Disclaimer: Todos los personajes de esta historia no son de mi propiedad intelectual, pertenecen a la gran Rumiko Takahashi. La historia y sus acontecimientos son creación exclusiva de mi imaginación, por lo que no puede ser publicada sin mi permiso y los créditos correspondientes :).

Hola querido lector: Agradezco que hayas decidido darle una oportunidad a este primer capítulo de mi primer fanfic. Durante años estuve leyendo desde las sombras y hoy, para no volverme loca en épocas de confinamiento por coronavirus, he decidido probar mis dotes de escritora, relatando a mi manera algunas de las vivencias de mi adolescencia y ahora adultez, combinadas con una dosis bastante alta de imaginación y amor por los personajes de Inuyasha.

Pd: No olvides que los favs y reviews son muestras de cariño y de que voy por buen camino uwu, déjame saber si te gusta para subir el resto de los capítulos.


Octubre, 2013

Un escandaloso despertador sonaba a las siete de la mañana en la mesita de noche, no tenía ánimos de levantarse, así habían sido las últimas semanas. Su rutina consistía en llorar hasta caer rendida, y despertar todas las mañanas obligándose a sonreír, a seguir adelante.

Habían pasado ya tres meses desde su ruptura con Hojo y sólo Kami sabía lo mucho que había sufrido durante este tiempo, culpándose de no ser suficiente, y con el paso de los días su autoestima era cada vez mas baja. No tenía muchas amigas con las que hablar y las pocas que la acompañaban no le generaban la confianza para hablar del tema.

Hojo había terminado con ella y no había mirado atrás.

"Otro día lejos de ti, otro día viéndote ser feliz sin poder disfrutar de ello" pensó con un nudo en la garganta recordando las últimas palabras que su ahora ex había dicho en su última noche juntos:

'

*Flashback*

Agosto, 2013.

- Sabes Kag, he estado pensando... - musitó mientras interrumpía el beso que ella había iniciado al entrar en la cama que ambos compartían - Este último tiempo no provocas las mismas sensaciones que generabas en mí desde hace cuatro años. Me siento un poco obligado a mantenerte aquí conmigo. Pensé que después de todo este tiempo podría seguir aquí convenciéndome de amarte, pero no ha dado resultado.

El miedo inundó a Kagome y pudo sentir sus latidos aumentar.

- ¿Obligado dices? - preguntó con un nudo en la garganta.

- Sip, has perdido un poco tu encanto, siento que ya no te esfuerzas...

- He dado todo por esta relación. - exclamó mientras agarraba las sábanas intentando utilizarlas como un escudo ante sus palabras.

- Creo que en realidad el problema no eres tu, si no yo. Simplemente no soy el indicado para ti - exclamó sin culpa mientras el corazón de Kagome se trizaba.

- Si eres el indicado, no podría amar a nadie como a ti, podemos intentarlo juntos yo...

- ¿No lo entiendes Kagome? ya no siento nada por ti, quiero conocer gente nueva, entrar en nuevos grupos, estoy en mi último año de universidad y siento que perdí toda mi vida universitaria contigo - Dijo mirándola fijamente - Esto se termina aquí, quiero que mañana tomes tus cosas y vuelvas a tu departamento, por esta noche dormiré fuera.

La discusión había escalado de cero a cien y ella no había podido hacer nada. Se le hizo difícil de comprender.

- ¿Hay alguien mas? - preguntó temiendo la respuesta.

- No - mintió - simplemente no quiero estar contigo - Exclamó mientras salía de la habitación.

Aquellos ojos llenos de frialdad la habían calado hondo en su corazón. No esperó al otro día, ordenó sus cosas y se fue esa misma noche.

*Fin de flashback*

'

Sólo ella sabía lo mucho que se había esforzado por recuperarlo esos últimos dos meses, dejando de lado sus estudios, planeando encuentros que parecieran casuales, escribiéndole mensajes de amor a altas horas de la madrugada o buscándolo en sus descansos después de clases. ¿Cómo su relación había pasado de estar en la cumbre a derrumbarse de la noche a la mañana?, ¿había sido realmente importante para él o simplemente un juego más?.

Hojo terminaba sus estudios dentro de dos meses, eso la aterraba, sabía que después de eso ella no podría recuperarlo.

Sin embargo toda su pena se convirtió en rabia aquella tarde de octubre cuando bajando del autobús pudo divisar una pareja compartiendo un beso apasionado unos pocos metros mas adelante. Ahí estaba Hojo, el amor de su vida, apoyando su mano sobre la cintura de otra chica de cabello rubio, bastante curvilínea, mientras le robaba un beso de esos que ella recordaba le quitaban el aliento. Se debatió unos pocos segundos sobre que hacer, sintió su corazón apretarse y dar un vuelco mientras su cuerpo temblaba. Este era su colapso, al descubrir que después de todo si había otra chica, reemplazándola en menos de lo que esperaba. Era momento de dejarle ir, él no le debía nada, ya había pasado tiempo desde que se habían separado y él había escogido seguir con su vida, quizás era la señal de que ella debía hacer lo mismo.

Secó las lagrimas que rápidamente habían decidido escapar de sus ojos, y se dio el valor para dar un paso delante del otro sin mirar atrás. Hoy era el día en que una nueva Kagome Higurashi nacía. Se prometió a si misma nunca mas llorar por aquel sujeto. También decidió que no se dejaría cautivar por el amor en un largo tiempo, debía reencontrarse consigo misma y amarse como nadie podría hacerlo nunca. Cogió su celular y borró su numero sin meditarlo demasiado, lo mismo hizo con los penosos mensajes desesperados que le había enviado y las pocas fotos de su galería que le quedaban de ellos juntos, esas malditas fotos que miraba cada noche con esperanza y anhelo.


Mayo, 2014

7 meses pasaron, Kagome había retomado sus buenas calificaciones, era su último año de universidad y necesitaba esforzarse si quería cumplir con las expectativas de su padre.

Una fiesta por aniversario de la universidad fue planeada antes de los últimos exámenes. No tenía ganas de asistir, siempre era lo mismo. Todo era fiesta y competencias tontas y alcohol... grandes y exorbitantes cantidades de alcohol.

- Si no te levantas ahora te sacaré a patadas de la cama Kagome - dijo Yuka - Has estado estudiando sin parar estos meses, necesitas distracción sana, además imaginame a mi ahí, tu pobre amiga solitaria sin saber que hacer... deprimida... llorando en un rincón. Algo podría pasarme sabes y tu no podrías hacer nada porque...

- YA BASTAAA, ¿desde cuando aprendiste este arte tan mezquino de manipulación emocional? Lo detesto - Contestó Kagome mientras tiraba las mantas de la cama hacia atrás y se mentalizaba por hacer feliz a su amiga.

- Lo hago por ti, necesitas esta noche y lo sabes – Yuka le guiñó un ojo mientras revisaba las cosas de su escritorio. No es que adorara a Kagome, pero siempre era bueno tenerla al lado, después de todo atraía chicos por donde pasaba.

Kagome abrió las puertas de su closet, decidió que si quería participar de las actividades definitivamente necesaria ropa cómoda. Cogió unos jeans azul marino que se moldeaban a cada una de sus curvas, una camiseta blanca holgada y sus zapatillas con una leve plataforma. No quería impresionar a nadie y la verdad era su tenida favorita.

Kagome no lo sabía, pero la verdad no era una chica que pasara desapercibida ante ojos masculinos (y para que negarlo, femeninos tampoco) tenía unos pechos armoniosos con su cuerpo, grandes pero no exagerados, una cintura pequeña que invitaba a ser rodeada por brazos protectores, su trasero era perfecto, se había encargado de hacer tantas sentadillas como su cuerpo le permitiera desde hace siete meses y el cambio se notaba, ahora se veía mucho mas redondo y firme. Su estatura estaba por sobre el promedio femenino, alcanzando el metro sesenta y ocho, tenía un cabello azabache con unas pequeñas ondas traviesas al final de cada mechón. Su piel clara y tersa invitaba a ser tocada, sin poder ignorar un trazo de pecas que adornaba su nariz y siempre sonrojadas mejillas, lo que le daba un aspecto dulce y tentador al mismo tiempo. Sus ojos eran de un color chocolate, almendrados y profundos, protegidos por unas pestañas que podrían haber creado ventiscas si se lo hubiera propuesto.

Yuka al verla salir vestida del baño la miró con desprecio, Kagome pudo notar algo de rabia en su mirada, intentó comprender el por qué.

- Wow, te ves fantástica Kagome, de seguro te robaras la atención de cada chico que ponga un ojo en ti - exclamó con un atisbo de rabia en sus palabras

- Gracias! No estaba segura, pero creo que esto servirá más que un vestido incómodo no? Digo, para participar en las competencias.

- Si claro, vamos que es tarde y ya perdí suficiente tiempo en convencerte - Un pequeño puchero acompañó la frase de Yuka mientras desaparecía por la puerta.

Miró el reloj, eran cerca de las ocho de la noche. Cerró con llave su departamento mientras era tironeada por una ansiosa Yuka. El campus no estaba lejos, tardarían menos de 15 minutos en llegar si tomaban un taxi.


'

Unas cuadras mas hacia el sur, dos chicos discutían sobre los acontecimientos próximos de esa noche.

- Vamos Miroku, puedes ir tu solo, no necesitas de mi, yo egresé de esa maldita universidad hace 4 años, ni siquiera debería volver ¿sabes? – Inuyasha yacía acostado en el sofá, revisando su teléfono mientras intentaba esforzarse por ponerle atención a Miroku.

- Por favor, es la oportunidad del siglo, imagina aquellas nuevas estudiantes, nuevos desafíos, nuevas conquistas, ¿de verdad te lo quieres perder?, los chicos egresados siempre llaman la atención.

- Amigo, conquistas encuentras en todos lados, y en caso de que se te hiciera difícil, somos youkais ¿recuerdas? Basta con una de tus miraditas coquetas y podrías encontrar sexo fácil en la parada de autobús.

- Hey! Que tu seas un gigolo que folla día por medio con chicas distintas no me convierte en lo mismo, yo creo en el amor a primera vista sabes? La leyenda del hilo rojo y esas mierdas.

- Keh, ignoraré eso para no golpearte, ¿desde cuando tan cursi?, las series de vampiros adolescentes te están haciendo mal.

Ambos youkais compartían departamento, no porque no tuvieran el suficiente dinero para vivir cada uno por su cuenta, si no por amistad. Habían sido amigos por mas de 500 años, a pesar de que ambos demostraban físicamente estar en sus 20. Después de tanto tiempo de vida, compartir vivencias con un compañero de confianza era todo lo que podría pedirse, bueno, el sexo con chicas hermosas nunca estaba de mas y ese era otro de tantos gustos que compartían.

- ¿Quien te invitó? – Inuyasha se interesó un poco mas, acomodándose para sentarse.

- Hojo, ¿lo recuerdas?, estudiante de arquitectura, tres generaciones mas abajo que nosotros, humano y frágil, ese que conocimos en una fiesta de la universidad y que ayudamos a no meterse en problemas por estar ebrio, se graduó el año pasado.

- Aj, si lo recuerdo, ese idiota que dio vuelta un vaso de vodka sobre mi camisa cuando nos presentaron, nunca pensé que pudiéramos entablar una amistad después de eso... ¿qué es de él?, la ultima vez que contactamos estaba trabajando como arquitecto en un proyecto de viviendas.

- Pues si, le ha ido bien en la vida, al menos en lo laboral, ¿recuerdas a su ultima novia? Esa chica rubia, cual era su nombre, ¿Emilia... Ema? Bueh, algo así, hace un par de meses lo dejó por otro chico, ¿puedes creerlo? Era un bombón, simplemente era mucha suerte y carne para tan poco gato.

- Tal vez, y ¿por qué decidió invitarnos a nosotros?.

- Debe sentirse solo, no olvides que sólo hasta hace un par de años seguíamos haciendo fiestas desenfrenadas en nuestro departamento y él siempre estaba invitado, además debemos ser los amigos mas guapos y divertidos que tenga en su repertorio, te lo aseguro, debe tener fe de que nuestra presencia le traiga facilidades con las estudiantes.

- Es probable. Bueno si lo pones así, iríamos en ayuda de un pobre tipo ¿no? – puso su mano en su corazón, como si estuviera siendo piadoso y empático - Entonces iré por mi abrigo. ¿Vamos en tu auto o en el mío?.

- En el mío, la ultima vez que me subí al tuyo había tanto olor a sexo que me sentí incómodo ¿sabes?, deberías comprar esos malditos pinos aromáticos, podrían ser de ayuda – Arrugó la nariz para hacer énfasis en su desagrado.

Inuyasha roló sus ojos dorados mientras acomodaba su abrigo azul oscuro, acompañado de unos pantalones negros en corte perfecto y una camiseta negra con cuello en v. Los tonos oscuros siempre resaltaban su largo cabello plateado y eso le encantaba, llamaba la atención de mas mujeres.

- Andando.


'

Yuka había tenido razón, una fiesta universitaria era justo lo que Kagome necesitaba, mucho alcohol, mucha música, baile y distracción. Sin embargo apenas cruzaron la puerta de entrada su amiga había desaparecido, tanto que había insistido en que la acompañara y la había dejado ahí, abandonada a su suerte.

Lo estaba pasando bastante bien mientras se servia otro vaso de cerveza cuando lo vió. Hojo estaba sentado en la barra del improvisado bar a unos pocos metros lejos de ella, no estaba solo, lo acompañaban dos chicos que bebían y reían mientras observaban a la gente a su alrededor. Ella no notó a los dos hombres, solo tuvo ojos para su ex, había cambiado su cabello, que lucía un poco mas corto y tenía una barba incipiente que lo hacía lucir muy guapo, o quizás era efecto de su cuarto vaso de cerveza, de seguro estaba lo suficientemente alcoholizada para pensar que sería buena idea acercarse al grupo de chicos.

Caminó a paso seguro abriéndose paso entre el montón de gente, esta era la oportunidad de demostrarle a Hojo que lo había superado, de hacerse la interesante.

Un aroma sutil llegó a los sentidos de Inuyasha, demasiado tentador para ser ignorado. Pudo notar el aroma acercarse y por su campo visual lateral notó a una chica caminar decidida justo en dirección a su grupo. No se atrevió a mirarla de frente, de seguro cambiaría su dirección si se veía descubierta.

- ¡Hey cuidado con los empujones! - Gritó Kagome mientras fingía que había sido empujada por un grupo de chicas, cuando la verdad había tropezado a propósito sobre ellas con el fin de que la empujaran justo al grupo de su ex, chica lista con movida perfecta. Inuyasha aguantó una risa, nadie la había empujado, ella había caído con toda voluntad, los humanos eran torpes incluso fingiendo caídas. No le importó mucho cuando vió como el cuerpo de la chica empujaba a Hojo bruscamente por la espalda. Que oportuno.

- ¿Kagome? – Bingo, había resultado.

- ¿Hojo? ¡Hola! Tanto tiempo, ¿cuánto ha pasado ya? Ni lo recuerdo - Mintió, por supuesto que lo recordaba, si bien esos últimos 7 meses habían sido de superación, no significaba que no llevara la cuenta de la ultima vez que lo había visto.

- Yo tampoco la verdad... Estás distinta ¿sabes? - Miró el cuerpo de la chica de arriba abajo - Pero eso no cambia lo bien que te han quedado siempre esos pantalones azules - Inuyasha se quedó un poco sorprendido ¿Siempre? ¿estos dos se conocían? ¿por qué nunca la había visto?

- Ja, gracias, no esperaba encontrarte aquí - le restó importancia, no estaba ahí para coquetear, si no para demostrar que él ya no era algo indispensable en su vida.

- Si bueno, después de que egresé encontré trabajo en menos de 1 mes y he estado en modo intenso estas últimas semanas, necesitaba un respiro – Pasó su mano por su cabello mientras recordaba que no estaba solo - ¡Ah!, Que mal educado soy, te presento a mis amigos, ex alumnos también, no sé si los recuerdas, probablemente estabas en segundo año cuando ellos ya estaban en el último de su carrera, ellos son Miroku e Inuyasha - Exclamó haciendo un gesto con la mano.

Miroku sonrió, habría utilizado todas sus técnicas de conquista sobre ella si no hubiera encontrado a esa chica que tenía agarrada de la cintura y que Kagome no había notado hasta ahora.

- Hola soy Miroku, un gusto – Se acercó para darle un beso en la mejilla - No sabía que Hojo tenía amigas tan guapas, es un placer conocerte. – Esta es Sango, acaban de presentármela hoy, pero ya siento que es el amor de mi vida - Exclamó mientras sonreía y sus ojos azules la miraban directo.

- Ay Miroku que cosas dices – Dio un pequeño golpecito sobre el hombro de del chico. – Soy Sango, amiga de Hojo, mucho gusto Kagome. – Dijo mientras se acercaba para darle un beso en la mejilla.

Kagome sonrió de vuelta. De pronto sintió un escalofrío en su espalda, como si alguien hubiera estado observándola directamente, cuando volteó se encontró con un par de ojos dorados que la miraban con fastidio, ¿era porque le había dado la espalda o porque le molestaba su presencia ahí? ¡Ni siquiera lo conocía!.

- Soy Kagome, un gusto tu debes ser...

- Inuyasha Taisho, un placer - Extendió su mano, Kagome puedo notar como sus venas se marcaban sobre el dorso de esta, tuvo miedo por un instante cuando notó que su mano era diminuta comparada con la de él, pero la estrechó de todas formas. Fue un apretón fuerte pero delicado, como si él supiera que podría haber quebrado sus huesos si así lo hubiera querido. Le extrañó lo formal de su saludo, los otros dos la habían saludado de beso en la mejilla, también quería un beso en la mejilla de él.

No podía negar que era bastante llamativo este chico misterioso, su cabello largo en color plata y ojos muy similares al oro derretido llamaban la atención, ademas de un cuerpo que incluso bajo el abrigo parecía apolíneo, podía notar sus músculos demarcados bajo esa camiseta negra y por un instante se imaginó a si misma tocándolos para ver si eran reales. Lo miró hacia arriba, era mucho más alto que ella, al menos por cabeza y media. Y le sonrió.

- Bueno chicos, los dejo, vine a participar de las competencias y me las he perdido casi todas, incluso perdí a la amiga que me acompañaba, debería ir en su búsqueda. Feliz de haberte visto Hojo, ojalá tu vida siga igual de perfecta - Gritó esta ultima frase mientras se alejaba sonriendo.

El silencio se esparció en el grupo por un instante y Hojo permaneció sin moverse, un poco boquiabierto por ese hermoso trasero que había tenido como última imagen mientras su ex se alejaba.

- Mierda, ¿vieron ese trasero? Kagome tenía un cuerpo espectacular hace algunos meses pero ahora ha pasado de eso a una diosa.

- Si es cierto, la chica tiene encanto, no pude quitarle los ojos de encima - Exclamó Miroku aprovechando que su Sanguito había ido al baño. Miró a Inuyasha esperando algún comentario al respecto.

- Hmm - Inuyasha no dijo nada mas. No podía negar que la chica era hermosa, lograba mezclar ternura con sensualidad haciendo de manera inconsciente una invitación a cogerla tan duro como la vida le permitiera, solo para comprobar si detrás de esa cara tímida podría haber un rostro de placer cuando le hiciera todas las cosas que haba aprendido en sus muchos años de vida. Que suerte había tenido de que la chica decidiera caer justo frente a sus ojos.

Hojo se excusó de ir a buscar algo para comer e Inuyasha aprovechó el momento para hablarle a Miroku.

- Necesito el número de esa chica, ahora. Y tu, como buen amigo me ayudarás a conseguirlo. - exclamó sonriéndole.

- No se si sea buena idea Inuyasha, Kagome es la ex de Hojo... - Okey, eso lo había impactado un poco, pero fingió desinterés.

- Ah, eso tiene sentido, no entendía de donde se conocían ¿Por qué nunca la mencionó?

- Bueno la verdad era mas bien una chica obsesiva, según Hojo lo buscó durante meses después de su término y no sabía como sacársela de encima, adem…

- La verdad dudo que ella pueda fijarse en ti Inuyasha - Exclamó Hojo completando la frase de Miroku mientras venía de vuelta con una pequeña bolsa llena de papitas fritas - La tengo loca ¿sabes?, yo puedo chasquear mis dedos y ella estaría en un segundo a mis pies nuevamente, es el efecto que provoco.

- Si tan seguro estás de ello no te importará que intente hablarle, para fracasar en el intento, tu sabes... - Exclamó Inuyasha guiñando un ojo mientras le seguía el juego. ¿Cómo una chica así de especial había terminado obsesionada con una mierda como Hojo?.

- Si quieres humillarte, adelante. - Dijo Hojo con toda seguridad mientras se echaba otra papita a la boca.

Era todo lo que necesitaba Inuyasha, podia matar dos pájaros de un tiro, logrando conseguir el numero de la chica y la humillación de Hojo en una sola jugada. El tipo era su amigo, pero había pasado tanto tiempo sin saber de él que ya no lo consideraba tan cercano y mucho menos después de sus aires de arrogancia, algo no le daba confianza en él. Sin embargo, había aprendido en sus años de vida que las chicas nunca se interesaban en aquellos que llegaban baboseando a sus pies. Haría una jugada donde ella no se diera cuenta de lo mucho que le llamaba la atención, el chico difícil siempre obtiene a la chica, y él era experto en esa materia.


'

El tiempo pasó rápido para Kagome, que permaneció con un grupo de amigas de su carrera. Para cuando había decidido participar en las competencias ya todas habían terminado, pero al menos la oportunidad de bailar seguía disponible. El gimnasio de la universidad había sido transformado en una especie de antro, con luces que brillaban de vez en cuando. Su mano fue tomada por Yuka (que se había dignado a aparecer) mientras la música se hacia ensordecedora cuanto mas se acercaban al centro de la pista.

No era una chica que bailara muy a menudo, no porque no supiera, si no porque no tenía la confianza suficiente. Además de que prefería evitarse las situaciones incómodas donde tenía que rechazar a algún chico que la invitaba a bailar, ella prefería hacerlo sola. Sin embargo el queridísimo amigo alcohol por primera vez le había provocado ganas de dejarse llevar. Decidió que si tenía que disfrutar una noche, definitivamente sería ésta. Bailó con Yuka por un rato, hasta que ésta volvió a desaparecer entre la multitud, un chico le había coqueteado y ella no había dudado en abandonarla. En otra situación se habría molestado, pero no dejaría que Yuka destruyera su motivación. Comenzó a moverse al ritmo de la música, sin notar como muchos chicos buscaban valentía para ir a por ella. Tocó su pelo y su propia piel mientras bailaba, las luces de colores y el alcohol en la sangre la hicieron sentir sexy y con el mundo a sus pies.

Inuyasha siguió su aroma, que se perdía entre tanta gente sudando en un espacio tan pequeño. Gracias a sus olfato de youkai pudo encontrarla, justo en el centro de la pista, enajenada del mundo. Su cabello azabache reflejaba ciertos tonos de las luces y sus ondas rebotaban con cada movimiento de su cuerpo, ella tenía los ojos cerrados, realmente disfrutando del momento. Notó como un par de chicos la miraban y pudo notar el deseo que sus ojos evocaban, sería mas rápido que ellos en alcanzarla.

Una mano tibia sorprendió a Kagome por la cintura minutos después. El brazo se enroscó con fuerza y la giró sin nada de esfuerzo. No fue consciente de ello hasta que sintió sus labios chocar con un torso firme de frente, al mismo tiempo que el brazo la apretaba mas a él y mas se embriagaba con su aroma, miró hacia arriba y se encontró con ese par de ojos dorados de hace un rato, que incluso en la oscuridad destacaban.

- Hola, ¿no es más divertido cuando bailas con alguien? - susurró en su oído Inuyasha, con una voz que sonaba melódica incluso con todo el ruido a su alrededor.

- Hola... ¿Taisho cierto? - Exclamó sonriendo.

- Puedes decirme Inuyasha, después de todo... la amiga de mi amigo es mi amiga ¿no?

- S-si, entonces... Supongo que ahora que hemos dejado en claro aquello, ¿podemos bailar? - Exclamó Kagome, ¿de donde había sacado esa confianza? La cerveza... seguramente eso era lo que le habían permitido elaborar esa frase sin un atisbo de timidez.

- Eso depende. ¿Me aseguras un buen rato?, tienes que seguirme el ritmo sabes, a veces es un poco difícil – una sonrisa torcida y enigmática dejó a la vista uno de sus colmillos. Mierda, ¿como podía ser tan endemoniadamente sexy este tipo sin ningún esfuerzo?.

- Puedo con ello - Apoyó sus manos sobre el pecho de él y un escalofrío la recorrió desde las manos al resto del cuerpo, lo había tocado solo dos veces y ya quería lamer cada músculo que su lengua alcanzara. Quizás la falta de sexo de estos meses estaba causando estragos.

Inuyasha la atrajo mas cerca, el agarre en su cintura nunca cedió mientras ambos bailaban como si estuvieran solos en ese lugar, embriagados por la falta de oxígeno y el alcohol. Kagome cada vez se estremecía mas, con cada agarre, con cada mirada fija del chico que apenas conocía hace un par de horas.

Las manos cálidas de Inuyasha trazaron círculos en su cintura y pudo sentir como sus garras enviaban corrientes eléctricas por su piel, lo miró y supo por su expresión divertida que él estaba queriendo provocar esas reacciones en ella. Tuvo ganas de jugar, ¿cuando se le presentaría nuevamente la oportunidad de coquetear con un chico como ese?, después de todo, probablemente no recordaría nada para mañana y por primera vez en mucho tiempo sentía su sensualidad a flor de piel.

Se paró en puntillas aprovechando la poca iluminación del lugar, lo que daba paso a una sensación de intimidad, a la vez que se apoyaba en los brazos de Inuyasha, intentando darse a si misma un poco mas de altura. El chico la miraba fijamente y cada vez parecía mas perfecto, el tacto de su piel la erizó. Alcanzó su cuello y decidió que era el momento perfecto para trazar toda la línea de la yugular con su lengua, a un ritmo lento pero constante. Sintió como Inuyasha emitió una risa ronca para luego acercarse a su oído.

- Cuidado Kagome, es difícil apagar el fuego cuando lo enciendes con un soplete ¿sabes? - susurró con una voz mas profunda de lo que recordaba y que le puso los pelos de punta. Él continuó mirándola de forma desafiante.

- Es justo lo que espero realmente - exclamó subiendo un poco el tono de voz por la música de fondo, pronto notó como sus ojos pasaron de dorados a rojos al menos por un segundo, eso la encendió aun mas sin detenerse a pensar si era normal que los ojos cambiaran de color.

Inuyasha pudo sentir el aroma de su acompañante, una mezcla de vainilla y fresas, lo que le enviaba una invitación a saborearla. De pronto e instantáneamente se había transformado en uno de sus olores favoritos.

Fue en ese momento que tomó con su mano libre la barbilla de Kagome, bajando lentamente a su altura entrecerrando los ojos, dejando a solo centímetros sus labios de los de ella. La idea de provocarla lo encendió, quería ver que tan lejos podía llegar esta chica que provocaba tantas sensaciones en él que estaban lejos de su comprensión. Una simple humana lo estaba volviendo loco.