¡Nuevo record en esta historia! Ya sabía que las palabras irían en aumento conforme avanzara esto.

Animato col Brio

Escuchar ruidos en la cocina tan temprano no era raro entre semana, pues usualmente alguno de sus hermanos ya estaba preparándose algo de desayunar para irse a la escuela. Pero era domingo, y el día anterior tuvieron el festival que resultó ser mucho mejor de lo que nadie se podía esperar, es decir, el concierto salió a pedir de boca, que fue mil veces mejor por la llegada sorpresa de sus papás que se unieron a su concierto. La escuela se benefició bastante de ese evento, había miles de comentarios en las redes sociales de muchos que querían inscribirse, y claro, el haber visto a Nanao en Kimono y pasar momentos con ella durante el resto del festival lo tenían con una sonrisa aun imborrable.

Tantas emociones en una noche lógicamente dejaron a todos agotados, incluyendo a sus padres que recién regresaban de una larga gira, por eso, cuando Haruki entro a la cocina se asomó por encima del hombro de Yuriko y carraspeó, haciéndola dar un respingo por la sorpresa.

—Ma —comenzó a manera de reclamo mientras se dirigía al refrigerador y sacaba la mayonesa —, no te esfuerces tanto, de verdad. Oye —soltó antes de besarle la mejilla y dirigirse al cajón de los cubiertos —, de verdad no sabes cómo amo cuando nos haces el desayuno y nos haces bentos para la escuela, pero no tienes que esforzarte tanto porque queden perfectos.

—No digas tonterías, Haruki, lo hago con mucho gusto —refutó divertida antes de mirar los cinco contenedores dispuestos frente a ella —. Además, las giras han sido muy largas esta temporada, déjame consentirlos con esto al menos.

-pero si hoy es domingo – dice con una sonrisa divertida

-pues estarás listos para que se los lleven el lunes – debate Yuriko de igual manera

—¡No! —exclamaron Takeshi y Sato al entrar a la cocina, viendo a Haruki llevarse una cucharada de mayonesa.

—¡No hagas eso!

—¡Qué asco, Haru!

—¿Cómo vives contigo?

—Qué horror.

Haruki y Yuriko soltaron una carcajada ante las reacciones de los muchachos. Pero Yuriko se unió a los reclamos cuando volvió el rostro y descubrió a su hijo sacándole la lengua a los hermanos, mostrando todavía residuos de mayonesa.

—¡Haru! —reprochó la mujer, haciendo al violinista encogerse de hombros y retroceder hacia el refrigerador, guardando el frasco cerrado.

—¿Qué hizo? —exclamó Asami corriendo escaleras abajo y sonriendo con ganas al llegar a la cocina, viendo a su madre cortar la manzana para formar conejitos con ella.

—¡No, no, no, no! —gritaron Sato y Takeshi al unísono al verle sacar la lengua de nuevo, esta vez mostrando la boca limpia.

—Ya me lo terminé —soltó Haru divertido —, ¿creen que me arriesgaría a que la peque me corte la lengua con una cuerda de su arpa? No gracias

—¿Por qué? —cuestionó Asami insegura de querer saber la respuesta.

—Mayonesa —soltó Takeshi desganado mientras veía a Sato avanzar.

—Aaaagghh, no puedo ni verte hermano —dijo con desagrado Satoshi, dispuesto a abrir el refrigerador para prepararse algo

—Satoshi Yamamoto —exclamó con autoridad Yuriko, haciendo a su hijo erguirse — ¿qué estás pensando hacer?

—Nada, solo quería prepararme...

—Lo que sea no me importa, fuera de mi cocina —exclamó antes de tomar a su hijo de la oreja llevándolo a la salida —no sé cómo lo haces, pero eres capaz de dejar la cocina volteada de cabeza con solo servirte un cereal.

—Itai... —musitó Sato, avanzando con un gesto adolorido mientras Yuriko le soltaba por fin.

Una última mirada fue suficiente para que el muchacho se diera la vuelta y se sentara tras la barra, observando a Haru y Takeshi revisar gavetas y refrigerador.

Takeshi se ajustó un mandil sobre la camisa blanca mientras leía las latas en la alacena alta, mientras que Haruki se quitaba la chaqueta de mezclilla y se la ataba en torno a la cintura, para luego proceder a levantarse el cabello con una batuta.

—En serio, hermano —soltó Takeshi al verle el cabello desorganizado —, tienes que dejar de tomar mis cosas.

—No las usas. Se van a oxidar.

—Usarlas en el cabello tampoco es usarlas —reprochó Takeshi con una sonrisa radiante mientras sacaba un tazón de metal.

—Es... —murmuró Haruki volviendo un poco la vista, consiguiendo que su hermano mayor sonriera con orgullo —, es una promesa que me hice a mí mismo, para la siguiente especialización.

—Bueno, veremos si eres capaz de cumplir esa promesa —Takeshi encaró a Asami justo cuando Asahi entraba a la cocina, todavía adormilado.

—Muy temprano —murmuró el muchacho mientras se sentaba en uno de los bancos altos y se recargaba en los brazos —. ¿Por qué nos levantaron tan temprano? Es domingo….

—No es tan temprano —se quejó Asami dándole un golpe en la nuca que le hizo brincar.

—¿Qué quieren de desayunar? — cuestionó Takeshi animado

Asami y Sato gritaron al unísono, haciendo reír a Yuriko mientras Asahi casi se caía de su silla.

—¡Huevos con tocino!

—¡Yo quiero pancakes!

Y las miradas no se hicieron esperar. Sato sostuvo la mirada furiosa de Asami mientras chispas eléctricas saltaban entre ellos y sus auras se contraponían como una batalla campal.

—Hot cakes con jamón —musitó Asahi desde el suelo, ignorante de la batalla campal que se realizaba metro y medio arriba de él.

—Quiero pancakes —soltó Asami mirando a sus hermanos mayores con reproche, consiguiendo que Haruki le empujara la frente con la mano, arrancándole un gruñido incómodo.

—No nos grites —ordenó mostrando una espátula —, o te serviremos al final.

—¿Cocinarán ustedes? —soltó Sato al final, sabiendo que dentro de la cocina podría hacer más porque su desayuno fuera el ganador —¿Les ayudo, bro?

—A ver, Bro —soltó Haruki divertido mientras sacaba la harina y miraba sobre su hombro —, mamá casi te arranca una oreja.

—Sí —interrumpió Takeshi divertido —, no me hagas arrancarte la otra.

—Ma —llamó Haru antes de besar la mejilla de Yuriko y hacerla sonreír de medio lado —, ¿a ti qué se te antoja desayunar?

—Algo más nutritivo —pidió ella, divertida ante las miradas de reproche que le dedicaron los menores.

—¿Salteas o picas? —soltó divertido Takeshi, mirando a Haru con una ceja alzada.

—Pico, el salteado se te da mejor a ti.

Yuriko les dedicó una última mirada a sus hijos antes de hacerse a un costado, percatándose de que, de verdad, pretendían usar toda la cocina.

Haruki sacó del refrigerador algunas zanahorias, papas y los chícharos del congelador, los huevos y tocino que encontró al fondo.

—No esperen conejitos de tocino —pidió Haruki divertido, haciendo a Yuriko carraspear ante las palabras del muchacho.

—Aquí —soltó Takeshi lanzando algo por encima del hombro, Haruki sonrió atrapando los moldes para galletas que su hermano había sacado de los cajones y asintió para sí mismo.

Por un momento, Yuriko se quedó pasmada, mirando la habilidad de sus hijos con los utensilios de cocina. Las manos de Takeshi se movían a toda velocidad mezclando los ingredientes de los hotcakes mientras Haruki picaba los tallos del cebollín a toda velocidad, dejando a su madre boquiabierta.

Había buena sincronía entre ese par, fue sencillo verlo cuando Takeshi deslizó el tazón de la mezcla hacia Haruki mientras él le pasaba las verduras finamente picadas, todas, salvo la papa hecha en cuadritos simétricos de un centímetro.

—¿En qué momento pasó esto? —murmuró Yuriko pasmada al ver el cuchillo moverse arriba abajo a toda velocidad, dejando las puntas de tocino picadas en tiras cortas antes de vaciarlas a la sartén de las verduras.

Takeshi dio un asentimiento, pareció un gesto involuntario, pero Haruki respondió chascando los dedos antes de volver a la masa de hotcakes, y Yuriko ahogó un grito al ver a su hijo mayor ladear la sartén hasta prenderle fuego al contenido.

Sí, Takeshi movió la mano atrás y adelante para terminar de cocer las verduras antes de cubrir la cacerola con la tapadera, extinguiendo el fuego.

—Takeshi me hizo aprender técnicas de cortado para aumentar mi velocidad con el arco —dijo Haruki con desgano mientras rebanaba el pan para ponerlo a tostar en el horno eléctrico.

Yuriko se percató de aquello, de que, al igual que como enviaba audios en su teléfono, Haruki sostenía el cuchillo como sostenía el arco.

—Pero ¿tanto? —murmuró la mujer para sí misma, viendo las miradas que se dedicaban los mayores al moverse por la cocina, advertencias silentes que se convertían en movimientos sincronizados para despejarse el camino el uno al otro.

Yuriko suspiró sonriendo de medio lado antes de mirar a los más pequeños, que observaban a sus hermanos sin perder detalle, preguntándose cuál desayuno habría ganado al final.

Depositaron los platos vacíos frente a los cuatro, mientras Kai entraba a la cocina, guiado por el olor.

—Deberías haberlos visto —soltó Yuriko dando un beso a la mejilla de su esposo, que se sentaba diligente a su lado —, no sé en qué momento nos superaron.

—¿De qué hablas?

—Lo siento pa —soltó divertido Haru mientras depositaba otro plato frente a él —, llegas tarde para votar por el desayuno.

—Pues me alineo —dijo con fingida resignación, consiguiendo una caricia en la mejilla por parte de su esposa y una sonrisa dulce del resto de los hijos.

Asami incluso suspiró al ver ahí a sus padres, tan enamorados el uno del otro como cuando ella era más pequeña

—¿Cómo lo hacen? —murmuró sin darse cuenta, sonriendo embelesada cuando Kai le besó la mejilla, antes de mirarle.

—Bueno, yéndose de luna de miel doce veces al año, no es difícil imaginarlo —bromeó Sato enarcando las cejas.

Kai soltó una carcajada ante las insinuaciones de su hijo y se carcajeó todavía con más ganas al ver las mejillas sonrojadas y el gesto de reclamo que Yuriko le dedicaba a Sato, sin embargo, pasó el brazo sobre los hombros de su esposa y la atrajo hacía sí antes de besarle la sien y mirar a sus hijos.

—Cuando encuentras a la mujer correcta, es como si el resto del mundo se detuviera para siempre —dijo con voz suave, haciendo a Yuriko suspirar —, escuchen...

—Ya va a empezar —dijo Asahi todavía somnoliento.

—El día que conocí a su madre supe que era ella la mujer de mi vida, el problema es que no sabía que lo sabía.

Haruki y Takeshi intercambiaron una mirada de confusión antes de volver manos a la obra. Sato por su parte, prestó especial atención a las palabras de aquel hombre, tratando de encontrar una respuesta a sus predicamentos.

—¿Y? —soltó ansioso el muchacho al ver que su padre no seguía.

Yuriko sonrió divertida.

—Tú padre —comenzó con voz melodiosa, consiguiendo que Kai hiciera una mueca, sabiendo que lo iban a quemar con lo que siguiera —, se puso tan nervioso la primera vez que me vio que no entendí nada de lo que había dicho, y luego salió corriendo.

Sato sonrió divertido, sabía perfectamente lo que se sentía, la ansiedad de hablarle a Soi-Fong, los coqueteos excesivos, la insistencia y la añoranza. Sí, su padre tenía quién lo comprendiera.

—El mundo no tenía pies ni cabeza —confesó Kai —, estaba de malas todo el tiempo, salvo cuando la veía, entonces estaba nervioso, lanzaba señales equivocadas, muchas veces la hice salir corriendo por mi torpeza.

Haruki suspiró, llamando la atención de Takeshi, el mayor de los hermanos le dedicó una mirada de reojo a su hermano y sonrió conmovido antes de darle una palmadita en el hombro, haciéndole sonreír.

—No tiene sentido —soltó Asahi confundido —, siempre se ven muy cómodos juntos.

—Hablarle por primera vez fue una tarea titánica —soltó Kai divertido antes de besar de nuevo la mejilla de Yuriko.

—Me gritó —soltó la mujer falsamente ofendida —, no entendí nada, y luego hizo una reverencia y salió corriendo. ¿Sabes cómo me quedé?

—Como Nanao —musitó Sato divertido.

—¿Qué?

La mirada asesina que Haruki le dedicó lo dijo todo, así que Sato sonrió divertido, frenando su siguiente frase.

—Fue amor a primera vista —confesó Kai al final, intercambiando una sonrisa y una mirada enamorada con su esposa —, me tomó tiempo entenderlo, pero un día por fin comprendí que ella era la mujer perfecta para mí. Fue amor a primera vista, pero entenderlo me llevó tiempo.

Haruki suspiró pesado, sonriendo de medio lado, comenzando a preguntarse si sería aquello, si estaría así de enamorado de Nanao, si aquella joven dulce y delicada le había robado el corazón de aquella forma, al grado de la probabilidad de un futuro tan dichoso como el de sus padres. Haruki no creía en el amor a primera vista, aquello estaba bien para la composición poética y para los cuentos de hadas, pero ¿para la vida real? Aun se seguía cuestionando un poco aquello, aunque cada vez eso parecía tener más sentido con lo que le paso con Nanao la primera vez que la vio.

Pero ahí estaba él, indefenso y vulnerable cada vez que los ojos de Nanao se posaban en él durante las pequeñas charlas en sus asesorías, contando los días y los minutos para que llegara la siguiente semana, invitándola a salir a algún lado cada vez que se daba la oportunidad….

La voz de su madre lo sacó de sus cavilaciones, trayéndolo a la tierra de nuevo.

—Y henos aquí, cinco hijos después —concluyó divertida Yuriko mientras Haru se acercaba para dejar la comida en su plato.

Rollitos de huevo, que aderezó con las verduras con tocino un poco por encima, dos rebanadas de pan tostado y mantequilla al costado.

—¡Wao! —exclamó la mujer divertida mientras repetían el mismo plato para su padre.

El plato de Sato constó de dos huevos estrellados con tiras de tocino por encima, un hotcake al costado y un poco de aquel salteado de verduras.

Asami y Asahi recibieron el mismo plato, hotcakes con tiras de jamón a la plancha, rollitos de huevo con verduras al lado. Y Al final, todos vieron decepcionados los platos de los mayores, que a pesar de contener los mismos elementos que el resto, la presentación era... cuestionable.

—¿En serio? —espetó Asami despectiva.

—Tenemos hambre, ya nos tardamos mucho —defendió Haruki divertido.

Hace mucho que no tenían ese tipo de desayunos, con todos en la mesa, riendo a cada dos por tres por alguna ocurrencia de Satoshi a la que su padre lo secundaba, contagiando inevitablemente a los demás, poniéndose al corriente de sus vidas, tanto en la escuela como sus actividades fuera de esta, y claro, el tema de las jovencitas que sus hijos les presentaron cuando terminó el concierto no se hizo esperar.

-así que tricampeona estatal de artes marciales mixtas – habla Kai finalmente ante todo lo que Satoshi le contaba sobre la pelinegra que les presentó anoche

-¿y dices que habla cinco idiomas? – pregunta Yuriko, también divertida e interesada por lo que contaba su hijo de aquella chica con tanta fascinación, a lo que Satoshi asiente varias veces con una sonrisa de oreja a oreja – vaya… sí que es una jovencita bastante culta y educada….

- y muy fuerte – agrega Satoshi – no solo por las artes marciales, es de la clase de mujeres que fácilmente se pueden abrir paso por sus propios medios – relata orgulloso, casi ensoñado, lo que hace que Kai y Yuriko se miren entre ellos, felices por ver a su hijo de en medio venerando de esa forma a esa joven

-al fin pudimos conocerla en persona – exclama Asami sonriendo de forma sospechosa, una amenaza de que estaba a punto de decir algo para molestar a su hermano – de verdad empezábamos a creer que Satoshi tenía una novia imaginaria – este la fulmina con la mirada, siguiéndoles las risas burlonas de sus demás hermanos – empezaba a preocuparme por su salud mental…. – dice tomándose su jugo e ignorando los gruñidos de Satoshi

-no la puedes culpar en creer eso bro – secunda Haruki entre risas – nos hablabas demasiado de ella, pero hasta ayer no la habíamos visto en persona

-es demasiado reservada – defiende cruzándose de brazos – lleva un vida muy rígida y estructurada, y parece que se puso alrededor de ella un escudo protector – saca su celular, en el que busca la fotografía de la noche anterior, una selfie que se tomó con Soi-Fong durante el festival

Estaba preciosa, sonreía genuinamente, una mezcla de su usual sonrisa altiva, pero con un toque de dulzura, mostrándose incluso cómoda a lado suyo en aquella fotografía.

Si, en un principio cuando la conoció le costó mucho invitarla a salir, Soi-Fong constantemente evadía cada intento de coqueteo descarado. Sin embargo, tras que salieron por primera vez al cine, se ha ido mostrando más confortable al estar juntos, poco a poco notaba que le tenía la suficiente confianza para que bajara la guardia ante él.

Verla durante él concierto, era una fortuna que ya tuviese la suficiente habilidad con la guitarra como para no tener que ver sus manos y tocar las notas con precisión, porque realmente no podía dejar de regocijarse por el entusiasmo de la pelinegra viéndolo y animándolo sentada desde una barda, dándole un aspecto tan encantador, tan relajado y juvenil que simplemente lo hicieron confirmar por milésima vez que estaba realmente enamorado de ella.

-damas y caballeros… - habla Takeshi recargando su mejilla en su puño – la mente de Satoshi Yamamoto ha dejado el escenario – las risas no tardan en escucharse, risas a las que Satoshi no presto atención alguna al estar auténticamente perdido viendo la fotografía en su celular. Prácticamente le flotaban corazones por encima de su cabeza, así como tenía un su rostro una sonrisa de lo más bobalicona.

-¿y que nos cuentas de ti, Haru? – pregunta Yutiko llamando la atención de su segundo hijo que recién le daba un trago a su jugo – platícanos sobre esa jovencita, Nanao-chan

La tensión en los hombros del violinista apenas se notó, pues fue mucho más evidente la sonrisa soñadora que compuso al tiempo que dejaba el vaso frente suyo.

-Ma…. – la ve alzando una ceja en gesto casi divertido – te he contado casi todo sobre ella, y estoy seguro de que también pusiste al tanto a mi papá – y el mencionado se alcanza de hombros, declarándose efectivamente culpable

-no lo suficiente, y obviamente queremos saber más de la adorable chica de la que nuestro hijo está enamorado – pide con gesto cálido - ¿Cómo la conociste?...

Haruki profiere un suspiro ensoñado, recordando aquella tarde en que la escucho por primera vez tocando el ave maría, aun podía recordar con claridad cada nota que Nanao dejaba salir de su violín, y no por ser una pieza sumamente conocida, pues más que recordar el sonido de las notas, podía sentir con claridad la sensación tan abrumadora que lo tuvo confuso por mucho tiempo hasta el día que descubrió que estaba enamorado.

-bueno…. – empieza, ignorando que los mellizos aprovecharon que Sato seguía ido con la fotografía para robarle del postre que trajeron sus papás para cada uno, postre que ellos ya se habían terminado – ella estaba practicando el ave maría hasta tarde en la escuela y la escuche cuando iba de salida…

Deliberadamente deja al aire para ver las expresiones de sus papás, que se mantenían atentos a que continuara.

-oh vamos hermano – reclama Takeshi divertido al ver como Haru hacia aquella pausa dramática – deja el suspenso para las presentaciones – Haruki suelta una risa traviesa

-causo algo en mi con solo escucharla tocar una vez… – recita, volviendo a aquel día que por primera vez sintió un estremecimiento en el pecho, algo que en su momento lo desconcertó demasiado al ser algo que sentía por primera vez, y que ahora, era una sensación vigorizante cada vez que la veía – fue angelical….

-sí, justo esa palabra es con la que describiría a esa jovencita – comenta Yuriko ignorando los reclamos de Satoshi a los mellizos por comerse su postre y a quienes empieza a perseguir por todo el comedor – en definitiva, es una mujer que tiene ángel….

Tras acabar el concierto, la familia Yamamoto también se dedicó a disfrutar el resto del festival donde conocieron a la famosa Nanao de la que Haruki le hablaba a Yuriko con tanto anhelo. Nunca lo había escuchado hablar de alguien con ese tono de voz tan aterciopelado, con tanto corazón, por eso ya estaba ansiosa de conocerla y efectivamente no pudo llevarse mejor primera impresión al ver a esa linda joven que Haruki miraba con tal embeleso cuando se las presentó.

Satoshi también les presentó a Soi-Fong diciendo que era su acompañante de esa noche, quien se notaba que era una mujer de firme carácter, pero sin verse soberbia ya que saludo a todos de una forma muy educada haciendo una reverencia. Era bastante seria, a primera vista ella y Satoshi eran como agua y aceite ya que su hijo de en medio solía ser muy efusivo y parlanchín todo el tiempo, sin embargo, podían notar como aquella rígida joven se suavizaba al pasear con Satoshi, y que este la observaba con fascinación todo el tiempo.

Les sorprendió bastante el hecho de que el más pequeño de sus hijos, Asahi, fuera quien les presentaría a Karin como su novia, incluso sorprendió a sus demás hermanos. Ya se esperaban que ese par formalizara, aunque no creyeron que lo harían justo esa noche. A todos les daba gusto y estaban felices por su hermano menor, desde hace mucho tiempo se notaba que le gustaba Karin como mucho más que una amiga, y verlo tan feliz sabiendo que era correspondiendo e iniciando recién iniciaba su noviazgo con la pelinegra motivó a Satoshi y a Haruki para seguir persistiendo con sus respectivos amores platónicos.

-vaya que si han crecido mucho – comenta Kai a Yuriko con nostalgia

-sí, ya incluso siento que no falta mucho para que alguno me de mi primer nieto – dice la mujer con aires soñadores, aunque dicho comentario parece que a todos les cayó como balde de agua fría, a excepción de Takeshi que solo aguanto la risa ante el congelamiento de sus hermanos - ¿Qué? – finge inocencia – por la forma en que hablas de Nanao no me extrañaría que pronto me digas que van a casarse… - toma un sorbo de su café, viendo por encima de la taza como el rostro de Haruki adquiría tonos casi volcánicos

-e-espera…. Si apenas…. Nosotros aun ni siquiera…. – trata de formular una frase completa, pero le es imposible – ¡mamá es demasiado pronto para que pensemos en esos temas! – exclama casi al borde del infarto, y es que efectivamente la imagen de Nanao vestida de novia asalto su mente cual rayo

-o quizá sea primero Sato quien nos de la sorpresa – habla Kai, deteniendo las carcajadas de su hijo de en medio

-¿yo?¿sorpresa? ¿Qué? – suelta una tras otra, mirando a su papá con los ojos casi desorbitados

-es obvio que aquella peleadora te tiene absolutamente endiosado – continúa hablando Kai con el principal objetivo de poner nervioso al fanfarrón de su hijo – cuando algo te interesa no lo dejas ir, yo digo que el primero en proponerle matrimonio serás tú

El rostro de Satoshi también se empieza a enrojecer en tiempo récord, su cabeza podía compararse en ese momento a una tetera cuyo vapor ya estaba saliendo por las orejas para después empezar a hablar rápidamente, casi sin dar espacio entre las palabras al tiempo que movía efusivamente los brazos como si quisiera emprender el vuelo.

-todavía no sé siquiera si quiere ser mi novia mucho menos si quisiera casarse conmigo no es me moleste la idea pero primero lo primero es decir no puedo llegar y soltarle tal cosa de la nada… - el resto de su alegata apenas fue entendible, pero era bastante divertido para el matrimonio y para Takeshi ver al confiado de Satoshi en ese ataque de nervios – ¡en tal caso el que ya tiene novia es Asahi! – señala a este, que de inmediato desea fulminar a su hermano mayor por involucrarlo en ese tema

-¿y eso que? – defiende el menor

-pues que tú ya puedes ir pensando en pedirle matrimonio a Karin y darles nietos a nuestros papás – mueve las cejas de arriba abajo en claro gesto de su insinuación, que molesta y abochorna a Asahi en términos iguales

-apenas y nos hicimos novios ayer – alega – es demasiado pronto para pensar en si quiera…. En…. – y ahora fue su turno de causar que incluso un tomate bien maduro sintiera envidia del color que adquirió su rostro – ¡deja de insinuar esas cosas Satoshi!

-yo no dije nada – se alza de hombros - ¿Qué cosas estás pensando picaron? – dice en tono cantarín, incomodando aún más a su hermano menor

El cómo se tornó aquel desayuno familiar no podía ser más jocosa, nunca se imaginaron que tal tema pondría de esa manera a tres de sus hijos, es decir, Haruki parecía que se había sumergido en la profundidad de sus pensamientos mirando el vaso de jugo entre sus manos como si estuviera debatiendo con dicho líquido. Satoshi y Asahi se lanzaban indirectas al mencionar a sus respectivos intereses románticos, mientras que Takeshi, por su parte, miraba también divertido tal escenario, aunque con cierto aire nostálgico, entre melancólico pero resignado. Claro, tanto Kai como Yuriko sabían que la muerte de Unohana aún le dolía, después de todo, ellos ya estaban a punto de casarse cuando la distinguida joven partió de este mundo, pero, aun así, parecía que hablar del tema del matrimonio y los hijos no parecía afectarle del todo, pero si era obvio que lo hacia añorar la posible vida que hubiese tenido actualmente con su prometida.

-¿Qué me dices tu hija? – pregunta Yuriko dirigiéndose a la única mujer, a parte de ella, de los Yamamoto - ¿ya tienes algún novio? – indaga curiosa, después de todo, ella era la única, además de Takeshi, que no les había presentado a nadie en el festival

-no, aun no mamá – comenta simple, evadiendo el tema pues era un tanto complicado y no quería hablarlo en ese momento – iré a lavar los platos… - se retira a la cocina tomando entre sus manos varios platos de la mesa

La mujer entendió la indirecta silenciosa de su hija, así que dejaría que ella se le acercara para hablar de lo que quisiera, después de todo, Asami ha demostrado que le tenía bastante confianza de hablarle de diversas cosas en las que tenía dudas o curiosidad, no olvidaba la charla sobre desear algún día tener hijos cuando apenas había cumplido los diecisiete años y lo segura que parecía sobre eso.

No estaba del todo preocupada, Asami era muy madura a pesar de su corta edad, tenía la plena confianza que ella sabría aguardar el momento ideal para eso y que esperaría a que fuera con alguien que ella realmente quisiera en su vida para formar una familia.

Si, sus hijos ya habían crecido mucho, y le daba la impresión de que sucedió en un parpadeo, pero no importaba que tan grandes fueran o si ya cada uno tenía su propia familia, siempre podrían tener momentos como esos, en los que estaban reunidos para desayunar en familia.

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¿Alguna vez había estado así de erguida tanto tiempo?

Ni siquiera podía recordarlo.

Incluso le dolía la espalda por todo el rato que tenía ahí a la expectativa mientras su café se enfriaba lentamente, ya sentía la garganta cerrada por la incertidumbre.

Nanao estaba sentada en su mesa mientras sus manos abrazaban la taza con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

Había llegado media hora antes al lugar con la intensión de tranquilizarse un poco, tomar aire, armar un buen discurso para darle la bienvenida de manera adecuada. Sin embargo, todos sus pensamientos se fundieron durante los largos minutos que pasó ahí sentada, haciendo y deshaciendo el discurso con el que pretendía saludar, percatándose de que cada nueva construcción sonaba cada vez más acartonada, frívola y falsa.

Ya se lo habían dicho en clase de composición, cuando algo se le metía en la cabeza, ni cómo moverla de ahí. Y entre más vueltas le daba a lo que planeaba, más complicado se volvía todo, convirtiéndose en una masacre a la creatividad.

Katen Kyōkotsu llegó al café con un atuendo juvenil que sorprendió a Nanao. Luego de haberla visto usando aquel imponente kimono tradicional, las fotografías con sus vestidos de gala portados en los conciertos, los haori imperiales que solían adornarla, ver a Katen usando jeans deslavados, camiseta negra de tiras, chaqueta de mezclilla, botines de tacón bajo y llevar el cabello suelto, no, aquello parecía discordante.

Cuando la vio en el festival tuvo la sensación de que así es como ella debería lucir, una diosa antigua y poderosa, o el espíritu acompañante del más poderoso samurai, la más letal entre todas, la más hermosa de todas, como si hubiese abandonado su época sólo por brindarle a los mortales un momento de dicha con su presencia.

Incluso en las fotografías que su tío le había mostrado de los conciertos y presentaciones, ahí lucía más adecuada, como si de verdad siempre debiera tener aquel porte señorial y antiguo.

No es como si no luciera hermosa. Ahora parecía una modelo salida de una revista, sonriendo con su labial violeta oscuro mientras se quitaba los lentes y se acercaba a ella con los ojos cargados de dicha. Sus treinta y tantos habían desaparecido entre los caireles de sus coletas, podrían lucir incluso de la edad paradas lado a lado, aunque, luego de echar un vistazo a su atuendo (a su blusa blanca de botones y manga larga, a su falda recta y sus zapatos de piso), seguramente cualquier persona que las viera creería que era la otra la más joven, y ese pensamiento terminó consiguiendo que la poca seguridad que Nanao había logrado reunir se quebrantara mientras ella abría la boca para admirar a la recién llegada.

—¡Ay, Nanao, por favor dime que no te hice esperar mucho tiempo! —exclamó mientras la joven se levantaba torpemente para saludarla, sorprendiendola al recibir los besos en ambas mejillas por parte de aquella mujer despampanante y atrevida que logró atrapar las miradas de los presentes.

Si Nanao pasó saliva con dificultad fue sólo para hacer tiempo y recobrar el habla. ¿Cómo hacía Katen Kyōkotsu para lucir siempre tan natural, desgarbada y elegante al mismo tiempo?

—¡No, yo! —tartamudeó ella mirando a su interlocutora y sonriendo ampliamente al percatarse de lo cercana que parecía al saludarla. —No. Tengo la costumbre de llegar antes —dijo al final bajando la mirada, con las mejillas sonrosadas por la incomodidad, por no saber corresponder el entusiasmo de Katen.

La mayor sonrió mirando su teléfono y asintió, faltaban todavía ocho minutos para la hora acordada, así que Katen ensanchó su sonrisa y asintió, acariciando el rostro de Nanao con una mano y mirándole con aires maternales.

—Que hermosa eres. ¡Dios!, cómo te pareces a tu madre —murmuró ella admirando las facciones de la joven, consiguiendo que ella respingara por la sorpresa —, sí, sí —añadió al ver la expresión de Nanao y tomando asiento, haciendo un gesto para invitar a la joven a imitarla —, cuando conocí a tu tío, yo tenía dieciséis años, y él pasaba tanto tiempo en casa de su hermano y de su esposa que memoricé las facciones de aquella dulce y amable mujer que logró meter en cintura a Shunsui y arreglar su relación con su hermano.

—Mi tío me ha contado que no se llevaba bien con su hermano —fueron sus primeras palabras cuando recuperó el habla, sentándose con un movimiento fluido y elegante que hizo a Katen suspirar aliviada, después de todo, no quería que Nanao estuviera incómoda en su presencia —. Nunca me quiso decir por qué era así, sólo dijo que mamá fue la razón por la que se reconciliaron.

—Ella adoraba a tu tío, siempre lo vio como un hermano menor al que quería proteger, como un niño pequeño e indefenso. Yo siempre lo vi como a un hombre fuerte, capaz de proteger a todos.

—Me contó cómo se conocieron —admitió Nanao sonriendo dulcemente, desviando la mirada hacia su taza mientras Katen levantaba la mano para llamar la atención de algún mesero.

—Ah, ¿sí? —inquirió la mayor con curiosidad, torciendo una sonrisa de medio lado que hizo a Nanao sonreír —, y ¿qué dijo?

—Dijo —murmuró ella alzando los ojos en dirección de Katen —, que eras la más bella aparición que hubiese visto jamás. Y ahora entiendo por qué.

Katen sonrió. Al principio trató de luchar con la sonrisa, se mordió el labio, desvió el rostro, pero al final sucumbió, relamiendo sus labios antes de sonreír con timidez a la par que sus mejillas se coloreaban ligeramente y ella se llevaba una mano al cuello, suspirando.

—¿Eso dijo? ¿Cuánto te pagó por decirme esto? —añadió al final, divertida, mirando a Nanao con suspicacia mientras la violinista se echaba a reír por lo espontáneo de su... Su ¿qué?

Era pronto para decir que eran amigas, aunque ambas murieran de ganas de poder convertirse en un soporte para la otra. Tampoco era su tía, era la novia de su tío, sí, pero ¿tenía permiso de considerarse parte de su familia?

—Katen —llamó Nanao con voz contenida, temerosa, tímida, se encogió de hombros ante la mirada atenta que le dedicó la mayor, esperando la tormenta —, ¿por qué me citaste aquí?

Pasó saliva, sonrió ampliamente, demasiado acostumbrada a esa faceta falsa y elocuente a la que se aferraba cada vez que subía a un escenario, y luego sonrió de medio lado componiendo un gesto más sincero, más honesto, sabiendo que no quería muecas o parafernalias con aquella joven extraordinaria, sino una relación real, suspiró asintiendo una vez, concediendo aquella pequeña tregua y percatándose de lo distinta que era aquella chica de su tío, quien había evitado a toda costa pasar al tema inmediatamente cuando por fin se suscitó el encuentro, disfrutando de aquella tregua un poco más.

—Quería conocerte y que me conocieras —confesó ecuánime la cantante, entrelazando los dedos sobre la mesa y asintiendo una vez, irguiéndose en su sitio y haciendo a Nanao respirar más relajada —, quería conocer a la mujer que logró arrebatarme el corazón del único hombre al que amé en mi vida —añadió después a manera de broma, sonriendo socarrona y haciendo reír a Nanao con aquel comentario antes de recuperar un poco la solemnidad —. Si soy muy honesta —Katen torció el gesto, hizo una mueca, un puchero, como si estuviera incómoda con su confesión, pero sabiendo que no era malintencionada después de todo —, quería tu aprobación.

—¿Mi aprobación?

—Haber intentado esto cuando eras una niña habría sido sencillo —bromeó ella enarcando una ceja con sarcasmo —, una paleta, dos idas al cine y estarías en mi bolsillo.

Nanao soltó una carcajada ante aquella confesión tan descarada antes de asentir frenética.

—Te habría salido barata —confesó al final —, helado de vainilla, la cuerda de Mi para el violín y habría caído a tus pies.

Ambas rieron con soltura, disfrutando de aquel momento de complicidad mientras sentían que lo peor había pasado al fin y que ellas podían seguir adelante con aquella conversación, conocerse, albergando la esperanza de formar parte de la vida de la otra.

Sin embargo, incluso aquella pausa tenía que terminar en algún momento y ambas lo sabían. Suspiraron de nuevo, esta vez al unísono para tranquilizarse antes de que Nanao asintiera, dándole a entender a la cantante que estaba lista para continuar, que quería saber.

—Shunsui es la mitad de tu vida —murmuró Katen con un gesto intranquilo —, te ha cuidado, te ha educado, te ha dado techo y sustento. Y yo para ti soy una extraña que de pronto llegó a sus vidas a poner todo, ¿cómo dijiste el otro día?, ¿patas arriba? No quiero llegar como una usurpadora a quebrantar la paz que han construido, sobre todo porque no sé cuánto les costó llegar hasta ahí, Nanao. Y lo amo —añadió con tanta intensidad que le cortó la respiración a la violinista —, creía que los años que pasaron sin vernos, que la distancia, la carrera, la madurez, harían que abandonara esos sentimientos infantiles e idealistas, pero la primera vez que lo vi otra vez mi corazón se detuvo y se desbocó al mismo tiempo. Respirar dolía —añadió llevando una mano al pecho, encogiéndose de hombros y sonriendo con ganas —, la habitación entera daba vueltas y no había nadie más en ese lugar. Sólo él, mirándome con el mismo embeleso de toda la vida mientras yo le cantaba un reproche y dos reclamos —concluyó soltando los hombros y levantando los ojos hacia Nanao, que ya tenía dos riachuelos de lágrimas vagando por sus mejillas ante la belleza de aquella confesión —. Lo vi y supe —concluyó con cierto aire de tristeza que confundió a Nanao —, supe que lo amaría el resto de mi vida.

—¿Cómo? ¿Cómo lo supiste? —complementó la chica al ver la confusión en las facciones de aquella mujer.

Katen sonrió dulcemente antes de suspirar y asentir.

—Porque la sola idea de alejarme de él otra vez fue suficiente tortura como para desgarrar mi corazón —afirmó con vehemencia, pero con la voz contenida en un murmullo —, sólo pensar en irme para no volver a verlo nunca más dolió tanto que sentía que se me abría el pecho, la taquicardia ni te la cuento. Tal vez suena demasiado fuerte, dolores emocionales que se sienten físicos, pero juro que esa idea me rompió el corazón.

Nanao suspiró pesado, profundo, y tal vez Katen nunca sabría que era porque pensaba en ella misma, en Haruki, en la manera dolorosa en la que su corazón se desbocaba cuando la piel de él rozaba por accidente la suya y el cómo contaba los minutos para verle otra vez.

¿Acaso era amor?

Estar enamorada era una cosa, pero... ¿amor?

—Volviste a su vida —comenzó Nanao tratando de organizar sus ideas, limpiando sus mejillas con una sonrisa tímida, como ofreciendo una disculpa —, lo que quiero decir, es que no sé qué pasó. Cómo se reencontraron o cómo decidieron...

Katen asintió ofreciendo un pañuelo a la joven y haciéndole sonreír agradecida.

—Tu tío tenía más o menos tu edad la última vez que nos vimos. Ah —Katen se pasó el cabello tras las orejas, tratando de organizar sus ideas mientras le entregaban su bebida —, teníamos ensayo un día y al día siguiente me dejó plantada. Starrk no sabía nada al respecto, nadie, de hecho —añadió ofendida, moviendo las manos con gestos espasmódicos y contagiando a Nanao con su indignación —. Ni siquiera dijo adiós. Ni te cuento cómo estaba de enojada.

—¡Colérica! —espetó Nanao cruzándose de brazos —, yo todavía se lo reclamaría.

—Sí quise —confesó la cantante soltando el aire, todavía resentida —, pero cuando lo vi ahí, de pie, con los brazos abiertos y listo para recibir el golpe final, dispuesto a escuchar cada reclamo y a recibir diligente cada golpe —añadió ladeando el rostro y perdiendo la mirada en el horizonte, para finalizar su frase con menos que un hilo de voz —, no pude. Ya lo había perdonado en mi corazón. Y lo único que tenía para él era una profunda e inmensa gratitud. Por él hice carrera como cantante de manera profesional —confesó volviendo la mirada a Nanao —, fue él que me arrastró hasta los bares y cafeterías para presentarnos, y por él conocí a mi primer agente. Cuando me hice a la idea de que no volvería a saber nada de él y Starrk también desapareció, me fui de la ciudad con la promesa de no volver jamás. De hecho, quería dejar la música —añadió haciendo una mueca que hizo reír a Nanao —, durante un año desde su partida dejé la música.

—¿Por qué volviste?

Katen lo pensó unos minutos, dando un sorbo largo a su bebida antes de mirar a Nanao y componer una sonrisa de medio lado, una mueca de disculpa que hizo a la violinista pasar saliva con dificultad.

—Fue por ti.

La pregunta resonó en la mente de la violinista.

¿Por mí?

Uno, dos, tres, y al cuarto segundo cayó en cuenta lo que había escuchado.

—¡¿Por mí?! —exclamó haciendo amago de levantarse, pero cayendo de nuevo en su asiento cuando la silla no se recorrió, haciendo reír a Katen discretamente antes de responder.

—¡Sí, claro! Porque me enteré de cuál había sido el motivo por el que tu tío desapareció de nuestras vidas y todo cobró sentido. Nunca fue de los que se iba sin decir más, jamás nos habría abandonado sin un buen motivo, pero yo me pasé un año torturándome, diciéndome a mí misma que nuestros sueños no habían sido suficientes, y luego los vi por pura suerte saliendo de tu primer recital de violín. Investigué, hablé con nuestros amigos en común, firmé el contrato y me fui sabiendo que sus motivos para dejarnos habían sido puros, pero que jamás volvería a estar con él.

—¿Por qué no?

Katen sonrió divertida.

—¿A los veinte? ¡Era drama! Imagínate que estás locamente enamorada de un muchacho — soltó divertida la cantante mientras atrapaba una coleta en su dedo índice, dándole vueltas a sus caireles con aires coquetos y sonriendo triunfal ante el sonrojo monumental en las mejillas de Nanao —, y un día te enteras de que, de un día para otro, se convirtió en padre soltero.

La imagen de Haru sosteniendo la mano de una niña de nueve años cruzó por su mente, el violinista era muy responsable, por supuesto cortaría lazos con el mundo para dedicarse de lleno a su nueva responsabilidad.

—Creo —murmuró la violinista con una mueca de desagrado —, creo que entiendo el punto.

—Él tenía una hija de la que hacerse cargo; a esta edad, que es maravillosa, todo es drama —comentó como paréntesis en la charla —, por favor no te pierdas de nada, y no te quedes con las ganas de nada. A los veintipocos todo es un drama —insistió haciendo que Nanao sonriera y asintiera, Katen tenía razón al respecto —, el mundo se acaba cada quince días, haces un montón de cosas que te pasas reprochándote, te preguntas diez mil veces por qué demonios hiciste esto o aquello en presencia de este y aquel, te torturas diciendo que no deberías haber dicho lo que dijiste o comido lo que comiste, conoces al amor de tu vida veinte veces por mes, bueno, en mi caso fue una. Pero entiendes el punto. Qué bonita eres —dijo al final, recargando la barbilla en una mano y mirando a Nanao a consciencia, consiguiendo que la chica se sonrojara hasta las orejas luego de respingar, sorprendida por el comentario de la mayor —. De verdad te pareces mucho a tu madre. Oye, me halaga que quieras conocer esta parte del drama, pero yo quiero saber todo de ti —espetó Katen tomando las manos de Nanao sobre la mesa, tomándola por sorpresa —. También quiero que sepas que puedes preguntar lo que quieras, no quiero ser una extraña usurpando la vida que has construido con tanto esmero. Cuando dije que venía a ganarme tu confianza no hablaba de comprar mi lugar al lado de tu tío. Lo amo, de verdad lo amo, y ya verás cuán cierto es esto, vine a conocerte, no a contarte mi drama.

—¿Bromeas? —exclamó Nanao regresando el apretón a las manos de Katen y sonriendo con más ganas todavía —, quiero saber todo el drama. ¿Cuántos años tienes? —cuestionó antes de darse cuenta de lo invasiva que había sido esa sorpresa —¡Quiero decir! Es que luces tan joven, pareces menor que yo justo ahora.

—Pero eso es porque eres muy seria. Tienes una cara preciosa, un poco de delineador y el cabello suelto harían la diferencia.

Nanao se quedó helada, retrocediendo rápidamente ante las insinuaciones de Katen y negando con la cabeza.

—Estoy bien de momento.

—De momento, pero un día conocerás a alguien y hasta querrás usar perfume.

Las mejillas de Nanao enrojecieron con violencia, delatando en el acto a la violinista, quien pasó saliva con dificultad y retrocedió tartamudeando alguna respuesta mientras todas las piezas caían en su sitio.

—No me digas que Shunsui estaba diciendo la verdad cuando insinuó que estabas enamorada del muchacho del shamisen.

—¡Haruki-senpai es...! —trató de defender la chica. Sin embargo, Katen soltó un grito agudo y casi se subió a la mesa para acercarse más a Nanao.

—¡No puede ser! ¿De verdad? Es muy guapo —concedió la chica con una sonrisa pícara —, no pides nada, Nanao —canturreó con sarcasmo mientras la joven tartamudeaba con más ganas y pasaba saliva con dificultad. ¿En qué momento se había metido en eso? —Definitivamente le gustas, tendrías que ver cómo te vio cuando le tocó descansar, parecía que estaba a punto de morir de amor. ¿Sabes cuántas veces suspiró?

—¡Katen! —exclamó Nanao pasmada, soltándose de un manotazo y haciendo reír a la cantante con su nerviosismo —, no hay manera, Haruki-senpai es un novio del Instituto. Está en otra liga.

—¿En otra liga? —espetó la aludida ofendida —¿De qué estás hablando? Eres una mujer hermosa, estoy segura de que tu alma lo tiene cautivo.

—Si vieras a su exnovia no pensarías igual – el recuerdo de Candice azoto sus pensamientos, desmoralizándola, si, era una chica despampanante, ella y Haruki lucían como estrellas de rock al estar juntos

—Entonces ¿por qué ya no está con ella? —murmuró con voz armónica, media sonrisa de sarcasmo y una mirada de profunda satisfacción por el silencio de Nanao.

—Bueno —exclamó Nanao luego de tratar de encontrar una respuesta para aquella cuestión, sabiendo que no se escaparía del interrogatorio de otra manera —, ¿cómo conociste a mi tío?

—Oh, no, señorita —exclamó la cantante con una mueca de satisfacción —, tendrás que hacer algo mejor para distraerme.

Nanao suspiró resignada.

—Él me llama señorita —confesó sonriendo de medio lado y bajando la mirada —, es algo tonto, lo sé, pero...

—Cariño —murmuró Katen con una sonrisa radiante, poniendo su mano sobre el antebrazo de la joven para infundirle valor —, tonto que yo me emocionara cuando tu tío me llamaba corazón, siendo que llamaba así a todas las chicas. Pero cuando lo pronunciaba en mi dirección sonaba diferente. Más o menos me imagino cómo debe sonar cuando él te llama señorita.

—Soy una ilusa —se quejó Nanao llevando ambas manos a su rostro y haciendo a Katen reír discretamente.

¿Cuántas veces no había ido ella misma corriendo hasta su hermana para decirle las mismas palabras?

—Mira —murmuró la cantante haciendo que Nanao entreabriera los dedos para mirarle entre los nudillos —, ¿cuántas veces te ha invitado a salir? ¿Cuánto te está cobrando las asesorías? Y ¿con cuántas estudiantes tiene la cortesía de escribirse día y noche sobre asuntos escolares para luego enviar audios tocando el violín para interpretar tus piezas favoritas? Tengo que admitirlo —añadió divertida, retrocediendo hasta su respaldo y tomando la bebida entre sus manos, ocultando su boca tras la taza —, si en nuestro tiempo hubiese existido el WhatsApp... No, no seré hipócrita, Shunsui me manda audios a las tres de la mañana cantándome los versos con los que nos enamoramos, este senpai tuyo está haciendo lo mismo. Ya verás, en cualquier momento te robará un beso.

—Eso me encantaría.

—Róbaselo tú —sugirió como si aquello fuera tan sencillo como respirar...

—No —musitó la chica sin aliento, palideciendo y haciendo reír a Katen con su reacción.

Las risas continuaron un poco más, Katen se permitió disfrutar aquel momento mientras Nanao recuperaba el aliento para responder, reclamar o apelar. Pero la joven era demasiado mesurada y prudente como para decirle a su mayor lo que realmente pensaba al respecto, así que fue la mayor quien retomó la conversación.

—¿Por qué violín?

Al fin una que se sabía, pensó Nanao para sus adentros mientras el alma le volvía al cuerpo.

—Por Jūshirō-san —soltó segura de aquella respuesta, mirando a Katen con determinación y haciéndole suspirar con media sonrisa.

De todos los conocidos de Shunsui, Ukitake Jūshirō era al que su novio conocía de más tiempo, su amigo más cercano, más incluso que Starrk, pero también al que menos veía de todos dados sus estudios en una universidad en la que Shunsui solía tomar talleres sabatinos. Por supuesto que conocía el nombre, ella misma se había puesto celosa en incontables ocasiones por causa del albino.

—Llegó a casa un día —continuó Nanao con entusiasmo contenido, sonriendo de medio lado mientras inclinaba la taza para ver el contenido —, muy emocionado porque había conseguido algo para mí tío, yo no entendía nada, llevaba su violín, las partituras y otras cosas encima, dejó todo en la mesa mientras le explicaba no sé qué a Kyōraku-san y yo me quede perdida en los apuntes de Ukitake-san. Jamás había visto música escrita y me encantó. Los interrumpí —confesó apenada, antes de dar un sorbo a su bebida y sonreír —, le pedí a Ukitake-san que me explicara qué era aquello, me miró, se sonrió con mi tío y sacó su violín, y entonces supe que había nacido para aquello.

—Amor a primera vista —coincidió Katen con media sonrisa, antes de enarcar una ceja con sarcasmo y desviar la mirada al dar un sorbo a su bebida.

—¿Pasa algo? —inquirió Nanao con media sonrisa mientras Katen se reacomodaba el cabello.

—Sólo pienso en Ukitake —admitió rascando su nuca con el meñique —, en que me puse celosa de él muchas veces por la cercanía que tenía con Shunsui, porque... —murmuró estirando aquella palabra, estirando el cuello mientras componía una sonrisa fruncida y respingaba la nariz.

—Porque... —invitó Nanao frunciendo el entrecejo.

Katen recargó los codos en la mesa antes de recargar el rostro en las manos y mirarle haciendo un puchero, aumentando la curiosidad de la joven.

—Los que nos conocían bien —comenzó la cantante irguiendo la espalda y ladeando el rostro de un lado al otro, una adolescente haciendo berrinche —, hacían apuestas respecto a cuál de los dos elegiría, si a Ukitake o a mí.

—¿Qué? —exclamó Nanao pasmada, divertida ante el berrinche de la mayor —¿Cómo que con Ukitake? ¿Por qué?

—¿Sabes cuánto tiempo pasaban juntos? —exclamó Katen divertida —, las horas y horas de risas y diversión, el tiempo en el instituto. Era horrible. Moría de celos —espetó al final antes de carcajearse y contagiar a Nanao.

Qué sencillo había sido convertirse en amigas. Había pasado antes de que se dieran cuenta y ahora se reían entre ellas, hablando de música y de otras cosas, sintiéndose en confianza más pronto de lo que se habrían atrevido a considerar y, preguntándose en secreto, qué pasaría a partir de ese momento.

Katen Kyōkotsu quería ganarse su lugar en el corazón de Nanao, la joven violinista quería saber quién era la que se había robado los pensamientos de un hombre que había vivido una vida en medio de la incertidumbre, y ahí, estando juntas, sabían que habían llegado justo a tiempo a la vida de la otra….

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Dejar todo en orden y apresurarse en sus clases de ese día le había tomado más tiempo del que tenía presupuestado, ahora ya se estaba haciendo tarde, muy tarde y tenía que tomar acción lo más rápido posible para poder llegar a tiempo, así que no tuvo más opción que ir inmediatamente a buscar a su hermano mayor en cuanto finalmente se desocupó. Todo hubiese sido más fácil y hubiera tenido tiempo de sobra si no fuera por su bendita costumbre de que se le fuera la noción del tiempo en algo que le apasionaba, que en ese caso ahora era la nueva especialidad que tomo de dirección de orquesta y Cello, pero, en fin, no podía perder tiempo en recriminarse, debía en lo posible apresurar el paso.

—¡Takeshi! —exclamó Haruki alcanzándolo en el pasillo mientras sacaba las llaves de su motocicleta —Préstame el auto por favor.

—¿Qué? —soltó el mayor confundido ante la prisa de su hermano, que se agachó con las manos en las rodillas, agitado por haber corrido de un lado al otro de la institución.

—El auto, por favor —jadeó levantando la mirada en dirección a su hermano.

—Haru, no lo sé, hoy traigo demasiadas cosas.

—Estaré de regreso antes de que vayas a casa, te dejó la moto en garantía —prometió ofreciendo sus llaves y mirando a su hermano con gesto suplicante —, por favor, es una emergencia, Nanao no va a llegar, no hay carros disponibles para pedir por aplicación.

—¿Nanao?

—Sí, trae la mochila y el violín, y yo también traigo más cosas como para dejarlas en el casillero.

—De acuerdo, de acuerdo —soltó sacando las llaves y entregándoselas a Haru, sonriendo sorprendido al escuchar el nombre del crush de su hermano.

¿De verdad la iba a llevar en el auto?

-gracias, te debo una, hermano – y nuevamente retoma su apresurada carrera, dejando a Takeshi sin entender del todo la prisa de Haruki

-parece que es él quien se va a ganar la beca – comenta Satoshi saliendo del salón del que estaba previamente el mayor dando clases

-¿la beca? – pregunta Takeshi mirándolo un poco confundido

-si, hay una ayuda a los músicos que el gobierno de la ciudad está ofreciendo – comienza a explicar – supongo que Haruki va a llevar a Nanao a la audición….

Eso si tenía sentido, después de todo, Haruki, ni ninguno de ellos tenían necesidad de aquella beca al ganar dinero por sus propios medios al estar dando asesorías o tocando en algunos lugares, además que sus padres les mandaban una buena cantidad de dinero por sus giras en cruceros. No podrían decir que eran millonarios, pero sin duda estaba en muy buena posición económica.

Nanao por su parte, aunque tenía la economía suficiente para vivir cómodamente gracias a el primer piso del que su tío era dueño y que la herencia le alcanzaba perfectamente para pagar sus estudios, quería dar una ayuda extra a los gastos de la casa. Kyoraku ya le había dicho que podría tocar en su bar los fines de semana que no tuviera pendientes en la escuela, pero, a pesar de haber mejorado mucho por las asesorías de Haruki, todavía no se sentía lista para empezar a trabajar formalmente como musico y tocar ocasionalmente en sitios como la familia Yamamoto, además, ya Katen cantaba en el primer piso, no quería que su tío tuviese otro gasto al pagarle a otro musico.

Por eso no dudo en aprovechar aquella ayuda a los estudiantes de música en la que debía demostrar que era merecedora de aquella beca, de hecho, fue Haruki quien le comento de aquella audición y sin duda alguna se ofreció a llevarla, así como prepararla para que diera la mejor audición de todas.

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Nemu miraba incrédula la escena, tardó varios minutos en comprender lo que había visto pasar como rayo a su lado. Yamamoto Haruki cargando el maletín de Nanao en una mano, con el violín y la mochila al hombro mientras tiraba de su amiga con la otra mano. Nanao corriendo tras él con una sonrisa soñadora, aferrada a su estuche y a otra mochila que llevaba consigo. Ambos dirigiéndose hacia el estacionamiento a toda velocidad.

Necesitaba una explicación cuanto antes, y cuando sacó su teléfono para enviar un mensaje vio la fecha y hora, y entonces todo cobró sentido. Iba tarde. Más que tarde.

Nanao y Haru se subieron al auto a toda prisa luego de que el muchacho guardara las cosas en la cajuela, no fue hasta que salieron del estacionamiento de la escuela que comenzaron a sentir el nerviosismo, que aumentó con risitas por lo bajo cuando ambos estiraron la mano hacia el estéreo y tratar de encenderlo.

—Perdón —murmuró Nanao recogiendo la mano y volviendo el rostro —, vas a pensar que soy una aprovechada.

—No, nada de eso, señorita. La música es la mejor compañía para los que son como nosotros - Haru miró el estéreo antes de sonreír para Nanao —Mi hermano prefiere el jazz, pero con un Yamamoto nunca se sabe.

—Dejemos que nos sorprenda —soltó Nanao con entusiasmo mientras Haruki encendía el radio.

El noticiero de la mañana...

Dejaron correr algunos segundos antes de intercambiar una mirada, y luego Nanao soltó una risa, negando con la cabeza.

—No, ¿verdad? —coincidió Haruki divertido, cambiando de una estación a otra a toda velocidad, haciendo a Nanao soltar risitas por lo bajo.

—¿Siquiera sabe lo que está escuchando, Haruki-senpai?

—Señorita, no estamos en asesorías como para que me sigas hablando con ese honorífico.

—No, pero sigues estando por arriba de mí. Por mucho.

—Es por el tiempo que tengo practicando nada más —prometió el muchacho con el entrecejo fruncido. De verdad le molestaba la distancia que ponía Nanao con él, como si fueran razas diferentes y no dos seres humanos —, de verdad pasé mucho tiempo con un violín en los brazos para llegar hasta donde estoy.

—No, tú naciste tocando el violín —remató divertida, volviendo la vista a la ventana, decidida a perderse en sus propios pensamientos, y entonces la escuchó —. ¡Regresa! —exclamó haciendo a Haru dar un respingo —¡Regresa tres estaciones!

—¿Tres estaciones?

El muchacho obedeció regresando lentamente, una, dos, tres, cuatro, continuó moviendo las estaciones hasta que Nanao le indicó que frenara.

La música era animada, la voz era inconfundible, la pieza iba por la mitad, pero lo que sorprendió a Haruki fue darse cuenta de lo animada que había puesto a Nanao aquella aparición.

Y por eso es tuyo mi corazón

Sólo tú doblas mi razón

Y por eso a donde tú quieras voy

Si hablo demasiado

No dejes de lado

Que nadie más te amará así

Como lo hago

Quiero ser tu firmamento

De tu boca una canción

De tus alas siempre ser el viento

—¿En serio? —murmuró Haruki divertido al escuchar a Nanao cantando aquella canción.

Sin embargo, sonrió aliviado al verla más relajada. El recordar que hoy era el día para aplicar a la beca la había puesto tan nerviosa que componer una frase sencilla se había convertido en una misión imposible, así que agradeció ver a la chica sucumbir ante los efectos de la música.

Y habría dicho algo más, pero Nanao cantó la siguiente estrofa de la canción sin tartamudear ni atorarse, dejando a Haruki todavía más pasmado.

Tu terrón de sal

Un rayo de sol

Que a donde digas que tú

Quieras que yo vaya voy

Eres mi desliz, mi país feliz

Mi primavera

Mi escalera al cielo si

Por eso sigo aquí y camino

Contigo a tí nunca podría decirte que no

Sólo tú sabes bien quien soy

Y por eso es tuyo mi corazón

Sólo tú doblas mi razón

Y por eso a donde tú quieras voy

Las palabras salían de su boca a toda velocidad, la chica bailaba al ritmo de la música mientras Haru reía discretamente a su lado, disfrutando de la forma en que Nanao se emocionó un poco más cuando él subió el volumen y bajó los vidrios.

Incluso el peinado se le había deshecho, la chica tenía las mejillas sonrosadas y no se atrevió a levantar la mirada en dirección al muchacho mientras dio su concierto personal, para deleite del violinista.

Qué curioso verla tan desenfadada cuando normalmente permanecía serena y seria todo el tiempo, pero quedó fascinado ante esa faceta antes desconocida para él.

Nanao cantó toda la canción, de cabo a rabo y soltó una carcajada, cubriendo su rostro, cuando la música cambió.

—Shakira —soltó el muchacho dedicándole miradas fugaces para volver la vista al tráfico después.

—Me gusta mucho.

—Se nota en el entusiasmo.

—Y no me has oído cantar "Ciega sordomuda" —soltó divertida, como si aquello fuera la revelación del siglo —. Podría escucharla todo el día.

—¿De verdad? —exclamó confundido, arrugando la nariz —. Está bien para una fiesta, pero no la toleraría todo el día.

—Espera —murmuró la chica entrecerrando los ojos y mirando a Haru con suspicacia —, ¿de qué Shakira estamos hablando? ¿De la rubia desatada que canta loca, loca, loca o de la emo de cabello negro y llenita que compuso Moscas en la casa?

—¿Qué es moscas en la casa?

—¡Qué! No es cierto —exclamó la chica antes de reír un poco —¿debajo de qué piedra creciste, Yamamoto Haruki?

Haru soltó una carcajada ante aquella expresión, negando con la cabeza.

—Debajo de la misma que Bethoveen y Sarasate. Mi música pop eran las sencillas de Salieri.

—Bueno, Moscas en la casa no es de las famosas, pero no me vas a decir que nunca escuchaste Tú, o Antología, o, no sé, Que me quedes tú...

—Escuché La tortura, ¿te sirve?

—¿Para que tengas criterio para criticar a Shakira? No, por supuesto que no.

Haru le dedicó una mirada y sonrió divertido ante el entusiasmo de Nanao. No pudo evitarlo, dedicar miradas fugaces a la chica antes de volver la vista al frente, al camino.

—Muy bien, ponme un reto —pidió estacionando el auto y sonriendo antes de encarar a Nanao —, te espero para llevarte al instituto de nuevo.

—No quiero que pierdas clases.

—Pedí permiso, no es como que mis notas vayan a bajar si me pierdo un día —prometió divertido ante la angustia de la chica —, además, ¿qué clase de hombre sería si te dejo tirada con todas tus cosas por aquí? ¡No señorita! Te espero. Dame un disco para escuchar.

Nanao lo pensó un momento, agobiada, preguntándose cuál sería una buena opción.

—Es que hay tantos —dijo para sí misma con aires distraídos —, eh... creo que... MTV Unplugged...

—¿Alguna canción en específico?

—Moscas en la casa —dijo sin pensar, justo antes de sonrojarse hasta las orejas y mirar a Haruki, suplicando internamente que el muchacho no le hubiese puesto atención —¡No, ninguna, todas son muy buenas! Por favor ignórame, yo, yo...

—Descuidé, señorita, habló entre dientes, no te entendí una palabra.

Nanao suspiró abochornada, desviando la mirada antes de sostener los ojos de Haru, agradecida.

—No le haré esperar mucho, Haruki-senpai.

—Ha-ru —soltó el muchacho antes de tomar una mano de Nanao y besarle el dorso en un gesto inocente y devoto —, por favor, señorita, llámame, Haru.

—H-Haru... —concedió sonriendo tímida antes de tomar su violín del asiento trasero y correr hacia las oficinas, dejando al muchacho pensativo.

Spotify abierto, encontró el disco inmediatamente.

—Octavo día —leyó el título de la primera canción antes de sonreír y conectar su teléfono a las bocinas del auto —, Shakira, sorpréndeme.

El ritmo de aquella canción era sin duda atrayente, se descubrió disfrutando de la tonalidad en la voz de la cantante, moviendo levemente los hombros ante los sutiles cambios armónicos entre el coro. No imaginaba que un género de ese estilo tan dinámico y latino le gustara a Nanao, pero sin duda empezaba a comprender por qué le gustaba aquella cantante, porque la desinhibía al grado que cantaba con tal soltura olvidándose de su usual timidez con la que parecía ir a todas partes, pero bueno, bien dicen que en gustos musicales se rompen géneros. Es decir, su hermano Sato parecía el típico rockero alocado y fiestero, nadie se imaginaria que era un romántico empedernido que cantaba con todo el sentimiento del mundo las canciones de Chayanne y Ricardo Montaner.

Pensar en eso le hizo imaginarse a Nanao bailando por su casa y cantando a todo pulmón aquellas canciones tan dinámicas, imágenes ante las cuales se le formo una enternecedora sonrisa al poder escuchar su voz alzarse con tal fuerza y soltura ante la nueva canción que se reproducía con el título "si te vas". Le gustaba, le gustaba mucho la idea de ver a esa Nanao, de tomarla por sorpresa de las manos para comenzar a bailar con ella aquellos viejos éxitos, riendo, sin pisca alguna de nervios.

Fue entonces que la charla matutina de aquel domingo con sus padres se apodero de nuevo de sus pensamientos.

Casarse con Nanao, de verdad que era demasiado pronto para pensar en eso, pero curiosamente la idea no la desechaba para nada. Si, quizá algún día, de verdad que a pesar de haber sido un amor a primera vista ya no podía imaginarse estar con nadie más que no sea Nanao, de compartir su vida a su lado y bueno, si Nanao así lo quería, formar una familia….

La realidad lo azoto de golpe, a tal grado que ladeo la cabeza de un lado a otro sintiendo al mismo tiempo el calor acumularse en su rostro mientras pegaba su frente al volante. ¿Por qué su mamá tenía que tocar ese tema? De por si a penas y había dejado de comportarse ridículamente torpe ante Nanao, apenas estaba logrando que se comportara de una forma más tranquila y suelta ante él, que dejara de llamarlo bajo el honorifico de senpai y él ya andaba pensando en esas cosas. No, debía quitarse de momento esas ideas, era demasiado apresurado y obviamente no quería asustarla. Lo primero era que empezaran a ser más cercanos, encontrar el momento ideal para decirle sus sentimientos por ella, ya lo demás la vida se encargaría de decidirlo.

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Las clases extra que tomaban con el profesor Rose eran bastantes exigentes, aunque, a la vez, se mostraba bastante paciente con todos los alumnos y procuraba prestarle la debida atención a cada uno de ellos. Aunque con Satoshi y Grimmjow al ser de sus alumnos más sobresalientes la exigencia con ellos era un poco más y les dejaba ejercicios mucho más avanzados, especialmente a Satoshi que ya estaba por hacer su última certificación.

-no entiendo – se queja él peli azul al salir de clases con las manos en los bolsillos – ya estoy también más avanzado en guitarra. ¿Por qué no puedo hacer de una vez una certificación más alta? – el profesor le había dicho que ya podría presentar también su primera certificación, pero a pesar de su habilidad con la guitarra, Rose no le dejo presentar un examen más avanzado, aunque en teoría podría presentarla sin problemas

-los profesores no solo se conformaran con que toques las piezas y ya – le explica Satoshi – quieren que seas un buen ejecutante e interprete, y a ti todavía te falta comprender muchas técnicas de la guitarra – le da un pequeño golpe en la cabeza ante el que Grimm gruñe con molestia – no es suficiente tener talento amigo, hay que reafirmarlo con conocimiento – continua explicándole – Rose quiere que comprendas lo mejor posible que estas tocando, no solo que lo saques de una partitura o al escucharlo…

Grimmjow prácticamente aprendió de oído, poniéndole atención a lo que hacían sus guitarristas de metal favoritos, con tutoriales de Youtube y aplicaciones para guitarra. Era un músico de la calle y, posteriormente, de cochera cuando conoció a las chicas con quien formaría una banda.

Cuando conoció a Satoshi fue él quien le ayudo a mejorar en la guitarra, enseñándole algunas cuantas técnicas, pero claro, aun le faltaba comprender más cosas, por eso el profesor Rose le recomendó que comenzara con la certificación tres en lo que avanzaba más en sus clases.

En fin, tenían que ya darse prisa en salir, Satoshi debía ir por el auto a casa y recoger a Asami para acompañarla en su voluntariado de leerles a los niños del orfanato, lecturas en las que él la acompañaba tocando con la guitarra para poner música de fondo en vivo.

Ese era el plan, y vaya que estaba dándose prisa para no hacer esperar mucho tiempo a su hermana, sabía lo estricta que era en llegar temprano a ese tipo de cosas. Sin embargo, en medio de su apresurada caminata en la que Grimmjow iba a lado suyo, le llego un mensaje cuyo remitente le hizo parar en seco para verlo.

-¿Qué sucede? – pregunta Grimmjow regresándose en par de pasos al ver que su amigo se había quedado atrás

-es de Soi-Fong – responde este mirando con algo de conflicto interno el mensaje – me pregunta que si estoy ocupado….

Si, el conflicto interno en el que estaba Satoshi era prácticamente palpable. Grimmjow podía notar que quería decirle que no estaba ocupado, después de todo, era raro que Soi-Fong le mandara ese tipo de mensajes. Pero, por otra parte, no olvidaba en lo que quedó con Asami.

-ve con ella – dice Grimmjow resignado, ganándose una mirada de pasmo de su amigo – yo puedo llevar a tu hermana a su voluntariado o lo que sea

-¿de verdad? – él que se le acercara tanto con tal brillo en los ojos que lo hizo retroceder un paso

-si bueno, solo va a leerles a unos niños ¿no? Creo que lo podré soportar – o al menos él solo creía que la esperaría en el auto en lo que terminaba con eso.

-oh, gracias amigo, te debo una – le da un leve puñetazo en el pecho, a lo que Grimmjow bufa divertido – toma, llévate mi guitarra– se descuelga el estuche donde la traía – oh y las llaves del auto, ya sabes donde esta Asami ¿verdad?...

-emm si… - apenas y le permite responder

-muy bien, de nuevo gracias….

-no dejes que abuse mucho de ti amigo – alcanza a decir Grimmjow antes de que Satoshi emprendiera la carrera – chicas como ella son inteligentes y se aprovechan de ilusos como tu – se burla con descaro, ganándose momentáneamente un refunfuño de Satoshi, que cambio luego a un gesto pícaro

-yo con gusto la dejaría abusar todo lo que quiera de mi – insinúa, a lo que Grimmjow suelta una fuerte carcajada – me voy, gracias de nuevo y discúlpame con Asami – se va corriendo a todo vapor, dejando incluso un rastro de polvo que se alzo a su paso

Vaya que esa chica traía loco a su amigo, ni cuando estuvo saliendo con Apacci lo veía así de entusiasmado y con tanta ilusión de verla, su relación con ella fue demasiado casual, de hecho, las únicas veces que estaban juntos era cuando tenían algunas tocadas o ensayos, pero nunca lo vio con tal brillo en los ojos al verla o con el simple hecho de haber recibido un mensaje de su parte. ¿Quién diría que el galante de Satoshi ahora estaba a plena disposición de una chica?

.

Tarde, siempre tarde, debía haber estado allí desde hace cinco minutos ¡¿Dónde estaba el bruto de su hermano?!

Pateo una roca, luego se giró hacia el árbol y miró hacia arriba, costumbre, tal vez.

Volvió su vista al escuchar unos pasos acercándose a ella creyendo que era su hermano, a quien ya tenía toda la intención de reclamarle por su retrasó, palabras que se quedaron atascadas en su garganta al ver a Grimmjow en su lugar.

-No- Dijo en voz baja y cruzándose de brazos, molesta, muy molesta -Dime que no vienes en lugar de mi atolondrado hermano

-Tú tonto hermano tuvo un pequeño inconveniente, así que me envió a mí-

Rodó los ojos, soltando un suspiro gruñendo, tensando los dedos y rindiéndose, esto hizo a Grimmjow reír.

-No se en lo que me he metido, así que hazme entrar en contexto…

Bufo, mirando la hora en su reloj de muñeca y viendo que estaba retrasada.

-Si no te molesta, debemos movilizarnos, te explico en el camino…

Vaya sorpresa al darse cuenta de que Grimmjow llevaba las llaves del auto, seguramente Sato se las había entregado para que al menos pudiera llevarla a su servicio.

Y él peli azul no podía pedir menos, el servicio de Asami consistía en contar un cuento a niños de un orfanato, todos los miércoles, y Sato se encargaba de darle un poco de musicalización con su guitarra.

- ¿De verdad haces esto todos los miércoles? - Pregunto con hastío mientras seguía conduciendo, aunque mucho mejor que aquella vez con los postres -Que aburrido

-No es aburrido, es un servicio y cuenta como calificación- Reprocho la menor, haciendo ademanes y gestos, los cuales sólo hacían a Grimmjow sonreír discretamente -Sato se ofreció a ayudarme porque lo ayuda a practicar con la guitarra, así que no sé cómo vas a tocar hoy

-Tsch, de haber sabido no vengo- Asami rodó los ojos, cruzándose de brazos y mirando por la ventana - ¿Por qué con niños? Siendo tan buena en tantos instrumentos, pudiste haber tomado cualquier cosa, enseñar a otros, por ejemplo

-Nadie quiere lidiar con los huérfanos, cada año están ahí, esperando que alguien los atienda, que les lea un cuento- Suspiró, volviendo la vista al frente y tratando de no hacer un mohín -Pero nadie quiere atender su llamado, por eso la tomo cada nuevo ciclo, Sato se unió a mi recientemente, pero se ha adaptado muy bien a mi ritmo y se esmera en adaptar los ritmos de las canciones a la guitarra

Bufó divertido por escuchar aquello de su amigo, sin embargo, sabía cuan dedicado era y como había mejorado desde la última vez que lo había visto tocar. Si pudiera apostar por alguien que tocara mejor que él, ese era Satoshi, pero, si necesitaba consultar algo teórico, a pesar de estar en rivalidad, sabía que podía contar con Asami para enseñarle un par de cosas nuevas; a parte para molestarla.

-Eso no respondió del todo mi pregunta- Esto hizo a Asami alzar la mirada, curiosa porque realmente creyó haberle respondido todo - ¿Por qué con niños?

-Ah- Exclamo levemente, haciendo muecas mientras jugaba con la pulsera que llevaba en su muñeca -Porque me gustan los niños…

El semáforo se había puesto en rojo, dándole la oportunidad a Grimmjow de mirarla con curiosidad al notar las mejillas de la princesa de los Yamamoto con las mejillas sonrojadas, teniendo la tranquilidad de no preocuparse de golpear a otro auto o causar un accidente.

-En plan…

- ¡No me malinterpretes! – No había dejado continuar al chico, había reaccionado un poco tarde, por lo que él peli azul creyó que no agregaría nada más -Me gusta convivir con ellos, verlos sonreír con cada cuento, con las aventuras, la fantasía, es… algo muy bonito…

Ambos se quedaron en silencio, solo el sonido de la direccional del auto se escuchaba, no llevaban música, ni siquiera porque el auto estaba plagado de CD's de música que los propios hermanos habían hecho.

Y no es porque fuera algo incomodo, pero le daba a Grimmjow en que pensar.

- ¿No crees que eres muy joven para pensar en hijos?

- ¡Nadie dijo que este pensando tener hijos! – Espetó a la defensiva -Graduándome quiero tomar una carrera en educación y enseñar a los niños, quiero ayudarlos a que descubran su talento interior, además… un bebe entre tanto bruto es malo… no son compatibles

-Entonces si quieres tener hijos…

-La mayoría de los hombres de mi edad no desean tener hijos, vengo de una familia grande, obviamente que quiero hijos, y espero los brutos de mis hermanos me den sobrinos- Había algo de seriedad y molestia en su tono -Además, es algo que debo hablar con mi pareja, no con ellos…

Tema zanjado, lo había dado por terminado, no quería hablar más de ello y eso, él lo entendió. Al menos no necesitaba preguntar nada más, no cuando la luz verde le daba el permiso de seguir adelante y estando a unas cuantas cuadras más de llegar al orfanato al dar la vuelta.

Los niños corrieron al ver a Asami bajar del auto, unos más grandes que otros, algunos todavía en pañales, muchos de edades que oscilaban entre los cuatro y siete años. Se sorprendió cuando la chica les señalo un árbol, a donde todos se dirigieron, por lo que ella volvió para sacar la caja que llevaba en el asiento de atrás.

Él había tomado la guitarra, no sin antes revisar su teléfono, el cual había sonado cuando Asami explotara en el auto en busca de los materiales que necesitaba.

"La partitura está en el bolsillo de enfrente, no te equivoques"

- ¡Ja! Si él puede hacerlo, yo también puedo- Afirmó, avanzando a pasos tranquilos hasta el árbol, notando que los niños lo miraban con curiosidad -Tsch…

Claro, Asami tuvo que presentarlo, dejando aún más curiosos a los niños, quienes miraban fijamente al él peli azul mientras éste se acomodaba detrás de Asami y tomaba la partitura que Sato había guardado en la mochila.

Si, para él era pan comido, después de todo, podía tocar con velocidad y fiereza prácticamente cualquier estridente ritmo de rock y metal, pero ahora tenía otra incógnita, y es que no sabía el ritmo en que la chica leía, o lo que hacía durante su lectura. La caja que había llevado la chica contenía algunos instrumentos menores que le ayudaban a hacer efectos de sonido para complementar aún más la historia, inquietándolo un poco al hacerlo pensar que debía evocar un sentimiento apacible para crear el ambiente de la historia.

El cuento de ese día era Peter Pan, Asami comenzaba a leer luego de mover unas campanillas que saco de la caja con anterioridad, envolviendo a los niños en suaves palabras que llegaban a Grimmjow, quien comenzó a tocar tras una señal de la chica.

Ese leve inicio le había dado la pauta de como iría la historia y el ritmo, poniendo atención a cada tono de voz que la joven exclamaba, sorprendido de ver como los niños no se perdían ningún detalle de la historia; incluso, pudo sentir el cambio en el humor de la chica, sintiendo que todo lo que habían discutido en el auto se había esfumado.

Las partituras de Sato eran bastante claras (gracias al cielo estaban impresas pues la caligrafía de su amigo era peor que la de Beethoven), pero al menos las indicaciones de interpretación estaban en justo tiempo al ritmo de lectura que llevaba Asami, eso lo hacia notar por milésima vez lo unidos que estaban esos hermanos como para acoplarse de esa manera.

A pesar de estar demasiado acostumbrado a tocar ritmos mucho más alocados y estridentes, algo en la voz de Asami le hizo poder tocar de forma apacible, creando el ambiente de fantasía e ilusión que el cuento de Peter Pan requería. Si, aunque no lo admitiera si quiera para si mismo, y que la mayoría del tiempo gustara de molestarla, Asami Yamamoto lograba tranquilizarlo, lograba ayudarlo a olvidar sus demonios y rencores internos. Además, podía ver claramente que esa chica tenía mano para los niños y, lo segundo, es que no había escuchado a nadie contar cuentos como ella lo hacía. No, ella no iba a soltar ese orfanato, los niños eran de ella, la querían a ella, y ella volvería a ellos, aunque algunos se fueran, aunque nuevos llegaran, los pasos de los bebes conocerían su sonrisa, su bondad, porque para él, detrás la fachada de princesa pudo ver el corazón bondadoso que solían tener todos los Yamamoto.

-Te equivocaste- Dijo la chica mientras caminaban hacia el auto -No recuerdo en qué parte, pero te saltaste una nota

-Creí que estabas muy ocupada leyendo y actuando como para darte cuenta…

-Tengo oídos, no leo con ellos, ni me expreso con ellos- Apuntó, sonriendo con malicia -Le diré a Sato que te ayude a mejorar

-Lo hice a propósito para ver si me estabas poniendo atención- Gruño, abriendo el auto de su lado, mas no el de la chica -Además, ellos no se dan cuenta

-Oye, tengo las manos ocupadas…

-Disculpe, princesa, pero estoy seguro de que puede hacerlo sin problema – se alza de hombros, viéndola de reojo y sonriendo de esa forma arrogante que usaba cuando la molestaba

-Argh… ¡Grimmjow! – Pateo el piso con fuerza -No te atrevas a dejarme aquí

-Oh, claro que puedo- Enciende el auto, moviendo la palanca de cambios y haciendo sentir a Asami un frío en el cuerpo -Puedes volver en taxi, o caminando…

Ninguno de los dos se percató en qué momento los niños se habían colocado frente del auto, impidiéndole a Grimmjow avanzar, haciéndolo quejarse mientras volvía la palanca a "Parking" y lo apagaba.

Cuando al fin pudo subir su caja, les agradeció a los niños y subió al auto, recorriendo el camino de vuelta a la academia en completo silencio. Ninguno de los dos dijo nada, simplemente el sonido del auto y sus respiraciones; inaudito, pero cierto.

-Gracias- Fue su única palabra luego de tanto silencio.

-No tienes por qué agradecerme- Dijo con algo de pesar, viendo en los ojos de la menor un atisbo de tristeza; suspiro -Y te pido una disculpa por ser tan infantil

-No, no tienes que disculparte, es solo, que no creí que los niños hicieran eso- Apretó los labios, moviéndolos de un lado a otro -Nos veremos luego…

-Si necesitas otra cosa…- Estas palabras la hicieron frenar de golpe, se había dado la vuelta y alejado unos pasos, pero detuvo su marcha -Estoy libre esta tarde…

Asami volteó a verle con suspicacia ¿Lo decía en serio?... O solo era una pésima broma…

- ¿Cómo sabes que necesito tu compañía? – Una sonrisa galante apareció en el rostro del chico -Te odio…

-Espérame en el árbol de siempre, te veré ahí cuando termine…

Asintió, alejándose del muchacho mientras este la miraba, triunfal, y aunque estaba aún molesto con su amigo por mandarle con su hermana, agradecía que pudo conocer un poco más de ella y de su pensar respecto a otras cosas.

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—Algo tiene con los medios tonos —murmuró divertido Haru para sí mismo mientras marcaba los ritmos de la canción con las manos, golpeando el volante con las puntas de los dedos, escuchando "Estoy aquí" por tercera vez, perdiéndose en las notas mientras esperaba a Nanao.

El tiempo se le había ido volando mientras escuchaba el disco que la señorita le había sugerido, ahora le debía una disculpa por haber menospreciado a la cantante que tanto admiraba. Había escuchado la versión original de aquella canción y disfrutaba muchísimo de todas las variaciones que le habían hecho para ese concierto en vivo.

—El vibrato —exclamó apretando los ojos y desviando el rostro, apreciando la forma en que la voz de la cantante temblaba con fuerzas, había escuchado alguna vez que la voz de aquella artista había sido criticada fuertemente, podía entender por qué.

Pero también quería ver que cualquiera tratara de hacer aquellas evoluciones con la velocidad con que ella lo hacía, con su destreza y con su facilidad.

—¡Y los intervalos, ay!

Tan absorto estaba en la música que no se percató de que Nanao salía a toda prisa del edificio, echándose el violín a la espalda y acomodándose la ropa bajo las correas.

Mil años con otros mil más —canturreó Haru distraído volviendo la vista al costado y moviendo la cabeza al ritmo de aquella canción, divisando a Nanao en la distancia y percatándose de que la joven se alejaba.

Abrió la puerta y salió del auto, todavía con un pie subido al vehículo.

—¡Señorita! —exclamó Haru al verla frenar en la esquina, mirando a un lado y al otro en espera de la luz roja para cruzar la calle, parecía absorta en sus pensamientos, no lo escuchó cuando le gritó aquella palabra por segunda vez, así que el violinista puso las manos a los lados de su boca antes de volver a gritar —¡Nanao! —su voz se alzó vehemente cuando el violinista avanzó en dirección a la chica, dando un portazo mientras ella volvía el rostro a toda prisa y se encaminaba hacia su senpai —¿Qué pasó? —exclamó al verla acelerar el paso en su dirección, comenzando a trotar.

No, no supo qué hacer, y la incertidumbre aumentó cuando los arpegios en el piano le daban la entrada a Tú y la voz de Shakira se alzaba sobre ellos. Sólo pudo plantarse en su sitio, abriendo los brazos para Nanao, recibiéndola cuando la chica se estampó contra él, aferrándose a su cintura y hundiendo el rostro contra su pecho.

—¿Va tutto bene? —insistió el muchacho con tal intensidad que Nanao sollozó con ganas antes de retroceder un paso y mirar a Haruki, sorprendida por sus actos y limpiando sus mejillas a toda prisa, sonriendo con ganas.

—¡Pensé que no la contaba! —admitió ella haciendo una reverencia pronunciada antes de mirar de nuevo a Haru a los ojos —Perdón por asustarlo, es que estoy muy emocionada.

—¿Qué pasó? —cuestionó el muchacho por enésima vez, angustiado, aventurando una mano hacia el rostro de Nanao y despejando un mechón de su frente.

—Me equivoqué en la primera parte de la evaluación —murmuró la chica en medio de un suspiro de resignación —, pero en la segunda parte saqué las partituras que trabajamos durante las asesorías, las escalas y los intervalos, los cambios de cuerda y la angulación del arco, estaban fascinados —exclamó al final con entusiasmo mientras sus ojos se hacían agua de nuevo —, me darán la beca, ¡me darán la beca! —repitió levantando las manos sobre su cabeza y dando un saltito antes de mirar a Haru de nuevo —, me darán la beca —repitió al final mientras Haru comprendía aquellas palabras.

Y lo siguiente los sorprendió a ambos, puesto que el violinista se agachó abrazando las piernas de Nanao y levantándola al aire en una vuelta, haciéndola gritar por la sorpresa antes de soltar una carcajada, y aunque sus manos se posaron un segundo en los hombros de Haru para darse soporte, el violinista rápidamente bajó a su estudiante y la apresó entre sus brazos, riendo por lo bajo.

—¿No es pronto para decidir?

—Harán una excepción —murmuró ella con la garganta cerrada, respondiendo al abrazo —, y es todo gracias a usted, Haruki-senpai.

—¡Y dale con el senpai! —espetó el muchacho retirándose de Nanao y mirándola con el entrecejo fruncido, tomándola por los hombros y consiguiendo que la joven se encogiera de hombros antes de reír con ganas —Con todo el respeto que se merece, Señorita, me vuelve a llamar Senpai y termino las asesorías.

Nanao abrió los ojos, pasmada ante la determinación tras aquella afirmación, asintiendo una vez y pasando saliva.

—Perdón —murmuró antes de morderse el labio y retroceder, divertida.

Haru carraspeó negando con la cabeza antes de sonreír con ganas, ofreciendo su brazo a Nanao y sonriendo aliviado cuando la chica aceptó el ofrecimiento, sin embargo, al final la joven se plantó en jarras y Haru la encaró, pasmado por su repentino cambio de humor.

El violinista pasó saliva ante la determinación de la chica y se irguió esperando sentencia de muerte.

—Si tanto le molesta que le llame senpai, entonces va siendo hora de que deje de hablarme de usted —espetó ella cruzándose de brazos y aguantándose las ganas de retractarse en el acto.

¿Había exagerado?

Haru abrió los ojos, sorprendido por aquello, antes de sonreír dulcemente y aventurar una mano hacia el frente. Nanao dudó un momento antes de ofrecer la propia y se sorprendió muchísimo cuando Haru se llevó los nudillos a la boca, dejando un beso suave sobre su piel y sonriéndole con más ganas.

—Aunque me parece justo, no espero que pretendas que deje de llamarte "Señorita", después de todo, esa palabra me gusta mucho para referirme a us... a ti —se corrigió al final, haciendo a Nanao respingar con una sonrisa tímida y las mejillas ruborizadas.

Asintió débilmente un par de veces antes de responder con una sonrisa radiante.

—Me gusta cómo suena "señorita".

—Pues se queda —murmuró Haru antes de dirigirse de nuevo hacia el auto y abriéndole la puerta.

Se darían los detalles en el camino, Haru de verdad quería saberlo todo, pero antes de arrancar el vehículo, miró a Nanao con una sonrisa radiante y murmuró:

—Si las escalas y arpegios dejaron fascinados a los jueces eso sólo puede querer decir una cosa.

—¿Qué cosa? —murmuró Nanao insegura mientras Haru arrancaba el motor del auto.

—Está lista para los duetos. Ahora sí veremos a Sarasate.

Y aunque Nanao pasó saliva con dificultad ante aquella afirmación, la sonrisa confiada de Haru le hizo asentir con adrenalina, sonriendo con ganas.

—Estoy lista para ese reto….

El regreso había sido corto, más que corto, sentían que no les había ajustado el tiempo juntos, anhelaban más; Shakira seguía sonando al fondo mientras Haru y Nanao hablaban animadamente de cada evolución musical de cada pieza, felices de poder bromear del tema y ser entendidos abiertamente.

Haru siempre solía bromear con su familia. ¿Cuántas veces no habían hecho él y Sato charadas a cello y violín? Pero para Nanao aquello era nuevo, bromear con Nemu no era lo mismo, y seguramente aborrecería a Haru si ella le contará todos los chistes sobre violas y violistas que el muchacho se sabía. Sí, ambos habían disfrutado mucho el regreso.

—Esta —exclamó Haru riendo todavía, apagando el vehículo y moviendo la mano arriba abajo, ese gesto consagrado a los italianos —, esta cosa que hace con el tempo en Ciega sordomuda.

—Sincopa —exclamó Nanao agitando las manos antes de cubrir su boca y reírse.

—¡Dios! No puedo con ella, fue una gran elección lanzarme primero a ese disco.

—Bueno, Fijación Oral volumen uno te habría hecho correr.

Haru torció el gesto antes de reír a carcajadas.

—¿Qué?

—¿Fijación oral? Ya sabes, La pared, En tus pupilas, ¡Oh, el escondite inglés! —soltó ella dando un saltito en su sitio antes de reírse a carcajadas y enrojecer hasta las orejas.

—¡Anotado! —concedió Haru haciendo a Nanao negar con la cabeza y reír.

—¡No! Si escuchas ese disco, mejor empieza por Días de Enero.

—Días de enero y moscas en la casa —murmuró Haru para sí mismo antes de sonreírle a Nanao —, pero entonces tú escucha una canción de Rayden, Haz de luz.

—Haz de luz —repitió la chica sacando su teléfono y apuntando la canción en sus notas —, lo tengo.

Suspiraron, ambos muchachos profirieron un suspiro profundo y luego Haru torció una mueca.

—Señorita, yo en media hora me convierto en calabaza —bromeó encogiendo un hombro —, le prometí a Keshi devolver su auto antes de las tres.

-si, entiendo… - se resigna Nanao – muchas gracias por llevarme, y gracias por las asesorías para que mejore – baja el rostro llevándose un mechón detrás de su oreja, gesto que de verdad Haruki no se cansaba de ver y de parecerle encantador - de no haber sido por ti, no hubiese conseguido la beca

-no solo fui yo, señorita – responde el violinista conmovido por la gran sencillez que siempre mostraba Nanao – haz puesto un enorme esfuerzo en ir mejorando, no es mentira cuando digo que debo armar nuevos métodos de estudio cada semana – sonríe cerrando los ojos, gesto que hace que Nanao se sonroje levemente

-aun así, como agradecimiento por todo lo que has hecho por mí, me gustaría que aceptaras invitarte a tomar un café – como balde de agua helada le cayeron el peso de las palabras que prácticamente dijo sin pensar.

Miro a Haruki a los ojos esperando que nuevamente hubiese hablado entre dientes y su senpai no le hubiera entendido, pero no, por el rostro pasmado de Haruki que literalmente tenía los lentes en la punta de la nariz, supo que de verdad había tenido tal atrevimiento que no era propio de ella. ¿De qué recóndito rincón del planeta le llego el valor para invitar al novio del instituto a tomar un café?

-es decir – habla en sobresalto – me gustaría, pero no tiene que ser hoy, no le quiero hacer perder más tiempo Haruki-sen…. Haruki-san – alcanza a corregir, aunque sintiendo que el corazón le estaba latiendo más rápido de lo normal – a-además… le tiene que devolver el auto al profesor Yamamoto, e-es decir, a su hermano

-podemos ir en la moto – suelta Haruki casi apresurado – si a usted, a ti, no te molesta – malditos nervios, volvía a sentir esa torpeza, al parecer eso nunca se le quitaría tratándose de Nanao

-no, claro que no, la moto no es ningún problema sen…. Haru… - baja la cabeza juntando las manos, sintiendo que el calor en sus mejillas no aminoraba, al contrario, se hacía cada vez más sofocante – pero de verdad, si tiene otras cosas que hacer….

-señorita – le habla apacible, consiguiendo que ella al fin lo mirara – nada me gustaría más que tomarme un café contigo – toma sutilmente su mano, acariciándole el dorso de su mano en un gesto para que dejara de estar tan nerviosa – espérame un momento, iré a devolverle las llaves del auto a Takeshi para que me regrese las de la moto que deje en garantía – Nanao profiere una pequeña risa que oculto con el dorso de su mano, al menos ya se sentía menos nerviosa – no tardare….

Se va casi corriendo, dejándola en uno de los pasillos mientras seguía al prodigioso violinista con una mirada ensoñada, aun sintiendo el calor en sus mejillas, aunque ya dicho calor no le era molesto, era cálido e incluso reconfortante.

-al parecer te fue bien en conseguir la beca – la sobresalta la seria voz de su amiga que de la nada apareció a lado de ella – pero algo me dice que disfrutaste más el trayecto que el destino en si – a pesar de decirlo con un gesto casi inexpresivo era clara la insinuación – obviamente pediré todos los detalles….

-no hay mucho que decir de eso – responde Nanao tratando de evadir el apenas gesto pícaro de su amiga – solo toque algunas escalas, ejercicios y algunas piezas

-no me refiero a tu audición – vuelve a insinuar, ante lo que la violinista vuelve a sonrojarse a un nuevo nivel

Haruki mientras tanto corría por los pasillos de la escuela camino al salón donde seguramente estaría Takeshi dando su última clase del día. Estaba apresurado claro, no quería dejar a Nanao esperando mucho tiempo, pero, aun así, se sentía caminar sobre las nubes. Si, quizá una simple invitación a tomarse una taza de café no era en si la gran cosa, pero siendo Nanao quien lo invito, eso lo convertía en un evento que debería marcarse en el calendario como día festivo a nivel mundial, al menos él recordaría siempre esa fecha.

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Estaba sentada a la sombra del árbol, tenía algunos libros sobre las piernas, pero no eran libros de música, eran cuentos, estaba eligiendo su cuento para la próxima semana, preparaba los soundtrack de la película original y anotaba notas que le servirían a Sato de referencia.

-No me sorprende que para mañana ya tengas todo listo- Su voz la sacó de sus pensamientos, haciendo que se atorara en una melodía que resonaba en su cabeza

Alzó la vista mirando a Grimmjow y comenzando a guardar sus cosas.

-Perfección ante todo y organización- soltó, poniéndose de pie con la mochila al hombro – ¿A dónde iremos? – pregunta, viendo por atrás de Grimmjow su motocicleta

-algún día deberías tratar de ser más espontanea – suelta él peli azul – un poco más de rebeldía no le cae mal incluso a una princesa

-Aun no respondes mi pregunta – evade Asami tratando de no generar un nuevo debate con aquel bruto - y digamos que la curiosidad mató al gato

-El cumpleaños de Sato está a la vuelta de la esquina, dijiste que quieres comprarle una guitarra nueva- Asami se encogió un poco de hombros, meneando la cabeza mientras suspiraba -Admítelo, me necesitas

-Si, la verdad es que si- Admitió, sabiendo que debía subirse a la moto del chico, aunque esta vez no llevaba pantalón o short, solo su vestido -Pero tal vez no es un buen día para subirse a una moto

- ¡Ja! Nadie verá tu bikini princesa- Esa palabra la hizo sonrojar con intensidad, no creyendo que él dijera tan liberal el nombre de aquella prenda -De eso me encargo yo…

No podía estar más avergonzada ese día, pero el chico cumplió, prestándole una sudadera que llevaba en uno de los compartimentos de equipaje.

Grimmjow condujo hasta la plaza donde habían ido al cine en aquella ocasión, él sabía que ahí era donde la chica había visto la guitarra que le gustó para regalarle su hermano.

Afortunadamente, y para alivio de la chica cuyo gesto hizo a Grimmjow sonreír de forma ladina, la guitarra seguía ahí. Una Gibson en color rojo de veinticuatro trastes de doble pastilla con cuerdas de metal, semi acústica.

-Ah, claro, algo bastante digno de los Yamamoto- Expresó él peli azul al ver el precio de la guitarra - ¿De veras tienes para comprar ESA guitarra?

El énfasis en la palabra "esa" la molestó, sobre todo, porque había hecho trabajos y dando clases a mucha gente con tal de reunir el dinero suficiente para comprarle ese año una guitarra nueva a su hermano.

- ¿Vas a prestarme? - Pregunto la chica sin mirarlo, leyendo la etiqueta para ver si contenía algo más -Espero que mi regalo no opaque al tuyo

Un "hmp" escapó de su garganta, desviando la mirada, sobre todo, porque no tenía nada que regalarle a su amigo.

-Creo que eso no importa mucho cuando se lleva una buena amistad- Soltó, cruzándose de brazos y perdiéndose por entre la tienda.

Asami rodó los ojos, pero más que nada porque sabía cuán bien se llevaban esos dos desde hace más de seis años. Si Sato había aceptado tan bien a Grimmjow, era por algo; y viceversa, porque a pesar de que siempre había parecido un chico de la calle (sin ofender), Grimmjow nunca había atentado contra su hermano, su familia o ella.

-Bueno, creo que está decidido- Soltó, tomando la etiqueta de la guitarra y llevándola hacia el mostrador.

Tenía el dinero y aún le sobraban un par de yenes, el dueño le había hecho un módico descuento por ser el único modelo y por estar en exhibición tanto tiempo, así que el precio había bajado un poco por si llegase a tener algún golpe.

Afortunadamente para ella, al revisarla, todo estaba en perfecto orden, por lo que completó a comprar un juego de cuerdas extras y algunos aditamentos que aún entraban dentro de su presupuesto.

No había otra cosa más que felicidad en su rostro. Claro, Grimmjow se había ofrecido a llevar la guitarra mientras que la había puesto en su mochila el resto de las cosas, después de todo, había comprado también algunas cosas que le hacían falta a ella.

Se habían sentado a comer algo en la plaza de comidas, Asami había buscado algo que no tuviera tantas calorías, pero bueno, si desayunaba huevos con tocino con Sato, podía comerse una hamburguesa ese día.

-Me sorprende verte comer una hamburguesa- Comento Grimmjow, atrapando a Asami en una mordida furtiva a su hamburguesa -Vaya sorpresa

Ahora resultaba que no podía comerse su preciada hamburguesa sin que este hombre la juzgara, por lo que luego del primer bocado, lo miro con recelo mientras este si mordía su hamburguesa sin pena ni arrepentimiento.

-Entonces, por ser una "princesa", no puedo disfrutar, según tú, de una hamburguesa como una persona normal- Cuestiono, momento para el cual, el chico la miraba con la ceja alzada y dando un sorbo a su bebida -Vaya, quien diría que algún día tendría consejero real

-No estoy diciendo que no puedas, solo es raro verte comer eso- Respondió luego de que hubiera masticado un poco sus alimentos y pudiera hablar sin escupirlos -Aparte de los huevos con tocino de tus desayunos

-Hmm, es solo que estoy acostumbrada a comer en casa, a veces hacemos hamburguesas y comemos todos- Volvió a dar otra mordida a su comida, se llevó algunas papas fritas con mucho cátsup y miro al chico -Takeshi y Haru saben exactamente como me gustan las hamburguesas

- ¿sin lechuga y sin mayonesa? - Si, Asami quería asesinarlo en ese mismo momento, descubriendo que la princesa tenía una mirada asesina que no había visto en ninguno de los hermanos -Es una broma princesa, deberías ser más abierta

Y lo hizo, había tomado una papa frita con cátsup para embárrasela en la nariz, lo que la distrajo, viendo como dicho alimento se llevó el mismo a la boca, finalizando para sonreír divertido.

-Eres frustrante- Comentó, volviendo a su comida mientras su corazón latía desbocado por la sonrisa ladina del chico.

Grimmjow tomó las charolas de la comida, dejándolas en el lugar donde debían, disculpándose con la chica por tener que ir al baño antes de continuar; así que, ella esperaría en la mesa mientras su acompañante volvía.

"¿A que no adivinas con quien estoy?" escribió en su celular con una sonrisa en la boca, pero no fue capaz de presionar el botón de enviar, no, no podía hacerlo, Riruka iba a burlarse de ella. Lo borró, dejando el celular sobre la mesa mientras lo miraba pensativa, ignorando que alguien se había sentado a su lado, alguien que no era Grimmjow, alguien mayor que la acorralo contra la pared incomodándola de inmediato.

-Una bella dama como tú no debería estar sin compañía- Soltó el hombre mientras ella tomaba su teléfono velozmente, tratando de alejarse de él lo más que podía -Muy bonita

Si algo le había enseñado su hermano, era a defenderse de los abusones, pero aquel sujeto no le había dejado oportunidad de movimiento y, aunque no iba a dar su brazo a torcer, no podía escapar de ahí tan fácil.

La mano del hombre se había deslizado a su pierna, y aunque temía que fuera a hacer algo aún más indebido, alcanzo a frenarle, impidiéndole seguir con su abuso.

-Espero que conozcas al hombre en cuestión- ¡Gracias al cielo que aparecía! Nunca había estado más contenta de ver a Grimmjow que en ese momento - ¿Podrías presentármelo?

-Oh cariño, ya has vuelto- Dijo animadamente la joven mientras miraba al él peli azul con una sonrisa -Yo creo que este joven se ha de haber equivocado, porque realmente no lo conozco

Y ahí vio donde la mano del hombre se encontraba, sobre el muslo de la chica, cerca de levantar su vestido y su mano siendo retenida por la chica. Pero la palabra cariño pareció amedrentarlo, dándole un poco de calma entre su propia tormenta interna.

-Bueno, entonces invito al caballero a retirarse de mi mesa, o no querrá probar el sabor de mis puños en su cara- Si Asami sintió algo, fue la fuerza menguar en su mano, por lo que se relajó un poco mientras sentía al hombre deslizarse por la banca y ponerse de pie mientras Grimmjow tomaba lugar donde él estuvo antes, abrazándola -Gracias, ahora vete…

Si, alguna vez había visto a uno de sus hermanos furioso, pero ver a Grimmjow contener su ira y mirar a ese hombre alejarse con la cara perlada de sudor, probablemente había sido el momento más tranquilizador en su vida, hasta el momento. Suspiró, relajándose esta vez al sentir el brazo de Grimmjow en su espalda, su mano sobre su hombro y su perfume, por lo que se recargo un poco en él.

- ¿Te hizo algo? – Pregunto entre dientes, controlando su respiración, bajando un poco la mirada, acomodando el vestido con su mano libre y retirando la mano casi al instante -Cualquier cosa, puedo ir a partirle la cara…

-No, estoy bien, solo que si me asuste- Afirmó ella, sumamente agradecida de que hubiera aparecido en el momento correcto -No le digas nada a Sato, no me gusta que se preocupen por mí, no por cosas como estas…

-Tsch, una princesa no debería andar sin un caballero- Esto la hizo alzar el rostro con curiosidad -Demos una vuelta y marchémonos, necesitas calmarte…

Tomó la guitarra que compro la chica mientras ella se colocaba su mochila al hombro, la sentía nerviosa, pero lejos de eso, estaba bien, y si aún tenía algo para molestarla ese día, algo para que olvidara un poco su trago amargo.

Compraron un helado mientras caminaban, el centro comercial tenía varias tiendas, y entre ellas, obviamente, había una tienda dedicada a ropa y accesorios de bebé. Sonrió triunfal mientras la chica miraba un aparador de vestidos.

- ¿Niña o niño? - Pregunto de la nada mientras observaba a la chica emocionada de encontrar el vestido a su medida -Nunca especificaste que deseabas tener

Asami alzó la mirada, es más, dejó el vestido en el aparador, fijando su mirada en el chico; la había agarrado de nuevo en curva, no entendiendo del todo a qué se refería en primera instancia.

- ¿De qué estás hablando? – Sacudió la cabeza un poco mientras parpadeaba confundida -Espera, nooooo

Se cubrió el rostro, apenada porque Grimmjow volviera a tratar el tema de su maternidad deseada.

Y él sonrió triunfal, viéndola dar saltitos en el piso mientras le daba la espalda.

-No, no vamos a hablar de eso, no quiero hacerlo- Soltó, tomando el vestido y avanzando a otro aparador para seguir viendo más vestidos -Escucha, no voy a hablar de esto contigo, es molesto y… triste… déjame en paz unos minutos…

No, su plan no estaba funcionando, no mientras la observaba de lejos y veía el triste semblante en su rostro, un suspiro cada cuando, y su indecisión por una prenda.

No, ya no pudo comprar nada, así que salió derrotada de la tienda mientras suspiraba.

-Tengo altas probabilidades de tener gemelos o mellizos, la verdad no me preocupa que es lo que será- Caminaba al lado del muchacho, sosteniendo las agarraderas de su mochila para mantener las manos ocupadas -Mucho menos cuantos serán, y creo que es algo que la persona que vaya a estar a mi lado, debería aceptar sin ningún problema…

-Yo no estoy seguro de querer hijos- Respondió, sin mirar a la chica, notando la presencia de una pareja del otro lado del centro comercial con una pequeña que caminaba a pasos torpes -No es algo que esté en mis planes, no todavía, no me veo en un papel en el cual no tuve una buena experiencia

Silencio, y hasta cierto punto, sintió como una tachuela en el pie, algo que le picaba, y no, no es que fuera real, pero ambos tenían diferentes formas de ver las cosas.

-La vida no siempre es sencilla, no para todos, y eso afecta nuestras decisiones- No había pensado su respuesta, pero sabía que decir porque su madre ya había hablado con ella antes de la confesión que le había hecho a su acompañante -Tampoco es como que vaya a separarme de mi pareja solo porque él no vaya a querer hijos tan pronto, por eso es algo que debo hablar con esa persona

-Cualquiera quisiera tener a la princesa de los Yamamoto como pareja- Estaba siendo burlón, sobre todo, por cómo tenía catalogada a la chica -Todos buscan a una princesa, creyéndose príncipes azules…

-Ugh, odio que me catalogues como princesa- Comentó en tono despectivo, haciendo reír al mayor -Odio ser una damisela en peligro, no quiero un príncipe que me rescate, prefiero un dragón a mi lado para luchar batallas que un príncipe que se queja de su peinado de moda

Una sonora carcajada escapó de su boca, proveniente de lo más profundo de sus pulmones, de su ser ¿Quién diría que la princesa prefería al dragón que al príncipe?

-Me gusta eso, sabía que eras ruda, Satoshi ha sabido enseñarte a no ser tan frágil- Y la expresión de la chica cambio, siendo más cómplice, más abierta, sintiéndose un aura diferente -No cualquiera puede tener a la princesa de los Yamamoto

-Creo que es algo que mis hermanos saben a la perfección- Comentó la chica, sonriendo, mirando al frente, tal vez sintiendo que era todo por ese día -Creo que es hora de ir a casa, no creo que Sato esté en casa, eso anuncia el grupo familiar

-Mejor ahora que nunca- Comento él peli azul mientras presionaba el botón del elevador -Su indomable corcel la espera abajo, princesa

Asami rio, moviendo la cabeza mientras avanzaba cuando las puertas se abrieron, permitiéndoles el paso, descendiendo ellos solos en el elevador en silencio.

La charla de ese día la había hecho pensar mucho, Grimmjow parecía conforme con el día, y si, prácticamente había sido nuevamente una cita con la chica, sobre todo, después de haberla protegido y de aquel hombre que había intentado propasarse con ella.

-Gracias por todo- Apenas se había bajado de la moto, desabrochándose el casco y entregándoselo a Grimmjow -pondré esto en mi habitación antes de que Sato aparezca

-Hasta a mí me daría miedo entrar en la habitación de la princesa- Dijo burlón, guardando el casco -Si necesitas ayuda con el orfanato la semana que viene, estoy libre. Adiós

No, Asami no tuvo tiempo de decir nada más, no cuando la moto se alejó de ella en un abrir y cerrar de ojos, dándose cuenta, demasiado tarde, que aun llevaba la sudadera de Grimmjow a la cintura.

-Maldición, ese idiota- Masculló mientras avanzaba hacia la casa, aunque no contaba con que alguien la recibiría a la entrada - ¡Mamá!

- ¿Qué horas son estas de llegar señorita? – Dijo la mujer con las manos en las caderas, tratando de escucharse molesta, pero no quedándole para nada el acento -Dios, no puedo ni siquiera llamarte la atención, me alegra tanto verte llegar a casa

-Bueno, no es como que haya vuelto TAN tarde, además, no estaba sola…

-Si, eso pude ver- Había un tono extraño en la voz de Yuriko - ¿Quién era el joven guapo y atractivo?

-Ay mamá, no empieces, era Grimmjow, el amigo de Sato- Yuriko abrió los ojos a modo de sorpresa -Ahora si me disculpas, necesito poner esto en mi habitación antes de que Sato vuelva

- ¿Qué no es mayor que tú? – Pregunto al cerrar la puerta cuando ambas estuvieron dentro de la casa.

-No estoy saliendo con él, solo le pedí que me acompañara- Se quejó mientras subía las escaleras con la guitarra al hombro, sintiendo el peso completo del aparato -No te hagas muchas ilusiones, es un bandolero y yo una princesa

-Pues esta princesa ya necesita de su príncipe azul- Yuriko se sacudió en un además imitador, haciendo reír a su hija - ¿Qué hay de Tōshirō? ¿No estabas saliendo con él?

-Eso fue hace tiempo, es muy lindo, pero no funciono- Ya estaba frente a su puerta, girando el pomo mientras suspiraba -Esta princesa no quiere un príncipe azul, los hombres de mi edad no… ash, son un fastidio…

-Entonces… ¿una mujer?

- ¡Ay mamá! ¡No! No soy lesbiana- Grito la joven poniendo pasos dentro de su cuarto, dejando la guitarra en un rincón mientras se quitaba la mochila y se sentaba en la cama, apareciendo su madre en el marco de la puerta -Sigo siendo heterosexual, pero no busco un príncipe, y perdona, pero debo preparar el cuento de la semana que viene

Y aun cruzada de brazos, sonrió, mirando como su pequeña se ponía de pie y hurgaba su mochila para sacar algunos cuadernos, lanzándolos al colchón.

-La cena estará lista pronto, no me hagas venir por ti…

-Ahí estaré mamá, gracias

Ambas se miraron, se sonrieron y la puerta se cerró, dejando a la joven sola entre sus pensamientos y las últimas palabras de Grimmjow….

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El cumpleaños de su hijo de en medio seria mañana, así que Yuriko y su esposo se pusieron de acuerdo con sus demás hijos para darle una pequeña fiesta sorpresa en el instituto, y claro, también le haría un pastel casero aprovechando que estarían en Kakaruka una temporada y que Satoshi y los demás estaban fuera de casa. Únicamente se encontraban ella y Takeshi que justo venían llegando de hacer unas compras para prepararlo, a lo que su hijo mayor se había ofrecido a acompañarla y posteriormente a ayudarla a preparar el pastel para Sato.

-echaba un poco de menos la vida de ama de casa – dice Yuriko sacando todo de las bolsas

-quizá deberían pensar en retirarse – comenta Takeshi mientras acomodaba todo en sus respectivos lugares – seria lindo ya tenerlos otra vez en casa, además que cada uno de nosotros ya gana su propio dinero

-si, seria lindo ya estar en casa, pero aun somos demasiado jóvenes para pensar en retirarnos – ladea la mano desechando esa idea, al tiempo que el mayor de sus hijos soltaba una risa discreta

El matrimonio Yamamoto no eran en si una pareja tan grande, Yuriko tenia 47 años y Kai 50, además, aun estaban llenos de vitalidad, parecían incluso más jóvenes, y la vida de andar de gira no les era aun del todo pesada, incluso lo disfrutaban.

-a Sato se le iluminaran los ojos cuando vea el pastel de doble chocolate que solías prepararle para su cumpleaños – dice Takeshi sacando todos los utensilios necesarios para empezar – recuerdo que era envidioso para compartirlo

-si, llegaba a esconder el resto en moldes para comérselo el solo – recuerda Yuriko con una risa nostálgica – pero eso fue cuando tenía unos once años, dudo que ahora siendo todo un hombre de 21 haga lo mismo

-no te confíes mucho, sigue siendo un niño hiperactivo insoportable – ambos ríen.

Si, Satoshi todavía conservaba ese aire infantil a pesar de que incluso ya estaba totalmente enamorado de una chica, a quien vaya que se le mostraba muy interesado, a nadie ha visto que le dedicara tanto tiempo y esmero para conquistarla, ni si quiera cuando salía con Apacci. Con la rockera se llevaba bien, tenían bastante en común, pero nunca se dio la química suficiente para que fuese duradera la relación.

A Soi-Fong en cambio la tenia en un pedestal, brillaban sus ojos cuando hablaba de ella y cuando la miraba, Yuriko claro que pudo percibirlo cuando se las presento en el festival.

-sea como sea, ya los mayores están en edad de casarse y darme nietos – insiste Yuriko con una sonrisa traviesa preparando la mezcla

-no lo se mamá, tanto Haru como Sato se ve realmente que les pego duro la flecha de cupido – analiza recargándose en la barra – posiblemente no pase mucho tiempo para que se les propongan – aunque la idea de Haru proponiéndole matrimonio a Nanao era bastante jocosa, lo que le costo si quiera empezar a hablarle

-el día que alguien me de mi primer nieto entonces si considerare retirarme – dice soñadora, gesto al que Takeshi ríe con nervios ante la ilusión apresurada de su mamá

La preparación del pastel se torno en un silencio melancólico, al menos por parte de Takeshi. El tema del matrimonio y los hijos inevitablemente le hacían recordar a Unohana, pues ella tenía mucho la ilusión de tener hijos lo más pronto posible, recordaba una charla que tuvieron ella y su mamá cuando anunciaron su compromiso, ambas hablando de niños, de lo que harían, incluso a que se dedicarían de grandes.

Tenían tantos planes….

No le quería reprochar a la vida por llevársela antes, al menos ya no, estaba feliz por tener los momentos inmemorables que paso con ella, de poder aun recordar su rostro ilusionado cuando pensaba en ser mamá, aunque claro, el ya estar más resignado no quitaba que aún le dolía el saber que ya no estaba más con él, y era inevitable no pensar en la vida que llevarían actualmente de seguir con vida.

Soltó un suspiro doloroso combinado con una sonrisa melancólica entre triste pero resignada, gesto que alertó a Yuriko, pero que no tuvo que preguntar, era su madre después de todo y conocía a que se debía esa expresión.

-y a ti… - suelta Yuriko batiendo el betún y regresando a su hijo de la profundidad de sus pensamientos - ¿a ti no te a alcanzado la flecha de cupido? – Takeshi da un pequeño bufido, casi divertido ante la pregunta de su mamá

-eso ya me pasó – dice simplemente mientras cortaba algunas fresas con deliberada lentitud

-lo sé, Unohana era una chica encantadora, muy educada…. – ella también la extrañaba, en ese tiempo aseguraba que no podía haber otra mujer mejor para su hijo mayor – pero Takeshi…. Ya han pasado cuatro años desde que falleció – toma sutilmente la mano de este, deteniéndolo en su tarea de cortar las fresas – ella te amaba lo suficiente para querer que fueses de nuevo feliz – había respetado su duelo en los primeros años, pero no quería que su hijo se estancara, y estaba segura de que Unohana tampoco lo querría

Ya había dado el primer paso de superarlo, y fue al tocar de nuevo en un escenario con sus hermanos, primero en la división trece el en evento de San Valentín y luego en el festival, le había dado mucho gusto verlo de nuevo en los escenarios, algo que había dejado tras la partida de su prometida. Ahora, quedaba que se diera la posibilidad de abrir su corazón con alguien más.

-bueno…. – empieza él, sintiéndose casi otra vez como un adolescente por hablar de estas cosas con su mamá – hay una nueva profesora en el instituto, es muy agradable y la mayoría de las veces vamos a almorzar juntos

-¿y te gusta? – pregunta curiosa, dándole gracia a Takeshi, hablar con su mamá era tan fácil como hablar con sus hermanos

-pues sí, creo que me gusta, es una mujer muy hermosa, inteligente y simpática…. – era tan agradable charlar con Isane, y no negaba que se sentía de alguna manera atraído por ella – pero no lo sé, no puedo decir que estoy enamorado de ella, no como lo estuve de Unohana

-obviamente no será igual a lo que sentiste por Unohana – dice Yuriko con un gesto dulce y comprensivo – jamás nadie te hará sentir lo que sentiste por ella, pero si puede hacer que ames de nuevo, pero distinto

Si, tenía sentido, podría intentarlo de nuevo, invitar a Isane a salir, al menos como amigos, y el tiempo ya diría si ella será la indicada para abrir de nuevo su corazón.

-vaya… algo huele bien… - exclama Kai entrando a la cocina - ¿no me digas que es tu famoso pastel de doble chocolate? – se acerca a Yuriko para plantarle un beso en la mejilla

-si, es para el cumpleaños de Satoshi – responde Yuriko revisando el pan en el horno

-mas vale que hagas dos – dice Kai – ese muchacho va a querer apropiarse de todo el pastel….

-ja te lo dije – exclama Takeshi triunfal – Sato es un glotón cuando se trata de chocolate, hubieras visto la guerra campal que se armó hace unos días porque encontró la reserva de chocolates de Haruki

Si, podían imaginárselo sin problemas, Haru y Sato ya podían tener 21 y 24 años respectivamente, pero ocasionalmente llegaban a comportarse como niños pequeños. Algunas cosas no cambiaban pese a los años.

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Haruki sonrió al distinguir a Soi-Fong en la tienda de música viendo analítica y a la vez indecisa los muchos de los discos originales que estaban en el aparador. Claro, el cumpleaños de Satoshi seria mañana, durante todo el día de hoy se encargó de arreglar todo para darle una pequeña fiesta sorpresa en uno de los salones del instituto, así que no le fue difícil llegar a la conclusión de que estaba en aquel lugar buscando algún regalo para su hermano.

Se acercó a ella con pasos sigilosos, demasiado acostumbrado a caminar con pasos livianos cuando entraba a aquellos lugares con tal de no molestar a los compradores, y aquello no pareció ser un impedimento cuando se agachó sobre el oído de la joven peleadora para darle una pequeña ayuda a su predicamento

—Le gusta escuchar a Chayanne y a Ricardo Montaner – le murmuró casi como queriendo ser la voz de su conciencia

Se habría esperado un pequeño grito de parte de ella por la sorpresa, verla alejarse de él un par de pasos, pero, en su lugar, Soi-Fong se aferró al cuello del muchacho e hizo palanca, agachándose en un movimiento fluido. La espalda de Haruki azotó el piso con un ruido seco y el muchacho ahogó un gemido de dolor antes de reír a pesar del sofoco.

—Yamamoto —espetó Soi-Fong a manera de acusación antes de negar con la cabeza con las mejillas sutilmente enrojecidas.

—Nota mental —dijo con pesar, recuperando el aire —, nunca tomar a Soi-Fong desprevenida.

—¿Todo bien? —inquirió el encargado acercándose a ellos, mientras Soi-Fong hacía una reverencia, dispuesta a disculparse.

—Hola Miyake —saludó Haru desde el suelo, moviendo la mano para acompañar el saludo —, me resbalé con mis partituras, todo bien.

—De acuerdo —murmuró el encargado inseguro antes de mirar de nuevo a Soi-Fong y retirarse.

—A Sato le gusta Chayanne y Ricardo Montaner – dice con voz un poco adolorida mientras se ponía nuevamente de pie

-pensé que escuchaba a una tal Raquel Eugenio… – dice con cierta molestia que Haruki no pudo evitar catalogar internamente como celos – o a ese grupo que trae en su camisa….

-Mago de Oz – responde al tiempo que desviaba su vista justo a un disco de dicho grupo, en el que también Soi-Fong fijo su vista – pero ya tiene todos sus discos – escucha el suspiro frustrado de la pelinegra a lado suyo – Sato es un romántico empedernido, deberías ver la forma en que canta las canciones de Chayanne y Ricardo Montaner

Claro que ya lo había visto, aun recordaba su voz tenue al cantar aquella balada que días después le dijo que era de aquel cantante puertorriqueño, aunque nunca se imaginó que le gustara, pensó que cantó aquella canción por la temática del evento al ser catorce de febrero.

-bueno, espero haberte sido de ayuda – dice sobándose el cuello – yo tengo que ir por unas cuerdas de violín…

—¿de verdad estás bien? —musitó Soi-Fong mostrando apenas un gesto apenado, tenía el orgullo demasiado arraigado como para mostrar totalmente vergüenza por lo que le hizo, aunque en sí, fue algo en automático, un instinto por sus entrenamientos en artes marciales

—Descuida, no fue distinto de una caída de la Penny. Con permiso. Ah y... —dijo al final, mirando sobre su hombro y sonriendo para la chica, llevándose el índice a la boca y revelando que tenía un tatuaje por dentro, el signo para un tiempo de silencio en música —, no le digas que yo te revelé esto… - diciendo eso último, se encamina al piso de arriba

Desde el segundo piso pudo ver disimuladamente como Soi-Fong tomaba un antiguo disco de Ricardo Montaner e iba a pagarlo a la caja. Haruki sonrió satisfecho al imaginarse la gran alegría de Satoshi al recibir dicho regalo de aquella chica de la que hablaba constantemente con tanta fascinación.

Era poco lo que la conocía en sí, apenas habían intercambiado unas cuentas palabras la noche del festival en la que oficialmente vieron que no era imaginaria. Le pereció alguien totalmente fuera de la personalidad de Satoshi, pues la campeona parecía ser demasiado seria y rígida para alguien tan escandaloso y efusivo como su hermano, pero ahora, al verla buscando un regalo para darle en su cumpleaños, comprendía a que se refería Satoshi al decir que Soi-Fong era una chica muy reservada con los demás al estar bajo demasiado escrutinio, pero que él sabía que bajo esa mascara de rudeza albergaba una chica muy dulce pero temerosa de verse vulnerable.

-vas por buen camino bro… - dice para sí mismo una vez que vio a Soi-Fong salir de la tienda

Posiblemente el sería el segundo confesársele a la chica que le gusta y ser correspondido. Vaya, era irónico que sus hermanos menores estuvieran siendo más rápido que él en esa cuestión, aunque él no tenía prisa alguna de decirle a Nanao lo que sentía, tenía que asegurarse que ella sintiera lo mismo y, además, lo bueno se hacía esperar….

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Decir que había estado vuelto loco corriendo de arriba abajo por todas sus asignaturas del día era poco. Se había atiborrado las horas libres con clases y con asesorías, no se desocuparía hasta las seis de la tarde, y eso era un decir porque se quedaría hasta tarde en la escuela ensayando con Grimmjow para perfeccionar las piezas que estaban sacando para su regreso con su antigua banda que formo hace años con él peli azul.

Mila Rose ya les había dado luz verde para comenzar a tocar de nuevo, empezando primero en el bar de Halibel. Aquello tenia a ambos hombres muy emocionados e ilusionados por volver a tocar como los viejos tiempos, además no podía ser en mejor momento pues justo se corría el rumor de que su banda favorita de metal, Disturb, estaría de gira y vendría a Japón, pero eso no era en si lo que los tenía tan entusiasmados para volver a formar a la banda, era, especialmente, que se corría el rumor de que habría un concurso para elegir a una banda que le abriera al famoso grupo.

Pensar en ello era alucinante, por eso ya estaban comenzando a sacar canciones propias y empezar a ensayarlas lo más pronto posible.

En fin, ya iba a la mitad del día, solo quedaban tres asesorías y podría irse a casa…

Su teléfono entonces sonó en el bolsillo, llamando su atención. El muchacho bajó la mirada y reconoció el número de una de sus estudiantes en la pantalla.

—Hola Izu, ¿qué pasó?

Satoshi-senpai, surgió algo, no puedo tomar mi asesoría de las tres, Gomen.

—¿Está todo bien, Izumi?

Todo perfecto, solo llevo prisa, nos vemos otro día

La chica colgó sin darle tiempo siquiera de despedirse, sonaba agitada y tensa, pero el muchacho decidió confiar en su palabra y seguir con su camino, pensativo.

Esa mañana había sido un caos en casa, Haruki se había quedado dormido, así que había bajado corriendo, tomado una tostada a la pasada, besado la coronilla de Asami y gritando una escueta despedida antes de dar un portazo y dejar caer su penny en el suelo antes de deslizarse hacia el instituto.

Asami y Asahi habían amanecido peleando, así que cuando Sato llegó a la cocina, ni notaron su presencia. Yuriko había sido citada por la sinfónica de Tokio, había salido antes de que sus torbellinos llenaran la cocina, y Kai...

¿Dónde estaba Kai?

Sato profirió un suspiro dispuesto a guardar su teléfono, pero la notificación del mensaje entrante le hizo desbloquearlo de nuevo.

Reventó la tercera y cuarta cuerda de mi guitarra, no alcanzo a llegar, lo siento en serio

—Bueno —murmuró Sato para sí mismo —, y con esas son todas, no daré asesorías hoy.

Miró la hora y negó con la cabeza, demasiado temprano para irse a casa. ¿Qué hacer?

Y un último mensaje por parte de su hermano, Haruki.

¿Compraste mis Prelude? Las necesito de urgencia, estudio ocho

—Ah, si —espetó molesto el pelinegro, guardando las manos en los bolsillos —, sí compre tus cuerdas, por cierto, feliz cumpleaños Sato, ¿qué tal lo pasas?

Siguió refunfuñando un poco más, pensando en que todo el mundo parecía estarlo evitando esa mañana, no era tan importante, pero sí que esperaba al menos algún abrazo por parte de su familia.

Suspiró más tranquilo al llegar al salón del piano, escuchando el ruido del banquito al recorrerse, sonrió para serenarse, no quería echarle bronca a Haru solo por haber olvidado su cumpleaños, a veces se olvidaba del propio, ni pensar en recordar el de sus hermanos...

Aunque pensándolo mejor, y retomó su mal humor pensando ya un reclamo, Haruki siempre recordaba los cumpleaños de todos menos el propio.

¿Incluso Haruki se había olvidado de su confidente?

¡Ah, no! Lo iba a escuchar.

—¡Aquí están tus malditas cuerdas! —exclamó el cellista empujando la puerta con la punta del zapato antes de entrar, enojado —Ahora quiero mi abrazo o...

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron los presentes al unísono.

Sato se congeló en su sitio, Haruki y Takeshi tocaban el violín y el Sax, entonando las mañanitas mientras Asami, Asahi, Yuriko y Kai cantaban. Shūhei y Renji estaban más allá, rasgueando sus guitarras, Ikkaku y Yumichika se acercaron con el pastel, incluso Grimmjow, Apache, Sun-Sun y Mila Rose estaba ahí. También algunos de sus alumnos de asesorías, los que le habían cancelado, incluso Ukitake y su profesor Rose.

Los ojos de Sato e llenaron de lágrimas un momento, Haruki no pudo evitar dejar el violín a toda prisa y correr a abrazar a su hermano, orgulloso y feliz de tenerle a su lado.

—¿Venías gritando? —reclamó Haruki divertido, poniendo las manos a los hombros de su hermano, viéndole el rostro antes de abrazarlo otra vez y conseguir que los brazos de Sato le estrujaran con fuerza hasta arrancarle un gruñido.

—¡Pues sí!

—No lo olvidamos si es lo que crees —soltó Asami reclamando la atención de su hermano, abrazándolo también —, no fue sencillo ignorarte esta mañana, así que molesté a Asahi para que el bodo no arruinara la sorpresa.

—¿Yo? —exclamó ofendido el aludido abrazando a Sato —No fui yo el que casi revela lo del pastel.

Las mejillas de Asami se colorearon ligeramente, y la chica volvió el rostro, ofendida.

—Yo tampoco – refuta

—Sí, como sea – se desentiende su mellizo dándole paso a su novia que obviamente también fue a felicitar a su cuñado

—Aquí —llamó Takeshi abriendo los brazos cuando Sato giró buscando el siguiente rostro amable —, y aquí —continuó el mayor luego de dar un abrazo efusivo y fuerte a su pequeño.

Sato miró confundido los boletos que el mayor le había entregado, leyendo con detenimiento y abriendo los ojos cada vez un poco más.

—C-c-co...

—Se trabó —soltó Asami, divertida.

—¡¿Competencia de Soi-Fong?!

—A las siete, en la arena de la ciudad —confirmaron Ikkaku y Yumichika.

—Pensamos que sería un lindo detalle para ti —comentó el pelinegro despejando su melena con un gesto dulce y arrogante —, a pesar de que nunca quisiste presentarme a Haruki, todavía pensamos en regalarte algo.

—¡Basta ya con lo de Haru! —exclamó Sato ante las risas de su amigo.

—Tranquilo, bro —exclamó Haruki abrazando la cintura de Yumichika y sonriendo con picardía —, también yo creo que debiste habernos presentado.

—Pero luego conociste a tu amor secreto y perdí toda esperanza —remató Yumichika con teatralidad, molestando a Sato un poco más —, ni hablar, tal vez en otra vida.

—Tal vez.

—Los asientos son en primera fila —anunció Ikkaku arrebatado los boletos a su amigo y abanicándose con ellos —, así que más vale que estés eternamente agradecido.

—Lo estaré si Soi-Fong me da un beso en la mejilla —exclamó Sato en respuesta, capturando el cuello de su amigo en una llave antes de tallarle la coronilla con los nudillos a toda prisa, arrancando quejas de dolor.

Sato solo soltó a Ikkaku para terminar de recibir los abrazos de su gente. Incluso "coqueteó" con su exnovia quien apretaba los dientes con incomodidad para estamparle el regalo que trajo en su cara, escena ante la que Grimmjow se destornillaba de la risa. Esos dos ciertamente como amigos tenían buena química y seguían llevándose bien.

—Feliz cumpleaños —murmuró Haruki para sí mismo, cruzando los brazos mientras Takeshi recargaba el codo en su hombro y Asami y Asahi tomaban los sitios a sus lados, observando los cuatro a su hermano de en medio —. Feliz cumpleaños —repitió en medio de un suspiro, admirando la sonrisa radiante del pelinegro, la forma en que apretaba la mandíbula, luchando contra las ganas de llorar.

—¡Queremos pastel! —exclamó Shūhei jalando a Renji por los hombros y sonriendo ambos con ganas, antes de sacar un encendedor y dirigirse a encender las velas.

-rebanadas delgadas – condiciona el guitarrista – el restó es para mi

-Satoshi no seas envidioso – exclama Yuriko, viendo como Satoshi hacia una mueca en berrinche, lo que la hizo soltar una pequeña risa, efectivamente aun con 21 años recién cumplidos su hijo seguía teniendo ese aire infantil – bueno ya, paga las velas….

—Y nada de pedir una novia imaginaria —soltó Haru con una sonrisa, yendo por el cuchillo mientras Asami sacaba los platos desechables – después de todo… - murmura por lo bajo al estar al lado de su hermano – ya falta poco para que tengas una de verdad…. – deja al aire, sonriendo con picardía en gesto de saber un secreto, mirada que deja bastante confundido a Satoshi

Y estaba tan ocupado con su gente, que no se dio cuenta del mensaje sin leer que tenía, una felicitación escueta, un "feliz cumpleaños" que casi sonaba abrupto, con el remitente de Soi-Fong encima….

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Una simple felicitación de cumpleaños la tenía inmersa en su celular, viendo el mensaje en enviado y en visto con molestia. Tanto que le costó escribir esas dos simples palabras para Satoshi y el muy idiota ni siquiera se dignó a escribirle un simple "gracias". Vaya interés que tenía en ella entonces, aunque, su mayor molestia era consigo misma era por tomarle tanta importancia a eso.

-es peligroso que vayas caminando sin ver por dónde vas, linda – justo aparece delante de él aquel culpable de sus constante debates sentimentales, sonriendo como si nada

-¿Qué haces aquí? Pensé que estarías muy ocupado festejando con tus amigos – dice como si no le importara

-solo me hicieron una pequeña fiesta sorpresa en uno de los salones de la institución – recuerda feliz, aún seguía muy contento por aquel detalle que le hicieron – pero luego vi tu mensaje, y me pareció correcto venir a que me dieras mi abrazo en persona – extiende sus brazos, esperándola, gesto ante el cual Soi-Fong abre los ojos, sintiendo como el calor se acumulaba en su rostro

-solo lo hice por consideración – ladea el rostro – recordé que es tu cumpleaños y me pareció correcto felicitarte

-y eso termino de alegrar mucho mi día – lo ve de reojo, seguía con los brazos extendidos – pero no estaría completo sin mi abrazo, solo faltas tú

Conocía perfectamente lo insistente que podía ser ese sujeto, y sabía que podía estar todo el día con los brazos extendidos esperando su correspondiente felicitación. Además, una parte de ella quería hacerlo.

-no es por presionarte linda, pero se me están cansando los brazos – a pesar de eso, seguía con su eterna sonrisa ansiosa

Emitiendo un chasquido y sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos, se acerca a aquel musico con la mera intención de darle un rápido abrazo e irse, pero siente los brazos de Satoshi apresarla sin darle salida, escuchándolo a continuación decir con voz aterciopelada un "gracias". Inevitablemente se deja envolver por esa calidez del musico, incluso una tenue sonrisa se dibuja en su rostro mientras que en su mente recitaba las simples dos palabras que le envió en un mensaje, "feliz cumpleaños".

Quien sabe cuánto tiempo estuvieron en ese abrazo, pero Soi-Fong sintió que reaccionó después de una eternidad cuando puso sus manos sobre el pecho de Satoshi para alejarse, ignorando por completo la enternecida expresión del hombre rebelde y desgarbado.

-disculpe presidenta…. – habla una voz educada y formal, encontrándose con Uryu Hishida a quien en automático Sato le gruñó apareciendo prácticamente un fiero perro Husky detrás suyo

-¿Qué sucede Hishida? – pregunta Soi-Fong con gesto serio, casi ausente

Uryu solo venía a informarle sobre los nuevos miembros del club de arquería y a pasarle los reportes sobre las nuevas herramientas y uniformes que se pidieron, aunque ni así, Satoshi pudo evitar que un aura siniestra lo envolviera al ver a ese tipo hablar con su reina pese a que cualquiera que los viera podría asegurarle que no había absolutamente nada entre ellos dos, que tan solo se trataban como dos socios de negocios.

-Yamamoto Satoshi – la voz llamando lo hacen dejar momentáneamente de lado sus celos, encontrándose con la amiga de Nanao, con quien no se había encontrado desde que le propuso aquella idea para hacer que su amiga subiera al escenario a cantar con ellos en el concierto del catorce de febrero

-oh, hola…. Este…. – trata de recordar su nombre llevándose la mano a la nuca

-Kurotsuchi… - responde en gesto neutro – Nemu Kurotsuchi….

-oh si claro…. Qué raro verte aquí… - podría decirse que era el único de su instituto que frecuentaba aquella escuela de niños ricos al ser el usual punto de encuentro con Soi-Fong

-mi padre es profesor de ciencias de esta escuela – explica – vine a traerle algo que me encargo, pero no responde el celular – mira su teléfono por enésima vez, cuyo mensaje de parte de ella ni siquiera aparecía en visto – supongo que tendré que esperarlo…. – se pone derecha, dándole a entender a Sato que se estaría sin moverse hasta que su padre saliera

-¿eres hija del profesor Kurotsuchi? – pregunta Uryu, recibiendo apenas un asentimiento de la chica en cuestión – justo me mando a buscarte, el profesor está ocupado en su laboratorio y no se lleva su celular con él por aquello de que los experimentos se alteran si reciben la energía electromagnética de los celulares – explica con inteligencia acomodándose las gafas

-supongo que entonces a ti debo darte esto – saca un sobre de su mochila, extendiéndoselo a aquel estudiante

-oh no… - levanta las manos – dijo explícitamente que tu misma debías entregárselo en persona – Nemu suspira resignada, su padre era demasiado paranoico con sus cosas – vamos…. Yo te llevare al laboratorio – le hace un ademán con la mano, invitándolo a seguirlo

Da otro pequeño asentimiento con la cabeza tras guardar nuevamente el sobre en su mochila y seguir a aquel estudiante rumbo a la entrada de aquella costosa escuela, pareja a la que Satoshi siguió con la mirada de forma perspicaz. Quizá era idea suya, pero se había sentido un peculiar ambiente momentáneo entre esos dos.

-quizá ya no me tengo que preocupar – murmura victorioso para sí mismo

-¿Dijiste algo? – pregunta Soi-Fong

-no, nada. – responde rápidamente con una sonrisa nerviosa

-bueno, debo irme ya – dice simplemente – tengo que prepararme para la competencia que tengo más tarde

-lo sé, estaré ahí en primera fila – muestra los boletos, al igual que una sonrisa radiante y emocionada – estoy ansioso de verte ganar…

-¿Cómo los conseguiste? – cuestiona al ver dichas entradas

-mis amigos me los regalaron por mi cumpleaños – dice este – así que… te veré más tarde…

Ella hubiese querido invitarlo, de hecho, podía pedir un par de boletos al ser participante del torneo, pero Yoruichi era la única iba a verla, y al ser su entrenadora no necesitaba boletos, por eso no los pidió. Pero claro, eso había sido muchos meses atrás antes de conocer a Satoshi.

Los participantes podían apartar los boletos antes de que salieran a la venta y se los dieran a sus amigos o familiares para ir a verlos, pero ella nunca los pedía, sabía que su padre no iría y en si no tenía a nadie a quien invitar, hasta ahora. Cuando conoció a Satoshi la venta de boletos ya había iniciado desde hace mucho, intento pedirlos, pero ya todos los asientos estaban ocupados, así que vaya que fue una sorpresa para ella el enterarse de que si iría a verla en su cuarto torneo.

-más te vale que llegues puntual – ordena inflexible, ocultando en ese orgulloso gesto el gusto que le daba el saber que Satoshi estaría ahí.

-ni aunque Raquel Eugenio se apareciera de repente y me ofreciera tocar con ella me impediría llegar – era claro una muy vaga suposición, pero no por eso dejaba de ser muy enserio – sé que no lo necesitas pero… - se acerca a ella, dándole un rápido beso en la mejilla – mucha suerte linda…. – le guiña un ojo al tiempo que mostraba una brillante sonrisa de lado, dándose a continuación la media vuelta.

-Satoshi… - le llama, si, quizá en un instinto, por inercia, pero este ya había detenido su caminar para voltearla a ver con ojos curiosos – toma… - se acerca sin mirarlo y extendiéndole algo cuadrado y plano envuelto en papel de regalo

-¿para mí? – cuestiona entre el escepticismo y la fascinación mientras tomaba dicho obsequio

-claro que es para ti – ladea el rostro fingiéndose indignada - ¿Quién más cumple años hoy?...

-seguramente miles de personas en el mundo, pero nadie tan importante como yo – dice divertido y fanfarrón, provocándole una pequeña risa a Soi-Fong en signo de concederle un poco la razón

-no llegues tarde – le exige nuevamente, y esta vez, es ella quien se adelanta

Por supuesto que no resiste la curiosidad y la emoción de ver que le habría regalado, así que ahí mismo retira el papel de envoltura, descubriendo que era un disco original de Ricardo Montaner, su primer álbum. Decir que miro aquello como el máximo de los tesoros fue poco, y no por el disco en sí, fue más que nada por el misterio de como supo Soi-Fong que le gustaba aquel artista, que recuerde jamás se lo había dicho. Sea como sea la forma en que lo haya sabido, fue un detalle que el apreciaba demasiado, y que también, lo llenaba cada vez de más esperanzas e ilusiones.

Las horas restantes que faltaban para la hora del torneo se le hicieron a Satoshi una tormentosa eternidad, incluso Haruki le hizo la burla de que estaba igual que Britney Spears en su video de "baby one more time", comentario que hizo a los mellizos sostenerse el estomago por la carcajada al imaginarse a Sato con un par de coletas y vestido de colegiala, algo que el guitarrista ignoro por completo al estar mirando el reloj cada cinco segundos.

….

Decir que estaba emocionado era poco, pues sentía su corazón latir con éxtasis al entrar en la arena de la ciudad donde se llevaría el décimo quinto torneo de artes marciales mixtas, donde se exhibía el nombre y la fotografía de la campeona por tres años consecutivos, Soi-Fong, fotografía que Satoshi Yamamoto se quedó viendo con una autentica sonrisa de idiota enamorado.

-¿vas a quedarte ahí todo el día babeando? – pregunta Ikkaku con sorna al ver a su amigo

Los boletos que él y Yumichika habían conseguido eran dobles, así que Ikkaku aprovecho para ir a tal evento anual de artes marcial, después de todo, él era realmente un seguidor de aquel deporte y un gran peleador que él admiraba también competiría. Kempachi Zaraki, un excampeón en las artes marciales que se había retirado de las competencias para dedicarse a la fuerza policial regresaba como invitado especial para ese evento y se enfrentaría a quien llegara a las finales, y por supuesto, esto tenía en constante debate a aquellos dos amigos sobre quien ganaría si Soi-Fong lograba llegar a las finales.

-por supuesto que llegara a las finales – asegura Satoshi orgulloso mientras él e Ikkaku se encaminaban a sus correspondientes lugares en las gradas – y le ganara a ese tal Kempachi

-ja no sabes lo que dices – se regocija Ikkaku, poniéndose a continuación en plan fanático – en su época nadie lograba vencer a Kempachi, gano seis veces consecutivas este torneo y por eso la fuerza policiaca lo reclutó y ahora es general – habla como si recitará un poema

-¿seguro que el único enamorado soy yo? – se burla Satoshi al llegar a sus asientos, ignorando la mirada fulminante de su amigo al estar buscando entre todos los participantes a Soi-Fong, divisándola a lo lejos junto a su entrenadora, Yoruichi

No escuchaba nada lo que la mayor le decía a su pupila, pero parecía estarle dando instrucciones y ánimos, palabras ante las cuales Soi-Fong prestaba una disciplinada y firme atención, ignorando la fija mirada de adoración con la que Satoshi la miraba a lo lejos. Lo más probable es que estuviese más enamorado de lo que pensaba que incluso el verla luciendo su uniforme de artes marciales le parecía muy atractiva. Su Keikogi era de tono anaranjado oscuro, con algunos bordes negros a los costados, mientras que su pantalón era totalmente negro y ceñido a su cuerpo, haciendo lucir sus delgadas pero firmes y contorneadas piernas. Simplemente, para Satoshi, lucia abrazadoramente impactante.

-gracias, Yoruichi-sama – dice Soi-Fong haciendo una reverencia ante su sensei, quien solo bufa divertida ante la solemnidad de su pupila, divisando luego en las gradas, justo en las primeras filas, a Satoshi, cuyos adorables ojos grises perlados miraban con brillo encantador directamente a Soi-Fong

-veo que esta vez si te acompaña un ferviente y apasionado admirador – comenta la morena sonriendo con picardía

La aludida, por inercia, mera curiosidad o quizá, por confirmar que aquel admirador al que se refería Yoruichi era quien ella creía, se vuelve a donde la más alta señala con la mirada, encontrándose efectivamente a Satoshi quien la saluda efusivamente con la mano al tiempo que mostraba una resplandeciente sonrisa que prácticamente abarcaba todo su rostro.

No lo puede ocultar, o al menos a Yoruichi no podía esconderle la leve dicha que reflejo en su mirada al ver a Satoshi tan entusiasmado en aquel evento, en su oportunidad de ganar su cuarto campeonato. Hasta ahora, ella ha sido la única que ha acompañado a Soi-Fong a sus competencias, no solo por ser su entrenadora y ser su obligación, también porque le ha agarrado gran cariño a la joven peleadora. Sin embargo, Soi-Fong en cada competencia anterior se ha mostrado seria, casi sin emoción alguna al participar, únicamente mostraba una sonrisa orgullosa y altiva al enfrentarse a sus oponentes, pero al recibir el trofeo del primer lugar volvía a su rigidez. En esta ocasión, cuando diviso a Satoshi, pudo ver en ella un atisbo de felicidad, de mayor motivación, de que, en este, su cuarto campeonato, sentía un mayor vigor para pelear con mucho más entusiasmo pues, aunque no lo admitiera ni para ella misma, ahora estaba alguien que iba a verla triunfar, y que estaba orgulloso de ella.

….

La voz escandalosa de Satoshi dándole ánimos ante cada oponente con quien se enfrentó, su presencia, sea como sea, ese cuarto torneo se sentía diferente. Estaba mucho más motivada, con muchas más energías y convicción al ir avanzando. Y aunque seguía mostrando su gesto altivo y orgulloso al enfrentar a cada oponente, en esta ocasión mostraba incluso más respeto ante ellos a pesar de haber ganado al ayudarles a reincorporarse y felicitandolos por su desempeño. Si, muy posiblemente Satoshi Yamamoto la ha influenciado mucho más de lo que pensó.

Tal como era de esperarse, Soi-Fong había avanzado hasta la final y ahora estaba ante su ultimo oponente Arisawa Tatsuki, una estudiante de un dojo fuera de la ciudad, que, al igual que Soi-Fong, llegó a las finales a pesar de enfrentarse a hombres mucho más altos y fornidos, sin duda sería una oponente digna de enfrentar, a ambas mujeres se les veía bastantes seguras de sí mismas.

-este es el último enfrentamiento del quinceavo torneo local de artes marciales mixtas – anuncia el presentador paseándose por el centro ya con el trofeo del primer lugar en la mano – ¿será que la tricampeona conseguirá su cuarto triunfo? – ante la obvia mención de Soi-Fong, los gritos de Satoshi no tardan en escucharse encima de otros cuantos que conocían la trayectoria de la joven peleadora, ocasionando que Ikkaku a su lado bajara la cabeza por la vergüenza ajena y que la pelinegra suspirara resignada (aunque internamente se viera regocijada por la efusividad del músico) - ¿o Arisawa pueda arrebatarle el titulo? – Varios gritos de ánimo por parte de sus compañeros de Dojo también se escuchan para Tatsuki, quien levanta la mano sonriendo y mostrando toda su dentadura – quien resulte campeona tendrá el honor de tratar de vencer al legendario ex campeón por seis años consecutivos, el general de la fuerza policial de Japón Zaraki Kempachi - un hombre descomunalmente alto aparece a lado del presentador. Su sonrisa casi psicópata y amenazante era intimidante, con solo verlo nadie querría enfrentársele, aunque Ikkaku ante la aparición de tal leyenda de las luchas dio un enorme grito aguerrido.

Ambas chicas caminaron al centro, quedando una frente a la otra. Soi-Fong mostraba su clásica arrogancia y frialdad en su mirada que le había dado el apodo de "reina de hielo", tan acostumbrada a mantener esa imagen prácticamente durante toda su vida y en especial para los torneos, demostrando que por nada y por nadie se dejaba intimidar. Tatsuki estaba serena, pero también mostrando una firme convicción.

-es un honor enfrentarme a la tricampeona de este torneo – aclama Tatsuki, sin piscas de que fuese ironía o sarcasmo – espero ser una oponente digna…

Para ella, ya era suficiente el llegar a las finales y enfrentar a la reina de hielo, y aunque por fuera mantenía su temple, por dentro no negaría que estaba nerviosa. Soi-Fong era reconocida en el mundo de las artes marciales por su destreza, su velocidad al atacar que la convertía en una oponente casi imposible de vencer.

-yo también lo espero – respondió no en gesto de soberbia, fue más que nada una forma de decirle a su oponente que diera lo mejor de ella, y Tatsuki claro, entendió la orden

Dieron los correspondientes saludos entre ellas y al réferi cuanto este dio las usuales reglas, poniéndose luego en posición en combate, cada una de diferente forma, demostrando las diferentes disciplinas en artes marciales que conocían.

Era la primera vez que se enfrentaba a esa chica, a la mayoría de sus oponentes ya los conocía de años anteriores, así que deliberadamente dejo que atacara primero. Tatsuki tenía ferocidad, determinación de asestar sus mejores golpes desde el comienzo, pues claro, sabía a quién se enfrentaba, no estaba en la posición de medir fuerzas, pues en contra de Soi-Fong eso incluso sería una falta de respeto y esto pudo observarlo la campeona, quien con cierta facilidad podía bloquear los golpes de manos y piernas de su oponente, cada movimiento para ella era fácil de predecir en cierta manera, pudiendo encontrar una apertura en su costado que le permitió marcar el primer punto al asestar un golpe con el codo que derribo a su oponente.

-dejas una abertura en tu costado derecho – le dice Soi-Fong a su oponente, a quien le ofrece la mano para ayudarla a levantarse, gesto que Tatsuki acepta

Vuelven a tomar posiciones, por la mente de la novata pasaban miles de dudas e intrigas, es decir, estaba mentalizada que el ultimo combate contra Soi-Fong no sería fácil, no aspiraba ni siquiera a ganarlo, para ella, era ya suficiente victoria haber pasado a las finales siendo ese su primer torneo. Sin embargo, lo que jamás se esperó de la galardonada reina de hielo fue el recibir un… ¿consejo? Aquello la dejo un poco desconcertada

No pudo marcarle punto alguno, aunque si procuro defender mejor su costado derecho esta vez. Aun así, el combate contra la campeona estuvo perdido, enfretamiento en el que Soi-Fong, más que combatir contra ella, parecía entrenarla al decirle en cada punto que marcaba lo que estaba haciendo mal, las aberturas que estaba dejando, aunque procuraba compensarlas con ataques decisivos y despistar a su oponente de dichos puntos vulnerables, trucos que por supuesto no funcionaban ante una vista tan sagaz y entrenada como la de Soi-Fong.

-la campeona, por cuarto año consecutivo, Soi-Fong – anuncia el presentador, entregándole el trofeo del primer lugar al tiempo que nuevamente se escuchaban por encima de todos los demás, los gritos efusivos de Satoshi, quien literalmente la aclamaba de pie haciendo a Soi-Fong mostrar apenas una sombra de sonrisa que no dejo ver al bajar la mirada – ahora, la cuatri campeona se enfrentara al general de la fuerza policiaca de Japón y campeón invicto de este torneo, Kempachi Zaraki

Llega al centro, encarando a Soi-Fong, quien le sonríe confiada, orgullosa y altiva, sin pisca de temor alguno ante el enorme hombre ante ella que casi le triplicaba la estatura. Kempachi la mira desde arriba mostrando una afilada dentadura que casi parecía ser una expresión de sed de sangre, poniendo bastante nervioso a Satoshi, quien, pese a saber lo fuerte y lo hábil que era Soi-Fong, no podía evitar sentir cierto temor de que fuese a resultar gravemente herida al enfrentarse a tal mastodonte. De esto se da cuenta Ikkaku, comprendiendo que temía por la seguridad de su amor platónico.

-rara vez alguien sale gravemente herido de estos torneos – le explica colocando una mano en el hombro de su amigo para tratar de calmar sus nervios – cualquier contacto al rostro está prohibido, así que no tienes que temer que el hermoso rostro de su chica salga desfigurado – Satoshi suelta una leve risa, sintiéndose realmente un poco más tranquilo

-y supongo que es imposible que ese tal Kempachi pueda resultar más feo – dice Satoshi, ganándose una mirada ceñuda de Ikkaku – además, bien dicen que mientras más grandes más fuerte es la caída – se burla sumamente confiado de que, pese a su descomunal tamaño y apariencia temible, Soi-Fong podría vencerlo

-¿quieres apostar Yamamoto? – reta apretando la mandíbula – si tienes tal fe ciega en tu amor platónico no temerás apostar tu cabellera – sonríe de forma maniaca, sabía que el presumido de su amigo no se atrevería a raparse

Y claro que Satoshi se imaginaba tan calvo como su amigo, perdiendo toda su galanura de estrella de rock, era una apuesta sin duda peligrosa pero no le daría el gusto a Ikkaku de burlarse de él al echarse para atrás.

-de acuerdo, en ese caso tú te inscribirás al área de danza en el ciclo que viene – Ikkaku traga pesado al imaginarse haciendo bailes ridículos con los que sin duda perdería toda su virilidad - ¿es un hecho o tienes miedo de que tu héroe pierda? – extiende su mano, en espera que se sellara el trato, apretón que Ikakku titubea unos segundos, aceptando luego en un fuerte apretón con el que ambos se miraban desafiantes, volviendo su atención nuevamente a la arena.

Igualmente, Satoshi no podía evitar sentir que el corazón se le salía, no podía evitar rezar internamente para que su reina no saliera herida. Estaba orgulloso de su ferocidad, de lo fuerte que era, y verla ahora en primera fila aumentaba más su fascinación y orgullo. No, no tenia de nada de qué preocuparse, confiaba ciegamente en ella, después de todo, ya lleva cuatro campeonatos seguidos en que salía victoriosa, tal como una solemne y aguerrida reina que comandaba a sus soldados. Sin duda alguna, volvería a salir victoriosa.

Ninguno de los dos, nadie de hecho, sospechaba que, de hecho, Kempachi y Soi-Fong no eran del todo extraños.

Kempachi Zaraki y Tousen fueron los principales rivales en aquellos torneos cuando eran jóvenes. La primera vez que se enfrentó al militar, Kempachi tuvo una excesiva y soberbia confianza de que vencería fácilmente al hombre ciego, lo que resultó en una completa humillación para el actual policía y que hizo que le siguiera incontables veces para darle una revancha, resultando que irónicamente, después de un tiempo, ambos empezaran a entrenar juntos, volviéndose amigos hasta que tomaron caminos diferentes.

-al fin veré realmente que tan buena peleadora eres, señorita Feng – sisea Kempachi con voz ronca y atemorizante, que claro, no logra surtir efecto en la campeona

Por supuesto que ya había oído hablar de la campeona invicta de este mismo torneo que él en su momento gano por seis años seguidos, antes claro, de la llegada de Tousen y del retiro de ambos. Vaya sorpresa al enterarse que dicha campeona era ni más ni menos que la única hija de su mayor rival y amigo, quien no acepto entrar a la academia de policía junta a él al preferir entrar en la milicia y aspirar a un puesto en la política y seguir los pasos de su progenitor.

-no te la pondré fácil solo porque eres hija de tu padre – se pone en posición de combate, poniendo las manos en puño, ya preparado para lanzar el primer golpe bruto y salvaje

-no lo esperaba general – prácticamente condiciona Soi-Fong, poniéndose también en posición

Ella conocía la historia que tenía su padre con el general de la policía, sabía que él también, cuando era joven, participo en estos torneos en los que, en la mayoría, venció a Kempachi. Ambos siempre terminaban en las finales en las que se enfrentaban con apremio, enfrentamientos en los que la mayoría de las veces Tousen lo vencía.

Esa fue una de las razones por las que empezó a entrenarse en artes marciales mixtas, por ello era tan importante ser implacable y vencer a todos sus oponentes, de ser invicta, y, ahora, también de derrotar a Kempachi. Como hija del general militar Tousen no podía permitirse una derrota.

(Made Of Stone – Evanescence)

Una de las principales cosas que le enseño su entrenadora era el de no precipitarse en dar el primer golpe, pues la mayoría de los peleadores iniciaban de forma salvaje y poco metódica, todo por querer ganar el primer encuentro lo más rápido posible, y si ella se esperaba, analizaba y evadía, no solo conocía el método de pelea de su rival, sino que también lo cansaría, lo haría bajar la guardia al hacerlo entrar en excesiva confianza de que estaba dominando el encuentro.

Kempachi no fue la excepción a eso, la atacaba principalmente con una serie de descoordinados y salvajes puñetazos que ella hábilmente podía evadir o golpear, aunque verdaderamente el impacto al bloquear con su antebrazo aquellos golpes eran monstruosamente fuertes, aunque nada que ella no pudiese resistir.

De forma despiadada, casi sádica, Kempachi no mostraba tregua ni piedad en sus golpes, cambiando de solo dar puñetazos a intentar dar una patada circular a uno de los costados de la peli negra, momento que ella pudo ver una oportunidad para dar un salto a un lado, tomar impulso y dar un brinco en el que también intento atacar con una patada circular en el aire a la espalda media de aquel hombre, ataque que el detuvo agarrándola del pie y golpeándola con la rodilla arriba del estómago, marcando con eso el primer punto para él y enviando a Soi-Fong a la lona.

Ante esto a Satoshi casi se le sale el corazón, por poco el instinto estaba por hacerle ir a auxiliarla, pero recordaba que ella era una peleadora experta, recibir golpes era parte de su vida, de sus entrenamientos. Saldría victoriosa, se repetía una y otra vez aquello.

-vamos, linda…. - murmura, esperando que sus palabras de alguna manera le dieran más fuerzas para levantarse – tú puedes ganar – la apuesta con Ikkaku se le había olvidado por completo, lo que deseaba en verdad, era que su aguerrida reina diera todo en aquel combate, sabía lo importante que era para ella vencer

Con la convicción y la furia en su rostro, se incorporó de nuevo sosteniéndose el estómago, sintiendo el pulso del dolor por aquel bruto golpe de Kempachi, cuya sonrisa arrogante y maniática seguía en su rostro al estar nuevamente en posición para reanudar el combate. Vencerlo no sería fácil, la diferencia de alturas le daba una cierta ventaja, aunque eso también podía hacerlo lento, al menos en comparación con ella que debido a su complexión delgada y de baja estatura la hacía más hábil en cuanto a moverse con fluidez.

El combate se reanudó, Kempachi no dudo en atacar con fiereza maniática, casi acorralándola al no darle salida por la variedad de golpes que intentaba darle. Ante un golpe con el puño, Soi-Fong se inclinó, esquivándolo, barriéndose por debajo del general de policía, a quien intento derribar con una patada baja hacía sus rodillas, no lográndolo del todo, pero consiguiendo que perdiera un poco de estabilidad que aprovecho para levantarse rápidamente, tomar impulso y dar una patada de frente al pecho del hombre prácticamente al mismo tiempo que daba un golpe con su codo a su costado derecho que lo hizo trastabillar un poco y haciéndola ganar un punto.

-empate – anuncia el réferi – el siguiente punto será el decisivo

Ambos peleadores vuelven a sus posiciones, mirándose fijamente, cada uno con expresiones diferentes en sus rostros. Kempachi mantenía la sonrisa maniática y despiadada, aunque posiblemente, también había algo más en sus ojos infames…. ¿dicha? ¿orgullo?

Soi-Fong por su parte respiraba con agitación, nunca le había tocado un oponente tan duro de vencer, con el que tuviera que usar todas sus fuerzas, y aunque ella ya era ganadora de ese torneo, tenía la firme convicción de vencer al que tenía aun el título de ser el participante quien más años consecutivos ha ganado ese torneo. Si, estaba dispuesta a llevarse esa gloria personal.

Esta vez ambos se lanzaron al ataque. Un punto, solo un punto más estaba en juego, así que ahora cada uno lanzaba sus mejores golpes, su mejor estrategia en combinación de movimientos en los que el referí prácticamente tenía que evitar parpadear para estar atento en quien marcaria el punto ganador.

Con toda la fuerza que su pequeño cuerpo le permitía, Soi-Fong desvío el puño de Kempachi con su ante brazo. Punto de anclaje, ese era el truco, no en si la fuerza bruta que estaba usando el general en contra suya.

Al desviar el golpe, el costado derecho del hombre quedo descubierto por unos escasos segundos, y la posición en la que Soi-Fong lo obligo a ponerse le impedía protegerse. Esa era su oportunidad, así que sin dudarlo ni perder milisegundo alguno, alzo su pierna al costado usando toda la velocidad y fuerza en ese golpe ante el que Kempachi dio un leve gruñido de dolor, cayendo de rodillas.

-ganadora, Soi-Fong – anuncia el referí, oyéndose varios gritos extasiados por tal pelea, especialmente por Satoshi que se puso de pie para gritar a todo pulmón, todo lo contrario, a su amigo que tenía la cabeza baja por la derrota de su ídolo en las peleas y consecutivamente, de su apuesta con Sato. Ahora le esperaba un futuro como bailarín.

-nada mal – dice Kempachi acercándose a Soi-Fong – sin duda eres digna hija de Tousen – pone su enorme mano en el hombro de la pelinegra, cubriéndolo por completo – se burlará mucho de mi cuando se entere que su hija me venció en el torneo que fui invitado

-si llega a enterarse – dice con tono indiferente, fingiendo que no le importaba la falta de atención de su padre

-él está orgulloso de ti, niña – tales palabras la sorprenden, especialmente porque a pesar de que Kempachi no borraba su expresión atemorizante, podía ver que sus palabras eran sinceras – en lugar de seguir los aburridos pasos de tu padre en la política, deberías considerar entrar en la academia de policía. Eres mucho más hábil y fuerte que cinco de mis hombres juntos….

-gracias por su ofrecimiento general – hace una reverencia ante él – lo tendré en consideración…

El mismo Kempachi le hace entrega de su trofeo, retirándose luego sin decir más.

….

Satoshi esperaba ansioso fuera del lugar, por supuesto no se iría sin felicitar a Soi-Fong y asegurarse que estuviera bien. Verla pelear en vivo fue algo alucinante, estar en primera fila viendo aquella mirada fiera y aguerrida que lo enamoro al verla por primera vez en televisión solo le hizo que su fascinación aumentara, que se sintiera más orgulloso de servir diligentemente a una reina empoderada como ella.

-Soi-Fong – le llama al verla salir a lado de su entrenadora Yoruichi quien sostenía orgullosa el trofeo del primer lugar

No se resiste el correr a ella para envolverla en un efusivo abrazo ante el cual Soi-Fong se sonroja con el rostro contraído por la molestia del bochorno y la sorpresa de tal acción atrabancada del guitarrista, todo lo contrario, a la sonrisa divertida y algo picara de Yoruichi al ver tal escena en la que se vio envuelta su pupila.

-felicidades – dice Sato entre el abrazo – estuviste sensacional…

Soi-Fong entonces no puede evitar suavizar su expresión, dejándose envolver nuevamente por la calidez y cariño de los brazos de Satoshi, permitiéndose sentirse conmovida y feliz por su felicitación, de saborear lo que era ser elogiada por alguien que estaba orgulloso de lo que hacías.

-pero…. ¿estás bien? – la aleja un poco, dejando ver ahora su preocupación - ¿no tienes una herida grave?

-nada que no pueda resistir, no te preocupes…. – responde la peli negra, ladeando un poco el rostro para ocultar su sonrojo

-puedes estar tranquilo Satoshi… – habla Yoruichi, poniendo más en vergüenza a Soi-Fong quien olvido por un momento que su entrenadora estaba al lado suyo – tiene algunas heridas, pero no es nada grave ni fuera de lo usual en estos torneos, tan solo necesita descansar

-de acuerdo, pues ve a descansar… - le dice mirándola con una gran sonrisa orgullosa – te lo mereces, cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme ¿de acuerdo? – le pide poniendo la mano en su brazo – te lo llevare de inmediato…

-no hará falta – responde Soi-Fong un tanto incomoda por tanta atención de Satoshi – pero… gracias…. – le mira sonreír mostrando toda su blanca dentadura, escuchando luego el carraspeo de Yoruichi quien la mira con divertido reproche al tiempo que se señalaba su mejilla, indirecta que Soi-Fong claro que entiende, aunque negándose internamente a hacerlo – debo irme, gracias por venir – y posiblemente fue porque le implanto la idea en la cabeza o porque simplemente le recordó algo que realmente quería hacer. Sea como sea, ya se había puesto de puntas y sus labios ya habían tocado la mejilla del musico, quien contuvo el aire y abrió los ojos como platos, sintiendo al mismo tiempo que sufriría un infarto en cualquier momento

No dijo más, ni siquiera le dirigió una última mirada al momento de darse la vuelta para subirse al auto que recién había llegado, al cual también Yoruichi abordó con una imborrable sonrisa divertida y felina, casi igualando al gato Cheshire.

-conseguí el autógrafo de kempachi – exclama Ikkaku con estrellitas en los ojos al llegar a lado de Satoshi, quien parecía estar completamente ido con una sonrisa bobalicona en los labios mientras se tocaba la mejilla donde lo beso Soi-Fong - ¿Satoshi? – trata de regresarlo a la tierra ladeando la mano frente a su amigo

-nunca volveré a lavarme la mejilla – exclama ensoñado, montado en la última nube del cielo, algo que de momento Ikkaku no entendía al haberse perdido aquello….

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El tren a Karakura llego aquella mañana del sábado, puntual como siempre, sin embargo, las dos personas que bajaban de aquel veloz trasporte eran dos chicas muy hermosas que venían de visita sorpresa para celebrar el cumpleaños de uno de sus primos, que justamente era uno de los famosos hermanos Yamamoto.

-vaya…. Al fin llegamos…. – dice Saya Yamamoto estirando sus brazos al cielo – tenía tiempo que no visitábamos Karakura – mira alrededor, sintiendo por fin el merecido descanso de salir de la ciudad de Tokyo y de todos los entrenamientos - ¿le dijiste a Haru a qué hora llegaríamos? – le pregunta a su hermana mayor, Hanako Yamamoto

-no, quería que nuestra visita fuera sorpresa para todos– responde con una sonrisa traviesa, ya quería ver el gesto de sus primos al verlas en Karakura

-¿Qué? ¿entonces como pretendes llegar a la casa? – pregunta alarmada Saya – no sé tú, pero yo no recuerdo cómo llegar

-tranquila sis – le alborota el cabello a la menor – preguntando se llega a Roma…

Saya suelta un suspiro resignado tomando su maleta, seguida de su hermana mayor que hace lo mismo para encaminarse al sitio de taxis de la estación. Lo mejor era pedir que las llevaran a la famosa escuela de artes Atsudoragon y rogar tener la suerte de encontrarse con la famosa Ise Nanao, de quien su primo le había hablado tanto que ya tenía una imagen muy definida de su persona. Muy probablemente ella sabría decirle donde podía encontrar a su primo….