Tengo que actualizar mis otras historias, pero a esto necesitaba sacar de mi sistema. A Bruce Wayne me lo imagino como Ben Afflek y Clark como Henry Cavill. Los demás son tal y cual en la serie.

Descargo de Responsabilidad: Nada es mío excepto los errores.

He estado sentado con los ojos bien abiertos,
tras estas cuatro paredes,
con la esperanza de recibir tu llamada.
Es una existencia cruel,
como si no tuviera ningún sentido tener esperanzas.

Zayn Malik

I Don t Wanna Live Forever

El taxi frenó de golpe haciendo chirriar las ruedas y salpicando agua acumulada a la orilla del cordón. No se sobresaltó ante el hecho, ni siquiera su cuerpo se deslizó un centímetro sobre el asiento de cuero como le habría ocurrido a cualquier otra persona en su lugar. No regañó al chófer como también lo hubiera hecho cualquiera. Su atención estaba dirigida a la pantalla del teléfono que sujetaba en su mano. La lluvia continuaba cayendo sobre Londres, aunque había aminorado respecto a cuando salieron del canal donde había pasado alrededor de cuarenta minutos respondiendo preguntas de forma automática.

Alguien le abrió la puerta del coche y sostuvo un paraguas para cubrirla tanto del clima londinense como de los paparazzis que se habían reunido esperando su aparición.

Observó una vez más su teléfono antes de bajar solo para comprobar que no había cambiado nada desde hacía solo un par de segundos.

Decenas de flashes se dispararon apenas puso un pie fuera del vehículo. Aún no podía creer que un simple premio pudiera generar tanto.

No es el premio en sí Kara, es el impacto de tus palabras. Le diría su hermana si estuviera con ella.

Sus palabras.

Ese conocimiento le dejaba un gusto amargo. Saber que sus propias palabras fueron las que la llevaron a donde estaba. Y sin embargo. Nunca dijo lo que en verdad quería decir. O a quien se lo quería decir.

Suspiró mientras la guiaban a través del tumulto que rápidamente se arremolinaba a su alrededor.

Contó como una victoria llegar al vestíbulo del hotel Pancras Renaissance, donde pasaría la noche sin enredarse con los tacones.

Los paparazzi gritaron preguntas, pero ella no respondió ninguna. Lo único que quería hacer, era llegar a su habitación y estar sola.

En recepción fue recibida por una mujer elegante quien le sonrió con amabilidad. Intentó devolver el gesto, pero por el titubeo en las facciones de la persona frente a ella, evidentemente había fracasado.

Si era sincera, con el mundo, porque ella lo tenía claro. Hacía mucho tiempo que su motivo para reír o mostrar algún tipo de emoción que no fuera la melancolía la había abandonado.

Se encontraba a un par de pasos del ascensor cuando alguien la tomó por uno de sus hombros y la obligó a voltearse.

Tal vez se debía a que iba completamente distraída el que no pusiera resistencia y el flash de la cámara impactará de lleno en su rostro.

— ¿Qué se siente haber ganado? —

Escuchó que le preguntaron. E instintivamente quiso reír con sorna.

¿Ganado? Nada más alejado de la realidad. Su realidad.

Ella no se sentía ganadora. Hubo una vez. Pero ya no…

No respondió.

Como fuera, la imagen sería una más idéntica a todas las que ya le venían tomando y publicando.

Su persona sin la más mínima expresión y sin prestar atención a la sonrisa satisfecha por el hombre calvo por su logro y posterior intervención de un guardia de seguridad que procedió a quitarle la cámara. Una vez más, reanudó su andar.

El ascensor se sentía pequeño, casi asfixiante. Le costó trabajo aguantar todo el trayecto hasta su piso sin hacer uso de su habilidad y salir volando.

Antes de que las puertas se abrieran, verificó una vez más su teléfono.

Tragó el nudo que se formó en su garganta al ver la notificación que entraba en ese momento.

El timbre sonó advirtiendo que ya podía bajar mientras ella presionaba el enlace que la llevaría a una nota del Daily Planet.

LENA LUTHOR HACE OFICIAL SU COMPROMISO.

"Heredera de un legado siniestro logra encontrar luz en su camino al lado del enigmático Bruce Wayne"

Las palabras a pesar de ser una nota mediocre para su gusto, se clavaron como puntas de lanza bañadas en kryptonita en su piel.

En su corazón.

Si eso era cierto ya no había vuelta atrás.

No es como si le sorprendiera la noticia. Hacía meses se había instalado el rumor de que Lena estaba en una relación. Pero nadie había logrado obtener la primicia.

Ni siquiera CatCo.

El recorrido hasta la puerta de su habitación lo hizo sin prestar atención a su alrededor. Introdujo la tarjeta con su mirada fija en la imagen que ilustraba la nota.

La revelada pareja bajaba los escalones de la entrada de Wayne Enterprises tomados de la mano y con sonrisas en sus rostros.

Abandonó la tarjeta en la mesa junto a la puerta mientras continuaba leyendo lo que parecía su sentencia de muerte.

No sintió dolor, el dolor ya era parte de ella. Fue más como si se expandiera por todo su cuerpo, los pulmones se le contrajeron y sus ojos ardían en su lucha por contener las lágrimas.

Al parecer y a pesar de los malos términos en los que Bruce y Lex habían roto el acuerdo que en un momento hubo entre ambas empresas con el fin de fabricar drones.

Lena y el vigilante nocturno se habían acercado en un viaje a Metrópolis que la joven CEO había realizado por asuntos laborales y en el cual coincidieron.

Según fuentes citadas por la pagina dueña de la nota. Fue el propio Clark Kent quien auspició de celestino.

"Traicionada por mi propia sangre" pensó mientras se dejaba caer en el sofá de doble cuerpo.

Tenía el impulso de marcar el número que conocía de memoria. Preguntar ella misma si todo era cierto.

Pero, Lena no había respondido en todo ese tiempo a ninguna de sus llamadas. Ni mensajes. Ni visitas. Nada.

Y no es como si pudiera culparla. Pero la situación no dejaba de sentirse como un puñal clavado al que movían constantemente.

La última vez que hablaron fue cuando todo estalló.

Cuando su mundo colapsó y ella otra vez no pudo hacer nada para impedirlo. O tal vez sí hubo, pero ella lo había pospuesto.

Primero por su seguridad. Después por la de Lena. Y después por qué era lo suficientemente cobarde como para no querer confesar su mayor secreto y lo suficiente egoísta para querer retener a la joven a su lado.

Sabía que todo estaba condenado al desastre, y siempre tuvo la sensación de llevar en sus manos una caja de hormigas.

El teléfono vibró en su mano. No necesitaba ver para saber de quién se trataba. Pero no estaba de ánimos para escuchar la compasión de su hermana del otro lado de la línea.

Lo que hizo fue ignorar la llamada y continuar leyendo la nota. Hablaban de matrimonio dentro de poco tiempo, que Lena se mudaría a ciudad Gótica lo cual le resultaba surrealista.

Lena no encajaba en esa ciudad. Además ¿en qué demonios estaba pensando en hacer publica un relación con el guardián?. Un niño rico que solo se disfrazaba para vagar por las noches.

Su mente se detuvo en seco ante tales pensamientos. Sabía que eran productos de su frustración. Ella no era alguien que albergará malos sentimientos…

¿A quién quería engañar?

Con un simple apretón de su mano el teléfono se convirtió en diminutos fragmentos. Con enojo los arrojó al otro lado de la habitación.

Tuvo un instante de cordura, uno pequeño, en el cual trató de contenerse. Repetirse que esa no era la salida, mucho menos la solución. Pero con el simple acto de destrucción del aparato fue como si una compuerta se abriera. En todo lo que pudo pensar después de patear la mesa ratona del centro y hacer que el sofá se estrellara contra una de las paredes.

Fue en Lena, Lena con Bruce, Lena vestida de blanco. Lena diciendo sí acepto. Lena, Lena. Lena la dulce niña que no supo valorar. Lena la chica desinteresada que supo albergar sentimientos por una simple reportera. Lena que no se media en dar, tampoco en amar.

Lena, de pie en la habitación sonriendo con una cámara vieja en sus manos.

"Quiero una foto contigo" Escuchó su voz como si estuviera allí mismo.

- Eso no es posible Lena - dijo con voz rota.

" ¿Como que no? " la voz desafiante pero igualmente divertida. Se acercó lo suficiente para pararse a su lado colocar la cámara de frente y presionar el botón para que la imagen de ambas quedará grabada y luego expuesta mientras la polaroid la expulsaba.

Kara bajó su mirada. La foto que mostraba, otra época, tal vez no tan lejos, pero que se sentía como tra vida, yacía en el suelo junto a las cosas que habían caído del interior de su cartera.

- Lena... -

… … …

Sabía que no podía ser ella.

Estaba segura que se trataba del viento soplando afuera, quizás moviendo una rama. Tal vez alguien pidiendo algo a uno de los mozos al pasar que sonó parecido como si hubieran dicho su nombre.

De todas formas no pudo evitar que la piel se le erizase y entrar en pánico al momento en que creyó escuchar la voz de Kara llamarla.

Trató de disimular lo mejor que pudo frente a las personas en el salón endureciendo sus facciones, ocultando el temblor en sus manos aferrándose a alguna copa como si la vida se le fuera en ello, el creciente nudo en la garganta amenazando con quebrar su voz. Sentía insoportable la falta de aire que incluso la no presencia de Kara allí le generaba. Creyó que ganaría una vez más, que sus cajas iban a permanecer cerradas, pero todo se desmorono en el momento en que Cat Grant apareció.

Saludó a Bruce como si fueran viejos amigos, sin dejar de lado su característico sarcasmo el cual utilizó para alardear de su reportera favorita. De cómo estaba fuera del país dando entrevistas y recibiendo menciones por su más reciente artículo el cual le valió el tan preciado Pulitzer.

- Me imagino lo orgullosa que estás - comentó Bruce simplemente para acariciar el ego de la mujer la cual se dejó hacer ya que, con una sonrisa que bien podría dividir la cara en dos respondió.

- Esa chica me recuerda a mi. Verás, las personas ,mujeres, como Kara y yo trabajamos cuatro veces para que se nos valide igual que a un hombre. No te ofendas querido - dijo casi tocando el brazo de Bruce, casi, pero dándole una mirada significativa a Lena. Bruce sonrió despreocupado - Sacrificamos muchas cosas, tiempo con la familia, amigos, amantes... hijos, etcétera. Pero es con un fin. Un buen fin -

- ¿Sentirse realizada? -

Cat llevó su copa de champagne a los labios simplemente en un acto de apoyar el vidrio en ellos y sonreir.

- No. Mi querido Bruce, yo me sentí realizada cuando tuve a Adam en mis brazos. Las mujeres como nosotras sacrificamos incluso eso por hacer de este mundo un lugar habitable - sentenció y una vez más miró a Lena. No había tenido la oportunidad, o tal vez el valor para emitir alguna opinión.

Sabía que su prometido lo asociaría con el disgusto que le provocaba la prensa. En especial la señora Grant

- Aquí tu chica debe saber de lo que estoy hablando. ¿No señorita Luthor? -

Y ahí estaba.

No era lo que Cat dijera, sino lo que no decía. O lo hacía, pero a través de sus ojos.

Lena no necesitó palabras o confirmación para saber que la dueña de Catco y encargada de arruinar la vida de su familia conocía más de lo que se había publicado en los tabloides.

El mensaje oculto en los ojos azules reavivó la perturbación dentro suyo. A tal punto que tuvo que disculparse y retirarse a su habitación.

Bruce intentó besar sus labios pero la mirada de escrutinio por parte de la mujer hizo que fuera un torpe choque entre mejillas.

El momento hizo burbujear su ira.

¿Hasta cuando dolería? ¿Hasta qué punto podría aguantar? ¿cuando la sombra de Kara por fin dejaría de perseguirla?. Ingenuamente se decía a sí misma que una vez que se casara con Bruce y se mudara a Gotham City todo acabaría, que la distancia se encargaría de sepultar bajo kilómetros los sentimientos que no debían existir.

Pero esa noche Kara se encontraba a miles de kilómetros, incluso a un océano de distancia, y sin embargo le seguía doliendo como el primer día. Y dolía porque aun la amaba.

Con manos temblorosas ingresó a su habitación asignada y agradeció al universo que esa noche, su prometido tuviera que resolver algo (seguramente relacionado con su otro trabajo) y no le pediría que lo acompañara.

Tuvo que llegar al dormitorio, asegurarse que de verdad estuviera sola para así permitirse caer de rodillas, sofocar un grito con uno de los almohadones que adornaban la cama. Y llorar.

Todo lo que siempre había querido, deseado, soñado. Era llevar una vida tranquila. Desde que era pequeña supo que el encargado de llevar la compañía familiar después de la partida de su padre, sería su hermano. Y sinceramente ella estaba bien con eso.

No quería saber nada con LuthorCorp y sin embargo terminó teniendo todo que ver.

Arrojó el almohadón al piso, y se levantó. No podía seguir permitiéndose llorar por alguien que no merecía ni una sola de sus lágrimas.

Caminó hasta el baño tropezando con sus elegantes tacones con la intención de lavarse la cara, pero inevitablemente se encontró mirando su reflejo en el espejo.

Ojos rojos, mejillas manchadas por el llanto, su cabello desordenado. Esa era su verdad. Una verdad que volvió a encender su ira.

Tomó sin pensar un jarrón que adornaba el cuarto con flores blancas y lo arrojó contra el espejo. Los pedazos resonaron al chocar con la cerámica.

Empujó todos los elementos de tocador haciendo un desastre, volvió al dormitorio mientras se quitaba a tirones los zapatos, arrancó una de las lámparas de la mesa de luz que tuvo el mismo destino que las demás cosas.

Una parte de su mente le decía que tendría que sobornar con una buena cantidad a los encargados del hotel. Pero esa voz fue callada por el sonido amortiguado de su dolor.

Había sido tonta, ingenua al creer en Kara. Y lo peor de todo es que aun así no podía dejar de amarla.

Allí, en la oscuridad, con una habitación en ruinas. Pudo verla. Vacilante, como cada uno de sus movimientos cuando estaba a su alrededor y que la final no supo si también era un rasgo natural o algo que también fingía.

Como fuera, estaba allí, tan cerca.

- Ya no más - le suplicó al aire.

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