Fic
Candy
Por Mayra Exitosa
OctoBert 2020
07 10 2020
Historias de Albert y Candy
Cuando era niña, su padre me contaba que servir a los Andrew le había brindado muchas oportunidades, tenía mucho más de lo que hubiera tenido si no estuviera con ellos, vio muchas veces a su padre trabajar y salir de viaje con el Sr. Andrew, su madre y ella siempre se quedaban en la mansión. De niña miraba por los ventanales donde se guardaban los autos, ahí lo veía a él, jugar tenis, correr de un lado a otro, muy guapo, tan alto, unas piernas largas y fuertes era lo que siempre alcanzaba a ver desde los ventanales. Los hijos del señor Andrew tenían muchas amistades, amigas incontables, ambos eran rubios como todos en su casa, su mirada azul y tenían una forma de hablar tan educada y propia que los hacía ser aún más respetables de lo que ya eran.
Su hermana Pauna era seria, muy parecida ellos, era menor que William, pero le llevaba años a Anthony que los distanciaban demasiado, jugaba con Candy por consideración y le gustaba conversar, pero se casó muy joven y ambos hermanos les disgustaba que se hubiera casado con un hombre tan posesivo y la hiciera ver más frágil de lo que era. La boda había sido muy bonita, Anthony aun era muy joven y Candy estaba enamorada de un imposible, verlo con su traje, su copa en mano y esa sonrisa de superioridad la hacía soñarlo. Anthony que la miraba constantemente la descubría enamorada de su hermano mayor, a lo que lo obligaba de manera muy inocente que no se lo dijera a nadie y eso se lo aseguraba porque su hermano era muy serio desde que se hacía cargo de las responsabilidades de los negocios junto a su padre.
William miraba de reojo a los jóvenes y notaba una sonrisa sincera y genuina que ninguna mujer poseía, Candy estaba con Anthony y el trataba de no delatarse su incomodidad, pues aunque le llevaba muchos años, Candy siempre había sido alguien a quién no podía sacar de su cabeza, a tal grado que se sentía pervertido por ser tan joven, pero se alejaba de ella para no tener esos pensamientos y mantenía siempre un distanciamiento enorme para no pensar en la jovencita que tenía algo que siempre le atraía como imán, tal vez fueran sus ojos, o esa sonrisa, pero lo más importante es que ella era tan inocente y tan alejada de las mujeres que tanto conocían en esos festejos, no poseía frivolidad, ni falsedad tan arraigada en cada dama que se acercaba, por lo que no podía meditar en la realidad de ellas, como en la mirada que lo transportaba a todos lados, al verla sonreír, -Candy.
Candy se ocultaba constantemente, lo observaba donde nadie pudiera verla, él se sentaba en las bancas que se encontraban encima de los ventanales que casi nadie notaba, su imaginación volaba cuando lo miraba, aunque era hermano de Anthony eran muy diferentes, uno de ellos era risueño el otro era más serio, uno era menor todo era diversión ese era su amigo, el otro era mayor, William más alto, no poseía esa forma tan distraída de su hermano menor, miraba hacia un lugar y parecía escribir toda una historia con solo observar, al ver sus ojos podría visualizar el plan de algo, la idea de algo, el comienzo o el final de algo, su mirada era increíble, su forma de analizar con solo ver y ella que solo podía escuchar, se quedaba admirando todo lo que contaba a quien estaba a su lado, era un genio, algo si no había cambiado en sus actividades, en las tardes miraba cuando estaba a punto de desparecer el sol, rumbo a la lejanía del valle o del bosque, era como si ese instante significara algo para él. Ella había comenzado a apreciar ese pasatiempo de él. Y casi imitarlo para saber lo que descubría en el atardecer.
- ¡Candy! -¡Anthony! - Otra vez escondida mirando eh. - Por favor Anthony. Ella se avergonzaba, Anthony la descubría una y otra vez, ella a negarse la posibilidad de que William se diera cuenta de cómo ella lo admiraba. - ¿Qué ves en él, Candy? Es serio, abstraído y parece que oculta todo. - Es un genio, tiene en su mirada un plan y todo lo lleva acabo como lo medita, realiza actividades solo para relajarse, pero su mente esta activa más de lo que se puede suponer, pareciera que crea algo y lo convierte en realidad. -¿En serio? Y yo que pensaba que era medio tonto. - Si fuera así, crees que estaría junto a tu padre, y al mío. Llevando negocios. - Si, tienes razón.
Candy estudiaba en buenas escuelas, pero los jóvenes de la casa estudiaban fuera del país. Regresaban cada que tenían descansos, ocasiones especiales, festejos, y esa ocasión cuando falleció el señor y la señora Andrew, dolió mucho a todos, porque también perdían ambos a su madre y ellos a su padre.
Habían salido de viaje y su madre fue con la señora Andrew acompañándola, se había quedado en la mansión por clases y trabajos, los jóvenes Andrew estaban en sus respectivos países estudiando, trabajando que se yo, ahora venían todos y ella estaba en otro lugar lejos de la mansión principal, pues su madre deseaba volver a su país de origen y ser llevada a la tumba familiar, ahí fue que Candy se quedaba con sus abuelos y su padre se regresaba a trabajar.
Dieciséis años viviendo con los Andrew, ahora ya no podía vivir ahí, a ella le había dolido todo el proceso, perder a su madre, dejar de ver a su padre y quedarse tan lejos como si ya no fuera necesario que comiera o que cenara a un lado de su papá. Parecía que sufría si la mantenía a su lado, tal vez le recordaba a su esposa, así que lo comprendía.
- Hija ya fueron aceptados tus documentos, iniciaras clases mañana. - Gracias abuelito, me encantará volver a practicar mi lengua francesa. - Si tienes problemas estoy aquí para ayudarte.
Parecía haber perdido a todos, pero sus estudios cambiaron, ahora aprendería mucho más de su lengua materna, no ver a su padre la tenía triste, el también había salido lesionado de ese accidente, ahora tenía mayores responsabilidades, comentaba que no podía dejar a los muchachos cuando más lo necesitaban. Tal vez él se imaginaba que ella no lo necesitaría nunca, porque casi no hablaba con ella.
Su abuelo le encantaba leer, a su abuela le gustaba pintar cuadros de paisajes, estar con ellos era tener una escuela y una educación muy diferente a la que tenía en américa, la abuela era tan alegre, todo le parecía arte. Ella crecía un poco en el tiempo en el que me quedaba en Francia, comenzaba a cambiar mucho, ella no lo notaba, estaba abstraída en sus estudios en sus sueños frustrados, en su perdida, en su alejamiento de américa, en sí misma como para notar que se estaba volviendo más mujer que nunca. Estudiar la universidad fue impresionante, todos tenían sus propias metas, muchos tenían su tiempo muy estimado en cada detalle, tomar café era algo imperdible, como los ingleses su te. Disfrutar las vistas era algo inmejorable y eso le hacía recordar a alguien en algún lugar, mirando un atardecer distinto.
Candy muchas ocasiones extrañaba a los jóvenes Andrew así que, para no olvidarlos, aprendía a jugar tenis, con su abuelo practicaba el ajedrez que su papá solía dominar y con la abuela pintura y fotografía fue lo que se le dio mucho más. Deseaba volver con su padre, pero ahora estudiaba todo el tiempo, no había espacio ni dinero que pudiera convencer a su padre de regresar a su lado, así pasaron los años. Cuando por fin podía irlo a visitar. Para sorpresa, su abuelo comentaba que ya era mayor, que por lo tanto debería independizarse y no estar con su padre y posible su nueva pareja. Su abuela comentaba que ahora debía conseguir un trabajo bien remunerado si deseaba regresar cerca de su papá, y para poder hacerlo tenía que hacer muchas cosas y conseguí trabajo en américa en su ciudad si deseaba volver a vivir allá. Un departamento en la ciudad era costoso, pero tenía suficiente dinero para hacerlo y sorprender a su padre era lo único que más le hacía mayor ilusión, que todo lo pudiera lograr.
Para William recordar su trabajo y encargarse de su hermano era su meta principal, los negocios eran un empeño por acrecentarlos y ver ese trato que sus padres habían hablado lo sorprendía, pues según los Harrington sus padres habían acordado casarlo con su hija Jovana Harrington cuando fuera el tiempo acordado y así acrecentar sus fortunas. La joven era mucho menor que Anthony, le llevaba más años de los estimados y él lo sabía porque lo había vivido como una pesadilla hacia la atracción que tenía con la hija de Johnson su administrador, a la que le llevaba seis años, mientras que a esa chica le llevaría diez. Eso si que era de pensarse.
Anthony que estaba en las oficinas escuchaba al Sr. Harrington mencionar un acuerdo de matrimonio, y salía molesto de las oficinas para no decir o hacer algo que no fuera adecuado. George comentaba con William, que no había nada escrito y que ese plan lo desconocía, pero lo mejor sería realizar una investigación sobre la hija de los Harrington y así desestimar la idea de su padre. - me parece bien George. Estoy en que le llevo poco más de diez años, me siento incomodo de solo imaginarlo. - Yo le llevaba nueva a mi mujer, William, no estimes eso como un problema, más bien buscaríamos en las preferencias de la joven, tal vez ella tenga a alguien en su corazón y con ello no lastimaríamos la sociedad que tenemos actualmente con su padre. - Gracias Johnson, sabía que me comprenderías. - Para eso estamos aquí.
William lo miraba se había decaído mucho esos años y ahora parecía más demacrado, un poco enfermo, lo veía salir y hacía una llamada. - Dorothy, creo que Johnson está mal, me haría el favor de investigar si se encuentra enfermo. - Por supuesto señor, vendrá en la noche a cenar y lo veré de cerca, si está mal, pediré al doctor Morrison que pase a verlo en la mañana. - Mantenedme informado, no quisiera que se obligara a trabajar aun encontrándose enfermo y sabes que George es así. - Si señor, así es él.
Una llamada sorprendía a George, su hija no se había comunicado con él en mucho tiempo, ver su número lo hacía sonreír, a pesar de sentirse un poco resfriado, - Hola Papá, espero te encuentres bien. Ya que no me llama - No deseo interrumpirte en tus clases o actividades, - Eso significa ¿que yo lo hago? - No, quería, significa que me da mucho gusto que me hayas hablado. - Te quiero y te extraño, no sabía que, con la partida de mi madre, también me quedaría sin ti. Cuídate mucho. La llamada la cortaba, Candy meditaba que no tenía caso, eran años y solo unas cuantas llamadas, no quería importunarla, ni eso significaba que tal vez ella lo haría en esos momentos.
George se lamentaba por su respuesta, no debía haberle contestado de esa manera, era una joven tan sensible como su madre.
Llamar a Anthony fue algo que no deseaba abiertamente, pero cuando lo hizo, Anthony tomaba la llamada con una alegría sobrecogedora. - ¡Candy! Llamas cuando más te necesito, debemos salvar a mi hermano, esta en una situación difícil y eso me pondría a mi en una encrucijada mayor. - William ¿se encuentra mal? - No, precisamente, lo quieren obligar a casarse con alguien que no lo ama y le lleva mas de diez años. - ¿En serio? ¿Y que piensa él al respecto? - No quiere, pero necesitamos ayudarlo. - ¿Nosotros? - Necesitamos hacer algo y nadie más puede ayudarme. Tu viste como mi hermana se caso de manera tan obligada con ese hombre, no quiero ver a mi hermano infeliz por el resto de su vida. - ¡Anthony!
El viaje ya lo tenía programado, Anthony tenía planes para ella, solo deseaba conseguir un trabajo. Ayudar a Anthony no le suponía ningún problema extra, lo preferente era hacerlo y dejar que todo saliera como lo planeaba su hermano, al final, ella también deseaba salvarlo, no podía creer que William fuera obligado, conociendo su manera de ser le era imposible de creer.
Cuando llegaba al aeropuerto y ver a Anthony fue algo inesperado, la sonrisa y el café helado en la mano, la hizo recordar otros tiempos, ambos platicaron, él reía y se negaba - ¡Ya Anthony! ¿Porque te ríes de mí? - no me río de ti, estas tan cambiada que casi puedo apostar que mi hermano no te reconocerá. - ¡Estás loco! William me ha visto desde niña, sabe como soy, no he cambiado mucho. Anthony sacaba una foto en su teléfono y comentaba, - Por supuesto mírate cuando te fuiste, y esta es de ahorita que te vi llegar. Candy eres otra persona, y mi hermano no se espera lo que se le viene encima, ya verás de lo que te estoy hablando.
La semana Anthony tenía preparado todo un itinerario de actividades que programaba según escuchaba a la asistente de William, para esto descubría que George estaba enfermo y si Candy se enteraba, se iría a atenderlo, a lo que Anthony hablaba con Dorothy quien se había hecho muy cercana a George y le pedía que no lo dejara salir hasta que estuviera completamente recuperado, porque George necesitaba unas vacaciones, podía recuperarse si salía al campo, a lo que Dorothy aceptaba de invitarlo a salir y cuidarlo hasta recuperarse. Anthony no podía creer más su suerte y ya se había deshecho de George, por lo que esperaba que el fin de semana estuviera William en casa como siempre y el invitaría a Candy a una tardeada en la terraza, exactamente frente a William, donde salía a ver el atardecer.
CONTINUARA… Parte 1 de 2
Reto: OctoBert del Siete de Octubre2020
Cada palabra una imaginación se activa y crea la historia
Treinta y un Albert Aventuras ALSS
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Historias de Albert y Candy... Una historia por una palabra, una imagen, de Albert y Candy
Deseando sea de su agrado, gracias por sus comentarios
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Mayra Exitosa
