ESTE ES UN RELATO DE FICCIÓN; LOS PERSONAJES Y NOMBRES PERTENECEN A SU RESPECTIVO AUTOR. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA. ADVERTENCIA CONTENIDO CLASIFICACIÓN T+
Capítulo 13
Piacévole
La rubia se bajó con dificultad de un automóvil negro, buscó un par de billetes en su bolsillo y se los pasó al conductor, agradeciéndole. Caminó hasta el edificio frente a ella, sobre una puerta de cristal se leía: Emergencia. Entró en aquel lugar, cada movimiento que hacía le producía un profundo dolor en el abdomen, pasó su brazo alrededor de su cuerpo, abrazándose.
Se detuvo un momento, inspeccionando la habitación, vio muchas personas, entre médicos, enfermeras y pacientes. Por toda la sala había hileras de sillas y varias puertas, las paredes eran blancas y las luces brillaban muy fuerte. En el centro vio un gran mostrador, supuso que era la recepción y caminó hasta ahí.
—Buenas noches— la rubia apenas pudo articular, sintió una punzada fuerte en la mandíbula, pensó que era increíble como la adrenalina podía mitigar el dolor, ya que antes no había sentido nada cuando discutía con Nagano.
—Buenas noches, llene este formulario y tome su número, puede sentarse y esperar su turno— una enfermera algo mayor le extendió un amasijo de papeles, apenas y la vio.
—Mm… está bien— lo tomó, tenía pocas o nulas ganas de discutir con alguien, además, no era la primera vez que pasaba por algo así.
Como pudo caminó hasta una de las sillas, dejándose caer con pesadez, se estremeció del dolor, echó su peso hacia adelante, colocó el tablero con el formulario en un asiento al lado. Maldijo a Nagano en silencio, a los que la habían golpeado, a Matsui, a su suerte, el destino y sus malditas malas decisiones.
Haruka recordó su pasado, unos años atrás era ella quien daba las golpizas y se manchaba las manos, hacía el trabajo sucio sin rechistar, sin decir nada, solo cumplía las órdenes que le daban. Al principio fue difícil trabajar para la persona que había asesinado a sus padres, aun así, lo hizo. Después que supiera del compromiso de Setsuna, todo se volvió más manejable, tenía una rabia en su interior que saciaba en las carreras o repartiendo golpes por pedido, y cuando Setsuna murió, todo empeoró con rapidez.
«Eras solo una niña» Las palabras de Serena retumbaron en su mente.
Era cierto, tenía unos 16 años, a pesar de su complexión en aquel entonces, siempre fue fuerte y muy ágil, y con rapidez había aprendido como y donde golpear, cortar y hacer más daño. Era difícil saber si se arrepentía de sus pecados, de no haberlos hecho con seguridad hubiera terminado en una zanja o con un destino peor que la muerte. Eran negocios, nada más, ella o alguien más los haría, y era mucho mejor llevarse el crédito a ser quien paga la deuda.
Suspiró con pesadez y muy profundo, eso le dolió. «Las mentiras que nos obligamos a creer» Se dijo para sí misma. Tomó los documentos y se los puso sobre las rodillas, comenzó a leer el largo formulario, iba a llenarlo cuando una voz familiar la llamó.
—¿Haruka? — La aludida levantó la mirada.
—¿Ami? — vio a la pequeña chica frente a ella, vestía un scrub de color celeste, le pareció que le favorecía bien por el azulado de su cabello. Aquella chica la miraba con preocupación y sorpresa en sus ojos.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Te dije que aquí realizo mi práctica.
—Cierto…— La rubia ni siquiera se fijó en el nombre del hospital donde aquel buen hombre la había llevado.
—¿Qué fue lo que te pasó? — la peliazul insistió, sentándose a su lado, tomando uno de los brazos de la rubia, quien solo hizo una mueca de dolor
—Yo…— Haruka dudó, debía inventar una buena excusa y rápido—. Tuve un accidente.
—¡¿Qué?! — la joven abrió los ojos con sorpresa— ¿Y qué estás haciendo sola? ¿Fue en tu auto? ¿Debería llamar a Takano? ¿Por qué no te trajo una ambulancia?
—Fue una estupidez— Trató de sonar calmada mientras negaba con la cabeza—. Verás, un colega me pidió que testeara uno de sus autos de competencia, y pues fallo, así que perdí el control.
—Haruka, pero eso es muy serio, deberían haberte traído, seguro estás muy herida. ¿Nadie te ha visto? ¿Por qué no lo dijiste en la recepción? —no la dejó contestar, se puso de pie y le jaló el brazo, cosa que le provocó un fuerte dolor punzante en el costado, la rubia echó su cuerpo hacia atrás y se quejó. —¡Dios! Déjame traer una silla de ruedas.
La ojiverde se quedó en su asiento, casi se desmaya del dolor solo por aquel gesto de la peliazul. Esperaba que su joven amiga se creyera su historia, era necesario que fuera así, nadie podía saber lo de aquella noche, no la verdad al menos. La vio volver con una silla de ruedas. Tomó fuerzas de donde pudo y se cambió a la silla que le ofrecía su amiga, está la llevó a otra área. Cruzaron una puerta, había muchas camillas, la mayoría vacías, estaban separadas por biombos o cortinas. La peliazul la llevó hasta la más apartada, corrió las cortinas y quedaron tan a solas como podían en aquella sala.
—¿Dónde te duele? — Le preguntó la aspirante a Galeno mientras se colocaba unos guantes.
—Todo el torso— se puso de pie con dificultad, para sentarse en la orilla de la camilla.
—Ok… déjame ver— se acercó a la rubia e intentó levantarle la camiseta negra que llevaba puesta, pero la velocista se retorció en su lugar—. Estás muy lastimada, tendré que cortarla.
—Está bien— Dijo la rubia tratando de no pensar en el dolor que sentía, daba gracias a Dios que fuese una simple camiseta y no uno de sus modelos exclusivos.
La peliazul tomó una tijera que le pareció bastante rara a la velocista, y comenzó a cortar aquella prenda, desde abajo hacia arriba, partiéndola en dos. Haruka observaba los movimientos de su amiga con mucha atención, por eso supo que estaba bastante mal cuando la chica abrió los ojos con sorpresa.
—Dices que fue un accidente.
—Si ¿Por qué? ¿Está muy mal?
—No parecen golpes por un accidente de auto Haruka— la peliazul lucia bastante seria, no lo dijo, pero Haruka supo que aquella chica quería saber la verdad, así que pensó rápido.
—¿Auto? No, quise decir motocicleta.
—¿Motocicleta? — Ami seguía sin creérselo, aunque aquellos golpes eran más compatibles con ese tipo de accidente— ¿Por qué no tienes raspones en el rostro y el cuerpo? Solo veo golpes.
—Porque llevaba protección, ya sabes, el traje y todo.
—Ya veo—contestó no muy convencida. Ami sabía que Haruka era muy impulsiva y esos golpes parecían más a los que obtienes al pelear con alguien que al tener un accidente de motocicleta—. Deberíamos informar entonces sobre el accidente a las…
—¡No! — Haruka la interrumpió.
—¿Por qué no habría de hacerlo? — La peliazul preguntó aún más seria.
—Bueno, era un prototipo y por eso todo el asunto debe ser manejado con extrema confidencialidad.
La peliazul vio a Haruka a los ojos, había mucha inseguridad en esas verdes orbes, nerviosismo si se podía decir, podría ser por lo que acaba de contarle la rubia y era una cuestión de secreto profesional, ella lo entendía de ser así, pero tal vez era otra historia diferente. Lo cierto era que la corredora no le diría la verdad, si es que en ese momento le mentía.
—Está bien Haruka— le dijo— Entonces… Necesito que te quites el sostén para poder revisarte.
La aludida se sonrojó bastante. Y Ami lo notó de inmediato, cosa que le produjo mucha gracia.
—Vamos, ¿Vas a decir ahora que eres tímida? — preguntó divertida la peliazul.
—Bueno, no, pero—suspiró—, está bien, aunque no creo poder hacerlo sola.
—Ok, yo lo haré— dijo la peliazul con toda naturalidad, acercándose a la rubia, quitándole la prenda. La corredora se sentía muy apenada.
En el poco tiempo que tenía de conocerlas, Ami era por mucho la más madura del grupo, una persona que se daba a respetar, por lo que resultaba muy incómoda aquella situación, pero no había nada que hacer, así que permitió que aquella pequeña chica curara sus heridas.
.
.
.
.
.
Haruka se dejó caer en un gran sofá de cuero en el centro de la sala de estar de su departamento, respiró con fuerza y sintió una pequeña punzada en su costado. Como suponía tenía una costilla rota. Ami le había colocado varios medicamentos para el dolor, y suplicado que no se fuera, que ella iba a atenderla toda la noche, pero la rubia no había querido molestar más a su amiga, aparte, lo único que deseaba era llegar a su casa y poder descansar. Y aunque había decisiones que tomar, esa noche estaba hecha papilla.
Echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldar del sofá, cerró los ojos con fuerza, intentó poner su mente en blanco y relajarse, pero no pudo, se preguntó por qué las cosas eran así, cuando una parte de su vida se arreglaba parecía que otra tenía que venirse abajo. Aunque sabía que todo se lo merecía, y era hipócrita de su parte tomar el papel de víctima, maldijo todo aquello por lo que estaba pasando.
Unos golpes en su puerta la hicieron abrir los ojos y volverse extrañada en esa dirección, con dificultad se puso de pie y caminó hacia ella, esperaba que no fuese otra sorpresa de Nagano, aunque para ese punto, ya hasta era bastante razonable que así fuera. Vio por la mirilla y se sorprendió, vio su reloj, era tarde, esa visita sí que no la esperaba.
Abrió la puerta. La violinista le sonrió al verla. Haruka no pudo más que devolverle el gesto, la peliverde se veía tan hermosa en ese momento, y tenía una sonrisa tan dulce que con franqueza hizo que su corazón brincara en su pecho.
—¿Qué estás haciendo aquí Michiru?
—Pues no respondías mis mensajes y quería saber si estabas bien—Contestó con simpleza, para luego darle un pequeño beso en los labios a la rubia, entrando en el departamento de la corredora.
—No tenías que molestarte— dijo mientras cerraba la puerta, vio a la violinista explorando todo el lugar.
—Era lo mínimo que podía hacer después de que me dejaras plantada—Soltó sacándose el abrigo.
Haruka se quedó fría, o bueno, más bien caliente, Michiru llevaba un vestido negro escotado, muy ajustado, que resaltaba cada curva de su cuerpo, lucia endiabladamente sexy.
Michiru sonrió triunfante al ver la expresión facial de la rubia. Estaba molesta porque no se había aparecido en su departamento y además de que no contestaba ni sus mensajes ni sus llamadas, pero al verla ahí con esa cara de deseo, todo el enfado quedo olvidado. Se mordió el labio, y bajó su mirada por el cuerpo de la rubia, traía puesta una camiseta algo holgada y un pantalón deportivo, bastante simple, pero le pareció tremendamente sexy.
—¿Estás con alguien? — preguntó con voz seductora, acercándose a la rubia, quien solo pudo negar con la cabeza, sin apartar la mirada del escote de la violinista.
Michiru puso su mano en el cuello de la rubia y la otra sobre su abdomen, tomando la camisa de la velocista, la atrajo con fuerza hacia su cuerpo. Haruka se quejó del dolor que ese movimiento brusco le provocó, lo que asustó a la peliverde.
—¿Estás bien? —preguntó separándose de la rubia.
—Si…— apenas contestó Haruka, caminó despacio, hasta el sofá y se sentó con cuidado en él.
—¿Qué pasa?— hizo lo mismo, sentándose a su lado, colocó su mano en el cuello de la rubia y lo acaricio.
—Lo siento— habló con algo de dificultad—, tuve un accidente hoy por la tarde, una estupidez.
—¡¿Un accidente?!—se alarmó, se acercó más a ella y acarició su pierna— ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que pasó?
—Estaba probando un prototipo de motocicleta y pues perdí el control—En definitiva, decir la misma mentira varias veces lo hacía más fácil.
—Pero qué demonios estabas pensando— dijo algo molesta, separándose de la rubia.
—En ayudar a un amigo— respondió Haruka un poco divertida por la reacción de la peliverde.
—¿Y desde cuándo eres motociclista para dar esos favores?
—Te sorprendería todo lo que puedo hacer— coqueteó un poco la rubia, acercando su rostro al de la violinista.
—Estoy hablando en serio Haruka.
—Yo también.
Michiru dudo unos segundos, se quedó viendo los labios de la rubia, tan cerca de ella, y la besó, cosa que la velocista correspondió. Al principio fue muy suave, la peliverde se deleitó probando esos labios que tanto le gustaban, eran tan dulces. Jugó con ellos con su lengua, tocándolos un poco. Haruka entreabrió la boca, y Michiru aprovechó para introducir su lengua, profundizando más el beso. La ojiverde gimió al sentir el tacto de la lengua de la violinista sobre la suya. Michiru se acercó más hacia ella y la jaló por el cuello, pero entonces Haruka se separó de golpe, haciendo una mueca de dolor.
—¡Haruka por Dios! Estás muy mal, deberías ir al hospital— dijo muy angustiada.
—Ya fui al hospital.
—¿Y te dejaron salir así?
—La verdad yo decidí dejarlo.
—¡¿Tú qué?!
—Bueno, en mi defensa, se supone que debo estar descansando—se recostó sobre el respaldar del sofá.
—Entonces, no deberías coquetearme así— Michiru dijo cruzándose de brazos.
—¿Coquetear? Si solo estaba viéndote— Replicó divertida la rubia.
—Tú sabes a lo que me refiero.
—No lo sé.
—Eres una idiota.
—Eso dicen—se rio—Tranquila, solo necesito descansar un poco. La he pasado peor con menos comodidades.
Michiru la vio cerrar los ojos, se sintió algo triste por eso último, no se imaginaba por todo lo que Haruka debió haber pasado en su juventud, lo que tuvo que vivir. Acarició con suavidad la mejilla de la rubia, quien se apoyó sobre la misma. Suspiró, y sonrió un poco, acercándose con mucho cuidado a la velocista, dándole un pequeño beso en la frente.
Haruka abrió los ojos con pesadez, encontrándose con la azul mirada de su acompañante. Se perdió en ella. Michiru se veía realmente hermosa, era una mujer extremadamente bella, y en ese momento lo parecía aún más.
—Haruka.
—Dime.
—Me encantas.
Haruka sonrió levemente.
—También me encantas.
La peliverde se acercó un poco más y besó en los labios a la corredora. Lo hizo con mucha delicadeza, intentando no recargar su peso sobre la rubia. Fue dulce, nada parecido a los besos que acostumbraban a darse. Se separaron después de un rato. Michiru apoyó su frente sobre la de su acompañante, sabía que estaba enamorándose de la rubia, si no es que ya lo estaba. Parecía una locura, ya que apenas la conocía, y habían tenido más sexo que conversaciones civilizadas, pero, aun así, sentía que su corazón se derretía cada vez que la miraba, sentía que podía volar cuando estaba entre sus brazos, y cuando no estaba cerca, no podía dejar de pensar en ella.
—Lo siento— Susurró la rubia.
—¿Por qué lo haces?
—Por no poder hacerte mía en este momento.
Se separaron un poco, fundiendo ambas miradas en una.
—Después dices que mis arrebatos son culpa mía.
—Bastante hipócrita de mi parte ¿Verdad? — Michiru rio un poco, antes de depositar otro beso en los labios de su amante.
—Mucho. Déjame ver que tan mal estas— con una mano levantó la camiseta que traía puesta la corredora, quien se dejó ver sin decir nada, atenta a la inspección que hacia la peliverde.
La violinista se sorprendió al ver el torso de la rubia completamente vendado, desde un poco arriba del ombligo perdiéndose hasta donde cubría la camisa, suponía que aquel vendaje le llegaba a los hombros.
—Haruka es terrible— dijo preocupada.
—No es nada, son golpes nada más, Ami me dejo puestas las vendas con algunos parches para calmar el dolor mas que nada.
—¿Ami?
—Sí, verás me llevaron al hospital donde realiza su práctica.
—Entonces Ami te vio desnuda.
—Emmm sí.
—Oh ya veo— la violinista apretó los labios, y cubrió el torso de la corredora, quien se limitó a sonreír.
—¿Celosa?
—Por supuesto que no, solo, me sorprende que ella te hubiese dejado ir estando en esa condición— Se apartó y se cruzó de brazos. Haruka rio con fuerza.
—No puedo creer que estés celosa de Ami por esto.
—No lo estoy, ya te lo dije.
—Si claro, y yo no me llamo Haruka Tenoh.
—Pues piensa lo que quieras, solo digo que no fue prudente dejarte ir.
—Bueno, tú sabes que puedo ser muy… convincente— dijo en el mismo tono de voz coqueto que siempre usaba.
Michiru se volvió hacia ella un segundo y luego volteo la mirada, para después ver en otra dirección.
—Idiota— dijo la peliverde.
—Aun así, te mueres por mí—replicó divertida la rubia—. Sabes que estaba muriendo del dolor cuando Ami me reviso ¿No? Coquetear con ella era lo último en lo que podía pensar.
—Aun así, va a presumirlo con todas.
—Entonces si estás celosa.
—¡Ya te dije que no! — refunfuño, volviéndose hacia la rubia, encontrándose con la cara divertida de esta. —Idiota.
—Si, si, ya lo sé. Igual no creo que Ami vaya a vanagloriarse por ello.
—Lo dudo mucho.
—Verás que no, algo me dice que no soy su tipo. Bueno, tal vez un poco, pero definitivamente no le gusto.
—Y eso te lastima el ego. ¿No?
—Tal vez— se encogió de hombros.
—Imbécil.
—Me gusta más idiota sabes.
Se vieron a los ojos, Haruka sonrió con dulzura. Michiru suspiró, aun sabiendo que estaba golpeada, esa rubia frente a ella le prendía mucho, sintió un cosquilleo en el centro de su cuerpo, deseaba a la ojiverde, sonrió con picardía cuando una idea se le cruzó por la mente.
Se acercó a la rubia y la besó de nuevo, Haruka correspondió gustosa, Michiru pasó su lengua por los labios de la rubia, antes de introducirla en su boca, era un beso lento pero profundo, acariciaba con su lengua el interior de la boca de la rubia, quien gimió profundo. Michiru entonces se separó y comenzó a besar el cuello de la corredora, con cuidado de no lastimarla.
—Michiru… Detente— Balbuceó la rubia.
Pero fue en vano, la violinista continúo besándole el cuello. Introdujo una de sus manos dentro del pantalón deportivo, sonrió entre besos, al sentir cuan húmeda estaba Haruka, comenzó a mover sus dedos contra su intimidad, aun por encima de la ropa interior.
—Michiru… No puedo… Yo…
—No hables— Se separó de ella y la vio a los ojos— Guarda fuerzas cariño, porque las vas a necesitar.
Se levantó del sofá, y se paró frente a la rubia. Haruka respiraba con fuerza, eso le dolía un poco. Michiru bajó el cierre de su vestido, y la prenda cayó a sus pies, la rubia la vio de arriba abajo. Llevaba un conjunto de lencería de encaje verde oscuro, el cual resaltaba los pechos firmes de la violinista y contrastaba mucho con su nívea piel. La velocista quiso levantarse, pero el dolor le impidió hacerlo. Michiru sonrió al ver la mueca de dolor de la rubia, sabía que estaba sufriendo, y aunque le preocupaba en el fondo, disfrutaba sabiendo que estaba torturando así a la rubia.
—No deberías moverte— La empujó contra el sofá.
—Eres cruel.
—Lo soy, y te va a encantar— La besó de nuevo, mordiéndole un poco el labio antes de separarse.
—No puedo hacer nada ¿Sabes?
—Y ¿Quién dijo que tendrías que hacer algo? —Michiru le quitó en un rápido movimiento el pantalón a la rubia, Haruka se quejó de dolor, pero la peliverde lo ignoró.
—Deberías tratarme con más cuidado.
—Dentro de unos momentos desearás que te trate con fuerza—sonrió con picardía la violinista hincándose frente las piernas de la velocista. Haruka se lamió los labios haciéndose una idea de lo que vendría.
Michiru le quitó la ropa interior, y se colocó entre las piernas de la rubia, Haruka respiraba con fuerza, sintiéndose un poco mareada. Michiru sonrió y se lamió los labios, observando la intimidad húmeda de su amante, subió su mirada hacia los ojos de la rubia, quien estaba atenta a sus movimientos. La peliverde acercó su rostro hacia el cuerpo de la rubia, y respiró con fuerza, Haruka sintió el aliento caliente de su amante contra su intimidad y gimió un poco.
—Hazlo joder— exigió sintiendo como la cabeza le daba vueltas y se le nublaba la vista.
Michiru sonrió una vez más antes de hundir su rostro entre las piernas de la rubia, quien solo gimió con fuerza y echó la cabeza hacia atrás, mientras sentía la lengua de la peliverde entrar en ella. Se sintió mareada, mientras una oleada de placer y dolor le recorría el cuerpo.
Sonrió de placer. La noche sería muy corta, pensó la rubia, y ella quería que durara para siempre.
Continuara...
Hola a todas, vengo con otro capitulo, espero que les guste y vayan disfrutando la historia.
Kyoky me alegro mucho que disfrutes la historia y que te unas a seguirla, bienvenida!
Chat'de'Lune como siempre gracias por tus comentarios y tus observaciones, intento mejor créeme, y cada vez siento que defraudo a mis maestras de español XD, pero intentare tener mas cuidado. Y pues si, familia de Michiru es bastante complicada también y su vida a veces no es tan fácil como parece. Espero que este capitulo haya sido de tu agrado.
HaruTenoh11 que puedo decir, me alegra mucho que nos hayamos reencontrado, y pues espero que te guste el rumbo que esta tomando la historia.
Y bueno, sin mas que decir, me despido, nos leemos en el próximo capitulo.
