ESTE ES UN RELATO DE FICCIÓN; LOS PERSONAJES Y NOMBRES PERTENECEN A SU RESPECTIVO AUTOR. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA.


Capítulo 15

Incussus

Michiru se removió nerviosa en su asiento. Podía sentir como Haruka la estaba viendo, mientras se acercaba a su mesa. Su mente comenzó a generar miles de escenarios posibles, en todos Yukio terminaba con la nariz rota. Y no es que lo amara, pero, el pobre hombre no merecía eso.

—Buenas noches—dijo Haruka muy cortes.

La violinista vio a su novio volverse a la rubia, y lo imito. Sintió un mini orgasmo en ese mismo instante. Haruka la miraba con una sonrisa coqueta, sus ojos brillaban con intensidad y lucia tan bien en ese traje verde. Desde donde ella estaba sentada se veía incluso más alta, más resuelta, parada ahí con toda la tranquilidad del mundo, con las manos en los bolsillos del pantalón. Era hipnotizante.

—Buenas noches— respondió Yukio.

De inmediato Michiru se volvió hacia él, y se sintió un poco apenada. Después de todo él era su novio, y la chica parada a su lado, era su amante.

—¿Cómo está Srta. Kaioh? Me da mucho gusto—hizo énfasis en esas palabras—, verla esta noche.

Haruka extendió su mano con galantería, en un claro intento por saludarla.

El cerebro de Michiru trabajaba a mil por hora, tratando de pensar con claridad, ya que el solo aroma de la rubia estaba excitándola a muerte, en otras circunstancias ya tendría acorralada a Haruka contra algún rincón. Respiró profundo y trató de tranquilizar su voraz imaginación. Posó su azul mirada sobre la esmeralda de su amante, depositó con suavidad su mano, devolviendo el gesto.

«No pasa nada Michiru tú sabes cómo controlarte» se dijo para sí misma.

—Haruka, buenas…

Pero no pudo decir más, la rubia se había inclinado hacia ella, y en un gesto atrevido, le beso el dorso de la mano, tenía una media sonrisa en los labios, y la miraba fijamente con esos ojos que resplandecían en el ambiente. La dejó fuera de juego.

Michiru sintió una corriente eléctrica recorrerle desde la piel en contacto con los labios de la corredora, hasta el centro de su cuerpo, provocando cientos de espasmos, en su ya húmeda intimidad.

Haruka se levantó con lentitud, sin soltarle la mano, y acarició la piel húmeda que acababa de besar con su dedo pulgar. Sonrió complacida. Reconocía la expresión que tenía Michiru en ese momento, ese subir y bajar de sus pechos, la apertura de sus labios rozados, y como se hacía un hueco entre sus clavículas. Le había provocado un orgasmo a su amante, y sabía que estaba a punto, que si quería podía levantarla ahí mismo, y perderse con mucha facilidad dentro de su cuerpo.

—¿Qué desea? — La voz de Yukio hizo reaccionar a Michiru, y soltó la mano de Haruka. Sentía el rostro caliente, bueno en general todo su cuerpo hervía.

—¿No es obvio? Quería saludar a la Srta. Kaioh— dijo muy tranquila, demasiado en realidad.

—Y ¿usted es?

—Tenoh, Haruka Tenoh.

El pelinegro se puso de pie, con un gesto bastante agresivo se arregló el saco, y luego extendió su mano. Michiru lo observo, nunca lo había visto así, lucia molesto y miraba con rabia a Haruka, mientras esta sonreía relajada, pero en sus ojos se notaba el infierno que ardía dentro de ella.

La violinista no pudo evitar compararlos. El tan sobrio en ese aburrido traje gris, aunque se notaba a leguas su posición social, se paraba como si fuese dueño del mundo. La rubia en cambio parecía un león, se notaba que estaba en mucho mejor condición física que el pelinegro, que era bastante más fuerte que él, y su postura indicaba peligro, con los músculos tensos bajo el traje, lista para el ataque. Haruka era adrenalina pura, y él, burocracia aburrida.

—Un gusto Srta. Tenoh— dijo el despectivo.

Haruka sonrió, era obvio que el tipo sabía quién era ella. Le vio la mano con desdén, ese gesto molestó aún más al pelinegro, quien no estaba acostumbrado a ser tratado de esa forma.

—¿Quién es usted? — preguntó cortes la rubia.

—Yukio Okimura.

—¿y él es? — se volvió hacia Michiru.

Se vieron a los ojos. Haruka pudo notar la vergüenza en la cara de la violinista, y eso le molesto. Sentía que Michiru quería llevar su engaño hasta el último momento.

—Su novio— dijo él.

Michiru noto como la mirada de Haruka paso de la ira a la decepción en una fracción de segundos, eso le dolió, una cosa era jugar con ella para provocarla, y otra muy diferente era engañarla de alguna forma. Y eso era lo que debía estar pensando la rubia, que la había engañado.

Haruka se volvió hacia él, y lo vio con desprecio, por un momento su sonrisa desapareció. Le tomó la mano, apretándola con fuerza, sintió como los huesos de esa delgaducha mano crujieron entre sus dedos. Lo jaló hacia ella, sacudiéndolo un poco.

—Un gusto Sr. Okimura.

Yukio arrugó el rostro, a causa del dolor de aquel apretón, pero no dijo nada, solo retiró su mano con rapidez cuando la rubia al fin lo soltó.

—¿Algún problema?

—No, Srta. Tenoh, todo está bien—Tomó asiento.

Para él no era usual, pero ya en ese momento, se sentía cohibido. Antes ya había tratado con amantes de su novia, quienes siempre terminaban intimidados, por su apellido, por su posición, por su sola presencia. Pero esa rubia era diferente, era peligrosa y no tenía nada de miedo. Aun así, él era un Okimura, no se amedrentaría tan fácil.

—Es usted corredora ¿cierto?

—Así es.

—He escuchado muchas cosas sobre usted.

—Buenas, espero.

—De hecho, no.

Haruka sonrió un poco divertida.

—Bueno, si la Srta. Kaioh es la fuente, dudo que sean buenas.

—De hecho, ella nunca la ha mencionado.

Chao sonrisa. Haruka buscó la mirada de Michiru, pero esta la evitó.

—Ya veo.

—Si. Aunque bueno, para ser justos, Michiru y yo solo hablamos de cosas importantes, ya sabe de pareja.

La violinista se volvió hacia el pelinegro y lo miró con reproche. Pero él la ignoró, concentrado en el efecto que sus palabras tenían en la corredora.

—Me imagino.

—Si. No malgastamos el tiempo que pasamos juntos, ya sabe en decir las tonterías que hacemos o las estupideces en las que perdemos el tiempo.

Haruka apretó los puños. Cada palabra era un maldito puñal en su ego.

—Es más, le diría, que nos acompañe, pero hace tiempo no veo a mi novia. Entenderá que hay necesidades que debemos saciar— bebió un sorbo de su vino.

Michiru vio a Haruka, sintió miedo genuino, él no la conocía, pero ella sí. Y lo que miraba en esos ojos verdes era sed asesina, se percató que la rubia tenía apretados los puños. Sabía que el pelinegro tenía guardaespaldas con él, y su familia era poderosa. Lo último que quería era que la rubia terminara en la cárcel y arruinada por su culpa.

—Ya basta Yukio— le dijo viéndolo con severidad.

—¿Qué? —él sonrió, parecía divertido—. Me imagino que una persona con la fama de la Srta. Tenoh, sabe de lo que estoy hablando. ¿No es así?

Haruka vaciló. Se preguntó si seguía manteniéndose a raya o se iba encima de aquel flacucho. Ella no era estúpida, ya había notado el par de gorilas que la miraban desde la barra, seguramente cuidaban a aquel debilucho. Además, el lugar era muy exclusivo, sería un escándalo si le rompía la quijada a ese hijo de papi y mami, podría afectar su carrera. Pero eso le importaba más bien poco, el placer que le daría destruir esos perfectos dientes sería increíble, ¿Cuántos golpes aguantaría ese engendro de la burguesía? Estaba segura de que caería al suelo con el primer derechazo que le dejara ir. Y era demasiado tentador hacerlo. Pero pensó en el par de chicas a sus espaldas, no quería arruinarle la noche a Ami, ella no se lo merecía, tampoco Lita. Ellas no tenían por qué pagar sus errores, o las mentiras de Michiru. Así que relajó las manos.

—Así es— devolvió la sonrisa—. Por lo que me retiro. Srta. Kaioh…

Miró a la violinista. Se vieron unos segundos, Michiru se sintió miserable, había una mezcla de dolor, ira y tristeza en esos ojos verdes que le gustaban tanto. No había nada de divertido en eso.

—Siempre es un gusto verla.

Haruka hizo una reverencia. Y se dio la vuelta, sin darle oportunidad de nada a Michiru, quien se quedó en su lugar, viendo como su corazón salía junto con la rubia, fuera de aquel restaurante.

—Patético—soltó Yukio.

Michiru se volvió hacia él. Bebía de su copa con un aire de superioridad que nunca le había visto. Talvez se sentía victorioso, después de prácticamente humillar a la rubia, cosa que ella permitió de alguna forma.

—Discúlpame— le dijo Michiru poniéndose en pie y siguiendo los pasos de la rubia.

Escuchó que él dijo algo, pero no le interesó, necesitaba hablar con Haruka, explicarle un poco la situación, tranquilizarla, hacerle entender que ella era la única persona importante en su vida y que aquel hombre estaba molesto, porque lo sabía.

Haruka estaba de pie, esperando que llegara el valet parking con su flamante coche. Se sentía molesta, casi iracunda. Ami después de todo había quedado en deuda, ya que fue el único motivo por el cual no le rompió la cara a ese imbécil que salía con Michiru. Pensó en ella, y se sintió traicionada, con una sensación bastante familiar recorriéndole el pecho. Después de todo, la historia parecía repetirse, y ella no era más que un juego.

El valet llego con el auto, ella dio la vuelta al coche, y cuando estaba a punto de entrar la voz de Michiru la detuvo.

—¡Haruka!

La aludida la vio, vaciló entre irse al diablo o enfrentarse a aquella mujer, decidiéndose por lo último, bastante había tenido ya con controlarse adentro de aquel infernal lugar. Así que, con rudeza, cerró la puerta del vehículo, y caminó unos pasos hacia la peliverde.

—Así que no era una maldita broma—le reclamó con dolor en su voz—, tenías que verte con ese imbécil hoy…

No pudo seguir, Michiru se había prácticamente arrojado a sus brazos y la besaba con locura. Al principio Haruka no supo que hacer, pero pronto afianzó sus manos a la cintura de la violinista y la pegó con fuerza a su cuerpo, correspondiendo el apasionado beso que su amante le regalaba.

Después de unos momentos se separaron.

—Vamos a otro lugar— dijo Haruka con la respiración agitada, a la vez que apoyaba su frente con la de Michiru.

—Haruka.

—Por favor, necesito hacerte mía— la besó de nuevo.

Esta vez Haruka marco el ritmo, besándola con mucha ternura, en un beso dulce y lento, pero, aun así, muy sensual y erótico. Las piernas de Michiru temblaron, sintió espasmos en el centro de su abdomen. Haruka se escuchaba tan suplicante, tan vulnerable y eso era nuevo. Ella quería complacer a esa rubia que la volvía loca, pero tenía que hacer algo antes de perderse en algún cuarto de hotel con ella.

—Haruka— se separó de ella y tomo su rostro entre sus manos. La vio unos segundos.

Haruka tenía los ojos cerrados, respiraba con dificultad, y la sujetaba con fuerza por la cintura.

—No puedo ir contigo.

La rubia sintió que algo se rompió dentro de su cuerpo. Nunca hubiese esperado esa respuesta. Abrió los ojos y aflojó su agarre.

—¿Por ese imbécil? — La rubia la vio con reproche.

—Hay algo que debo hacer.

—¿Qué? — se separó de ella.

—Haruka, por favor… entiende.

—¿Qué demonios quieres que entienda?

—Él...

—¡¿El que?! Es tu novio, me queda bastante claro. Sabes lo estúpida que me sentí cuando Lita me lo dijo.

—Haruka … Yo

—No soy un maldito juguete Michiru, y me siento tan idiota en estos momentos ¡maldita sea!

—Haruka…

—Y sabes, lo humillada que me sentí ahí adentro, y ¿tú que hiciste? ¡Nada! Solo te quedaste ahí, callada… pero claro él es tu maldito novio y yo solo soy la imbécil con la que pierdes el tiempo.

—Haruka.

—¡¿Qué?!— casi grito.

Michiru la tomo por la solapa del traje y la jalo hacia si, besándola con bastante rapidez. Se separó de ella y Haruka la vio confundida.

—Solo dame unos minutos ¿sí?

—¿Minutos?

—Tengo que volver adentro.

—¿Con él?

—Haruka— la volvió a besar— te explicaré todo después ¿Ok?

La violinista se dio vuelta y caminó con rapidez dentro del restaurante. Dejando más que molesta, confundida a Haruka.

«Se casó sabes… con su novio, obvio, tienen más de un año de salir juntos…» Esas palabras resonaron en la mente de la rubia.

La piloto apretó los puños, y se dio la vuelta. Subió a su coche y salió despavorida de aquel lugar. Ella no volvería a estar en la misma situación. «No esta vez» se dijo para sí misma, mientras aceleraba más. Tomó su teléfono y marcó un número.

—Hola— sonó la voz de un hombre al otro lado.

—Takano necesito que hablemos.

—Está bien Ruka, vente al Jypsi's. ¿Todo bien?

—Te veo ahí— Apretó más el acelerador.

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—¿Hablaste con ella? — Yukio dijo con desdén—. Deberías tener más cuidado al elegir a tus… amistades.

Michiru se quedó de pie junto a la mesa. Tomó su bolso, y saco un par de billetes dejándolos sobre la mesa.

—Terminamos Yukio.

—¿Disculpa?

—Lo nuestro. Tú y yo, este falso intento de relación. Se acabó.

—¿Crees que puedes hacer esto así de fácil?

—Ya se lo dije a mi padre, y tú deberías informárselo al tuyo. Que tengas una linda noche.

La violinista se dio la vuelta en un intento por irse, pero la mano de Yukio sobre su muñeca la detuvo. Michiru se volvió hacia él, se vieron a los ojos, ambas pupilas estaban encendidas en brazas.

—¿Vas a hacer una escena?

—Si es necesario.

—Eres un adulto Yukio, deberías tomarlo como tal.

—Y tú, también lo eres y te estás comportando como una niña. ¿Me debes una explicación al menos?

—¿Por qué? — se soltó de su agarre y se dio la vuelta—. Yukio, tú y yo, apenas hemos mantenido una relación. Sin mencionar, que esta relación tiene el único propósito de fortalecer la fortuna de nuestras familias, y sabes, antes no me importaba, ganaría millones si mantengo algo contigo, y creo que tú eres un buen hombre, pero eso, cambio.

—¿Por ella? — pregunto molesto.

—No te incumbe.

—Estás terminando conmigo, creo que me interesa. Michiru— respiro profundo— ¿podrías tomar asiento y hablar civilizadamente conmigo?

Michiru vio hacia la entrada, no podía tardarse, conocía a Haruka y paciencia era lo último que tenía. Sabía que no debía demorarse demasiado.

—Que sea rápido.

—Está bien— le señaló la silla con la mano, y ella tomó asiento— Michiru, sé que no soy el novio perfecto, tú tampoco, y los dos hemos roto muchos votos que las parejas deben respetar. Claro que yo he sido mucho más cauteloso con mis deslices que tú, sin mencionar que no han sido tantos como los tuyos, pero no ha importado porque, al final, sé que hay condiciones en nuestra relación que la hacen muy diferente a las demás.

—¿En serio? —preguntó con ironía.

—Si, tú las sabes, nuestra posición, la presión de nuestras familias, la diferencia de edad entre ambos. Así que, solo fingí no ver esas situaciones, no porque no me importara, sino porque lo entiendo, eres joven, y sé que lo nuestro se siente como un arreglo forzado. Pero lo cierto, es que, tú me importas.

Michiru rio un poco y negó con la cabeza.

—Por favor— esa sarta de mentiras la estaba molestando en serio.

—Es cierto, me gustas mucho. Creo que eres una mujer increíble, talentosa y por supuesto, hermosa. Y me importas, y sé que podemos hacer que esta relación funcione.

La violinista se inclinó hacia adelante, y acarició la mano que su pronto exnovio tenía sobre la mesa.

—No seas cínico, por favor. Eres mejor que eso, te sientes atraído hacia mí, está bien, ¿Quién no? Pero ¿qué te importo? No me hagas reír.

Yukio apartó la mano y tomó un sorbo de su copa.

—No voy a aceptar que esta relación termine.

—¿Y pretendes que continúe a base de mentiras?

—No estoy mintiendo, me importas.

—Bueno, si vamos a ser sinceros. Yo amo a alguien más.

—¿A esa? ¿Tan bajo Michiru?

—Ya te dije que no es de tu incumbencia. Así que— se puso de pie—, ya te escuché, y no tengo nada más que decir.

—¿Sabes algo del pasado de esa chica?

Michiru apretó los labios y lo vio con severidad.

—Todos tenemos un pasado del cual avergonzarnos.

Yukio bufó por lo bajo.

—De seguro ella siente más que vergüenza.

—¿La investigaste?

—Y tú deberías hacer lo mismo antes de tomar una decisión estúpida—Se puso de pie y se acomodó el saco— ¿Quieres terminar? Adelante, pero esa chica es peligrosa, como una bomba, y cuando vuelvas a mí cuando te estallé en la cara, diré te lo dije. Nos vemos hasta ese momento.

Yukio camino hacia la salida, con bastante tranquilidad. Mientras Michiru respiraba con dificultad aun en su lugar, se sentía colérica. ¿Cómo había sido capaz de investigar a Haruka? ¿De decir esas cosas? Siempre pensó en Yukio como alguien razonable, amable, tranquilo, pero después de esa noche, se dio cuenta de que no era tan diferente de su padre como pensaba.

Después de unos segundos de intentar controlarse, Michiru caminó hacia la salida. Buscó a Haruka con la mirada, pero después de todo no la encontró, había sido mucho pedir un poco de paciencia y lo sabía, suspiró agotada.

—Supongo que iré a ver a mi Madre entonces— Saco el celular de su bolso mientras hablaba para sola— el plan tiene que continuar.

Continuara...


Hola! Bueno me disculpo por la hora, pero pues, no estaré en casa todo el fin de semana asi que, era ahora o hasta la otra semana.

Siempre es un gusto leer sus reviews y darme cuenta que les agrada mi historia, muchas gracias por ello.

HaruTenoh11 espero no haberte decepcionado, pues la situación no daba para escenas. Pero bueno, la noche es joven y aun no se acaba. Y si, Michiru torturara mucho mas a Haruka, es de lo peor ¿o lo mejor? no se.

Nowaki24 pues siento dejar los capítulos asi, pero pues... que se le va a hacer. Me alegro mucho que te haya gustado.

Chat'de'Lune siempre me alegro de saber que te ha gustado. A mi también me gusta mucho la pareja de Lita/Ami, creo que un buen día de estos hare al menos un Oneshot de ambas. y pues, espero que este capitulo te haya gustado.

Realmente me imagino que hubiesen esperado otra reacción de parte de ambas (confieso que yo igual) pero el lugar donde estaban, bueno Haru no es tan tonta, asi que se controlo un poco, pero en fin, a veces asi es la vida.

En fin. Nos leemos pronto. Se me cuidan.