¿Habéis oído eso, chicos? Una hornada de galletas depende de mí. Si hacéis que me maten camino del campamento, me cabrearé mucho.

-Percy con eso no se juega-dijo Annabeth

-Perdón, perdón-dijo Percy

-Fin del capítulo-dijo Deméter

-Sigo yo-dijo Hermes tomando el libro

-Hermano ¿Por qué?-dijo Apolo gimoteando

-Sera divertido-respondió el dios de los mensajeros

-Muy divertido si mi hijo va al volante aja-dijo Poseidón preocupado por lo que le podría pasar a su hijo

Aquaman al volante.

No podría haber nada peor.

Un momento, sí que podría.

-Genial mas chistes de Aquaman-dijo Percy lastimosamente

-Nunca son demasiados cerebro de algas-dijo su novia

-oh vamos ni siquiera son tantos-dijo Jason

-Leo dijo unos cuantos-dijo Percy

Todos los semidioses solo se quedaron pensando en donde estaría Leo en estos momentos mientras los dioses se preguntaban quien era Leo

Para gran desilusión mía, los Jackson no tenían un arco ni un carcaj de sobra que prestarme.

Se me da fatal el tiro con arco —explicó Percy.

-Le clave una flecha a Quiron en sus "cuartos traseros"-dijo Percy riendo un poco por el recuerdo

-Eso no es tan malo- contesto Apolo

-Quiron estaba atrás mio-contesto Percy y entonces todos se rieron al imaginar la car de Quiron y una vez calmados siguieron la lectura

Sí, pero a mí no —dije—. Por eso siempre deberías tener en cuenta mis necesidades.

-En mi defensa casi no los vemos en general-dijo Percy

Sin embargo, Sally nos prestó a Meg y a mí unos forros polares en condiciones. El mío era azul, con la palabra BLOFIS escrita en el interior del cuello. Quizá era una

protección arcana contra los espíritus malvados. Hécate lo habría sabido. La hechicería no era lo mío.

-¿Ese no es el apellido de Paul cerebro de algas?-Pregunto Thalia

-Efectivamente cara de pino-contesto Percy

-Owwww me encanta cuando se ponen cariñosos-dijo Nico sarcásticamente

-Callate aliento de zombie-le dijeron Thalia y Percy

-Son bastante parecidos a sus padres-dijo Hermes antes de continuar la lectura

Cuando llegamos al Prius, Meg se pidió el asiento del pasajero, otro ejemplo de mi injusta existencia.

-¿Por ir atrás? ¿enserio?-dijo Artemisa-sabes que ni para que pregunto obvio que eres asi-dijo resoplando

Los dioses no viajan en la parte trasera.

-A nadie le gusta-reconocio Frank a lo que los demás semidioses asintieron

Por segunda vez, propuse seguirlos en un Maserati o un Lamborghini, pero Percy reconoció que no tenía ninguno de los dos modelos.

-Son demasiado caros para un profesor, una novelista y un adolescente-reconoció Percy

-Cuando cumplas la mayoría de edad podrías tener uno-dijo Poseidon pensativamente

-¿Enserio?-dijo Percy asombrado

-Claro que si hijo- dijo Poseidon

-Hijo-trono Zeus para que todos lo voltearan a ver pero el viendo a jason-Podrias tener el vehículo que quieras ya que tengas la edad suficiente-termino sorpendiendo a todos

Y asi es como uno a uno los semidioses que tenían un padre ahí consiguieron un carro para la mayoría de edad menos Thalia porque segun Artemisa ¨la caza no ocupa de tales cosas¨

El Prius era el único coche que poseía su familia.

Increíble. Simplemente increíble.

Sentado en el asiento trasero, no tardé en marearme. Estaba acostumbrado a conducir mi carro solar por el cielo, donde todos los carriles eran rápidos. No estaba habituado a la autopista de Long Island. Créeme, incluso un día de mediados de enero al mediodía, vuestras autopistas son desesperantes.

Percy frenaba y avanzaba a sacudidas. Deseé con toda mi alma poder lanzar una bola de fuego delante de nosotros y derretir los coches para poder seguir con nuestro viaje, que era claramente más importante.

-Eso seria riesgoso pero genial-admitio Piper

Todos los semidioses se le quedaron viendo raro por tales pensamientos porque si bien eso quitaría el trafico también se llevaría almas inocentes

¿No tiene lanzallamas el Prius? —pregunté—. ¿Láseres? ¿Ni siquiera unas cuchillas hefestianas para el parachoques? ¿Qué clase de coche económico es este?

-No es de película-dijo Percy

-Pero podría serlo-dijo Annabeth

-Los hijos de lord Hefesto podrían arreglarlo-dijo Hazel captando la idea

-Ok,eso seria genial-admitio Percy

Percy miró por el espejo retrovisor.

¿Tenéis coches así en el monte Olimpo?

No tenemos atascos —contesté—. Eso te lo aseguro.

-No todos tienen carros-dijo Hestia

Meg tiró de sus anillos de medialuna. Volví a preguntarme si la niña tenía alguna relación con Artemisa. La luna era el símbolo de mi hermana. ¿Había enviado Artemisa a Meg para que cuidara de mí?

-Mandaria a mi mejor cazadora si se pudiera,pero, no creo que ella sea una- dijo Artemisa.

-Ay Arty si me quieres ¿Abrazo de gemelos?-dijo Apolo tomando el tamaño de un niño

-No lo arruines-dijo Artemisa viéndolo mal

Aun así, no lo veía claro. A Artemisa siempre le había costado compartir cosas conmigo: semidioses, flechas, países, fiestas de cumpleaños… Es cosa de gemelos. Además, Meg McCaffrey no me parecía una de las seguidoras de mi hermana. Meg tenía otro tipo de halo; uno que habría podido reconocer sin problemas si fuera un dios.

-Por lo menos mi castigo no va tan mal-dijo Dionisio

Pero no, tenía que confiar en mi intuición mortal, que era como intentar coger alfileres con unas manoplas para el horno.

Meg se volvió y miró por el parabrisas trasero, seguramente para ver si nos seguía algún bulto brillante.

Por lo menos no nos…

-Ohhhh no eso si que no-dijo Percy recibiendo miradas extrañas-¿Qué? Es de mala suerte decir eso- concluyo cruzándose de brazos

No lo digas —le advirtió Percy.

Meg resopló.

No sabes lo que iba a…

Ibas a decir: «Por lo menos no nos siguen» —dijo Percy—. Eso da mal fario. Enseguida nos daremos cuenta de que nos están siguiendo. Luego acabaremos en una batalla campal que dejará el coche de mi familia para el arrastre y probablemente destruya toda la autopista. Y después tendremos que ir corriendo el resto del camino al campamento.

-Le podrías quitar el puesto a Rachel-dijo Nico en broma

Meg abrió mucho los ojos.

¿Puedes adivinar el futuro?

No me hace falta. —Percy cambió de carril a uno que avanzaba un poco menos despacio—. Me ha pasado muchas veces. Además —me lanzó una mirada acusadora—, ya nadie puede adivinar el futuro. El Oráculo no funciona.

-Eso de muchas veces me sigue sin gustar-dijo Poseidon

-¿Cómo que mi oráculo no funciona?-dijo Apolo

¿Qué Oráculo? —preguntó Meg.

Ninguno de nosotros dos contestó. Por un momento, me quedé demasiado estupefacto para hablar. Y, créeme, tengo que estar muy estupefacto para que eso me ocurra.

¿Sigue sin funcionar? —dije con una vocecilla.

-¿Sigue?-dijo aun mas intrigado Apolo

¿No lo sabías? —replicó Percy—. Claro, has estado fuera seis meses, pero pasó durante tu guardia.

-¿En serio?-dijo Zeus alzando una ceja hacia Apolo

Era injusto. En aquel entonces yo había estado ocupado escondiéndome de la ira de Zeus, una excusa totalmente legítima.

-CofCofCobardeCofCof- ¨tosio¨ Ares recibiendo una mala mirada de su medio hermano solar

¿Cómo iba a saber que Gaia aprovecharía el caos de la guerra y despertaría a mi enemigo más viejo y más acérrimo de las profundidades del Tártaro para que pudiera apoderarse de su vieja guarida en la cueva de Delfos y cortar la fuente de mi poder profético?

-Eres el dios de las profecías querido-le dijo Afrodita

Oh, sí, ya os oigo a los críticos decir: «Eres el dios de las profecías, Apolo. ¿Cómo es posible que no supieras lo que pasaría?».

-Mi punto-recalco Afrodita

Lo siguiente que oigáis será a mí haciendo una gigantesca pedorreta digna de Meg McCaffrey.

Me tragué el sabor del miedo y la salsa de siete capas.

Yo solo… creía… esperaba que ya se hubiera resuelto.

¿Te refieres a que unos semidioses —dijo Percy— se embarcaran en una misión para recuperar el Oráculo de Delfos?

-No estaría mal-Murmuro Apolo

Mientras algunos cuantos ya se daban la idea de que debería de hacer Apolo

¡Exacto! —Sabía que Percy lo entendería—. Supongo que Quirón se olvidó. Se lo recordaré cuando lleguemos al campamento para que envíe carne de cañón… digo, héroes…

Los semidioses se le quedaron viendo a muerte y antes de que nadie dijera nada Hermes mejor continuo

Mira, te diré lo que pasa —me interrumpió Percy—. Para ir de misión, necesitamos una profecía, ¿no? Esas son las normas. Si no hay Oráculo, no hay profecías, así que hemos caído en una…

Una trampa 88. —Suspiré.

-No hay tal cosa-dijero diosa de la sabiduría e hija al mismo tiempo

Meg me tiró una pelusa.

Es una trampa 22.

-Exactamente-volvieron a decir ambas con una buena sincronización que daba miedo

No —expliqué pacientemente—. Esto es una trampa 88, que es cuatro veces peor.

-Me gusta esa lógica-dijo Jason

Me sentía como si estuviera dándome un baño caliente, flotando, y alguien hubiera quitado el tapón. El agua se arremolinaba a mi alrededor, tirando de mí hacia abajo. Pronto estaría tiritando y descubierto, o absorbido por el desagüe hacia las alcantarillas de la desesperación.

-Ni yo hago comparaciones asi-admitio Percy

(No te rías. Es una metáfora perfectamente válida. Además, cuando eres un dios, puedes ser absorbido por un desagüe muy fácilmente… si te pillan desprevenido y cambias de forma en el momento menos indicado. Una vez me desperté en una planta de tratamiento de aguas residuales en Biloxi, pero eso es otra historia).

-Ya quiero vivir eso-dijo emocionado Apolo

Estaba empezando a ver lo que me esperaba durante mi estancia entre los mortales. El Oráculo estaba en manos de fuerzas hostiles. Mi adversaria esperaba enroscada, volviéndose cada día más fuerte con los gases de las cavernas délficas. Y yo era un débil mortal atado a una semidiosa sin preparación que lanzaba basura y se mordía las cutículas.

-Un plan arriesgado padre-admitio Atenea

-Si lo hice fue por algo-respondio Zeus

No. Zeus no podía esperar que yo resolviera eso. Al menos, en mi estado actual.

Y, sin embargo, alguien había enviado a aquellos matones para que me interceptaran en el callejón. Alguien había sabido dónde aterrizaría.

«Ya nadie puede adivinar el futuro», había dicho Percy.

Pero eso no era del todo cierto.

Apolo recordó a cada uno de sus oráculos en ese momento,pero, ¿seria ese el plan de su padre?¿encontrar a todos era aun posible?

Eh, vosotros dos. —Meg nos lanzó unas pelusas a los dos. ¿De dónde las sacaba?

Me di cuenta de que no había estado haciéndole caso. Había sido bonito mientras había durado.

Sí, perdona, Meg —dije—. Verás, el Oráculo de Delfos es un antiguo…

Eso me da igual —me interrumpió ella—. Ahora hay tres bultos brillantes.

-No puede ser-gimoteo Percy

¿Qué? —preguntó Percy.

Ella señaló detrás de nosotros.

Mirad.

Abriéndose paso entre el tráfico, acercándose rápido a nosotros, había tres relucientes apariciones vagamente humanoides, como columnas de granadas de humo tocadas por el Rey Midas.

Me gustaría viajar tranquilo una sola vez —gruñó Percy—. Agarraos. Vamos a ir campo a través.

-Ir tranquilo seria bonito-dijo Percy

Lo que Percy entendía por «campo a través» no era lo mismo que lo que yo entendía.

Me imaginé cruzando un campo real.

-No hay muchos de esos en Manhattan-dijo Annabeth defendiendo a su novio

En cambio, Percy se metió disparado por la vía de salida más cercana, atravesó zigzagueando el aparcamiento de un centro comercial y luego pasó como un rayo por delante de la ventana de autoservicio de un restaurante mexicano sin pedir nada. Nos desviamos a una zona industrial de almacenes desvencijados, con las apariciones humeantes pisándonos los talones.

Se me pusieron los nudillos blancos de agarrar el tirante del cinturón de seguridad.

¿Tu plan consiste en evitar pelear muriendo en un accidente de tráfico? —pregunté.

-Puede ser-dijo Percy antes de recibir un zape de su novia

Ja, ja. —Percy dio un volantazo a la derecha. Nos dirigimos al norte a toda velocidad, y los almacenes dieron paso a una mezcla de bloques de pisos y centros comerciales abandonados—. Estoy yendo a la playa. Lucho mejor cerca del agua.

-Fuera de ella también eres impresionante bro-dijo Jason

-Gracias bro-le regreso Percy

-Mientras no sea en Kansas todo bien-dijo Piper

-Solo fue una vez-dijeron ambos bros

¿Por Poseidón? —preguntó Meg, equilibrándose contra el tirador de la puerta.

Sí —asintió Percy—. Esa frase resume mi vida entera: «Por Poseidón».

-Ciertamente lo hcae-reconocio Percy tratando de no mirar a su papá

Meg se puso a dar botes de emoción, cosa que me pareció absurda, considerando que ya estábamos dando suficientes botes.

¿Te volverás como Aquaman? —preguntó ella—. ¿Harás que los peces luchen para ti?

-Seria cool-dijo Hazel como niña chiquita

-Podria ser-dijo Percy

-Puedo ser pez y pelear por ti-le murmuro Frank haciéndola sonrojar

Gracias —dijo Percy—. Todavía no he oído suficientes bromas sobre Aquaman.

-Inventaremos mas entonces-dijo Nico

¡No bromeaba! —protestó Meg.

Miré por la ventanilla trasera. Las tres columnas brillantes seguían ganando terreno. Una atravesó a un hombre de mediana edad que cruzaba la calle. El peatón mortal se desplomó en el acto.

-Son nosoi-dijo Apolo

-¿enserio? spoilers hermano-le reclamo Hermes

-Seguro lo descubro ahorita-dijo seguro Apolo

¡Ah, yo conozco a esos espíritus! —grité—. Son… esto…

Se me nubló el cerebro.

¿Qué? —preguntó Percy—. ¿Qué son?

¡Me he olvidado! ¡No soporto ser mortal! Cuatro mil años de conocimientos, los secretos del universo, un mar de sabiduría… ¡perdido porque no puedo contenerlo todo en esta tacita que tengo por cerebro!

-El mar de sabiduría soy yo-Dijo Atenea

-Como digas nea-le resto importancia Apolo

¡Agarraos!

Percy cruzó volando un paso a nivel, y el Prius se elevó por los aires. Meg gritó al darse con la cabeza contra el techo. Luego empezó a reírse como una tonta sin poder controlarse.

-Gran manejo mocoso-dijo Ares para sorpresa de todos

El paisaje se abrió a una campiña real: campos en barbecho, viñas aletargadas, huertas de árboles frutales sin hojas.

Solo falta un kilómetro y medio más o menos para la playa —informó Percy—. Además, casi hemos llegado al lado oeste del campamento. Podemos conseguirlo. Podemos conseguirlo.

-Y ahora todo sale mal creo-dijo Reyna

En realidad no pudimos. Una de las nubes de humo brillantes nos jugó una mala pasada y se elevó de la calzada justo delante de nosotros.

Instintivamente, Percy dio un volantazo.

El Prius salió de la carretera, atravesó una alambrada de púas y entró en un huerto. Percy evitó chocar contra los árboles, pero el coche patinó en el barro cubierto de hielo y se atascó entre dos troncos. Milagrosamente, los airbags no se activaron.

-Mamá me va amatar-dijo Percy

Percy se desabrochó el cinturón de seguridad.

¿Estáis bien?

Meg empujó contra la puerta del lado del pasajero.

No se abre. ¡Sácame de aquí!

Percy intentó abrir la puerta de su lado. Estaba firmemente atrancada contra el lado de un melocotonero.

Aquí detrás —dije—. ¡Pasad por encima de los asientos!

Abrí la puerta de una patada y bajé tambaleándome; tenía las piernas como unos amortiguadores gastados.

-Si lo pudiste abrir y ellos no entonces aun tienes algo de fuerza divina-teorizo Atenea

Las tres figuras humeantes se habían detenido en el linde del huerto. Ahora avanzaban despacio mientras adquirían forma sólida. Les salieron brazos y piernas. En sus caras se formaron ojos y bocas abiertas y hambrientas.

Supe instintivamente que me había enfrentado a esos espíritus antes. No me acordaba de qué eran, pero los había hecho desvanecerse muchas veces, fulminándolos sin más esfuerzo que a un enjambre de mosquitos.

Lamentablemente, ya no era un dios.

-Solo se pone peor-dijo Apolo

Era un chico de dieciséis años presa del pánico. Me sudaban las palmas de las manos. Me castañeteaban los dientes. Mi único pensamiento coherente era: «¡OSTRAS!».

Percy y Meg estaban teniendo problemas para bajar del Prius. Necesitaban tiempo, y eso significaba que yo tenía que intervenir.

¡ALTO! —grité a los espíritus—. ¡Soy el dios Apolo!

Para mi sorpresa, los tres espíritus se detuvieron. Se quedaron flotando a unos doce metros.

-Creo que te conocen-dijo sarcástico Hermes

Oí gruñir a Meg mientras saltaba del asiento trasero. Percy salió con dificultad detrás de ella.

Avancé hacia los espíritus, y el barro cubierto de hielo crujió bajo mis zapatillas. Mi respiración formaba vaho en el aire frío. Alcé la mano e hice un antiguo gesto levantando tres dedos para protegerme contra el mal.

¡Dejadnos o pereced! —les dije a los espíritus—. ¡BLOFIS!

Todos se rieron ante el ¨encantamiento¨ de Apolo

Las siluetas humeantes temblaron. Mis esperanzas aumentaron. Esperé a que se disipasen o huyesen aterrorizados.

En cambio, se solidificaron y se transformaron en cadáveres macabros con los ojos amarillos. Iban cubiertos con harapos y tenían las extremidades llenas de heridas abiertas y llagas supurantes.

Vaya, hombre. —La nuez me bajó de golpe al pecho como una bola de billar—. Ahora me acuerdo.

-Mas vale tarde que nunca-dijo Percy

Percy y Meg se me acercaron uno a cada lado. Percy convirtió su bolígrafo en una hoja de reluciente bronce celestial con un sonido metálico.

-¿Anaklusmos?-pregunto Poseidón a su hijo

-Si, Quiron me dijo que la dejaste para mí-contesto Percy

¿De qué te acuerdas? —preguntó—. ¿De cómo matar a estas cosas?

No —contesté—. Me acuerdo de lo que son: nosoi, espíritus de las plagas. Y también… de que no se los puede matar.

-Y con esa gran noticia se acaba el capitulo-Dijo Hermes

-Sigo yo-dijo…

Nota de autor: Buenas Buenas,lamento la tardanza pero la uni me esta comiendo vivo lo buenos es que ya la siguiente semana termino y voy a tratar de acabar el primer libro y el segundo en vacaciones se los prometo y como saben si tienen cometarios porfa dejenmelos