Como se dio a esperar este capítulo que prácticamente ya estaba listo desde hace mucho tiempo, pero pues debían pasar varias cosas antes de que se publicara oficialmente, pero al fin ya está, por fin ya se ha podido publicar….
Allegretto
Ukitake analizaba a profundidad los rostros de Haruki y Satoshi. Si bien era cierto que ese par era de sus estudiantes más talentosos, también podían llegar a ser los más escandalosos cuando se trataba de tratar de convencerle de algo, aferrándose con firmeza a sus ideales hasta conseguir su cometido.
Dios, se parecían tanto a su sensei...
La idea de hacer un festival por el cambio de estación no era tan extraña, y las propuestas de los muchachos no eran tan descabelladas. Podía hacerse, por supuesto que podía hacerse, y podrían conseguir montar el mejor espectáculo que hubiesen tenido hasta ahora, involucrar a todas las disciplinas y artes del instituto y...
¿De verdad ya lo estaba considerando?
Negó con la cabeza antes de mirar a sus estudiantes con el entrecejo fruncido y respirar profundo, organizando sus ideas.
—¿Demostraciones musicales? —cuestionó Ukitake tratando de asegurarse haber comprendido las peticiones —¿Pesca de peces? ¿Fuegos artificiales?
—Y exposiciones de pintura y fotografía —añadió Sato con una sonrisa radiante pensando en Asahi y Karin.
—De todos modos, habrá festivales en toda la ciudad —comentó Haru mientras se recargaba en el hombro de Sato, adoptando ambos una actitud desgarbada —, en la escuela contamos con los recursos para organizar el propio. Podemos contactar con gente que traiga sus puestos y disponerlos por los patios principales y los jardines más bonitos.
—Además, se suspendieron las clases desde el viernes para que los estudiantes puedan ir a los festivales —complementó Sato moviendo las manos, acompañando su discurso —, entonces, podríamos hacer actividades ese día y hasta la madrugada, el sábado hacemos el picnic tradicional luego de las actividades en la madrugada.
—Los estudiantes de último grado dicen que hay luciérnagas en los jardines de las aulas ampliadas desde que instalaron los estanques de koi —reprochó Haru avanzando medio paso hacia su sensei.
—Esa podría ser otra actividad, atrapar luciérnagas en frascos.
—Pero —trató de refutar Ukitake, consiguiendo que ambos estudiantes avanzaran un paso más, haciéndole estirar el cuello por la sorpresa.
—Podemos aprovechar para organizar un fin de semana de demostraciones —exclamó el menor de los hermanos con tal entusiasmo, que Ukitake no pudo evitar sonreír.
—¿Demostraciones?
—Sólo visualiza esto, sensei —pidió Haruki mientras Sato sonreía socarrón —, Senbonzakura interpretada por los nietos de Yamamoto Genryūsai, en el jardín principal bajo los cerezos en flor al anochecer.
—¿Sabes la cantidad de interesados que eso podría atraer a la escuela? —exclamó Sato alzando las manos sobre la cabeza —Eres tú el que dice que somos los mejores representantes del colegio.
—¿Qué opina el consejo estudiantil?
—Sato se encargará de Nell —prometió Haruki divertido.
—La presidenta estará encantada de hacer el festival, créeme.
Ukitake suspiró sonriendo de medio lado, recargándose en su escritorio mientras los hermanos respiraban, más tranquilos ante la sonrisa de su mentor.
—¿Evento abierto?
—Sato quiere invitar a su novia imaginaria —dijo Haruki a traición, consiguiendo que su hermano le dedicara un reclamo y amenazara con golpearle la nuca —, no, ya en serio. Charlamos al respecto y creemos que esto podría aumentar los ingresos del próximo ciclo —Haruki adoptó una postura diplomática, consiguiendo que Sato sonriera orgulloso de su hermano —. Como estudiantes de Atsudoragon estamos interesados en que el mundo conozca el verdadero potencial de su gente, y creemos que es una buena manera en la que podríamos seguir honrando el legado de nuestro abuelo para la música y el mundo. Además...
Ambos muchachos suspiraron antes de intercambiar una mirada y una sonrisa de resignación.
—El año pasado no se organizó nada —murmuró Sato dando un paso hacia Ukitake —, sabemos que muchos de nuestros compañeros están emocionados por los festivales, muchos están buscando ya sus kimonos y yukatas, no vemos mal un incentivo para motivarlos a dar todo de sí, y sería una buena excusa para hacer una reunión de exalumnos. Muchos estarían felices de poder tocar ante un público por primera vez como egresados.
—Muy bien, muchachos, escuché sus súplicas.
—Fueron argumentos —defendió Haruki ofendido.
—Charlaré con los profesores para ver qué opinan al respecto, y los pondré al tanto en cuanto lleguemos a algo.
Haruki y Satoshi intercambiaron una sonrisa radiante antes de mirar al director. Aquello casi era un sí seguro, así que ambos asintieron, chocando palmas antes de hacer una reverencia para Ukitake y retirarse a toda prisa, dejando al peliblanco con un suspiro de resignación.
No pudo evitar levantar la mirada hacia la pared del fondo, donde estaba puesta la fotografía del viejo Yamamoto.
—Cómo quisiera que vieras en lo que se convirtieron. Se parecen tanto a ti, sensei...
….
Convencer a Nell fue la cosa más sencilla de toda la planeación, contactar a la gente para poner los puestos dentro de la escuela fue la parte más tardada, pero lograron tenerlo todo a tiempo y pudieron desentenderse del resto cuando el consejo tomó las riendas.
Haruki cedió el control de aquella planeación encantado de la vida, sabiendo que no quería meterse en tantos apuros y conociendo perfectamente a los mandos de la escuela, demasiado ávidos de aplausos, capaces de adjudicarse aquellas victorias y, por ende, aquellas responsabilidades.
Ahora caía el atardecer, las luces naranjas iluminaban los pasillos de la escuela, Haruki avanzaba divertido entre los puestos mientras se acomodaba el cabello, atado en un chongo desorganizado, sujeto por una de las batutas que Takeshi tenía en el salón de música en casa, antes de ceñirse la máscara kitsune al costado de la cabeza. Sonrió saludando a su paso, ajustando mejor el cuello de su yukata mientras buscaba con la mirada. Era obvio que la razón por la que se había desentendido de Sato en cuanto había llegado al festival era para poder buscar a Nanao por su cuenta. Si podía verla en la distancia y tratar de hacerle un retrato usando kimono, sería más que suficiente para que él se fuera a dormir con una sonrisa radiante en los labios, pero luego de media hora de búsqueda había comenzado a creer que no la encontraría esa noche.
Bien la señorita podría haber ido a otro lado a disfrutar del festival, así que suspiró cuando Shūhei y Renji lo alcanzaron en el pasillo.
—¡Te ves bien! —exclamó el moreno pasando un brazo sobre los hombros de su amigo, haciéndole reír con ganas —¿No es el kimono que usaste en tu recital?
—Yukata —puntualizó divertido el violinista, soltándose y adelantando unos pasos para modelar para sus amigos —, se llama Yukata. YU-KA-TA.
En efecto, Haruki iba envuelto en las mismas telas con degradados negros a blancos, con el árbol de sakura sobre los hombros, la diferencia radicaba en que ahora llevaba un abanico con una media luna encajado en el obi mientras modelaba para sus amigos, sonriendo socarrón ante las burlas y aplausos de aquel par.
—Nada mal, amor mío —soltó Yumichika llegando hasta ellos con una sonrisa radiante, ofreciéndole una mano al violinista.
Haru soltó una risa nerviosa antes de aceptar la mano de su amigo, creyendo que tendría oportunidad de hacerle girar, pero fue el pelinegro el que tiró de sus manos hacia arriba, logrando que Haruki diera una vuelta sobre sí mismo y su peinado se deshiciera.
Renji soltó un chiflido que hizo a Haruki sonrojarse antes de que se reacomodara el peinado y mirara a Ikkaku acercarse a ellos.
—¿Han visto a mis hermanos? —cuestionó el violinista al ver la forma posesiva en la que Madarame cerró el brazo en torno a los hombros de Yumichika y le sonrió divertido a sus amigos.
—Sí, Asahi está quedando en ridículo con Ichigo en los juegos de tiro al blanco —soltó Ikkaku señalando con el pulgar sobre su hombro.
—¿En ridículo? —murmuró Haruki divertido, siguiendo a sus amigos mientras se dirigían hacia el puesto en cuestión.
Asahi tenía al costado varios premios ganados, peluches, dulces, chocolates, pero ahora él e Ichigo estaban de pie lado a lado, sosteniendo sus rifles con apremio mientras la dueña del puesto se retiraba amablemente, dejándoles el espacio disponible para iniciar a jugar.
Karin suspiró cuando comenzaron los disparos, sintiendo cierto grado de pena ajena al ver a aquel par de hombres peleando con tanto énfasis en un puesto de feria.
—Buenas noches —saludó Haruki divertido, llegando hasta la pelinegra y haciendo una reverencia.
La chica levantó la mirada en su dirección y sonrió con ganas. Ya había visto al violinista usar aquel atuendo antes, así que no se dejó sorprender cuando el muchacho se puso los lentes para saludarle, pero él sí que sonrió con ganas al ver a la chica envuelta pulcramente en aquel kimono gris claro lleno de flores lilas y listones negros y blancos, el cabello recogido en media coleta y sujeto por un kanzashi de papel en la parte alta de su peinado. El escote no se pronunciaba mucho ya que la chica llevaba sus haori bien atados, pero eso no evitaba que el atuendo delineara su figura con sutileza, dándole un aire femenino y estilizado.
—Luces encantadora esta noche —dijo Haruki tomando su mano para besarle los nudillos, ganándose una mirada de reproche por parte de Asahi y de Ichigo.
No, ambos muchachos intercambiaron una mirada de desprecio antes de volver a los disparos y pagar su tercera ronda.
—Gracias, también tú te ves muy bien.
—¡A que tengo el mejor novio! —exclamó Yumichika colgándose de los hombros de Haruki mientras le abrazaba por la espalda, arrancándole una carcajada al violinista y consiguiendo más burlas por parte de Shūhei, Renji e Ikkaku.
—El más guapo de todos —concedió Karin divertida, ganándose otra mirada por parte de Asahi, un reclamo silente antes de que el muchacho pusiera un nuevo puñado de monedas sobre la mesa, apenas unos segundos antes que Ichigo.
—¿Cómo terminaste en esta situación? —cuestionó Haruki divertido, mirando a su hermano menor de reojo antes de cambiar su atención a Karin.
La pelinegra suspiró, volviendo el rostro hacia los muchachos que ahora trataban de tirar un par de leones de peluche para poder obsequiarlos a la chica.
—Me encontré a Asahi en el puesto —confesó la chica, resignada —, Ichi-nii y yo acabábamos de ayudar a Rukia-San a instalar el puesto ambulante de café junto a los cerezos para verlos tocar y atender al mismo tiempo.
—¿La capitana confirmó? —soltó Haruki divertido, levantando la mirada en dirección a Shūhei y Renji.
—Sí —apuntó el pelirrojo —, pero dijo que disfrutáramos del festival.
—Prometió llamar si nos necesitaba —complementó el moreno, divertido.
—Debe estarse preguntando dónde está Ichi-nii —murmuró Karin divertida —. Tu hermano ya se había ganado medio puesto cuando llegamos.
—No llevaba tantos premios —defendió Asahi fallando otro tiro.
—Ichi-nii vio que me gustó ese león y dijo que sería capaz de ganarlo para mí antes que tu hermano.
—Ambos son buenos en estas cosas —soltó Haruki divertido —¿Qué pasó?
Karin se encogió de hombros.
—¡Eso es obvio! —exclamó Sato llegando hasta ellos, caminando desenfadado con ambas manos en la nuca y una sonrisa socarrona y radiante —El bodo está tan enamorado que no puede conseguir un premio para su amada, y el cuñado lo ciegan los celos de hermano mayor.
Sato ahogo dos gruñidos de dolor al recibir los disparos contra su vientre y ver a Ichigo y Asahi mirarle con reproche.
—Retráctate —ordenó Ichigo molesto.
—¿De qué parte? —inquirió Sato adolorido.
—¡De todas las partes! —exclamaron Ichigo y Asahi al unísono, apuntándole con las marcadoras.
—¡Oi! —gritó la encargada del puesto parada en jarras, mirando a los muchachos con un aire amenazante, creciendo conforme aquellos dos se encogían en su sitio —Las reglas son claras, no se apunta a los civiles.
No tuvieron otra opción más que entregar las armas y retirarse, no sin que Asahi echará en la mochila los dulces que había ganado y regresará todos los muñecos, defraudado por su falla.
—No estés triste —soltó Karin divertida, tomando el brazo de Asahi y tirando de él para caminar por la feria —, seguro encontraremos algo que hacer.
—¡Karin! —exclamó Ichigo mirando a su hermana alejarse de ellos con descaro —Tú y yo tenemos que ir con Rukia.
—No, tú tienes que ir con Rukia —exclamó la pelinegra con una sonrisa radiante —, yo tengo permiso de andar libremente por la feria y ofrecí mi ayuda para cuando el puesto estuviera montado.
—Hace un momento no decías lo mismo —apuntó Haruki divertido mientras Yumichika se recargaba en su hombro.
—Nos vemos más tarde —dijo la pelinegra con voz potente, ignorando a los mayores por completo y consiguiendo que Asahi se sonrojara cuando ella le tomó la mano para caminar lejos.
—No puedo con esos dos —murmuró Haru al final, divertido al ver a su hermano de aquella forma —, a ver si se van dando cuenta de una vez.
—Bueno —murmuró Sato revisando su teléfono antes de mirar a sus amigos —, tengo que ir a la entrada, los veo en un rato.
Desapareció en menos de un parpadeo, dejando al resto sorprendidos por su prisa, y luego Ikkaku soltó una carcajada.
—Seguramente la novia imaginaria le dijo que vendría.
—Ya no es imaginaria —defendió Haru en medio de unas risitas —, sólo que todavía no sabe que es la novia.
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La música llenaba el lugar con delicada belleza, sonidos suaves que denotaba la tradición japonesa. Los faroles de papel estaban colgados por todos lados, dando un ambiente cálido y acogedor.
Satoshi distinguió a Soi-Fong a unos metros, justo cuando uno de los músicos le reconocía y comenzaba a pasar la voz con sus compañeros, poniéndose de acuerdo para transformar aquella melodía tradicional en un canto medieval.
—Así que, viniste al festival —dijo el músico llegando hasta su amor platónico.
La chica había estado dedicando muecas de indiferencia a su entorno, pero su mirada rebosaba de curiosidad.
—Al menos en la escuela se tiene talento.
—No sólo solos buenos músicos, hay quien también bailan
—No me gusta bailar.
—Con la compañía adecuada, seguro bailarías excelente… - insinúa con su usual sonrisa galante
—No me gusta bailar —repitió fría, a lo que Sato suelta una tenue risa
—Bueno —añadió ofreciéndole un brazo y una sonrisa ladina —, si no bailas, al menos déjame mostrarte el lugar e invitarte a tomar algo esta noche. Pusieron un café que te gustará.
Y aunque al principio pensó en negarse, al final aceptó el apretón, sabiendo que la mejor persona para enseñarle el lugar era uno de los locales.
Una parte de ella se mantenía renuente a admitir que quería pasar un rato con él, después de todo, cada vez era más y más frecuente que sus visitas fueran agradables para ella y cada vez le costaba más trabajo hacerse la indignada. Algo tenía Yamamoto Satoshi que la tenía cautivada, aunque ella misma lo negara rotundamente, cosa que también, cada vez le costaba más.
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Asami y Riruka estaban arrodilladas frente a la pila de agua, aunque la pelirroja ya había desistido a tratar de atrapar uno de los globos de goma, Asami seguía intentando una y otra vez, soltando risitas nerviosas cada vez que el papel de su anzuelo se rompía por el agua.
—¿De verdad tienes que atrapar ese globo? —soltó Riruka mirando a su alrededor y sonriendo con malicia antes de volver su atención hacia su amiga —Habiendo tantos puestos y tantos premios.
—¿Viste algún otro globo blanco con notas musicales? —espetó la chica divertida mientras recibía otro anzuelo —Quiero ese.
—Es lo suficientemente ñoña como para quedarse ahí toda la noche —espetó Grimmjow a espaldas de la chica, sonriendo socarrón mientras Asami se tensaba en su sitio —. Dios, volveré en una hora y la niña seguirá ahí —soltó al final consiguiendo que Asami volviera el rostro, ofuscada.
Y se quedó helada en su sitio...
Grimmjow llevaba yukata tradicional, blanca, gris y negra, con líneas estilizadas que le hacían parecer más alto. Le daba el costado al puesto, su mano izquierda movía con apatía el abanico blanco con flores negras para dar más dramatismo a su entrada mientras que él llevaba la mano libre al interior de su yukata floja, dejando entrever lo delineado de sus músculos.
Asami pasó saliva con dificultad al ver la pinta del muchacho mientras Grimmjow trataba de disimular el sonrojo en sus mejillas.
Ahí, arrodillada en el suelo mirándole con reproche, lucía radiante.
Sus mejillas sonrojadas por la rabia y por lo atractivo que le parecía el muchacho, toda la vestimenta tradicional tenía fondo degradado en tonalidades verdes claro, cubierto de flores lilas y rosa pálido que le cubrían casi en su totalidad, el obi y todos sus accesorios eran de un color morado fuerte, su cabello recogido con pasadores mientras dos mechones enmarcaban su rostro y un kanzashi de sakuras le adornaba el costado derecho cayendo hacia su cuello, los labios coloreados en un tono rosa que combinaba con la ropa y los ojos delineados de manera discreta, cortesía de Riruka.
—Tsch, lo voy a intentar —espetó arrodillándose frente a las chicas y recibiendo un anzuelo en las manos —, pero ella paga.
—Ni lo sueñes —soltó Asami cruzando los brazos y volviendo el rostro, molesta ante la actitud del muchacho, pero queriendo mirarle para saber si él lo conseguiría.
—Bueno, iré a conseguir un peluche —exclamó Riruka divertida, sacudiendo sus rodillas mientras Asami le miraba con pasmo.
—¿Qué? ¡No! ¡Riruka, no me puedes dejar aquí sola!
—Acompáñame —canturreó burlesca como si aquella fuera la respuesta a todos sus problemas.
—¿Y perder mi globo a manos de Grimmjow? —espetó ofendida, cruzándose de brazos y volviendo el rostro —Olvídalo.
—Entonces nos vemos después —respondió cantarina la pelirroja antes de alejarse a pasos tranquilos —. Te veo más tarde.
—¡Riruka —exclamó Asami pasmada —, RIRUKA!
—Mira nada más —murmuró Grimmjow triunfal, sosteniendo el anzuelo a la altura de sus ojos mientras el globo giraba suavemente, colgando de su hilo —, me gané un premio.
—¿Qué? —murmuró Asami incrédula, viendo cómo Grimmjow pagaba el juego y se retiraba golpeando el globo, rebotándolo contra su palma y observando divertido a Asami levantarse a toda velocidad mientras salía en persecución.
—¡Oye, eso no es justo!
—¿Eh? ¿Qué cosa? – sonríe mostrando toda su dentadura en un gesto presuntuoso
—¡Ese globo era mío!
—¡Era! —concedió divertido mientras se alejaba a zancadas, obligando a Asami a trotar —Tú lo has dicho.
—Grimmjow, no es justo, sabias que quería ese globo.
—¿De verdad? Una pena, no me di cuenta.
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El estar caminando por aquel festival en la famosa escuela de las artes estaba resultando bastante entretenido para Soi-Fong, que, aunque no lo reconociera en voz alta, era muy agradable, se habían esmerado mucho en dar aquel ambiente y ni hablar de los diversos puestos que pusieron. Sin embargo, le estaba resultando bastante ignorar que su guía, Satoshi Yamamoto, no le quitaba la mirada de encima en todo el trayecto al dichoso café al que la llevaba. Prácticamente el músico caminaba a ciegas, no se fijaba en sus pasos que daba al frente al tener sus ojos grises perlados puestos en ella. Le gustara o no, eso ya la estaba incomodando, la estaba poniendo muy nerviosa, especialmente ante la fascinación de Satoshi que reflejaban sus ojos que parecían resplandecer en contraste con la noche.
—Mejor fíjate por donde… —comienza a hablar, deteniéndose cuando Satoshi se quedó detrás de ella al estrellarse con un poste – caminas – termina seria mientras Satoshi se sobaba la frente – eso te pasa por ir en las nubes – ladea la mirada, de verdad que estaba sintiéndose muy incómoda ante la insistente mirada de Satoshi puesta en ella
—Lo siento… —se disculpa casi divertido sobándose el chichón que se hizo – es que… de verdad te ves muy, muy linda esta noche
La soltura y sinceridad en las palabras del músico la hacen voltear a verlo, buscando un ápice de burla o sarcasmo, pero se encontró con una autentica sonrisa que le hizo entender que de verdad el alago era enserio, que lo decía de corazón.
Y es que de verdad su amor platónico estaba demasiado linda esa noche como para dejar de mirarla. Su kimono rojo con adornos de mariposas negras contrastaba exquisitamente con su blanca piel, además que llevaba una flor roja en el cabello. ¿Cómo dejar de admirarla? Quería grabarse esa imagen de Soi-Fong con todo el detalle posible.
—¿Cuánto falta para ese dichoso café? — pregunta tratando de evadir el sonrojo que la invadió por el alago
—No mucho, sigamos — retoman su camino
—Fíjate esta vez por donde caminas — casi lo hace sonar como una orden
—Trataré, pero eres un enorme distractor linda — admite con una sonrisa ladina, acentuando más el sonrojo de su acompañante que solo ladeo la cara fingiendo indignación, aunque claro, fue más para ocultar un nuevo sonrojo que invadió sus mejillas.
Ella también lo miro disimuladamente por el rabillo de sus ojos. Llevaba una Yukata negra adornada con una serie de notas blancas que iban a todo alrededor de su vestimenta. Su cabello lo traía como siempre, rebelde y alborotado, pero su mechón rojo resaltaba por el contraste con sus ropas, aquel collar que últimamente traía todo el tiempo, dándole cada vez más curiosidad de porque siempre se ponía ese.
Pero lo que atrapo su mirada sin poder evitarlo, fue ver la alegre sonrisa que parecía no desaparecer del musico, denotando lo alegre que estaba con su compañía, de hecho, siempre parecía muy contento cuando llegaban a salir juntos.
—¿Pasa algo? — pregunta al sentirla mirándolo
—Nada — vuelve a ladear la mirada. Los ojos grises de Satoshi adquirieron un mayor brillo debido al contraste de su vestimenta, parecían resplandecer.
A unos metros atrás de ellos, los perseguían a escondidas Yoruichi en compañía de su esposo Ukitake, que vigilaban a la pareja escondidos detrás de uno de los tantos puestos que pusieron en aquel festival, aunque el profesor de instrumentos de viento en cuestión estaba siendo arrastrado por su esposa en ese espionaje.
—En definitiva, se ven muy bien juntos — exclama Yoruichi cada vez más convencida que aquel joven era perfecto para su pupila
—Pero la señorita Feng no parece del todo cómoda — analiza el profesor al verla con entrecejo fruncido
—Conozco muy bien a mi pupila — alardea la morena — es muy orgullosa para reconocer que se la está pasando muy bien en compañía de Satoshi, no lo reconocerá ni para ella misma – aunque era más que obvio a ojos de terceros
Desde el primer momento en que aquel apuesto joven había acompañado a Soi-Fong hasta su casa tras volver de ver una película, le pareció alguien encantador y podía ver tras la obstinación de su pupila que a ella también le agradaba mucho a aquel joven, por eso fue ella quien la llevo casi a las fuerzas a aquel festival, aprovechando que su esposo, al ser profesor de la escuela, la había invitado.
—Rápido Kisuke — lo toma del brazo — los perderemos de vista entre tanta gente — se lo lleva prácticamente a rastras
Se estaban perdiendo prácticamente todo el festival por estar siguiendo a aquella pareja, pero Yoruichi estaba demasiado curiosa por ver el comportamiento de su pupila al estar en compañía de aquel músico, que por lo que la dicho, ha sido de los pocos valientes que se ha acercado a ella insistiéndole salir incansablemente para conocerla. No es que desconfiara de Satoshi, era poco lo que le conocía pero si de algo se enorgullecía era de su buen juicio a las personas con solo verlas una vez, además que interrogo a su esposo para que le diera toda la información que tuviera del muchacho, pero no estaba de más estar completamente segura de las intenciones del hombre con Soi-Fong, y especialmente, ver si su pupila mostraba algún signo de interés por él.
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(Going home – Bleach OST)
Karin y Asahi caminaban lado a lado y en silencio, disfrutando de la frescura que la noche había traído hasta ellos, serenos a pesar de estar rodeados de tanta gente.
Hacía tiempo no podían tomarse un paseo tan relajante lado a lado; entre los exámenes, las tareas, los proyectos extraescolares y otros pendientes personales, parecía que la vida se los estaba acabando, así que se permitieron disfrutar del silencio lado a lado, preguntándose si habría algo capaz de quebrantar su quietud.
La mano de Karin se cerró en torno a la de Asahi, el joven músico sonrió siguiendo a su amiga sin oponer resistencia, riendo por lo bajo ante el entusiasmo de la pelinegra que le dedicaba miradas de reojo cada varios segundos antes de perder la vista al frente.
—Hay que hacernos una foto —dijo la chica sacando su monedero y alcanzando el puesto donde iniciaba el paseo de los cerezos.
—P-pero, es que son...
—¡Vamos! —exclamó divertida mientras el muchacho oponía resistencia con los pies —Hay que aprovechar que no hay gente.
—P-pero, está muy caro —se quejó el chico esperando que aquello hiciera a su amiga desistir.
—¡Una foto en polaroid no se ve todos los días!
—¡De todos modos!
—Y la están tomando profesionales, no seas tacaño, no la vas a pagar tú.
Si fue un traspié o si avanzó por voluntad propia, bueno, él mismo no podría decirlo, pero el tirón suave de Karin se convirtió en un gesto hipnótico e irresistible. La chica ya estaba contando las monedas para poder pagar las tres fotografías, sin embargo, Asahi la adelantó unos pasos y pagó el mismo, indicándole con un movimiento de la cabeza que le siguiera para ponerse en la fila.
Era cierto, había pocas personas en los jardines, tal vez porque creyeran que el crepúsculo no era la mejor de las horas para tomar una foto con cámara polaroid, sin contar que las manos de los estudiantes de fotografía se las habían arreglado bastante bien hasta el momento.
Les permitieron pasar al jardín y una chica de último grado les dio la bienvenida, siguiéndolos (siguiendo a Asahi, quien seguía a Karin) en busca del lugar en el que tomarían la primera foto. Aunque el muchacho suspiró pensando en que aquella parecía una idea cursi y trillada (a él no le gustaban las fotos, no era como sus hermanos a los que la cámara adoraba, era más recatado y serio), ver a Karin tan emocionada con la idea terminó contagiándole algo de entusiasmo.
—Karin —llamó adelantando la búsqueda, tomando la mano de la chica y tirando de ella hacia uno de los árboles del jardín cuyas ramas estaban más torcidas cerca del suelo —, aquí —ofreció agachándose y entrelazando los dedos, ofreciendo un soporte. La chica sonrió ampliamente cuando se percató de la idea de su amigo y sonrió divertida, corriendo hacia él antes de tomar posiciones.
Karin estaba sentada en la vuelta de la rama, sus pies colgaban a un metro del suelo y ella sostenía el abanico cerca de su rostro, Asahi sonrió divertido, recargando el codo cerca de donde se encontraba su amiga y le dedicó una mirada dulce al verla acomodarse mejor los adornos del kimono, preparándose para la fotografía.
—¿Están listos? —cuestionó su fotógrafa mientras ajustaba el objetivo en dirección a ellos y sonreía.
Karin respondió con entusiasmo, sonriendo con ganas, pero Asahi no fue capaz de quitarle la mirada de encima, analizando con detenimiento la manera en que sus facciones eran finamente envueltas entre sus mechones de cabello negro, el kanzashi bailando al viento, el contraste de la tela contra su piel clara, la sonrisa infantil y soñadora que no era común ver en ella. Tenía tanto de conocerla... Siempre le había parecido una mujer muy fuerte y aventurera, alguien aguerrida y lista para saltar a librar cualquier batalla, siempre protegiendo a los más pequeños y defendiendo a su familia. Una deportista nata que se esforzaba en dar lo mejor de sí y alguien que, sin lugar a duda, había logrado sacar a relucir lo mejor de su talento en cuanto encontró su vocación.
Pero ahora, iluminada por los tonos naranjas, rosas y violetas del atardecer, usando aquel atuendo, ahora parecía otra persona.
—Me gusta verte tan relajada —admitió sin percatarse de que se había hecho el primer disparo, sonriendo sereno mientras la chica le miraba con sorpresa y las mejillas ligeramente sonrosadas —, ¡Eh, no! ¡Perdón! —exclamó retrocediendo, considerando seriamente que ella hubiese malinterpretado su oración —¡Es que los exámenes te han tenido tan tensa que hacía días que no te veía tan tranquila! Digo, tú eres muy tranquila —se corrigió sintiéndose cada vez más tonto —, siempre das paz a la gente, pero...
Las risas de Karin y de su fotógrafa le hicieron soltar el aire y componer un puchero de resignación (¿de cuándo acá el modo Haru y el modo Sato se pegaban?), pero al menos comprendió que no había cometido un error.
—¿Dónde quieren su siguiente foto?
—Yo elegí la primera locación —murmuró Asahi cruzando los brazos y desviando la mirada, y Karin entendió el mensaje, así que miró a su alrededor y sonrió divertida, apuntando hacia otro de los árboles cercanos.
Lo peculiar de la selección de la chica radicaba en que el árbol tenía el tronco partido en una bifurcación, una Ye perfecta y baja que confundió al muchacho un momento.
—Siéntate frente al árbol —ordenó la chica, divertida.
—Sí, señora —respondió Asahi haciendo un saludo militar que hizo reír a la pelinegra.
El muchacho se acomodó entre las raíces, organizando su yukata mientras se preguntaba dónde se colocaría Karin, sintió el golpecito del abanico contra su frente y levantó la cabeza a punto de hacer un reproche, pero la sonrisa radiante de la chica le hizo sonreír también.
—En mi cuenta —llamó la fotógrafa con una sonrisa radiante.
Asahi sonrió también, recargando el codo en la rodilla y la mejilla en su mano, una postura desenfadada más acorde a su personalidad, Karin por su parte recargó los brazos en el tronco y apoyó el rostro ahí, sonriendo con todos los dientes antes de murmurar.
—Me gusta que estemos haciendo esto.
La expresión de sorpresa que puso Asahi, su mirada de ensoñación, las mejillas ligeramente coloreadas (tan ligeramente que no sería visible en la impresión), quedó inmortalizada en la foto instantánea, así como también la mirada soñadora y la sonrisa dulce que la pelinegra había compuesto luego de dar tal confesión sin darse cuenta de que aquello podría ser el comienzo, la primera piedra puesta sin querer en medio de ellos dos.
Asahi levantó la mirada en busca de los ojos de Karin, pero la chica ya se había retirado, renuente a dejarse expuesta luego de aquella confesión, buscando una nueva locación para la tercera y última fotografía.
—No se me ocurre nada —admitió la chica dándole la espalda a su amigo, todavía insegura de mirarle, preguntándose si no habría cometido un error al decir aquello.
—¿Por qué no dejamos que Minami-san nos dé una idea? —sugirió el muchacho, sonriendo amable para la fotógrafa —Después de todo, ella ha estado tomando fotografías todo el día, seguro sabe de algún lugar en el que haya un buen escenario.
—Tengo el ideal, si me lo permiten —admitió la chica con una sonrisa radiante y una chispa encendida en los ojos —, será perfecto para ustedes.
Siguieron con diligencia a la chica hasta el paseo de los cerezos. Aquel definitivamente era el jardín favorito de los estudiantes de fotografía para tratar de hacer disparos clásicos y capturar la belleza de los árboles en flor, la noche por fin había caído y la iluminación estaba al cargo de hileras e hileras de luces navideñas de tonos cálidos colgadas de un árbol al siguiente, formando un puente de luz sobre las ramas.
Karin corrió unos pasos por delante, tomando de la mano a Asahi y llevándolo con ella, haciéndole reír por lo espontáneo de aquello, divertido como hace tiempo no podía.
Se pusieron frente a frente, inseguros de cómo tomarse aquella foto, pero coincidiendo en que era el lugar ideal para tener una polaroid por el festival de las flores, así que miraron a Minami en busca de alguna idea.
—Los novios siempre eligen este sitio para una buena foto, así que… —comenzó ella preparando los ajustes de su cámara, ignorante de los gestos de pasmo y sorpresa que compusieron los chicos al escuchar sus palabras.
Si intercambiaron una mirada antes de dar medio paso hacia el frente, fue sólo para poder comenzar a elevar sus reclamos, súplicas y explicaciones dichas a medias, todas ellas demasiado revueltas como para que la fotógrafa entendiera un ápice de lo que decían, demasiado ocupada poniendo un filtro a su objetivo y encendiendo el flash de la cámara.
—¡Nosotros no...!
—¡Ella no...!
—¡Es que nosotros somos...!
—¡Nosotros no somos...!
Un ventarrón sopló con fuerza, golpeando el costado de Karin y haciéndole dar un traspié hacia Asahi, el muchacho la atrapó al vuelo y Minami soltó un grito agudo por la emoción al ver la lluvia de pétalos que cayó luego de semejante aironazo, pero ni Asahi ni Karin le prestaron atención después.
Las manos de Karin se habían posado delicadamente en el pecho de Asahi, ella todavía llevaba un pie levantado y había perdido una sandalia, al tropezar, estaba un paso atrás de ella, Asahi la sostenía por el codo y la cintura, retrocediendo lentamente mientras la miraba con adoración, sonriéndole dulcemente, como si le prometiera que no la dejaría caer, no mientras estuvieran juntos, lado a lado.
La fotografía fue tomada en el momento justo, para ser una cámara instantánea, incluso el abanico que caía hacia los pies de los muchachos salió muy bien definido, pero ellos no lo sabrían hasta que las fotos se revelaran por completo.
La expresión "De fotografía" jamás fue tan atinada como en ese momento en el que ambos se miraban a los ojos con la ilusión del primer amor de verdad, y aquella foto se convertiría en la primera de muchas otras en las que podría apreciarse a simple vista cuánta adoración tenían el uno para el otro, demasiado absortos en ocultar sus sentimientos como para percatarse de que eran bien correspondidos.
La señorita Minami les entregó las tres fotografías antes de hacer una reverencia y agradecerles con entusiasmo, sonriendo enérgica.
—De verdad me gustó mucho trabajar con ustedes estas fotografías, y me gustaría mucho hacerles una petición —dijo haciendo una reverencia pronunciada que les hizo retroceder medio paso, olvidándose por completo del asunto de los novios — ¡Quisiera poder hacer una copia de sus fotografías cuando estén reveladas del todo, onegaii shimasu!
Los muchachos intercambiaron una mirada de sorpresa ante aquello y fue Karin quien respondió, asintiendo con una sonrisa cálida.
—Hai, Minami-san, me divertí tanto tomando las fotos. Así que sí, cuenta con las fotografías.
—¡Gracias!
Las chicas intercambiaron teléfonos y se despidieron efusivamente. Asahi siguió a Karin hasta el final de los jardines y sonrió mientras la chica veía las fotografías todavía en color negro.
—Ya sé —dijo con una sonrisa pícara —. Elige una —soltó mostrando las tres fotografías sin revelar.
—¿Eh? ¿Sin verlas?
—¡Claro! Minami-san dijo que las fotos tardarán unos cuatro minutos en revelarse, entonces elige una.
—No es justo.
—Así será sorpresa cuál conservaremos.
—Pero son tres —objetó el muchacho con reproche, antes de sacarle la lengua a Karin.
—Pues lanzamos una moneda para ver quién se queda con la última.
Asahi profirió un suspiro fastidiado, desviando el rostro, antes de arrebatar una fotografía a Karin, haciéndole soltar una carcajada mientras ella misma elegía la fotografía que conservaría.
Y cuando la chica hizo su segundo intento esa noche por sacar el monedero, Asahi empujó su mano suavemente, desviando la mirada y mirando hacia el costado.
—Quédatela tú —murmuró antes de aclararse la garganta, y ofrecerle un brazo.
Claro, aquel gesto le tomó por sorpresa a la chica un segundo, al siguiente se había aferrado a su brazo y sonreía mientras caminaban de regreso.
—Ya casi es hora de tu presentación ¿verdad?
—Todavía podemos hacer algo más, ir por café, algún dulce... ¿qué quieres hacer?
—Podríamos sólo... no sé. Caminar —ofreció ella sonriendo dulcemente mientras se encaminaban hacia los puestos de nuevo, disfrutando de nuevo del silencio que se cernió sobre ellos.
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Una vez que cada uno tenía su respectiva bebida, Sato y Soi-Fong caminaron con calma por todo el lugar, deteniéndose en uno que otro puesto para comprar algo de que vendían para comer o comprar de los diversos objetos temáticos de cada una de las diferentes disciplinas que se impartían. Ignorando claro al par de espías que los seguían a la distancia.
Satoshi no pudo evitar notar cierto interés de parte de Soi-Fong cuando pasaron por las exhibiciones de los estudiantes de arte en las que se detenía un largo rato, incluso le prestaba una curiosa atención a las explicaciones de los estudiantes que le ofrecían un buen precio por su trabajo, ofrecimiento que Soi-Fong estaba por casi aceptar en varias ocasiones, (o al menos eso parecía) para después darle las gracias en rechazo y seguir caminando.
-no sabia que te interesaba el arte – dice Sato encaminándose rumbo a los puestos de juego de destreza
-¿Qué te hace pensar que me interesa? – debate obstinada y en parte ocultando la vergüenza de haberse visto expuesta
-prestabas mucha atención a las exposiciones – afirma este, sonriendo de forma ladina y a la vez conmovida - ¿te gusta pintar o dibujar?...
Su primer instinto fue, por supuesto, negarlo rotundamente, decir que claro que no, que se mantenía enfocada en sus demás actividades y en sus estudios. Sin embargo, al ver a Satoshi mirándola con curiosidad en espera de su respuesta no pudo evitar sentir confianza en revelarle su afición secreta, algo que nació gracias a las lecciones de historia del arte que impartían en su escuela, siendo esta la única materia por la que realmente podía decir que sentía un genuino interés.
-dibujo…. – confiesa – en ocasiones…
-¿de verdad? – exclama con fascinación, pareciendo que había hecho el mayor de los descubrimientos – me encantaría ver alguno
-no son gran cosa – evade
-si es algo que te gusta hacer claro que es importante – dice, mirándola casi con veneración – además… yo te mostré mis grabaciones, es justo que tú me dejes ver tus dibujos – dice como si fuese un trato
-tu quisiste mostrármelas – se desentiende orgullosa – eso no me pone en la obligación de retribuírtelo con algo….
Tan solo escucha a continuación la risa de Satoshi, y aunque era relativamente poco lo que lo conocía, podía deducir por su gesto que no se daría por vencido, que muy probablemente estaba tramando como hacer que le mostrara sus dibujos.
No lo ponía en duda, fue odiosamente insistente en conversarla de salir con ella y ahora, hela aquí, acompañándolo en un festival de su escuela y previamente, saliendo con él ocasionalmente.
-ese collar que traes puesto…. – habla ella al notar nuevamente aquel accesorio concurrente en Satoshi - ¿tiene algún significado? – finalmente la curiosidad pudo más con ella
-te lo diré cuando me muestres uno de tus dibujos – responde victorioso guiñándole un ojo, a lo que Soi-Fong bufa indignada y molesta – es…. Como un símbolo de esperanza…. – confiesa tomando el dije de la plumilla de madera en sus manos, causando aun más intriga a la campeona -lo traigo siempre porque me mantengo optimista de que podrá cumplir su objetivo en cualquier momento – sonríe cerrando los ojos
Dicha explicación solo la dejo con más dudas. ¿Qué clase de objetivo podía tener un dije de plumilla con dos notas de sol a los costados?
– mira, vamos a ese puesto – exclama de la nada tomándola de la mano para llevarla a un puesto de insertar el aro en las botellas – ganare un premio para ti linda – dice confiado arremangándose las mangas
—No es necesario – dice obstinada cruzándose de brazos, aunque interiormente curiosa de que era lo que Satoshi quería ganar para ella con tal ímpetu
—Claro que si – debate – para que lo tengas y te acuerdes de mí cada vez que lo veas – le guiña un ojo mostrando el brillo de su sonrisa, gesto que evade la campeona dándole la espalda
Mientras tanto, a unos metros de ellos, Yoruichi y Kisuke seguían observándolos ocultos tras unos arbustos.
—No puede ser Soi-Fong – reclama frustrada zarandeando a su esposo de su Yukata, quien sonreía nervioso ante la efusividad de su esposa – "¿no es necesario?" tenías que decir… "gracias Sato-kun, es un lindo gesto de tu parte" – dice actuando como toda una adolescente enamorada
—Dudo que la señorita Feng sea de las que se comportan de esa forma – dice divertido con una gota resbalándose de la frente
En el juego de insertar los aros en las botellas se estaba llevando toda una guerra campal de parte de Satoshi, que por más que lanzara y lanzara los aros uno tras otro, no lograba atinarles a las cinco botellas requeridas para reclamar el premio, ya llevaba varios minutos intentándolo, pero no paraba. Soi-Fong lo miraba casi con pena ajena, mientras que los espías estaban ocultos en los arbustos entre asombrados y divertidos viendo tal ferviente determinación del músico de querer ganar.
—¿En algún momento se rendirá? – pregunta divertida Yoruichi
—No lo creo – responde Kisuke de igual manera – Rose dice que una de las cualidades de ese chico es su persistencia ante lo que quiere
—No lo pongo en duda – después de todo nunca se rindió ante el constante rechazo de pupila
Y también Soi-Fong era personalmente consiente de la eterna insistencia que poseía Satoshi, era capaz de estarse en ese juego toda la noche y perderse su propia presentación con sus hermanos, además que no tenía la paciencia para estarse hasta el amanecer esperando a que Satoshi ganara en ese juego. Tomó entonces la decisión de decirle al encargado discretamente que le diera un turno, se posiciono detrás de Satoshi y con rapidez de rayo y destreza, lanza los cinco aros, todos cayendo precisos en los cuellos de las botellas.
—¡Lo logre! – exclama Satoshi feliz
—Felicidades – dice el encargado, entendiendo la indirecta que le lanzaba la mujer con la mirada – puedes elegir tu premio
—Quiero ese – señala sin dudarlo un segundo, recibiendo un tierno gato negro de peluche – tarde pero seguro, aquí tienes linda – le entrega a Soi-Fong el muñeco
—¿Era esto por lo que estabas tan terco en ganar? – pregunta asombrada al recibir el regalo
—Si, era el único que había – se regocija orgulloso
Soi-Fong mira los puestos cercanos a ese, que también eran de destreza, y en efecto, no había otro muñeco de gato negro como el que sostenía entre sus brazos.
—Vaya, ya casi debo presentarme con mis hermanos – exclama al ver la hora en su celular – vamos… te aseguro que te gustara – la invita, y para su regocijo, la ve asintiendo con la cabeza con una tenue sonrisa.
Ya que los vieron a una distancia en la que no los descubrieran, Yoruichi y Kisuke salieron de su escondite, mirando a la pareja a lo lejos, más específicamente a Soi-Fong, que ahora estaba más relajada, quitando bastante aquel rostro serio y estoico que siempre portaba.
—Ahora si estoy completamente segura – dice Yoruichi – ese joven es el indicado para Soi-Fong
—¿Ya podemos ir planeando la boda entonces? – bromea Kisuke
—Supongo que sí, pero antes, disfrutemos de lo que queda del festival – toma del brazo a su esposo, caminando del lado contrario por donde se fue la pareja, ya no necesita espiarlos más, había visto lo suficiente para molestar un poco a su pupila.
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Habían comido algo en uno de los puestos de estudiantes por sugerencia de Starrk luego de ver a Nanao saludarles tan animadamente, al final fue una buena decisión pasearse por ahí mientras bajaban la comida, Lilynette tuvo oportunidad de conocer todo el campus mientras la joven violinista le presentaba a profesores y compañeros, sembrando una espina de curiosidad en la joven, y dejando también una de esperanza en el corazón de ambos adultos.
—Te dije que debíamos venir —susurró Kyōraku en el oído de su amigo, sonriéndole con picardía mientras le daba palmaditas en el hombro —, ¿ves? Ahora tenemos otra música en la familia.
—Veremos —soltó Starrk quitándose de encima a su amigo, divertido, antes de levantar la mirada hacia el costado —. Hey —llamó golpeando dos veces el brazo de Shunsui para que mirara en la dirección en la que él veía —, te desafío.
Kyōraku sonrió de medio lado antes de llamar a las chicas.
—Les apostamos un par de helados —dijo el castaño apuntando sobre su hombro hacia el puesto de tiro al blanco.
—Yo le apuesto a tu tío —soltó divertida Lilynette mirando a Nanao, quien asintió aceptando la apuesta, dejando a ambos hombres con una sensación de pesadumbre y sonrisas de medio lado.
—Yare, yare —soltó Kyōraku mirando a su amigo —, qué malas son.
—Ni hablar, se cancela el helado —soltó Starrk con una sonrisa socarrona de medio lado.
Ambas chicas elevaron sus reclamos, mientras que Lilynette se aferró a la mano de su tío y tironeó de él haciéndole zarandearse, Nanao se plantó frente al suyo con los brazos cruzados y una mueca de reproche, elevando sus argumentos como un berrinche bien estructurado.
Y aunque aguantaron lo mejor que pudieron, cuando los castaños intercambiaron una mirada, no pudieron evitar soltar una carcajada que delató la broma que gastaban a sus sobrinas. Y aunque Nanao dedico una sonrisa a su tío, una mirada cálida y una mueca de reproche antes de permitirle abrazarla por los hombros, Starrk tuvo que aguantar los golpecitos que Lilynette atestó contra su brazo mientras agarraban camino de nuevo.
(Old town road – Lil Nas X; Billy Ray Cyrus)
Ambos hombres se acercaron hacia el puesto, pusieron sus monedas sobre el mostrador y se dedicaron una sonrisa antes de quitarse el obi y cubrirse un ojo. Starrk el izquierdo, Kyōraku el derecho, consiguiendo que Nanao y Lilynette se sonrieran la una a la otra.
—Esto se pondrá serio —canturreó la mayor divertida mientras se tomaban del brazo y se alejaban hasta la distancia prudente.
—Diez tiros —anunció la dueña del puesto mientras dejaba las marcadoras frente a ambos hombres —, cada uno. Al primero que le apunte a un civil se ganará un tiro en el trasero.
—Parece —dijo Kyōraku divertido para su amigo antes de sostener la marcadora en sus manos y tantear el peso —, que le fue mal con otro cliente.
—En tu marca —respondió Starrk sonriendo con ganas, alejándose de su amigo y levantando el arma.
Ambos hombres sostenían en una mano sus marcadoras, y cuando la dueña se alejó de los blancos comenzaron a disparar.
La primera ronda fue para tratar de entender hacia dónde se iban los balines, ver si necesitaban compensar la trayectoria y cuán sencillo o difícil era tirar tal o cual figurilla, pero cuando pagaron la segunda ronda, entonces sí que inició el espectáculo.
La gente se había aglomerado alrededor de ellos al percatarse de la tensión que se respiraba en el lugar, en menos de diez minutos el puesto tenía una audiencia considerable, mirando con curiosidad al par de hombres que daban la espalda a los blancos metálicos dispuestos en hileras mientras les entregaban la segunda marcadora, recargada y lista para iniciar. Intercambiando una mirada de reojo, erguidos y concentrados, con el entrecejo fruncido y con la visión reducida.
—¡Go! —exclamaron las sobrinas al mismo tiempo, emocionadas por la contienda.
Se dieron la vuelta a toda velocidad.
Starrk permaneció erguido, extendiendo el brazo en toda la extensión mientras disparaba una, dos, tres, cuatro veces, acertando en cada tiro y consiguiendo que chispas saltaran entre los balines de plástico y las figurillas de metal, su muñeca recibía el impacto y en un segundo ya había compensado el rango de retroceso, listo para el siguiente tiro mientras su expresión permanecía formando una máscara de indiferencia, una frialdad abrumadora que consiguió hacer a uno que otro retroceder.
Kyōraku sonreía con el ojo entrecerrado, su gesto también era sereno, pero había un atisbo de sarcasmo en las comisuras de sus labios mientras él sostenía su muñeca con la mano disponible, ofreciendo estabilidad que evitaba el retroceso desde el inicio, si sentía el latigazo en la muñeca al menos no había necesidad de corregir ninguna trayectoria, puesto que ese soporte extra pareció ser una ventaja al momento de hacer volar las figurillas metálicas, que brincaban de su sitio con un destello plateado antes de aterrizar a metros de ellos.
Con los ojos vendados no había manera de mirarse de reojo en ese momento, tuvieron que volver la cabeza para poder mirar el rostro de su amigo, soltando una risita divertida mientras cambiaban el arma de mano y se terminaban esa segunda ronda de tiros.
—Fue un empate —exclamó la dueña divertida, viendo a ambos castaños mirarse con el entrecejo fruncido.
—Mano no dominante —desafió Starrk con un gesto arrogante.
—De acuerdo, pero cámbiame de lado.
Intercambiaron de sitio mientras pagaban la tercera ronda de disparos, poniendo otro metro de por medio con los blancos y haciendo a la gente soltar porras y ovaciones.
¿De verdad estaban haciendo aquello?
Nanao no pudo evitar gritar el nombre de su tío para darle ánimos, Lilynette hizo lo mismo, ambas emocionadas al verlos divertirse tanto. ¿Hacía cuánto no estaban así de relajados?
Si a esa distancia fallaron algún tiro, aquello no fue suficiente para que la gente dejara de ovacionarlos por sus hazañas, entretenidos por el espectáculo que daban.
Dispararon el último tiro y sonrieron mirándose el uno al otro mientras les recogían las marcadoras.
—Parece un empate inminente —murmuró Starrk encogiéndose de hombros mientras se quitaba la venda del ojo, divertido por las miradas de las chicas en la distancia.
—Eso parece. Bien, ni hablar, le compraré un helado a Lily-chan y tú le comprarás uno a Nanao-chan.
—Creo que sí, es lo justo —soltó Starrk antes de ofrecerle una mano a Kyōraku, sellando el empate con un fuerte apretón de manos, arrancando aplausos a los presentes.
—Ustedes sí que saben cómo montar un espectáculo, ¿no es así? —canturreó Nanao divertida, mientras ambos castaños las alcanzaban y comenzaban a caminar hacia los puestos de comidas.
—¿Qué te digo, Nanao-chan? —soltó Kyōraku divertido mientras recuperaba su abanico y sonreía para su sobrina —Es parte de nuestra naturaleza.
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¿Cómo habían terminado ahí?
Asami había tropezado con sus sandalias en sus intentos de perseguir a Grimmjow y arrebatarle el globo, quería quitarle de un golpe la sonrisa de la boca, y en su carrera para darle alcance, terminó enredándose con los zapatos de madera y amenazando con irse de bruces.
Los brazos de Grimmjow se habían cerrado en torno al cuerpo de Asami, sosteniéndola de último minuto contra su pecho y consiguiendo que la joven se sonrojara hasta las orejas.
Aunque al principio el peliazul habría querido burlarse de la chica, cuando Asami levantó la mirada en busca de sus ojos, musitando un agradecimiento escueto y entrecortado, no pudo evitar sonrojarse hasta las orejas, ofreciéndole soporte para poder soltarla y alejarse un par de pasos, cubriendo su rostro con una mano y ofreciendo el globo con la otra.
Ahora caminaban lado a lado y en silencio, Grimmjow le había pedido que lo acompañara sin dar mayor explicación, ni esperar una confirmación. Simplemente había echado a andar lejos de ella.
Y Asami consideró seriamente dejarlo ahí, se había comportado como un idiota durante largo rato, así que realmente quería abandonarlo para ir a buscar a Riruka. No pudo. Quiso ordenarles a sus pies que se movieran en dirección a los jardines de los cerezos y adelantar la instalación de sus instrumentos. No pudo.
En cambio, se movió hacia el muchacho que la tenía de cabeza desde su regreso a la ciudad, alcanzándolo sin cuestionarlo, sin imaginarse siquiera que el suspiro que liberó cuando por fin estuvieron lado a lado no fue de hastío, sino de alivio al saber que la chica de verdad le había dado alcance sin preguntar ni oponer mayor resistencia. Sabía que podía dejarle ahí abandonado, tirarle con sus planes, de hecho, esperaba que lo hiciera. Después de todo, no había hecho más que molestarla en el último rato. Sonrió para sí mismo, un gesto casi imperceptible que Asami notó ensanchando su propia sonrisa.
—¿Es una especie de paz? —cuestionó divertida, ganándose un rechazo por parte del muchacho, un bufido y una queja.
—Es una especie de tregua.
No quiso cuestionarlo más. Suficiente era con haber obtenido esa respuesta, así que caminó sonriendo, rebotando el globo contra su mano, mirando las notas negras sobre el fondo blanco con una sonrisa boba mientras Grimmjow se llevaba las manos a la nuca.
—¿Por qué ese globo? —cuestionó el mayor con curiosidad, volviendo el rostro para que Asami no pudiera mirarlo.
—Bromeas, ¿no?
—No. No bromeo.
—¡Es música! —exclamó con voz aguda, cantarina, presumida incluso, haciéndole a Grimmjow arrugar la nariz en una mueca de desprecio.
—Son notas sin sentido —respondió en el mismo tono, con voz melosa y nasal mientras se agachaba hasta quedar a la altura de Asami, obligándola a volver el rostro y cruzarse de brazos —. Para ser hermana de Haruki y Takeshi te falta exigencia musical.
—Son unos estirados —se quejó la chica —, demasiado meticulosos cuando se lo proponen. La música es nuestra vida, de todos en mi familia. Era el único globo que vi en todos los puestos que tuviera un motivo musical, por eso lo quería, nada más. Pero alguien como tú no lo entendería jamás —afirmó fríamente mientras volvía el rostro —, el impacto de la música en nosotros, en mi familia.
—Tienes razón —respondió molesto el muchacho, cruzándose de brazos y arrugando la nariz en un gesto duro que llamó la atención de Asami —, ¿cómo alguien como yo comprendería el poder que tiene la música para influir en la vida de una persona? – después de todo, el uso los sonidos estridentes del metal y rock únicamente para apagar sus gritos internos, su molestia.
Caminaron lado a lado en silencio mientras sentían cómo aquellas palabras caían como un baldazo de agua helada entre ellos, dejándoles un sabor amargo en la boca a ambos. Asami habría querido decir algo para tratar de componer lo que había hecho; claro que, si había alguien en ese mundo que sabía cómo la música hacía la diferencia, ese era Grimmjow Jaegerjaquez. Asami había creído que había herido al muchacho con su frase, dicha sin pensar y sin malas intenciones.
¿Cuántas veces hablar sin pensar le había dado ya problemas hasta ahora?
Reprocharse no serviría de nada, tenía que remediarlo.
Por otro lado, la chica jamás sospecharía que el desprecio con el que Grimmjow había dicho su respuesta no iba dirigido hacia su persona, sino hacia sí mismo, porque le dejaba claro que todavía no terminaba de demostrar su punto. Estaba seguro de que la música haría la diferencia, estaba determinado a cambiar la imagen que todo el mundo parecía tener de él y de sí mismo, olvidar el enojo interno que aun tenía y el hecho de escuchar a Asami decir aquello sólo le indicaba que todavía le quedaba largo camino por recorrer.
(Here to stay – Bleach OST)
—Escucha —murmuró Grimmjow volviendo el rostro al costado, alejando la vista de Asami y organizando sus propios pensamientos —, de verdad quiero una tregua, la noche es bonita como para ponernos a discutir por quién tiene la razón respecto a la música.
La chica asintió con la mirada fija en los pies, buscando en el suelo alguna respuesta elocuente para dar, pero no encontrando el valor para alzar la voz. Estaba demasiado ensimismada buscando algo inteligente que decir como para responderle al muchacho, así que no se percató de que parte de la institución estaban hasta que el peliazul detuvo sus pasos, obligándola a frenar en el acto.
—En fin, llegamos —dijo en voz baja antes de dirigir sus pasos a un costado y dejar sola a Asami unos minutos.
La chica levantó la mirada y se quedó muda un momento, asombrada por la forma dulce en que brillaba el jardín del estanque. Montones de personas se aglomeraban en torno al agua sosteniendo frascos, riendo divertidos con las actividades de ese lado del campus, pero para la joven música no había espacio para prestar atención a la gente.
Haruki se la había pasado diciendo que quería visitar el estanque de los koi aquella noche, pero nunca mencionó por qué. Ahora comprendía su insistencia.
Era el único jardín en el que no se había colgado lámpara o decoración alguna, dejando el ambiente lo más natural posible, pero no se necesitaba más.
Los árboles estaban claramente iluminados por la luz de la luna que comenzaba a asomarse en el horizonte, las risas daban al lugar un ambiente más agradable, pero lo que dejó a Asami sin aliento fueron los montones y montones de luces cálidas que volaban por todo el lugar.
Luciérnagas...
Grimmjow llegó a su lado y le lanzó un frasco a las manos antes de dirigirse hacia el estanque, abriendo suavemente la tapa y alejándose de ella con aires felinos.
No pudo evitarlo, las mejillas de Asami se llenaron de color cuando se percató de que el muchacho lucía más joven sin su mueca de desprecio o su sonrisa arrogante, Grimmjow se movía frente a ella con sigilo, abriendo lentamente la tapa de su frasco mientras sus manos se extendían tan lentamente que parecía no moverse.
La tapa se cerró con un sonido tan bajo que podría haberse perdido en el viento, pero Asami estaba pendiente de cada movimiento del muchacho, así que escuchó claramente aquel movimiento antes de que el peliazul se enderezara y le sonriera al frasco cerrado….
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A veces las conversaciones entre ellos eran muy animadas, llenas de sutiles bromas que los tenían a ambos riendo sonoramente, o simplemente se contaban sobre los proyectos que tenían en sus respectivas clases. Pese a ser de diferentes clases ambos estaban al día de lo que hacían y se interesaban en el tema del otro, podría decirse que Karin sabia un poco de música y Asahi de arte gracias a las charlas que tenían ambos de los temas que los apasionaban.
Ahora solo iban disfrutando del festival, por el que caminaban tranquilamente con Karin tomándolo del brazo, cualquiera que los viera no dudarían que eran una linda pareja de novios que no tenían mucho tiempo saliendo juntos.
Sus pasos, prácticamente aleatorios, los llevaron al estanque de los peces Koi, donde estaba la actividad de atrapar luciérnagas, pero ellos se alejaron a un punto donde no había tanta gente para disfrutar de su compañía sin que los molesten, especialmente porque Asahi llevo a su amiga a ese lugar con toda intención, pues ahora estaba más que decidido a confesársele a Karin aquella noche y fue muy cuidadoso en elegir un punto donde no los interrumpirían.
Ya estaba harto de que cada vez que estaba decidido a decirle a Karin lo que sentía siempre alguien o algo los interrumpía, y vaya que estaba haciendo el intento, como hace unas semanas en el día blanco que Yuzu los había dejado solos alegando que debía ir a comprar algo y se quedó un rato jugando un nuevo juego con Karin. Claro que estaba dispuesto a aprovechar que se quedaron solos, pero justo cuando terminaron de jugar y estaba por decírselo, llegaron Ichigo y Rukia, interrumpiéndolo por tercera vez en ese día.
Pero esta vez no pasaría, estaban solos, nadie llegaría a interrumpirlos en aquel lugar, además que era el ideal para una confesión.
El joven baterista dio un prolongado suspiró…
No quería dar una confesión demasiado apasionante y hacerla sentir presionada si no le correspondía. Buscaba entre el remolino de sus sentimientos y de su cabeza la frase, las palabras intermedias para expresarse….
Karin, por su parte, miraba las fotos con aire melancólico, tenía un nudo en el estómago con solo mirar aquellas imágenes.
-Asahi- Murmuró, llamando la atención del castaño -Quisiera, preguntarte algo y que me respondieras con la verdad
Había un tono dolido en la voz de su amiga, alertándolo, preocupándolo, pero aun sin ver el rostro de su amiga, sabía que para ella era importante.
-Dime…- Instó, mirando a los peces moverse en el agua, escuchando la música a lo lejos mientras sentía un hueco en el estómago.
-¿Te gusta alguien? – Soltó la joven, sin mirarlo e ignorando la tensión en los hombros del chico, así como el sonrojo en sus mejillas.
-¿Por qué quieres saberlo? – El hecho de que nunca le hubiese cuestionado sobre sus intereses románticos lo desconcertó ¿Por qué tanto interés ahora?
-Solo responde- Dijo tajante, firme, mientras sus ojos seguían fijos en aquellas fotografías que minutos antes se habían tomado juntos y que apretaba con sus manos con un leve temblor.
Para Karin, verlas una y otra vez, le había dado en que pensar, sobre todo, cuando podía ver en la mirada de Asahi, plasmada en aquellas fotos, como sus ojos se centraban en ella, y no más, no había desvió o desliz que le informara que miraba para otro lado, solo a ella; sobre todo cuando sus ojos se encontraron al momento en que éste la atrapada cuando estuvo a punto de caerse.
Una mirada muy especial, dándole a entender que Asahi podía sentir lo mismo por ella, algo más que amistad, pero necesitaba confirmarlo, escucharlo de sus labios.
Fue entonces que el suspiro del castaño la trajo a la realidad, un suspiro con un leve matiz de amor, sobre todo, al estar conmovido de ver el lado inseguro de su fuerte e inflexible amiga.
-Si, hay alguien que me gusta…- Respondió, notando como Karin bajaba la mirada, tratando de mostrar que aquello no le afectaba, por lo que, al verla de esa forma, un nuevo impulso lo alentó, dándole las fuerzas y esperanzas para continuar -Sabes, la conocí de una forma un tanto… peculiar
Miraba hacia el frente, debía seguir con su actuación, obviamente luego de que aquello se le acomodara de la mejor manera.
-En… ¿en serio? – Trato de sonar interesada, aunque podía presentir que el tono quebradizo de su voz la delataría en su siguiente reclamo - ¿Y porque nunca me habías contado sobre ella? Pensé que éramos amigos
-No quería que te pusieras celosa- Mostro una sonrisa ladina, una casi tan galante como la de su hermano Sato.
-¡Ja! ¿Qué te hace creer que me pondría celosa? – Responde, orgullosa, mientras se cruzaba de brazos y cerraba los ojos, girando el rostro hacia otro lado, haciendo que Asahi soltara una risita -¿Y cómo la conociste?
Volteo para ver a su amigo nuevamente, con curiosidad o, eso intento aparentar.
Pero él la conocía muy bien, sabía que, detrás de ese gesto animado, su curiosidad le estaba doliendo, sobre todo, por el hecho de saber que él gustaba de alguien.
¡Y que irónico! Darse cuenta de que su amiga pasaba por la misma incertidumbre que él, que de igual manera se había cuestionado el cómo expresar sus verdaderos sentimientos, que se obligaba a ocultarlos para mantener su amistad estable y, al mismo tiempo, que no soportaba la idea de verlo con alguien más.
No, Karin probablemente no soportaría verlo con alguien más, pero ella sería feliz si él lo vera ¿verdad?
-Arruinó una de mis chaquetas favoritas- Continuo, mirándola divertido y esperando que entendiera la indirecta -Derramo un poco de pintura óleo, luego casi me deja ciego al quitarme la que cayó sobre mis ojos
Y claro que entendió aquello. Las palabras del castaño le iluminaron los ojos, ahora amenazaban con llorar de felicidad, sobre todo, al ver la obvia insinuación en la mirada de Asahi.
Más claro no podía ser, y de igual forma, decidió seguirle el juego.
-Vaya, que coincidencia- Soltó, limpiándose el rabillo del ojo por el que comenzaba a asomarse la primera lagrima -También conocí al chico que me gusta de una manera muy similar
- ¿Eh? ¿así que también te gusta alguien y no me lo habías dicho? – Exclamó fingiendo indignación, aunque finalizando aquel cuestionamiento con una sonrisa bobalicona.
Y las risas no se hicieron esperar, por la situación en la que estaban metidos, por todo el tiempo ser correspondidos y sin decir nada por no arruinar su amistad y, especialmente, al saber que no la estaban arruinando, al contrario, solo la habían fortalecido al agregarle otro sentimiento.
Y Asahi tomó la mano de Karin, uno al lado del otro mientras los peces continuaban revoloteando en el agua, sintiendo que todo el día había valido la pena, que ahora podía sentirse completo, ante todo, fuerte y valiente mientras ella estuviera con él.
- ¿Y ahora? – Preguntó la peli negra mientras apoyaba su cabeza sobre el brazo del castaño - ¿Es necesario que lo formalicemos?
Asahi se rasco la nuca mientras pasaba saliva con pesadez.
-La verdad, es que no estaba listo para esto, digo, no es que no quiera, pero… creo que si no lo hago van a matarme- Suspiro con resignación mientras se giraba para quedar ambos uno frente al otro, con el sonrojo inundando sus mejillas, con la cálida luz de las farolas y el viento refrescando el ambiente -Karin, quieres… ¿ser mi novia?
Y una sonrisa ilumino su rostro, dándole vitalidad extra a su día.
-Si Asahi, si quiero…
Claro, no podían dejar de cerrar aquello con un dulce beso que marcaba una nueva etapa para ambos, un porvenir lleno de cientos de cosas que vivirían juntos.
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Grimmjow estaba acostado de lado en el pasto, recargando la cabeza en una mano mientras observaba su frasco lleno de luciérnagas. Asami estaba sentada a su lado, e igual contemplaba las que ella misma había logrado capturar en ese rato. Había más gente reunida en grupitos al lado del agua, charlando alegremente mientras liberaban a los insectos y disfrutaban de la noche cálida, así que ambos muchachos se dieron el permiso de bajar la guardia disfrutando el silencio que se alzaba entre ellos.
—Quería venir aquí —admitió Grimmjow acostándose bocarriba y sosteniendo el frasco hacia arriba, viendo las luciérnagas a contraluz de las estrellas —, gracias.
—¿Gracias? ¿Por qué? —cuestionó confundida.
—Fuiste mi excusa para venir aquí, si lo hubiera hecho yo solo no habría tenido el valor para entrar y pedir mi frasco.
¿En serio? Pensó Asami molesta antes de volver la mirada hacia Grimmjow, percatándose de que había algo más en sus facciones.
Grimmjow sonreía distraído mientras los bichos caminaban sobre el vidrio, emitiendo destellos parpadeantes casi hipnóticos. No, al menos de momento no admitiría que la había estado molestando para obligarla a seguirle, no admitiría que quería llevarla al paraje de las luciérnagas, no admitiría que lo estaba pasando bien sin pelear ni discutir con aquella chica que comenzaba a parecerle cada vez un poco más hermosa.
Asami sonrió abriendo su frasco y liberando sus luciérnagas, soltando una risa infantil cuando las vio levantar el vuelo y perderse contra el firmamento, se recargó en las manos y siguió mirando la forma en que aquellos insectos fotoluminiscentes se confundían con las estrellas titilantes de esa noche mientras Grimmjow suspiraba por lo bajo, resignado. La liberación de las luciérnagas sólo podía querer decir que la chica estaba lista para irse.
—Me divertí mucho contigo —murmuró ella con voz trémula, revelando aquello que ambos habrían querido decir en voz alta, tal vez antes de un beso de despedida en el umbral de la puerta, pero no, tendrían que conformarse con un jardín de la escuela y un secreto dicho a media voz mientras ella sacaba su teléfono para contactar a sus hermanos.
—¿Lista para convertirte en calabaza? —murmuró el muchacho mientras abría lentamente el frasco para dejar ir aquellos insectos.
Y el beso que Asami le plantó en la frente, eso sí no se lo esperó, así que no tuvo tiempo de reaccionar cuando vio a la chica salir corriendo lejos de él, sonriendo como una niña que se sale con la suya luego de haberse divertido mucho.
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(Kaleido – Lisa)
Caminaba del brazo de su tío, así que pudo darse el lujo de perder la mirada en el estanque de peces mientras pasaban a su lado. Claro, aquel hecho no pasó desapercibido para el castaño, quien sonriera de medio lado frenando su marcha y dedicándole una mirada de adoración a su sobrina.
—Nanao-chan, ¿recuerdas aquel festival de verano? Tenías ocho años.
La joven levantó la mirada en busca de los ojos de su tío, y sí, aquellos ojos reflejaban la ilusión de la edad tierna que él le mencionaba.
—Sí, mamá y papá te invitaron a acompañarnos, fue la primera vez que traté de atrapar un pez en estos juegos.
—Pues parece que ahora quieres uno —bromeó el castaño mientras la mirada de Nanao volvía al estanque, siguiendo su objetivo.
—Es que es hermoso, míralo —pidió la chica, ilusionada.
Shunsui no tardó en identificarlo, un pez dorado, grande, más grande que el resto, y muy hermoso. Sus escamas capturaban los destellos del ocaso de manera que parecía brillar entre el resto de los peces. No pudo evitarlo, aquel hombre soltó una risa por lo bajo antes de acercarse al hombre que atendía mostrando dos dedos arriba.
Nanao se arrodilló junto al estanque y sonrió mientras su tío recibía los cuencos y las redes antes de ofrecerle uno y tomar el sitio a su lado.
—Veamos quién lo atrapa primero —desafió divertido.
Después de todo, atrapar peces grandes siempre era una mala idea cuando se jugaba aquel juego, las redes solían romperse muy fácilmente y la gente prefería irse por objetivos más pequeños.
Nanao no prestó atención a la gente a su alrededor, ni siquiera le prestó atención a su tío, que sonreía al verla tan entretenida. La mano diestra de aquella violinista se movía con cadencia por el agua, Kyōraku sonrió divertido al ver que la joven sostenía la red de la misma forma en que tomaba su arco, y se dedicó unos segundos a observar las facciones de su sobrina, suspirando con melancolía al percatarse de cuánto había crecido.
Kyōraku sonrió bajando la mirada hacia el estanque al sentir el tironcito en su red y percatarse de que, por el movimiento de las otras redes, un pececillo había terminado atrapado en la suya, lo capturó mientras reía por lo bajo antes de volver la mirada hacia Nanao.
Sí, se había convertido en una joven hermosa, su rostro de corazón enmarcado por los cabellos negros, sus labios finos coloreados en rosa claro, sus lentes deslizándose hacia la punta de la nariz. En cualquier momento algún muchacho llegaría a pedirle permiso para salir con ella.
Suspiró, Kyōraku suspiró resignado, sonriendo con más ganas antes de volver la atención a los peces y usar su red para tratar de acorralar al pez que Nanao quería capturar.
La chica no había hecho por capturar ningún otro pez, se había mantenido concentrada en su tarea, con el entrecejo fruncido mientras se mordía el labio para tratar de ocultar la sonrisa. Se estaba divirtiendo, como hacía tiempo no se daba permiso.
El pez comenzaba a ponerse nervioso, cada vez nadaba más rápido para tratar de escapar de la red de Nanao, a partir de ahí, todo ocurrió en un momento. Nanao, adelantó la mano, tal vez movida por la ansiedad de atrapar a su presa, el pez saltó hacia adelante, justo hacia la red de otra persona…
Nanao vio con sorpresa cómo su objetivo saltaba a la red de enfrente y cómo, en un movimiento rápido por la inercia, aquella persona echaba el pez en su cuenco. Levantó la mirada con curiosidad de saber quién era la persona que se había quedado con su pez dorado y se quedó pasmada al percatarse de qué ojos le regresaba la mirada.
Ambos muchachos tenían los lentes colgando en la punta de la nariz, Haruki había echado el pez a su cuenco más por el nerviosismo de que su red se rompiera, así que se sorprendió muchísimo al percatarse de que había sido la mano de Nanao la que había tratado de atrapar aquel pez dorado…
—Señorita —musitó el violinista a media voz.
—Haruki-senpai —dijo la chica al mismo tiempo.
Kyōraku frunció el entrecejo, confundido ante la situación que tenía frente a sí, alternando miradas entre su sobrina y el muchacho que se sonrojaba poco a poco, mirando a Nanao con los ojos abiertos, con el cuerpo alerta, como si estuviera a punto de acercarse un poco más.
Y entonces todo cayó en su lugar.
Las palabras de Nanao llegaron a él como el mensaje de alerta para que prestara atención.
—Estoy tomando asesorías con un estudiante avanzado
—Ah, Nanao-chan —soltó el castaño sonriendo con picardía —, parece ser que perdimos tu pez.
Nanao se levantó a toda prisa, un movimiento torpe pero agraciado con el que sus lentes terminaron de resbalar por la punta de su nariz. La mano izquierda de Haruki se movió a toda prisa, capturando con su red los lentes de la chica, consiguiendo que el papel se rompiera y ambos se miraran, sorprendidos.
—Señorita —dijo el muchacho con una sonrisa dulce mientras ofrecía la red y los lentes a la chica —, me parece que esto le pertenece.
—Haruki-senpai, su red…
—Está bien, he atrapado un par de peces —soltó divertido, mostrando su cuenco y percatándose del enorme pez dorado que estaba en el medio, rodeado por otros tres más pequeños.
La mano de Nanao se extendió hacia Haruki, ofreciéndole su propia red mientras la chica hacía una reverencia y ofrecía media sonrisa.
—Es lo menos que puedo hacer para reponer su red —murmuró la chica antes de sonreír nerviosa bajo la atenta mirada de su tío, mientras la mano de Haruki rozaba ligeramente sus dedos al recibir la red que, insistentemente, Nanao sostenía en su dirección —, mi tío y yo veníamos por un pez y él ya tiene uno, con su permiso.
Nanao se dio la vuelta y salió a pasos torpes, alejándose del lugar, dejando a Haruki con una expresión de sorpresa y una sonrisa boba de medio lado.
Seguía teniendo el mismo efecto en él, no importando cuántos días pasaran juntos en las asesorías, las salidas al café, a los museos, Haruki seguía sintiendo que podría morir ahí como el hombre más feliz, pero siendo ese andar torpe su principal motivo para seguir viviendo.
Kyōraku le miró con curiosidad mientras su sonrisa se ampliaba poco a poco, terminando de entender la situación.
—Yare, yare —murmuró Kyōraku divertido —, parece ser que no sólo atrapaste el pez de mi dulce Nanao-chan…
Los ojos de Haruki se abrieron mucho mientras chocaban contra los de Shunsui, el muchacho se quitó los lentes, cuidando no romper la red que Nanao le había otorgado, antes de hacer una reverencia elegante y pasar saliva.
Claro, Nanao habría disfrutado mucho aquella escena, Haruki con su Yukata, con los ojos cerrados mientras algunos cabellos resbalaban hasta enmarcar su rostro, haciendo una reverencia para saludar a su tío.
—¡Hajimemashite! —musitó con intensidad el muchacho antes de buscar los ojos de Kyōraku y dejarle pasmado por la seguridad con la que le sonreía, gallardo sin rayar la arrogancia, y, al mismo tiempo, dulcemente —Mi nombre es Yama…
—Yamamoto Haruki, lo sé —cortó Kyōraku ofreciendo una mano por encima del estanque, sorprendiendo al muchacho —, no sólo mi linda Nanao-chan habla de ti, también un viejo amigo. Ukitake.
—¿Conoce a Ukitake-sensei? —soltó sorprendido el violinista mientras la sonrisa se ampliaba en su rostro.
Sin embargo, Haruki pasó saliva con dificultad… Aquel hombre debía ser Kyōraku Shunsui, padrino y tutor de la joven Nanao, y, aunque estaba orgulloso de su imagen personal, no estaba seguro de que las perforaciones fueran la mejor de las ideas para tratar de impresionar al tutor de la chica que le había enamorado, al menos no para una primera impresión.
—Es un viejo amigo de la infancia, uno que, por cierto, está orgulloso de ti —apuntó divertido mientras levantaba la mano llamando la atención del dueño del puesto —, hemos terminado por aquí —murmuró entregando la red y devolviendo el pez al estanque, ganándose una sonrisa por parte del hombre y recibiendo el pago de manos de Kyōraku —. Eres más bajo de lo que imaginé. De verdad es bueno conocer a las buenas influencias de Nanao-chan.
—¿Buenas influencias?
—Créeme, la has inspirado muchísimo —dijo en medio de un gruñido por el esfuerzo mientras se levantaba del suelo y sonreía con ganas —. Ahora iré a buscar a mi sobrina, antes de perderla por completo. Con permiso.
Haruki asintió una vez y sonrió mirando el pez dorado que había capturado, olvidándose por completo de la apuesta que había hecho con Sato.
Sí, cuando se encontró con él y Soi-Fong de camino a los jardines, su hermano pequeño le había apostado que no atraparía diez peces con la misma red, y Haruki había caído en esa trampa sin percatarse de que la razón por la que lo había enviado a ese puesto era porque había visto a Nanao arrodillarse frente al estanque con una sonrisa radiante.
Kyōraku alcanzó a Nanao en el puesto de las tortugas mientras la chica observaba divertida a un grupo de niños jugando con cuidado para no romper sus canastillas.
—Así que —dijo Kyōraku, consiguiendo que Nanao se sonrojara por el tono de su tío, como si no lo conociera —, Haruki-senpai ¿eh?
—No digas nada —pidió divertida, tomando la mano de aquel hombre y tirando de él para comenzar a caminar, arrancándole una risa al castaño que la alcanzaba y miraba a su alrededor, en busca de Starrk en la distancia.
—Parece buen muchacho. ¿Viste sus perforaciones? —inquirió el mayor, haciendo a Nanao sonrojarse con ganas —¿Te dije que yo tenía un arete cuando tocaba en las calles con Ukitake?
—No mientas por la convivencia.
—Hablo en serio, Nanao-chan. ¡Tengo la cicatriz! —exclamó tirando del lóbulo de su oreja y haciendo que Nanao manoteara mientras soltaba una carcajada.
—¡Señorita!
La voz de Haruki llegó hasta ellos, tomando por sorpresa a Nanao, quien levantó la mirada en dirección al muchacho, sorprendida por verle alcanzarla.
El violinista hizo una reverencia ligera antes de levantar una bolsa en dirección de la chica, sorprendiéndola al mostrar el pez dorado que ella misma había tratado de atrapar. Tanto Nanao como Shunsui miraron asombrados el gesto de Haruki, quien sonriera levantándose y acercándose un paso más, consiguiendo que la chica avanzara también, pasando saliva y sonrojándose ligeramente.
—Haruki-senpai, esto…
—Otra vez con ese senpai...
—Estamos en la escuela —justificó la chica pasando un mechón de cabello tras su oreja y sonriendo tímidamente, ganándose una mirada de Shunsui, sorpresa, alegría por ver a su pequeña así, y temeroso de que alguien pudiera romperle el corazón.
—Me parece que usted perseguía este pez, señorita —murmuró divertido, mirando al pequeño que nadaba tranquilamente en su bolsita.
Nanao recibió al pez y sonrió dulcemente mientras una mano de Haruki sostenía las suyas por debajo, y la otra se mantenía aferrada al nudo de la bolsa.
—Pero usted lo atrapó —murmuró ella a media voz mientras el muchacho le liberaba por fin, sin poner distancia entre ellos, sonriendo con ganas.
—Gracias a usted. Señorita, ha sido usted quien lanzó el pez hacia mi red, lo justo es que usted lo tenga.
Haruki empujó las manos de Nanao hacia arriba, sosteniendo el pez a medio camino entre sus miradas, Nanao sonrió ilusionada al ver las escamas doradas del pez brillando ante las luces de colores, mientras Haruki se deleitó en asomarse tras la bolsa para observarle el rostro a la joven, sintiendo que había valido la pena anteponerse a sus nervios de hablarle frente a su tutor, con tal de verle sonreír de aquella forma.
Habían trascendido ya el nerviosismo de estar en la misma habitación (que lo partiera un rayo si volvía a decir algo tan torpe como lo del agua en su primera asesoría), pero habían nacido nuevos desafíos a sortear luego de entender que estaban enamorados, por ejemplo, anteponerse al nerviosismo de la sonrisa distraída y de embeberse en su mundo cuando el otro hablaba.
—Es muy lindo —murmuró ella antes de asomarse también tras la bolsa y sonrojarse ante la mirada de su senpai —, lo vi desde lejos.
—Con mayor razón es justo que lo tenga, señorita. Será una gran compañía en las prácticas solitarias.
Por fin las manos de Haruki liberaron las suyas y el muchacho retrocedió medio paso, sonriendo dulcemente.
—Perdón señorita —murmuró sonriendo apenado —, mis hermanos esperan por mí, tenemos una presentación más tarde, espero verle por ahí —añadió esperanzado, sintiendo que podía reivindicar ahí el hecho de no haberla invitado al concierto del catorce —, de verdad me gustaría que fuera mi invitada esta noche. Sé que es un evento público, es decir, cualquiera puede sentarse a los jardines, no es que usted sea cualquiera —aclaró con torpeza mientras retrocedía sonriendo divertido, el enamoramiento había traído un nuevo nivel de torpeza —, pero me gustaría que usted... me acompañara.
—A las ocho en punto, sí —respondió la chica retrocediendo medio paso, sintiendo que todo el valor para haber sostenido aquella charla se desvanecía, tartamudearía en cualquier momento, presa de la inmensa felicidad que le daba recibir aquella invitación por parte de su senpai —, ahí estaremos. Ahí estaré —añadió avanzando medio paso al mismo tiempo que Haruki mientras el violinista sonreía sintiendo algo tibio en su corazón —, me encantará ser su invitada.
—La veo más tarde, señorita.
Haru se había dado la vuelta para alejarse hacia su hermano, sin embargo, en un último arranque, volvió sobre sus pasos y sonrió mordiéndose el labio antes de añadir.
—Señorita, como sabe tengo examen de optativas muy pronto y me hace falta una serie de fotografías, me encantaría que fuera mi musa.
—¿Musa?
—Tengo que hacer algunos retratos y pensé... tomar diez minutos de su siguiente asesoría, si usted me lo permitiera, creo que...
—Haruki —exclamó ella con el corazón acelerado —, si puedo hacer cualquier cosa por apoyar su desarrollo escolar, estaré complacida en hacerlo, después de todo, usted ha hecho tanto por mí... que siento que estaré en deuda siempre.
—Señorita —llamó con intensidad, suprimiendo la necesidad de acariciarle la mejilla pues sabía que todavía eran observados —, su deuda se paga cada vez que deja en ridículo mis arreglos.
—No diga tonterías, apenas y los termino.
—Si fuera así, no me tendría componiendo cada semana —prometió el violinista confiado —, y el sensei Ukitake no había autorizado hacerle otro examen diagnóstico. Mil gracias, de verdad... La veo más tarde, señorita.
Y sin añadir más, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia sus hermanos, pasando saliva con dificultad, poniendo especial atención a sus pasos para no tropezar con sus propios pies mientras alcanzaba a Sato en la distancia, que le esperaba con una sonrisa radiante al haberle ganado la apuesta.
—Andando, señorita —se burló Kyōraku, reventando la burbuja de ensoñación en la que Nanao se había visto inmersa —, todavía quiero comer croquetas de pescado antes de las presentaciones musicales. Y Stark me debe un sake.
—¡Tío Kyōraku-san! —exclamó la chica, pasmada.
—Cuidado con el pez —advirtió el mayor mientras Nanao avanzaba hacia su lado y desviaba el rostro, sonrojada. Kyōraku suspiró sonriendo mientras su sobrina se tomaba de su brazo con la mano libre —, me da gusto conocerlo, me gusta que un estudiante tan dedicado se sienta tan impactado por mi dulce Nanao.
—No lo está.
—Tendrías que ver cómo te mira.
—No mientas —murmuró la chica mientras una sonrisa soñadora se apoderaba de su rostro y ambos se encaminaban hacia los puestos de comida.
—¡Si hasta quiere que seas su musa!
—¡Es para un examen! —defendió la chica, escandalizada y sintiendo las mejillas calientes por el sonrojo —Es lo menos que puedo hacer para pagarle mis asesorías.
—Babea por ti —contradijo Kyōraku mientras Nanao sonreía, mordiéndose la lengua para no decir alguna tontería.
—Mentiroso.
—¿Sabes? —murmuró el castaño antes de abrazar a Nanao por los hombros, sosteniéndola cerca —, si el hombre que venga a pedir tu mano alguna vez te mira como Haruki-san te miraba cuando te fuiste, estaré feliz de saber que alguien puede cuidarte casi tan bien como yo.
—¡Basta ya! —exclamó la chica con las mejillas encendidas en un sonrojo fuerte, apenada, amenazando con atragantarse con su propia saliva.
—¡Vamos a comer! —soltó divertido dando un fuerte aplauso, divisando a Lilynette en el puesto siguiente, dando el tema por zanjado, ofreciendo una tregua a Nanao, quien miraba el pez con adoración, suspirando enternecida por el gesto de su senpai.
—El niño la mira como tú miras a Katen —murmuró Starrk en el oído de su amigo, haciéndole pasar saliva y sonreír tenso.
—Eso me temo —admitió el saxofonista con cierto pesar, sabiendo que Nanao eventualmente volaría del nido, siempre lo supo, algún día abriría sus propias alas y buscaría hacer su camino, al igual que él alguna vez había hecho, pero eso no quitaba el hecho de que la noticia parecía un balde de agua fría.
—Katen Kyōkotsu estará a tu lado cuando eso pase —añadió Starrk con picardía, abrazando a su amigo por los hombros y haciéndole atragantarse con su propia saliva —, así que quita la cara larga, deja eso a los amigos y vamos a comer, señorito.
—¡Muy gracioso! —espetó Shunsui en respuesta, aferrándose a la espalda de su amigo y sonriendo ampliamente mientras sus respectivas sobrinas los adelantaban sonriendo y charlando animadamente de la feria y las actividades.
—¿Confirmó para hoy? —cuestionó Starrk con curiosidad, mirando de reojo a su amigo al sentir que sus hombros caían un poco.
—No —respondió en medio de un suspiro —, parece ser que tenía una reunión importante con su agente, no sabía si volvería a tiempo.
—¿Con su agente? ¿El mismo que le propuso matrimonio? —exclamó pasmado ante la tranquilidad de su amigo.
—¿Qué? ¡No! —respondió Kyōraku escandalizado —¡No, nada de eso, no! Ella se cambió de agencia y... ¿Por qué te estoy dando explicaciones? —espetó antes de carcajearse ambos, avanzando a traspiés por la feria.
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Haruki alcanzó a Sato en el siguiente puesto, todavía sintiendo que le temblaban las manos por el nerviosismo de haber entregado el pez a Nanao y pedirle que fuera su modelo, sonreía, como un idiota según su criterio, así que cuando Sato le regresó la sonrisa al lado de Soi-Fong, Haruki no hizo por decir nada más.
—Entonces —murmuró el menor dando un golpecito al hombro de su hermano —, ¿cuántos peces atrapaste?
Lo tomó desprevenido.
Tomó a Sato desprevenido.
Haruki apresó el cuello de su hermano entre el brazo y comenzó a rascarle la coronilla con los nudillos, arrancándole gritos y reclamos, forcejeando para soltarse mientras Soi-Fong retrocedía, pasmada ante el comportamiento de los muchachos.
—¡Maldita sea, Satoshi! —exclamó Haruki haciendo una pausa, asomándose para buscar el rostro de su hermano, antes de volver a rasparle la cabeza —¡Maldita sea! ¿De verdad me mandaste al puesto por una apuesta?
—¡No sabía que Nanao estaba ahí! —gritó Satoshi divertido, forcejeando con más ganas al ver que su hermano no paraba.
—¿¡De verdad!? ¿Quién habló de Nanao? ¿¡Como cuando la obligaste a cantar La vie en rose!?
—¡Tal vez la vi!
—¡Ay, no me salgas con eso!
—¿Al menos le hablaste? —soltó el menor, liberándose por fin del agarre de su hermano.
Haruki suspiró componiendo una sonrisa enamorada, quitándose los lentes antes de dedicarle una mirada de reojo a su hermano, una mueca que pretendía mostrarse serena pero que lucía soñadora en realidad.
—Le regalé un pez dorado —dijo torciendo un poco el gesto, encogiéndose de hombros.
Sato carraspeó rodando los ojos antes de mirar a Soi-Fong, la chica le sonreía de medio lado al gato negro que abrazaba, demasiado segura de que Haruki y Satoshi seguirían enfrascados en su conversación como para percatarse de que ella le estaba concediendo una victoria a ambos muchachos.
Haruki carraspeó soltando a su hermano mientras se acomodaba de nuevo la máscara al costado de la cabeza.
—Estaba con su padrino, sostuvimos una charla corta. Le pedí que me ayudara con mi proyecto de fotografía.
—Era para que hubieras pedido su mano —cortó Sato divertido.
—¡Su mano, ¿A Nanao?! ¡No! Vamos tranquis con este tema, ¿sí? —exclamó a toda prisa, sintiendo nerviosismo y sonriendo ampliamente —Me tratas como si todavía la tratara con pinzas, te recuerdo que incluso hemos salido alguna vez...
—El catorce de marzo —canturreó el menor enarcando las cejas de manera sugerente y haciendo al mayor pasar saliva.
Y "Salvado por la campana" adquirió un nuevo significado para él cuando su teléfono emitió un sonido haciéndolos a ambos mirar la pantalla con curiosidad, sabiendo ambos que ese tono personalizado no podía esperar por nada del mundo.
—Hana manda saludos desde el festival de Tokio, dice que ella y Saya salieron con amigos del hielo a celebrar —informó Haru sonriendo.
—Saludos de regreso —murmuró Sato viendo la fotografía de sus primas.
En primer plano Hanako sonriendo ampliamente, mostrando su abanico y su yukata, el cabello recogido por lo alto con su kanzashi de glicinas, en seguida un muchacho alto de cabellos rubios vestido también a la usanza tradicional, pero de facciones extranjeras, atrás venía Saya y parecía estar alegando con el pelirrojo a su lado, pero ambos portaban sonrisas radiantes en los rostros, Saya sujetaba un algodón de azúcar lejos de ambos mientras el muchacho trataba de robarle un poco.
—Como sea —murmuró Haru guardando rápidamente su teléfono —, iré a conectar los amplificadores, no quiero estar tarde para esta noche, ¿busco a Asahi y nos alcanzas?
—Iré por Asami —anuncio Sato poniendo ambas manos tras la nuca y caminando relajado al percatarse de que no sacaría más de su hermano, pero feliz de verle tan relajado luego de hablar con Nanao —, seguro estará con Riruka en el jardín oeste.
—Asami envío mensaje, ella ya está en los cerezos. Te veo allá.
Haru se alejó a pasos tranquilos, saludando a casi todas las personas con las que se encontraba en el camino, dejando pensativa a Soi-Fong.
En el tiempo que había pasado con Sato esa noche se había percatado de que todas las personas con las que se topaba lo saludaban con efusividad y entusiasmo, era como si fueran estrellas de rock en ese lugar o algo así, pero la razón que le hizo quedarse más pensativa todavía fue la interacción de ambos hermanos.
—Se ve que se llevan bien —soltó Soi-Fong con tanto sarcasmo que Sato sonrió con una gota de sudor creciendo en la cabeza —, transpiran amor fraternal.
—Sí, yo. Nosotros...
—Yo no tengo hermanos —murmuró Soi-Fong abrazándose al gato de peluche, tratando de ocultar su rostro y el sonrojo en sus mejillas, tratando de ocultar que ella no era la doncella de hierro que aparentaba todo el tiempo —, así que no puedo decir nada.
Sato sonrió con el corazón derretido, mirando a la joven con tal embeleso que cualquiera que le viera querría estar enamorado. Sí, él había sido capaz de ver a través de las máscaras de dureza que se había puesto Soi-Fong con sólo verla en una competencia en televisión, y ahora, iluminada débilmente por las lámparas de colores, ahí parecía una reina del antiguo Japón, orgullosa y bella.
—Mis hermanos quieren que te presente con ellos —soltó el muchacho antes de poder poner freno a sus pensamientos, soltando la lengua y arrepintiéndose al ver la expresión férrea que Soi-Fong le dedicó.
—Quieto ahí —soltó la chica levantando las barreras de nuevo, mirándole con suspicacia.
—Descuida, quiero decir que a ellos les encantaría conocerte, después de todo, hablo mucho de ti desde que te conocí —confesó con las mejillas sonrojadas mientras se acercaban a los cerezos —. No es en plan, presentarte a mi familia como si fuera a pedir tu mano —añadió pensando en la broma que le había gastado a Haru momentos atrás —, pero me gustaría mucho que conocieras a mis hermanos. Ellos… —la mirada de Sato se perdió hacia el frente, el sitio en el que Haru cargaba una bocina bajo la atenta dirección de Asami, con Karin levantando los cables para que no arrastraran.
Los hermanos de Sato Lucía pintorescos, moviéndose con sincronía, con sonrisas ligeras, gestos amables y sincronizados, muy acostumbrados a estar interactuando frente al público.
—De verdad son unidos —murmuró Soi-Fong sin aliento.
—Ellos son mi mundo —dijo al final el muchacho en medio de un suspiro mientras levantaba la mano para saludar a su hermana.
Soi-Fong habría querido responder algo, interactuando para alivianar la tensión que aquella solemnidad le suponía, pero Asami corrió hasta ellos, tomando la mano de Sato y tirando con fuerzas, alegando que la hora, que el equipo, que los instrumentos desconectados, y el muchacho apenas tuvo tiempo para dedicarle una mirada a Soi-Fong por encima del hombro, un gesto de disculpa que hizo a la chica soltar una risa discreta, oculta tras su peluche.
La morena miró a su alrededor, insegura de acercarse o retirarse del lugar, había prometido a Sato escucharlos, pero qué hacer cuando no sabía cómo manejar la vorágine de emociones que se le habían aglomerado contra la garganta luego de confirmar, por enésima vez, que Sato era un muchacho con un corazón de oro...
Vio a varias personas sentándose a los pies de los cerezos, buscando un lugar cercano para poder ver el show, Soi-Fong sonrió divertida al ver una barda relativamente alta a unos metros del lugar en el que los hermanos se acomodaban, desde ahí podría escucharlos perfectamente y ver a Sato todo el tiempo, además de que le pareció divertida la idea de sentar a su felino al lado de ella, dos gatos viendo un concierto desde lo alto.
Comprendía lo que Sato le había contado de su familia al verlos ahí. Haruki y Takeshi se sonreían el uno al otro mientras enrollaban algunos cables para dejarlos fuera del alcance de sus pies, charlando animadamente, Asami estaba parada en jarras, supervisando a Sato, quien terminaba de conectar los amplificadores a su guitarra mientras Karin y Asahi rodaban los dos tambores taiko mientras se dedicaban miradas y sonrisas cariñosas y nerviosas continuando su trabajo de colocar los tambores lado a lado, sonriendo y mirando a sus hermanos de vez en cuando.
Por un momento, Soi-Fong se permitió soñar con la posibilidad de encajar en ese mundo divertido, espontáneo, relajado. Se preguntó si tendría, al igual que los hermanos Yamamoto, el derecho y la posibilidad de ser feliz, de disfrutar de una tarde de primavera como si el tiempo no los estuviera persiguiendo.
Volvió el rostro cuando ese pensamiento se volvió pesado, paseando la mirada entre los presentes, distinguiendo claramente entre locales e invitados. La gente que asistía al festival como invitada parecía demasiado entretenida viendo los cerezos, la decoración, los faroles de papel. Sus miradas vagaban de un puesto al siguiente, a las atracciones, a la gente. Los estudiantes del instituto miraban con detenimiento la forma en que los hermanos se acomodaban en el jardín, la disposición de los instrumentos, incluso hablaban entre ellos con las cabezas juntas para hacer el mayor silencio posible, analizando las posiciones que tomaría cada uno en función de la acústica del lugar.
Tal vez encajaba en ese sitio, en el lugar reservado para los soñadores, grupo al que Sato pertenecía.
No, Soi-Fong volvió la vista una vez más para alejar ese pensamiento, percatándose en el gesto compungido de un hombre a lo lejos que ella no era la única que pasaba un momento extraño.
…
Nanao noto ciertamente algo extraño en el rostro de Kyoraku, puesto que puso una mano sobre su hombro y le dedicó una sonrisa dulce.
—Otōsan, ¿todo bien? —llamó Nanao con voz delicada, consiguiendo que Kyōraku sonriera enternecido al regresarle la mirada.
No era común que Nanao le llamase de aquella forma, esa palabra estaba reservada para los momentos importantes o las conversaciones profundas, así que Shunsui sonrió enternecido al escuchar la preocupación en las palabras de su sobrina.
Sí, se había quedado absorto en sus pensamientos, mirando los instrumentos mientras su entrecejo se contraía, formando un gesto de contrariedad.
—¿Ves el instrumento en manos de tu senpai? —murmuró apuntando con un gesto de la cabeza, haciendo a Nanao levantar los ojos hacia el escenario y asentir.
—Sí, shamisen… creo.
Nanao observó la forma en que Haruki lanzaba su bachi en el aire una vez y sonreía para Asahi, quien respondiera haciendo malabares con una baqueta.
—Sakuranosuke solía tocar el shamisen cuando teníamos una presentación y yo estaba muy nervioso como para tocar —murmuró a media voz el castaño, consiguiendo que Starrk suspirara también.
—Sakura… —murmuró Nanao tratando de evocar algún rostro que asociara con aquel nombre, sin llegar a nada concluyente.
—No me hagas caso —pidió el hombre sonriendo acariciando el cabello de Nanao y haciéndole sonreír más tranquila al verle con mejor ánimo, hecho a la idea de que su hermosa flor no los acompañaría esa noche y él tendría que esperar un poco más para, por fin, presentársela a Nanao —, me pongo melancólico y eso que no hemos bebido nada el día de hoy.
—¡Tío! —exclamó la chica a manera de reclamo, haciendo a Kyōraku reír con ganas.
—¿Qué? El cobarde de Starrk no cumplió su parte del trato.
—Me vas a tener que perdonar —espetó el aludido empujando con su hombro el de Kyōraku, haciéndole perder el equilibrio un momento y ahogar una risa por lo bajo —, pero hasta ahora no he visto nada que me impresione.
—Si las luciérnagas no lo hicieron, no sé qué lo haga —se quejó Shunsui, consiguiendo que Nanao soltara una risa discreta.
—Oh, pero tal vez algo lo sorprenda —prometió la joven volviendo la vista a los hermanos.
Soi-Fong en la distancia sonrió abriendo la cámara frontal de su teléfono y llamando la atención de Sato tras su guitarra, el muchacho compuso una sonrisa radiante y levantó la mano en señal de saludo mientras la joven cubría su sonrisa con el gato de peluche, haciendo un par de fotografías que enviaría a Sato antes de arrepentirse de la idea. Tenía que existir prueba de ese día, algo que inmortalizara el recuerdo que la chica tenía del guitarrista que la tenía harta y cautivada en partes iguales.
Las luces descendieron hasta sumir todo en la penumbra, proyectando sombras extrañas gracias a la luna, los hermanos habían terminado de instalar sus instrumentos, Soi-Fong se acomodó de nuevo en su sitio al percatarse de que los Yamamoto habían dado unos pasos lejos del escenario y ahora le daban el costado al público con un aire misterioso que sumió al lugar en el silencio.
Takeshi soltó un grito contundente, corto, controlado, grito que sobresaltó a la audiencia.
No. Soi-Fong sólo había estado en una parte del concierto de San Valentín, pero no era de conciertos o recitales, así que no entendía la distribución de los instrumentos ni la importancia del acomodo de los hermanos... Y de por sí una presentación de ellos generalmente no era un evento convencional, así que no era la única que tenía esa sensación de incertidumbre, en ese momento nadie tenía ni la más mínima idea de qué esperar de los hermanos Yamamoto, se quedó petrificada en su sitio, sintiendo que el corazón le latía con fuerza contra la garganta ante la pausa que siguió a aquel gesto del mayor.
¿A qué esperaban?
Y al pasear la mirada por los presentes, la morena se percató de que la sensación no era sólo propia, sino que se extendía entre la gente. Rostros llenos de ilusión y de añoranza, sorpresa, ansiedad de la buena, diría Yoruichi si la viera.
—Tsch, de verdad les gusta hacerse del rogar —musitó Renji sentándose al lado de Ikkaku y Yumichika mientras Shūhei apagaba las luces del puesto móvil de la División trece antes de alcanzarlos.
—El escenario los adora —concedió el muchacho dejándose caer al lado de sus amigos y sonriendo con ganas.
Haruki y Takeshi estaban al fondo, mirándose de frente mientras las máscaras kitsune que llevaban al costado de la cabeza miraban en dirección al público, dando una sensación extraña, casi incómoda a los que los veían, como si aquel par les estuviese observando de alguna manera. En seguida estaban Sato y Asahi, el primero con la máscara sobre la cabeza, el segundo con el rostro oculto tras las facciones del zorro. Asami estaba al centro, dándole la espalda al público y con las manos unidas, ocultando algo de la vista de los curiosos, con la máscara colocada en la parte posterior de la cabeza, levantando algún escalofrío.
Un sonido agudo se levantó en las bocinas, inundándolo todo mientras el humo se extendía entre los instrumentos y los hermanos, arrancando alguna exclamación de sorpresa a la audiencia.
Lilynette tomó con fuerza las manos de Nanao, sacudiéndola ante la ansiedad de aquel preludio, la mayor le dedicó una sonrisa esporádica mientras Nemu se sentaba a su lado en silencio y ambas fijaban la mirada en el escenario.
Asami giró sobre sí misma, revelando que, entre sus manos, contra sus labios, sostenía una flauta shakuhachi, instrumento tradicional japonés con el que logró crear un ambiente de intriga antes de dar varios pasos de espaldas, moviendo sus manos en gestos serpenteantes y armónicos que parecieron hipnotizar a la audiencia.
La chica rebasó a sus hermanos y retiró la flauta en un gesto histriónico a la par que Takeshi liberaba otro grito y avanzaba tres pasos a la par de Haruki. El mayor estaba al lado de los tambores taiko mientras su hermano había levantado el shamisen de su base, girando entre sus dedos el bachi, nervioso, sosteniendo una mirada tan intensa que cualquiera se habría encogido en su sitio, si no los cubrieran las máscaras.
Todavía dando el costado a la gente, Takeshi movió los brazos de forma circular para dar dos golpes al tambor más lejano, y entonces comenzó el espectáculo.
Haruki apenas se dio el tiempo de hacer una pronunciada reverencia para su hermano (gesto en el que aprovechó para ponerle la correa a su instrumento, antes de arremeter con el bachi hacia las cuerdas agudas.
La velocidad a la que tocaba aquellas notas sólo podía compararse con cómo tocaba los caprichos, la melodía era inconfundible, así que la gente alzó un grito alabando aquella ejecución de los tres Yamamoto, consiguiendo que Haruki sonriera soberbio y orgulloso.
Tanto él como Takeshi giraron para encarar a la gente, Haruki continuó con sus arpegios mientras Takeshi arremetía con todas sus fuerzas contra los tambores, asintiendo ambos con el ritmo de su música.
Los mayores se deleitaron en ver las expresiones asombradas de la gente presente ante su ejecución implacable, y el resto de los hermanos aprovechó ese momento para ir a tomar posiciones de sus instrumentos, Asami volvió a evocar los sonidos agudos de su shakuhachi mientras se movía hacia el costado, avanzando en dirección al koto que descansaba a dos pasos de ella.
Riruka soltó una risa discreta al ver a su amiga arrugando la nariz con molestia. Días antes se había quejado de tener que tocar aquella flauta con las tsume (púas) puestas, puesto que no podría cambiarse al koto a tiempo si tenía que ponerse los aditamentos en índice, medio y pulgar. Su movimiento fue controlado, se situó tras el instrumento tradicional y depositó la flauta a su lado a toda velocidad mientras situaba los dedos en las cuerdas correspondientes para hacerle armonía a sus hermanos.
(Senbonzakura – Wagakki Band)
Y aunque abrió la boca para comenzar a cantar (tendría que hacerlo a los gritos si quería que su voz llegara hasta el micrófono situado frente a ella y su instrumento, el acomodo no daba para haberlo puesto de otro modo), fue la voz de otra mujer la que se alzó en las bocinas, consiguiendo que los cinco hermanos volvieran el rostro a sus alrededores, buscando el origen mientras la gente alzaba el grito para ovacionar a la mujer que salía de entre los cerezos.
MILES DE SAKURAS LA NOCHE CUBRIRÁN,
NI SIQUIERA TU VOZ ME PUEDE ALCANZAR,
esto es un festín en jaula de acero,
mirando al puesto de decapitación.
Sus cabellos negros iban recogidos en un precioso peinado tradicional lleno de kanzashis simulando sakuras en cascada, su kimono rojo, violeta y blanco parecía sacado de una película de antaño, su rostro maquillado ligeramente hacía que la piel luciera pálida con el resplandecer de la luna, contrastando con sus labios rojos y pestañas largas y rizadas.
Yuriko sonrió abriendo su abanico mientras se acercaba a sus hijos, haciendo que Haruki soltara una carcajada por la impresión a la par que Asahi y Sato liberaban un grito.
La mujer alzó su voz en vibrato mientras Asahi y Sato arremetían con todas sus fuerzas contra la guitarra y la batería, sumándose de nuevo la flauta a la música y obligando a los muchachos a volver el rostro hacia el otro lado, percatándose de que Kai también avanzaba hacia ellos, cada uno con su respectiva máscara Kitsune.
Kai se paró al lado de Haruki, tocando su shakuhachi y bailando lado a lado, sonriéndose con orgullo mientras arrancaban la melodía a sus instrumentos, Yuriko puso las manos a hombros de Asami antes de pegar su mejilla a la de la pequeña en una especie de abrazo, ambas con los ojos cerrados y disfrutando ese momento. Sato y Asahi aprovecharon que la intensidad con la que sus hermanos tocaban había disminuido, el mayor avanzó dos pasos hacia el frente y movió sus dedos a toda velocidad sobre las cuerdas, consiguiendo que Soi-Fong lo mirara sorprendida, y aunque Asahi golpeó sus tambores y tarolas con una baqueta, la otra saltó en el aire, dando varios giros antes de volver a su mano a la par que él le dedicaba una sonrisa radiante a Karin, sorprendida por la sincronía de aquella familia.
Tan audaz y atrevida, la revolución comienza,
son de corazones libres PACIFISTAS.
Una bicicleta va con la bandera japonesa,
disipando mal se encuentra un ICBM.
Corriendo un camino circular,
hacia oeste se dirigirán.
Chicos, chicas van de samuráis,
como en el periodo EDO.
Yuriko y Kai avanzaron hasta el centro del escenario, parándose lado a lado mientras encaraban al público, demasiado habituados a presentarse juntos que incluso sus movimientos parecían sincronizados. Yuriko se veía cómoda mientras cantaba, alternando su abanico con la gesticulación, como si actuara los versos de la canción y su familia fueran los protagonistas de aquella historia, todo un espectáculo.
La mirada en los hermanos Yamamoto no tenía precio, Nanao suspiró con adoración cuando vio la sonrisa que Haruki tenía al mirar a sus padres, había cierto aire infantil en su rostro, la fama de aquel matrimonio les precedía, viajes, conciertos, presentaciones, temporadas largas en cruceros de lujo, aquella debía ser la primera vez en el año en que veían a sus padres, y debía ser la primera vez en mucho tiempo que se presentaban los siete juntos. Y posiblemente jamás podría tener una oportunidad así, ver a todo el talento Yamamoto reunido, pero para Nanao valió la pena perderse el espectáculo un momento más con tal de seguir observando a Haru componer una expresión angelical e infantil.
MILES DE SAKURAS LA NOCHE CUBRIRÁN,
NI SIQUIERA TU VOZ ME PUEDE ALCANZAR,
esto es un festín en jaula de acero,
mirando al puesto de decapitación.
El universo está inmerso en la oscuridad,
canto, amor ni dolor logró llegar aquí.
El azul del cielo se encuentra aún muy lejos,
apunta tu laser y perfóralo.
Los dedos de Asami se paseaban de una cuerda a la siguiente, arrancando los sonidos y haciendo los vibratos con la presión correcta, la chica bailaba tras el koto con una sonrisa radiante, mirando la forma en que su madre cantaba y bailaba con el abanico, dando un espectáculo que equilibraba perfectamente las tradiciones de su país con el estilo rockero que solían adoptar los hermanos cuando se presentaban juntos. Lucían radiantes, ambas mujeres de la familia, las joyas de la corona, mirándose de reojo mientras la mayor le dedicaba algún guiño esporádico a sus hijos.
Grimmjow se recargó en la barda ahogando un suspiro al ver a la chica mover los hombros, marcando los golpes del taiko, la niña berrinchuda se había quedado muy lejos, había años de distancia con la joven hermosa que ahora sonreía radiante mientras se lucía arrancando a las cuerdas los sonidos precisos, pero ¿en qué momento había cambiado tanto?
Sonrió de medio lado cuando la mirada de la joven encontró la suya, radiante y prepotente al mismo tiempo.
"Yo te enseñaré el poder de la música" rezaba su mirada, así que él asintió una vez, aceptando el desafío.
Ese veterano ahora es un oficial de cargo,
por aquí y allá las chicas lo cortejan.
Este tipo y aquel otro, todos ya se van reuniendo,
en la marcha de los santos
—ONE, TWO, THREE, FOUR —gritaron los siete al unísono.
A través de la puerta espiritual,
purificaremos el alma de todo mal
Por supuesto el final será,
de aplauso y celebración.
Karin estaba sentada al lado de Rukia e Ichigo, pero el mundo entero parecía haber desaparecido esa noche. Ya antes había visto a su amigo (que justo ese día paso a ser su novio) practicar con la batería, sabía que era el mejor percusionista de su generación, no existía nadie que blandiera las baquetas mejor de lo que él hacía, entonces, ¿por qué estaba tan impresionada con la manera en que el muchacho se explayaba por todas las piezas de su batería?
Gotitas de sudor resbalaban por las puntas de sus cabellos, su rostro oculto bajo la máscara era un témpano, una máscara de serenidad que le hacía lucir irreal cuando se esforzaba tanto, o al menos eso creía la pelinegra, que ni se imaginaba la sonrisa radiante y boba que tenía el muchacho al saber que esa noche se presentaba con sus hermanos.
MILES DE SAKURAS LA NOCHE CUBRIRÁN,
NI SIQUIERA TU VOZ ME PUEDE ALCANZAR,
jaula de acero que en banquete se tornó,
y desde la guillotina contempló
El universo está lleno de oscuridad,
canto amor y dolor, tal vez lo logrará.
En la cima ya hay luz de esperanza,
corre por tu arma y dispárala.
Si hasta ese momento las manos de Yuriko se habían enfocado en marcar la letra de la canción y hacer de aquel espectáculo algo más profundo, ver a la familia moverse por el escenario no tuvo precio.
Detrás de los tambores, Takeshi dio una serie de gritos marcando el ritmo, consiguiendo que los presentes levantaran las manos y corearan aquellas exclamaciones de guerra, alentados por los movimientos de la guitarra de Sato, que subía y bajaba con cada grito, haciendo que los sonidos se marcaran de una forma brusca y alocada, enalteciendo la pieza.
Sato corrió hasta Asahi, coreando ambos los gritos de su hermano mayor, sonriendo con rabia contenida la euforia del concierto, permitiendo que la luna los bañara. Soi-Fong pasó saliva con dificultad al ver al músico tan rebelde y tan desgarbado, no pudo ahogar el grito que salió a su boca, uniéndose al llamado de guerra, sí, pero también alentado al músico a dar todavía más.
Haruki corrió hacia Asami, parándose a su lado mientras tocaba el shamisen en dirección a ella, ambos mirándose con rebeldía y sonrisas radiantes, intercambiaron un par de gestos, alzaron una ceja y se unieron también a los gritos de guerra mientras Yuriko y Kai se movían por todo el borde que les dividía de la gente, ella moviendo las manos y comenzando a corear aquel clamor mientras su esposo paseaba tras ella, mirando a la gente con los ojos rebosantes de asombro y euforia.
Corriendo un camino circular,
persiguiendo nuestra libertad.
Chicos, chicas van de samuráis,
Haruki se movió hacia su madre, encarándose el uno al otro mientras él volvía a arremeter contra las cuerdas de su instrumento, la mujer parecía estarle cantando con aquellas palabras y ambos se frenaron en firmes ante el clamor de libertad, Yuriko llevó su abanico a la frente, un saludo militar antes de apuntar con él hacia Asami y luego hacia Asahi.
Sonrió divertida cuando sus hijos gritaron al unísono el final de aquel verso (Como en el periodo EDO), haciéndola encogerse en su sitio.
MILES DE SAKURAS LA NOCHE CUBRIRÁN,
NI SIQUIERA TU VOZ ME PUEDE ALCANZAR,
jaula de acero banquete criminal,
Hoy la guillotina no nos detendrá.
Haruki y Kai se pararon lado a lado de Yuriko, el resto de los instrumentos guardó silencio, Takeshi y Asahi levantaron sus respectivos accesorios sobre la cabeza, cruzando las baquetas formando una equis con ellas, Sato levantó la mano con la que tocaba, estirándola sobre su cabeza, Asami volvió el rostro a un costado con las manos alzadas sobre los hombros mientras los otros tres seguían con la pieza.
MILES DE SAKURAS LA NOCHE CUBRIRAN,
SI TU VAS A CANTAR ENTONCES BAILARE,
el banquete será una celebración,
este es el momento del láser DISPARAR
Y la evolución de la música no fue lo que hizo al público gritar enardecido, no fue el hecho de que la canción volviera a estallar con toda su furia luego de haberse calmado tanto lo que arrancó el clamor a la gente, sino el hecho de que los seis Yamamoto que podían hacerlo, alzaron sus voces en un canto épico y bien sincronizado, todos en un tono diferente, tan bien ubicados en su propio canal que aquello consiguió darle a la pieza un aire épico y ancestral.
Sato sonrió divertido y extasiado en partes iguales al ver a Soi-Fong mientras la chica levantaba la mano en la distancia, marcando con su puño el ritmo de la pieza, realmente emocionada por la vehemencia de aquel acto rebelde. Aquello solo lo lleno más de adrenalina al notar que su amor platónico disfrutaba tanto de ese concierto, de verla mostrando tal sonrisa e alegría que solamente logro enamorarlo más.
Karin y Asahi movían la cabeza al ritmo de la música, aquella costumbre se la había contagiado el menor de varones Yamamoto a la pelinegra Kurosaki, así que disfrutaron de aquel gesto que se había convertido en algo suyo.
Grimmjow se carcajeaba, sorprendido por la potencia en la voz de aquella chiquilla que le sonreía con soberbia y altanería, pero también con coquetería, como tratando de desafiarle de nuevo en ese gesto.
La mirada de Haruki capturó la de Nanao con tal intensidad que la chica se inclinó hacia el frente, presa de un hechizo mágico e inquebrantable, una promesa silente recitada por el muchacho ante la luna llena, se acercaría a ella sin importar el precio a pagar.
Y Kai y Yuriko observando a sus hijos, sabiendo que se les habían acabado los niños mucho antes de esa noche, sabiendo que había mucho todavía por andar, y que estarían ahí para ellos sin importar qué.
…
Habían terminado su primera canción y los muchachos no dudaron al soltar sus instrumentos y correr a abrazar a sus padres, llenándolos con preguntas y reclamos. ¿Cómo que sabían que llegarían al festival y no les habían dicho nada?
Y aunque se tomaron unos minutos para tener esa conversación atropellada, hablando todos los hermanos menos Takeshi al mismo tiempo, haciendo a sus padres mirarlos con divertida confusión, decidieron volver a la música y charlar por la mañana, ya que estuvieran más tranquilos todos.
Y mientras ese abrazo ocurría y se ponían de acuerdo en cuál sería la canción que tocarían a continuación, apareció la segunda cosa que le cortó el aliento a Kyōraku luego de la interpretación apasionada e impecable que habían tenido los Yamamoto: La aparición de Katen Kyōkotsu en los jardines del instituto usando un kimono tradicional de color negro con decoraciones uva, rosa y morado, con un kanzashi sobre su cabeza que simulaba ser cráneo y huesos, y otro adorno igual colgando desde su obi, el cabello lo llevaba recogido en dos coletas altas mientras que su fleco caía sobre sus ojos con elegancia y naturalidad, y la sonrisa radiante que le dedicó al castaño que se levantó dando un traspié terminó de completar el cuadro.
Lilynette y Nanao se miraron entre ellas, confundidas, antes de alzar los ojos hacia Kyōraku mientras él avanzaba torpemente entre la gente hasta la mujer que se ocultaba tras un abanico para mantener en el anonimato que quería estallar en carcajadas.
—Yo, ¡Hola!, yo, pensé —tartamudeó torpemente el castaño llegando hasta aquella mujer mientras ella ladeaba un poco el rostro antes de enarcar una ceja —. Cierto, qué torpe —se dijo a sí mismo riendo nerviosamente antes de agacharse a besar la mejilla de aquella mujer y tomarle una mano, un saludo nervioso que hizo a Katen soltar una risa por lo bajo.
—Perdón por no avisar —murmuró ella antes de pararse en las puntas para alcanzar la mejilla de Shunsui, soltar su mano y tomarle el brazo —, pero me quedé sin batería muy temprano y no encontré dónde conectar mi teléfono. Además —añadió volviendo a abrir su abanico y cubriendo su rostro con un aire coqueto —, quería darte una sorpresa.
—Lo conseguiste —murmuró con cierto nerviosismo antes de pasar saliva y levantar la mirada en dirección a sus acompañantes.
La mirada expectante de Nanao en la distancia le hizo frenarse en su sitio, y Katen Kyōkotsu levantó los ojos con curiosidad, escrutando las facciones de su enamorado como si buscara alguna respuesta entre las arrugas de su entrecejo, en la duda en su mirada, en la emoción de su sonrisa, en la tensión de sus hombros.
—Si necesitas tiempo para prepararte... —quiso comenzar ella, pero algo en la sonrisa cálida que él le dedicó, poniendo una mano sobre la que ella le tenía en el brazo, mirándole con una seguridad abrumadora, la obligó a parar con su argumento.
—He esperado por esto durante trece años, bella flor mía.
Avanzaron entre la gente a pasos tranquilos mientras Nanao se ponía de pie en su sitio, los asistentes al concierto ni siquiera pudieron levantar una queja a su paso, Katen y Shunsui lucían radiantes, como salidos de una película del antiguo japón, irradiaban una belleza espectral que les hacía parecer irreales, como dos shinigamis protectores de la humanidad paseando entre los mortales una noche primaveral en la que florecían los cerezos.
El pecho de Nanao subía y bajaba por su respiración fuerte y agitada, no cabía duda, ahí estaba la razón por la que su tío había estado comportándose extraño durante las últimas semanas, ella debía ser la buena noticia que Kyōraku había recibido el catorce de febrero. Pero, ¿qué clase de noticia era?
La mujer era altísima, además de muy hermosa, sus curvas despampanantes habrían dejado sin aliento a cualquiera, y a pesar de ello, Nanao había notado que su tío no le había visto el cuerpo a la mujer al dirigirse a ella, sino que iba pendiente de sus ojos, de su sonrisa, de su expresión divertida.
Era bastante más alta que ella, pero no lo suficiente como su tío (por favor, ¿había en Japón alguien más alto que su tío?), eso también la hizo pasar saliva con cierto grado de inseguridad, pero al final la pelinegra reparó en la expresión desencajada (como ilusionada, como nerviosa, como distante, como anhelante) que tenía su tío y suspiró armándose de valor para ofrecerle soporte, respaldo, al hombre que la había criado como a una hija. Pasó saliva una vez más y luego hizo una reverencia ligera, cerrando los ojos y hablando con fuerza y claridad.
—Hajimemashite —se levantó mientras los lentes se le recorrían hasta la punta de la nariz y ella se llevaba una mano a los marcos para acomodarlos de nuevo —, mi nombre es I...
—Ise Nanao —murmuró Katen con voz suave y una sonrisa maternal y orgullosa que hizo a la menor pasar saliva con dificultad ante aquello —, perdona, pero tu tío habla de ti como si no existiera otro tema de conversación —añadió divertida mientras Kyōraku enrojecía ligeramente.
—Bueno, estoy orgulloso de mi Nanao-Chan.
—Me imagino que ha tenido la gentileza de mantenerme en el anonimato —añadió ella mientras se guardaba el abanico en el obi y se acercaba un paso más a Nanao, ofreciéndole una mano.
Y aunque Nanao se había esperado un apretón firme, le sorprendió mucho que aquella mujer le apresara entre las propias los dedos y le doblase la muñeca en un gesto suave, como si pretendiera besarle los nudillos.
—Bueno, él, eh, él no...
—Puedes delatarlo, no me molestaré con él —prometió endulzando su voz y haciendo a Nanao suspirar tranquila mientras una sonrisa se extendía por su rostro.
—Bueno —confesó todavía tímida mientras Kyōraku sonreía guardando una mano en la abertura de su yukata —, él ha hablado mucho de querer presentarme a una persona que fue la mitad de su vida —admitió en voz baja, haciendo a su tío toser por la sorpresa mientras Starrk se carcajeaba con ganas ante la reacción de su amigo —, ¡Dios! —exclamó la chica sintiendo que la presión se iba ahora que por fin podía hablar del tema —, se la ha vivido distraído durante más de un mes, perdió las llaves dos veces y yo comenzaba a preocuparme porque perdió el apetito.
—Bueno, tampoco hay que ser tan específicos —pidió el castaño levantando las manos hacia Nanao, pero la joven no se detuvo.
—Por un momento pensé que había enfermado en serio y tuve que hablar por teléfono con el tío Starrk tres veces porque estaba segura de que me ocultaba una enfermedad terminal o algo, pero ahora que te veo... —finalizó suspirando y sonriendo ampliamente —, ahora que te veo todo tiene sentido. No estaba sereno porque disfrutara de sus últimos días de vida, por fin estaba en paz. Es un placer conocerte.
Nanao pasó saliva con dificultad al ver los ojos de aquella mujer anegarse mientras su sonrisa crecía y ella volvía el rostro en busca de los ojos de su enamorado.
Kyōraku se encogió de hombros con una sonrisa de medio lado, aceptando la culpa tras aquella atropellada confesión de amor mientras la chica recuperaba su mano, dándole espacio a aquella extraña de lanzar sus brazos en torno al cuello de su tío y murmurar algo en su oído.
Y aunque el resto de ellos no escuchó sus palabras, Kyōraku sonrió divertido ante el reproche de su eterna enamorada.
—Más te vale que esto no fuera planeado, igual te diría que sí.
—Esa chiquilla me acaba de exhibir ante ti, ¿de verdad crees que me puse en ridículo a propósito?
Disolvieron el abrazo y Kyōraku encaró por fin a Nanao mientras su enamorada se sujetaba de su brazo con orgullo.
—Nanao-chan, ella es Katen Kyōkotsu —dijo con una sonrisa radiante, sonriéndole a la aludida mientras su sobrina sonreía con más ganas —, ha sido mi amor platónico desde los diecisiete y estoy bastante convencido también de que es el amor de mi vida.
Katen enrojeció ligeramente, sintiendo que aquella presentación era demasiado como para manejarlo ella sola, pero agradeció cuando Nanao le sonrió dulcemente, asintiendo.
—Es un placer conocerte al fin. Ahora recuerdo, sí, mi tío me ha hablado mucho de ti, de los recuerdos que tiene contigo, o al menos lo hacía hasta hace uno o dos años, y siempre habló de ellos como si hubiesen ocurrido en otra vida, ahora entiendo por qué.
Habrían intercambiado otras palabras, habrían seguido con la charla, pero la música les hizo volver la mirada al escenario antes de ocupar un lugar en el suelo para disfrutar el resto del concierto en paz... o algo así.
—¿No me vas a presentar a tu tía? —había cuestionado Nemu dedicando una mirada ausente a Katen, ganándose una mirada de sorpresa por parte de todos para que luego Nanao se soltara riendo discretamente y Nemu sonriera divertida, recargándose en el hombro de su amiga para escuchar la música.
…
Una tras otra, la familia había interpretado algunas piezas tradicionales y otras cuantas más populares ante los gritos de la gente, que aclamaba los nombres de la familia exigiendo más de aquello.
Sí, el concierto había sido todo un éxito, redes sociales, transmisiones en vivo, likes a la página del instituto, pero ahora ellos estaban cansados y querían irse a dormir.
No, no los habían dejado, la gente había insistido en tomarse fotografías con ellos mientras desmontaban los equipos.
Asahi desconectando cables, Sato firmando autógrafos. Takeshi guardando sus taiko, Asami haciéndose selfies. Haruki cerrando estuches, Asahi posando para la cámara. Y así hasta que se fueron quedando solos.
Al final, Nemu consiguió arrastrar a Nanao hasta ellos, alegando que quería tomarse una foto con la familia mientras Shunsui y Katen se ponían de acuerdo respecto al transporte de regreso a casa.
—Yamamoto-san —exclamó la chica con voz monótona, dirigiéndose hacia Haruki y haciendo una reverencia leve —, quisiera tomarme una foto con usted.
—Ah, seguro —murmuró dudando ante aquellas palabras, reparando en la expresión de confusión que tenía Nanao en el rostro mientras Nemu le arrebataba su celular.
—Mejor aún —dijo la pelinegra lanzando el teléfono a manos de Asami —¡Tómanos-una-foto-onegaii-shimaaaaasu! —exclamó todavía monótona.
Asami estaba confundida, el teléfono de Nanao rebotó un par de veces en sus manos mientras ella trataba de entender qué era lo que había ocurrido, al final Nemu se sitió entre Haruki y Nanao, mostrando en una mano el signo de la paz mientras su expresión se mantenía impertérrita y ambos músicos le miraban con incredulidad.
—Ni hablar —murmuró Haruki para sí mismo, volviendo la mirada hacia la cámara —¿siempre es así?
Y aunque el muchacho miraba hacia su hermana, Nanao sonrió sabiendo que la pregunta era para ella, comenzando a acostumbrarse a esa forma de hablar entre ellos, como si dijeran pensamientos sueltos al aire, pero con la intensión de impactar al otro como una bala perdida.
—Sólo cuando está tramando algo —respondió en medio de un suspiro de resignación.
—Tienes razón —admitió la pelinegra antes de sonreír —¡Butter!
—Cheese... —corrigió Nanao mirándole con el entrecejo fruncido, sin embargo, la joven ya se había movido.
Nemu había tomado una muñeca de Nanao, tirando hacia abajo mientras se hacía a un lado.
Haruki reaccionó a tiempo, tomando los codos de Nanao para darle soporte, sonriéndole con ganas cuando la expresión de la chica se tornó de sorpresa, sus miradas conectaron y las mejillas de ambos se sonrojaron levemente, Sato levantó la cámara de su hermano, que ya había sido calibrada minutos atrás cuando Nemu lo había contactado para confabular con él en contra (o a favor, según se mirara) de aquel par que parecía estar más ciego ahora que era consciente de que estaban enamorados.
Y Haruki encontraría aquella fotografía después, cuando revisara las que había hecho para los exámenes de optativas, aunque igual atesoraría como pocas cosas la fotografía que Nanao le enviaría horas después, en la madrugada, acostada en su cama y considerando seriamente no hacerlo, pero demasiado vencida por el cansancio como para hilar dos pensamientos coherentes.
Cada uno termino exhausto tras aquella noche, pero extasiados, más que felices no solo por la presentación tan espectacular que dieron, no solo por la sorpresa de que sus padres llegaron y tocaron con ellos en el festival. Cada uno estaba sumido en su propia burbuja de felicidad al recordar los momentos tan gratos que cada uno tuvo aquella noche….
