Autora POV
Probablemente se debía a su biología como demonio, pero su embarazo parecía estar avanzando mucho más rápido de lo que había esperado en un principio. No estaba segura de cuántos días habían pasado desde que había descubierto que estaba esperando un bebé —al no poder morir por causas naturales, la noción del tiempo era algo por lo que había dejado de preocuparse—, pero en lo que parecía ser un abrir y cerrar de ojos, su vientre se había abultado notablemente, como si hubiese comido una gran sandía.
Pero Sakura no se quejaba, estaba feliz de pensar que un bebé estaba en camino, incluso si eso significaba que su apetito era más grande, o su humor era más volátil.
Aquel era un día poco fuera de lo normal, la demonio de cabellos rosados se encontraba leyendo las notas de la investigación de Muzan, mientras que con una de sus manos acariciaba suavemente su vientre con una de sus manos, y masticaba los restos de un humano que Kokushibo le había ofrecido horas atrás.
— ¿Sabes? —habló Douma quien se encontraba a unos pocos metros de donde ella estaba. Debía admitir que se había vuelto algo cercana con el demonio de cabellos rubios. No era extraño para ella pasar tiempo con él cuando él no se encontraba cazando o haciendo misiones en nombre del rey demonio. — A veces me pregunto qué se sentiría comerte. —la simple afirmación hizo que la ojijade levantara la mirada de lo que estaba haciendo para mirar al contrario. — No me mires así. —se quejó la segunda luna superior mientras hacía un pequeño puchero. — Eres una demonio, pero tu cuerpo es lo suficientemente fértil para procrear… Me pregunto si sabrías tan deliciosa como las mujeres humanas, tal vez incluso mejor. —dijo dejando escapar un suave ronroneo mientras se relamía los labios.
— Espero que nunca tengas la posibilidad de descubrirlo. —contestó Sakura antes de volver su mirada una vez más a su lectura.
— ¿Puedo al menos beber tu sangre? —inquirió Douma empezando a acercarse a la pelirrosa. La demonio de ojos jade se estremeció ligeramente al sentir como las afiladas garras del contrario rosaban la piel de su espada la cual se encontraba expuesta gracias al vestido ligero que se encontraba vistiendo aquel día.
— ¿Por qué harías eso? —preguntó en respuesta Sakura, intentando acomodarse en su asiento para poner algo de distancia entre ella y el rubio.
— Muzan-sama nos ha dado su sangre para convertirnos en demonios y para volvernos más fuertes que los demonios regulares. —señaló la segunda luna. — ¿Por qué no podría probar tu sangre? Apuesto a que tendría mejores resultados… —divagó el rubio, acercando su rostro para olfatear el cuello de la pelirrosa, justo donde la vena yugular se encontraba.
— Deja de fastidiar a Sakura-sama, Douma. —la voz monótona de Kokushibo hizo que ambos se sobresaltaran y desviaran rápidamente la mirada hacia donde el demonio de seis ojos se encontraba. Como siempre, las facciones de la primera luna superior no demostraban emociones mientras se acercaba arrastrando junto a él un humano que acababa de degollar recientemente. La boca de Sakura se hizo agua al percibir el aroma de la sangre humana fresca.
— No eres divertido, Kokushibo. —bufó por lo bajo Douma, tomando las notas que la pelirrosa había estado leyendo y apartándolas de la mesa para que no se mancharan en el momento que el demonio de seis ojos dejó el cadáver sobre la mesa.
Sakura le dio un pequeño agradecimiento antes de empezar a comer. Kokushibo simplemente asintió aceptando el agradecimiento de la pelirrosa antes de tomar asiento manteniéndose en silencio.
La ojijade se encontraba a mitad de su comida cuando la imponente presencia de Muzan acercándose la hizo detenerse. No pasó mucho tiempo antes de que el hombre de cabellos castaños hiciera acto de aparición en la habitación donde se encontraban. Se veía ansioso, casi furioso, como un animal enjaulado.
Un extraño presentimiento surgió en lo más profundo de la ojijade. Algo le decía que sus días de calma estaban a punto de acabarse, y debía ser sincera… no le agradaba para nada esa sensación.
— Finalmente ha aparecido… —murmuró el rey demonio, aunque parecía que hablaba más para si mismo que para las demás presentes en la habitación. — Finalmente… Después de tantos años mi búsqueda llega a un final…
— ¿Te refieres al lirio araña azul? —se atrevió a preguntar Sakura. Su tono era dubitativo, reflejando la inseguridad que sentía al hablar.
Una sonrisa retorcida surcó los labios del hombre de cabellos castaños.
— Ya no necesito eso… —dijo Muzan. — Un demonio que puede resistir el sol ha aparecido, solo tengo que absorberlo, y mi objetivo será cumplido.
— Pero… ¿Qué pasará con toda nuestra investigación? —indagó la pelirrosa. — ¿Simplemente vas a tirarla y arriesgar todo por absorber a ese demonio? Serás capaz de resistir el sol, pero… ¿Qué pasa con el resto de nosotros?
Sakura sabía que probablemente estaba cometiendo un error al hablar de más, pero no podía detenerse. Su mente tenía tantas preguntas que ansiaban encontrar una respuesta.
Muzan se acercó amenazadoramente hacia la pelirrosa, tomando bruscamente el mentón de la mujer con su mano derecha. Un quejido de dolor escapó de los labios de Sakura por la fuerza empleada y las forma en que las garras del contrario se clavaban en su piel sensible. En ese momento, la ojijade pudo sentir el terror recorrer su pequeño cuerpo, a veces el castaño podía ser agresivo, pero nunca lo antes lo había percibido realmente como una amenaza hasta ahora.
— ¿Realmente eres tan ingenua para creer que me preocupan los demás? Todo este tiempo, mi búsqueda ha sido por mi propio beneficio. —dijo Muzan con un tono venenoso.
— P-Pero… tú dijiste… —balbuceó la pelirrosa.
— Supongo que no puedo culparte por tener una mente tan inocente… Tantos años de manipularte han brindado sus frutos. —divagó el castaño usando su pulgar para acariciar los labios de la mujer. — Has sido una herramienta bastante servicial, cuando todo esto termine me encargaré de recompensarte por tus años de servicio, querida.
Aquellas palabras rompieron el corazón de la ojijade en cuestión de segundos ¿Herramienta? ¿Manipulación? ¿Qué acaso no era su esposa? ¿Qué acaso él no la amaba? Las lágrimas comenzaron a asomarse por las esquinas de sus ojos, resbalándose por sus mejillas incluso con sus mejores intentos de retenerlas.
— ¿Q-Qué pasa con nuestro bebé…? ¿T-Tampoco te importa él…? —preguntó Sakura, luchando con el nudo que se había formado en su garganta para poder hablar.
— Admito que siento algo de intriga por saber cómo resultará, eres la primera demonio que he visto que tiene la capacidad de engendrar… Sin embargo, eso es todo. —contestó secamente el rey demonio, dejando en claro que no estaba bromeando, y no poseía ninguna clase de lazo afectivo hacia el bebé que crecía en el vientre de la pelirrosa. — Puedes quedarte con él, realmente no me importa. Solo no te entrometas en mi camino. —dijo finalmente antes de solarla. — Prepárense para la batalla. —le indicó a Kokushibo y Douma antes de abandonar a la habitación.
Sakura cayó de rodillas al momento que el castaño se fue, las lágrimas caían por sus mejillas sin poder contenerlas. Las dos primeras lunas superiores le dedicaron una breve mirada a la mujer antes de marcharse también.
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No estaba segura de cuanto tiempo había pasado en la misma posición, sollozando en silencio en un intento de desahogar su dolorido corazón ¿Qué se suponía que hiciera al descubrir que la persona a la que había profesado tanto amor realmente no la amaba? Muzan solo la había utilizado por años para su propio beneficio… Aquello la hacía preguntarse ¿Qué otras mentiras le habría dicho el rey demonio?
Mientras más pensaba en ello, sentía como la bruma que había nublado sus recuerdos comenzaba a levantarse. Un sabor amargo se formaba en su boca mientras las imágenes se disparaban en su mente, los sollozos también se volvían más descontrolados.
Ella nunca había sido esposa de Muzan, no… Había tenido toda una vida antes de ser convertida en demonio, una vida que el hombre de cabellos castaños le había arrebatado sin arrepentimiento alguno. La culpa afloraba en su pecho al recordar la mirada en el rostro de su querida Sarada mientras ella inconscientemente devoraba su carne. El asco por su propia persona volvía a ella al recordar las miradas en los rostros de Sasuke y Naruto minutos antes de que ella huyera de Konoha.
Su amado esposo la había visto convertirse en un monstruo, la había visto asesinar a su única hija. Ya habían pasado muchos años desde aquellos terribles sucesos, no había chances de que el Uchiha continuara con vida, pero no podía evitar preguntarse qué habría pensado el pelinegro acerca de ella… ¿Qué imagen de ella misma habría mantenido hasta sus últimos días de vida? ¿Seguiría pensando en ella como la esposa amorosa que había conocido? ¿O la recordaría como el monstruo en el que se había convertido? Si hubiese tenido la oportunidad de volver y explicarle todo ¿Él la habría perdonado? Sabía que aquello era imposible, pero no podía evitar preguntárselo.
Si pudiese volver el tiempo atrás, buscaría la forma de hacer las cosas bien, evitar a Muzan antes de que la transformase en demonio, acabar el problema desde la raíz. Si sus queridos tuviesen la oportunidad de reencarnar en una mejor época, realmente rezaba porque Sarada tuviese una mejor madre, alguien que la amase y protegiese, y que no le causara daño como ella misma lo había. También rezaba porque Sasuke tuviese una persona especial a la que amar, alguien mejor que ella, alguien que no fuese un monstruo…
El edificio se sacudió fuertemente y Sakura supo en ese momento que una gran batalla estaba tomando lugar en aquella estructura que por tanto años había llamado su casa, un falso hogar que Muzan le había ofrecido para mantenerla feliz e ignorante de la cruel realidad.
Posó una mano sobre su vientre, acariciándolo suavemente mientras se ponía de pie. Sabía que la criatura que crecía en su interior no era culpable de nada, era totalmente ajeno de los errores que ella misma había cometido a lo largo de su extensa vida, pero ya no quería vivir… No tenía fuerzas para continuar viviendo, ni siquiera para criar a aquel bebé.
Caminó torpemente dirigiéndose hacia la salida de la habitación, su corazón zumbaba ligeramente con un dolor de cabeza que era el producto de varias horas de llanto. Probablemente debía verse como un desastre en esos momentos, y sinceramente no le importaba… A aquellas alturas, ya nada le importaba.
Salió de la habitación y comenzó a desplazarse por los pasillos del palacio. Una mano la ayudaba a sostenerse de la pared para evitar tropezar con sus débiles piernas, mientras que la otra mano permanecía constantemente posada sobre su abdomen.
En un lugar lleno de cazadores de demonio, esperaba que alguien finalmente pudiese ponerle punto final a su miserable vida. Finalmente tendría la oportunidad de pagar por sus pecados, y pudrirse en el infierno por todas las cosas malas que había hecho. No se merecía el perdón de Dios, no cuando había ayudado tan felizmente a Muzan por tantos años.
El cuerpo de la pelirrosa se tensó al girar en una esquina y encontrarse cara a cara con dos cazadores. Casi quiso reírse de la ironía al reconocer los rostros de las personas que se encontraban frente a ella. Allí, observándola con una expresión de sorpresa, se encontraba nada más y nada menos que el cazador que tanto había estado fastidiando al rey demonio en los últimos meses, el mismísimo Kamado Tanjiro acompañado del pilar del agua, Tomioka Giyuu.
El hombre de cabellos negros no tardó en apuntar su nichirinto hacia ella, reconociéndola como un demonio. Sakura cerró los ojos esperando el final que tanto ansiaba.
— ¡E-Espera Giyuu-san! —exclamó el Kamado deteniendo al pilar antes de que pudiese completar el deseo de la ojijade.
— ¿Por qué me detienes? —inquirió con molestia el nombrado.
— N-No parece ser una de las lunas demoníacas, además… está embarazada… —señaló el muchacho de cabellos color borgoña. La verdad es que sentía una gran sensación de remordimiento y culpa al pensar en matar a la pelirrosa. Incluso si su olor le decía que ella había comido una gran cantidad de humanos, también podía olfatear una gran y genuina tristeza que le revolvía el estómago.
— Es un demonio, no importa si es una luna o no, no podemos permitirnos dejar a ninguno con vida. —argumentó el pilar del agua, aunque también se encontraba un poco intrigado al percatarse del vientre abultado de la ojijade. Nunca antes habían oído de la posibilidad que un demonio engendrara a otros demonios, no era realmente algo común.
— Por favor… —habló Sakura distrayendo a ambos cazadores de su pequeña disputa. La pelirrosa entreabrió los ojos para encarar a ambos hombres. Un leve jadeo escapó de los labios de Tanjiro al notar los ojos inyectados en sangre que la mujer poseía por las horas de llanto. — Si piensas matarme, por favor hazlo de una vez…
