela que hacía contraste con su blancura inmaculada, la imagen viril de aquel caballero mientras movía las caderas ida y vuelta arrancándole más y más jadeos de placer, escalofríos que alimentaban la lujuria en ambos obligándoles a exigir más.
Shunsui se recargó en un codo sobre la cabeza de Katen, usando la mano libre para levantarle la cintura y abrazarla por la espalda baja. Las uñas de ella le arañaron la piel de la espalda y se dirigieron hacia los glúteos de él, arañándole suavemente y haciéndole gemir ante aquella nueva sensación. Empujando ambos, mirándose a los ojos antes de consumar en un beso todo el deseo que se había acumulado con el paso de los años, alcanzando el punto máximo de placer mientras se corrían en el cuerpo del otro sin atreverse a romper el beso y, al mismo tiempo, gimiendo el nombre de su amante contra la boca del otro.
Katen le mordió la lengua, Shunsui, empujó de nuevo, y ambos se dejaron ir en esa espiral ascendente hasta perder la consciencia en el deseo, el sabor y el perfume del otro.
Los cabellos desperdigados por la almohada, la lluvia repiqueteando contra la ventana, la espalda de Katen pegada al pecho de Shunsui mientras él metía una rodilla entre las piernas de ella. Sus cabellos mojados luego de ducharse juntos y prepararse para un segundo encuentro, pero ahora la calma había llegado a la habitación mientras el cielo cambiaba de tonos hasta convertirse en un gris oscuro y sombrío que a ellos les parecía precioso.
Shunsui tenía la cabeza recargada sobre su brazo mientras que la mano libre la deslizaba trazando círculos sobre el abdomen de su enamorada y ella le sonreía, acariciándole la piel del costado, de la cadera, de las piernas, lo que alcanzaba a tocar sin comprometer la comodidad de aquel estado.
—Te amo —murmuró Shunsui contra el oído de Katen, haciéndola jadear por la sorpresa antes de encararlo con los ojos anegados.
—¿Qué dijiste?
—Que te amo, Katen Kyoukotsu, eso dije —afirmó Shunsui antes de tomar el rostro de su enamorada y atraerlo hacia sí, besándola con infinita ternura mientras ella sonreía y le abrazaba el cuello con dificultad.
Y mientras aquel par se fundía en ese abrazo dulce, mientras el cielo se despejaba trayendo los primeros rayos del sol de la mañana, aquel beso funcionaría como premisa de un futuro juntos, la promesa de un "felices para siempre" que había parecido imposible pero que, ahora, estaba al alcance de la mano.
