Alguien ya esta más que ansioso de este capitulo y del que sigue, y la verdad yo también estoy muy ansiosa de saber que pasara. Gracias por sus fragmentos chicas, el que sigamos con esto y el legado me dan cien años de vida

Subito

La oscuridad se había apoderado de cada rincón de la casa, el silencio era protagonista de aquella escena, cosa extraña teniendo en cuenta que se trataba del hogar de los Yamamoto, donde siempre había ruido de toda índole, ya sean pleitos absurdos entre los hermanos que terminaban en risas, o más comúnmente, música.

Eran las cuatro de la madrugada, Haruki se encontraba acostado en su cama, con los tobillos cruzados y una mano bajo la cabeza, mirando el techo, acostumbrándose a la oscuridad. La mano disponible marcaba las pisadas de una melodía practicada en absoluto silencio mientras él se preparaba para su entrada triunfal. En sus expresiones faciales podía notarse que, fuera cual fuere la melodía que estaba imaginando, la disfrutaba muchísimo...

La sonrisa se extendió por su rostro, un gesto malicioso que le obligó a sofocar una risa mientras el reloj de la sala sonaba para indicar la hora en punto, campanadas siniestras que podrían poner nervioso a cualquier extraño si pasaba la noche en aquel hogar por primera vez.

Haruki se levantó de un salto y tomó su violín, escabulléndose como una sombra por el pasillo hasta dar con la puerta que necesitaba.

Giró dos veces el arco de su violín mientras observaba a detalle la puerta frente a sí, preguntándose si no sería demasiado.

—Nah —murmuró para sí mismo, llevando el violín a posición y sabiendo que aquello tendría represalias.

Total, pagaría el precio. Era muy consciente que esto no se quedaría sin sus respectivas consecuencias, así era siempre entre ellos, así que dejo sonar las primeras notas que eran definitivamente de la clasica canción de cumpleaños, pero luego Haru comenzó a tocar una sola nota, re.

Hizo una pausa, pegando el oído a la puerta, percatándose de que había ruidos provenientes del interior, sonrió al imaginarse a su hermano despertando poco a poco, así que repitió el proceso.

Los acordes para la canción de cumpleaños seguida de un re que mantuvo varios segundos hasta escuchar movimiento adentro, Sato estirando los brazos sin saber en dónde estaba.

Y la sonrisa de Haru creció.

Cambió su melodía de un momento a otro, tocando con pasión y arrancando un sonido altanero a su instrumento.

El canon...

Escuchó la puerta de Takeshi abrirse, ya se esperaba el regaño, ya estaba escuchando a su hermano mandándolo a dormir si no quería que le diera un puntapié. Lo que nunca se espero fue ver a Takeshi volver a entrar a su habitación luego de sacar la cabeza, antes de salir con batuta en mano y sonreírle con picardía.

Haru se detuvo un momento antes de que Takeshi alzara la batuta y las cejas, ese gesto de preparación tan amado y parodiado por sus estudiantes.

Y entonces Haru arremetió de nuevo contra las cuerdas, siguiendo atentamente las indicaciones de su hermano mayor.

La pieza era exquisita, por supuesto que lo era si era interpretada por los Yamamoto, pero seguía siendo el canon.

La puerta se abrió de golpe, ambos Yamamoto volvieron la vista sin dejar su interpretación, hasta que se percataron de la expresión de enojo que llevaba Sato en el rostro junto a una sombría aura que auguraba la tormenta que estaba a punto de desatarse que fue aún más clara al sumarse el hecho de que llevaba el arco de su cello en la mano, el cual era claro que no le daría el uso para el que fue fabricado.

Haru ahogo un grito cuando el arco de su hermano golpeó el propio, obligándolo a dejar de tocar para defenderse.

Takeshi trató de darse a la huida, pero igual se le quedó marcada la brea en el trasero, una línea diagonal cuando el arco de Sato lo alcanzó en la distancia, haciéndole ahogar un grito de dolor y una carcajada ahogada.

—¡Qué les pasa! —gritó el menor blandiendo su arco mientras Haru ocultaba el violín tras de sí y Takeshi emprendía la retirada.

—¿No podemos interpretarte "Las mañanitas"? ¡Qué agresivo!

—¿Mañanitas? —replicó Sato confundido.

—Serenata de cumpleaños —explicó Takeshi desde el final del pasillo, asomando por el muro con una sonrisa.

—Sólo queríamos cantarte el cumpleaños feliz.

—¡Pero si eso era el Canon!

—¡¿De verdad?! —exclamó Haru con tal convicción que casi hace a Sato tragarse el cuento.

Hasta que las carcajadas de Takeshi los delataron.

—Verán mi venganza —exclamó Sato alzando el arco sobre su cabeza y dando salida a Haru, que pasó corriendo por su lado para alcanzar al mayor y ponerse a salvo de la furia de su hermano, pero ganándose su propia línea de brea en la espalda, previo a iniciar la persecución.

Apenas y pasaron algunos minutos cuando los gritos de Sato, mezclados con las risas de los mayores empezaron a despertar a los demás miembros de la casa Yamamoto, desconcertados de porque había tanto escandalo aun faltando un par de horas para que saliera el sol.

-¿Qué es ese escandalo tan temprano? – reclama Yuriko saliendo de su cuarto junto a su esposo, quien a duras penas tenía los ojos abiertos

-mamá, ayúdanos – exclaman divertidos Haru y Takeshi escondiéndose detrás de su madre como si fueran un par de niños pequeños

-par de cobardes – alega Sato alzando el puño

-¿Qué se traen ustedes tres? – cuestiona Kai medio adormilado - ¿no creen que es demasiado temprano para estar peleando por tonterías?

-eso díselo a ese par… - señala a sus hermanos mayores que seguían riendo a espaldas de Yuriko – vinieron a despertarme! – los fulmina con la mirada, casi podía verse a un perro Husky gruñendo con amenaza detrás de Sato

-que mal agradecido – se desentiende Haruki – yo que me pare temprano para tocarte las mañanitas a primera hora

-¡eso era el Canon! – gruñe Sato con una vena en la frente palpitándole

-ups debí haberme confundido de pieza – se defiende, aunque su sonrisa altanera pone en evidencia que lo había hecho con toda intención – como ambas inician en Re….

Nuevos gruñidos guturales salen de la boca apretada de Satoshi, tratando, haciendo lo posible de no ir a asesinar a su hermano, pero el verlo sin pisca de arrepentimiento, incluso hasta divertido de haberlo despertado con aquella pieza que él bien sabía que no toleraba le hizo abalanzarse a él, siendo detenido por el cuello de su camiseta por su padre, aunque eso no le impidió tratar de zafarse haciendo una serie de movimientos con sus brazos para alcanzar a Haruki, quien sonreía soberbio muy seguro de que no podría tocarle un pelo.

Tal escenario fue con que se encontró Asami al escuchar ese escandalo a tales horas de la madrugada, sobra decir que no estaba aún del todo despierta para procesar bien lo que se traían los atolondrados de sus hermanos mayores.

-¿Qué está pasando? – dice Asami en modo zombi y en medio de un bostezo

-nada hija, no te preocupes – habla Yuriko con calma e ignorando que Satoshi seguía queriendo zafarse del agarre de Kai para ir a golpear a Haruki, quien continuaba muy confiado cruzado de brazos – pleitos tontos de tus hermanos

-eso no es sorpresa – ya estaba más que acostumbrada a los escandalosos que podían ser aquellos brutos – ¿pero por lo menos no pudieron esperarse a que saliera el sol? – reclama tallándose los ojos

-¿yo que? Fue Haruki el que se le ocurrió tocar el canon frente a mi puerta a las cuatro de la mañana – reclama mirándolo de forma severa y acusadora

-me confundí – vuelve a hacer un nada creíble intento de justificarse, algo que, por supuesto no le cree Sato, demostrándolo con otro gruñido

-ya, para esos gruñidos – dice Takeshi dándole un leve golpe en la cabeza a Satoshi para que se tranquilizara – te compensaremos con un generoso desayuno de cumpleaños – mira a Haruki para darle a entender que eso lo incluía a él también, a lo que el violinista por su puesto no se niega.

-de acuerdo…. -accede Sato refunfuñando – pero de todos modos me cobrare esto en tu cumpleaños bro – deja en claro mientras se dirigía a la cocina

-si, me lo esperaba – se alza de hombros restándole importancia por ahora, igual para su cumpleaños faltaban varios meses

Los tres hombres bajaron a la cocina a preparar el desayuno para su hermano de en medio, mientras que Asami y sus padres regresaban a sus respectivas habitaciones para terminar de despertarse y bajar también a desayunar. El matrimonio incluso se miró divertido admitiendo que incluso extrañaban esas clásicas tormentas en la casa Yamamoto.

Takeshi puso una taza frente a Sato cuando el menor se sentó a la barra de la cocina a desayunar, no pudo evitar dirigir una mirada suspicaz al mayor de sus hermanos luego de la serenata en la madrugada, pero la sonrisa fraternal que Takeshi le dedicó antes de revolver su cabello y murmurar "feliz cumpleaños" lo llevó a confiar de nuevo.

Café, el elixir de los dioses.

Sato gruñó de felicidad ante el sabor de aquella bebida bajo la atenta mirada de Haru tras la estufa, se terminó la infusión en tres tragos largos y casi escupe el último por la sorpresa.

—¡Q-q-qué es esto! —espetó levantándose y mostrando la taza al mayor mientras Haruki se carcajeaba abiertamente, luego de haberse quemado con la sartén por accidente.

El fondo de la taza tenía un mensaje impreso: Has sido envenenado.

—¡Oh, vamos —exclamó Haru divertido —, sólo piensa en la cara que pondrá Ikkaku cuando le des café en esa taza!

—Feliz cumpleaños, hermanito —repitió Takeshi antes de besar la coronilla de Sato y dejarlo refunfuñando en su lugar.

Con estos hermanos suyos no se necesitaban enemigos, aunque sería hipócrita de su parte que eran los clásicos momentos de los que de momento se molestaba, pero recordaría con mucho cariño, así era su relación con esos locos, y los adoraba. Aunque eso sí, ninguno se salvaría del desquite de su parte en sus cumpleaños, tenia tiempo para planear una buena venganza.

….

Asami tardó un poco en procesar lo sucedido tan de madrugada, pero una vez ya despierta, solo tenía que carburar para saber qué era lo que estaba pasando. Pausa, era el cumpleaños de Sato, bueno, en realidad fue ayer, pero con los Yamamoto los cumpleaños duran una semana.

Tenía su regalo, volteó a ver la guitarra, si, seguía en su lugar.

Se froto la cara con desesperación mientras pensaba que hacer. Escuchaba claramente a sus hermanos en la parte de abajo, Sato no iba a reaccionar hasta que tomara su café, así que actuó con velocidad.

Tomó la guitarra y los artefactos que había comprado, los tenía en una bolsa de regalo, la guitarra la había escondido en su closet, la tomó y se escabulló a la habitación de su hermano.

Rodó los ojos al darse cuenta de que, por presentación, era mejor tender la cama de su hermano. Bufo mientras lo hacía, colocando al final la guitarra sobre la cama con un enorme moño y la bolsa a un lado de esta.

-Listo- Se dijo a sí misma, tomando su teléfono y enviando un mensaje a su hermano -"Escuché ruido en tu habitación, más vale que vayas a ver qué fue" y… enviado

Dio un salto para esconderse del otro lado de la cama y esperar a que esté llegará. Necesitaba ver la reacción de su hermano.

Escuchó pasos apresurados subir junto a los claros refunfuños diciéndoles a sus hermanos que más les valía que lo que sea que hubiese en su cuarto no fuera otra de sus bromas de cumpleaños. Asami ante esto se tapo la boca para evitar reírse y delatar su presencia, escuchando luego la puerta de la habitación de su hermano abrirse con cautela seguramente porque Sato esperaba que algo le cayera encima o encontrar algo en su cama que le sacara el susto de su vida (Haruki y él se solían gastar bromas pesadas así realmente se esperaba lo que sea). Sin embargo, lo que encontró lo dejo con la boca abierta al tiempo que se llevaba las manos a su cabello.

¡Una guitarra semi acústica!

Comenzó a dar saltitos en su lugar por la emoción, de pronto todo el enfado se había ido, incluso se sentía más despierto que nunca ante ese regalo, pero… ¿Quién se lo habrá dejado?

-¡Sorpresa!- Exclamó Asami saliendo detrás de la cama -Feliz cumpleaños Sato - Y saltó a abrazar a su hermano.

-¡tú! – exclama Sato apresando más a su hermana, despegando pies varis centímetros del suelo

-¿Te gusto?- Alcanzo a preguntar antes de que su hermano le diera uno de sus abrazos de oso que solía darle de pequeña - No puedo respirar – apenas y puede hablar

-lo siento peque – despeina su cabello – claro que me gustó mucho, por eso eres mi hermana favorita

-Es la ventaja de ser la única- Le guiño un ojo mientras lo abrazaba por la cintura -Esperó ser la que te dé el mejor regalo de este año

-pues hasta ahorita vas ganando – refunfuña recordando la forma en que Haruki fue a despertarlo, a lo que Asami suelta una pequeña risa – por cierto, no me disculpe por haberte plantando el día de tu voluntariado en el orfanato, espero que Grimmjow haya hecho un buen trabajo reemplazándome

El simple nombramiento de él peli azul la descoloco, haciendo que algunas palabras atropelladas en su boca fueran ininteligibles.

-No, No tienes por qué preocuparte, lo hizo bien, más que bien- Se aclaró un poco la garganta, recordando que Sato no había visto el interior de la bolsa -Por cierto, ¿viste lo qué hay dentro de la bolsa? – cambia de tema hábilmente

Lo que parece funcionar ya que Sato no pudo evitar la curiosidad de descubrir que tantas cosas había en dicha bolsa, sacando cual niño en navidad un thali con dibujos de dragones, algunas plumillas y cuerdas extra.

-vaya peque, sí que te luciste – le va a dar otro abrazo de oso, un poco más corto que el anterior para no asfixiarla tanto – de verdad muchas gracias, y prometo no volverte a cancelar el voluntariado – dice solemne poniendo su puño a la altura de su corazón, un gesto que se quedó de cuando Asami lo obligaba a jugar con ella a la princesa y su fiel caballero

Si, ese día se había molestado mucho por haberla dejado plantada, sin embargo, había quedado con Grimmjow en que podía volver a acompañarla.

-Bueno, tampoco es como si no quisiera que grimmjow me acompañase- Dijo encogiéndose de hombros, con las mejillas ligeramente sonrosadas y sonriendo tontamente -De hecho, le pase las partituras de la próxima semana

No era secreto para Sato que desde que Asami era pequeña e insistía en acompañarlo a sus ensayos con su antigua banda era porque su hermana menor tenía un primer amor infantil con su mejor amigo. Aunque claro, Asami ya no era la niña de once años de aquel entonces, estaba por cumplir la mayoría de edad y bueno, era una mujer muy atractiva. No lo demostraba abiertamente, pero tendía a celarla con los chicos de la escuela que se le quedaban viendo demasiado, a los que amenazaba con la sola mirada. Por supuesto que nadie era tan tonto para meterse con la princesa de los Yamamoto a sabiendas que tenía a cuatro caballeros dispuesto a golpear sin piedad a cualquiera que se atreviera a cometer el suicidio de propasarse con ella.

Claro que, con Grimmjow no tenia de que preocuparse, lo conocía lo suficientemente bien para confiar en que él cuidaría de su hermana tan bien como cualquiera de ellos.

-vaya, así que ya me has reemplazado también como tu caballero personal – teatraliza ofendido llevándose una mano al pecho

-Ay, por favor, no seas dramático- Dijo ella dándole un golpecito en el brazo - solo será la siguiente semana, además, si vas a estar traicionándome por algo de lo que ni siquiera me entere, es mejor que esté preparado

Había hecho unos movimientos con las manos, asemejándose a algo así como nerviosismo.

-lo siento, es que bueno, es que, Soi-Fong, mandándome un mensaje que si estaba desocupado para verla…. – se lleva una mano al cuello mirando con una sonrisa de bobo hacia otro lado – aunque ella también me regaño cuando descubrió que tenía un compromiso y lo cancele para ir con ella a acompañarla a la exposición de arte, dijo que no era tan urgente como para ir ese mismo día

Miro a su hermano con disgusto, suspirando.

-Solo dime que ya son novios, eso es suficiente- Se cruzo de brazos, mirando el reloj de pared de su hermano -Ya empieza a oler a comida, quiero molestar a Haru con el desayuno ¿Vamos?

-más les vale que si sea bastante generoso, ese par me lo debe – se cruza de brazos, aunque ya no podía estar tan disgustado – oye Asami… - la detiene estando a punto de abrir la puerta de su habitación - ¿de verdad crees que Soi-Fong quiera ser mi novia? – su hermana tenía un ojo crítico para eso, después de todo, supo de inmediato que Karin y Asahi se gustaban, aunque por mucho tiempo defendieran que solo eran amigos

Claro, no podía irse sin darle su opinión a su hermano, así que se dio la media vuelta, tomando a Sato de las manos y mirándolo a los ojos.

-Por favor, esa mujer muere por ti- Respondió, como burlándose de su hermano -Es el mismo caso con Nanao, Haru necesita más indirectas… pffff, no, no creo- Rodo los ojos -Soi-Fong te quiere, y tiene bastante confianza en ti, es la base para una buena relación ¡Mira nada más al bodo! Mi instinto no falló ¿Necesitas otra prueba?

-en ese caso ya pronto tendrás otra cuñada – asegura más que feliz – vamos a desayunar entonces, les restregare en la cara a esos dos el excelente regalo que me diste – dice tomando su nueva guitarra – oh y…. – se queda en la puerta, con su mano en la manija – ten paciencia con el bruto troglodita de Grimmjow, es el clásico idiota que jala del cabello a la niña que le gusta para llamar su atención – le guiña el ojo, no necesitaba preguntar lo evidente, además que posiblemente la obstinada de su hermana lo negaría.

Tras darle ese consejo indirecto, se retira con guitarra en mano a desayunar, oyéndose desde arriba como les presumía a todos el regalo que le dio Asami.

Cuando su hermano salió de la habitación, se quedó mirando el umbral, sacudió la cabeza y se fue a su habitación.

Entendía las palabras de su hermano, pero había ocasiones en que el susodicho actuaba como caballero.

Se fue a su habitación para tomar sus cosas y alistarse, no sabía qué sucedería ese día y, ciertamente, quería lucir en calidad de excelencia.

Cuando se trataba de Sato, sabía que él estaría presente ¿Sería válido un conjunto acorde a su dragón?

Abajo había todo un festín tal como Takeshi había prometido. Él, junto a Haruki que aun tenía muy claro el gesto divertido por el regalo broma que le hizo a Satoshi, prepararon un muy generoso desayuno con una montaña de Hot cakes, huevos estrellados y tocino, tocándole una porción extra a Satoshi por ser su semana de cumpleaños.

-esto no quita que me desquitare en tu cumpleaños bro… - amenaza antes de llevarse un enorme bocado de los hot cakes a su boca – deberían aprender a Asami – habla con la boca llena – su regalo si merece que le compre todo el helado que quiera – esta se regocija presumida sonriendo de lado, un gesto que le hacía parecerse aún más a Satoshi

-no seas chillón bro – se acerca Haruki dándole en la cabeza con el mango de la espátula – solo fue un regalo de broma, tu verdadero regalo te lo daré en la noche – se regresa a su labor de seguir preparando el desayuno

-ya no confió en ti – dice refunfuñando y sobándose la cabeza

-buu que malo – Haruki finge estar ofendido – entonces supongo que tendré que cancelar la reservación en el karaoke a fueras de la ciudad junto a las bebidas que aparte

-¿Qué? ¿es enserio? – recarga sus manos en la barra para asomarse sobre de esta, observando el asentimiento de Haruki que lo miro por encima de sus hombros – excelente, esta noche será épica entonces – celebra alzando las manos – pero de todos modos ya estoy planeando mi venganza – amenaza de nuevo cruzándose de brazos y mirando severo a su hermano

-ya me atenía a las consecuencias – se alza de hombros, continuando con su tarea

-por favor, solo no se excedan – pide Yuriko tomándose su té

-tranquila amor… - Kai se acerca para darle un beso en la mejilla – nuestros muchachos ya son lo suficiente mayores para saber cuánto tomar – aunque por su mirada severa que le dirigió a cada uno les dio a entender que eso que decía era prácticamente una orden, a lo que todos asintieron

-¿y no quieren ir con nosotros? – pregunta Takeshi dejando un plato con huevos y tocino frente a su padre

-si, será divertido que nos acompañen – secunda Asami

-gracias, pero creo que su padre y yo aprovecharemos para dar un paseo tranquilo – Yuriko toma la mano de su esposo – hace mucho que no caminamos por ahí sin tener la presión de tener que dar un próximo concierto

-además, seguramente ustedes querrán invitar a alguien – insinúa Kai con gesto pícaro, viendo diferentes reacciones de sus hijos

Haruki dio un respingo que casi hace que se le suelte el sartén de la mano, aunque claro, inmediatamente pensó en invitar a Nanao, esta vez formalmente. Asami únicamente disfrazo su pequeña vergüenza al tomar su jugo por pensar en si debería invitar a Grimmjow ella o esperar a que su hermano lo hiciera, era un hecho que lo haría. Satoshi que claro iría en cuanto terminara de desayunar a invitar a Soi-Fong, incluso se permitió soñar con la muy improbable posibilidad de que cantara. Takeshi estaba en un pequeño conflicto si estuviese bien invitar a la profesora Isane, se llevaban bastante bien, pero tenía poco de que entró a trabajar como profesora y no estaba del todo seguro si era demasiado pronto para invitarla fuera del ámbito laboral.

-luego organizaremos algo nosotros – dice Kai tras una pequeña risa – ustedes diviértanse

-eso tenlo por seguro – exclama Satoshi, después de todo, sus cumpleaños tendían a celebrarlos en grande y casi durante una semana

-buenos días…. – aparece Asahi tallándose los ojos y caminando prácticamente caminando dormido

-¿Cómo es que no te despertó todo el escándalo de la mañana? – reclama Asami a su mellizo, quien se fue a sentar a la barra junto a ella, llevándose por respuesta el que Asahi se quitara unos algodones de sus orejas y enseñándoselos

-a mí me sorprende que no hayas pensado antes en esto – presume con una pequeña sonrisa adormilada – teniendo en cuenta lo escandalosos que son Haru y Sato desde temprano – recarga su mejilla en su puño cerrando los ojos, Asahi siempre tardaba un poco más en despertar por completo

Debía darle puntos a su mellizo por esa brillante idea, posiblemente la implemente para que ese par no vuelva a despertarla tan temprano como hoy. Aunque la verdad, gracias a eso pudo no solo darle una gran sorpresa a Satoshi, también le permitió hablar con él y que le diera indirectamente los ánimos para hablar de un tema que la tenía un poco inquieta.

Pronto lo haría, primero debía hablar con su madre y luego con su hermano Satoshi. Él tenía mucho que ver con su dilema….

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Ese sábado, Takeshi podía llegar un poco más tarde para dar clases a la academia, tan solo tenía programada una clase complementaria que sería un poco más tarde, así que para matar el tiempo y aprovechando que la casa al fin se quedó en paz una vez que sus hermanos se fueron y sus padres salieron a dar una vuelta por Karakura, se puso a darle atención al bien cuidado jardín trasero que fue iniciado por su difunta abuela, pasando luego a manos de Kai y Yuriko, y, siendo el mayor de sus hermanos, actualmente él se encargaba de cuidarlo, aunque la verdad, no era un trabajo que le molestara en absoluto, al contrario, desde hace mucho que había descubierto su afición por la jardinería.

Todavía recordaba cuando a los nueve años se asomó por mera curiosidad al jardín al escuchar a su madre tararear una canción mientras plantaba algunas flores, por supuesto que Yuriko lo descubrió y lo invito a ayudarlo, desde entonces le tomo mucho gusto a ese pasatiempo.

Aquel edén se encontraba en el patio trasero, cualquiera que lo viera sin duda lo catalogaría como un pequeño paraíso. En toda la barda había muchas tablillas colocadas firmemente que servían para poner las macetas en donde había un sin fin variedad de flores. El pasto era sueve, de un vivo color verde y finamente podado, totalmente adecuado para andar descalzo y descansar los pies. En el centro estaba colocada una linda mesa de jardín ideal para tomar el té, además de una cómoda hamaca que pudieron colgar gracias a unos pilares que había de cada lado.

Justo estaba regando las flores de lavanda que estaban plantadas a lo largo de la barda por debajo de las macetas que estaban colocadas en la pared, ignorando que detrás suyo pasaba Satoshi literalmente caminando de puntas para pasar desapercibido y arrancar una ramita de aquella flor de la otra esquina y sonriendo triunfal por haberla conseguido sin que su hermano se diera cuenta, sonrisa que se le borro al sentir un fuerte brazo agarrándolo por alrededor del cuello.

-así que eres tú el que está arrancando las flores de lavanda – reclama ahorcando a Satoshi

-suéltame – pide pataleando – no puedo respirar – apenas puede decir, la cara ya estaba poniéndosele azul

-¿Qué no se supone que ya deberías haberte ido a la escuela? – cuestiona al fin soltándolo

-hoy no iré – responde retomando el aire que se vio momentáneamente privado – voy a ver a Soi-Fong, ayer fue su torneo y quiero ver como sigue, además la invitare al karaoke – habla sobándose el cuello mientras que Takeshi lo miraba severo y reclamante – oh vamos, no me afectara el saltarme los talleres por hoy

Takeshi, al ser profesor de la escuela, era el principal factor de que no faltaran a ninguna clase a menos que sea por enfermedad o alguna lesión, podría decirse que él se quedó en lugar de su abuelo, aunque claro, menos exigente.

-de acuerdo – accede tras un suspiro – pero si vas a estar arrancando las flores de lavanda para tu novia entonces me ayudaras a cuidarlas – condiciona cruzando de brazos

-está bien – acepta no quedándole de otra – y ella no es mi novia, al menos aun no – se notaba que de verdad así lo quería

-pues si tanto te gusta deberías pedírselo –

Satoshi siempre fue muy decidido, igual de coqueto que Haru, nunca se le ha dificultado hablar con las mujeres, al contrario, era excesivamente amigable con ellas a su parecer. Por eso le sorprendía que si estaba tan interesado en aquella joven campeona aún no se le haya declarado.

-pues claro que me gustaría pedirle que sea mi novia, pero…. – el que se sobara el cuello era claro gesto de nervios, de inseguridad – es que ella no solo me gusta, realmente estoy enamorado, ni con Appacci sentí esto, por eso no quiero echar a perder todo lo que Soi-Fong se ha acercado a mí por apresurarme

Era curioso que tanto a Haruki como a Satoshi les estuviera ocurriendo lo mismo, que empezaran a sentir algo nuevo y fuerte con sus respectivos intereses, a tal grado que los tenían inseguros, con temor a hacer un movimiento en falso y alejarlas. Él llego a sentirse de esa manera con Unahana, lo tenía completamente de cabeza al mismo tiempo que lo llevaba hasta la última nube del cielo.

-pues…. Si sabe que tú mismo cultivas las flores que le regalas las apreciara más – le guiña un ojo, observando como el rostro del loco de su hermano se iluminaba – anda ya – le da un pequeño golpe en la cabeza – ve a ver a tu chica, pero a partir de mañana me ayudaras a cuidar por lo menos las flores de lavanda

-solo si es verdad que a Soi-Fong le gustara más que yo mismo plante la flores – se retira antes de darle oportunidad a Takeshi de apelar

El mayor tan solo se queda negando divertido, Satoshi sí que era todo un caso, pero realmente parecía muy ilusionado con aquella campeona, y si algo tenía aquel loco era su inagotable insistencia, especialmente con las cosas que verdaderamente le atraían.

Continuo con su tarea de regar las flores, ahora dejando caer las cristalinas gotas sobre los crisantemos de una variedad de colores. Había plantado aquella flor hace muchos años, como un homenaje a la memoria de Unahana ya que eran sus flores favoritas, tenía la creencia de que seguían manteniéndose sanas porque de alguna manera Unahana les seguía brindando vida. Si, su recuerdo aún estaba muy presente en él, pero estaba consciente que no debía estancarse, ella no lo querría.

Curiosamente, la siguiente maceta que estaba a lado de los crisantemos eran gardenias, era curioso porque en una de sus tantas charlas que solía tener con Isane en los almuerzos en los que agarraron la costumbre de ir juntos salió la conversación de las flores, y le dijo que sus favoritas eran las gardenias. Si, definitivamente estaba de acuerdo que esa flor iba con aquella profesora, y era justo la atracción pura y limpia que tenía por ella, era lo que le trasmitía.

-¿debería invitarla a salir? – pregunta al aire

Como si la misma Unahana le hubiera respondido, un suave viendo sopla entre las flores, haciendo volar algunos pétalos de los crisantemos que vuela al dorso de su mano.

-supongo que eso es un sutil "hazlo" – sonríe con ironía, recordando lo tenebrosamente persuasiva que podía ser su linda muñeca para animarlo a hacer algo que era obvio que quería hacer

Quizá, por un simple gesto de caballerosidad le lleve una gardenia para invitarla a comer en su casa, solo que tendría que asegurarse que sus hermanos estuvieran fuera, no quería asustarla cuando descubriera el campo de guerra en el que ocasionalmente se convertía su hogar al estar todos los Yamamotos juntos, al menos no deseaba que lo descubriera tan pronto.

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Hanako mostró una sonrisa radiante al ingresar al despacho del director junto a su hermana menor, provocando que Ukitake levantara el rostro de sus apuntes para mostrar una expresión de sorpresa al ver ahí a las nietas de su mentor, no demoro un segundo en levantarse hacia ellas y tomar las manos de la mayor para verla bien.

—Mira nada más, cómo has cambiado —murmuró observando de pies a cabeza a la joven que reía tímidamente —. Ya eres toda una mujer, y una muy hermosa.

—¡Basta! —exclamó divertida y con las mejillas sonrosadas por el halago —Me pones nerviosa.

—Es la verdad, la última vez que te vi tenías doce años, eras apenas una niña.

—Bueno, ahora vuelvo como campeona nacional —presumió antes de lanzar sus brazos alrededor del cuello del mayor, suspirando ante la calidez que la envolvía en aquel abrazo.

—Estamos orgullosos de ti, estoy seguro de que tu abuelo lo está.

—Gracias, Juushirō-san.

—Ahora... —exclamó cambiando su atención a Saya, que abrió los brazos de inmediato y apresó al director haciéndole ahogar un gruñido —¡Qué fuerza! —gimió unos segundos antes de que Saya lo soltara —Siempre tan impetuosa.

—Campeona también —presumió Hanako orgullosa.

—Estás viendo a la nueva delantera del equipo de Tokyo.

—¡No me digas que conseguiste tu sueño!

—Juego hockey para representar al país —confirmó Saya con una sonrisa orgullosa mientras se llevaba las manos a la nuca.

—Se nota que haces lo que te gusta —respondió Ukitake con gesto cálido —, Dios, tú también eres toda una mujer, mira nada más, que hermosa estas...

—Gracias, sensei.

—¿Qué las trae a Karakura? —cuestionó el mayor habiendo pasado la sorpresa inicial —Deben estar muy ocupadas preparando sus programas para las olimpiadas.

Hanako y Saya intercambiaron una mirada cómplice y fue la menor quien habló, sonriendo socarrona.

—No nos íbamos a perder el cumpleaños de Sato, hace mucho no los vemos y pedimos nuestras vacaciones al mismo tiempo para poder estar aquí una temporada.

—Mis programas no pueden salir mejor —murmuró Hanako sonriente —, y mi entrenador nuevo dice que el descanso es importante, me mando a receso dos semanas por una torcedura menor, hay que aprovechar el tiempo.

—A Hana nada la saca del hielo —se quejó Saya rodando los ojos mientras su hermana le sacaba la lengua en reclamo —, la tuvimos que sacar de Tokyo para que dejara el hielo.

—Karakura también tiene pista y tú no cantas mal las Rancheras, tú te has lesionado más que yo, lo mío es una tontería.

—¿Ya saludaron a sus primos? —interrumpió Ukitake al ver a las hermanas sonreír desafiantes la una para la otra.

—No —soltó Saya antes de carraspear —, Hanako no les dijo que veníamos así que no sabemos dónde encontrarlos.

—Quería darles una sorpresa.

—Bueno —murmuró Ukitake pensativo, mirando el reloj en la pared —, a esta hora, Haru debe estar saliendo de su taller de Cello, Sato no vino el día de hoy, pero al otro pueden encontrarlo en el edificio de práctica. Les puedo dar un croquis de la escuela —añadió dirigiéndose a sus cajones y consiguiendo que ambas lo siguieran.

—Sería de gran ayuda —confesó Hana aliviada intercambiando sonrisas con Saya.

—¿Takeshi está aquí? —cuestionó la menor.

—Sí, pero temo que está ocupado, dando un taller de Solfeo por las próximas dos horas.

—Tendremos que conformarnos con Haru —murmuró Hana con fingida desilusión.

—Le diré que dijiste eso —soltó Saya burlona, haciendo a Hanako reírse.

—Aquí está —murmuró Ukitake entregando el croquis marcado con plumón verde —, esa es la ruta que deben seguir y lo encontrarán.

—Muchas gracias, sensei —soltó Saya abrazando de nuevo a Ukitake, esta vez con menos fuerzas.

—Por favor, no se vayan de la ciudad sin darse otra vuelta por la institución.

—¿Bromeas? No nos van a sacar de aquí —exclamó Saya mientras Hanako se despedía del director antes de componer una sonrisa.

—¿Podríamos dejar nuestras maletas aquí mientras buscamos a Haru?

Ukitake dio un asentimiento mostrando una sonrisa radiante en su rostro, viendo a continuación como aquellas chicas se retiraban prácticamente caminando a saltitos. Vaya que la familia Yamamoto era extensa, y aun ya siendo todos bastante mayores, seguían teniendo ese espíritu infantil, y, especialmente, seguían siendo una familia muy unida.

Hana y Saya salieron de la oficina con sonrisas radiantes, llamando la atención de la gente a su paso.

Hanako llevaba un vestido vintage con escote de corazón por debajo de su cazadora de cuero negro, misma que había robado a Haruki cuando él fue a visitarla por su cumpleaños, su cabello (negro profundo, aunque poco más de la mitad le iba teñido en tonos rosa, violeta y azul) levantado en una coleta alta con dos mechones enmarcando su rostro hasta la barbilla, acentuando la forma de corazón de su rostro, botas de baqueta y estoperoles, las uñas pintadas de negro.

Saya por su parte llevaba una camiseta negra con estampado de Mago de Oz, cualquier estudiante que la viera podría creer que era hermana melliza de Sato, con su mechón rojo de cabello enmarcando su rostro, con su pantalón de mezclilla, con sus tenis sencillos y sus ojos de nube de tormenta, gris profundo que podrían hipnotizar a cualquiera con su belleza.

Hanako frenó sus pasos un momento y Saya no se percató de aquel hecho hasta haberla rebasado un metro, cuando volvió la mirada hacia el rostro de su hermana, no pudo evitar soltar unas risas por los nervios.

—¿A cuál de nuestros primos vas a perjudicar? —cuestionó tratando de seguir la mirada de su hermana.

—¿Perjudicar? —espetó fingiéndose ofendida —¿Yo? —acentuó con sarcasmo mientras su hermana reía, nerviosa —¡Saya! ¿Por quién me tomas?

—¡Cómo odiamos cuando haces eso!

—Sígueme —ordenó encaminando sus pasos hacia una estudiante en la distancia, sonriendo cual gato de Cheshire mientras Saya pasaba saliva.

—Y odio más cuando rematas así —enfatizó antes de soltar una risa por lo bajo antes de seguir a su hermana.

Hanako compuso su mejor expresión de inocencia, consiguiendo que Saya rodara los ojos en medio de un suspiro de fastidio.

—No eres ninguna santa —dijo por lo bajo esperando que su hermana no la escuchara.

—¡Disculpa! —exclamó la mayor trotando un poco hacia la estudiante a la que había divisado en la distancia —¡Perdón, ¿podrías ayudarme?! Estoy un poco perdida.

Nanao levantó los ojos hacia la chica que le dirigía la palabra, miró un poco a su alrededor con la esperanza de encontrar alguien más a quien aquella joven pudiera estarse refiriendo, pero pasó saliva al confirmar que se trataba de ella.

Por un momento se quedó pasmada. Sus ojos violetas eran tan profundos que casi podían parecer azules, todo su rostro le era familiar, muy familiar, y todo el estilo de aquella chica, cuya chaqueta tenía en sí misma la marca personal de un amigo suyo.

La sangre le abandonó el rostro. Ella misma había usado una chaqueta muy similar, si no es que la misma, tiempo atrás. ¿Quién era ella?

—Dime —murmuró Nanao con muchísima dificultad mientras Hanako terminaba de comprender las deducciones a las que debía estar llegando aquella joven —¿En qué te puedo servir?

—Estoy buscando un edificio, en realidad a un estudiante, toca el violín —murmuró apuntando el instrumento de la chica —, como te vi llevando uno...

—Tal vez puedo ayudar —murmuró la chica bajando la mirada, suplicando internamente estarse equivocando.

—Yamamoto —soltó Hanako con una sonrisa radiante, que derrumbó toda la confianza de Nanao —, Haruki —remató la chica mientras la joven de lentes dejaba caer los hombros y pasaba saliva —, creemos que él nos puede llevar hasta Sato porque no está aquí hoy.

—¿Sato? —murmuró Nanao confundida, levantando la mirada hacia la otra chica y percatándose de lo similar que era ella al aludido.

Fue como dar un paso de espaldas, ponerlo todo en perspectiva. Aquel par de chicas, aquellas extrañas lucían como una versión femenina de cierto par de Yamamotos. Sí, aquellas muchachas lucían como una versión femenina y estilizada de Haru y Sato. La sonrisa desgarbada y socarrona de la chica de camiseta, la sonrisa diplomática y la postura erguida de quien le había hablado.

¿Qué demonios estaba pasando?

—Sato —repitió Nanao luego de pasar saliva y alternar miradas con ambas chicas.

—¡Ay, perdón! Qué tonta —soltó Hanako llevando las manos a su boca antes de ofrecer una a Nanao —, debí presentarme primero. Mi nombre es Yamamoto Hanako, y esta es mi hermana, Yamamoto Saya.

—Hola —exclamó la aludida llevando las manos a la nuca, un gesto que terminó de confundir a Nanao, de verdad estaba viendo una versión femenina de aquel par.

—Y estamos buscando a nuestros primos.

—Primos —musitó Nanao perdiendo fuerzas y sonriendo, comprendiendo todo al fin —. ¡Sí! Haruki-senpai tenía asesorías hoy, eh... yo...

—¡Tú nos puedes llevar! —exclamó Hanako tomando las manos de Nanao y sonriendo al verla encogerse de hombros y asentir una vez.

El trayecto fue silencioso, Nanao se presentó con aquellas chicas y comenzó a guiarlas, pero ninguna de las tres volvió a proferir palabra alguna. Nanao iba encabezando aferrada a su violín, Hana siguiéndole de cerca con una sonrisa radiante, Saya un paso atrás mirando a su hermana con reproche mientras negaba con la cabeza, preguntándose dónde cabía tanta maldad en alguien tan pequeñita.

—¡Yamamoto-chan! —gritó Hanako al ver a Haruki cargando con el cello a los hombros.

Haruki bajó el cello mientras la sonrisa crecía en su rostro, Hanako no tuvo reparos en correr en dirección a su primo y amenazar con saltar a sus brazos, el violinista tuvo que hacer un esfuerzo extra para mantener en pie el instrumento y sostener la cintura de su prima para evitar que ambos cayeran al suelo.

—¡Hana! —exclamó Haru cuando la chica se paró en sus propios pies y ayudó a estabilizar el cello —¿Qué haces aquí?

—Vine a invitarte a una Gala, ¿cómo qué? Pues vinimos al cumpleaños de Sato, queríamos darles una sorpresa.

—Lo consiguieron —reprendió frunciendo el entrecejo y percatándose de que Nanao estaba de pie a unos metros, con los ojos bien abiertos sin saber cómo reaccionar a la interacción de aquellos chicos.

—¿Sato está en la escuela? —exclamó Saya llegando hasta ellos antes de abrazar a su primo y ganarse que el mayor le revolviera un poco el cabello.

—¿Estás más alta? —cuestionó el muchacho mientras Nanao se debatía entre acercarse o alejarse del lugar.

Saya hizo un gesto y luego movió la cabeza hacia el costado. Y Haru asintió soltando el aire

Claro, Hanako no se iba a quedar tranquila teniendo una oportunidad de molestar. Algo debía haberle hecho a Nanao, y aunque Saya no tenía idea de qué estaba ocurriendo, conocía a su hermana lo suficiente como para saber que había tramado aquel encuentro.

Haru rebasó a sus primas y se encaminó hacia Nanao, quien respingó antes de pasar saliva al verlo acercarse.

¿Ahora qué? ¿Corría?

—Señorita —murmuró el muchacho con una sonrisa dulce, levantando una mano hacia la chica y haciéndole sonreír.

—Haruki-sen... san.

Haru torció el gesto, una mueca de reproche que hizo a la chica soltar una risa nerviosa y asentir.

—Muchas gracias por guiar a mis primas —murmuró el muchacho cuando Nanao aceptó el apretón, justo antes de besarle los nudillos —, Hana es muy lenta algunas veces.

La aludida abrió los ojos y la boca, indignada ante las palabras de su primo, no se había esperado un movimiento tan bueno por parte de su primo en presencia de Nanao. Saya se carcajeó abiertamente, sosteniendo su estómago cuando la mano de su hermana le aterrizó en el brazo en un gesto de reproche.

Nanao sonrió apenada ante la mirada intensa que Haruki le dedicó a su prima, guiñándole un ojo, para luego tirar suavemente de su mano y guiarla hasta las chicas.

—Hana, Saya, esta extraordinaria señorita es Nanao.

—¿Esa Nanao? —cuestionó Hanako cruzando los brazos y enarcando una ceja.

—Esa Nanao.

—Ise Nanao —dijo Hanako plantándose frente a la aludida, haciéndola respingar y ponerse nerviosa en su sitio —, mi nombre es Yamamoto Hanako, y es un placer por fin conocer a quien tiene fascinado a mi primo. No hace otra cosa que hablar de ti y halagar...

Haru carraspeó y tosió un par de veces, con el entrecejo fruncido y haciendo a Hana guardar silencio.

—Habla mucho de ti —comentó Saya mientras se acercaba a ellos —, mucho gusto. Haru —exclamó cambiando su atención al muchacho —, ¿sabes dónde está Sato?

—Nop —exclamó el muchacho sacando su teléfono y sonriendo con ganas —, en seguida le pregunto, ¿quieres que le diga que...?

—¡NO! —gritaron al unísono las hermanas, haciendo a Nanao brincar ante su entusiasmo —¿Qué parte de "sorpresa" no entiendes? —remató Saya ante las risas nerviosas de Hanako.

—De acuerdo, de acuerdo, no —murmuró Haru levantando las manos en señal de rendición —, ¿te reenvío su ubicación?

—¡Seguro! Iré a buscar mi maleta.

—No, ve con Sato —pidió Hanako con una sonrisa socarrona —. Buscaré a Takeshi y me haré cargo yo de nuestros equipajes.

—¿Segura?

—A Sato le dará gusto verte, tendrán mucho de que ponerse al corriente y yo quiero darle a Takeshi las buenas nuevas de nuestras clasificaciones.

—Servida, señorita —exclamó Haruki reenviando el mensaje a su prima antes de alternar miradas —¿Qué harán?

—Iré con Sato/Buscaré a Takeshi —dijeron las hermanas al unísono antes de emprender retirada.

—¿Cómo? ¿Me van a dejar tirado?

—¡Claro! —exclamó Hanako divertida —No es tu cumpleaños —añadió alejándose de ellos —, te veremos en la casa para ponernos al corriente, me imagino que estás ocupado —canturreó mirando de reojo a Nanao y haciendo que ambos pasaran saliva con dificultad.

—¿Saya? —murmuró Haru buscando algo a lo que aferrarse, pero la chica sonrió cuando tuvo por fin una ruta que seguir.

—Le daré una sorpresa a Sato. Nos vemos.

Haru y Nanao se quedaron cada uno viendo a una chica alejarse, preguntándose en qué momento había ocurrido aquello.

—En fin —murmuró el muchacho colgándose de nuevo el cello a los hombros antes de mirar a Nanao y sonreírle —, ahm... ¿te acompaño a algún lugar?

—Tengo canto con Barragan... —murmuró ella con una sonrisa apenada, haciendo a Haruki asentir y llevarse una mano al bolsillo, resignado.

—En otra será —respondió antes de morderse el labio.

—Sí...

Permanecieron unos segundos más ahí, mirándose el uno al otro sin saber bien qué decir. Sin embargo, el rostro de Haruki se iluminó de un momento a otro y él se acercó a Nanao tomándole una mano, entusiasmado.

—Canto, claro, yo... Mi hermano cumplió años, ya lo sabes —se reprochó a sí mismo, preguntándose si alguna vez dejaría de tartamudear en su presencia —, y le queremos festejar. Esta noche, hicimos, ¡hice!, una reservación en un Karaoke... Nanao —espetó suspirando para serenarse y haciendo a la chica pasar saliva —, perdón. Nanao —repitió más tranquilo mientras la chica asentía para hacerle saber que escuchaba —, esta noche le haremos una fiesta a mi hermano en un Karaoke, y me encantaría invitarte, quiero decir... que fueras conmigo.

Nanao se quedó sin aliento un momento, al siguiente se le iluminó el rostro con una sonrisa radiante, asintió una vez, consiguiendo contagiar a Haruki con ese gesto.

—Me encantaría —dijo con un hilo de voz, sin encontrar la fuerza para responder.

—¿Te parece si paso por ti a las siete?

Nanao pasó saliva y asintió una vez, con una sonrisa tímida antes de que Haru le besara una mejilla y asintiera con ganas.

—A las siete entonces —murmuró ella antes de darse la vuelta y dirigirse hacia su clase con Barragan, sin percatarse de que Haru había dado un salto en su sitio, golpeándose con el cello y celebrando en silencio aquella pequeña victoria, ambos con sonrisas ilusionadas y contando los segundos hasta el reencuentro.

Hasta que Nanao se percató de lo que había hecho, y abrió los ojos palideciendo.

¿Karaoke? ¿Con Haru? Oh... Dios...

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No, no podía hacerlo, una cosa era invitar a Kotetsu a su casa cuando sus hermanos no estaban, pero invitarla en el mero cumpleaños de su hermano más alocado ¿O era Haru? Ya no sabía, los cuatro hombres estaban locos, sí, incluido él. Pero en fin, sentía que debía invitarla, así que una última vez, se pasó la mano por el cabello nervioso, se acomodó el cuello de la camisa, se ajustó la coleta y se preparó para atacar.

Como todo caballero, llamó a la puerta y espero a que la peli gris alzara la vista de sus notas, su sonrisa le sacudió el cuerpo, las piernas le flaquearon ¡Maldición! ¿Hacia cuanto que no sentía eso? No desde que hubiera conocido a Unohana y eso era decir ya mucho tiempo.

-Takeshi-san, adelante- Dijo su voz, haciendo que sus piernas se movieran por inercia, en ese momento, sentía que tenía algo en común con su hermano Haruki -Creí que ya habrías ido a casa

-Bueno, estaba por hacerlo, pero, me acorde de algo- Sus palabras le hicieron mirarlo con curiosidad, así que la chica espero a que continuara – Sabes, hoy saldremos todos mis hermanos juntos por el cumpleaños de Sato, y quería saber si, me acompañarías, para mí sería un honor y… ¿Te gustaría?

Había interrumpido su discurso, le había nacido del corazón que realmente quisiera acompañarlo, quería convencerla, pero sabía que había sido algo apresurado y, que había perdido tiempo luego de pensarlo tanto en toda la semana.

¿Cuánto tiempo llevaban él y Haru planeando aquello y a los invitados, y hasta ahora le decía?

-Ah, yo… lo siento Takeshi-san, pero ya he hecho planes con mi hermana para esta noche- Respondió, triste, porque realmente hubiera querido acompañarlo, pero el compromiso que había hecho con su hermana tenía también un grado de importancia muy alto -Pero te prometo que te acompañare la próxima fiesta

-Está bien, supongo que fue algo inesperado- Respondió, feliz por la esperanza que plantaba en sus palabras -Nos veremos el lunes

-Claro, que descanses- Takeshi había comenzado a caminar hacia la salida, pero ella agregó algo más a su despedida -Que se diviertan

-Por supuesto- Si, esa noche se iban a divertir como hacía mucho no lo hacían.

Soltó un pequeño suspiro entre resignado y a la vez aliviado por al menos tener la proeza de haber intentado invitarla sin éxito, pero con la promesa de poder salir juntos en alguna otra ocasión.

Si, volvía a sentirse como en la lejana época en que Unahana lo cautivo con tan elegante belleza y él se sentía el ser más torpe del mundo al intentar acercársele para hablarle. No podía decir que tuvo la misma sensación cuando Isane llego a la escuela, aunque ciertamente le pareció enseguida que era una mujer muy agradable y distinguida, pero con ella fue distinto, al irla tratando en el poco tiempo de conocerse a causado algo en él, algo cálido y esperanzador.

-mira nada más – aquella cantarina voz llamo su atención, encontrando a Hanako que iba acercándosele – si que tienes el porte de todo un distinguido profesor – le guiña un ojo – y además muy guapo

-pero si es nada menos que Hanako – exclama Takeshi abriendo sus brazos, gesto al que claro se apresura la aludida a recibir – que sorpresa verte – la separa un poco - ¿Cuándo llegaste?

-Saya y yo llegamos hoy en la mañana, queríamos darle una sorpresa a Sato y a ustedes –

-pues fue una muy agradable sorpresa – sonríe con gusto y amabilidad, ese era el Takeshi que Hanako siempre recordaba, todo un caballero, aunque también igual de loco que el resto de sus primos – entonces Saya también vino ¿en donde esta?

-fue a buscar a Sato –

-vaya, esos dos juntos son una bomba de tiempo, espero no se metan en problemas – pide algo preocupado – bueno, ya terminé de dar mis clases correspondientes de hoy ¿quieres que te de un tour por la escuela? – ofrece su brazo

-por supuesto – da un saltito antes de tomar el brazo de su primo y encaminarse por la escuela

-¿y que ha sido de ustedes en todo este tiempo?...

Hanako entonces empieza a contarle a grandes rasgos sobre sus entrenamientos y clasificaciones de ella y Saya mientras daban un tranquilo recorrido por la escuela, ignorando las miradas curiosas de los alumnos de ver al profesor Yamamoto junto a aquella hermosa chica con la que tenía cierto aire familiar.

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Sato podría haberse escapado de los talleres, pero ella no, a parte, tenía que verse con Riruka ese día como todos los sábados después de los talleres, bueno, algunas veces daban una vuelta o iban a distraerse un poco en la pista de hielo.

-Mi celular no me engaña y mi agenda tampoco, es él cumpleaños de Sato, ¿verdad? – Preguntó la pelirroja mostrando su calendario, haciendo a Asami rodar los ojos - ¡No! Dime que no olvidaste el cumpleaños de tu hermano favorito ¡Ay, por dios! ¡Su regalo!

-Si lo compré Riruka, no te preocupes, y hasta el momento, ha sido el mejor regalo de todos- Rodo los ojos nuevamente, pensando en que Haruki siempre trataba de hacerla quedar en segundo lugar con Sato -No había podido regalarle nada decente, hasta que pude dar asesorías particulares de flauta y arpa, tuve que establecer una tarifa por hora y clases por semana

-Es verdad, pero nunca me has dicho para que…

-Le regale una guitarra semi acústica– Y los ojos de Riruka se abrieron como platos, tomando a Asami por los hombros para zarandearla un poco y luego gritar -Ay dios, no es para tanto

-¡Pero claro que lo es! Era el sueño de tu hermano- Y Riruka daba saltitos en su lugar mientras gritaba -No puedo imaginarme su cara

-La mejor expresión de felicidad del mundo- Afirmo la chica -Y aun me quedo para comprarle algunos aditamentos

Si, la pelirroja sabía cuánto se querían esos dos, y que ella le obsequiara algo tan valioso, era sorprendente.

-Por cierto, ¿Cómo lograste cargar con ella desde el centro comercial hasta la casa? – Y las mejillas de Asami se sonrosaron -Asami…

-Te vas a burlar de mi- Objetó, divisando a lo lejos a él peli azul, sabiendo que Riruka la balconearía en el instante -Obtuve algo de ayuda

Y así como lo dijo, así se iba acercando el chico hacia ellas, como si la charla lo hubiera atraído; Riruka arqueo una ceja al escuchar las palabras de su amiga, viendo al chico también, captando la indirecta.

-Oh…- Exclamó, rodando los ojos -Ya entendí…

Y Grimmjow sonrió.

- ¿Qué te divierte tanto? – Pregunto la menor mientras le miraba con un puchero.

-En absoluto ¿No puedo sonreír por placer? – Y Asami bufó, divertida -No he visto a Satoshi por aquí hoy, imagino que escapó

-El muy tonto se fue a buscar a su novia imaginaria- Y ahora fue el turno de Grimmjow de rodar los ojos, por lo que Asami creyó que a su hermano se le había olvidado invitarlo al evento de esta noche -Por cierto ¿no te dijo algo sobre ir al Karaoke esta noche?

-No, probablemente lo haya olvidado…

-Bueno, pues estar cordialmente invitado- Sonrió, esta vez de manera linda para él, haciéndole sentir calor en el pecho -Probablemente lo haya olvidado de momento, pero es probable que Sato te mande el lugar más tarde, si no, puedes llamarme

-Conociendo a tus hermanos, sé el tipo de lugar que frecuentan- Esto la hizo reír, sobre todo, porque llevaba casi una vida conociendo a su hermano, y al resto de la familia - ¿La princesita también ira?

-Por supuesto, no podre beber alcohol, pero puedo cantar un par de canciones con mis hermanos- Había colocado sus manos en puño sobre sus caderas, haciéndose la ruda -No tengo ganas de apostar contigo, solo iré a divertirme con mis hermanos y punto

-De acuerdo, entonces te veo en la noche- Comenzó a darse la vuelta para retirarse, sacudiendo la mano para despedirse de ella.

Ambas observaron al chico alejarse, hasta que el suspiro de Asami las trajo a la realidad a ambas.

-Te has dado cuenta de que dijo específicamente que te vería en la noche, a ti ¿cierto? – Y esta vez las mejillas de su amiga se incendiaron - ¿Quieres que llame a los bomberos?

-¡No! No empieces- Exigió, cubriendo sus mejillas mientras miraba a su amiga -Y si, lo escuche… no estoy sorda

-Sorda no, pero ¿Qué tal ciega? – Esto hizo a la Yamamoto inflar los cachetes -Digo, no es que no sea muy notorio, pero por si te das cuenta, a mí me ignoro por completo, su vista estaba en ti

-Ay no, aquí vamos de nuevo- Esta vez su queja la hizo hacer un ademan con las manos -Riruka…

-No, tu escucha Asami- La voz de Riruka se alzó sobre la de su amiga -Ese hombre muere por ti, desde el primer día que se vieron el fuego es palpable entre ustedes, y a mí me perdonas, pero yo no dejaría escapar la oportunidad de salir con alguien como él

-Ay no, Riruka, es que no…

-No, no es que no te guste, te encanta, lo adoras, lo amas, pero interiormente sientes que no es para ti, que no lo mereces, que es mucho- ¿Por qué la escuchaba? ¿Qué buscaba en las palabras de Riruka? -Pero en el fondo, ambos buscan estar cerca del otro, probablemente el también este buscando la señal o el motivo para intentarlo, tu problema, es que le temes a la diferencia de edades

Silencio, Asami no tenía ya nada que decir, no podía objetar, porque su madre le había dicho que él era el indicado, que debería intentarlo.

-Gracias- Y la abrazo, porque si ella podía verlo, entonces no estaba tan alejada de la realidad - ¿Podemos seguir nuestro camino?

-Por supuesto

Riruka entendió que era eso lo que su amiga buscaba, alguien que le dijera lo obvio, lo que no se escondía, porque, aunque tenía tiempo queriendo ocultarlo y negarlo, de nada le servía cuando él aparecía.

-Por cierto- Dijo una vez más la pelirroja - ¿Qué hay de la apuesta?

Y Asami sonrió, negando con la cabeza mientras seguían caminando.

-Creo que ya no la hare Riruka, no puedo hacerlo- Y las risitas traviesas escaparon de su boca -Claro que sería muy divertido tenerlo a mi merced un día entero, pero no puedo seguir con eso

Y se abrazaron mientras caminaban, disfrutando del día y la libertad de acabar los talleres de ese día.

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Soi-Fong se encontraba un poco adolorida por la competencia de ayer, aunque nada que no pudiera tolerar o no estuviese acostumbrada, además, los geles para el dolor muscular y las vendas le servían bastante para poder hacer leves actividades que no requiriera mucho esfuerzo físico, tal como sentarse en la sala para leer tranquilamente un clásico que estaba en francés, le servía para relajarse y practicar uno de los idiomas que ha estudiado desde pequeña.

-señorita Feng – entra Omaeda a la sala, aun sin perturbar su concentrada lectura – la busca el mocos…. El joven Yamamoto – el nombramiento de Satoshi si la hace desconcentrarse momentáneamente de su lectura, aunque lo disimulo – le diré que el día de hoy no puede atenderlo

-no, espera Omaeda – se pone de pie con movimientos algo lentos, tras cerrar el libro y dejarlo en el buro que tenía a un lado – dile que en un momento salgo – ordena educadamente, aunque con firmeza, tal como lo haría una distinguida líder

-con todo respeto señorita Feng, pero mejor debería descansar –

-sabes que estoy acostumbrada a estar un poco adolorida tras una competencia – dice pasando a un lado del robusto hombre – dile a Satoshi que bajare en un momento – sube las elegantes escaleras hasta su habitación, dejando a Omaeda cruzando de brazos, molesto por no poder correr de la residencia a ese mocoso

….

Mientras tanto, Satoshi esperaba a fuera de la elegante reja que conectaba a la mansión de Soi-Fong. Estaba erguido, casi estático como si se tratara de un soldado en espera de órdenes, aunque su rostro denotaba un claro nerviosismo.

Desde que salió de la casa venia con el firme propósito de hacer un intento de confesársele a Soi-Fong. Lo que le dijo su hermana tras que le entrego la guitarra lo animo bastante, es decir, él de verdad nunca se dio cuenta que Soi-Fong lo quería y eso le dio muchas esperanzas de que ya no tenía que esperar más para que ella le correspondiera, era muy probable que ya lo hacía.

Durante todo el camino iba prácticamente hablando solo en actitud de galán practicando como le diría lo que sentía, sintiéndose sumamente seguro de que sus galantes frases funcionarían para que Soi-Fong cayera derretida a sus brazos. Pero conforme estaba más cerca de llegar toda seguridad se fue esfumando al grado que todo lo que iba practicando se le olvido por completo, sentía que la garganta se le había secado, impidiéndole que las palabras salieran de su boca.

¿desde cuándo se le dificultaba tanto hablar con una chica?

Justo ahora el corazón no paraba de latirle tan fuerte y rápido que sentía que las palpitaciones se veían en su pecho, y que en cualquier momento se saldría. Pero era tal la adrenalina que igualmente se sentía de piedra, totalmente estático, incluso debía recordarse constantemente que tenía que respirar.

-he tú, mocoso – la voz insoportable del mayordomo por el parlante lo hacen reaccionar, aunque solo para refunfuñar por cómo le hablo – le señorita Feng saldrá en un momento

-gracias – le dice entre dientes, siempre era lo mismo con ese tipo

Suspiró para quitarse la molestia de la forma en que ese mastodonte lo trataba cada vez de que venía a visitar a Soi-Fong, y de paso, tratar de volver a recobrar la galantería y las palabras que venía practicando desde que salió de su casa. No podía ser tan difícil confesar sus sentimientos a la chica que le gustaba, es decir, ser coqueto era algo natural para él, hablar de forma galante y simpática con las chicas era sumamente fácil, no había problema.

-bien, solo hazlo, solo dilo – se dice así mismo, aclarándose la garganta para practicar lo que quería decirle – Soi-Fong…. Desde que te vi yo…. Y no quiero presionarte, pero…. Yo…. – no salían, las palabras concretas no salían de su boca, se sentía totalmente pasmado de solo imaginarse tenerla de frente, mirándolo con esa mirada fuerte y decidida que le encantaba, pero al mismo tiempo, lo congelaba – aagghh ¿Qué me pasa? – grita sintiéndose frustrado y llevándose las manos a la cabeza - ¿Por qué me cuesta tanto decirle que me gusta? – toma de sus bolsillos la ramita de flor de lavanda, girándola entre sus dedos mientras la veía fijamente, aquella flor por alguna razón le recordaba mucho a Soi-Fong – quizá sea…. Porque ella no simplemente me gusta….

No, él estaba enamorado de Soi-Fong, eso iba más allá de que solo le gustara superficialmente, había algo más, era como si ya lo conociera de otra vida y que ahora, que la volvió a encontrar, tenía miedo de perderla.

-Satoshi –

La voz de su amor platónico hace que suelte un pequeño grito y que se tensara, haciendo que casi suelte la flor de lavanda que traía en las manos.

-¿Qué te pasa? – cuestiona extrañada por el raro comportamiento que parecía tener el día de hoy

-no, nada, lo siento, es que estaba distraído – recuerda la flor que traía en la mano, la que le pone en frente entregándosela con una inusual sonrisa nervioso

-¿de dónde sacas estas flores? – la recibe. Era muy frecuente que le trajera una ramita de aquellas flores, pero en ningún lugar solo le venderían una sola rama y no ha visto que en algún parque cercano crecieran

- del jardín de mi casa, yo mismo los planto – su sonrisa lo delata, así que Soi-Fong lo mira con escepticismo – bueno, o eso hare a partir de mañana, mi hermano Takeshi me dijo que ahora yo me encargare de cuidarlas cuando descubrió que yo las cortaba – se rasca la nuca

Ella suelta un disimulado bufido ante lo peculiar que le seguía pareciendo Satoshi, llevando a continuación aquella pequeña pero significativa rama de flor de lavanda a la cara para aspirar su sutil aroma, gesto encantador ante el cual Satoshi no puede evitar sentir que el corazón se le derretía, notando en eso que traía la muñeca vendada.

-¿estas lastimada? - cuestiona preocupado

-nada fuera de lo normal – responde como si nada ocultando con la otra mano su muñeca vendada

-sé que eres toda una guerrera hecha de roca – dice en una pequeña risa – pero de todos modos deberías reposar por él día de hoy – quería invitarla a su festejo en el karaoke, pero tampoco la forzaría si se sentía adolorida por el torneo de ayer

-no es necesario Satoshi, solo no debo hacer demasiado esfuerzo físico – aclara inflexible, casi orgullosa al ya estar de más acostumbrada a lidiar con esta clase de cosas

-bien, en ese caso ¿quieres tomar un café? Yo necesito otro, aun sigo dormido gracias a que mis hermanos me despertaron a las cuatro de la mañana para felicitarme – refunfuña cruzado de brazos

-supongo que querían sorprenderte – comienza a caminar, concediendo en silencio la invitación de Satoshi

-¿sorprenderme? Lo que querían era molestarme al tocarme el canon – alega siguiéndola

-no veo porque te molesta, me parece una pieza agradable –

-no es agradable si ya en automático escuchas las mismas interminables notas que tiene el bajo – se queja, aunque a los segundas cae en cuenta de algo – espera ¿conoces esa pieza?

-es una pieza clásica, cualquiera la conoce, aunque no sepa de música – se excusa para disfrazar el hecho de que Satoshi la ha hecho querer conocer un poco más la música, y que solía ponerla cuando estudiaba, como una forma inconsciente de no sentirse sola.

Satoshi iba tan parlanchín como siempre, contándole como estuvo su mañana y las cosas que sus hermanos le hicieron. Aunque se quejaba especialmente de las bromas que sus hermanos mayores le jugaron, Soi-Fong notaba lo unidos que eran, de las variadas formas en que se demostraban mutuamente cuanto se querían, especialmente se daba cuenta cuan unido estaba Satoshi con sus hermanos, aunque claro, eso le quedó más que claro la noche del festival en la escuela del musico.

-¿ustedes nunca se pelean? – pregunta por curiosidad en lo que esperaban sus cafés fríos en un puesto que estaba cercano a un parque – es decir, si nunca han tenido un pleito fuerte - La cara seria de Satoshi le hizo arrepentirse un poco de haber hecho aquella pregunta

-claro que hemos tenido discusiones fuertes – recibe los dos cafés – la más grave en la que duramos enojados uno con el otro un par de días fue por culpa de una chica – le pasa el suyo, viendo en eso la cara algo extrañada y desconcertada que puso – oh no, no es porque estuviéramos interesados en la misma chica, para nada – aclara – es otra historia que luego te contare

Soi-Fong no insiste, hasta ahora, Satoshi ha sido sumamente abierto con ella al contarle cosas que de las que ni siquiera ha preguntado, además, sabía que en algún otro momento le contaría con más detalle sobre eso.

Fueron a caminar por un tranquilo parque que estaba cerca de su escuela por una extraña petición (casi orden) de Haruki que le dijo que le tenía una sorpresa, por lo que se mantuviera cerca de la escuela. Satoshi, un poco desconfiado, le manda su ubicación seguido de un mensaje diciéndole que estaría caminando con Soi-Fong por el parque, adjuntándole una amenaza de que no fuera a salirle con una sorpresita como la de la mañana.

Mientras tanto, se dedicó a disfrutar de su caminata en compañía de Soi-Fong. Las cosas con ella iban bastante bien, a Satoshi le daba la impresión de que cada vez aquella chica de apariencia ruda y rígida iba mostrando un lado más relajado, lo que significaba que al estar en su compañía se sentía con la confianza de mostrar ese lado que ante los demás mantenía oculto bajo una máscara de dureza. Su hermana entonces tenía razón en ese aspecto, Soi-Fong le tenía mucha confianza, eso era lo principal. Confiaba en el buen ojo crítico de Asami, por eso le preguntó, pero a pesar de ir tranquilamente por el parque en un ambiente que le permitía confesársele, sentía de nueva cuenta que las palabras se le quedaban atoradas aun cuando ya tenía en mente lo que quería decirle, pero simplemente no podía, sentía que se congelaba de solo pensar en dejar salir un solo sonido.

-te quedaste muy callado de repente – comenta Soi-Fong sobresaltando a Satoshi, acto que extraña a la campeona, Satoshi no era del tipo nervioso – normalmente durante todo el camino no dejas que escuche ni mis propios pensamientos – tomo un sorbo de su café

-no es nada, estaba pensando…

-eso no es normal en ti – ve que Sato la mira alzando una ceja, aunque no ofendido, podría decirse que divertido por s comentario – no me mal entiendas, pero eres del tipo que solo dice lo que piensa y ya

-vaya…. Me has llegado a conocer muy bien linda – alardea con una sonrisa ladina

-nunca paras de hablar, y eres sumamente expresivo – se excusa con dignidad – es sumamente fácil conocerte

Satoshi suelta una risa cantarina, que corta de repente ante la mirada severa de Soi-Fong, poniendo las manos al aire en son de paz

-bueno, estaba pensando en…. – se rasca el cuello, gesto de nerviosismo que Soi-Fong ha visto en algunas ocasiones – en si tú…. ¿quieras venir a la fiesta de karaoke que organizaron mis hermanos por mi cumpleaños? – suelta de un solo golpe y de forma rápida, golpeándose mentalmente porque eso no era precisamente lo que quería preguntarle

-¿Qué tú cumpleaños no fue ayer? –

-si, pero cuando un Yamamoto cumple años lo festejamos durante una semana – presume divertido, y es que aquello era casi una tradición en su familia – entonces ¿vendrás? – suelta, ansioso, aunque eso no era lo que quería preguntarle si quería que lo acompañara

-supongo que podría ir un rato – acepta obstinada

-¿y cantaras algo? – la idea hace que le brillen los ojos

-eso sí que no – dice con firmeza – yo jamás en mi vida he cantado

-es una lástima, apuesto a que tienes una linda voz –

-¿Qué te hace estar tan seguro? – cuestiona alzando una ceja

-por tu tono de voz al hablar – responde mirando al frente – tienes un tono melódico y fuerte, estoy seguro de que tienes buena voz – la mira, mostrándole aquella sonrisa ladina que había empezado a causar algo en la pelinegra, especialmente porque aquel gesto coqueto iba cargado de sinceridad, no simplemente para incomodarla

-¡SATOSHI! –

Conocía esa voz, aunque no podía ser posible ¿o sí?

Por mero instinto, se da la media vuelta solo para recibir a una chica salvaje que se abalanzó sobre él tirándolo de espaldas al suelo, todo bajo la mirada perpleja de Soi-Fong que no sabía exactamente cómo reaccionar ante tal abrupto cambio de escenario.

-¿cómo estas primo? – saluda aquella chica sentada sobre Satoshi

-¿primo? – murmura Soi-Fong

Ahora que la miraba bien, era claro que era familiar de Satoshi, incluso podía pasar por su hermana melliza. Era como la versión femenina de aquel guitarrista, lo único en lo que se diferenciaban además del género, era la tonalidad gris de ojos ya que los de ella eran un poco más oscuros que los perlados de Satoshi, pero incluso tenían el mismo estampado en sus camisas.

-Saya… - dice Satoshi sobándose la nuca – pequeño monstruo demoniaco ¿Qué haces aquí? – la mira, receloso, pero a la vez divertido y gustoso de verla

-¿Qué hago aquí? Pues es obvio – se levanta, ayudando a Satoshi a ponerse también de pie – venimos a festejar el cumpleaños de mi soquete favorito

-¿quieres decir que Hanako también está aquí? – hace mucho que no veía a sus primas, ellas vivían del otro lado de la ciudad y tenían vidas incluso más ocupadas que las de ellos

-pues claro que si – le da un golpe en la nuca, a lo que Satoshi se soba mirándola acusadoramente

-veo que no has cambiado nada – dice entre dientes, comentario al que Saya se cruza de brazos sonriendo ampliamente – ooh cierto, déjame presentarte a alguien – mira a su acompañante, quien hasta ahora se había quedado a unos pocos pasos de distancia – ella es Soi-Fong – la presenta con orgullo, viéndose casi como un soldado dando entrada a su reina – y ella es mi prima, Saya Yamamoto

-¿dijiste Soi-Fong? – pregunta Saya con admiración – eres la campeona de artes marciales mixtas – afirma, era obvio que se trataba de ella, la reconocería en cualquier lugar – vaya, es un honor conocerte – toma su mano, sacudiéndola efusivamente

-i-igualmente… supongo… - responde un poco incomoda, toda esa familia era demasiado efusiva

-¿Cómo es que la conoces? – vuelve a con su primo

-fue por una extraordinaria y maravillosa jugada del destino – responde este fijando su vista a Soi-Fong, mostrando claramente lo agradecido que estaba por eso

Saya podía ver lo fascinado que estaba su primo ante la campeona, cosa algo peculiar ya que él no era admirador del deporte como ella. En definitiva, ahí había más que admiración.

-supongo que ustedes querrán ponerse al corriente – habla Soi-Fong – los veré luego

-espera… - la detiene al ver sus intenciones de irse – ¿no quieres que te acompañe a tu casa? – ya era costumbre que a donde sea que fueran, él siempre la encaminaba hasta las puertas de su casa

-estaba bien Satoshi, no hay problema con que regrese sola – sí, había bastante química entre ellos, el rostro de Soi-Fong parecía hasta menos endurecido al hablarle, totalmente diferente al que mostraba en combate

-de acuerdo ¿paso por ti para irnos al karaoke? – vuelve a pedirle dulcemente, ante lo que Soi-Fong asiente con una pequeña sonrisa, algo que Satoshi lo llena de dicha y con tal cara de bobo enamorado que no quita aun cuando la campeona ya estaba a varios metros lejos de ellos

-señores, Satoshi Yamamoto ha llegado exitosamente al último rincón de la luna – canturrea Saya llegando a lado de su primo – ¿eres consciente de la cara de bobo que pones al verla? –

-no pongo cara de bobo – se defiende cruzándose de brazos

-claro que la pones, claramente se ve que te derrites por ella – afirma, dándose la media vuelta empezando a caminar

-eso no lo negare – admite dándole alcance –

-y bueno ¿Cómo la conociste? – insiste saber

-tal como te dije, por una extraordinaria coincidencia del destino – recita cual prosa – va a una escuela de niños ricos que está cerca de la tienda de música a la que suelo ir, la conocí en persona cuando iba por unas cuerdas de guitarra

-vaya, así que es de buena posición económica – comenta Saya llevándose las manos a la nuca

-si, pero eso no importa, por mi podría vivir debajo de un puente y me seguiría pareciendo una chica fascinante –

De verdad que Satoshi se le veía lo encantado que estaba con aquella campeona, incluso su mirada se hizo mucho más brillante al hablar de ella.

-bueno… ¿y para cuando la boda? – la abrupta y burlona pregunta hace caer estrepitosamente de frente a Satoshi - ¿Qué? ¿no me digas que ni siquiera le has pedido que sea tu novia? – le reclama

-claro que no – exclama incorporándose – e-estoy en eso

-estas en eso…. – repite con escepticismo - ¿Cuánto tiempo tienes de conocerla?

-pues…. Casi cuatro meses….

-¿y aun no te le has confesado? – cuestiona perpleja, su primo era todo un conquistador después de todo

-oye pues no es cualquier chica, es Soi-Fong – se excusa como si el simple nombre englobara todo, y en parte, así era – y ella no simplemente me gusta… así que no me es fácil decírselo – ahora sí que empezaba a comprender más a Haruki

-bueno, si, ciertamente es una chica ruda, no por nada es campeona de artes marciales – concede Saya – pero eso no quita que sea una mujer, por más ruda y fuerte que sea, y se ve que le gustas

-¿y desde cuando tienes tan buen ojo para esto? – se burla Satoshi, su prima no era una mujer precisamente observadora

-no se necesita ser Sherlock Homes para notarlo – le guiña un ojo en gesto de cómplice

-Asami dice lo mismo…. – pero no era tan fácil como lo pensó, no con alguien como Soi-Fong al ser una mujer tan imponente, independiente y segura de sí misma, un rechazo de ella seria como una filosa daga en el corazón

-al fin una chica es capaz de quitarte lo galante – se burla Saya

-no es eso – alega – es que…. Pues…. – se rasca la nuca – aaaghh no sé, no sé por qué me es tan difícil – deja caer los brazos y su cabeza, ante lo que Saya suelta una carcajada – y bueno ¿Qué hay de ti? ¿Algún suicida que se quiera arriesgar a conquistar al pequeño monstruo demoniaco del hielo?

Por supuesto que la mente traicionera de la jugadora de Hockey hace que piense en el insoportable de Bazz-B, imagen ante la cual ladea su cabeza de un lado a otro para quitarse dicha imagen que por poco la hace sonrojarse

-claro que no, yo no me ando en cursilerías como ustedes – se cruza de brazos ladeando la cabeza

-eres una Yamamoto – aclama Satoshi – tengo la firme teoría en que todos los Yamamoto traemos el romance en nuestra sangre

-eso no aplica en mi – asegura Saya, recibiendo a los segundos una alerta de mensaje de un remitente que no tenía agregado

Hola Nena, pedí tu número de teléfono para que no me extrañes demasiado

Y luego había adjunta una selfie de Bazz-B guiñando un ojo en gesto galante.

A Saya se le subieron los colores al rostro en tiempo récord, debatiendo consigo misma que era por la furia en como ese desvergonzado se atrevía a enviarle tal mensaje.

-con que Nena hee…. – canturrea Sato moviendo las cejas – así que después de todo si tienes un pretendiente

-¡no es un pretendiente! – alza la voz, casi dejando sordo a su primero que se tapa los tímpanos con los dedos – solo es un tipo insoportable compañero de Hanako del patinaje artístico – aprieta su teléfono con la mano, como si tuviese el firme propósito de aplastarlo.

-vaya, así que te gusta – afirma Satoshi con sonrisa arrogante

-¡que no me gusta! –

-yo digo que si – canturrea Satoshi, viendo como Saya apretaba el puño mientras lo miraba de forma asesina – te gusta, te gusta – dice entre risas y huyendo de la furia de su prima que lo perseguía prácticamente echando humo de la cabeza.

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Hanako llego a la casa de sus primos acompañada de Haruki, Takeshi, Asahi y Asami, a quienes se encontró saliendo de la escuela y saludo efusiva dándoles un empalagoso abrazo, gesto que no era del todo del agrado del mellizo pero que de todos modos recibió al no haberla visto en mucho tiempo. Todo lo contrario, a Asami, que saludo de igual forma efusiva a su prima.

Hanako, al recorrer el patio del instituto y de camino a la casa de sus primos, iba regocijándose al notar que varias chicas la miraban con cierto recelo y envidia. Claro, no era para menos, después de todo iba acompañada de tres mega galanes con los que iba platicando muy animadamente.

-ya te ganaste el odio instantáneo de todas las mujeres del instituto – comenta Asami en un susurro para que sus hermanos no la escucharan

-déjalas consumirse en su odio – dice Hanako con maliciosa diversión

Estaba ansiosa de saludar a sus tíos, pero al llegar a la casa no vio a nadie más

-¿no están mis tíos? –

-al parecer todavía no regresan de su paseo – habla Haruki poniendo las maletas de sus primas en la sala

-vaya, a pesar de estar tantos años casados y de tener a cinco torbellinos por hijos… - ante eso ultimo sus primos le reclaman con un unisonó "oye" – siguen comportándose como novios – aclama ensoñada, era una romántica de primera

Apenas y estaba por empezar a ponerse cómoda en aquella casa en la que sentía que no había estado en toda una vida cuando escucho pasos apresurados acercándose a la puerta junto a reclamos y gritos que cada vez se escuchaban más claros, entrando de forma abrupta y casi estrellando la puerta por quien habían hecho el viaje a Karakura después de tanto tiempo.

-¡Hanako ayúdame! – se va a ocultar detrás de su prima

-¿pero que te pasa? Parece que vienes huyendo de un psicópata –

-no estas del todo errada –

Segundos después entra Saya envuelta en un aura demoniaca, lo que hace a Sato hacerse un ovillo detrás de Hanako

-controla al monstruo de tu hermana – le ruega

-seguramente le dijiste algo que la molestó – concluye, ya conocía que a Sato le encantaba jugarse el pellejo provocando a Saya pese a conocer perfectamente que era de brecha corta – bueno, cálmate un rato para que me dejes saludarlo como se debe – le hace una ademan a su hermana para que se tranquilizara, dándose luego la media vuelta y encarar a su primo – felicidades, Satoshi – exclama dándole un fuerte abrazo, que por supuesto, corresponde de igual forma

-que gusto verte de nuevo Hana – dice Sato, apartándose un poco -

-Saya, perdónale la vida por ser su cumpleaños – le pide, a lo que Saya accede haciendo un puchero – aunque me gustaría saber que te dijo como para que te enojaras con él – el ver el leve sonrojo en las mejillas de su hermana menor le dio una pequeña idea de que fue lo que la incomodo, ya indagaría más tarde de eso, por ahora, debían ponerse al corriente con todos

A los pocos minutos, llegaron Kai y Yuriko, encontrándose con la agradable sorpresa de ver en la sala junto a sus hijos a sus sobrinas, quienes de inmediato se pusieron de pie para saludarlos.

El resto de la tarde se la pasaron en una amena y constante charla poniéndose al corriente con sus vidas, o al menos todo lo que pudieron y quisieron decir, ya que por parte de Hanako, aun no se sentía lista para revelar su reciente relación con Jugram.

-no puedo creer que ninguno de los dos se le hayan declarado a su crush – reclama Hanako a Sato y a Haru, quienes se tensan de inmediato – por todo lo que sé de su relación con ellas ya era para que fueran sus novias

-no es tan fácil – alegan los dos al mismo tiempo

-par de lentos – suspira Hanako – espero que al menos tuvieran la decencia de invitarlas al karaoke – los mira condicionándolos

-claro que si – responde Haruki

-eso es obvio – secunda Sato

-muy bien, será una noche muy interesante – el tono con el que dice aquello hace que esos dos sientan escalofríos en todo el cuerpo, especialmente por la mirada de pésame que les dedica Saya

-bueno, con permiso – habla Asahi poniéndose de pie, iré por mi novia a invitarla al karaoke – deliberadamente hace un marcado énfasis en decir "novia"

-hasta Asahi que es el menor de ustedes ya tiene novia – reclama Hanako – deberías darles vergüenza – ante eso, los aludidos solo hacen un puchero - ¿y no deberías ustedes ir a recoger a sus chicas?

Ambos miran el reloj de pared, faltaban veinte minutos para las siete y la reserva para el karaoke eran a las siete y media. Todavía debían regresar a la casa para ponerse de acuerdo de cómo se acomodarían en los coches, así que no perdieron más el tiempo y ambos prácticamente se esfumaron.

-vaya que será una noche muy interesante – vuelve a decir Hanako, ganándose sonrisas nerviosas de parte de sus tíos

-das miedo hermana – comenta Saya mientras que Asami rogaba internamente que ella no fuera a ser objetivo de lo que sea que Hanako tuviera en mente.

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Sonreía distraído, claro que llevaría a su novia al cumpleaños de su hermano. Solo tenía un impedimento.

Ichigo Kurosaki.

Se detuvo en seco cuando apenas, al poner un pie dentro de la cafetería, pudo distinguir el cabello naranja de su cuñado, a quien, a pesar de no temer, lo ponía algo nervioso.

- ¡Asahi! - La voz de su novia lo trajo de vuelta, sonrió, acercándose a ella - ¿Qué haces aquí? Hoy no es día en que vengan a ayudar, ¿o sí?

-No, no es por eso por lo que estoy aquí- Respondió, un tanto tímido, sintiéndose observado en la lejanía -Yo, vine a invitarte a…

-No se permiten visitas en horas de trabajo- Interrumpió la voz de Ichigo, haciendo a Asahi gruñir por lo bajo -Karin está ocupada, y no se manda sola

-Ichigo, deja que termine de hablar- Y ambos hermanos se miraron, saltando chispas entre ellos -Ve a hacer tu trabajo

-Y tú ve a atender tus mesas- Espeto el mayor, teniendo la necesidad de agacharse a la altura de su hermana para poder desafiarse -Te prohíbo que…

Y una mano veloz tomó a Ichigo de la oreja, haciéndolo retroceder; su esposa, a pesar de ser de menor estatura que él, lograba controlarlo a la perfección.

-Perdona a este aguafiestas Asahi, me lo llevaré para que puedas hablar con Karin sin problemas- Y dándole unas palmaditas en la mejilla, desapareció por la entrada a la bodega mientras Ichigo mascullaba molesto.

Y Karin pudo respirar, por lo que giró la cabeza de su novio hacia ella, para que la mirara.

-Me vas a invitar a ¿Dónde? - Pregunto, tratando de hacer que su novio se sintiera mejor.

-Perdona, es que, festejaremos el cumpleaños de Sato y vamos a ir a un karaoke, todos- La sonrisa de Karin lo tranquilizó, permitiéndole expulsar el aire contenido, relajándose - ¿Me acompañarías?

-Por supuesto, le diré a Yuzu que venga a ayudar a Rukia e Ichigo y…

-No te preocupes Karin, Ichigo se hará cargo de todo, puedes irte tranquila- Le dijo Rukia, guiñándole un ojo y mostrando una sonrisa complice -Diviértanse

Asahi sonrió para la mujer, evitando en todo momento la mirada asesina de su cuñado, sintiendo el jalón en su brazo, al igual que la tersa piel de su novia.

-El amor de jóvenes- Exclamo rukia en un suspiro, con el rostro apoyado en sus manos y una mirada soñadora -Lástima que a veces las cosas cambian luego del matrimonio

-Rukia, ellos no van a casarse- Celos, eso era lo que Ichigo estaba experimentando y que tenía al menos unos años sintiendo por el joven Yamamoto - ¡Y yo no he cambiado!

-Ellos pueden hacer lo que les plazca, deja que tu hermana sea feliz- Y le lanzo un limpiador a la cara - ¿Cuántas veces me has llevado a cenar desde que nos casamos?

Y a pesar de su mutismo, en su mente trataba de rememorar lo que su esposa le cuestionaba; sólo habían ido a cenar en dos ocasiones, y eso, debieron volver antes porque la niñera debía volver temprano a casa.

Y entonces Ichigo se acercó a su esposa, besándola tiernamente, haciendo bajar su furia y deteniendo aquella discusión.

- ¿Cuánto durarán así? – Pregunto a sus compañeros, Shūhei miraba a sus jefes mientras servía los cafés -La última vez duraron 3 minutos sin poner atención a los clientes

-Mejor comencemos a movernos, o perderemos a los clientes- Espeto Renji, saliendo de detrás de la barra -Pásame la charola Shūhei y el bloc de pedidos

El pelirrojo había comenzado a repartir los pedidos, mientras Shū y Kira trabajaban detrás de la barra a match dos, ya que sus jefes seguían de acaramelados del otro lado de la barra mientras la línea comenzaba a hacerse más y más larga, por lo que Tōshirō debió tomar el mando de la caja y mandar a sus jefes a la parte de atrás.

-vayan a hacer sus espectáculos a otra parte – les reclama él serio peli blanco

Ya faltaba poco para que diera la hora en que tenían que llegar al karaoke para que nos les quitaran la reserva, aunque ya todos estaban prácticamente listos y ansiosos por pasar una épica noche festejando al hermano de en medio. Quien sabe que sorpresas se presentarían ahora que también sus primas de Tokyo se sumaban a aquel festejo….