Autora POV

— Si piensas matarme, por favor hazlo de una vez…

Aquellas simples palabras tomaron por sorpresa a Tanjiro quien no pudo evitar mirar con lástima a la mujer de cabellos rosados. Los demonios a los que se había enfrentado hasta el momento habían mostrado una desesperación por aferrarse a la vida, la única vez que uno se había entregado tan tranquilamente a la muerte había sido durante su misión en el monte Natagumo, pero incluso aquella vez no podía compararse con lo que estaba viviendo en esos momentos.

No tenía idea de quién era la mujer frente a él, pero podía percibir una gran aura de tristeza emanando de ella. Se sentía como si ella estuviese rota, de una forma mucho más profunda de lo que realmente podía comprender. Algo en toda aquella situación hacía que se compadeciera de ella, incluso si sabía que se trataba de un demonio.

— ¿Por qué dices eso? —el Kamado finalmente se atrevió a preguntar luego de los minutos de silencio.

— Porque merezco morir… —respondió casi de inmediato la ojijade. — Por todo lo que he hecho, por todo lo que ese hombre me ha hecho hacer…

— ¿Ese hombre…? ¿Te refieres a Muzan? —preguntó el chico de cabellos borgoña mientras le hacía un gesto al pilar del agua para que guardara su nichirinto. El pelinegro lo miró como si estuviese loco, sin embargo, aceptó a regañadientes la petición del muchacho.

Sakura asintió lentamente mientras sentía las lágrimas volver a acumularse en sus ojos ¿Por qué aquel humano continuaba haciéndole todas esas preguntas? ¿Por qué no simplemente la mataba y le ponía fin a su miserable vida? Él era un cazador, era su trabajo exterminar demonios como ella… entonces ¿Por qué? Cualquier otro cazador la hubiese matado sin dudarlo, Giyuu era la clara prueba de ello.

— ¿Qué fue lo que él te hizo hacer? —preguntó Tanjiro inclinándose para quedar a la misma altura que ella. Con ternura extendió sus manos para limpiar las lágrimas que empapaban sus mejillas.

— ¿Por qué me preguntas estas cosas? ¿Por qué te importa? —inquirió en respuesta Sakura. — ¿No es tu trabajo matar a criaturas como yo?

— Lo siento, sé que es extraño… Pero, puedo ver que estás sufriendo. —contestó el joven cazador. Había algo en su mirada que hacía que el corazón de la pelirrosa se derritiera. Si pudiese ver las almas de las personas, estaba segura que el alma de Kamado Tanjiro resplandecería como el sol más radiante de todos. — Puede sonar extraño… Pero, no percibo ninguna amenaza en ti… Así que por favor respóndeme…

La ojijade desvió la mirada a la par que se mordía el labio dudando de sus opciones. Si de todas formas terminaría muriendo al final ¿Qué daño podía hacer contarle la verdad?

— Tiempo atrás… —comenzó su relato con pesar. — Cuando los shinobis eran una potencia en este mundo, yo… podría decirse que era una conocida ninja médico en mi aldea. Mi nombre en aquel entonces era Haruno Sakura, Uchiha Sakura después de casarme. —cerró sus ojos con fuerza intentando reprimir las nuevas lágrimas que surgían al pensar en su amado esposo. — Era directora del hospital de mi aldea, el trabajo no paraba de llegar… Y entonces, un día él apareció en mi trabajo, pidiendo hablar conmigo.

— ¿Kibutsuji Muzan? —sorprendentemente, fue Giyuu quien realizó la pregunta.

Sakura asintió en respuesta.

— Empezó a contarme esta historia de cómo un sacerdote lo curó y lo transformó en lo que es ahora, un demonio… —continuó relatando. — Al principio no le creí, era bastante surrealista para mi pensar en seres que comían humanos por necesidad, y que el sol era mortal para ellos. Así que cuando me pidió ayuda en la búsqueda de una determinada planta que podría ayudarlo para superar el sol… Probablemente ese fue mi primer error, no abarcar la situación con una mente más abierta. Él no estaba feliz con mi rechazo, por lo que me amenazó diciendo que me arrepentiría… Me provocó una herida también. —tomó una respiración profunda, tratando de alejar el dolor fantasma que el recuerdo de las garras de Muzan contra su piel le provocaba. — Se marchó de mi oficina sin decir más, yo simplemente curé mi herida y descarté el caso como una especie de acosador enojado. No noté nada raro hasta más tarde ese día.

— La transformación se dio lentamente. —señaló el pilar del agua al comprender a lo que la pelirrosa se refería.

— ¿Qué…? ¿Qué sucedió cuando finalmente te transformaste? —preguntó dubitativo Tanjiro. Podía suponer que la situación no había sido para nada agradable, el mismo recordaba el momento en el que Nezuko se había convertido en un demonio.

— Volví a casa luego del trabajo… Empecé a sentirme extraña, pero le resté importancia. No era inusual para mi sentirme mal luego de un día particularmente ajetreado… —dijo Sakura. — Me dispuse a preparar la cena en compañía de mi hija, Sarada. —su cuerpo temblaba ligeramente mientras más se acercaba a la parte que tanto odiaba recordar. El chico de cabellos borgoña colocó sus manos sobre los hombros de la ojijade en un intento de brindarle confort y estabilidad. — Ella se cortó accidentalmente el dedo con un cuchillo… Y el olor de su sangre simplemente disparó mis sentidos. Lo que sucedió después fue en gran parte un borrón en el que no era plenamente consciente de mis actos… Cuando mi consciencia volvió, estaba en medio de una de las calles de la aldea, encima del cuerpo ensangrentado de mi hija. —Giyuu apartó la mirada al momento de escuchar aquellas palabras, mientras que la mirada de Tanjiro se suavizaba sintiendo lástima por la pelirrosa. Era cierto que los demonios se volvían seres detestables, pero aquello no quitaba el hecho de que en algún momento habían sido humanos que se convirtieron en víctimas de la ambición de Muzan. — A unos metros de donde yo estaba… Mi esposo y mi mejor amigo observaban lo que había hecho. Sentí tanto miedo, horror y asco por mi misma, por el monstruo en el que había convertido… Así que corrí, lejos de mi hogar, lejos de la gente que había amado… Y me encerré a mi misma en una cueva. Nadie podría entrar, y yo tampoco podría salir, así que no podría volver a hacerle daño a nadie más…

— Sakura-san… —murmuró con empatía el Kamado rodeando el cuerpo de la mujer en un abrazo consolador. No podía si quiera imaginar lo doloroso que debía haber sido aquella situación.

— No estoy segura de cuánto tiempo pasé allí… El sol no podía alcanzarme allí por lo que no podía morir de esa forma, tampoco podía morir de forma natural o por enfermedad… Así que mis días se resumieron a una tortura constante de mis pensamientos, mientras el hambre y el cansancio comenzaban a hacerse más y más fuertes. —la pelirrosa continuó hablando mientras apoyaba su mentón sobre el hombro del muchacho, dejándose envolver por la calidez que su cuerpo emanaba. — Así fue como mi mente comenzó a deteriorarse, hasta el punto de ya no estar segura de quién era, o por qué sentía tanto asco hacia mi misma.

— ¿Qué pasó después? ¿Cómo fue que terminaste ayudando a Muzan entonces? —indagó Giyuu.

— Él me dejó estar en aquella cueva a propósito. —respondió la demonio de ojos jade. — Esperó al momento en el que yo estuviese desesperada por que el sufrimiento acabase, y llegó a mi como un salvador. Llenó mis oídos de palabras lindas y mentiras, y me convirtió en una pieza más en su tablero de shogi. —explicó mientras se apartaba de Tanjiro. Desvió la mirada, sintiéndose demasiado avergonzada por lo que estaba a punto de decir. — Me hizo creer que era su esposa, me mantuvo feliz e ignorante de la verdad… Y a cambio yo lo ayudé en sus planes.

Sakura cerró sus ojos con fuerza al escuchar los ruidos de sorpresa de parte de los cazadores ¿Qué pensarían de ella ahora que sabían que había tenido esa clase de relación con Muzan? Ella había estado en su cama, gritando y rogando porque el hombre de cabellos castaños la hiciera suya… Pensando en ello en retrospectiva, se sentía muy avergonzada de haber hecho eso, pero realmente había creído en las mentiras de aquel hombre.

— Entonces… el bebé que llevas en tu vientre…

— Es de Muzan. —confirmó la pelirrosa. — Otra razón más para matarme ¿No? Permitir que el heredero del rey demonio siga con vida… sería un error para ustedes como organización. Incluso si Muzan no tiene ningún vínculo afectivo con este bebé… no es un riesgo que deberían correr.

— E-Espera, no puedes hablar en serio. —dijo nervioso Tanjiro. La idea de acabar con la mujer frente a él y su bebé simplemente le revolvía el estómago.

— Ya no tengo energías para seguir viviendo… No ahora que sé la verdad, ni siquiera por este bebé… —habló con cansancio la ojijade colocando una mano sobre su vientre. — Incluso si la muerte me aterra… Sé que es lo correcto. No deberían quedar restos del reinado del terror de ese hombre…

— ¡No! —exclamó el Kamado logrando sobresaltarla. Sakura lo observó con sorpresa cuando el chico de cabellos borgoña tomó su rostro entre sus manos para obligarla a encararlo. — Lo siento Sakura-san, pero no puedo acabar con tu vida, mucho menos después de escuchar toda tu historia.

— P-Pero… —balbuceó la mujer intentando argumentar en contra.

— Puedo decirlo, no eres una mala persona. Muzan se aprovechó de tu momento de mayor debilidad para controlarte, no eras plenamente consciente de lo que hacías. Y el hecho de que te arrepientas de tus actos confirma que tienes un buen corazón. —señaló el chico de cabellos borgoña.

— Soy un demonio que devora humanos… —dijo Sakura con un tono de sentencia, como si aquel simple hecho fuese motivo suficiente para matarla. — Incluso si no fui yo quien cazó a esas personas… Comía gustosa la comida que las lunas demoníacas me ofrecían…

— Eso solo reafirma mis pensamientos… —contestó inmediatamente Tanjiro. — No tienes los ojos de una asesina.

— ¡Tal vez no maté gente siendo un demonio, pero si maté gente siendo humana! —gritó exasperada la ojijade, desesperada por convencer al chico frente a ella.

¿Por qué estaba tan empeñado en perdonarle la vida? ¿Realmente su corazón era tan grande que le impedía matar a un monstruo como ella?

— Sakura-san… Sé que estás sufriendo, pero no puedo cumplirte el gusto de acabar con tu vida… —habló con calma el cazador. — Pero déjame prometerte esto. —su mirada era seria y sus palabras eran pronunciadas con convicción. — Acabaré con Muzan, y lo haré pagar por todas las cosas malas que ha hecho. Cuando él caiga, serás libre de todo lo que te ha hecho… Hasta entonces, por favor intenta sobrevivir…

Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas mientras observaba cómo el muchacho se apartaba de ella. Ambos cazadores continuaron con su camino pocos minutos después, y ella solo pudo quedarse allí sollozando por la inmensa amabilidad de Kamado Tanjiro.

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Estaba hecho, Muzan finalmente había caído… El rey de los demonios había muerto a manos de los cazadores, y Sakura no podía hacer más que mantenerse a la sombra de un edificio viendo cómo los pocos sobrevivientes rodeaban el cuerpo de Tanjiro quien se encontraba inconsciente luego de que Muzan hubiese intentado apoderarse de su cuerpo en un desesperado último intento por sobrevivir.

La pelirrosa se mordió el labio al notar la gran cantidad de heridas que cubrían el cuerpo del chico de cabellos borgoña. Él realmente había cumplido la promesa que le había hecho, realmente la había liberado… pero ya no tenía un propósito para continuar viviendo, entonces… ¿Estaría bien si hacía esto?

Poco a poco empezó a apartarse de la seguridad que la sombra le brindaba, caminando ante la atenta mirada de los cazadores hasta quedar junto al joven Kamado. Su rostro se mantuvo imperturbable incluso cuando los rayos del sol comenzaron a quemar su piel y su cuerpo se desintegraba.

Extendió sus manos sobre el cuerpo del adolescente y comenzó a usar su chakra curativo —aquel que no había usado en tantos años pero que aún sabía cómo utilizar— para sanar las heridas más graves. El tiempo comenzaba a reducirse cada vez más para ella, y para el momento en el que terminó de sanar a Tanjiro, no quedaba mucho de su cuerpo.

— Gracias… —murmuró sin importarle que otros estuviesen escuchando sus palabras. — Realmente cumpliste tu promesa… Lo mataste y me liberaste en el proceso. Pero incluso si te negabas a acabar con mi vida, mi tiempo ya ha acabado. —habló con calma y dulzura. — Gracias por mostrarme tanta amabilidad en el final… Espero que lo que queda de tu vida sea muy feliz…

Tras pronunciar aquellas últimas palabras, cerró sus ojos mientras dejaba que su cuerpo se desintegrara por completo, poniéndole punto final a su vida.

Al siguiente momento que abrió los ojos, se encontró en un lugar inundado de luz blanca. Era difícil decir hasta dónde se extendía aquel espacio, o si incluso había suelo debajo de sus pies, pero aquello no era realmente lo que sorprendió a la pelirrosa, sino más bien se sintió sorprendida al ver a las dos personas que yacían de pie a unos pocos metros delante de ella.

Su hija… su querida Sarada, y su amado esposo, Sasuke. Ambos la observaban con suaves sonrisas en sus rostros mientras cada uno extendía una mano hacia ella.

— Te estábamos esperando, mamá… —habló dulcemente Sarada. — Finalmente estás aquí…

Sakura se mordió el labio y desvió la mirada, no se sentía lo suficientemente valiente para enfrentarlos.

— No… No merezco estar con ustedes después de todo lo que…

— No estamos enojados contigo, Sakura. —el bajo tono de la vez de Sasuke la interrumpió.

— Pero… maté a Sarada, e hice cosas terribles…

— No eras tú misma en aquel entonces. —fue la respuesta de la joven pelinegra. — Si me hubiese gustado hacer más cosas cuando estaba con vida, pero mi único arrepentimiento solo ha sido no haber sido más fuerte para ayudarte, mamá.

— Intenté buscarte luego de que huiste… Te busqué por demasiados años… —confesó Sasuke. — Jamás estuve enojado por lo que pasó, solo triste de no haber podido ayudarte.

— Pero finalmente estás aquí… —dijo Sarada esbozando una gran sonrisa. — Ven mamá, caminemos juntas.

Sakura realmente creía que no se merecía tal amabilidad, pero no podía negarse cuando su hija le pedía aquello de tal forma. Se permitió a si misma ser egoísta y correr hacia sus seres amados y tomar sus manos para caminar hacia la infinidad en su compañía. Finalmente era libre de las garras de aquel hombre…

•• ────≪•◦ Final Alternativo ◦•≫──── ••

Estaba hecho, Muzan finalmente había caído… El rey de los demonios había muerto a manos de los cazadores, y Sakura no podía hacer más que mantenerse a la sombra de un edificio viendo cómo los pocos sobrevivientes rodeaban el cuerpo de Tanjiro quien se encontraba inconsciente luego de que Muzan hubiese intentado apoderarse de su cuerpo en un desesperado último intento por sobrevivir.

— Finalmente está hecho… ¿Eh? —una voz desconocida la sobresaltó. Se volteó rápidamente para encontrarse cara a cara con un demonio de cabellos verdes y ojos morados. Le sorprendió ver a otro demonio con vida, había pensado que probablemente los cazadores se habrían encargado de todos los demonios presentes en la zona. Sin embargo, el rostro de aquel muchacho le resultaba desconocido, y ella misma recordaba a todos los demonios que Muzan había convertido. — No me mires así. —dijo con molestia. — Ven, es mejor que salgamos de aquí antes de que el sol nos alcance aquí también.

— Yo… ¿Por qué me ayudas? No nos conocemos. — señaló la pelirrosa, pero incluso a pesar de sus palabras, se permitió seguir al demonio de cabellos verdes quien la guiaba hacia un lugar seguro.

— Usualmente solo me hubiese preocupado por Tamayo-sama, pero ella ya no se encuentra aquí… Y si tú y yo vamos a ser los últimos demonios con vida, lo menos que puedo hacer es ser amable. —contestó el chico.

Sakura simplemente asintió comprendiendo y se mantuvo en silencio mientras lo seguía.

Se refugiaron en una casa oculta de todo. La pelirrosa descubrió que el nombre del chico era Yushiro, y era un demonio que había sido convertido por Tamayo, desde el principio había estado del lado de los cazadores de demonios, por lo que le permitieron seguir con vida.

Luego de pactar algunas normas de convivencia, los días comenzaron a transcurrir. Se alimentaban con sangre de donantes, y se mantenían alejados evitando conflictos. Pocos días después su bebé nació… Sakura decidió llamarlo Mirai. Al ver el tierno rostro de aquel infante, la pelirrosa decidió que no importaba quién había sido su padre, se esforzaría por ser una amorosa madre para él. Yushiro de alguna forma terminó convirtiéndose en una figura paternal para su hijo.

Los años pasaron y la sociedad avanzaba hacia tiempos más modernos. Y sin que el mundo lo supiese, los últimos tres demonios vivían una vida tranquila en la que los tiempos del rey demonio se habían convertido en una simple anécdota.

Le había llevado tiempo acostumbrarse a tal vida, pero finalmente Sakura podía decir con confianza: Ahora era libre.


Muchas gracias a todos por haber leído esta historia hasta el final, sé que ha sido corta, pero espero que hayan podido disfrutarla de todas formas.

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