ESTE ES UN RELATO DE FICCIÓN; LOS PERSONAJES Y NOMBRES PERTENECEN A SU RESPECTIVO AUTOR. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA.
Capítulo 12
Agitato
Michiru caminaba muy despacio por un enorme pasillo, a su izquierda se erguía una pared blanca con acabados dorados y muchos cuadros sobre ella, del otro lado solo eran grandes ventanas que daban a una hermosa vista de un bosque de abedules amarillos, la luz naranja del ocaso se filtraba entre sus ramas. Vestía una falda lisa color verde oscuro y una blusa de escote cuadrado color beige, aun traía puesto el abrigo café caramelo.
Tenía una sonrisa en los labios, no podía sacarse a la rubia de la cabeza, la noche que había pasado con ella en su departamento había sido increíble, la mejor noche de su vida. Haruka era pasión pura y una excelente amante. Se mordisqueo un poco el labio al recordar el cuerpo desnudo de la corredora entre sus piernas. Se verían esa noche o eso esperaba. Necesitaba resolver un asunto muy importante antes de verla de nuevo.
Llego casi al final del pasillo, deteniéndose frente a una puerta del mismo tono blanco, toco un par de veces.
—Pase—se escuchó al otro lado.
La peliverde entonces entro. La habitación era bastante espaciosa, las paredes eran de roble, con muchos cuadros en ellas y grandes libreros, al centro un juego de muebles de salón estilo victoriano de madera clara y tela blanca, al fondo un escritorio del mismo estilo victoriano de madera clara, detrás de él, un hombre estaba sentado, leía varios documentos mientras con una mano fumaba una pipa. Michiru camino hasta ahí, se sentó frente al escritorio.
—Buenas tardes, padre— dijo con mucha educación.
—Dame un segundo— le dijo el hombre sin siquiera voltear a verla.
Michiru se movió incomoda en su asiento. Masayoshi Kaioh era un hombre que podía se muy severo, la peliverde lo vio, estaba en sus sesentas, tenía una buena condición física para su edad, era calvo, pero tenía una gran barba gris, perfectamente arreglada, vestía un traje negro clásico, con camisa blanca y corbata negra. La violinista desvió la mirada de su padre, intentó concentrarse en uno de los cuadros que lucía en las paredes de su estudio. Sonrió recordando que ninguno era de ella.
—¿Dime que necesitas? —le preguntó el hombre muy serio.
—Necesitaba hablar sobre algo.
—Al menos no es dinero—siguió el mientras se concentraba de nuevo en los papeles.
Michiru suspiro algo exasperada, hace mucho tiempo no le pedía dinero a su padre, su carrera era lo suficientemente exitosa para no depender de él, y momentos como ese hacían que se sintiera más orgullosa de sí misma.
—Es sobre Yukio.
—¿Qué pasa con él?
—Quiero terminar mi relación con el— el dejo los papeles sobre la mesa, y la vio directo a los ojos, había mucho enojo en ellos.
—¿Por qué harías una tontería como esa?
—Porque no lo amo.
—Es un Okimura—sentencio el como si eso fuese lo más importante del mundo.
—Y no lo amo— Michiru replico con mucha seriedad.
—¿Eso que tiene que ver?
—Cualquier padre esperaría que su hija este con alguien que ama.
—Cualquier padre no dirige una de las más importantes compañías de inversiones de Japón.
—¿Eso que significa?
—Que tu tienes una responsabilidad con dicha compañía, como heredera. Los Okimura si tengo que recordártelo son la otra familia con una importante cantidad de acciones en nuestra empresa, una unión entre ambas familias no solo es inteligente, es obvia. Salir con ese joven, es la mejor decisión que has tomado.
La peliverde bufo por lo bajo. «Alejarme de ti fue la mejor decisión que pude haber tomado» Se dijo para sí misma.
—La decisión esta tomada padre, solo quería informártelo— se puso de pie.
—Así de fácil, si no ibas a casarte con él, no debiste hacernos perder a todos nuestro tiempo—sentencio con mucha severidad.
—¿Casarme? —preguntó confundida.
—Por favor, no te hagas la tonta. Crees que alguien como Okimura se fijaría en ti solo por como te ves, para el es un movimiento económico muy sabio— Puso los codos sobre el escritorio, a la vez que apoyaba su mentón sobre sus nudillos—, un matrimonio es un paso lógico.
Cada reunión que tenia con su padre solo la hacia admirar cada vez mas a su madre por haberlo dejado hace años. Era un hombre vil y despiadado, que vivía por su compañía, por el dinero, nada más. El resto solo eran activos, fichas de ajedrez que ir moviendo en un juego enfermizo.
—Gracias padre—se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.
—Cuando te arrepientas, los Okimura ya no querrán nada contigo— Sentencio el hombre elevando la voz.
—Al menos tampoco contigo— jaló la puerta con fuerza.
Se quedo un rato ahí de pie, con el pomo de la puerta aun en la mano, su respiración era rápida, su corazón golpeaba su pecho con fuerza. Odiaba ese efecto tan negativo que su padre tenia sobre su estado de ánimo. La hacia sentir asqueada de alguna forma, y el hecho de saber que siempre estaría ligada a el la enfermaba. Hubo un momento de su vida que sintió algo de pena por él, por toda la soledad que lo rodeaba, pero duro muy poco, pronto se dio cuenta que el basaba sus relaciones en números, ganancias y pérdidas.
Respiro profundo.
Sintió como su celular vibraba dentro de uno de los bolsillos de su abrigo. Metió su mano para tomar el aparato, no pudo evitar sonreír al ver la pantalla.
«Sabes, mi fantasía sexual es que me comas, y punto» la rubia le había escrito.
«Enserio?» Texteo la peliverde de vuelta.
«Claro, no he dejado de pensar en ello» recibió a los segundos.
«Te espero con ansias esta noche en mi casa» Contestó la violinista.
«Yo también tengo ansias» La peliverde sonrió mordiéndose un poco el labio. Iba a guardar el aparato cuando vibró de nuevo.
«¿Por cierto, mi ropa también está invitada o debería dejarla en la puerta?» Michiru sacudió su cabeza en un intento vago de ordenar sus pensamientos, la imagen de la rubia desnuda frente a ella era demasiado tentadora. Comenzó a caminar de nuevo. Tenia que llegar a su casa y preparar todo para recibir a la rubia.
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La rubia regresaba a su casa en su Camaro negro, después de charlar con Serena habían almorzado juntas, a petición de la pequeña rubia, le había contado casi todo sobre ella, sobre Setsuna, su infancia, y parte de como fue que logro salir adelante después de que la familia de Setsuna le haya dado la espalda. Y aunque no quería mentirle si obvio muchas partes oscuras de su pasado, cosas desagradables que no deseaba que su dulce princesa conociera. Después de un par de horas, había salido a dejar a Serena devuelta a su casa.
Detuvo el auto al llegar al semáforo. Su celular vibró en el asiento del copiloto, sonrió al ver que se trataba de un mensaje de parte de la violinista. Vio hacia el frente aun con una sonrisa en su rostro, se moría por verla esa noche, la necesitaba, sentir su cuerpo, hacerla suya, era casi como droga para la rubia.
El semáforo cambio a verde y la rubia puso el auto en marcha. Pero apenas avanzó unos metros cuando otro auto impactó contra el de ella. Haruka sintió calor, mucho calor y un fuerte dolor en el pecho y la cabeza, intentó mover sus brazos, pero se sentían adormitados, tenía la vista borrosa, y el mundo entero le daba vueltas, se quedó quieta un momento, respirando pausadamente para recobrar fuerzas, hasta que al fin pudo abrir la puerta de su vehículo, bajó de él y se sintió aún más mareada. No era ajena a ese tipo de situaciones, pero siempre era un gran impacto y tardaba unos segundos en recobrarse.
Vio su Camaro, todo el frente estaba destruido. Se tomo la cabeza entre las manos y maldijo en voz alta, a la vez que cerraba con fuerza la puerta a su lado. Caminó hacia el otro vehículo, estaba furiosa, iba a matar a quien fuera que estuviera dentro, entonces sintió un fuerte dolor en la cabeza y cayó de bruces sobre el suelo.
—Imbécil, no la golpees en la cara— Escuchó a un hombre decir a sus espaldas. Su voz era demasiado familiar—Vamos hay que llevarla a un lugar más privado, ve si esa chatarra aún puede seguir y tírala en alguna parte.
Haruka mantenía los ojos cerrados, el dolor era realmente intenso, quiso moverse, pero sintió un peso en la espalda.
—Al fin tendremos una pequeña platica, tú y yo, Tenoh-san.
El hombre que hablaba empujó a la rubia con su pie, haciendo que esta rodara sobre el pavimento, quedando boca arriba. Haruka abrió los ojos, por un segundo se sintió completamente mareada, pero hizo un esfuerzo y concentró su mirada en quien estaba de pie frente a ella.
—Nagano…—balbuceó.
—Tenoh-san, ha pasado mucho tiempo.
Haruka quiso ponerse de pie, logrando levantarse un poco sobre sus brazos, pero alguien más la golpeo de nuevo con fuerza, solo que no supo bien en que parte de su muy adolorido cuerpo, rodó sobre el pavimento, y sintió un fuerte dolor en el abdomen y la espalda. Intentó levantarse, pero fue en vano, dejando caer todo su peso sobre el pavimento. Perdiendo el conocimiento al instante.
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—Despierta imbécil— apenas parecía un susurro para la rubia —, es hora de que tú y yo platiquemos.
La rubia ladeo la cabeza y abrió un poco los ojos, noto una luz rojiza o naranja en aquel lugar, la cabeza le dolía mucho, el cuerpo parecía que lo tenía hecho añicos, y estaba segura de que tenía fracturada al menos una costilla. Intentó poner en orden sus ideas, y aunque la cabeza le daba vueltas, logro hacerlo, controlando un poco el malestar que sentía, abrió los ojos sin levantar la cabeza, vio su cuerpo, estaba sentada, quiso mover sus brazos, pero sintió una presión en sus muñecas, estaba atada de espaldas, vio el pasto a su alrededor, estaban en algún tipo de montaña o algo así. Entonces la rubia sintió mucho frio de repente. Uno de sus captores le había arrojado mucha agua fría encima. La rubia se sacudió sintiendo el líquido escurrir por todo su cuerpo.
—Imbécil, ya estaba despierta— prácticamente grito la velocista ubicando con la mirada al tipo que la había bañado de agua fría. Sacudió la cabeza con fuerza, tratando de evitar que el agua cayera por su rostro.
—Ni con correa te controlas— Hablo uno de ellos. Haruka giro la cabeza hacia el dueño de esa voz.
—Nagano…— se vieron a los ojos por unos segundos.
Era un hombre alto, bastante fornido, tenía unos cincuenta años, su rostro lucia varias cicatrices, su cabello era completamente blanco, y lo llevaba peinado hacia atrás, vestía un traje completamente negro. Todo su ser exclamaba peligro, mientras avanzaba hacia la rubia.
—¿Cómo estas Tenoh-san? — preguntó el hombre mientras le pasaba una mano sobre los mojados cabellos a la rubia, esta intentó apartarse.
—Me mueles a golpes y luego me preguntas como estoy ¿Enserio?
—Aun no te hemos golpeado, bueno no tanto— el tipo se volteó hacia los otros tres que venían con él, y les hizo una señal con la cabeza.
Aquellos hombres avanzaron hacia la rubia, quien sintió un escalofrió bastante familiar recorrerle la espalda. Uno de ellos se puso detrás de ella, y con fuerza la levanto de la silla, Haruka sintió un intenso ardor en sus brazos, pero no se quejó, sabía que venía lo peor. Los otros dos se colocaron enfrente. Vino el primer golpe, justo debajo de las costillas, tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no vomitar, segundo golpe, en el tórax del otro lado, tercer golpe, en el centro del abdomen, cuarto golpe, de lleno en el rostro, la rubia se sintió mareada, y casi se cae, pero el tipo detrás de ella sostuvo con fuerza sus muñecas, evitando que cayera, pero provocándole un fuerte dolor en los hombros.
—En la cara no imbécil— Nagano gritó —. Tiene que lucir perfecta para las cámaras.
Los hombres se detuvieron un momento y luego siguieron golpeando. Haruka ya perdió la cuenta, le dolía todo el cuerpo, cada golpe lo sentía cada vez más fuerte que el anterior, pero no gritó, ni se quejó, solo respiraba profundamente, concentrando todas sus fuerzas en mantenerse de pie. No supo bien cuanto tiempo pasó hasta que los hombres se detuvieron, el tipo a sus espaldas la soltó, y en ese momento casi cae de bruces, pero solo cayó sobre una de sus rodillas, se dobló sobre sí misma, respirar le dolía mucho, sentía un sabor metálico en su boca.
—Mírame— exigió el peliblanco.
La rubia lo hizo, giro un poco la cabeza y vio directamente a los ojos a aquel hombre. Él sonrió, vio los ojos verdes de la rubia, estaban completamente encendidos, como si fuesen algún tipo de fuego verde, había rabia en ellos, nada de miedo, solo rabia y odio. Saco un pañuelo de su bolsillo y se inclinó hacia la rubia, se lo pasó por la boca, limpiándole un poco de sangre que escurría por sus labios. Se irguió.
—Eres la mujer más dura que conozco, no, la persona más dura que conozco. Otros ya se hubiesen desmayado, ya hubiesen suplicado, llorado, gemido del dolor, pero tú no, Tenoh-san la más dura de todos. Sabes vi la carrera, fue increíble, me provoco escalofríos, eres impresionante, el jefe estaba muy impresionado, ansioso diría yo, gano mucho dinero, apostó todo a la nueva, la recién llegada, quien apostaría por una corredora caída en desgracia en América, fue una buena noche— se volvió hacia uno de los otros tipos —Desátala.
Haruka vio como el tipo más grande caminó hacia ella, y se ponía detrás suyo, en un movimiento hizo que se pusiera de pie, le dolió como el demonio, sintió sus manos libres, y eso le dio cierto alivio, se acarició las muñecas, vio al peliblanco frente a ella, la idea de saltar sobre él, era muy tentadora, él tendría un arma, y ella era más rápida que él, podía desarmarlo, lo mataría, pero no sabía si podría con los otros tres, ya que estos estaban demasiado atentos a todo, talvez mataría a uno, y luego la matarían a ella. Pensó en la idea de morir, con su cuerpo tan adolorido, no le parecía una mala idea, pero rápidamente la borro de su mente, ella no era de esas personas, morir no era suficiente para ella.
—Siéntate— la rubia se volvió hacia el hombre, este se había colocado frente a la silla, y la señalaba con su mano.
Haruka dio el primer paso, casi se desmaya del tremendo dolor que aquel pequeño movimiento le género, pero intentó ocultarlo, continúo avanzando hasta llegar a la silla, donde dejo ir su peso de golpe.
—El jefe quiere retomar su trato contigo— el peliblanco dijo muy serio.
—¿Aun sigues con él?
—Claro, es bueno estar con quien tiene el poder. Mira Tenoh-san él quiere que ganes, a lo grande como anoche, sabe que después del espectáculo que diste, las apuestas se irán poniendo a tu favor, pero él es un hombre de negocios y piensa a largo plazo, cuando el momento llegue, tu perderás, y el recibirá mucho a cambio. Es un buen trato, mucha fama y victorias, por una derrota de vez en vez, ya no tendrás que hacer nada sucio, ni mancharte tus manos con sangre, solo conducirás. Nada más.
—Los dos sabemos que no acabará ahí, nunca será suficiente.
—Es parte de tu apuesta.
—¿y si me niego?
—Esa opción no existe.
—Claro que sí.
—Bueno, si tu consideras que una bala en la cabeza es una opción, adelante.
—Es la opción que eligió tu hijo.
Nagano se puso muy serio, sus ojos se llenaron de ira, apretó los puños y los labios, su cuello estaba tenso y respiraba profundamente.
—Solo estas viva porque el jefe lo ordenó.
—El jefe ordena muchas cosas— dijo la rubia casi en tono burlón—. Eres como un perro, siguiendo ciegamente a su amo. Dime, ¿Qué se siente trabajar para el hombre que ordenó la muerte de tu hijo?
—Lo mismo que debe sentirse trabajar para el hombre que mató a tus padres. —Haruka torció una sonrisa.
—Lo hice por supervivencia.
—Y esa es la mentira que te dices todas las noches para poder dormir.
—No—se encogió de hombros—. Lo que me digo todas las noches es que le hice un tremendo favor a tu hijo poniéndole una bala en el cerebro, antes que los demás decidieran violárselo entre todos.
—¡Eres una maldita! El confiaba en ti, y tú lo mataste.
—Probablemente no debió hacerlo.
—Debería dejar que mis hombres hicieran lo que quisieran contigo— Haruka volvió la mirada hacia el grupo de hombres.
—Te odiaba sabes. Odiaba lo que eras, lo que obligaste a ser, odiaba a ese bastardo de Matsui.
—Y te amaba a ti, y aun así lo mataste— la rubia se volvió hacia él.
—¿Quieres que me disculpe? ¿Qué te diga que lo siento mucho? Cumplía una orden. Igual que tú, igual que todos, en ese mundo no hay lugar para estupideces como el amor o la amistad, todos éramos unos lobos, y nos devorábamos entre sí.
—¿y por eso no la salvaste? ¿Te dio miedo que viera en lo que te habías convertido? — Haruka no dijo nada, solo bajo la mirada—. Te convertiste muy rápido en una basura humana, hiciste mucho daño, causaste mucho sufrimiento, y te pavoneabas por ello, eras la gallina de los huevos de oro del jefe, y te concedió un deseo, a cambio de un favor, ¿y qué hiciste? lo traicionaste, y aun así te perdonó, espero paciente a que volvieras, y créeme que no va a tener la misma consideración de nuevo.
—Y tú vas a jalar el gatillo.
—Y no sabes que gusto, que placer va a darme eso. Ver tus sesos fuera de tu cabeza, será el mejor momento de mi vida.
—Que así sea entonces Nagano. — Se vieron a los ojos unos segundos.
—Mantente pendiente de mi llamada, y atiende el maldito teléfono. Hay una carretera en esa dirección, a un par de kilómetros, que te atiendan las heridas y no digas una maldita palabra. Aquí esta tu maldito teléfono y tus cosas —el hombre se sacó el aparato y la billetera de un bolsillo del traje.
—¿No me vas a robar? — le dijo la rubia mientras tomaba sus cosas.
—No, después de todo, de ahora en adelante somos socios.
El hombre le dio la espalda y caminó hacia los otros tres, luego se subieron a una gran camioneta, y la rubia vio cómo se marchaban, dejándola sola. Tenía mucho frio, y el cuerpo le dolía horrores, respiro profundamente, resignada. Esa vida de la que había huido siempre la alcanzaría.
Vio a su alrededor, no había nada, no le quedaba más que caminar hacia la autopista, y desde ahí llamar un taxi, no llamaría una ambulancia, harían muchas preguntas. Se quedó un rato sentada, cerró los ojos, ya era de noche. Sintió el teléfono vibrar en su mano, lo levantó, vio un mensaje de la peliverde.
«¿A qué hora llegas» le escribió la violinista?
Maldijo en sus adentros, no podría verla, eso le dolía casi tanto como su cuerpo. Guardo el aparato en su bolsillo, sin contestarle a la peliverde, como pudo se puso de pie y comenzó a andar, sería una larga noche.
Continuara...
Bueno, que bueno que aun están ahí, me alegro leerlas.
A todas las personas que recién se unen pues bienvenidas.
Me alegra saber que el capitulo anterior les gusto, espero que este también les guste. Por aquí estaré la otra semana lo prometo. Espero que se cuiden y pues, nos leemos pronto.
