Este capítulo inicia con un extracto que proviene del libro "Marcas de guerra. Fin del Imperio". Al menos eso me dice la referencia. Star Wars tiene muchas novelas que complementan las películas. Por lo tanto, esta parte sobre la infancia de Ben sería canon.

Muchas gracias por leer y comentar.


Capítulo XII

El niño Ben se retuerce y balbucea en una burbuja blanca de protección, que le sirve de cuna. Han se inclina hacia adelante, con los brazos cruzados sobre la barandilla mientras mira la cara regordeta y los ojos oscuros del pequeño.

Leia está en la otra habitación, tomando una ducha. Entonces Han le habla en voz baja:

- Oye, somos tú y yo, chico. Toda la maldita galaxia está en nuestra contra, pero hagámoslo bien. No siempre voy a ser el mejor papá, ¿si? No sé qué estoy haciendo aquí... apenas puedo cuidar de mí mismo. Pero siempre nos mantendré apuntando a la dirección correcta, incluso si zigzagueamos un poco. Esta es tu primera lección: a veces, hacer lo correcto no siempre significa ir derecho. No le digas a tu mamá que dije eso.

De pronto Ben empieza a llorar, apretando sus manos. Sus mejillas blancas se tiñen de rojo. Han se encoje, busca algo o alguien que pueda salvarlo. Encontró un muñeco que envió Lando. Lo recoge y lo serpentea por el aire encima del niño.

- ¡Mira, aquí al gato! ¡Es un Tooka!- se esforzó por llamar su atención- Chico, por favor, tienes que darme algo- le pidió angustiado ante su fracaso

Nada pudo detener la ola de lágrimas. El padre gruñó, buscando algo más. Estuvo a punto de gritarle a Leia por ayuda cuando justo la vio cruzar la puerta.

- Él está haciendo ese sonido de nuevo- le explicó casi desesperado

- Está llorando, Han.

- ¡No es mi culpa!

- Está bien. Es un bebé, los bebés lloran. Es la forma que tienen de decir que necesitan algo.

- Entonces pregúntale tú... con eso...- hizo un gesto con la mano flotando en el aire.

Han sabía que Leia tiene una conexión especial con el bebé que quizás él nunca tendría. Al igual que Luke, ella y Ben son sensibles a la Fuerza. Odia admitirlo: está celoso de eso. Él nunca conseguiría ese tipo de lazo con Ben. Él y Leia están conectados de una manera que ni siquiera puede empezar a comprender.

-Ya sabes... usa la Fuerza- continuó

- ¿Por qué no intentamos algo más?

- ¿Un poco de brandy en las encías?

- ¡No! ¡Tómalo! Es tu hijo, usa tus manos- su esposo la miró confundido- Quiere que lo abraces.

- Hago contrabando. No soy de los que…

-¡Han!- exclamó molesta

- ¡Está bien!- se inclinó finalmente y lo levantó con cautela.

Ben se retuerce en sus brazos firmes. Es tan pequeño y frágil, que Han lo ve vulnerable a todo. Por instinto lo acerca a su pecho para protegerlo y así el niño deja de llorar, acurrucándose en su clavícula. Eructa una vez, sus ojos oscuros se cierran y finalmente se duerme.

- ¿Ves?- le confirma su esposa

- Pero nunca tendré lo que tiene contigo.

- No tienes que hacer eso- respondió con dulzura- Buscarás otras maneras. Te saldrás con la tuya, como siempre.

-Papá... ¡papá! ¡Si no me sueltas llegaré tarde a la ceremonia!- exclamó Ben, dado que su padre no lo dejaba de abrazar

- Disculpa, me distraje recordando algo- lo soltó, tratando de ocultar su emotividad.

- Sí lo ví- lo miró agradecido- Perdón por meterme en tu mente, pero como te quedaste callado me preocupé. Solo quiero que sepas que nunca necesitaste ser sensible a la Fuerza para ser especial para mí. Siempre estuviste conmigo cuando te necesité. Eres un gran padre.

- Cuídala mucho, Ben. Esa niña te ama muchísimo- le recomendó, pensando realmente en sí mismo; en cómo esa jovencita había evitado que cometiera el mayor error de su vida.

- Es extraño que ahora la quieras tanto- se rió, más relajado- Pero no te culpo, a mí me pasó igual.

- Sin duda se verá hermosa con esa ropa de la realeza que tenía guardada tu madre.

- Ya lo creo. Soy yo el que me siento extraño sin llevar puesto el traje de Kylo, pero no quería casarme con un disfraz- se observaba en el espejo, vistiendo un traje negro como los que usó su abuelo cuando era Jedi

- No importa qué ropa uses. Rey te ama por lo que eres en realidad.

-¿Es normal que ahora dude de eso? Me cuesta entender porqué me quiere si antes nos llevábamos mal. No tan mal, pero… tú me entiendes.

-Supongo que ella fue capaz de ver más allá de las apariencias. Ahora deja de pensar y sal a su encuentro. Me acaban de avisar que están listas.

- Sí, ¿me veo bien?- sonrió nervioso

- ¡Deja de dudar! Este es tu gran día. No te desmayes, por favor -mencionó cuando lo empujó hacia la salida de la cabaña.

- ¡No me pongas más tenso!

Han no pudo evitar las carcajadas. Tal vez Leia tenía un vínculo especial con Ben, pero él igual lo había conseguido a su manera.

- ¡Hasta que te decidiste!- golpeó Dameron el brazo derecho de Ben, en un gesto de camarería que no existía entre los dos, dejando al susodicho descolocado.

- Sí, sí, ve a tu lugar. No lo asustes. Está nervioso- lo espantó Han

Ben observaba callado aquel sitio boscoso adaptado para la ceremonia. Debía reconocer que Rose, Jannah y Zorii se habían esmerado en preparar el lugar. Rey les pidió aquel favor personalmente y ellas aceptaron con gusto.

Todos los de la Academia Jedi estaban presentes y los miembros de la Resistencia también. Chewie gruñó por doquier, exigiendo que se sentaran todos porque se aproximaba la novia.

- ¿Usted va a oficiar la boda?- le preguntó el novio a Emily Holdo

- Así es. Tu madre me lo pidió como un favor especial- le sonrió solemne

- Pero...

- No te preocupes. Estoy al tanto de todo. Tengo mis métodos para hacer legal todo lo que me propongo.

Mientras tanto, Rey caminaba con cuidado a través de la vegetación.

- Mamá, acompáñame hacia Ben.

- ¿No quieres que vaya Leia? Ella te dio ese hermoso vestido blanco y ¡mira, qué precioso peinado te hizo! Pareces una princesa.

- ¡No! ¡Tienes que ir tú, Zafka! Eres su madre- la corrigió Organa- Además, ese vestido azul te queda perfecto para la ocasión. Rey es como la hija que nunca tuve, pero no puedo ocupar el lugar que te corresponde. Con Han preferimos no tener más hijos con lo complicada que se puso la vida de Ben. Él tiene un cabello negro precioso, lástima que jamás me dejó tocárselo.

Rey rio ante el comentario de Leia. Ahora se sentía privilegiada, porque ella sí acarició su cabello al besarlo y él nunca se molestó. Zafka tomó valor y acompañó a su hija para entregársela a quien sería ahora su esposo: aquel joven que la salvó del Emperador y resultó ser el hijo de la General de la Resistencia. Ahora ella también debía guardar ese secreto.

Leia tomó del brazo a Han, emocionada hasta las lágrimas. Todos miraban expectantes a Holdo, quien inició su discurso...

- ¿Qué estás haciendo aquí sentado? ¡Tienes que impedir la boda!- le ordenó Finn a Tai, hablando en voz baja

- Ya déjalos en paz- respondió serio

- ¡Creí que la querías!- insistía

- Lo hago, pero no debí verla más que una aprendiz. Lo que Rey siente por Kylo es muy fuerte. Percibo en él ese mismo sentimiento. Acepta la derrota, Finn. Sé cuando darme por vencido.

El moreno refunfuñó hasta que Luke los hizo callar. De pronto, el Jedi vio a todas las miembros de su Academia llorando, sin excepción.

- No considero que el discurso de Holdo sea tan emotivo- cuestionó a las jóvenes

- Ni siquiera la estoy escuchando- sollozó una Twi'lek

- ¿Es por Hennix?- cuestionó sin entender

- ¡Que se pudra ese traidor!- exclamó un Nikto

- ¡Ya cállate!- lo censuró Tai

- ¡No! ¡Es por Kylo!- reconoció una togruta

- Rey lo conoció siete meses y se casó con él. No es justo- se quejó Voe

- ¡Y la mentirosa decía que no le gustaba!- se enfadó otra aprendiz humana

- ¡Es el colmo que lloren así por un hombre!- se indignó Finn

- No opinarías igual si lo hicieran por ti- comentó Dameron, quien no pudo evitar meterse en la conversación, aunque Han lo había enviado a silenciarlos.

- Eres un envidioso- condenó Voe a Finn

- ¡Ya basta!- se levantó Luke, alzando la voz- ¡¿Es que acaso aquí nadie respeta el código Jedi?!

Todos se quedaron en silencio ante el grito del Maestro de la Academia. Él se volvió a sentar, mientras todas las miradas regresaban hacia Holdo y los novios.

- Como iba diciendo- continuó Emily, mirando severamente a todos los miembros de la Academia- Por el poder que me otorga la Ley, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

La sonrisa de Ben era radiante al ver a su esposa tan preciosa. Realmente parecía una princesa con aquellas telas blancas ajustadas a su bella silueta, entalladas con un cinturón dorado, y su cabello ahora ondulado caía por la piel de su espalda desnuda, excepto el que tenía amarrado con las trenzas de los costados de su cabeza. Ella se ruborizó al verlo tan feliz y elegante.

Ben la abrazó y se inclinó lo suficiente para que ella alcanzara su rostro. Un simple beso selló su unión, provocando el aplauso de la Resistencia y el luto en la Academia.

- ¿No te parece raro que Han y Leia estén tan emocionados por Kylo?- le cuestionó Finn a Tai, aplaudiendo de mala gana.

- Están así por Rey. Leia la considera como una hija.

Aquella conversación no siguió, ya que la conmoción entre las jóvenes era muy grande. Luke tenía más que claro que su sobrino llamaba la atención de las mujeres. Las pocas veces que Kylo fue a la Academia provocó revuelo en ellas, pero nunca creyó que fuera para tanto. Con la ayuda de Chewie las sacó a todas del lugar, para que no arruinaran el festejo.

Tai se acercó a la pareja de recién casados con una sonrisa.

- Felicitaciones- le extendió la mano a Ben, pero él no se la recibió

- Gracias- contestó en seco

- Ben, él quiere ser amable- lo corrigió su esposa

- Eso no cambia el hecho que te besara- le respondió con severidad- Y que intentara conquistarte.

-Tienes razón. Fue mi error- reconoció el joven jedi- Me comporté como un idiota solo porque detestaba la forma en que Han y Leia te preferían. Pero ¿cómo no hacerlo?- sonrió cómplice- Te mereces ser feliz con ella.

Tai tomó el dorso de la mano de la joven y lo besó por última vez. Era un gesto que tenía con ella desde que la conoció. A Rey le hacía gracia eso ya que antes nadie había sido tan atento y cariñoso cuando era carroñera.

- Felicitaciones otra vez- le dijo ahora a la castaña, para luego alejarse de ellos

- ¿Ves? Ya no tienen razones para llevarse mal- le explicó a Ben

- Te acaba de besar la mano y no protestaste.

- ¡Es por cortesía!- se defendió- ¡¿Y tú?! ¡Tienes a toda una Academia llorando porque ya no eres soltero y no te estoy reclamando por eso!

- ¡Lo estás haciendo ahora!

- ¡Tú empezaste!

- Perdón por interrumpir su primera discusión de casados- intervino Luke- Pero, además de felicitarlos y de reconocer que no sé qué hacer con ese sequito de mujeres que no entienden todavía lo que significa "no generar lazos"...- suspiró el hombre- Quisiera saber tu opinión respecto a lo que planeo hacer en los próximos días, aunque ustedes no participen.

- ¿A qué te refieres?- inquirió Ben

- Mientras estuvimos en Mortis, la misión que le encargué a los demás jedis fue exitosa. Lograron identificar el planeta donde se encuentran los laboratorios y, con eso, la ubicación del Emperador. Su cuerpo cada día depende más de esas máquinas.

- ¿Dónde está?- quiso saber Rey

- Ese en parte es el problema. La mayoría averiguó que está en Serenno, pero otros, en Exegol.

- Eso no tiene sentido, a menos que sea una trampa- agregó el azabache

- Es lo más probable después de la traición de Hennix- se lamentó Luke- ¿Qué opinas?

- Es riesgoso dividirnos e ir a ambos planetas al mismo tiempo. Es mejor ir a uno primero. De todos modos, en ambos hay bases del Imperio. Hay que destruirlas igual.

- Pienso lo mismo- afirmó el Jedi- Empezaremos con Serenno, pero seremos cautelosos. Seguramente nos estarán esperando.

- Si mi madre convoca a sus aliados, los harán pedazos. Lando vendrá de inmediato con apoyo, así que no temas.

- Lo sé. Por ahora ustedes se quedarán aquí. Olvídense de esto, aunque sea unos días.

- Puedes contar conmigo si lo necesitas. No lo dudes- añadió su sobrino

- Y conmigo- afirmó Rey

- Gracias.


Entraron a la cabaña que le habían asignado a ambos, agotados después de la fiesta. En realidad, en plena guerra no había muchas razones para celebrar, por eso una ocasión de este tipo se aprovechaba al máximo.

Rey comenzó a reírse de solo recordar a Poe medio borracho persiguiendo a Zorii para declararle su amor, siendo rechazado más por estar ebrio que por sus sentimientos.

- Supongo que no todos tienen el valor para decir lo que sienten sin un licor que los haga valientes- mencionó Ben, conociendo la razón de la risa de su esposa

- ¿Y tú?- preguntó coqueta

- No necesité licor para pedirte ser mi esposa -explicó luego de sacarse la capa principal de su traje.

- Pero igual estabas nervioso en el Verity.

- Eso es normal. Además, tú no me haces la vida más fácil.

- ¿Disculpa? ¿Me estás diciendo que soy una mujer complicada?

- Lo eres. Desde que te conocí lo supe y ni eso evitó que me fijara en ti.

Ben ya estaba frente a ella. La cabaña era pequeña, simple y con escasez de comodidades, pero la consideró perfecta para ellos dos.

- Tú también eres un hombre complicado...- susurró. Con lentitud acarició su torso sobre la ropa, deseando ir más allá.

- Y misterioso. Supongo que ambas cosas sedujeron a las jedi- sonrió arrogante

Sin embargo, aquel comentario la irritó demasiado. Le dio la espalda molesta, sintiendo que era una más de sus conquistas.

- Oye... era broma- continuó él

- No, lo dijiste en serio. No mientas. Si tenías tantas pretendientes, debiste haberte casado hace mucho- respondió indignada por sus inoportunos comentarios.

- Ninguna me llamó tanto la atención. Ninguna sabía quién era yo en realidad. Solo conocían a Kylo. Tú sí lo sabes...

- Entonces ¿ese era tu criterio? ¿Casarte con la primera que averiguara tu nombre real?- lo enfrentó ahora mirándolo a los ojos

- No lo sé. Rey, yo no planeé y creo que tú tampoco. Solo pasó. ¿Es que acaso uno no puede enamorarse sin tantas explicaciones?

- Es que... se supone que la Fuerza...

- No relaciones a la Fuerza con esto. Si siguiera en estricto rigor todo aquello, deberíamos ser enemigos y no pareja, como lo creía en un principio.

- Entonces ¿me quieres independiente de nuestro vínculo?

- ¿Cuál vínculo?- Ben la vio confundida. Como no reaccionó, pensó que necesitaba una mejor explicación- Rey, ese tipo de lazos se da entre maestro y padawan, o entre familiares sanguíneos como mi madre y yo. Tarda años en desarrollarse. Excepto en la Diada donde es innato, pero ni siquiera mi tío conocía ese tipo de vínculo. Después de enterarse que mi madre era su gemela lo entendió. Ahora manejan esa conexión a su antojo.

- Disculpa, yo... es que a veces… es extraño, es como si mente me intentara decir algo, pero no la comprendo -murmuró cabizbaja.

- No te preocupes. Todavía eres nueva en esto. Te queda mucho por aprender. Lo mejor es que desde ahora yo seré tu maestro- le informó feliz por ocupar ahora ese lugar

Ambos estaban muy cerca, sin embargo, ninguno se atrevía a avanzar. Rey lo miró aturdida. ¿Por qué sentía que él ya le había ofrecido enseñarle antes los caminos de la Fuerza?

- ¿Estás bien?- se preocupó al verla palidecer. Tomó sus dos manos para que ella reaccionara.

- Sí... La verdad, no sé. Es que son muchas emociones juntas- sonrió nerviosa por la vergüenza- Me cuesta creer que esto esté pasando entre nosotros…

- Es cierto. Quiero disfrutarlo ¿y tú?

Eso último se lo dijo con vehemencia, mientras se quitaba la segunda capa de tela de su oscuro traje. Por alguna razón, el pudor frente a ella se esfumaba, tanto que debía recordarse que su padre le insistió en ir lento; porque si fuera por él...

Rey quedó sin aliento al ver de nuevo su torso desnudo. Era como si aquel cuerpo le recordara tantas vivencias: dulces y amargas... Se le acercó curiosa, pues necesitaba abrazarlo otra vez. Su propio ser la obligaba a aceptar esa invitación y ceder a todo lo que aquello involucraba.

Estaba oscureciendo y Ben no tenía la menor intención de encender la luz artificial. Se quedó con ella aferrada a su pecho en silencio. Despacio empezó a recorrer con sus manos aquel delicado vestido, sedoso y ajustado. Pronto acarició su espalda descubierta. Su piel era incluso más suave que la tela. La chica se perturbó cuando sintió sus manos sobre sus glúteos, aunque estaban sobre el vestido. Era primera vez que tenían un gesto tan íntimo, sin contar lo de Kijimi, ya que ni ella misma recordaba por dónde pasaron sus manos en aquel intenso momento.

En esa misma posición él la alzó, logrando que Rey rodeara su cuello con sus brazos. Se dirigió a la cama y la recostó sobre ella. Quedó encima, en la posición correcta para no aplastarla. La joven lo besó desesperada, como si llevara esperando ese momento durante varios años.

Sintió cómo Ben intentaba sacarle el vestido sin éxito, mientras mantenían unidos sus labios. Ella se rio sutilmente.

- Espera, tienes que quitar el cinturón primero-le recomendó en voz baja

Él obedeció sacando aquel accesorio dorado. Y claro: así cayó la doble capa de tela sobre la cama. Ahora el cuerpo de la joven tenía solo la primera capa de tela traslúcida cubriendo su esbelto cuerpo, haciéndole el camino más fácil a su apasionado esposo.

- Te amo- murmuró, dejándose llevar por las atrevidas manos de su esposo que recorrían sus piernas y los besos que inundaban su cuello.

- Lo sé – susurró en su oído-, pero creo que yo te amo más y ya no le busco razones. Solo quiero vivirlo.

Removió el resto de la seda y la sintió retorcerse de placer cuando presionó con deseo sus nalgas para luego subir a su cintura. De verdad era buena idea ir lento. Lo estaba disfrutando por completo, tanto que le dio calor y se tuvo que sacar el pantalón. Rey aprovechó esa oportunidad para ponerlo de espaldas a la cama y ser ella quien besara cada rincón de su ser. Él se dejó amar, al mismo tiempo que soltaba la última parte del vestido de su esposa.

Sentada sobre él, a la altura de sus caderas, quedó completamente desnuda bajo la tenue luz de las lunas de Hissrich.

Besar reiteradas veces sus exquisitos pechos no le ayudaba a ir con lentitud. La verdad es que no sabía cuánto más debía esperar, porque escuchar esos "lamentos" por su causa lo encendía más y más… Estaba perdiendo la cordura, porque su entrepierna enardecida imploraba recorrer ese mismo sendero que sus dedos ahora exploraban. Tan húmedo y estrecho, que Rey dejó escapar alaridos dentro de su rubor.

Cuando Ben ya no lo soportaba, fue precisamente ella quien lo tomó y le arrancó su ropa interior. Supuso que no había señal más clara que esa como autorización.

Como si su padre hubiera predicho el futuro, fue precisamente Rey quien lo guio en ese proceso. Y es que ese hombre era sabio a su manera. Jamás se arrepentiría de hablar de esos temas con él. ¿Lo perdonaría su madre por manchar aquel costoso vestido que yacía bajo ellos?

Se sorprendió gratamente de lo dispuesta que estaba; sin duda, deseaba hacerlo tanto como él. Todo ese preludio tenía su propósito y ahora lo comprendía cabalmente. Con cada beso y cuidadosos movimientos se compenetraron, acomodando sus cuerpos, disfrutando el momento...

Rey cedió a pesar del punzante dolor inicial. Respiró profundo y se relajó, experimentando el amor en cada pliegue de su intimidad, en cada roce intenso que aceleraba... Le entregó por completo su cuerpo a aquel hombre que buscó por tanto tiempo. ¿Y qué importaba si ya no era su par en la Fuerza? La había elegido de todos modos, la amaba aunque era descendiente de quien más detestaba; la amaba y eso era lo primordial para entregarle todo: su vida y su corazón.

Los gemidos de Rey eran un melodioso canto para los oídos de Ben. Estaba fascinado con esas nuevas sensaciones, las cuales lo alteraban aún más. Era tanto su éxtasis que aceleró, provocándole mayor placer a su esposa y en sí mismo. Se desesperó, como si quisiera llegar cada vez más lejos, recorriendo una y otra vez su estrecha intimidad.

Rey no podía recriminarle tal alevosía a su esposo. Si bien por un momento sintió que le desgarraban el alma, por otra parte le encantó. Empezó con una ternura absoluta y terminó como un salvaje. Sus movimientos finales le provocaron quejidos tan fuertes que, después de pasado el clímax, Ben se preocupó porque pensó que le había hecho daño. ¿Daño? Tal vez. Había dañado su concepto de la vida. Ahora no podría disfrutarla sin él haciéndole el amor.

Ben respiró aliviado al saber que todo estaba bien, menos el vestido que, con el abundante sangrado, quedó inutilizable. Lo fue a desechar, mientras Rey seguía en la cama como si no le importara lo que pasara a su alrededor. Se estaba quedando dormida con ese maravilloso recuerdo.

Él la cubrió con el resto de las sábanas y se recostó a su lado, estando ella de espaldas. La abrazó y besó su hombro desnudo. Por primera vez sentía ese tipo de cansancio, sumamente placentero, antes de dormir.