Capítulo 6: Honorable del Lago


Casi se completará una semana desde la invocación del Sirviente de clase Saber y no más de un día desde el segundo enfrentamiento entre Maestros, de los cuales restan seis de los originalmente siete participantes. Uno ya ha perdido la vida, y de su propio conocimiento, otro estará un breve tiempo inhabilitado por el resultado negativo que obtuve de la batalla.

El responsable de este veloz movimiento de los hechos es el Maestro de Assassin, quien para su mala suerte debe ser alguien de bastante cuidado según lo que ha acontecido. Tal vez la clase Assassin no sea la más resaltante en la guerra por el Grial, pero todo dependía de las capacidades de su respectivo invocador, siendo este el caso.

Si los demás enemigos son tan activos como lo ha sido el Maestro de Assassin, entonces el conflicto no debería tardar en resolverse en más de dos semanas, incluso, puede finalizar en solamente una.

No conoce exactamente los detalles, pero en ese periodo de tiempo el Grial estaría materializándose a medida de que los siete magos luchan entre sí hasta eliminarse los unos a los otros. Por alguna razón, su padre y la información recopilada en los libros no han sido de ayuda para resolver aquel inconveniente, aunque, como ya lo sentía desde antes de su elección, hay algo más escondido detrás de los motivos de la guerra, pero ahora no es el preciso instante para atender esos asuntos.

Ahora mismo está adentrándose en Fuyuki durante las horas de la noche, lo cual en simples palabras significa llamar a combatir. Pensaba investigar en Miyama, pero conociéndose, su recorrido cambiará a medida que avance la madrugada.

Caster estaba a su lado acompañándole en esta caminata, sin presentar una sola queja sobre la iniciativa tomada por su Maestra. Desde su invocación, siente que tuvo una enorme suerte por haber sido emparejada con alguien que sabe muy bien cuál es su posición y luchará para salir adelante a pesar de las dificultades que le puedan surgir en el camino. A pesar de no haberse mostrado fina en sus resoluciones a partir del instante en que se enteró de que su mejor amigo fue seleccionado, no puede culparle por aquellos fallos. Al fin y al cabo, se trata de un ser querido el cual jamás esperaba ver inmerso en una circunstancia tan peligrosa como lo es esta lucha a muerte.

Un ser querido que conocerá de cerca a una misteriosa y cruel muerte, quien no hace distinciones del bien y el mal. Simplemente se encarga de llevarse las vidas de quienes han sido afortunados o desafortunados.

Pensar en ello le trae amargos recuerdos de quién fue ella antes de unirse al Trono de los Héroes. Hasta ahora no ha deseado revelar su identidad a su Maestra, no porque le tenga desconfianza, por el contrario, no quiere traer de vuelta memorias tan trágicas a su mente, pero sabe muy bien que llegará el momento indicado donde será la única opción para seguir adelante en la búsqueda por la victoria del Santo Grial.

Maestra ¿Qué planea hacer si nos encontramos con un enemigo? ¿Huir o pelear? Teniendo en cuenta las consecuencias de cada opción

— No creo poder responder bien a esa pregunta, Caster. La respuesta la tendremos cuando tengamos de frente a otro Maestro

Suele suceder que las primeras batallas entre participantes no son solucionadas de inmediato, esto para conocer bien a su rival y aprovechar esa nueva información para el futuro, aunque no es una regla escrita. Assassin pudo asesinar sin ningún problema a Kohaku, pero según lo dicho por él, Saber se interpuso antes de salir lastimado. De hecho, no sería una locura pensar que en realidad la decisión de asesinarlo provenga del propio Maestro, de hecho, sería lo normal a pensar.

Realmente el movimiento hecho por ese desconocido le da algo de escalofríos porque combina una gran determinación, conocimiento de la guerra y las habilidades de la clase Assassin, resultando así en que su actividad pase desapercibida.

No deseaba para nada enfrentarse a él en este preciso momento, prefería incluso luchar contra la clase Berserker porque puede leer de antemano cómo actuar frente a un enemigo llevado por la locura, junto a un Maestro que debería de tener problemas para controlarle, pero sería estúpida cantar la victoria antes de tiempo solo por ello, tal vez todo termine siendo al revés de lo que espere.

La noche se tornaba diferente según los pronósticos entregados por los canales de televisión e internet, cayendo una ligera lluvia que al cabo de un par de minutos se convirtió en una llamativa tormenta. No imaginaba que el tiempo cambiaría de una manera tan radical por lo que cuenta con ropa no muy apta para resistir la caminata, y aún peor es estar acompañada de una mujer que congelaba la temperatura a su alrededor, pero ya no hay vuelta atrás. Ya se encontraba relativamente alejada de la casa de Kohaku y no planeaba regresar a su hogar hasta resolver los inconvenientes que se han presentado.

Aún cuando no tiene experiencia real en combate, se siente con la suficiente capacidad para enfrentar a quién sea, a pesar de las contras que significa tener a un Sirviente de clase Caster. No es una clase con los mejores parámetros para luchar mano a mano, aún menos contra el grupo de Caballeros como lo son Saber, Lancer y Archer. Sin embargo, consta de una alianza con Saber, y Lancer ya ha sido derrotado, por lo que se siente con más seguridad.

Hasta el momento, Caster sigue sin haber entrado en combate directo. Tiene mucha curiosidad sobre las aptitudes de su Sirviente, las cuales ya son interesantes teniendo en cuenta que pudo curar un envenenamiento de Saber bastante complicado según el estado en el que se encontraba.

Quizás se lleve una gran sorpresa, o ese era su deseo.

Han demostrado ser excelentes compañeras y solamente faltaba la verdadera prueba de fuego.


Con el diluvio cayendo sobre su cuerpo, no se había percatado lo mucho que había caminado hasta encontrarse en la estación de Fuyuki, en completo silencio por las horas de la madrugada. Es inútil esperar un tren y sería cansancio innecesario seguir explorando, al menos por esta noche.

— Maestra, percibo-

— Me alegra no estar loca, esperemos aquí

Cuando pensaba en volver a Miyama, ella junto a Caster notaron un cambio en el ambiente, alejado de ser algo climático.

Desde la plataforma frente a la suya, dos figuras aparecían subiendo las escaleras a paso lento hasta ubicarse cara a cara, separados por los rieles.

Eran dos hombres de alta estatura, uno al lado de otro, con ropas bastante "llamativas" para la ocasión. El de la izquierda llevaba un traje blanco por completo y un paraguas en su mano derecha, no muy recomendado considerando la tormenta que caía sobre la ciudad, pero quién era ella para juzgar la decisión de un desconocido. El hombre de la derecha, por otra parte, era quien transmitía la sensación de peligro que había sentido junto a Caster, quien ya se ha materializado, hace unos instantes, y era solo observar su apariencia para saber la razón de la inquietud.

Vestía una armadura blanca con tirantes azules que terminaban en cruces por la espalda, y a lo largo de su coraza constaba de detalles dorados. Por el momento, no tenía al descubierto algún tipo de arma, por lo que desconocía qué tipo de sujeto podría ser. Era muy obvio que aquel hombre era un Espíritu Heroico, y según su apariencia, debía de ser algún caballero de renombre, de buen aspecto físico, pero su imponente figura le impedía obtener tranquilidad.

Mientras la estación de trenes era azotada por las ventiscas y agua de la tormenta, el hombre vestido de blanco se dirigió ante ella.

— Ya es bastante tarde para que dos jovencitas caminen por la ciudad ¿No creen?

Ninguna de las dos contestó a lo dicho por el tipo, quien nuevamente abriría la boca.

— Oh, sus rostros parecen no confiar para nada en mí. No las puedo culpar por ello...

A su lado, Caster estaba atenta ante cualquier movimiento del hombre con armadura de la derecha al representar el mayor riesgo, aunque de reojo vigilaba por igual al aparente Maestro que hablaba, con una voz característica de las familias elegantes. No era desagradable, pero la situación no le favorecía en lo absoluto.

— Veo que son participantes de la Guerra ¿No es así? Que mala suerte es encontrarnos en plena madrugada

— No creo que una tormenta sea favorable para caminar en la ciudad, a menos que tengas alguna intención

— Es cierto, niña. Tus palabras recaen en ambos...

Debido a lo que está ocurriendo, al fin pudo darse cuenta que conversaban en completa normalidad a pesar del viento, lo cual puede ser obra del campo imaginario emitido por los Sirvientes. Desconocía si existía aquel concepto, pero cree que es el indicado para explicar su naturaleza.

— No tenemos intención de atacar a muerte, pero considerando el deseo de mi acompañante ¿Desean combatir por un breve tiempo?

La pregunta era muy extraña, teniendo en cuenta que la Guerra no entrega momentos como este, suele ocurrir, pero depende del tipo de participantes. A pesar de ello, la idea era interesante. Antes de llegar a la estación, pensaba que la mejor opción era luchar al menos dos veces con cada enemigo, sirviendo la primera vez para planear métodos que podría utilizar más adelante. Ese era el caso suyo en lo teórico, en la realidad esperaba no tener aquella opción.

— Hmm, creo que intenté ajustarme a tus pedidos de caballero. La suerte no está con nosotros hoy

— No se preocupe, Maestro. Me alegro que acepte un capricho como este

Después de todo este tiempo, el otro Sirviente habló a su Maestro, en un tono japonés distinto a lo que le tenía acostumbrada. Sonaba extranjero por alguna razón, aunque sería lo normal. Cada Espíritu invocado por el Grial provienen de diversos lugares del planeta, por lo cual, siendo Maestra, creía que enfrentará a interesantes enemigos de épocas y zonas geográficas diferentes.

Giró hacia Caster, quien le dirigió una señal de respuesta afirmativa

— Está bien, aceptamos

Los dos hombres en la otra plataforma no cambiaron su semblante, no obstante, estaba bastante claro que escucharon lo que querían.

— Buenas noticias. Bien, en posición, Saber

«E-Espera un momento ¡¿Saber?!

Escuchó lo más inesperado que habría imaginado después de las tantas sorpresas que se ha llevado en poco tiempo, apenas comenzada la Guerra. Por su lado, Caster tenía la misma expresión de asombro, bastante raro cuando la Espíritu se ha caracterizado por su serenidad desde su invocación hace casi dos meses.

El caballero de armadura blanca hizo aparecer una bella espada con su mano derecha, suficientemente resplandeciente para iluminar parte de la zona donde se encontraban. Era de cuerpo dorado con la hoja blanco metálico, sumado a unos fragmentos azules y, según lo poco que alcanzaba a ver desde su plataforma, inscripciones en letras que no le eran conocidas. En seguida, salto hacia el espacio de separación de los rieles, esperando el movimiento de su contrincante, Caster.

— Mantén la distancia y por ningún motivo uses tu Tesoro Heroico. No me moveré de aquí

Caster asintió y saltó unos pasos a la derecha mientras mantenía consigo su inseparable "muñeca" apoyada en su pecho. Ambos Espíritus se observaron atentos a cualquier acción que intenten en un zona complicada para la batalla, siendo muy incómodos los desniveles de la estación.

Saber brincó otra vez hasta llegar al andén de las dos chicas, y acto seguido, con su mano diestra con la empuñaba la espada atacó en dirección de Caster, con dos veloces cortes, uno horizontal y el otro vertical. La joven de largo pelo blanco retrocedió a la esquina de la plataforma, dirigiendo su muñeca hacia el caballero que ajustaba un nuevo ataque.

De su extraño objeto salió disparado un brillante rayo azulado hacia Saber, quien lo pudo esquivar a pesar del asombro que mostró. El rayo chocó con una parte de la división de los rieles, la cual quedó completamente congelada. Era similar a aquellos paisajes fotografiados del polo ártico y la Antártida, con el hielo sobresaliendo en cada esquina de la reciente creación hecha por Caster, o mejor dicho, de su muñeco.

«Acaso puede ser un-»

— Un familiar, huh. Me trae recuerdos ver otra vez una de esas criaturas

Luego de salvarse de aquel ataque, Saber comentó sobre el ataque de Caster, entregando un poco de información. La muñeca era un familiar con el cual su Sirviente debió haber hecho un contrato en algún momento de su vida, y aunque parezca inútil, según lo dicho por el espadachín, este reconoce su existencia, por lo que su identidad debe estar relacionado a alguno en especial o a la magia en específico.

— Espero que sean recuerdos agradables. ¡Ve, Viy!

«¿Viy? ¿Qué es eso?»

Por curiosidad, se giró hacia la dirección donde se encontraba el Maestro de Saber, quien veía perplejo a la pelea, aparentemente después de escuchar a Caster.

El familiar se elevó unos tres metros en el cielo en medio de los fuertes vientos y la lluvia, quedando estático sobre el caballero, quien esperaba cuidadoso con su espada observando arriba. La verdad no sería equivocado considerar al familiar como un hada, el cual comenzó a brillar formando varios trozos de cristales de hielo puntiagudos a su alrededor, los cuales empezaron a girar en círculo para terminar cayendo directamente sobre Saber.

— K-Kuh, ¡Hah!

Rápidamente, levanto otra vez su espada dando un golpe utilizando toda la hoja para impedir la caída de los cristales sobre él, pero no era suficiente con la fuerza bruta. De inmediato, la espada se iluminó por completo, dejando ver una venerable figura del espadachín, quien finalmente logró deshacer el ataque, pero ganándose unos pequeños rasguños en el rostro y la armadura, que a pesar de todo, seguía reluciente.

— No estoy acostumbrado a luchar con un rival de tu estilo, aún menos con una hermosa doncella

— No te molestes en cortejar, caballero

Saber sonrió ante el comentario de Caster, quien otra vez tenía consigo al familiar apoyado en su pecho. Extendió su mano izquierda en dirección de su contrincante, quien en seguida tomó su arma con ambas manos para protegerse ante los ataques que preparará la Espíritu, que hasta ahora han resultado muy incómodos por cómo se han estructurado.

— Maestra, le pido cerrar sus ojos ahora mismo

Amane escuchó y sin preguntarle la razón, cerró los ojos ante el pedido de Caster, quien parecía acumular una gran ola de mana, lo cual notó al sentir una sensación de cansancio en su cuerpo. A pesar de ello, no le preocupa, porque a diferencia de Kohaku, ella tenía un circuito mágico capaz de resistir el uso prestado de mana.

— Suficiente, Saber, es peligroso recibir ese ataque

— ¿De qué habla, Maestro? No puede interrumpir una batalla hasta que las dos partes lo acordemos

— Ya cumplí con tu capricho de caballero, y recuerda que no buscamos una pelea extendida. Ven aquí, no deseo usar un Sello contigo

Saber se molestó con la decisión de su Maestro, pero fue obediente ante sus palabras y brincó hasta la otra plataforma de la estación, haciendo desaparecer su bella espada. Por su parte, Caster detuvo el flujo mágico y caminó hasta el lado de Amane, quien ya había abierto sus ojos una vez que la pelea acabó de improvisto.

El hombre de traje blanco dio una señal formal ante las dos chicas.

— Disfruté de la batalla aunque no haya durado lo suficiente. Nos volveremos a encontrar pronto, Maestra de Caster

Acompañando lo hecho por su Maestro, Saber se despidió desde lejos, siguiendo los pasos del otro hombre que volvía a tomar las escaleras, ahora para abandonar la estación.

Amane no dejó de observarlos hasta perderles de vista, o mejor dicho, no sentir su rastro en las cercanías. Tardó no más de un minuto para que cayera al suelo, volviera a respirar con normalidad y analizar fríamente lo sucedido en aquel lugar, no muy recomendado para albergar una lucha entre Sirvientes.

— ¿C-Cómo es eso de que existen dos Espíritus de clase Saber en una guerra?

— No me gustaría empeorar la situación, Maestra, pero al parecer ese hombre sabe algo sobre mi identidad. Creo que haber detenido la batalla fue su mejor decisión

Las palabras de Caster sonaban algo preocupantes, considerando que era una batalla sin buscar acabar con la vida del otro, además, ese hombre será problemático si se entera en su totalidad sobre la historia de la Espíritu a su izquierda.

— ¡Ahhh! No quiero por ningún motivo acercarme otra vez a esa Iglesia, pero no podré estar tranquila con esta duda

Rascó su cabeza con pura impotencia por su nula fortuna el día de hoy.

Prefirió ir lo más pronto posible, pero ahora mismo no lo hará, porque se percató de sus ropas empapadas por la lluvia y lo que menos le gustaría sería enfermar en mitad de un evento tan importante como lo es la guerra por el Grial. Miró su teléfono y ya eran las tres de la madrugada, suficiente después de explorar gran parte de Fuyuki y luchar contra un enemigo que verá tarde o temprano otra vez, uno bastante fuerte. Seguramente lo será aún más cuando el motivo de una nueva pelea sea otro más serio, pero no está muy preocupada por ello, al haber sido testigo de la gran capacidad de Caster para dominar bien el combate cercano, gracias a su familiar.


Tardaron menos de lo esperado en llegar a casa de Kohaku, quien les recibió en silencio para no despertar a su madre, aunque se veía algo molesto por el estado que tenía su amiga, con sus ropas totalmente mojadas. Trajo consigo ropa de cambio que pertenece a su hermana mayor, Ayane, y luego le llevó hacia la chimenea para que recupere el calor.

Amane le comentó lo sucedido, dejando a Kohaku con más preguntas que respuestas. Hasta su conocimiento, ninguna de las guerras anteriores han presentado un caso curioso como es invocar a dos Espíritus de la misma clase, no era normal, pero recordó otra vez qué es el Grial. Un mortal desconoce los secretos que tiene ese objeto divino, así que simplemente se rindió y no quiso volver a saber más de la guerra, por lo menos durante lo restante de la noche, sin antes preguntarle a Kohaku una cosa antes de dormir en la habitación de huéspedes.

— ¿Qué tal está Saber allí arriba?

— Aún no despierta, pero respira sin problemas

Respondió un poco decepcionado con él mismo, por ser incapaz de ayudar a Amane en la búsqueda. Sabía que solo debía dedicarse a mantenerse con vida protegido, pero aún así no podía ocultar ese disgusto de ser un peso más en la tarea de su mejor amiga. Ni hablar de su papel como Maestro propiamente, con Saber aún sin despertar, y aunque no estaba seguro, imaginaba que no tener un circuito mágico es una de las razones por las cuales ella se encuentra dormida.

— Estará despertando durante la mañana, el efecto del veneno ya tendría que haber desaparecido.

Aliviándolos un poco, Caster comentó antes de volver a desaparecer, mientras ambos jóvenes subirían al segundo piso para entrar en sus respectivas habitaciones y dormir al menos un par de horas. Perderán un día más de la escuela, pero es el precio a pagar para mantenerse informados de la salud de la espadachín.

Ya acostada en la cama, Amane se quedó mirando hacia el techo, perdida en sus pensamientos.

— Oye, Caster

La Espíritu se materializó en los pies de la cama, sentada para escuchar las palabras de su Maestra

— No preguntaré sobre tu identidad, pero ¿Por qué me pediste cerrar los ojos?

La otra chica ya esperaba una pregunta sobre ello, sin embargo, no ha preparado una buena respuesta, así que prefirió hablar con honestidad, sin revelar muchos detalles.

— No es seguro para usted observar las habilidades de Viy, Maestra. No se preocupe, no planeaba usar mi Tesoro Heroico, son sus ordenes después de todo

Sonrió a Amane, quien quiso acabar la conversación allí para no tocar algún tema delicado sobre su Sirviente. Desde que se enteró que el Maestro del caballero podría saber algo importante sobre Caster le ha despertado la curiosidad, mentiría si ella dijera que no quiere seguir hablando sobre ese extraño familiar, aparentemente llamado "Viy", pero respeta la privacidad de un Espíritu de quién sabe qué época.

En sus casi dos meses viviendo junto a ella, ha aprendido mucho sobre cómo convivir con una chica tan serena, contrario a su personalidad.

Y a pesar de los obstáculos que la guerra le ha impuesto, está feliz.

Feliz de tener a una compañera tan acorde a lo que deseaba.

Feliz de que su mejor amigo aún esté a salvo y pueda seguir trabajando en su confianza con la espadachín.

Solo deseaba que aquella felicidad perdure lo suficiente, ojalá hasta el final de la guerra y su vida a posterior.

Y el Grial, a lo lejos, en algún lugar desconocido del terreno humano, espera atento al desarrollo y los anhelos de cada Maestro, avanzando poco a poco sus preparativos.