Autora POV
Poco a poco los años iban pasando, y todo parecía ir en favor de los planes del rey demonio. Sakura se hacía cada día más fuerte, y pronto había comenzado a ayudar a Muzan con su investigación en busca de una manera de vencer al sol. Ella permanecía ignorante de la verdad, creyendo fielmente cada una de las mentiras que el castaño susurraba en su oído. Era como un cachorro en busca de afecto, mientras la mantuviera feliz, ella lo seguiría hasta la boca del abismo.
Su séquito de demonios también había incrementado con el correr de los años. No solo había más cantidad de demonios aterrorizando a los humanos por las noches, sino que también había creado su propio ejército personal: Las doce lunas demoníacas, doce demonios que se destacaban por encima de los demás tanto en fuerza como en velocidad de regeneración. Y sumado a que los cazadores no podían atraparlo, Muzan se sentía prácticamente en la cima del mundo, invencible ante todos sus enemigos.
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Sakura bufó con frustración mientras machacaba de forma casi violenta los pétalos de la flor que estaba utilizando para su experimento más reciente. Estaba evidentemente molesta, y era una maravilla que no estuviera destrozando las herramientas de trabajo por la fuerza ejercida en las mismas.
— La princesa se ve molesta ¿Alguien te ha dado un humano rancio para que estés de tan mal humor? —la voz burlona de Douma llegó a sus oídos antes de que pudiese sentir su presencia detrás de ella.
El ceño fruncido en el rostro de la pelirrosa se profundizó al escuchar a la segunda luna superior dirigirse a ella con tanta informalidad. Incluso si los demonios le tenían el mismo respecto que le profesaban a Muzan, era cierto que con ella se tomaban muchas más libertades —siempre y cuando el rey demonio no se encontrara presente, claro estaba—, y Sakura no estaba de humor para lidiar con ello.
— Douma. —habló con un tono de voz espantosamente dulce. — ¿Quieres ser mi conejillo de indias? Todo lo que tienes que hacer es beber esta medicina y caminar bajo el sol en la madrugada. Si sobrevives, Muzan te recompensará.
La luna demoníaca sonrió divertido antes de apartarse de la mujer levantando las manos en señal de rendición.
— Está bien, está bien… Lo entiendo, estás molesta, no hace falta que me enseñes los colmillos. —dijo el rubio en defensa antes de recargarse contra la mesa de trabajo de la pelirrosa. — Pero aún así estoy curioso. Pocas cosas te ponen de tan mal humor ¿Akaza olvidó traerte comida?
Sakura desvió la mirada, frunciendo aún más el ceño al recordar la razón de su enojo. Sabía bien que su esposo necesitaba camuflarse entre los humanos para poder continuar con la investigación y eludir a los cazadores de demonios, sin embargo… ¿Era necesario que uno de sus disfraces fuese ser el esposo y padre de una familia humana? Se le ponían los nervios de punta de solo recordar al rey demonio luciendo tan a gusto con aquella asquerosa mujer humana ¿Qué tenía de especial ella? Sakura deseaba con tantas fuerzas simplemente quebrarle el cuello y devorarla.
Muzan era su esposo, no debería de acercarse tanto a otras mujeres, incluso si se trataba de una mera fachada… La pelirrosa no podía soportarlo. No ayudaba el hecho de que había pasado un buen tiempo desde la última vez que el castaño había decidido llevarla a la cama ¿Acaso no estaba feliz con ella? ¿Acaso no se sentía complacido y por eso se sentía en la necesidad de buscar a alguien tan burdo como esa mujer?
No se dio cuenta que en su rabia destrozó el mortero que se encontraba utilizando hasta que los finos pedazos de porcelana comenzaron a perforarle la piel de las manos causándole un sangrado menor. La ojijade relajó su expresión y dejó escapar un suspiro cansado antes de empezar a quitarse los fragmentos punzantes que lastimaban su piel.
— No quiero hablar de eso… —murmuró, finalmente respondiendo a las preguntas de la luna superior. Sin embargo, aunque se negase a dar una respuesta concisa, Douma no necesitaba ser un genio para comprender qué era lo que la estaba molestando.
— Problemas maritales… ¿Eh?
Sakura se mordió el labio al escucharlo decir aquellas palabras, y bajó la cabeza sintiendo como las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. Era tan tonto para un demonio como ella llorar por algo tan trivial como el desamor… pero realmente le dolía en lo más profundo de su corazón.
— ¿Soy tan poco atractiva? —se atrevió a preguntar, levantando la mirada para encarar al hombre de rubios cabellos. No confiaba en él para darle una respuesta sincera, pero cualquier oración sonaba ideal a sus oídos en esos momentos.
Si Douma se sintió sorprendido por su pregunta o no, no lo demostró físicamente. En ningún momento de la charla sus labios habían abandonado aquella sonrisa traviesa que lo caracterizaba.
— Eres encantadora. —respondió el rubio relamiéndose los labios. No era secreto que la segunda luna superior poseía una fascinación hacia las mujeres, principalmente las mujeres humanas que amaba devorar, sin embargo, aquello no le impedía reconocer la belleza de una dama como Sakura. — Cualquiera que tuviese el honor de estar a tu lado debería sentirse agradecido.
Una sonrisa amarga surgió en los labios de la ojijade. Si eso era así ¿Entonces por qué Muzan no se contentaba con ella?
— Gracias Douma… —murmuró de forma desganada antes de retomar su trabajo de moler y mezclar hierbas.
— Sakura-sama… —la voz de Nakime hizo que la mencionada se sobresaltara ligeramente. — Muzan-sama ha regresado, y requiere de su presencia en sus aposentos. —informó la demonio de negros cabellos. El estómago de la pelirrosa se retorció ante esta nueva información.
Tomó una respiración profunda en un intento de calmarse. Su esposo finalmente estaba en casa, y por mucho que quisiera enojarse y negarse a acudir a él, estaba feliz de volver a verlo. Por mucho que se sintiese frustrada hacia él, no podía dejar de caer a sus pies.
— Entiendo… Gracias, Nakime.
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Lo primero que Sakura notó al momento de entrar a la habitación era que Muzan se encontraba enojado, o tal vez la palabra furioso sería una mejor aplicación para describir el estado de ánimo que demostraba aquel hombre. Aquello no era una visión inusual dentro del palacio infinito, sobre todo cuando el rey demonio trataba con súbditos que a sus ojos eran incompetentes, sin embargo, algo que la pelirrosa había aprendido a través de los años era que un Muzan enojado era un Muzan errático. Nunca se sabía con certeza qué haría para desahogar su enojo, y Sakura debía admitirlo… aquello le causaba una gran inquietud.
Pero a pesar de ello, la ojijade tomó una respiración profunda antes de acercarse a su esposo, rodeando su cintura con sus brazos para abrazarlo por la espalda.
— ¿Qué es lo que te tiene tan molesto mi amor? —murmuró cerca de su oído, dando su mejor intento para intentar apaciguar su ira. El cuerpo del castaño se puso rígido por unos segundos ante el repentino contacto, antes de relajarse por completo.
— Sakura… —lo escuchó decir en su suave voz antes de que derramara en palabras todo lo que lo estaba fastidiando. La ojijade se sintió realmente sorprendida, no era realmente común que Muzan fuese tan abierto acerca de lo que lo molestaba. En otras situaciones simplemente hubiese estampado sus labios en un beso para luego desahogar su ira a través del sexo.
Pero incluso si aquel no era el comportamiento común de su esposo, la pelirrosa escuchó atentamente a todo lo que este tenía que decir mientras depositaba pequeños besos a través de su espalda. Frunció el ceño cuando el rey demonio le contó acerca del joven cazador cuya presencia le recordaba bastante a Tsugikuni Yoriichi —el primer cazador en usar respiraciones como una técnica para cazar demonios, y el único que estuvo tan cerca de matar a su esposo—. También intentó reprimir su sonrisa en el momento que el castaño mencionó que ya no recurriría más aquel disfraz ya que su identidad había sido comprometida. Sentía como una pequeña victoria personal el saber que Muzan ya no vería a aquella mujer humana.
— Calma mi amor… Si lo que me dices es cierto, ese muchacho no es más que un novato que está a una distancia abismal de tener las habilidades que Yoriichi tuvo en vida. Ese niño pronto encontrará la muerte, y nosotros estamos cada día un paso más cerca en nuestra investigación… Solo es cuestión de tiempo antes de que encontremos la forma de resistir el sol, y cuando eso pase serás imparable. Reinarás por sobre toda la humanidad y nadie podrá hacerte frete. —habló con calma la ojijade, endulzando con palabras el oído de su esposo. — ¿Por qué no te relajas ahora? Hazme el amor y desahoga tus emociones… Como siempre… —dijo en un seductor ronroneo.
No tardó mucho tiempo antes de que fuese arrojada hacia la cama matrimonial, y Muzan le hiciese el amor sin piedad alguna. A Sakura le encantaba la actitud dominante y posesiva que el castaño tenía en la cama. Amaba sentirse suya, y a cambio amaba sentir que él era de ella.
Los desesperados gemidos de la pelirrosa resonaban en la habitación —tal vez incluso podían ser escuchados desde otros rincones del palacio infinito—, mientras que el olor almizclado del sexo lo invadía todo. No estaba realmente segura de por cuanto tiempo se prolongó aquel acto íntimo, pero en algún momento de la velada, cayó presa del mundo de los sueños.
Muzan observó la silueta dormida de la ojijade por algunos segundos apreciando la forma en la que su pecho subía y bajaba con cada respiración lenta. No era como si realmente la amase, siendo el gran demonio que era, el amor era completamente una pérdida de tiempo para él, un obstáculo que lo distraería de su objetivo real. Pero no podía negar la sensación de satisfacción que le producía el reclamar a la pelirrosa como parte de su propiedad. Tal vez era parte de la rutina diaria que lo llevaba a asumir a Sakura como un objeto de su pertenencia, una herramienta que le servía solo a él.
Sin embargo, no es como si quisiera perder mucho tiempo con emociones tan banales como aquellas. Restándoles importancia, se puso de pie y se dispuso a abandonar la habitación. Tenía asuntos importantes que atender, y otros lugares que visitar.
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Sakura permaneció en silencio con un libro entre sus manos mientras observaba la reunión que se llevaba a cabo frente a ella. Tras la muerte de Rui, la quinta luna inferior, Muzan había estado realmente molesto, y no podía culparlo por la razón de su molestia. En los últimos tiempos, la formación de las lunas inferiores había variado demasiado, mostrándose incompetentes en comparación con las lunas superiores quienes se mantenían siendo las mismas desde hace mucho tiempo.
La pelirrosa no dijo nada mientras veía cómo su esposo asesinaba cruelmente a la mayoría de las lunas, únicamente perdonando la vida de la primera luna inferior, un joven de nombre Enmu. Arrugó su nariz ligeramente en un gesto de disgusto al percibir el aroma de la sangre de demonio. Últimamente su condición física se sentía bastante… extraña. Sentía asco y cansancio constante, como si algo o alguien estuviese chupando constantemente sus fuerzas. No se había sentido así desde cuando había estado encerrada en la cueva sin alimentarse por mucho tiempo ¿Qué estaba pasando con ella?
El rey demonio le entregó su sangre a la primera luna, y lo despidió tras darle la misión de asesinar al cazador de demonios que tanto lo estaba molestando, Kamado Tanjiro. Muzan se volteó hacia la ojijade, y ella se tomó unos segundos para apreciar la apariencia de su esposo. Incluso cuando estaba disfrazado como mujer, su belleza era realmente deslumbrante.
— Te ves terrible… —comentó el castaño enarcando una de sus cejas. — ¿Has estado sin comer de nuevo?
— Por supuesto que no. —dijo la pelirrosa frunciendo el ceño ligeramente ante las acusaciones. — Creo que hay algo mal conmigo, cariño… Siento como si algo me estuviera succionando la vida. —murmuró esperando que su esposo pudiese darle una respuesta a su problema. Siendo el demonio original quien convirtió a los demás, Muzan debía tener alguna clase de noción de lo que le estaba ocurriendo.
Sin embargo, Sakura se sintió desesperanzada en el momento en el que notó el ceño fruncido en el rostro de su esposo. Él tampoco debía tener idea de lo que estaba ocurriendo.
Pasaron algunas semanas antes de que finalmente descubrieran de que se trataba todo el asunto. Estaba embarazada, el hecho en si mismo era bastante sorprendente. Como los demonios no podían morir de forma natural y eran convertidos por Muzan, no sentían una necesidad biológica real de reproducirse, por lo que no solían tomar realmente parejas sexuales. Sakura casi había creído que era imposible para una hembra demonio quedar embarazada.
La pelirrosa había estado postrada en cama cuando la noticia llegó a ella. El corazón casi se le salta del pecho al enterarse. Luego de haber perdido a su primera hija, se había resignado a la idea de que nunca volvería a experimentar la maternidad. Incluso, en secreto, había estado considerando a todos los demonios creados por Muzan sus propios hijos, como una forma de llenar el vacío… Sin embargo, ahora estaba embarazada, una criatura crecía en su vientre. Era su pequeño milagro.
— ¿No es increíble, querido? —murmuró Sakura mientras acariciaba suavemente su vientre.
— Sin duda es un suceso intrigante… —contestó Muzan con aquella mirada calculadora que lo caracterizaba. Sin duda, tener a la pelirrosa embarazada era algo que no había previsto en sus planes, aunque no iba a negar que tenía curiosidad acerca de cómo podría resultar aquel asunto. Sakura sería un interesante sujeto de prueba. — Sin embargo, considerando cómo se ha deteriorado tu salud en los últimos días… tendrás que tener realmente cuidado, querida. Le diré a Akaza y Douma que incrementen la cantidad de humanos que traen para ti. —dijo para luego depositar un pequeño beso en la frente de la ojijade y marcharse de la habitación.
Sakura sonrió suavemente mientras se acurrucaba entre las mantas de su cama. Su mano continuaba trazando pequeñas caricias en su vientre mientras sus ojos comenzaban a cerrarse producto del cansancio. Su pequeño milagro… estaba ansiando conocerlo.
