¡Un enorme y sincero agradecimiento a mi Beta Reader, Balam Yohualli, por su colaboración a la hora de hacer la traducción y adaptación al español de esta historia!

NOTA DEL AUTOR:

Este fanfiction está basado un concepto de personaje de Dragon Ball que dibujé en el año 2006. Siempre había querido escribir sobre ello, pero hasta ese momento, no me consideraba una escritora, así que nunca lo intenté. Desde entonces, mi diseño de personaje había sido adoptado por la comunidad de Dragon Ball AF, donde es conocido como "Kidnapped" (secuestrado). Agradezco a Undo 64 por preguntar sobre la historia original detrás de mí dibujo y por inspirarme a finalmente darle una oportunidad.

Aproximadamente dos meses después de escribir esto, FINALMENTE comencé a ver Dragon Ball Súper. Noté algunos paralelismos coincidentes entre mi historia y varios episodios, así que me inspiré para incorporar algunas referencias del programa.

Un agradecimiento especial a mí cuñado Tomitaka por hacer los contrastes de mi japonés y darme sugerencias útiles con ello.

Pueden ver algunas de mis ilustraciones de este fic en DeviantArt: / atrenbeath / gallery / 70153444 / dragon-ball-fan-art, pero bajo su propio riesgo, ya que algunas de las imágenes pueden contener un poco de spoilers.

ADVERTENCIA: Esta historia contiene lenguaje soez, desnudez y violencia.

Dragon Ball, Dragon Ball Z, Dragon Ball GT y Dragon Ball Súper son propiedad de Funimation, Toei Animation, Shueisha y Akira Toriyama.


Prólogo

El planeta estaba muerto.

Esa fue la simple conclusión a la que había llegado aquel hombre, que parecía tener unos veinte años. Los planetas muertos no eran desconocidos, pero éste debería haber sido el hogar de una civilización muy avanzada y llena de vida. El silencio era de una intensidad sofocante. Cruzó los brazos sobre su armadura blanca y dorada y contempló el entorno: la atmósfera de un turbio color azul verdoso. Aunque el sol y el sistema solar del planeta estaban intactos, el cielo estaba oculto por una espesa capa de nubes que impedía que los rayos del sol o calor tocaran el suelo. La tierra estaba cubierta de un hielo oscuro y resbaladizo; su aliento era visible en el aire helado.

La figura solitaria había seguido las coordenadas previamente proporcionadas y ahora se encontraba en medio de árboles congelados en las afueras de una ciudad inmensa de estructuras dentadas y altísimas agujas brillando como témpanos contra el cielo oscurecido. Era la capital del planeta, pero, al igual que las otras ciudades sobre las que había sobrevolado, parecía carecer de vida. Era como si todo el planeta hubiera sido golpeado por una era de hielo repentina, catastrófica y de forma antinatural.

La cola del soldado se tensó alrededor de su cintura inconscientemente. Miró los árboles altos que lo rodeaban, todavía cubiertos por su follaje. Los témpanos que colgaban de los árboles encapsulados tenían la apariencia de piedras ahumadas y translúcidas. Levitando un poco hasta ellas, agarró una de las ramas del árbol y la partió. Luego, tocó tierra, tanteando aquel objeto buscando probar algo. Luego, balanceó la rama del árbol sobre su cabeza y la golpeó con fuerza contra el suelo. Toda la pieza se hizo añicos como vidrio; los fragmentos brillaron en la escasa luz antes de desaparecer en la oscuridad. Se enderezó y arqueó una ceja con curiosidad. Fue extraño; era como si el objeto atrapado dentro del hielo hubiera sido tocado por nitrógeno líquido, cambiando básicamente toda su composición. Ya había sido testigo de muchas anomalías extrañas en todo el universo en cumplimiento de su deber, pero esto era nuevo para él. Su mano se movió hacia un dispositivo que cubría su oído y ojo izquierdos y lo activó.

–Nappa. Raditz, ¿encontraron algo? –demandó saber.

–No, príncipe Vegeta –respondió la voz de Nappa-. Ya rastreé toda la mitad occidental del planeta.

–Yo tampoco he encontrado nada en el hemisferio sur -Raditz respondió a su vez.

"¿De dónde obtiene Freezer su información?" Vegeta refunfuñó para sí mismo. "Se suponía que éste era uno de los planetas más prósperos de este cuadrante. No podemos cumplir con nuestra misión y purgar el planeta para venderlo si no hay nadie a quien eliminar... y que no queda nada más de valor, en realidad".

–Si informamos que éste lugar fue despojado de sus recursos antes que nosotros, Freezer podría desollarnos vivos -murmuró Raditz nerviosamente entre un crujido de estática.

–Hmm. Tal vez. Dependiendo de su estado de ánimo -respondió Vegeta. En realidad no estaba preocupado. Freezer todavía tenía bastante uso para los saiyajin. En el peor de los casos, sufrirían una humillante paliza. Mientras no destruyeran aquel devastado planeta, tendrían la prueba que necesitaban de que esto estaba fuera de su control. Quedaba por ver si ese hecho funcionaría o no a su favor-. Ambos continúan transmitiendo sus hallazgos a la base.

–Sí Príncipe Vegeta- respondieron Nappa y Radditz al unísono.

Vegeta apagó su rastreador cuando escuchó - y sintió - un retumbar profundo y bajo. Parecía que pertenecía a un animal grande. Frunciendo el ceño, miró en dirección a la ciudad más próxima cuando vio lo que debía haber sido una parte de una criatura inmensa que comenzaba a atravesar la parte superior de varios edificios.

El gesto siempre severo de Vegeta se suavizó brevemente en una mirada de asombro antes de endurecerse nuevamente.

–¿Qué demonios…? -dijo en voz baja, más por curiosidad que por cualquier otra cosa. Al parecer, había algo de vida ahí después de todo. Flotando en el aire, voló hacia la ciudad.

Había visto innumerables animales extraterrestres en sus viajes, pero era muy extraño que una bestia de enormes dimensiones viviera en un ecosistema que lógicamente no podía sustentar vida. La mayor parte del gigantesco animal estaba oscurecido por las estructuras, pero su gran cresta de pelo negro se elevaba intermitentemente entre ellos mientras avanzaba despacio por la desolada ciudad. En un momento, una cola larga y pálida se elevó para azotar el aire antes de bajar y ocultarse nuevamente entre las sombras de la ciudad. Mientras Vegeta se acercaba, un solo y siniestro ojo rojo lo miró por entre los edificios.

Vegeta se detuvo en el aire justo antes de adentrarse en la metrópolis abandonada, y un escalofrío inexplicable recorrió su espalda. Giró la cabeza y siguió adelante. Rápidamente activó su rastreador para obtener una lectura de la criatura mientras aquel ser desaparecía detrás de los edificios más altos. De repente, un aullido ensordecedor rompió el silencio, tomando por sorpresa al príncipe cuando las vibraciones lo sacudieron por completo. El rastreador seguía calculando mientras el rugido se intensificaba y una luz de color púrpura oscuro se mostraba entre los edificios e iluminaba las densas nubes. El estruendo cesó de repente y el resplandor se apagó.

Vegeta continuó esperando con impaciencia a que su rastreador le diera un nivel de pelea, pero eso no sucedió. Su ceño se frunció. Luego, voló rápidamente hacia la ciudad y aterrizó ahí en segundos.

Inclinando la cabeza hacia atrás, miró a su alrededor. Muchos de los puntiagudos edificios todavía estaban en pie y, como el resto de la tierra, las imponentes construcciones y sus agujas estaban completamente encapsuladas dentro de aquel extraño hielo negro.

Dirigió su atención a las oscuras calles y volvió a activar su rastreador. Lentamente, giró su cuerpo 360 grados mientras esperaba una lectura del aparato. Nada. Las huellas difusas en el pavimento, resultado de los pasos de la criatura, eran el único indicio de que había estado allí. Era como si simplemente hubiera... desaparecido.

Vegeta frunció el ceño nuevamente.

"¿Imaginé haber visto a esa criatura?"

Forzó su oído un largo rato.

"Oh, al diablo con esto", murmuró, activando de nuevo su rastreador. Debía haber algo en la atmósfera del planeta. Este lugar le estaba afectando.

–Nappa, Radditz. Terminen la exploración de una vez y encuéntrenme en la capital del planeta. Ya no hay nada más qué hacer aquí.

A pesar de sentir cierta inquietud sobre cómo Freezer respondería a esta extraña noticia, estaba más ansioso por marcharse de una vez ese silencioso e inquietante planeta.


Capítulo 1: Presente

La Tierra, Año 773

Habían pasado seis años desde el torneo de Cell, y el pequeño planeta azul había estado disfrutando una época de paz sin precedentes. Como ya era costumbre anual en Ciudad Satán, se llevó a cabo un evento extravagante en honor al espectacular triunfo de Míster Satán en contra del malvado ser creado biológicamente. La ciudad no escatimó en gastos: todo ello compuesto en desfiles, carros alegóricos, juegos mecánicos, puestos de comida, recreaciones teatrales; todo vertido en aquella celebración que solo parecía volverse más grande cada año.

Personas venidas de todas partes de las ciudades vecinas y más allá de éstas, acudieron en masa para asistir al gran evento, incluidos los Z Senshi y sus familias. Sin guardar rencor contra el fraudulento Míster Satán, disfrutaron de las festividades mientras pasaban tiempo con la familia y se reunían con amigos. Aparte de las fiestas de cumpleaños, asistir a éste evento aseguró una reunión entre las personas que desde entonces se habían asentado en todo este tiempo prolongado de paz mientras se concentraban en criar a sus familias y vivir sus vidas. Sin embargo, hubo una persona que no asistió al evento, y nadie esperaba que lo hiciera, incluida su propia familia.

Pasaron meses desde aquella última celebración anual. Actualmente, la máquina de la cámara de gravedad estaba elevada a 450 veces más a la de la Tierra. Vegeta, vestido con sus habituales pantalones cortos de spandex negros y zapatos de gimnasia, estaba completamente consumido en su brutal régimen de entrenamiento. Lo había estado haciendo durante 10 horas consecutivas, sin siquiera detenerse a comer.

Perderse en un esfuerzo físico que lo consumía a diario era la única forma de dejar atrás sus pensamientos. Estaba al máximo en su transformación al Super Saiyan 2, una hazaña que había logrado poco después de que Cell fuera destruido y su antiguo archirrival se fuera al Otro Mundo. Era solo cuestión de tiempo el que hubiera llegado hasta ese nivel. Tenía en su interior una rabia insaciable y el deseo insaciable de incrementar su poder y con ello, la transformación. Goku había muerto con honor, mientras que Vegeta se vio obligado a ser testigo de la batalla de su vida como mero espectador.

Después de eso, había caído en un período de inactividad mientras su mente intentaba procesar la abrupta partida de su rival y una vida que continuaba frente a sus ojos sin un objetivo claro. Sin embargo y después de un tiempo, finalmente volvió a su antigua rutina. Después de todo, el entrenamiento era lo único que tenía sentido para él. Si bien habían pasado meses desde el aniversario del Torneo de Cell, Vegeta descubrió que su mente todavía se encerraba más que nunca en el pasado. El tiempo no había facilitado las cosas. En todo caso, parecía hacer todo más difícil. Era como una herida que, en lugar de curarse y dejar cicatrices, permanecía abierta para volverse a infectar despacio. A veces, todavía no podía creer que ya nunca volvería a tener la oportunidad de ajustar cuentas con ese payaso.

"Kakarotto", cavilaba su mente que se consumía pensando en ese idiota muerto. "¿Consideraste tomar en serio nuestra rivalidad alguna vez? ¿Lo hiciste?" Simplemente, rechazaba la idea de ser considerado ante ese bastardo como poca cosa ante todo ese orgullo de guerrero suyo de por medio. El Ki de Vegeta estalló de rabia sólo con ese pensamiento y atacó a los robots de entrenamiento, destruyéndolos a todos en segundos. Aterrizó pesadamente en el suelo antes de caminar hacia el panel de control y desconectar la máquina, con disgusto. Volvió a la normalidad momentos después. El largo entrenamiento apenas y lo había agotado.

"Continuar transformado en Super Saiyan fase 2 con este equipo ineficiente sería una total pérdida de tiempo", murmuró mientras se inclinaba para tomar una toalla antes de limpiarse la cara y el pecho. Se la puso por encima de sus hombros, abrió la puerta y bajó por la rampa.

Después de que Goku muriera durante el Torneo de Cell y el poder de Gohan se disparó a un nuevo nivel, Vegeta se encontraba una vez más en la posición del segundo más fuerte. Sin embargo, desde entonces, Gohan no se había esforzado en su entrenamiento; simplemente no tenía ese espíritu de un guerrero. Ante la ausencia de su padre y el deseo de su dominante madre por su educación, la fuerza de Gohan se había estancado, mientras que Vegeta nunca detuvo su entrenamiento.

"Qué desperdicio", pensó, con un movimiento de cabeza. Gohan habría sido un excelente compañero de entrenamiento, aunque el orgullo de Vegeta nunca lo hubiera permitido. Milk tampoco lo habría permitido, de hecho. Se encaminó hacia la casa que se había convertido en su hogar hace casi una década.

Bulma estaba sacando una botella de café del refrigerador cuando oyó a Vegeta entrar. Dejó la puerta del frigorífico abierta y dio un paso atrás mientras él se dirigía hacia ella, dejando que su mano recorriera su espalda cariñosamente cuando se inclinó para sacar una botella de agua. Él no correspondió a su gesto.

–Oye-, dijo ella, sonriendo-. Voy a llevar a Trunks al zoológico ésta tarde. Sé que no te gusta, pero realmente me gustaría que ésta vez vinieras con nosotros.

Vegeta se enderezó y bebió agua mientras ella hablaba. "Si quieres mirar a un animal enjaulado, simplemente podrías quedarte en casa", pensó con amargura. Ya los había acompañado previamente a ese "zoológico" una vez hace tiempo y eso fue suficiente para él. Multitudes de humanos detestables y sus ruidosos vástagos dando vueltas, mirando boquiabiertos a las pálidas bestias en las jaulas. Esos animales cautivos eran demasiado familiares para él en estos momentos.

Apartó la botella de su boca y negó con la cabeza sin mirarla mientras salía de la cocina para subir las escaleras e ir a darse una ducha.

Bulma resopló y lo siguió. Su respuesta silenciosa no fue sorpresa para ella. Casi nunca se unía a ellos para hacer algo remotamente social; tampoco ella dejaba de invitarlo. Siempre había sido alguien que prefería la soledad, pero notaba que él se había vuelto cada vez más evasivo en los últimos meses. Y últimamente, ese distanciamiento se había extendido a las únicas dos personas que permitía en su limitado círculo. Ésta observación no le dio consuelo a Bulma. Casi nunca lo presionaba para que participara en actividades sociales, pero ésta vez sintió que la situación lo ameritaba.

–Oye, Vegeta –dijo, algo vacilante, mientras él comenzaba a subir las escaleras-, ¿ocurre algo malo?

Y lo siguió. Ella no quería presionar una respuesta si podía evitarlo, pero él nunca se abriría voluntariamente y él ya había estado deprimido durante meses.

–No pasa nada, mujer.

–Vamos, Vegeta. No uses esas palabras conmigo porque no funcionará -suspiró mientras lo seguía a su habitación.

–Sólo he estado pensando.

–¿Pensando? ¿En qué?

–Algunas cosas.

–Bueno, ¿qué tipo de cosas?

–Nada que puedas entender –espetó él por encima del hombro.

Bulma reconoció ese tono en su voz y retrocedió antes de que se callara por completo.

–Está bien- dijo ella, rindiéndose mientras él entraba al baño contiguo y cerraba la puerta.

Se acercó y se inclinó contra la puerta brevemente, cruzando los brazos.

–Puedes hablar conmigo, si cambias de opinión.

No hubo respuesta, solo el sonido de la ducha al abrirse. Con un cansado movimiento de cabeza, salió de la habitación para buscar a Trunks y disfrutar de la tarde juntos.

Cuando regresaron a casa por la noche, Vegeta se había ido. Bulma estaba internamente furiosa. Era típico de él irse sin previo aviso, y era algo que ella había llegado a aceptar a regañadientes a lo largo de los años y no era que le hubiera gustado esto de Vegeta alguna vez.

Sin embargo, había ocurrido algo entre sus salidas repentinas. Junto a su distanciamiento, aumentaba su preocupación. Algo estaba pasando con él, y cuanto más se prolongaba su mal humor, más se consumía ella.