Y salió una historia alterna al de los hermanos, es decir, están dentro del mismo fic pero pasan en lugares diferentes, aquí tienen la vida en Tokyo de las primas de los Yamamoto, Hanako y Saya, gracias Judy por este capitulo! Me encanto!

Pair Spins

Hanako tenía cruzados los talones, masticaba distraídamente el borrador de su lápiz mientras un nuevo artículo se desplegaba en la pantalla de su portátil, la arruga de su entrecejo se pronunció un poco más conforme sus ojos seguían deslizándose por la información disponible hasta dar con una fotografía que le hizo relajar la expresión, modificando su mueca de la concentración a la curiosidad.

La cafetería de la universidad estaba llena a esa hora, la patinadora solía llegar antes gracias a sus periodos libres y aprovechar para hacer tarea con sus compañeros de clases, le gustaba sentarse a la barra alta y dejar los pies colgando por el banquito, afianzando la sensación de que estaba saltando y distrayéndose en ese pensamiento. No esa mañana, subió los talones al travesaño del banco para volver a centrarse, tenía que concentrarse puesto que esa mañana se la había dedicado a la investigación desde que se había enterado de que su equipo entrenaría junto con el varonil, específicamente con la selección de Tokio, y que ella llevaría un entrenamiento personalizado junto al patinador que se perfilaba para obtener un lugar para las olimpiadas.

Frente a ella, los ojos color rosa pálido de su mejor amiga la analizaban con detenimiento, pendientes de cada cambio en la expresión de la patinadora como si pretendiera descubrir una civilización antigua entre sus facciones. La conocía lo suficiente como para entender si era importante prestar atención o si la chica se estaba distrayendo únicamente.

—Dice aquí que es hijo adoptivo del embajador de Alemania en nuestro país —informó Hanako distraída, alzando los ojos y percatándose de que Ōjoryū le miraba fijamente, también con el entrecejo fruncido —¿Qué?

—Nada —mintió ocultando las ganas de gritarle a la cara que se notaba a leguas que ese patinador despertaba en ella un interés que rebasaba por poco lo profesional —. Continúa.

Hanako suspiró dedicándole una mirada recelosa a su amiga antes de volver la mirada a su portátil, buscando el lugar en el que se había quedado.

—Quedó huérfano muy joven, sus padres murieron en un accidente automovilístico cuando él tenía seis o siete años, vagó de un hogar de acogida al siguiente hasta los doce, cuando Yhwach lo adoptó como propio.

—¿Dice por qué lo adoptó? —cuestionó Ōjoryū para que su amiga supiera que le seguía todavía con la charla, a pesar de estar organizando sus apuntes.

—No —murmuró la patinadora con cierto aire de tristeza —, sólo enmarca sus logros académicos, ni siquiera habla de su vida personal. Becas, intercambios, carrera universitaria en Ciencias Políticas, patinaje, reconocimientos internacionales, premios que...

Hanako guardó silencio mientras sus ojos se abrían poco a poco, deslizando lentamente el artículo y creciendo la sonrisa.

—Sí, sí, premios, puedes continuar, todavía te escucho —soltó Ōjoryū luego de unos segundos más de silencio, pero cuando alzó los ojos a su amiga se percató de que la patinadora estaba encorvada sobre su ordenador con una sonrisa radiante que obligó a la pelirrosa a rodearla hasta ver qué era lo que tenía a su amiga tan fascinada —¿Qué? —inquirió confundida al ver a Hanako recostarse hacia atrás en su silla.

En sus declaraciones iniciales comenta que entró al patinaje a la edad de catorce años luego de que su amigo de la infancia, un muchacho al que conoció en los orfanatos que le dieron hogar durante su niñez, lo indujera al mundo del patinaje artístico —recitó la patinadora con una sonrisa mientras ampliaba la fotografía adjunta, haciendo a Ōjoryū sonreír ampliamente y mirarle con descaro —, Bazzard Black vio en el joven Jugram Haschwalth un talento nato que no tardaron en desarrollar lado a lado, ingresando al mismo equipo de patinaje y representando varias veces a su ciudad en las competencias estatales sin llegar a perfilarse para las nacionales hasta las competencias del dos mil catorce, donde obtuvieron oro y plata en las finales de Berlín.

—Tenemos un contacto —canturreó la chica mientras Hanako daba un sorbo a su bebida y le ofrecía una mano a Ōjoryū.

Ambas chicas chocaron palmas y Hanako sonrió divertida.

—Conocí a Bazzard hace siete años en una gala internacional, se postulaba para representar a Núremberg en la división varonil, mantuvimos el contacto y cada competición en la que coincidimos nos invitamos a las respectivas fiestas de cierre, después vino a vivir a Tokio para que su padre pudiera hacerse cargo de los asuntos del embajador, patinamos juntos cuando tenemos oportunidad; tal vez le pueda pedir a él que me presente formalmente a Haschwalth.

—El equipo varonil de Tokio tiene entrenamiento en la pista de hielo esta tarde —comentó Ōjoryū distraída —, mi entrenadora dijo que Senbonzakura y yo no podríamos practicar nuestro programa corto hasta mañana, así que ahí está tu oportunidad. Pero irás sola, saldré con él al cine para variar.

—Si te preocupa que vaya sola, le diré a Saya que me acompañe —comentó Hanako sonriendo dulcemente para su amiga —, tú ve y pasa tiempo con tu novio, es horrible tratar de equilibrar la vida personal con la época de eliminatorias y los exámenes parciales.

—No tienes nada de qué quejarte, terminaste con tu chico. Un malabar menos por hacer.

—Sólo espero que Saya se controle —murmuró Hanako ignorando el último comentario de su amiga mientras recuperaba el vaso de su moca —, suele tratar mal a los patinadores que la menosprecian y el grandioso Bazz-B es el rey de las malas primeras impresiones.

—Me lo contarás todo —ordenó Ōjoryū divertida mientras Hana cerraba su portátil y asentía frenética.

—Con punto y coma.

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.

.

Pocker face de Lady Gaga sonaba contra las bocinas a todo volumen, la pieza estaba por terminarse cuando Hanako y Saya ingresaron a la pista con sus credenciales oficiales. Se abrieron paso entre las gradas hasta llegar a la valla y observar a los varios patinadores que se movían por los bordes de la pista, dejándole el camino libre a un muchacho que patinaba a toda velocidad.

Hanako sonrió divertida, percatándose de que, de nuevo, su amigo había cambiado de look. Conservaba la mohicana, aunque ya no se había rapado los costados de la cabeza, en su lugar había dejado crecer un poco el cabello, peinado hacia atrás para acentuar el fleco que subía y caía con gracia sobre su rostro, el magenta se había ido, ahora tenía un color rojo vibrante e intenso que contrastaba contra su piel, pero que combinaba perfectamente con esa sonrisa socarrona y altanera que portaba mientras se movía al ritmo de la música. No llevaba traje de presentación, pero Hanako tenía que admitir una cosa, usando aquella camiseta negra holgada de manga larga que se le arremolinaba en los giros revelando su marcado abdomen, usando pantalones deportivos grises con detalles y los patines viejos, lucía como un adonis listo para la siguiente sesión de fotografías.

Hanako sonrió admirada al percatarse de cuánto había mejorado la técnica de su amigo y se recargó en la barda analizando con ojo crítico la preparación de su siguiente salto. La música cambió abruptamente cuando terminó sus giros en el aire y el muchacho levantó las manos sobre su cabeza, soltando un grito de euforia antes de alejarse del centro y mirar a su alrededor.

Le sorprendió ver a Hanako, levantando la mano para saludarlo y llamar su atención, y no dudó antes de encaminar sus navajas hacia ella, consiguiendo que Saya, a su lado, pasara saliva con dificultad antes de alejarse unos pasos, agradecida al darse cuenta de que tenía una llamada entrante por parte de las gemelas.

—¿Poker face? —exclamó la chica cuando Bazz-B la abrazó por encima de la valla y sonrió socarrón.

—Yo también respingué, pero mi entrenador dice que será la coreografía más arriesgada que haya realizado en una gala y quiero dar un gran espectáculo para desviar las miradas curiosas de mi programa corto. ¿Los rumores son ciertos? ¿Estaremos en el mismo equipo?

—¡Iremos juntos a las nacionales! —exclamó ofreciendo un puño y celebrando con su amigo —bueno —se corrigió a sí misma, encogiéndose de hombros y desviando la mirada —, primero tengo que ganar la siguiente eliminatoria, pero entrenarán juntos a todos los patinadores que se postulan para representar a Tokio.

—¡Oh, vamos! Te llevarás de corbata a la competencia, el equipo femenil no ofrece resistencia alguna si no se trata de ti. No te ofendas, guapa, sabes que te adoro —comentó como preludio, ganándose un golpe en el brazo por parte de la chica a manera de reclamo, ya lo conocía lo suficiente como para saber que lo siguiente no le gustaría o sería un comentario sarcástico —, pero lo que más me emociona es que voy a patinar de nuevo con Jugo, no lo hacemos juntos desde hace años.

—¿Jugo?

—Jugram Haschwalth.

—¿Jugo? —repitió divertida mientras el muchacho soltaba una carcajada y Saya se acercaba a ellos, pasando saliva de nuevo.

—Dice que le molesta que lo llame así —admitió el patinador rascando su nuca con una sonrisa de disculpa —, pero lo he hecho por tantos años que ya me acostumbré, no pienso cambiarle el mote a estas alturas. ¡Oye! Tengo una idea —exclamó divertido, ignorando a Saya al verla de pie al lado de Hana —, esta noche vamos a ir a cenar, sé que nos pondrán en tu división si calificas. ¿Y si cenamos juntos? Estoy invitando a varios patinadores que, tal vez, terminen en el mismo equipo que nosotros. Y tal vez tú me ayudes a quitarle un poco lo estirado a Jugo.

—¿Estirado? —murmuró Hanako arrugando la nariz por cómo el muchacho había pronunciado aquella palabra —¿Y dices que es tu amigo?

—Pero es muuuy alemán —se quejó el pelirrojo con teatralidad —, digo, todo eso de ser estricto, melancólico y depresivo.

—Por cómo lo platicas, creería que es un pedante.

Y silencio.

Bazz-B y Hanako volvieron la mirada hacia Saya, pasmados ante su primera intervención en aquella charla que había permanecido divertida y animada hasta ese momento.

La jugadora pasó saliva con dificultad ante las miradas de ambos patinadores y se cruzó de brazos, volviendo el rostro.

—En sus fotografías se ve como un presumido —aclaró la chica ante las miradas de ambos.

—No —murmuró Bazz-B con cierto grado de angustia, queriendo proteger a su amigo más querido de la crítica, como si no fuera suficiente que los periodistas siempre estuvieran persiguiéndole para hablar de programas contra la depresión —, sólo es muy... melancólico... pero en el fondo él... —pausa dramática, segundos de silencio en los que Bazz-B se percató de que estaba tratando de justificar a su amigo frente a una completa extraña —Primero no tengo por qué darte ninguna explicación, ¡además! —espetó el muchacho cayendo en cuenta de la interacción de aquella extraña —¿Quién te crees que eres para hablar así de él si ni lo conoces?

—¿Yo? —espetó Saya sintiendo la rabia bullir en su interior —¿Y tú con qué permiso me hablas así a mí?

—Con el mismo permiso que te adjudicaste.

Hanako retrocedió sorprendida al percatarse de que Saya y Bazz-B habían pegado las mejillas, empujándose el uno al otro por encima de la valla.

—Chicos...

—Arreglemos esto en el hielo —espetó Saya haciendo a Hanako abrir también la boca.

¿Qué?

—Me parece bien.

—¿Qué? —espetó la patinadora viendo a su hermana arremangarse sin despegar la mejilla.

—¡Black! —exclamó el entrenador antes de dar un silbatazo y conseguir que el aludido saltara en su sitio, patinando a toda prisa bajo los regaños de aquel hombre al que Hanako reconoció pasando saliva mientras su hermana perdía el equilibrio.

—Robert Accutrone —dijo para Saya, quien también se tensó en su sitio al reconocer el nombre, antes de que ambas chicas se dieran la vuelta y enfilaran al pasillo, temerosas del peso del apellido de aquel entrenador despiadado y mordaz. Se dispusieron a irse, no sin que antes, Hanako pasara un brazo por sus hombros y sonriera divertida —¿Qué tienes que hacer esta noche?

.

.

.

—¡Hey, Jugo! —exclamó Bazz-B alcanzando a su amigo en el pasillo de la pista.

El rubio levantó la mirada en dirección al pelirrojo y sonrió de medio lado con algo de calma en los ojos.

—¿Qué hay?

—Tumulto —confesó sonriendo con todos los dientes, haciendo suspirar a su amigo con reproche y resignación —, invité a Hanako a cenar con nosotros esta noche, espero no te moleste.

—¿Hanako? —cuestionó el rubio con el entrecejo fruncido —¿Yamamoto Hanako?

Jugram frunció aún más el entrecejo con una mueca que hizo sonreír a Bazz-B, curiosidad.

—Estaremos en la misma división, ¿no es así? —inquirió el pelirrojo pasando una mano sobre los hombros de su amigo y haciéndole dar un traspié —, es la carta más fuerte de la división femenil, va siendo hora de que hagamos migas.

—¿Sólo invitaste a Hanako? —insistió con un gesto de duda y reproche.

—A Hanako, a su hermana, a un par de chicos que calificaron en danza sobre hielo, a Bambietta, Askin…

—Askin ni siquiera nos cae bien —reprochó ofendido.

—No, pero él escuchó cuando le dije a Bambie, y también está en nuestra división, ni modo que no le dijera nada.

Jugram suspiró frustrado antes de negar con la cabeza, concediendo una victoria.

—En la siguiente eliminatoria lo dejaremos fuera del equipo —prometió sombrío el rubio haciendo reír a su amigo.

—¡Esa es la actitud! —celebró el pelirrojo antes de soltarle —Hanako estará entrenando con nosotros en estos meses, pensé que sería agradable cenar con toda la selección para romper el hielo porque los dos estarán bajo la tutela de Lüdaas Friegen hasta la siguiente eliminatoria, pero no todos confirmaron.

—No es el equipo oficial de Tokio todavía —contradijo Jugram fastidiado, rodando los ojos —, en ese caso debiste invitar a Cang Du, también es un candidato fuerte.

—Cang Du es muy serio, no aceptaría sin estar seguro de que está dentro del equipo. Y es que a veces tú eres tan alemán… —espetó Bazz-B soltándole un golpe en la nuca al rubio, haciéndolo parpadear por la sorpresa —Hanako tiene una cuchilla dentro.

—El resto no —se quejó el rubio rodando los ojos.

Bazz-B carraspeó antes de rascarse la nuca y mirar a su amigo con hastío.

—Mira —comenzó con aires sinceros, haciendo que su amigo suspirara también —, Hanako es mi amiga hace tiempo, me da mucha emoción estar en el mismo equipo de clasificaciones que ella y que tú, sabes que añoro patinar contigo desde hace mucho, ¿cuándo hemos competido juntos? Me aburro muchísimo en mis competencias desde que llegué a Japón, de verdad nadie hace que valga la pena esforzarse, ya casi se me olvida cómo se hace el triple Axel.

—Entendí el punto —prometió Jugram con un suspiro corto —, esto es importante para ti. Cenamos con los candidatos a representantes de Tokio y ¿qué más?

—Y, ¡por piedad!, quita tu cara larga, vas a espantar a Hanako, ponte alegre, diviértete una noche.

—No voy a ir a una cena a pretender ser alguien que no soy —sentenció divertido, regresando el golpe a su amigo y rebasando un par de pasos —, la gente que me conoce sabe que soy…

—¿Asocial —interrumpió histriónico y sarcástico —, depresivo, melancólico hasta rayar lo patético, una oda a la desgracia y al abrumo? ¿Azul y aburrido?

—¿Azul? —indagó confundido.

—Sí, y aburrido. La vas a asustar.

—¿Por qué es tan importante esta Hanako? ¿Te gusta o algo?

—¡Sí, ese es el punto! Me gusta Yamamoto Hanako, me gusta para ti.

Rompió en carcajadas.

Primero fue una risita tímida que, eventualmente, se convirtió en una carcajada sonora. Jugram tuvo que detenerse en seco a fin de seguir riendo a su gusto, sintiendo que poco a poco se le entumecían las mejillas de tanto reír.

Bazz-B rodó los ojos, ofendido ante la reacción del rubio, preguntándose qué le hacía tanta gracia.

—Ya, ya, tal vez me equivoque al presentarte a Giselle, pero —las carcajadas de Jugram sólo hicieron por aumentar ante aquello, obligando al pelirrojo a rodar los ojos, fastidiado —, pero Hanako es diferente, es una chispa danzarina, un solecito que podría tibiarte el alma.

—Para eso estas tú —murmuró Jugram todavía entre risas, palmeando suavemente el hombro de su amigo.

—No eres mi tipo —bromeó el pelirrojo con una sonrisa socarrona y galante, haciendo asentir a su amigo.

—Bazzard…

—Ay, ya te pusiste sentimental… —se quejó rodando los ojos antes de retroceder medio paso —, no me vayas a besar.

—Agradezco tu preocupación —añadió empujándole el rostro a su amigo con la palma de su mano —, pero de verdad estoy bien, que mi personalidad sea solitaria y meditabunda…

—Retraída —enumeró Bazz-B con los dedos de la mano —, depresiva, melancólica y azul…

—No quiere decir que algo vaya mal conmigo. Azul —musitó al final para sí mismo, negando con la cabeza mientras su amigo le miraba con el entrecejo fruncido.

—Jugo, estas triste todo el tiempo, claro que algo va mal. ¿Me lo contarás?

—Sí, tú consiguiendo más cosas por meter en mi agenda, ya es suficiente ansiedad para un solo Quincy.

Bazz-B asintió una vez, concediéndole la razón a ese argumento entre risas antes de seguir.

—De todos modos, Hanako es mi amiga, la quiero mucho, y será parte de la selección. No la vayas a asustar.

—Descuida mi amigo, prefiero ser honesto desde el principio que tratar de sostener una mentira, se me da fatal…

—Sí… —coincidió pensativo, sonriendo de medio lado —tal vez tienes razón y sea mejor así.

—En fin, voy a la pista, es mi turno, ¿vienes?

—Te alcanzo luego, prometí al entrenador Accutrone tomar clase de gimnasia antes de volver al hielo.

—Disfrútalo, ya me contaras.

—Y tú sonríe, haberte escuchado reír fue un hecho histórico.

—Lástima que no grabaste —coincidió el rubio alejándose y levantando una mano para despedirse, haciendo a su amigo reír.

—Estoy seguro —murmuró Bazz-B para sí mismo –, con Hana no me estoy equivocando.

.

.

.

Sushi.

Claro.

Aquel era el restaurante favorito de Bazz-B.

La chica sonrió radiante, entrando al lugar tomada de los brazos de Saya y Ōjoryū, Senbonzakura y las gemelas ya habían llegado, aquellos eran los únicos nombres que Hanako había reconocido cuando Bazz-B le pasó la lista de invitados, pero sonrió divertida y entró al lugar, percatándose de la mesa reservada al fondo y a su amigo haciéndole señas con los brazos.

Se saludaron en la mesa, abrazos, besos, las gemelas recibiendo a Saya y reteniéndola al ver que ella y Bazz-B intercambiaban una mirada de desafío, sintiendo la estática en el aire, pero el pelirrojo rápidamente cambió su atención a la mayor de las Yamamoto y sonrió socarrón, ignorando a posta a Saya.

—¡Tempranera! —exclamó el pelirrojo antes de besar ambas mejillas de Hanako y mirarla de pies a cabeza —Y guapa como siempre —añadió haciendo a Hana girar sobre sí misma, consiguiendo que el vestido vintage se esponjara levemente mientras ella reía discreta —¿Ahora eres también una influencer? —cuestionó cuando la chica sacó su teléfono para hacerse una fotografía con su amigo y postearla en sus redes.

—¿Ser Idol te parece poca carga?

—¡Jugo! —exclamó Bazz-B alzando la mirada por sobre el teléfono de Hanako y sonriendo efusivo, tal vez más entusiasta de lo debido, haciendo al rubio suspirar pesado, preparándose internamente para una velada larga.

No. No hubo ocasión para otra queja interna, o al menos no cuando Hanako levantó la mirada hacia él y sonrió pasando un mechón de cabello suelto tras su oreja, pasando saliva con un gesto discreto que Jugram imitó en la distancia.

El rubio se encogió incómodo en su sitio cuando su amigo le abrazó por los hombros, prácticamente arrastrando con él hasta su mesa, haciendo las presentaciones formales con el resto, dejando a Hanako al final.

—Ella es la patinadora de la que te he hablado, estará en nuestra división.

—Yamamoto Hanako, encantada de conocerte —dijo ella con voz firme y una sonrisa amigable que hizo a Jugram relajarse un poco, pero no bajó la guardia del todo, receloso todo el tiempo —, perdón —soltó la chica divertida antes de morderse el labio y ofrecer una mano —, pero he visto todos tus programas cortos de este año y hay un cuádruple lutz que quiero imitarte, pero no me sale.

—Oh —soltó sorprendido por aquel recibimiento, agradeciendo el apretón firme y la honestidad de aquella joven que le sonreía apenada, como si no hubiera querido decir aquello —, hago trampa —murmuró soltando los hombros y haciendo a Hanako sonreír con picardía ante la mención de un crimen cometido —, la verdad, roto la cadera en el último giro para ganar fuerza y descoloco la columna, mi entrenador odia que haga eso, pero no va contra las normas de patinaje, sólo contra las de Acuttrone. Jugram Haschwalth —añadió poniendo la otra mano sobre la de Hanako y sonriendo tan suavemente que sólo la patinadora y Bazz-B se percataron de aquello —, y por favor, no lo intentes, me desvié la columna y dejé el hielo tres meses por un mal aterrizaje. Me odiaría si un mal consejo saca de la pista a alguien tan talentosa —terminó tirando de sus manos hacia arriba y plantando un beso en la muñeca de la patinadora, haciéndola sonrojarse y sonreír.

—¡Tenemos a un príncipe aquí! —exclamó divertida Ōjoryū mientras Hanako retrocedía mordiéndose el labio y dejándose guiar por Jugram hacia la mesa.

—Me sorprende que alguien tan refinado —comenzó Saya tomando asiento entre las gemelas y provocando las risas en sus amigas —, se junte con un bruto y bárbaro como tú —remató clavando sus ojos en Bazz-B, quien regresó la mirada con un retintín de burla.

—Sí, diría lo mismo de ti y tu hermana, pero se nota quién heredó toda la gracia y lo civilizada.

—¿Qué estás insinuando?

—Lo mismo que tú.

—Entonces —exclamó Senbonzakura mirando a Hanako para interrumpir la siguiente guerra mundial —¿dónde dices que los conociste?

Jugram acercó la silla de la patinadora mientras ella se arreglaba un poco el vestido y le agradecía con una sonrisa al rubio, que ocupaba el sitio a su lado.

(Douse konna mon – Kaichou wa maid-sama!)

—Bazz-B y yo nos conocimos en las nacionales del dos mil catorce —inició diplomática, sin embargo, su mirada se tornó divertida y ella alzó la vista hacia su amigo —, ¿en el after de Hiroshima? ¿Osaka?

—Kioto —corrigió el aludido.

—¡Kioto! —repitió la chica —Usaba el cabello magenta brillante, se rapaba por completo los costados de la cabeza y estaba borracho hasta lo imposible.

—¡No estaba tan tomado!

—El niño tenía dieciséis años recién cumplidos —continuó Hanako ignorando la intervención de su amigo antes de sonreír de medio lado y enarcar una ceja —y se había tomado dos copas de champagne para celebrar con su manager.

Las risas abundaron por la mesa, al menos por parte de la mayoría, Jugram bufó divertido mirando a su amigo con curiosidad.

—Dos copas —cuestionó el rubio decepcionado, haciendo que las mejillas de Bazz-B enrojecieran ligeramente.

—Completitas —complementó Hanako orgullosa.

—¿Puso en mal a Alemania? —inquirió Kairyū divertida.

—Bueno —murmuró Jugram incómodo, percatándose de que la pregunta era para él —, si tienes en cuenta que nos caracterizan la cerveza y los embutidos, sí, muy mal.

—Ah, porque a los alemanes no nos dan leche de fórmula —soltó Bazz-B divertido, levantando la mano para llamar al mesero —, nos dan cerveza en mamila al nacer.

—Sí —cortó Hanako divertida —, ese día se notó que sabías tomar alcohol.

—¡Fue por la emoción! —refutó el patinador mirando a su amiga con reproche y azotando la mesa una vez —Era la primera competencia nacional en la que estaba en mi vida.

—El alemán que está sentado junto a mi querida cuñada parecía muy sereno en sus primeras nacionales —canturreó Senbonzakura apuntando a Hanako con una mano, mientras abrazaba a Ōjoryū por los hombros, haciéndola sonreír con ganas.

—¿Estabas ahí? —espetó sarcástico Bazz-B.

—Sí, en la premiación de danza sobre hielo —confesó Ōjoryū divertida, consiguiendo que Bazz-B pasara saliva —. También fueron nuestras primeras nacionales.

—De hecho, ahí también los conocí a ustedes —recordó Hanako mirando a su amiga mientras ella le tomaba una mano y entrelazaban sus dedos.

—Esa amistad ya duró para siempre —dijeron Kairyū y Yūryū al unísono, colgándole el peso a Saya y haciendo a la chica renegar por la presión.

—Yo tenía quince —continuó Hanako sonriendo con melancolía —, y mi entrenadora nos llevó a una fiesta que la copa organizó para los Junior. Todavía no calificaba para la siguiente división como para ir de fiesta con la princesa y su samurái —bromeó haciendo alusión al número que Senbonzakura y Ōjoryū habían presentado esa competencia —, así que no me quedó otra más que permanecer con los niños y ahí nos conocimos. Bazz-B estaba ebrio, yo estaba aburrida, y la música era malísima. Ya se imaginarán la combinación.

Ōjoryū hizo una mueca antes de ocultarse tras su vaso, como si se imaginara el peor de los escenarios ahí.

—Me adueñé de las bocinas —complementó Bazz-B divertido al ver llegar al resto de los invitados —, puse mi mejor playlist y a la hora ya nos habíamos olvidado todos del cansancio y de los premios, Hanako los puso a mover los pies, fue una buena fiesta.

—Tú eres una buena fiesta —cortó Jugram divertido, recargando el rostro en su mano y levantando su vaso hacia él a manera de brindis.

—¿Sólo buena? —exclamó el muchacho con fingida ofensa —¡Yo soy la fiesta!

—¿Y ustedes dos? —Inquirió socarrona Yūryū mirando a Saya con burla —¿Dónde se enamoraron?

—¿Qué te hace pensar que siento algo el cabeza de pollo? —reclamó a su amiga mostrando sus dientes afilados al tiempo que señalaba al aludido — ¡no seas ridícula! —exclamó al final, cruzándose de brazos y evadiendo a todos al cerrar los ojos.

—Déjanos pensar —soltaron las gemelas al unísono para que luego fuera Kairyū quien continuara —, por la forma en que te pusiste roja y comenzaste a pelear.

—Los que se pelean se quieren —canturreó Yūryū en respuesta, haciendo a todos carcajear.

—Eso es un cliché totalmente ridículo —volvió a apelar Saya sintiéndose traicionada, ¿y ese par se hacía llamar sus amigas?

—Oh, pero así comenzaron Haruki y Candice —apuntó Hanako en voz baja antes de darle un traguito a su calpico —, y mira —exclamó la chica bajando todavía más la voz, buscando los ojos de Jugram —, duraron un año. Es un primo —explicó ante la expresión serena, pero mirada inquisitorial.

Y entonces aquella frase cayó en su sitio y el pelirrojo alzó la mirada en dirección de Saya, prestándole atención por primera vez en la velada.

No era tan alta como su hermana, pero igualmente tenía un cuerpo de ensueño, ahora el uniforme de hockey se había ido dejando en su lugar una camiseta negra con el número trece estampado, pantalón de mezclilla, tenis de piso, el cabello suelto caía desorganizado alrededor de su cabeza enmarcándola como un halo, y ni siquiera necesitaba maquillar su rostro, sus pestañas oscuras eran tan abundantes y largas que hacían a sus ojos lucir como dos perlas grises, una nube de tormenta lista para azotar.

Hermosa...

—¡¿A quién demonios llamas cabeza de pollo?! —espetó Bazz-B levantándose, acto seguido, Saya también se levantó, uniendo su frente a la del muchacho, empujándose el uno al otro mientras casi derramaban las jarras de calpico puestas en la mesa, obligando a sus amigos a tomar cartas en el asunto y retirar celulares.

—A ti, cabeza de pollo —repitió la patinadora consiguiendo que los amigos de ellos rieran a carcajadas, pero Jugram y Hanako bajaran la cabeza sintiendo pena ajena.

—Vuelve a llamarme así...

—¿Y qué harás?

Hanako tomó su menú para ocultarse y acercarse a Jugram, sonriendo divertida pero avergonzada.

—No debí traerla a cenar.

—Yo tampoco debí traer al mío —añadió el rubio antes de quitar un mechón del rostro de Hanako, haciéndola bajar la mirada con una sonrisa dulce —, pero aquí estamos.

—Deberíamos sacar adelante la cena, ¿respondes por el tuyo?

—Sólo si respondes por la tuya.

Ambos patinadores sonrieron antes de que Hanako bajara su menú y se pusiera de pie, dando un tirón a la oreja de Saya mientras que Jugram le dedicaba una mirada pesada a Bazz-B, que fue tan efectiva como el castigo de Hanako.

Ambos patinadores se sentaron, cruzando los brazos y volviendo el rostro cada uno a su lado, como infantes regañados por sus padres, reacios a admitir la culpa.

Hanako suspiró aliviada antes de mirar a Ōjoryū sentada a su lado. La patinadora tenía en su rostro una expresión pícara, y enarcó una ceja cuestionando a su amiga en un gesto silente. Pero Hanako comenzó a abanicarse con su menú y miró a su hermana, ignorando a su amiga en apariencia, pero haciéndole una seña por un costado de la mesa.

—Después —murmuró Ōjoryū con una mueca de reproche mientras las gemelas volvían a codear a Saya, alegando cada una por su lado que esa no era manera de tratar a su novio nuevo y que debía disculparse.

—¡Basta ya! Ese cabeza de pollo ya quisiera ser mi novio.

—Ya quisieras tener tanta suerte.

—¡Te imaginas! —exclamó Hanako divertida, alzando la mirada hacia su amigo —Seríamos cuñados B.

—¡Hanako! —exclamó Saya pasmada ante la soltura de su hermana —¡Tranquilízate! ¡Si apenas lo conozco y definitivamente no es alguien con quien saldría!

—Jamás te concedería ese placer —remató el patinador con una sonrisa galante.

—Placer —repitió Saya sonriendo despectiva —, placer escuchar como truena mi casco contra el hielo cuando me taclean, eso sí es placer. Tú eres más como un dolor de cuello.

Y aunque hubo un contra argumento por parte del patinador, las carcajadas de las gemelas sacaron a todos de la tensión, volviendo a marcar un ambiente divertido y relajado.

Durante largo rato la cena transcurrió entre carcajadas. Abundaron las bromas entre ellos, sobre todo chistes de patinajes, terminología que tenía a las gemelas ligeramente confundidas, pero a Saya riendo a carcajadas, porque ella y Hanako eran cercanas, mucho, así que ambas estaban impregnadas de la jerga deportiva que practicaba la otra.

Al principio Saya trató de hacerlas de traductora con sus amigas, pero terminó siendo Senbonzakura quien explicara los chistes ya que Saya no paraba de reír a carcajadas.

—¡Ah —exclamó Bazz-B pasando su brazo sobre los hombros de Bambie, haciéndola darle un golpe en el pecho —, porque en el patinaje también hay razas! ¿No es así, Bambie?

—Sí, sí, muy gracioso el chiste —espetó la pelinegra con reproche mientras Askin soltaba una carcajada despectiva y Jugram suspiraba hastiado.

Incluso Saya se rio de aquel chiste. Ambos tenían que admitirlo, encontraban muy divertida la presencia del otro a pesar de sus riñas constantes hasta ese momento, porque si bien, la primera impresión había sido la peor de todas, ahora Saya y Bazz-B se habían unido un par de ocasiones para gastarle una broma a las gemelas, y la patinadora estaba sorprendida de percatarse de que aquel muchacho tenía basto conocimiento del Hockey, haciendo la convivencia más amena.

—Bambie —llamó Hanako con una sonrisa maliciosa —, tiene razón respecto a las razas, así como en los chihuahuas existe el "cabecita de manzana", hoy descubrimos que en el patinaje tenemos a los "cabecita de pollo". Y con nosotros está sentado el primero en su tipo —añadió teatral apuntando ambas manos hacia Bazz-B, haciéndole fruncir el entrecejo, molesto por su comentario y arremedándola por lo bajo.

—Ay, sí, Cabeciti di minzini...

La carcajada sonora de Saya fue la primera en retumbar en la mesa, contagiando rápidamente al resto. Incluso Jugram dejó escapar unas risitas flojas antes de negar con la cabeza y mirar a Hanako con una ceja alzada.

—La señorita disfruta el sarcasmo —canturreó el rubio de manera acusatoria.

—No —exclamó Hanako estirando aquella palabra mientras sonreía radiante, pero serena al responder —, es un idioma grosero y vulgar que ostenta burlarse de los menos inteligentes, ¿me cree capaz el caballero de cometer tal fechoría?

—Jamás a una dama tan distinguida —prometió él con una sonrisa débil pero mirada centelleante, haciendo a Hanako sonreír.

Las carcajadas se fueron apagando y las miradas se quedaron fijas en aquel par, que siguió mirándose a los ojos otro poco más, ajenos a las reacciones de sus amigos.

—¿Qué hay de ti? —murmuró Hanako recuperando su calpico y sonriendo de medio lado, haciendo una pausa para organizar sus ideas, sin imaginarse que aquello desataría una nueva ronda de carcajadas.

—Pastor alemán —comentó Jugram con tal convicción que hizo al resto reaccionar de inmediato —, definitivamente.

Si bien, mayoría soltó una carcajada por el comentario del muchacho y Hanako soltó una risa tímida, bajando el rostro, Bazz-B miró con asombro a su amigo, percatándose de que había hecho una broma...

No es que nunca bromeara, al contrario, Jugram podía llegar a mostrar un sentido del humor refinado y sarcástico, pero no solía hacer bromas en una primera cena con nadie, era reservado y tímido, entonces ¿por qué había bromeado con la patinadora?

Una sonrisa se extendió sobre su rostro y el pelirrojo asintió para sí mismo, bajando la mirada hacia su bebida y suspirando aliviado al ver a su amigo tan relajado esa noche.

—¿Podemos hacerlo? —quiso saber Yūryū divertida —Yo digo que Saya es un pitbul.

—¡Es un pug! —contradijo Kairyū haciendo a Saya darle un codazo mientras se carcajeaba.

—Perdón que las contradiga, chicas —llamó Hanako teatral —, pero ella es un Corgie.

—¡Hana, soy algo más imponente y rudo que un Corgie! —espetó Saya divertida, lanzándole una servilleta arrugada.

—¡No, claro que no! Eres simpática, pocket, enérgica, y la gente te adora solo verte —enumeró con entusiasmo —. Eso no te quita lo ruda. ¿Alguna vez te ha mordido un Corgie?

—No —espetó Saya entre risas todavía.

—Ah, ¿ves?, todavía no has conocido el dolor. Corgie —remató regresándole la servilleta y arrancándole otra carcajada a los presentes.

—Entonces —llamó Senbonzakura con una sonrisa maliciosa —, tenemos un corgie, un cabecita de pollo...

—¡Hey!

—¿Las gemelas?

—Son un Gran Danés —apuró a decir Saya antes de carcajearse de nuevo —, torpes y pazguatas hasta la médula, pero muy nobles.

Ambas hermanas rodearon el cuello de Saya con un brazo, reprochándole sus argumentos mientras el resto se carcajeaba.

—Hanako es una Cocker Spaniel —se quejó Ōjoryū divertida.

—Nah, es una Collie —exclamó Bazz-B —, ¿la has visto patinar? ¡Es una diva!

—Pues yo digo que ella sí es una Pug —soltó Saya burlesca, haciendo a Hanako reírse a carcajadas.

—El novio de Haru es un Pastor Afgano —exclamó Hanako entre carcajadas, tomando su teléfono. Saya también rompió en carcajadas ante la referencia mientras Hanako mostraba una foto de Yumichika a sus amigos, haciendo que las risas se extendieran entre ellos como una plaga —¡Perdón, no pude evitarlo, se me vino a la mente!

—¿Por qué estamos hablando de perros? —soltó Askin tratando de controlar su risa.

—Porque Bazz-B es un cabecita de pollo —exclamó Bambie antes de carcajearse otra vez mientras el aludido le golpeaba el hombro con un manotazo.

So —exclamó Hanako divertida —, un cabecita de pollo, una cocker spaniel, un pug...

—¡Corgie! —defendió Saya orgullosa, arrancando nuevas risas.

—¡Ay, perdone usted, un corgie! Un pastor alemán —comentó volviendo la vista hacia Jugram, quien miraba su teléfono con el entrecejo fruncido y la respiración ligeramente alterada —¿todo bien?

—Sí —murmuró el rubio mirando a los presentes —, espero me disculpen un momento, tengo una llamada por atender. Con permiso —añadió al final mirando a Hana con intensidad, haciéndola pasar saliva.

—Adelante —concedió ella, y entonces el joven se levantó, puesto que se había disculpado con todos, pero sólo necesitaba el permiso de aquella dama para alejarse.

El silencio se alzó sobre la mesa, sorbitos a las bebidas, cejas arqueadas, miradas incómodas hasta que Askin giró hacia Bazz-B con el entrecejo fruncido.

—¿Siempre es así de estirado?

—No es estirado —defendió el aludido dudando de sus palabras.

—Es muy tímido —murmuró Hanako para sí misma, volviendo el rostro en dirección a la terraza, percatándose de la sonrisa dulce e infantil en los labios del rubio al llevarse el teléfono al oído antes de salir.

—Es aburridísimo —se quejó Bambie rodando los ojos.

—Lo del pastor alemán estuvo bueno —contradijo Senbonzakura.

—Es muy callado —soltaron las gemelas mientras Saya asentía concediéndoles la razón.

—Y podríamos hablar de esto en su presencia —terminó de añadir Hanako con una sonrisa divertida, pero palabras afiladas que hicieron a Ōjoryū sonreír orgullosa —, ya que se pueda defender, por ejemplo.

—Ah, sí —se quejó Askin levantando su vaso para brindar con la patinadora —, Hanako la defensora de las causas perdidas.

—De las causas nobles —contradijo la chica sonriendo radiante —, si quisiera defender las causas perdidas, tú serías mi cliente.

—Pues entonces defensora de las causas sarcásticas —añadió Bazz-B sumando su vaso al brindis y desatando nuevas risas —¡Oye, espera! —rectificó el pelirrojo enarcando una ceja y mirando a Saya —, sí eres defensora de las causas perdidas.

—Y eso que no la has escuchado abogar por ti —espetó Saya mientras una venita se le saltaba en la sien, sonriendo forzado.

Oh, dear... —murmuró Hanako mirando a Ōjoryū en busca de auxilio.

—Me encanta que tu hermana se lleve bien con tus amigos —exclamó la chica echándole más leña al fuego, consiguiendo que tanto Saya como Bazz-B comenzaran un alegato para hacer a Ōjoryū retractarse de sus palabras —¿Ves? Comienzan a estar de acuerdo en cosas.

—En lo único en lo que estamos de acuerdo es en que no podríamos llevarnos bien —espetó el patinador obstinado, cruzando los brazos y volviendo el rostro.

—¡Sí! —concedió Saya imitando el gesto hacia el otro lado —, qué pereza lidiar con este idiota.

—¿A quién llamas idiota?

—A ti, cabecita de pollo —canturreó Saya con una sonrisa radiante mientras chispas saltaban entre sus miradas, casi podía verse el rayo de estática entre ellos.

—¡Es Haru! —exclamó Hanako sacando el teléfono del bolsillo, reconociendo el acorde que había asignado para su primo.

—¿Cómo sabes siempre quién te escribe? —se quejó Senbonzakura divertido.

—Tiene tonos personalizados para todos —explicó Ōjoryū mientras Hanako le sonreía a su pantalla —, lo sorprendente es que los recuerda todos.

—¿Yo cómo sueno? —quiso saber Bazz-B sacando su teléfono para enviarle un texto.

—¡Espera! —pidió la patinadora levantando una mano hacia él, como si pudiera frenarlo con ese gesto —, cambiaré tu tono, te pondré el sonido de un pollito.

—¡No seas mala! —gritó el patinador mientras el ruido de una cuchilla cortando el hielo llegaba hasta sus oídos —¡Aw, ¿así sueno?!

—¡Obvio! Por ahora... —terminó maliciosa.

—¿Qué dice Haru? —exclamó Saya mientras los dedos de Hanako se movían a toda prisa.

—Mañana se presentan en la división trece. Parece que darán un concierto por San Valentín en la cafetería en que trabajan sus amigos. ¡Ay, audio! —se quejó la chica levantándose con aires distraídos —, ya vuelvo, creo que está en crisis.

—¿Crisis? —repitió Saya con fundida.

—Conoció a una chica —murmuró Hanako escuchando atenta, estirando el cuello para alejarse del ruido sin moverse de su sitio.

—¿Y está en crisis por una chica?

—¿Es tan extraño? —inquirió Yūryū divertida.

—Es que Haru es un galán de telenovela —concedió Saya divertida —. A mis primos les dicen los novios de Atsudoragon, y no es raro que él tenga muchas pretendientes, Sato se divierte y coquetea, pero Haru sólo ha tenido una novia y ha salido con muchísimas chicas. Demasiadas para mi gusto.

—Suena como un conquistador —se quejó Ōjoryū rodando los ojos.

—No lo es —afirmó Saya con una sonrisa boba en el rostro —, él y Sato son unos fanfarrones de primera, sobre todo cuando están en el escenario, pero tienen un corazón de oro, en realidad son muy nobles. Sato es muy amigable con las chicas —se quejó la patinadora —, pero nunca ha jugado con los sentimientos de una mujer, y Haru es claro desde el principio cuando no le interesa nada.

—Haru es un caballero, te manda a cortar cilantro y te vas hasta con gusto —acotó Hanako divertida antes de dar unos pasos hacia la terraza.

—Igual que tú —espetó Ōjoryū socarrona.

—No —cortó Senbonzakura frunciendo el entrecejo —, Hanako te manda a volar sin tocarse el corazón, es una perra sádica cuando se lo propone.

—Que nos salude a los tíos —pidió Saya efusiva.

—Sí.

—¡Pero le dices! —repitió al verla alejarse —Siempre se te olvida.

—¡Sí, sí!

La patinadora deslizó la puerta y sonrió escuchando la voz soñadora de su primo, que parecía ir colgando del cielo conforme hablaba.

Aunque Hanako sonrió dulcemente escuchando las palabras del violinista, se quedó muy sorprendida al percatarse de que aquel balcón ya se encontraba ocupado.

—Hola —murmuró Hanako pasmada al ver a Jugram recargado contra el barandal, el muchacho volvió el rostro y sonrió cuando vio a Hanako con el teléfono pegado al oído.

El rubio hizo ademán de retirarse, pero Hanako despegó su teléfono y sonrió negando con la cabeza.

—Te doy tu espacio —inició el muchacho con un gesto ausente —, yo...

—No, por favor no, no era mi intensión molestar —se apresuró a decir Hanako guardando el teléfono en el bolso antes de apuntar sobre su hombro —, era un audio, volveré adentro a ver que no se maten, no quiero que pierdas tu refugio.

¿Sorprendido?

Sí, bastante. Porque no recordaba haberle dicho a Bazz-B alguna vez que subir a las terrazas y aislarse del mundo luego de una llamada con su padre se sentía como un refugio, porque lo era, porque sentía algo tibio anidar en su pecho cuando aquel hombre frío se tomaba unos minutos de su día para hacerle una llamada y sorprenderlo.

—¿Qué hay de compartirlo? —sugirió con la mirada dulcificada antes de abrir una mano, como invitando a La chica a ocupar el sitio a su lado.

(Conversations in the dark – John Legend)

Hanako sonrió pasando un mechón de cabello tras su oído antes de situarse al lado de Jugram y guardar silencio. Ambos patinadores volvieron la vista al cielo, a la luna, percatándose de que casi estaba llena, las estrellas resplandecían con gracia a pesar de las luces de la ciudad y Hanako no pudo evitar pensar en que aquella era una vista romántica. Por supuesto, Jugram le había gustado desde el principio, no desde que se habían conocido, no, desde que lo había visto patinar por primera vez en un Grand Prix.

La había conquistado con su técnica.

O tal vez era algo más.

Por otro lado, en unas pocas horas Jugram se había dado cuenta de que, a pesar de su facha desgarbada y su abundante energía, Hanako no era como otras patinadoras huecas y efusivas a las que había conocido durante su trayectoria, ocultaba mucho más debajo de aquella máscara de alegría y entusiasmo, y ciertamente había despertado interés en él.

No lo admitiría todavía, no estaba preparado para esos pensamientos, se había preparado mentalmente para una cena incómoda en medio de un montón de patinadores que aspiraban a la gloria, no para que le presentaran sólo a Hanako Yamamoto y el resto pasara a segundo plano. No lo admitiría todavía, era muy pronto para darle tanto poder a un pensamiento tan fugaz. Pero algo en Hanako, en su sonrisa, en sus ojos centelleantes, en su carisma le había hecho quedar prendado de ella.

No, y tampoco quería asustarla.

—Perdón —fue lo primero que el rubio se atrevió a decir, desviando la mirada hacia el otro lado, dejando a Hanako confundida.

—¿Por qué?

—Bazzard quería que te conociera para ver si me contagiabas un poquito de tu entusiasmo, pero parece que he sido yo el que te ha contagiado su melancolía.

—¿Por qué dices eso? —cuestionó la chica dulcemente, cerrando un poco la distancia para escucharle mejor, haciéndole mostrar una débil sonrisa en los labios.

Jugram lo pensó varios segundos, admirando la luna y ocultando una sonrisa en medio de un suspiro largo, melancolía...

Sí, eso se parecía más a lo que ella percibía de él. Melancolía...

—Bueno —comenzó inseguro, estirando su mano para despejar de nuevo el rostro de Hanako en un movimiento que parecía cercano y rebosaba confianza —, cuando hablas con el resto te ríes con fuerza, eres sarcástica y achispada, suenas confiada casi todo el tiempo, salvo cuando te defiendes de los ataques de tu hermana, entonces eres fiera. Pero cuando hablas conmigo pareces prudente, guardas la distancia, bajas la mirada. No sé, siento que pierdo algo de ti.

Hanako sonrió conmovida, percatándose del movimiento espasmódico que hizo el alemán al retirar su mano, como si estuviese invadiendo tierra santa y recién se percatara de aquel hecho.

La patinadora podía ver claramente la tormenta desatada en los ojos de su colega, no entendía del todo por qué Jugram estaba tan confundido, no era capaz de leer la mente como para adivinar que los pensamientos del patinador giraban en torno a lo cómodo que se sentía a su lado. Después de todo, él era alemán, aparentemente el contacto físico y las risas estruendosas no formaban parte del cliché, pero con ella podía ser cercano y estar cómodo con ello.

Patinar juntos sería sencillo, sí, muy sencillo.

Deslizarse juntos sobre el hielo hacia el siguiente cliché...

—Pero es que tú no pierdes nada —afirmó la chica sonriendo con ganas, mirando las estrellas mientras su expresión se llenaba de esperanza —, más bien es que yo gano mucho.

Jugram frunció el entrecejo, perdiendo la mirada en las luces de la ciudad, en los autos, en la gente charlando y riendo por las callecitas mientras el viento se volvía frío trayendo consigo alguna nube traicionera.

No, el rubio no quiso agregar nada puesto que no había entendido del todo la frase de la chica, ella agradeció la pausa para poder poner en orden todos sus pensamientos antes de mirar de nuevo a su compañero y continuar.

—Es que yo soy un lío todo el tiempo, o me lío todo el tiempo, ya no sé —confesó haciéndolo bufar divertido, más tranquilo al escucharla tan espontánea como antes —, pero tú me transmites mucha calma, y eso es lindo para variar, poder estar con la mente quieta un rato. Creo que sólo me siento así de tranquila cuando patino y ahora estoy hablando de más, pero ya empecé, ni modo que me arrepienta. Me gusta, me contagia tu calma. Y yo no creo que seas melancólico o que seas muy alemán —canturreó socarrona haciéndolo rodar los ojos con un carraspeo de fastidio —. Creo que eres tranquilo.

El patinador sonrió de medio lado, volviendo la vista hacia ella antes de asentir.

—Bazz-B dice que soy aburrido y que todo el tiempo estoy azul...

—Azul y abrumado, sí —interrumpió Hanako riendo por lo bajo antes de dedicarle una mirada de disculpa por aquello.

—No entiendo esa expresión, azul —recitó arrugando la nariz y torciendo la boca.

—Es un chiste de idioma.

—Eso dice él, pero no me explica. Asume que lo entiendo porque nunca le digo nada, y porque nuestra lengua natal se parece al inglés, pero de verdad no entiendo la expresión...

—Comparan el azul con la tristeza, como ver todo a través del filtro de un día nublado (que yo los amo), pero que ponen cabizbajas a la mayoría de las personas —explicó la patinadora volviendo la vista al cielo y sonriendo ampliamente antes de mirar a su amigo con un gesto pícaro —, pero tú no tienes nada de azul, ni los ojos. Tus ojos son verde vivo.

Jugram frunció el entrecejo.

—¿No dirás que son esmeraldas? —cuestionó con curiosidad, acercándose esta vez él para escucharla mejor ahora que habían bajado la voz —Todo el mundo dice que son esmeraldas.

—¿Esmeraldas? ¡No! —exclamó ella encarándolo y sonriendo con ganas —, las esmeraldas son piedras preciosas igual que tus ojos, sí, pero no refulgen, no vibran, no brillan, no tienen vida propia. Tus ojos rebosan de vida, hablan por sí mismos. Tienen emoción, como un campo abierto o las hojas de un girasol, no. Tus ojos son verde vivo, no verde esmeralda.

Los ojos de Jugram estaban abiertos por la sorpresa, también sus labios se habían separado ligeramente mientras él terminaba de procesar aquellas palabras, tratando de entender a qué se refería Hanako al decirlo.

Asombro...

¿Hacía cuánto tiempo Jugram no sentía verdadero asombro?

¿Hacía cuántos años había sido la última vez que sus ojos se habían llenado con aquella luz del que ve algo por primera vez?

Lentamente una sonrisa inocente se extendió por la boca del muchacho mientras él suavizaba su mirada, asintiendo una vez a manera de agradecimiento.

—La gente suele decir que soy muy serio y Bazz-B me molesta diciendo que soy melancólico.

—Melancólico puede ser, tal vez, pero es que en tus ojos se ve mucho más que sólo melancolía —murmuró ella cerrando distancias y tomando las manos del muchacho, sonriendo confiada y mirando al patinador como si buscara algo oculto en sus pupilas —, la melancolía es una emoción simple, muy simple, y tus ojos contienen emociones muchísimo más complejas, hay que estar ciego para no notarlo. Tu rostro es estoico —añadió en un puchero, negando con la cabeza, un gesto pequeño que hizo al rubio bufar divertido —, pero tus ojos transmiten tanto...

Hanako suspiró guardando silencio, sintiendo que comenzaba a sobrepasar el límite con el espacio personal de aquel muchacho, consideró seriamente soltarle y retroceder (¡Lo acababa de conocer! Iba a pensar que estaba loca o que era demasiado invasiva y no era esa la primera impresión que necesitaba con su próximo compañero de entrenamiento), pero, de último minuto, Jugram afianzó el agarre con las manos de la chica, entrelazando sus dedos con los de ella, bajó un poco el rostro buscando los ojos de la joven y pasando saliva, mostrándose como un niño pequeño y temeroso a sabiendas de que Hanako podía salir corriendo en el momento que quisiera.

¿Qué le pasaba? Toda esa confianza, toda esa cercanía, la necesidad de contacto físico, de acercarse más...

Ese no era él, pero se sentía tan natural, tan real...

—La gente no suele verlo de esa manera —afirmó el rubio con cierto grado de angustia, temiendo que Hanako fuera a retroceder de verdad como había sentido instantes atrás, pero la mirada dulce de ella le hizo pasar saliva, se sentía abrumado por la profundidad en aquellos ojos rosa claro que parecieron crecer cuando ella se acercó un poco más, tanto que podía sentir su respiración sobre los labios, casi podía alcanzarla con la punta de la nariz.

—Pues yo lo veo, y me gusta —espetó sonriendo orgullosa mientras él liberaba una mano y le despejaba el rostro por enésima vez.

—Gracias, Hanako, no sabes cómo lo valoro.

Ambos suspiraron al unísono antes de que la chica le dedicara una mueca, debían volver adentro, ambos lo sabían; y en lugar de ello, se recargaron de nuevo en el barandal, esta vez rozando sus brazos con una sonrisa cómplice de la que Hanako consideró seriamente estarse enamorando.

Muy pronto, era muy pronto para pensar aquello, aunque tampoco fuese una idea precisamente descabellada.

No, apartó el pensamiento sabiendo que aquellos sentimientos serían un problema en los entrenamientos si no llegaban a ponerse de acuerdo (¿a cuántos equipos prometedores de patinaje no habría visto disolverse por un amor no correspondido?), guardaría la conversación incómoda para otro momento, por estrategia. Quería estar segura antes de moverse en cualquier dirección, aunque tanto hablar con Haruki respecto a lo que le estaba pasando con esa chica, Nanao, le daba más o menos una idea de qué le pasaba justo ahora.

¿Se sentiría Jugram de la misma manera?

—¿Por qué dice Bazz-B que eres muy alemán? —inquirió ella en un intento desesperado de escapar de sus propios pensamientos.

Jugram soltó una risa por lo bajo, un sonido profundo y aterciopelado que hizo a Hanako sonreír con ganas, mientras su mirada se perdía en las luces de la ciudad.

—No lo sé —inició con sarcasmo mientras miraba a Hanako al costado —, tal vez por malencarado, por alcohólico no, lo aclaro desde ahora.

—¿No tomas?

—No, claro que tomo —se corrigió levantando los ojos hacia la luna —, soy alemán, bebo cerveza como agua de uso cuando hay ocasión —bromeó por lo bajo echando una breve ojeada a la patinadora a su lado y sonriendo al verla reír discretamente —, y tampoco es como que la cerveza que tienen aquí tenga mucho alcohol, por favor, ¿doce por ciento es lo más fuerte que tienen?

—¡Hey! —exclamó la chica empujándolo un poco a su amigo —Te voy a llevar a probar el mejor sake de Japón, luego hablamos de cerveza.

—No quiero que termines ebria por estar compitiendo conmigo —advirtió sereno, mirándola de reojo y ganándose que la chica le sacara la lengua, haciéndolo parpadear sorprendido —, así que me abstengo de apostar.

—Entonces sólo salgamos a tomar algo —sugirió la chica sonriendo más tranquila, ganándose una mirada serena y media sonrisa casi imperceptible.

—Suena bien —murmuró el patinador antes de retirarse del barandal y dedicarle una mirada cargada de tristeza.

—¿Nos convertimos en calabaza? —murmuró ella también sintiendo aquello que se reflejaba en los ojos del patinador.

—Entendí esa referencia —admitió divertido —, creo que es grosero abandonarlos tanto tiempo.

—Apuesto a que si nos escapamos le daría gusto a Bazz-B.

—¿Y te quieres arriesgar a que se mate con tu hermana? —cuestionó el rubio ofreciendo su brazo para la patinadora, consiguiendo que Hanako soltara una risa por lo bajo y asintiera divertida.

—Muy bien —espetó arrastrando las palabras, haciendo berrinche antes de tomar el brazo de aquel muchacho y encaminarse de regreso al interior...

¿Zona de guerra?

Por supuesto.

Kairyū y Yūryū sostenían a Saya por los brazos mientras Bazz-B forcejeaba contra Askin y Senbonzakura.

—¡Vuelve a decir eso! —espetó la patinadora mientras sus amigas tiraban hacia atrás, divertidas ante la situación.

—¡Te patearía el trasero en el hielo sin parpadear, Yamamoto!

—¿Te crees muy rudo porque no traemos patines?

—¡Quisiera verte hacer un programa corto!

—¡Y a ti meter un solo gol!

—¡Basta los dos! —grito Bambie alternando miradas.

—¡Arréglenlo en el hielo! —espetó al final Ōjoryū, consiguiendo que ambos patinadores le dedicaran una mirada penetrante, como si aquella fuera la mejor idea de todos los tiempos.

Oh dear... —murmuró Hanako mirando a Jugram con angustia mientras él respiraba profundo para serenarse, negando con la cabeza.

—Bazzard —llamó Jugram categórico, pero el pelirrojo sonrió con un brillo maquiavélico en los ojos y le dedicó una mirada a Saya.

—¿Hockey? —soltó la patinadora cruzándose de brazos, socarrona.

—¿A ti te parece que juego hockey? —espetó el pelirrojo despectivo.

—Obviamente que no —soltó la chica con descaro, barriendo al muchacho con la mirada —, no tienes la fuerza y destreza que se requiere —retó Saya.

—¿Qué te parece esto? —inquirió haciendo que todos guardaran silencio, mirándose unos a otros con cierto aire de angustia —Una y una. Yo juego un partido contra ti, tú compites contra mí con una coreografía.

Oh dear... —repitió Hanako sintiéndose mareada por estar conteniendo la respiración.

Jugram suspiró fastidiado y rodando los ojos antes de dedicarle una última mirada de advertencia a su amigo, mirada que Bazz-B ignoró alegremente en espera de la respuesta de Saya.

—Me parece buen trato —aceptó ella con confianza, después de todo, Hanako le estuvo enseñado un par de movimientos de patinaje artístico que había implementado en los partidos de Hockey.

—Estás acabada, Yamamoto —soltó Bazz-B divertido, cruzando el pulgar sobre su cuello y emanando un aura peligrosa, como de fuego, que hizo al resto retroceder, pero que contagió a la patinadora —. Mañana en la pista —añadió dando un paso y consiguiendo que Senbonzakura y Askin volvieran a sujetarlo por los brazos —, terminamos entrenamientos a las cuatro.

—Pues nos vemos a las cinco.

—Aw —exclamaron las gemelas al unísono —, ¡tienen una cita el catorce de febrero!

Jugram abrió los ojos, sorprendido por la ocurrencia, mientras Hanako a su lado se desternillaba de risa al ver la expresión de pasmo de su hermana.

—¡No es una cita! —gritaron ambos patinadores, para luego comenzar a alegar cada uno con una chica mientras las hermanas intercambiaban miradas divertidas entre ellas y el resto iniciaba las apuestas.

—Por favor, califiquen todos para Tokio —pidió Senbonzakura divertido mientras Ōjoryū negaba con la cabeza para pedirle que frenara su discurso —, ¿se imaginan? Equipo completo. Hanako y Bambie representando al equipo femenil, Jugram y Bazz-B representando al varonil, nosotros en danza, y Saya y las gemelas con los equipos de Hockey. ¡Nos divertiríamos mucho!

—Sin dejar fuera —espetó Askin tomando asiento de nuevo.

—Tienes que batir muchos récords —canturreó el samurái jugando con su coleta alta mientras su novia se reía discretamente.

—Vamos chicos —pidió Hanako alternando miradas con Senbonzakura y Askin, un gesto zalamero y dulce, estudiado, sí, pero que hizo caer a ambos patinadores a sus pies mientras Saya y Ōjoryū rodaban los ojos (¿Cómo demonios Hanako siempre se salía con la suya?) —, estamos disfrutando de la cena, ¿de verdad vamos a competir aquí? —terminó mientras Jugram le acercaba la silla de nuevo y ella esponjaba su vestido, un gesto que daba la sensación de ser una costumbre entre ellos desde mucho tiempo atrás, y que sólo hizo por crecer cuando ambos patinadores intercambiaron una sonrisa y un gesto silente a manera de agradecimiento.

—Compitamos en el hielo —sugirió Askin sonriendo socarrón antes de mirar a Bazz-B y contagiando la emoción y el desafío —, y que gane el mejor.

—Ah, ese será Jugo sin dudas —soltó el pelirrojo antes de barrer con la mirada a su amigo, fastidiado —, don perfecto —enfatizó cruzándose de brazos —. Siempre al último grito de Alemania.

—Que yo sea disciplinado y tú no, no es mi problema —remató el rubio mirando su vaso con gesto ausente, haciendo a Hanako reír por lo bajo y ganarse abucheos para su amigo.

—Yo que pensaba que era cosa de mi hermana —soltó Saya con fingido fastidio —, ¿sabes que se levanta a las cuatro de la mañana para salir a correr?

—No exageres, Saya, me levanto cinco y media sólo cuando tenemos competencias o galas.

—¡A esa hora no ha salido el sol! —exclamó Kairyū.

—¿De verdad esperan que la gente salga tan temprano? —completó su gemela, Yūryū.

—¡Sólo cuando tengo competencias!

—¿Y el resto del año? —cuestionó Jugram con curiosidad, consiguiendo que Ōjoryū mirara a Hanako con inquisitorial burla.

La patinadora miró al rubio con un gesto que nadie supo interpretar, ¿vergüenza?, reproche seguramente, diversión tal vez un poco.

—Soy muy mala para levantarme temprano —admitió arrastrando las palabras y recargando una mejilla en su puño —, si no tengo clases me pueden dar las once y puedo seguir durmiendo.

—Una vez terminó tan cansada luego de una competencia —interrumpió Saya haciendo que las mejillas de Hanako se colorearan —, que no despertó hasta las seis de la tarde del día siguiente, creyendo que era de mañana y corriendo a cambiarse porque iba tarde.

—No sabía qué día era —confesó la chica —, creí que había soñado que ganaba.

—Suena a que estabas muy cansada —concedió Jugram sin atreverse a mirarla.

—Mucho —confirmó la patinadora con una sonrisa —, pero de noche soy más productiva, la universidad me consume en las mañanas, prefiero estar descansada y alerta para mis entrenamientos; por las tardes hago mi tarea y doy asesorías a patinadores principiantes para ganar algo de dinero, en las noches salgo a correr y entreno por mi cuenta.

—La dieta de una campeona —se burló Bazz-B sonriéndole a Hanako.

—¡Ay no, no hablemos de dietas! Esas me las como glaseadas con buttercream. Como muchísimo, pero muy balanceado, verduras, proteínas, Saya dice que me equivoqué de carrera al estudiar danza. Sólo me pongo con nutriólogo cuando me percato de que no estoy comiendo como acostumbro o cuando estoy fuera de balance.

—¿Fuera de balance? —murmuró Bambie con el entrecejo fruncido.

—A veces me deshidrato porque nos cambian las rutinas, pierdo masa muscular y agua del organismo, no rindo. Y Accutrone hace que mi entrenadora me mande al nutriólogo.

—Cuando la ponen a dieta a ella —se quejó Saya rodando los ojos —mamá nos pone a dieta a todos.

—Y has rendido mejor en los partidos —defendió Hanako divertida —, además, tomar menos café te sienta bien para calmar los nervios.

—¿Hablamos de calmar los nervios? Una vez se comió un tazón de fruta ella sola —murmuró Saya divertida, sabiendo que Hanako terminaría cobrando venganza por aquello, pero disfrutando las mejillas sonrojadas de su hermana.

Sato estaría feliz de ver a Hanako amedrentada. Sus primos de Karakura nunca le ganaban una y el muchacho de en medio se había puesto el firme propósito de encontrar un punto débil en su prima, Saya solía ponerlo al día de cada vez que la dejaba en jaque, haciéndole al músico preguntarse cómo era posible que él no pudiera replicar aquello para librarse de su prima.

—¿Qué tiene eso de raro? —cuestionó Bambie con el entrecejo fruncido.

—Nada —aseguró Saya comenzando a reírse, contagiando al resto con su siguiente frase —, pero era fruta de cera.

Carcajadas por la mesa mientras Hanako asentía y saludaba cual reina de belleza, sintiendo que la vergüenza crecía en su interior.

Levantó la mirada hacia Jugram para tratar de interpretar su reacción, pero el alemán tenía la mirada fija en su vaso y fruncía el entrecejo, confundiendo a la patinadora.

—¡Mira Jugo, tienen algo en común! —exclamó Bazz-B riéndose con más fuerza todavía.

—¿A qué se refiere? —cuestionó Askin sonriendo.

—Fui a una gala en mi país —murmuró el rubio ladeando su vaso, viendo el líquido blanquecino moverse conforme él seguía inclinando el vidrio —, invitaron a mi padre a una toma de protesta y me llevó consigo cuando el comité de patinaje alemán me extendió una invitación para presentar algún número... Cuando iba a salir a la pista estaba tan nervioso que me tomé una botella de vinagre de manzana creyendo que era cerveza.

—¡¿Vinagre de manzana?! —exclamó Senbonzakura antes de carcajearse.

—¿A qué mierda sabe la cerveza alemana? —soltó Yūryū mirando a su hermana con el entrecejo fruncido.

—Pues él dice que no le sabía a nada —afirmó Bazz-B con una mueca de incredulidad, alzando una ceja para afianzar su punto.

—¡Hanako dijo lo mismo —exclamó Saya riéndose todavía —, que la fruta no le sabía a nada!

—¿Terminamos de quemar a Hanako? —cuestionó la patinadora divertida hablando en tercera persona, dando un aplauso y haciendo a Saya pasar saliva con dificultad —, porque hay más de donde vino eso.

—¡Oh, yo quiero escuchar! —espetó el pelirrojo inclinándose hacia su amiga.

—¡Aw! —soltaron las gemelas —Quiere saber más de ti.

—Quiere saber todo de ella —añadió Jugram antes de dar otro traguito a su bebida, ganándose un golpe en el brazo por parte de su amigo y manchándose un poco las comisuras por el movimiento brusco.

—¿Otra historia de tazón de frutas? —cuestionó Ōjoryū divertida.

—No, esta no te la he contado —afirmó Hanako —, es del día que hizo audiciones para el equipo de Tokio.

—No, Hana... —pidió Saya riéndose nerviosa.

—Puedo contar otra cosa —afirmó la patinadora sonriendo divertida.

—¡No, espera! —exclamó Senbonzakura abrazando a Ōjoryū de nuevo —Yo quiero saber eso, la gran y única Yamamoto Saya entrando al equipo de Tokio, ¿cómo fue su audición?

—Saya audicionó dos veces —afirmó Hanako asintiendo lentamente antes de sonreír.

—Aquí vamos —soltó Saya levantando una mano, como si le concediera permiso, pero enrojeciendo también.

—Se presentó en la pista de hielo a las cuatro en punto, las pruebas iniciaban cuatro y quince, pero Saya no quería perderse nada —contextualizó la patinadora con aires serios, consiguiendo que todos asintieran siguiendo su historia —, una entrenadora muy guapa hizo a todos formarse en fila y comenzó a darles indicaciones.

—Muy raras —interrumpió Saya para aclarar la situación —, yo no entendía los calentamientos y mucha terminología era muy rara.

—Pero Saya lo hizo todo, diligente y precisa, tan precisa como pudo.

—Hasta que empezaron con nombres más raros todavía.

Los patinadores estaban confundidos, mirando a las hermanas a la espera de la explicación lógica. Saya formaba parte de la selección de Tokio después de todo, el desenlace era positivo.

—Saya no cuestionó, siguió las instrucciones, imitó a otros patinadores en la pista, asegurándose de hacerlo todo lo mejor posible, les dijeron que los evaluarían según sus edades y les entregarían sus resultados una hora después de terminar con todos los papeles.

Pausa dramática. Hanako se llevó el vaso a la boca mientras la tensión subía entre ellos.

—La misma entrenadora —murmuró la patinadora dejando el vaso en la mesa y recargándose en los codos, sonriendo —, volvió al hielo con sus hojas de evaluación, entregó a Saya una, que en la parte más alta tenía una palabra escrita en rojo. Youth.

Todos salvo las gemelas estallaron en carcajadas, y Hanako volvió la vista hacia ellas para explicarles.

—Saya se presentó en la audición para el equipo de patinaje artístico porque se equivocó de fecha por una semana, y su puntuación fue tan buena que casi la hacen Junior ese día. Si Saya no pregunta, ahora ella estaría en mi lugar y yo jugaría para irme a Berlín con el equipo de Hockey.

Ahora sí que las gemelas soltaron una carcajada.

—¿Saya patinaje artístico? —cuestionó Yūryū antes de carcajearse con más ganas.

—¿Tú jugando Hockey?

—¡Hey —se quejó Hanako divertida —, yo también puedo ser ruda!

—Hanako da miedo cuando baja la voz, no cuando grita —admitió Saya pensando en sus primos conteniendo las risas —, si no nos creen, les paso el contacto de Haru y de Sato, no pueden con ella.

—Soy imposible —dijo Hanako ufanándose y acomodando su cabello con un gesto arrogante.

Por supuesto, todos tenían sus respectivas historias, tal vez no eran tazones de fruta o audiciones equivocadas, pero durante un buen rato las risas siguieron en la mesa mientras los patinadores disfrutaban la velada.

—En fin —murmuró Bazz-B cuando entregó su cambio a cada uno luego de pagar la cuenta —, de verdad quería que nos conociéramos antes de ir juntos al hielo, gracias a todos por venir.

—Será un buen equipo —admitió Bambie brindando con Hanako el último traguito de calpico.

—Den todo de sí —murmuró Senbonzakura poniendo su chaqueta sobre los hombros de Ōjoryū y sonriendo para sus amigos —, de verdad me gustaría ir con la mayoría de ustedes a las nacionales.

Se fueron retirando, los patinadores se fueron despidiendo unos de otros y retirándose de la mesa, al final sólo se quedaron las hermanas Yamamoto junto con Bazz-B y Jugram. Hanako envió un mensaje a su primo y puso el teléfono en la mesa antes de levantarse y encarar a su amigo.

—Bazzard —exclamó ella abriendo los brazos, consiguiendo que el pelirrojo le abrazara la cintura, levantándola al vuelo y girando sobre su sitio haciéndola gritar —, ¡basta! —reclamó mientras el muchacho la dejaba en el suelo con delicadeza antes de retroceder haciendo una reverencia histriónica —Me gustó el resultado de tu treta.

—¿Cuál treta? —espetó divertido fingiendo demencia —A mí también me gustó —admitió al final —, ¿quién diría que incluso Askin es divertido? —concluyó dedicando una mirada de reojo a Jugram, quien bufó volviendo el rostro mientras se acomodaba las solapas del abrigo blanco —. Mañana haremos las presentaciones formales en el hielo —continuó el pelirrojo con un gesto de consternación —, comenzarán las competencias entre nosotros para elegir a los representantes para las nacionales y, si todo sale bien, de ahí podríamos perfilarnos para las olimpiadas.

—Vamos una competencia a la vez, B —pidió la patinadora con una sonrisa maternal mientras le ponía una mano al hombro y Saya se acercaba un par de pasos —, no nos sirve preocuparnos por las olimpiadas si no han pasado las estatales.

—Es verdad.

—Vaya, Hana —exclamó Saya poniéndose su abrigo y sonriendo para su hermana —, es la primera vez que te escucho tan tranquila.

—Decidí seguirte el consejo en estas eliminatorias, lo único para lo que me sirve angustiarme es para deshidratarme y terminar con gastritis —admitió con media sonrisa de pena mientras Jugram se encaminaba hacia ella para despedirse.

Aunque el rubio ofreció una mano y una sonrisa suave, Hanako le dedicó una mirada pícara antes de ofrecerle una mejilla y sonreír ladina cuando los labios del alemán encontraron sitio sobre su pómulo y permanecieron ahí un par de segundos más de lo necesario.

Saya y Bazz-B intercambiaron una mirada incómoda cuando el rubio rompió el contacto y volvió a ofrecer su mano, para depositar un beso más en la muñeca de la patinadora antes de despedirse.

Hanako tomó el brazo de Saya y tiró suavemente de ella, dirigiéndose hacia la entrada antes de dedicar una mirada de reojo a sus amigos y sonreír con más ganas.

—¡No llegues tarde mañana, Yamamoto! —advirtió Bazz-B poniendo las manos a los lados de su boca, haciendo a Saya volver el rostro, molesta.

—¡No te tengo miedo, Black!

Ambas hermanas salieron del sushi riendo a carcajadas, preguntándose cómo había cambiado tanto la vida en menos de tres horas.

Y aunque caminaron en silencio en dirección a la estación del metro, al cabo de unos segundos de estárselo pensando mejor, Saya bufó ofendida dándole un caderazo a su hermana.

—¿Cómo terminaste siendo amiga de ese idiota?

—¿De Bazz-B? —cuestionó Hanako con una sonrisa radiante, haciendo reír a su hermana con la actitud desgarbada de la patinadora.

—Sí, de verdad es un idiota, un arrogante y un presumido —enumeró llevando ambas manos a la nuca y caminando con mayor soltura.

—No es tan distinto de Sato.

—¿Bromeas? Sato se luce en el escenario, pero Bazz-B es un idiota todo el tiempo.

—¿Le estás diciendo idiota a Sato? —cuestionó Hanako divertida, mirando a su hermana de reojo.

—Claro, pero sólo en el escenario.

—Juro que es buena persona —admitió Hanako pensando en la fiesta en la que se habían conocido, en el chiquillo asustado que le había llamado tonta antes de cruzarse de brazos y bajar la mirada, avergonzado de sus propias palabras, pero sin saber cómo disculparse. —Es que él... —comenzó la mayor sin saber si sería prudente revelarle a su hermana lo que sabía del muchacho, los orfanatos, las casas de acogida, los malos entrenadores, su debut en el patinaje... No, definitivamente esa era una conversación que él debería decidir si quería tener.

—Es un idiota, no entiendo cómo puede estar con alguien como Jugram, son agua y aceite. A veces parece que Bazz-B se adjudica el permiso de hablar en nombre de los dos, como si Haschwalth no pudiera abogar por sí mismo.

—Es que es Jugram es tan tímido —murmuró Hanako abrigándose mejor, ocultándose entre la bufanda y sonriendo tímidamente.

—¿Tímido? —espetó Saya mirando a su hermana como si le hubiese hablado en otro idioma —Será callado, pero también es un presumido, un prepotente, un soberbio. ¿De dónde sacas que es tímido?

Hanako no respondió, le dedicó una sonrisa radiante e infantil a su hermana, consiguiendo que la menor carraspeara.

—Te odio —musitó la jugadora de hockey mientras se cruzaba de brazos y volvía el rostro al costado —, te odio y odio tu súper poder para ver a través de las personas.

—Jugram es tímido, pero nada más —admitió Hanako con curiosidad —, de verdad ya quiero patinar con él... Y quiero verte patinando contra Bazz-B.

—A lo único a lo que le tengo miedo es al calentamiento, Hana —espetó Saya pensativa —, no te sigo el ritmo.

—Lo harás bien en la ejecución, y le ganarás en el partido, ya verás. Tú diviértete —exclamó al final abriendo su bolso y frenando en seco, percatándose de que no había escuchado el tono de Haru en largo rato, y el muchacho estaba lo suficientemente confundido y molesto por no haber invitado a Nanao a verlo al día siguiente como para estar callado.

No llevaba encima el teléfono celular.

Hanako suspiró mirando a Saya con una mueca de disculpa antes de murmurar: —Dejé mi teléfono en la mesa.

Saya soltó una risa por lo bajo.

—¿El príncipe perfecto te tenía demasiado atontada? —se burló antes de tomarle el brazo a su hermana y comenzar a caminar de regreso, arrastrando a Hanako a pasos largos consigo.

—¿Príncipe perfecto?

—Largos cabellos rubios como el sol —comenzó a decir con burla —, ojos eternamente verdes, hasta su ropa está impecable, parece un príncipe de cuento.

—¡Qué poética, sis! Si te gusta, te lo presento.

—Olvídalo —exclamó Saya empujando a su hermana y haciéndola reír a carcajadas —, ese se nota que no se divierte ni vive, qué aburrido.

—¿Entonces prefieres a Bazz-B? —canturreó Hanako regresando el caderazo y contoneándose ladina mientras Saya enrojecía ligeramente —Te juro que es buen muchacho, te va a caer bien en cuanto comiences a tratarlo.

—¡Como si quisiera tratarlo!

—Ah, seguramente a él le gustaría mucho —dijo la mayor con sarcasmo, abanicando su rostro con un gesto de diva que hizo a Saya reírse a carcajadas —, es un pan dulce.

—Ah, entonces a ti te gusta —afirmó Saya con burla, Hanako se frenó con una sonrisa tímida consiguiendo que su hermana la rebasara un par de pasos antes de darse cuenta de que había dejado atrás a la mayor —. Estoy bromeando, Hanako, no me digas que tienes tan mal gusto.

—No es el punto —confesó la patinadora señalando al frente y haciendo a Saya pasar saliva con dificultad al ver a ambos patinadores dirigirse hacia ellas.

Bazz-B frenó en seco y Jugram siguió avanzando hacia ellas, Hanako retomó la marcha dejando atrás a Saya y encarando al rubio, quien sonrió débilmente sacando el teléfono del bolsillo y ofreciéndolo a su dueña.

—Perdón —comenzó el patinador con un gesto de disculpa —, me habría encantado entregártelo antes, tienes una llamada perdida.

Hanako reconoció el contacto de su primo y sonrió negando con la cabeza.

—Haru no se va a morir si un consejo de amor demora un poco más de lo previsto —dijo ella quitándole importancia a ese hecho antes de hacer una reverencia leve —, muchas gracias por tomarse la molestia de traerlo.

—¿Molestia? —exclamó Bazz-B en la distancia, haciendo que las mejillas de su amigo se colorearan tan ligeramente que pasó desapercibido para todos —Si Jugo moría por volverte a verte antes de coincidir en la pista de hielo.

—Contrario a mí —exclamó Saya divertida, consiguiendo que Bazz-B cruzara los brazos y volviera el rostro —, que deseaba no tener que volver a ver tu cara nunca más.

—¡Mañana nos veremos las caras en el hielo! —gritó el patinador.

—¡Si te gano no quiero volver a verte la cara nunca más!

—¡Será mucho más que un premio de consolación para mí!

—¿Entonces estás admitiendo tu derrota?

Hanako suspiró agobiada, consiguiendo que la mano de Jugram le despejara el rostro de nuevo.

—¿Siempre será así? —cuestionó la patinadora sonriendo.

—Aparentemente.

—¿Puedo pedirte algo? —murmuró la chica sonriendo y bajando la mirada, desbloqueando su teléfono —Algo personal.

—Si está en mis manos concederlo.

—¿Me darías tu número? —cuestionó ofreciendo el teléfono al alemán y haciéndole dar un respingo por la sorpresa.

Asintió una vez digitando su número y marcando para grabarlo en su propio teléfono antes de regresarlo a su dueña y hacerle sonreír con ganas, la curiosidad le pudo más y echó una breve ojeada al hecho de que Hanako le había guardado por su nombre y el emoji del patín de hielo, pero ocultó la pantalla contra su pecho cuando descubrió que era espiada.

—Perdón —murmuró él retrocediendo medio paso y sonriendo apenado.

—Es usted un curioso, Haschwalth —reprendió Hanako con sorna antes de terminar de guardar el contacto sin que Jugram se percatara de que, además, había añadido un corazón. Y definitivamente sin imaginarse que él la guardaría de la misma manera, siendo ella el primer contacto (tal vez el único) al que le añadiría emojis al nombre de contacto. Así resaltaría entre sus mensajes y él sabría que se trataba de ella.

—No es una conducta que acostumbre —trató de excusarse mientras la chica se guardaba el teléfono y ofrecía la otra mejilla.

—Para emparejar —comentó ella divertida antes de que él le besara de nuevo y retrocediera hasta su amigo —, nos vemos en el hielo.

—Lo estoy esperando —confesó en voz baja cuando Hanako se volvió para caminar del brazo de su hermana, echando una breve ojeada sobre el hombro para percatarse de que Jugram seguía viéndolas alejarse.

—¿Para emparejar? —canturreó Saya en voz baja, burlándose de su hermana y haciéndola apretar el paso.

—¿Lo estoy esperando? —se burló igualmente Bazz-B tirando del brazo de su amigo antes de echarle el brazo sobre los hombros y haciéndolo agacharse un poco.

—No molestes —dirían ambos patinadores, abochornados por aquello, y negándose a admitir lo obvio.

.

.

.

Llegar a la pista a las dos, como les habían pedido, saludar a sus amigos y ponerse a los calentamientos mientras sus entrenadores llegaban hasta el borde de la pista. Accutrone saludando a Friegen, Ebren dedicando gestos arrogantes a los otros, Lupi Antenor saludando como una diva al dirigirse al hielo.

Hombres y mujeres se dividieron en los extremos de la pista poniéndose bajo las indicaciones de sus respectivos entrenadores y terminando sus calentamientos, al cabo de cuarenta minutos cada entrenador había tomado a un patinador en específico para darles indicaciones, algunos desde el borde, otros cuantos, desde la pista, los que estaban "libres" podían seguir calentando como les pareciera mejor.

Hanako estaba libre, patinando de espaldas y preparándose para picar su siguiente salto.

Logró verlo de reojo a la distancia, patinando en espejo a ella, Jugram se deslizaba por el borde exterior siguiendo sus movimientos.

La joven sonrió de medio lado llevando los brazos a posición, triple toe loop, picó el salto y sonrió al percatarse de que Jugram también había logrado clavar el propio. Ahora fue su turno de seguirle, había visto todos sus programas después de todo, los conocía a la perfección, así que no fue difícil adivinar que el alemán pretendía hacer un Axel.

Hanako siguió los cambios de dirección, realizando cada mohawk con disciplina y precisión y preparándose para dar el salto hacia el frente.

Y ambos clavaron el triple Axel cambiando directamente a un camel, girando sobre una pierna mientras ponía el cuerpo y la otra pierna en paralelo al hielo.

Hanako sonrió confiada, llevando las manos hacia los costados antes de saltar de una pierna a otra y seguir girando con el camel hacia el otro lado sin percatarse de que Jugram había hecho lo mismo al otro lado de la pista.

Otros patinadores habían frenado sus entrenamientos poco a poco, ahora incluso los entrenadores tenían la mirada fija en ambos patinadores, que giraban a toda velocidad sobre sí mismos, Hanako tenía una cuchilla detenida sobre su cabeza mientras Jugram se inclinaba ligeramente hacia el hielo con una mano apuntada hacia abajo y la otra hacia el cielo.

Se levantaron hacia la siguiente secuencia de pasos y cambios de dirección, y tras intercambiar una mirada, volvieron a la preparación para el siguiente salto.

Sus patines golpearon el hielo, las piernas se extendieron, pero a medio camino del giro, Hanako comprendió que no terminaría el cuarto giro, no tenía suficiente rotación, velocidad o técnica para lograr un cuádruple salchow, así que forzó el aterrizaje luego de la tercera rotación mientras Jugram clavaba su cuarto giro y la encaraba en la distancia, ambos con la respiración agitada, el pecho subiendo y bajando con ritmo mientras sentían que se ahogaban y Accutrone caminaba por el borde de la pista hacia donde se encontraba Lupi.

—Quería hacer esto al final del entrenamiento —admitió el entrenador de la selección varonil mientras su colega se deslizaba sobre el hielo hasta él y sonreía de medio lado, arremangándose la sudadera que le quedaba bastante larga en las mangas —, pero nuestros patinadores parecen ansiosos de conocerse.

—Eso parece. ¡Yamamoto! —gritó Lupi consiguiendo que Hanako se deslizara hacia ellos.

Accutrone por su parte sólo precisó levantar la mano para que Jugram se encaminara, llegando ambos patinadores con unos segundos de diferencia.

Hanako tenía los ojos abiertos de par en par, un gesto dulce e inocente de sorpresa que Lupi no terminó de tragarse, Jugram llevaba consigo aquel estoicismo consagrado, el cliché alemán típico por el que Bazz-B le daba tanta lata, y que hizo a la entrenadora de la selección femenil encogerse en su sitio.

—Supongo que no tenemos que explicarles por qué los pondremos a entrenar lado a lado —inició Accutrone mirando a ambos patinadores.

—No señor, lo entiendo perfectamente —respondió Jugram con voz ausente mientras miraba a Hanako.

—Será divertido —respondió ella haciendo una reverencia ligera a manera de saludo.

—Entonces podemos poner un primer desafío —sugirió Lupi comenzando a patinar de espaldas, seguida de cerca por Hanako.

—Soy toda oídos.

—Observa con detenimiento —ordenó Accutrone con un gesto seco —, no habrá dictado ´para ti.

Ambos varones vieron a las chicas en la distancia, moviéndose por la pista de hielo mientras Lupi le daba indicaciones a su patinadora estrella.

Hanako asentía o negaba conforme comprendía las indicaciones de su entrenadora, la pelinegra movía las manos para acentuar sus instrucciones, haciendo que su patinadora frunciera el entrecejo haciendo algunas preguntas. Bastaron un par de minutos para que Hanako tuviera la secuencia y comenzara a patinar para alejarse de su entrenadora.

Los cambios de dirección eran sencillos, un mohawk para iniciar, otro para recuperar, dos pasos cortos, bunny hup (un salto sencillo sobre una pierna), la mayoría podían llegar a ser muy básicos, y entonces Hanako se preparó para el primer salto combinado.

Triple Axel pegando los brazos al cuerpo, para salir disparada inmediatamente al triple toe, pero el segundo salto lo realizó levantando los brazos sobre su cabeza, con las muñecas unidas para hacer un último salto corto, un salchow antes de continuar con su siguiente secuencia de cambios de dirección y plantar los patines abiertos, deslizándose de lado en la pista realizando un eagle perfecto que la ayudó a prepararse para saltar de nuevo al camel.

Terminó su giro y se plantó, enmarcando su rostro con ambas manos en un gesto artístico que casi pareció una variación de ballet.

No, la chica no continuó, patinó en dirección a Jugram y Robert mientras Lupi les daba alcance en el borde, con una sonrisa radiante en el rostro.

—¿Eres capaz de replicarlo? —cuestionó la entrenadora.

—Mohawk, mohawk, dos pasos, bunny hup, mohawk, triple axel, triple toe, salchow, cambio, camel y giro —recitó Jugram con diligencia, haciendo que Hanako enarcara una ceja por la sorpresa —. Creo que lo tengo.

—¿Pueden hacerlo lado a lado? —cuestionó Accutrone mirando a Hanako.

—Sólo necesito una vuelta de reconocimiento —murmuró ella mirando a Jugram con una interrogante en la mirada, interrogante que él respondió ofreciendo su mano y suspirando corto.

La chica sonrió divertida aceptando el apretón y comenzaron a patinar por la pista.

Hanako nunca había sido una patinadora de equipo, patinaba desde los seis como solista, y se había formado como una campeona individual, pero había aprendido un par de trucos de Ōjoryū, y uno de ellos implicaba encontrar sincronía con su compañero de baile.

Patinar juntos, lado a lado, tomados de la mano, les ayudaba a darse una noción de la velocidad a la que patinaba el otro, la cadencia con la que se movía, sus manías. Pero para Hanako y Jugram fue más bien una excusa para saludarse y dedicarse una mirada corta pero significativa antes de cambiar de dirección y comenzar a patinar de espaldas.

—Hoy nos presentarán a Friegen —anunció Jugram ganando velocidad y recordándose a sí mismo que debía patinar a la par de Hanako, pero agradeciendo que ella también aumentara la velocidad en sus movimientos.

—Lupi dijo que esta semana nos asignarán programas cortos y el viernes harán evaluaciones para elegir el equipo que se va a competir por Tokio a las nacionales.

—Mañana estará cerrada la pista —se quejó Jugram frunciendo el entrecejo, cambiando de lado con Hanako para volver a cambiar de frente y comenzar su segunda vuelta —, o sea que sólo tendremos cuatro días para practicar los programas.

—¿A ti te preocupa eso? —bromeó ella con sarcasmo mientras sus dedos se soltaban y comenzaban la secuencia.

Tal vez no la hicieron con la precisión de un espejo, después de todo, no patinaban juntos, sin embargo, se notó cierta sincronía entre ellos, no sólo en sus movimientos, sino en sus estilos de patinaje, puesto que ambos lograron la secuencia con la misma gracia.

Hubo una cosa que llamó la atención de la gente.

El hielo solía desprender vaho a esas horas de la tarde, una bruma poco densa que se levantaba treinta centímetros sobre los patines de los presentes y que daba la sensación de que el lugar estaba más frío de lo que estaba en realidad, Jugram y Hanako tomaron un poco más de distancia, más de la requerida para hacer los saltos, llegaron al Axel con fiereza y violencia mientras Saya y las gemelas entraban a la pista de hielo, pasmadas ante la actuación feroz de ambos patinadores.

Las cuchillas de ambos lanzaron hielo cuando picaron el salto antes de salir disparados hacia el aire y lanzaron más esquirlas de hielo al aterrizaje. En ambos saltos.

La bruma se arremolinó en torno a ellos subiendo conforme ellos ascendían hacia el último salchow y se preparaban para el camel.

Y claro, cuando ambos patinadores levantaron una pierna y pusieron el cuerpo en paralelo al hielo para girar cual hélices, el vaho también se levantó siguiendo la trayectoria de sus navajas, creando pequeños torbellinos de bruma blanquecina en torno a sus cuerpos cuando subieron.

Ōjoryū no pudo evitarlo, sonrió mirando a aquel par y murmuró: —Es como si evocaran la tempestad.

Senbonzakura, Askin, incluso Bazz-B escuchó el comentario de la patinadora, y fue este último el que sonrió de medio lado añadiendo: —Sí, reyes de la tormenta.

—No, reyes no —cortó Askin recargando el codo sobre el hombro de Bazz-B y mirando la actuación de los patinadores —, no hasta que ganen el oro.

Subir el cuerpo, seguir girando un poco más, cada uno en su posición para luego salir disparados hacia el frente. Jugram alcanzó a Hanako, tomándole una mano y la cintura mientras le hacía una pregunta que nadie escuchó. Si supieron que la respuesta de la patinadora fue afirmativa se debió a que ella asintió un par de veces permitiendo que Jugram le tomara de la mano con fuerza antes de alejarse el uno del otro.

Lupi ahogó un grito, un reclamo, Accutrone se aferró a la barda, y el resto de los entrenadores fijaron sus miradas en aquellos patinadores que ahora hacían una espiral de la muerte. Hanako inclinada de manera en que su cuerpo casi tocaba el hielo, la cabeza demasiado cerca de las cuchillas de su compañero, Jugram agachado con el cuerpo echado hacia atrás, con las rodillas abiertas y alzando la mano disponible hacia atrás para hacer contrapeso mientras ofrecía un punto de rotación para Hanako clavando una cuchilla en el hielo y deslizándose sobre la otra.

Se levantaron con cierta dificultad antes de hacer otra evolución para dirigirse tomados de la mano hacia sus entrenadores, todavía avanzando en sincronía sin dedicarse una mirada más.

—¿Qué demonios te pasa, Hanako? —espetó Lupi cuando la patinadora por fin soltó a Jugram para encararla —¿Una death spiral? ¿Really?

—Salió bien, ¿no? —soltó ella con ese entusiasmo infantil que la caracterizaba, haciendo a su compañero bufar divertido antes de mirar a Accutrone en espera de su regaño... que nunca llegó en palabras, sólo como una mirada dura que hizo al rubio suspirar y asentir.

—¿Quieren hacer estupideces? Muy bien, tres vueltas al hielo, Hanako, y te espero aquí para una secuencia de saltos.

—No será necesario, Antenor.

Un hombre alto, pálido, patinaba hacia ellos, llevaba la mitad del cabello blanco y trenzado, y la otra mitad negro y suelto, sonreía con arrogancia mientras los otros dos entrenadores le miraban con cierto aire de recelo.

—Friegen —saludó Accutrone con un gesto frío antes de alejarse de la barda en dirección a la entrada, retirándose por ese día.

—¿Qué quieres? —espetó Lupi cruzando los brazos y dejando que las mangas colgaran sobre sus manos.

—Que me entreguen a sus patinadores, es momento de que los conozca.

Todos formaron una fila en el hielo, mientras aquel hombre patinaba frente a ellos, observándoles con curiosidad y con gesto arrogante.

Hajimemashite —dijo ensanchando su sonrisa mientras se detenía al final de la fila y analizaba las miradas curiosas de los patinadores —, ¿comenzamos la masacre?

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Si bien, el entrenamiento había terminado poco antes de las cuatro y les habían explicado la nueva modalidad de entrenamiento, Hanako permaneció en la pista de hielo junto con su hermana para preparar algo con lo que defenderse de Bazz-B. La patinadora se había deslizado hasta Jugram para pedirle de favor que se llevara a su amigo una hora, aprovecharan para descansar y le dieran espacio de poner a su hermana en cintura, y aunque el pelirrojo había alegado que quería estar presente, fue su amigo quien se lo llevó a rastras de la pista, cargando con él al hombro mientras Bazz-B manoteaba con fuerza y pataleaba alegando que aquello no era justo.

—Hana, me has enseñado mucho, puedo defenderme —había dicho Saya cuando su hermana la hizo entrar a la pista a pesar de estar agotada.

—No, te he enseñado trucos sueltos a lo largo de la vida, pero ahora necesitas un programa corto para poder defenderte de Bazz y sólo tenemos una hora para ello, así que presta atención.

Si bien, los patinadores volvieron unos minutos antes de las cinco, encontraron a las chicas recargadas contra la barra, agitadas, sudadas, pero sonrientes. Preparadas para lo que fuera a venir.

Habían pedido a Bambie, Cang Du, Ōjoryū y Senbonzakura que fungieran como jueces en aquella competencia mientras que las gemelas y otros dos jugadores del equipo varonil harían de réferis.

Ante la ausencia de los jugadores de Hockey habían decidido iniciar con la competencia de patinaje, siendo Saya quien fuera primero.

Jugram había entrado a la pista con los patines puestos, preparado para cualquier cosa que pudiera salirse de lo planeado, había arrastrado un par de sillas consigo para ofrecerle un espacio a Hanako para sentarse, la patinadora estaba tan cansada que ni siquiera había hecho por abandonar el hielo, así que agradeció muchísimo cuando el rubio le entregó calentones y sudadera para abrigarse.

Senbonzakura lanzó una moneda al aire y sonrió para Saya, guiñándole un ojo para indicarle que iría ella primero.

(AC/DC tomó la pista de Patinaje Artístico en PyeongChang 2018)

Saya sonrió socarrona mientras la música se apoderaba de las bocinas, retumbando contra el lugar. La selección de música había sido sencilla, incluso llevaba en su reproductor lo que quería bailar aquel día, Hanako sonrió aliviada al ver a su hermana dueña del hielo en la primera secuencia antes de mirar sobre su hombro a sus amigos y enfatizar.

—La estamos juzgando como Youth, no como Senior.

—Sí, mamá gallina —se burló Bambie divertida, acariciando el cabello de Hanako para darle algo de calma mientras la patinadora asentía más tranquila.

Saya no era una patinadora profesional, al menos no en el ámbito artístico, pero tenía la suficiente pasión como para dejarse el alma en cada evolución, y más cuando patinaba al ritmo de la música que le gustaba.

Hanako le había puesto un par de saltos dobles, algunas combinaciones, rotaciones sencillas que, estaba segura, su hermana podría hacer sin ningún problema. Sintió que se atragantaba con su propia saliva a punto de caerse de la silla al ver a Saya hacer el primer salto y convertirlo en un giro triple seguido de otro.

Y aunque a la mayor de las hermanas le habría encantado gritar un reclamo para su hermana pequeña, sonrió negando con la cabeza, recordándose a sí misma que habían llegado hasta donde estaban por su arriesgue, no por jugar seguro.

Hanako alzó la mirada sobre su hombro y sonrió al ver a sus amigos hacer alguna que otra anotación mientras la coreografía continuaba aumentando su poder.

Saya no se contuvo ni un segundo al momento de hacer sus evoluciones, plantándose con una sonrisa radiante y socarrona cada vez que una de sus evoluciones o cambios de dirección le permitían mirar a Bazz-B, como si estuviese desafiándolo con la mirada para tratar de hacerlo mejor.

Ella sabía perfectamente que Bazz-B se la llevaría entre los pies con su coreografía, no había manera de ganarle, pero disfrutó muchísimo la expresión de pasmo y sorpresa que tenía aquel patinador al verla realizar evoluciones tan complejas, pasando por los eagle obligatorios, haciendo cada salto y cada cambio de dirección con la pasión del que compite para las olimpiadas.

Saya clavó su camel antes de comenzar con un giro cercano al hielo, controlando sus movimientos y haciendo a Hanako encogerse en la silla.

¿Cuántas veces más la vería caerse haciendo aquel spin?

Pero no, Saya salió airosa de aquel giro mortal y se preparó para clavar su siguiente salto doble, convertido en uno triple, haciendo aplaudir a los patinadores que fungían como público desde la pista.

—Oye, Bazzard —llamó Jugram divertido recargando el codo en el respaldo de su silla y haciendo a su amigo acercarse con curiosidad —, te la voy a presentar.

—¡Yo no necesito que precisamente me presentes a nadie! —alegó el pelirrojo mientras la chica terminaba su rutina y se plantaba, sonriendo descaradamente para todos sus amigos.

Los presentes aplaudieron con ganas, celebrando el triunfo de aquella chica mientras Bazz-B entraba al hielo, pasando de largo a Saya con las mejillas enrojecidas, sabiendo perfectamente que, si la miraba, caería rendido ante sus pies.

Claro que la consideraba hermosa, la chica le gustaba, pero su orgullo estaba en juego en ese momento, tenía que batir su propia marca, así que respiró profundo, relajó los hombros y llevó las piernas a posición, asintiendo para los jueces.

(Parisienne walkway – Yuzuru Hanyu)

La música comenzó con acordes cadenciosos que sólo se compararon con los movimientos desenfadados de Bazz-B, cuyo gesto se convirtió en una mueca seductora y galante que hizo a Saya pasar saliva.

Tenía toda la intensión de arrasar.

—¿A este también lo juzgamos como Youth? —canturreó Bambie divertida, ganándose una mirada pesada por parte de Jugram y una sonrisa divertida de Hanako.

—No, a ese júzgalo como Senior de la división de pareja.

—¿Y la pareja?

—Se está resignando a perder —bromeó Jugram echándole un vistazo a Saya.

Sus movimientos eran desenfadados, más parecía que estaba marcando los pasos de aquella coreografía, y, aun así, se notaba la técnica impuesta en cada paso.

Bazz-B patinaba esa tarde diciendo "Ni siquiera tengo que esforzarme para ganarte en esto" mientras le sonreía a Saya con soberbia.

Sus saltos eran controlados, por supuesto, aunque a Saya le habría encantado verlo caerse, comenzó a costarle trabajo concentrarse con las evoluciones de la coreografía al percatarse de la interpretación impecable que le ponía al gesto que acompañaba sus movimientos.

Lo que comenzó con un giro camel terminó en una contorsión que dejó a Saya con los ojos y la boca abierta, el muchacho se había doblado hacia atrás y sujetado su cuchilla mientras giraba en el hielo.

Había visto a su hermana haciendo esas cosas antes, sí, y era buena, no por nada era la campeona estatal, pero ver a aquel pelmazo dejándose el alma en el hielo en aquella coreografía... No, aquello era demasiado.

Ōjoryū soltó una risa discreta al ver a Saya así antes de estirarse a tocar el hombro de Hanako y sonreírle maliciosa.

—¿Cómo fue eso que dijiste la primera vez que viste al Haschwalth patinar?

El rubio miró de reojo a la patinadora, con el entrecejo fruncido, sabiendo que la chica quería molestar a su amiga con ello. Jamás se esperó la honestidad de Hanako al responder, arrastrando las palabras con una sonrisa pícara y desgarbada.

—¡Dios bendiga al que inventó las camisetas de licra y neopreno, y le tenga guardado un lugarcito en su Santa Gloria!

Jugram casi se cae de la silla al ver la sonrisa coqueta que Hanako le dedicó luego de decir aquello, pasó saliva con dificultad acomodándose en su sitio y luego ambos volvieron la vista hacia el frente, el rubio con las mejillas sonrojadas y el entrecejo fruncido.

—¿De verdad? —murmuró el patinador sin atreverse a mirar a Hanako de reojo, la chica guardó silencio unos segundos, tratando de organizar sus pensamientos antes de sonreírle.

—Como si tú no lo hubieses pensando alguna vez.

Una risa aterciopelada por lo bajo mientras él negaba con la cabeza y ambos volvían la atención al patinador en la pista.

Saya pasó saliva con dificultad mientras veía a Bazz-B prepararse para picar un salto, un triple salchow que clavó con maestría y una sonrisa galante, cuando aterrizó sonrió para su audiencia tirando una patada alta, y por primera vez Saya le prestó atención. Toda su musculatura estaba trabajada, definitivamente no se parecía a la de sus compañeros de Hockey, que se veían enjutos con los músculos saltados no sólo por la fuerza, sino para proteger sus cuerpos de los golpes. No. Bazzard Black tenía los músculos en su lugar, el abdomen definido, el pecho firme y los brazos marcados, cada línea de sus piernas, curva o recta, parecía un trazo estilizado, diseñada para el aerodinamismo y la seducción...

La secuencia de pasos que seguía en la coreografía pretendía ser un coqueteo sutil, sus movimientos eran circulares, los brazos se movían en cadena siguiendo los giros de sus caderas y el cambio de direcciones de sus pies, de verdad parecía estar seduciendo a la audiencia.

Otro salto combinado, triple toe, triple toe loop que hizo aplaudir a las gemelas, y a ella misma, reconociendo la fiereza de aquel atleta que estaba demostrando ser el mejor de los dos en el patinaje.

Saya no esperaba que el resultado de aquella contienda fuera distinto, al contrario, sabía perfectamente que perdería desde el principio, pero no tenía idea de cuánta diferencia habría entre ellos hasta ese momento en el que le veía patinar en serio.

Los muchachos dieron sus puntuaciones cuando Bazz-B terminó, y aunque podrían haberlo dejado por la paz, el pelirrojo hizo un comentario a la patinadora, despectivo y sarcástico alegando que ya conocía el resultado desde antes de la contienda, aquello sólo desató otra ronda de discusiones.

Hanako y Jugram estaban pasmados, no pudieron evitar dedicar una mirada sarcástica a los muchachos que se gritaban entre ellos alegando que los años de práctica, que la técnica, que los puntos por entusiasmo, que debía reconocerle que nunca antes había patinado, ¡Dios! ¿De verdad sería así siempre?

Hanako le dedicó una mirada incrédula a Jugram antes de cruzarse ambos de brazos y extender las piernas, cruzando los talones a la espera de que aquella nueva riña terminara, primero mirándolos con sarcasmo, luego mirándolos con reproche, para terminar en la resignación mientras el resto reía a carcajadas ante aquello.

—¡Y además todavía te falta vencerme en el hockey! —gritó Saya haciendo a Bazz-B retroceder y pasar saliva con dificultad.

.

(Boom – X Ambassadors)

Lanzaron el disco al aire mientras la tensión aumentaba en el ambiente, llenándolo de tensión mientras los patinadores observaban a sus amigos.

Kairyū retrocedió a toda velocidad al ver que el disco comenzaba a dirigirse hacia el hielo y les daría entrada a los muchachos para comenzar con la masacre.

Cascos, hombreras, guanteletes, espinilleras, pero el equipo todavía dejaba ver el cuerpo de ambos jugadores, Saya llevaba leggins negros, camiseta de manga larga por debajo del jersey y los shorts. Bazz-B todavía tenía la ropa deportiva con la que entrenaba.

—¡Qué bonito trasero! —gritó Askin entrando a la pista cargando con su mochila y los patines.

Aquel grito fue suficiente para distraer a Bazz-B, ya que era él quien le daba la espalda a la entrada, y Saya arremetió sin piedad, adueñándose del disco con su stick y corriendo hacia Yūryū para tratar de meter el primer gol.

Los pies de Saya se movían a toda velocidad sobre el hielo, la portera tenía todas las protecciones puestas y miraba pasmada la destreza con la que se movía la mejor patinadora del equipo, sabía que tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano si quería pararle un gol a esa mujer, pero no sabía qué esperarse de patinador que había dado alcance a su amiga.

Saya sonrió socarrona girando sobre sí misma, mirando a Bazz-B de frente mientras tiraba del disco hacia sí misma, como si lo desafiara a darle alcance.

Y el patinador respondió al desafío, avanzó ganando velocidad y trató de meter el stick entre los patines de la chica, pero ella saltó cambiando de dirección y lanzando el disco antes de prepararse para anotar el primer gol.

—¿Eso qué? —espetó el pelirrojo quitándose el casco en un movimiento brusco, dedicándole un puchero a Saya.

—¿No te gustó mi salchow? —remató Saya mientras Kairyū se acercaba de nuevo, lista para lanzar el disco.

Dos, tres, cuatro, Saya agradeció que sus amigos llevaran el conteo de goles por cada uno de ellos, así pudo perderse en el deporte y seguir haciendo alarde de sus habilidades.

Bazz-B jamás se esperó que Saya fuera a implementar en aquel partido los trucos que le había visto hacer durante su presentación anterior, no tenía idea de que la chica solía usar los trucos que su hermana le había enseñado para ganar puntos extra, no conocía el alcance de la fuerza física de aquella patinadora desgarbada que dejaba el alma en la pista, porque ahí había otra ventaja que aquel pelirrojo tenía que reconocerle a su adversaria. A pesar de llevar ambos las protecciones, Saya todavía se veía agraciada cuando clavó el siguiente toe-loop, dejándolo en ridículo con su intento de imitarla y haciéndole caer al suelo.

En un par de ocasiones logró hacer que el patinador se tropezara con sus propias cuchillas, burlándose en el camino mientras le metía otro gol a Yūryū y lanzaba una celebración personal, algún alardeo o un gesto de burla.

Lo estaba masacrando.

Sí, Bazz-B podía ser todo lo bueno que quisiera en el patinaje artístico, pero a ella en el hockey no le iba a ganar un pedante y prepotente llorón.

Así que, a punto de anotarse el siguiente gol, frenó de último minuto arrastrando el disco y girando con él atascado en el freno de su patín, obligando a Bazz-B a perseguirla en espiral para tratar de adjudicarse él un gol.

Error.

El stick se atoró, los patines se engancharon, la cuchilla se clavó en el hielo y ambos salieron disparados. Y en el último minuto, justo cuando se enredaban para irse hasta el hielo, Saya sintió los brazos de Bazz-B cerrándose en torno a su cuerpo y obligándola a girar de última instancia, cayendo ella sobre su pecho, con las manos cruzadas entre ellos relativamente a salvo.

El casco del muchacho reboto contra el hielo y Hanako y Jugram se levantaron a toda velocidad, a la par que las gemelas se quitaban los cascos y se deslizaban hacia ellos.

—¿Quién con vida? —inquirió Jugram preocupado por su amigo mientras se arrodillaba y deslizaba los últimos metros restantes.

—Todos vivos —respondió divertido el pelirrojo, mientras se sacaba el casco y recargaba la cabeza contra el hielo —, al menos eso creo —murmuró mirando a Saya de reojo, percatándose de que no se movía.

—Baka —murmuró con voz trémula la joven mientras se enderezaba lentamente, procurando no recargarse en el cuerpo del muchacho.

—¿Eh? —exclamó el muchacho confundido, alzando la mirada hacia la chica y sintiendo que el frío comenzaba a incomodarle.

—Baka —repitió la chica mirándole con las mejillas sonrojadas y los ojos brillosos, sorprendiendo a Hanako con aquello.

Jamás la había visto así de... vulnerable.

—¡Oye, lo siento! —espetó el pelirrojo sentándose y mirando a Saya con reproche —No era mi intensión tratar de salvar la caída.

—Pudiste haberte lastimado en serio —reprochó la chica haciendo un puchero —, yo estoy acostumbrada a caerme, se puede decir que incluso sé cómo hacerlo para no lastimarme, pero no es lo mismo patinar en hockey que hacer lo que tú haces. ¿En qué estabas pensando?

¿En qué?

Sencillo.

—Hanako me dijo que das clases de guitarra —murmuró poniendo los codos en las rodillas y desviando el rostro —, así que pensé en que sería un problema si te lastimaras en serio.

Saya abrió los ojos pasmada ante aquella declaración, ambos se levantaron con movimientos torpes y luego ella le dio la espalda, cruzándose de brazos y haciendo una mueca.

—Gracias... —murmuró ella insegura, perdiéndose la sonrisa de Bazz-B.

—Felicidades —respondió él con voz trémula —, realmente me pateaste el trasero en el hielo.

—Considéralo un empate —espetó ella antes de patinar hacia la salida y abandonar la pista, siendo perseguida por sus compañeros y amigos, dejando a Bazz-B con una sonrisa.

—Eres un conquistador —se burló Hanako divertida, dejándose caer de nuevo en su silla.

—¡Cállate, no tiene tanta suerte!

—Ah, ¿entonces no serás mi cuñado?

—No lo creo, señorita, primero convence a tu tozuda hermana de eso.

Y sin añadir más, también el pelirrojo abandonó el hielo, dejando solos a Hanako y Jugram.

—¿Dejas el hielo? —inquirió el rubio con un gesto de curiosidad mientras Hanako le dedicaba una sonrisa radiante.

.

.

.

Hanako se lo pensó mucho antes de enviar el mensaje, estaba en su habitación con los audífonos puestos, repitiendo los pasos de su programa, haciendo algunos cambios de dirección, moviéndose en las puntas de los pies mientras omitía los saltos y las evoluciones complicadas. ¿Cómo podía hacer una coreografía completa disponiendo de un par de metros cuadrados para repetirla?

Pero ahí estaba, girando sobre sí misma y recordando el calor de las manos de Jugram sostenerla para que no fuera a caer al hielo.

Abrió los ojos, abrumada ante la intensidad de sus propias emociones, sintiendo que el corazón le latía con tanta fuerza que dolía. No, era muy pronto para pensar así, pero estaba perdida, y lo sabía...

Sacó el celular del bolsillo y suspiró abriendo la conversación de Haru.

—Conocí a alguien —texteó rápidamente, arrepintiéndose al instante al ver la hora, pero sonriendo al ver a su primo en línea.

¿Y? ¿Todo bien?

—Ay Haru —había dicho para sí misma con una sonrisa —, siempre tan diplomático.

No, no estaba bien, nada estaba bien en ese momento en el que su mente daba más vueltas de las que ella podría soportar para una sola coreografía.

—No lo sé —comenzó el texto frunciendo el entrecejo, sabiendo que la respuesta era un no rotundo, pero considerando comprender mejor lo que le ocurría si acaso se daba el permiso de debrayar —. Quiero decir, no es la clase de alguien a quien conoces con la intensión de "conocer a alguien", pero definitivamente es alguien que se convierte en alguien a quien quieres conocer.

Suspiró sonriendo ante lo rebuscado de sus palabras, seguramente Haruki terminaría con dolor de cabeza, pero ¿cómo expresar mejor lo que le estaba ocurriendo en esos momentos cuando ella misma no tenía idea de cómo interpretarlo?

Haberse quedado en la pista de hielo luego de ver a Saya patearle el trasero en Hockey a uno de sus mejores amigos fue una decisión maravillosa, sobre todo cuando Jugram volvió sobre sus pasos para buscar las gomas de sus patines antes de decidir volver a la pista con ella.

Y la música, Nothing else matters todavía resonaba en su cabeza mientras ella repetía en la memoria la secuencia de pasos antes de dejarse ir en los brazos de aquel patinador hacia la siguiente espiral de la muerte sabiendo que estaba a salvo con él.

Respingó cuando escuchó el tono para Haru, que la regresó de golpe a la realidad.

¿Entonces? Si no es en esa circunstancia, ¿cómo conociste a ese alguien?

Cierto, faltaba tanto contexto...

—Patinaremos juntos esta temporada, es... —inició el mensaje, sintiéndose torpe al escribir y sintiendo que la ansiedad crecía cada vez que tenía que borrar un par de letras al equivocarse por lo acelerada que estaba —¿Puedes audios?

No, no esperó respuesta, si Haru no podía audios, ya la escucharía cuando tuviera tiempo, pero ella necesitaba expresar en voz alta lo que le estaba ocurriendo o terminaría por enloquecer, así que se acercó el teléfono a la boca y comenzó a caminar de espaldas por el espacio disponible en su habitación.

—¿Sabes? Leí su biografía y pensé que sería un muchacho aburrido, pero cuando lo conocí me di cuenta de que oculta muchísimo en su mirada —admitió parándose en la punta de un pie para cambiar de dirección, como si hiciera un mohawk sin los patines, levantando la otra pierna para darse estabilidad, seguiría bailando mientras hablaba con su primo a ver si así conciliaba el sueño —. Es atento, dulce, amable, divertido, sarcástico y su técnica es impecable. Es muy melancólico, eso sí, pero creo que forma parte de su personalidad, no es que esté triste. Y... Bueno... Yo... —Hanako suspiró profundo, frenando sus pasos, comprendiendo poco a poco la verdadera razón de su malestar y sonriendo para sí misma con cierto aire de resignación, considerando que tal vez (sólo tal vez), no era demasiado pronto para considerar lo del enamoramiento —Haru, hoy patinamos juntos por primera vez, ya sabes que soy una jugadora solitaria, pero jamás en la vida había sentido con tanta fuerza la necesidad de moverme en sincronía con alguien. Se sintió tan natural...

Te entiendo, ¿y?, ¿cómo estás con tu alguien?

—Quiero seguir patinando con él —admitió con voz trémula, arrepintiéndose al instante por la intensidad con la que había hablado y continuó tratando de arreglar su desliz —; quiero decir, quiero llegar a las nacionales y representar a Tokio —bueno, aquello era verdad al menos —, quiero asegurar un lugar en las olimpiadas y representar a Japón, y él me va a enseñar muchísimo, tiene una técnica impecable, es el patinador que hace un cuádruple a la mitad de su programa. Y quiero que él llegue muy lejos también —murmuró dejando caer los hombros y sintiendo que la ansiedad la abandonaba para dar paso a otra emoción un poco más sombría... más parecida a su melancolía —, de momento es todo.

¿La regañaría por ser tan depresiva?

Pero no, el mensaje de su primo la hizo abrir los ojos y la boca con pasmo y ofensa.

¿Me enviaste dos audios sólo para decirme que quieres llegar a las olimpiadas?

Hanako frunció el entrecejo componiendo un puchero, y aquel gesto se reflejó en la voz de la patinadora cuando se paró con un puño en la cadera y grabó la respuesta.

—No, te mandé un audio para decirte que me gusta muchísimo este patinador, pero si quiero asegurar un lugar en las nacionales, más me vale olvidarme de mis sentimientos por un rato, porque me voy a enamorar de él y no quiero ser un impedimento —confesó al final dejándose caer en la cama con un brazo sobre los ojos.

Pasaron largos segundos sin respuesta antes de que el teléfono volviera a sonar, y cuando Hanako leyó el mensaje, no pudo evitar sonreír con ganas al saberse comprendida luego de leer aquellas palabras.

Ninguno de nosotros debería vivir así, deberíamos ser libres de enamorarnos y amar a quien nosotros quisiéramos sin temor a echar un sueño a perder.

—Ow, ¿enamorarnos? —exclamó a media voz mientras una sonrisa crecía en su rostro, un triunfo para los Yamamoto, al menos uno de ellos podía ser así de feliz —, ¿caíste?, ¿por fin te enamoraste?, ¿fue de Nanao?_

Hanako sonrió dulcemente al ver que su primo enviaría un audio. Si Haru se tomaba aquella molestia, sus palabras debían ser serias y él tenía que estar hecho un embrollo.

Nanao es, ella es... —Dios, se le notaba en la voz que se moría de confusión, pero también podía ver la sonrisa bobalicona y radiante de su primo en la distancia, así que la chica se levantó en dirección al alfeizar de su ventana y se sentó sobre el librero a contemplar la luna mientras seguía escuchando —Nanao es la razón por la que comprendí por fin la melancolía de los amantes que componen, y las emociones desbordantes que han inspirado a los genios hasta el grado en que pueden transformar en arte su locura. Sí, Hana, estoy enamorado de Nanao

Pasmada...

Hanako se quedó pasmada un momento, asimilando las palabras de Haru. Tuvo que volver a escuchar el audio, y luego lo escuchó otra vez, asimilando poco a poco lo que acababa de comprender.

Sonrió radiante antes de buscar entre sus videos uno de los que Ōjoryū le había enviado de la práctica de esa tarde. Ella no podía explicar bien lo que le pasaba con Jugram, pero podía mostrárselo, así que preparó el archivo y envió el fragmento que podría darle un norte a Haru, la secuencia de death spiral, el spin combinado y cerrar con el broche de oro que aquella variación de pirueta mortal les había ofrecido la posibilidad de elegir cómo querían que fuera la repartición de su programa corto.

Haru sólo le confirmó lo obvio.

Están perdidos, ambos.

—Lo sé —respondió Hanako rápidamente, sintiendo que su corazón daba un vuelco, sintiendo alegría al percatarse de que su primo los condenaba a ambos, no sólo a ella, había esperanza —, pero esperaré a saber si califiqué o no antes de molestarlo con mis inseguridades, ¿me saludas a tía Yuri? Dale un abrazo a Kai de mi parte.

¿Cómo? ¿Me vas a dejar a medio chisme?

—Sip, y te diré que te quiero mucho

Hanako bloqueó el teléfono, dejándose caer en su cama y considerando seriamente dormirse, pero, de última instancia, recuperó su móvil y sonrió abriendo el chat de Jugram antes de enviar un mensaje, sabiendo que el patinador tendría su teléfono en silencio para esas horas de la noche y que no vería el mensaje hasta la mañana.

¿Audio?

No, muy pronto para ser tan invasiva.

Pero un texto, eso estaría bien.

—Me encantó patinar contigo esta tarde, sé que aprenderé mucho contigo y no sabes cómo me emociona que mi compañero de equipo seas tú. Gracias, por tanto.

Y aunque consideró seriamente firmar aquel mensaje con un "Tuya siempre", borró aquellas palabras antes de irse a dormir con una sonrisa radiante en el rostro y la sensación de que, por primera vez en su carrera como patinadora, comenzaba un verdadero desafío….