¿De qué te acuerdas? —preguntó—. ¿De cómo matar a estas cosas?

No —contesté—. Me acuerdo de lo que son: nosoi, espíritus de las plagas. Y también… de que no se los puede matar.

-Y con esa gran noticia se acaba el capitulo-Dijo Hermes

-Sigo yo-dijo Nico

-Como quieras niño-dijo Hermes pasandole el libro

Jugando a pillar con los espíritus de las plagas.

Tú la llevas y eres contagioso.

Que te lo pases bien, ja, ja.

-Algo tranquilo entonces-dijo Jason preocupando a su padre aunque no se notara

¿Nosoi? —Percy colocó los pies en posición de combate—. Siempre pienso que he matado a todas las criaturas de la mitología griega, pero la lista no acaba nunca.

-A nosotros no creo que nos hayas matado hijo-dijo Poseidon haciendo sonrojar a Percy

A mí todavía no me has matado —observé.

-No lo tientes cabeza de helio-dijo Artemisa

No me tientes.

Todos ahogaron una risita mientras Artemisa hacia una mueca por pensar igual que el muchacho

Los tres nosoi avanzaron arrastrando los pies. Sus bocas cadavéricas estaban abiertas. Las lenguas les colgaban. Sus ojos brillaban con una capa de mocos amarillos.

-Encantadores-dijo Reyna

Estas criaturas no son mitos —dije—. Claro que casi todos los mitos antiguos no son mitos. Salvo la historia de que desollé vivo al sátiro Marsias*. Eso fue una mentira como una casa.

-¿Hiciste que? Viejo mi mejor amigo es un satiro-dijo Percy medio asqueado y medio intrigado

-Ey- se quejaron Frank y Jason

-Ustedes son mi bro y mi tataraalgo es diferente-se justifico Percy

-Estem fue un mal entendido-se excuso Apolo-solo le quite la lana ahí abajo pero no lo desoye- es diferente

-Ohhhhh-fue el grito semidios general

Percy me miró.

¿Que hiciste qué?

Chicos. —Meg cogió una rama de un árbol marchito—. ¿Podemos hablar de eso más tarde?

El espíritu del medio habló:

Apolooo… —Su voz sonaba ahogada como una foca con bronquitis—. Hemos veniiido a…

Permite que te interrumpa. —Me crucé de brazos y fingí una arrogante indiferencia. (Me costó, pero lo conseguí.)—. Habéis venido a vengaros de mí, ¿verdad? —Miré a mis amigos semidioses—. Veréis, los nosoi son los espíritus de las enfermedades. Desde que nací, propagar enfermedades se convirtió en parte de mi trabajo. Utilizo flechas infectadas para matar a la población desobediente de viruela, pie de atleta, ese tipo de cosas.

-Entonces las pandemias y eso ¿tu las creas?-Pregunto Annabeth

-Si y no-dijo Apolo-suelto solo una flecha de enfermedad pero ya que se propague mucho es cosa de los mortales-termino

Qué asco —dijo Meg.

¡Alguien tiene que hacerlo! —repuse—. Mejor un dios, regulado por el Consejo del Olimpo y con los debidos permisos sanitarios, que una horda de espíritus sin control como estos.

-¿Enserio hermano?-dijo Hermes-en un momento como ese-termino suspirando

-Siempre es buen momento para echárselos en cara-se defendió el dios del sol

El espíritu de la izquierda gorjeó.

¿Podemos hablar un momeeento? ¡Deja de interrumpir! Queremos ser libres, sin controool…

Sí, ya lo sé. Vais a acabar conmigo. Y luego propagaréis toda enfermedad conocida por el mundo. Habéis querido hacerlo desde que Pandora os dejó salir de su vasija. Pero no podéis. ¡Os voy a eliminar!

-Dos palabras sonrisas ¨sin¨ ¨poderes¨ -dijo Ares sarcasticamente

Puede que te estés preguntando cómo podía actuar con tanta confianza y tranquilidad. En realidad, estaba aterrado.

-Es normal señor Apolo-le dijo Hazel

-Gracias niña-

Mis instintos de mortal de dieciséis años gritaban: «¡HUYE!». Me temblaban tanto las rodillas que chocaban entre sí, y había empezado a padecer un desagradable tic en el ojo derecho.

-A todos nos pasa el miedo la primera vez- dijo Jason

Pero el secreto para enfrentarse a los espíritus de las plagas estaba en seguir hablando como si uno controlase y no tuviese miedo. Confiaba en que gracias a eso a mis compañeros semidioses les diera tiempo a idear un plan ingenioso para salvarme. Desde luego esperaba que Meg y Percy estuvieran pensando un plan.

-Soy mas de actuar sobre la marcha-admitio Percy-los planes elaborados los dejo para la chica sabia aquí-termino sin pena Percy

-Sin mi hubieras muerto cerebro de algas-le dijo Annabeth con una sonrisita

-No lo niego-le dijo su novio regresándole la sonrisa

Afrodita ya estaba al borde de un infarto al ver tal química entre una pareja asi que Nico mejor continuo la lectura

El espíritu de la derecha enseñó sus dientes podridos.

¿Con qué nos vas a eliminar? ¿Dónde está tu aaarco?

Parece que ha desaparecido —convine—. Pero ¿ha desaparecido realmente? ¿Y si está bien escondido debajo de esta camiseta de Led Zeppelin y estoy a punto de sacarlo y dispararos a todos?

-Buen intento pero mientes pésimo sobrino-dijo Poseidon

-Ey- se quejo Apolo mientras el consejo en general asentia de acuerdo

Los nosoi se arrastraron con nerviosismo.

Mieeentes —replicó el del medio.

Percy se aclaró la garganta.

Ejem, Apolo…

«¡Por fin!», pensé.

Sé lo que vas a decir —le dije—. Que tú y Meg habéis pensado un plan ingenioso para frenar a estos espíritus mientras yo escapo al campamento. Detesto que os sacrifiquéis, pero…

-No creo que eso sea-murmuro Percy a su novia

Eso no es lo que iba a decir. —Percy levantó la espada—. Iba a preguntarte qué pasa si hago picadillo a estos merluzos con bronce celestial.

El espíritu del medio rio; sus ojos amarillos brillaban.

Una espada es un arma insignificante. No tiene la poesííía de una buena epidemia.

-Ey la poesía es mia-se quejo Apolo

¡Alto ahí! —tercié—. ¡No podéis exigir mis plagas y también mi poesía!

-Exacto, malditos avariciosos-dijo Apolo

Tienes razón —dijo el espíritu—. Basta de palaaabras.

-Se viene lo bueno-dijo Ares emocionado por algo de accion

Los tres cadáveres avanzaron arrastrando los pies. Estiré los brazos, confiando en reducirlos a polvo. No pasó nada.

¡Esto es insoportable! —me quejé—. ¿Cómo lo conseguís los semidioses sin el poder de autovictoria?

-Mucho esfuerzo-fue el coro general de semidioses

Meg clavó su rama de árbol en el pecho del espíritu más cercano. La rama se quedó clavada. Un humo brillante empezó a recorrer el trozo de madera.

¡Suéltala! —le advertí—. ¡No dejes que los nosoi te toquen!

-Seria muuuuy malo, dependiendo del Nosoi-le dijo Apolo a los semidioses

Meg soltó la rama y escapó.

Mientras tanto, Percy Jackson entró en combate. Blandió su espada y esquivó los intentos de los espíritus de atraparlo, pero sus esfuerzos fueron en vano. Cada vez que la hoja de su espada entraba en contacto con los nosoi, sus cuerpos se disolvían en una niebla brillante y luego volvían a solidificarse.

-Voy a odiar a esos tipos-dijo Percy

-Todos sesos de alga-le apoyo Thalia

Un espíritu se abalanzó sobre él para agarrarlo. Meg cogió un melocotón negro congelado del suelo y lo lanzó con tal fuerza que lo incrustó en la frente del espíritu y lo derribó.

-La niña me agrada-dijo Hermes

Tenemos que huir —decidió Meg.

Sí. —Percy dio marcha atrás hacia nosotros—. Me gusta la idea.

-Se cuando retirarme ahora ¿ok?- dijo ante las miradas de sus amigos

Yo sabía que correr no serviría de nada. Si fuera posible escapar de los espíritus de las enfermedades, los europeos de la Edad Media se habrían puesto sus zapatillas de atletismo y habrían escapado de la peste negra. (Y para tu información, la peste negra no fue cosa mía. Me tomé un siglo de descanso para estar tumbado a la bartola en la playa de Cabo, y cuando volví descubrí que los nosoi estaban sueltos y que un tercio del continente había muerto. Dioses, cómo me fastidió).

-Recuérdame ¿porque no te castigue?-le pregunto Zeus

-Me diste ese descanso-le afirmo encogiéndose de hombros el dios del sol

Pero estaba demasiado asustado para discutir. Meg y Percy se fueron corriendo a través del huerto, y los seguí.

Percy señaló una cadena de colinas situada aproximadamente un kilómetro y medio más adelante.

Esa es la frontera oeste del campamento. Si conseguimos llegar allí…

-Llegaran conmigo seguramente-dijo Dionisio

Pasamos por delante de un tráiler con un tanque de riego. Con un movimiento despreocupado de mano, Percy hizo que un lado del tanque reventase. Una barrera de agua chocó contra los tres nosoi detrás de nosotros.

Eso ha estado bien. —Meg sonrió, mientras avanzaba dando saltos con su vestido verde nuevo—. ¡Vamos a conseguirlo!

«No —pensé—, no vamos a conseguirlo».

Me dolía el pecho. Resollaba cada vez que respiraba. Me molestaba que aquellos dos semidioses pudieran mantener una conversación al mismo tiempo que corrían como unos descosidos mientras que yo, el inmortal Apolo, boqueaba como un pez.

-Te puedo enseñar a correr cuando quieras-se ofreció sarcásticamente Hermes haciendo que Apolo le diera una mala mirada

No podemos… —dije respirando a grandes bocanadas—. Nos…

Antes de que pudiera terminar, las tres columnas brillantes de humo se elevaron del suelo delante de nosotros. Dos de los nosoi se convirtieron en cadáveres: uno con un melocotón por tercer ojo, y el otro con una rama que le sobresalía del pecho.

El tercer espíritu… En fin, Percy no lo vio a tiempo. Chocó de lleno contra la columna de humo.

-Mamá y luego Annabeth van a matarme si me muero ahí Apolo- le dijo Percy

-Pero ¿Cómo?-dijo Apolo

-Mejor no saber-le respondió Hestia

¡No respires! —le advertí.

Percy abrió los ojos desorbitadamente como diciendo: «¿Me lo dices ahora?». Cayó de rodillas agarrándose el cuello. Como hijo de Poseidón, seguramente podía respirar bajo el agua, pero contener la respiración durante un tiempo indeterminado era harina de otro costal.

-¿Jason y Thalia podrían?-Pregunto Piper intrigada

-Si controlaran el aire en su cuerpo probablemente-respondio para sorpresa general Zeus

Meg cogió otro melocotón mustio del campo, pero no le serviría de gran cosa contra las fuerzas de las tinieblas.

Pensé cómo ayudar a Percy —porque me desvivo por ayudar—, pero el nosos empalado con la rama arremetió contra mí. Me volví y eché a correr, y me di de morros con un árbol. Me gustaría decirte que formaba parte del plan, pero ni siquiera yo, con mi gran destreza poética, pude verle el lado positivo.

Me encontré tumbado boca arriba, con la vista nublada y el rostro cadavérico del espíritu cerniéndose sobre mí.

-No puede ser-murmuro Apolo

¿Qué enfermedad mortal uso para matar al gran Apolooo? —dijo el espíritu gorjeando—. ¿Ántrax? ¿Ébooola, quizá…?

Padrastros —propuse, tratando de apartarme de mi torturador—. Me aterran los padrastros.

-Hay unos muy buenos-dijo Percy recordando a Paul

¡Ya tengo la respuesta! —gritó el espíritu, pasando de mí groseramente—. ¡Probemos con esto!

Se deshizo en humo y se posó sobre mí como un manto brillante.

-Fin del capitulo- dijo Nico

-No acabo tan mal-dijo Artemisa para tratar de animar a su hermano

-Bueno y ahora ¿Quién quiere leer?-pregunto Nico

-Yo-dijo …

Datos interesantes

*Marcias se convirtió en el mejor flautista de la antigua Grecia, hasta el punto de vencer a todos los músicos que lo desafiaron. No contento con eso, este plan se atreve a decir que su flauta tenía una mejor melodía que la lira Apolo. Este dios no tardó en responder a estos comentarios desafiando a Marcias en un duelo musical, con un jurado formado por las nueve musas y donde el premio seria controlar el destino del perdedor. Después de derrotar a Marcias, Apolo lo castigó despellejándolo vivo y clavándole la piel a un árbol. Se cree que al derramar la sangre del disparo, ella creó el río que ahora se conoce como Marcias.

Notas del autor: Buenas buenas disculpen la tardanza pero entre finales, prácticas de laboratorio y la vida de foráneo no hubo mucho tiempo, les traigo este cap rápido y voy a esta trabajando para traerles un 3x1 el fin de semana, como siempre disculpen las faltas ortográficas y espero sus review