ESTE ES UN RELATO DE FICCIÓN; LOS PERSONAJES Y NOMBRES PERTENECEN A SU RESPECTIVO AUTOR. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA. ADVERTENCIA CONTENIDO CLASIFICACIÓN T+.
Capitulo 17
Declaración
Michiru caminaba con paso lento y arrastrando los pies. Saludó al anciano portero que resguardaba la entrada del edificio donde vivía, quien la vio extrañado, al verla tan taciturna. La joven mujer entró al elevador y apretó el botón número quince. Estaba cansada, y mucho. La charla con su madre tampoco fue fácil. Había sido un poco ingenua al pretender que la apoyaría de buenas a primeras, la mujer pasó horas diciéndole que lo pensara bien, que no cometiera un error tonto por la calentura del momento y que considerara todo lo que Yukio podía ofrecerle. Pero al final, dijo que la apoyaría. Así que, al menos tuvo un pequeño triunfo esa noche.
— ¿Un error? — soltó al aire la violinista mientras el elevador comenzaba a subir.
Se apoyó contra una de las paredes de metal, suspiró con fuerza, a la vez que cerraba los ojos. ¿Por qué nadie la entendía? Ella solo quería ser feliz a lado de la persona que amaba ¿Acaso eso era mucho pedir?
Ya que, por muy superficial o interesada que pudiera parecer en el exterior, a ella no le importaban los millones, el estatus, ni nada, solo le importaba la rubia y lo feliz que la hacía. Ni siquiera se había dado cuenta lo vacía que estaba antes de Haruka, y ahora que se sentía dichosa a su lado, no la dejaría ir.
—Haruka— susurró su nombre y no pudo evitar sonreír para sí misma.
Aún tenía que resolver las cosas con ella. ¿En dónde estaría? ¿Qué estaría pensando o haciendo? Conociendo lo impulsiva que era, a lo mejor estaba vengándose con alguna mujerzuela. Negó con la cabeza y abrió los ojos, mientras una pequeña risa escapaba por sus labios. Acostarse con otro sería su primera opción si descubriera que la corredora tenía a alguien más, y ellas eran tan similares.
—Tal vez debería hablarle.
Sacó su teléfono de la cartera, vio todas las llamadas perdidas y los mensajes pendientes. Yukio había sido bastante rápido propagando la noticia. Distinguió entre los números el de su padre, algunos inversionistas, el señor Okimura, y unos cuantos desconocidos. Suspiró cansada. El mundo se le vendría encima mañana, y la idea de que su recompensa anduviera de "fuckgirl" por ahí la atormentaba un poco.
Buscó el número de la corredora, y lo presionó. El teléfono sonó un par de veces, antes de que alguien contestara.
—Hola— escuchó su voz ronca y serena al otro lado de la línea.
Las puertas del elevador se abrieron antes de que la peliverde pudiera decir algo, vio a Haruka ahí, de pie frente a su departamento. Por un momento, Michiru se quedó rígida en su lugar. Eso sí que no se lo esperaba. Tal vez, después de todo no conocía tan bien a la piloto. Colgó la llamada, y guardó el aparato, saliendo a su vez del elevador.
Sus miradas se encontraron unos segundos. Haruka estaba sorpresivamente calmada, con los hombros relajados y su mano libre dentro del bolsillo. Esta apartó el celular de su oído y lo guardó en su pantalón. Michiru sonrió un poco, entre apenada y feliz de tenerla ahí.
—Te dije que esperaras fuera del restaurante, no de mi departamento— usó el mismo tono sarcástico de siempre.
Haruka solo guardó silencio, quieta en su sitio. Michiru abrió la puerta de su departamento, y se volteó, estando más cerca de la rubia, pudo notar su semblante triste. Eso le provocó un pequeño dolor punzante en el pecho. Se acercó a ella y la jaló del brazo.
—Ven, vamos adentro.
Haruka se dejó guiar.
Una vez dentro, Michiru rodeo a la rubia y cerró la puerta. La observó por la espalda. Estaba desconcertada por su actitud, habría esperado que le gritara, insultara, que la levantara del suelo y le hiciera el amor con furia contra la pared del corredor. No que estuviera ahí, sin reaccionar. De alguna manera eso la hizo sentirse más nerviosa.
La abrazó por la cintura y apoyó su frente contra su espalda, en un intento de acercarse a ella, y de calmar los nervios que estaba sintiendo en ese momento. Aun así, Haruka no se movió.
—Cariño sé que estás molesta.
—No lo estoy— al fin dijo algo.
Su voz grave se escuchó severa, pero llena de calma. Hizo que Michiru se estremeciera de pies a cabeza.
Haruka suspiró. No quería perder a esa mujer, pero tampoco quería lastimarla, o perjudicarla. Después de todo, ella solo era una arribista, nada más, y una cosa era lo que su mejor amigo pensara y sintiera, con él había vivido mucho, sabía casi todo sobre ella. Pero Michiru era diferente, apenas se conocían, y la violinista no podía pretender arriesgarlo todo por su causa, es más, no debía hacerlo. Mínimo tendría que conocerla más, su pasado, de lo que era capaz, y de ahí, tomar una decisión. Aunque no habría mucho que decidir. Estaba convencida de que, si le decía toda la verdad, Michiru se sentiría asqueada y la odiaría. Así que intentaría persuadirla de no tomar alguna decisión estúpida, por mucho que le doliera, pero de ser necesario, llegaría hasta la última instancia y le diría todo.
Haruka se dio la vuelta. Se vieron a los ojos unos segundos, la rubia acarició la mejilla de su amante y luego tomó sus manos.
—Michiru no estoy molesta— dijo tranquila.
—No lo parecía, en el restaurante.
—Ahí lo estaba. Todo me tomó por sorpresa. Pero, está bien. Seguramente tenías tus razones para no decirme nada, y realmente no me queda más que aceptarlas.
Michiru parpadeó un par de veces sorprendida. No estaba segura si esa persona que tenía enfrente era su idiota favorita.
—No sabía que podías ser tan madura.
Haruka sonrió un poco y se encogió de hombros.
—Tampoco yo— guardó silencio un segundo—. La verdad hablé con Takano.
— ¿En serio? — arqueó una ceja.
—Sí, necesitaba hablar con alguien.
—Por eso te dije que me esperaras. No sé qué pudo decirte él en mi nombre.
—Él opinó lo mismo, pero me sentía algo herida, y no podía esperar
—Sí, lo noté. Pero bueno, viéndote tan tranquila, asumo que hablar con él te hizo bien.
Haruka desvió su mirada hacia un lado, y soltó las manos de la violinista, quien frunció el ceño, y posó su mano sobre la mejilla de la rubia, la obligó a verla.
— ¿Estás bien?
Haruka guardó silencio unos segundos. Perdida en la azul mirada de esa sirena frente a ella.
—Michiru— se detuvo.
Sentía la garganta y los labios secos. Respiró profundo.
—Yo estoy enterada del tipo de relación que llevas con tu novio, o al menos creo saberlo. Sé que, tu unión con él va mucho más allá de lo sentimental, y que, es muy difícil que puedas terminarla.
Haruka se separó, dando un pequeño paso hacia atrás, se desarregló aún más el cabello en un gesto rápido, luego, se agarró la frente, y apretó sus dedos con fuerza.
—Sé que tu relación es muy importante para tu futuro. Y yo, tengo la impresión de que, lo nuestro es mucho más que una aventura ¿cierto?
—Sí, lo es. Y mucho.
Se vieron unos segundos. Haruka entonces bajó la mirada. Se sentía feliz de saberlo, pero, aun así, Michiru se merecía algo mejor de lo que ella podría ofrecer. Suspiró intentando tomar fuerzas.
—Haruka— Michiru se acercó a ella, quiso tomarle la mano, pero la rubia se apartó, eso le dolió.
De pronto, la ojiazul se sintió un poco aturdida, y con la respiración entrecortada. ¿Y si Haruka no sentía nada por ella? ¿Qué tal si eso era lo que iba a decirle?
— ¿Tú… piensas igual? — Preguntó casi con un hilo de voz.
Haruka la vio a los ojos.
—Michiru, no creo poder vivir sin ti. Créeme, te necesito.
La peliverde se perdió en esos ojos verdes que le gustaban tanto. La mirada sincera de la rubia la hizo temblar. Su corazón revoloteó de felicidad en su pecho. La abrazó, pegándose lo más que pudo contra su cuerpo.
En un inicio, Haruka no le correspondió, pero pronto no pudo resistirse y hundió su rostro en el cuello de la violinista.
—Voy a ser tuya Michiru, sin importar nada— le susurró— no importa si no estás conmigo.
Michiru frunció el ceño, se separó de ella, dio un paso hacia atrás.
—Espera… ¿Qué?
Buscó la verde mirada de su amante, pero solo se vieron unos segundos antes de que Haruka se diera la vuelta.
—Sé que no puedes terminar tu relación con él.
—Haruka, espera…
—Y no creo que debas hacerlo— continuó la rubia interrumpiéndola.
— ¿Disculpa? — sintió un vuelco en el estómago.
—Tienes que pensar bien las cosas. Él puede darte seguridad, una vida tranquila, no tendrías problemas con tu familia y con nadie. Sería lo mejor.
—Haruka…— sentía que se le apretaba la garganta y le dolía el pecho.
—No puedo darte nada de eso. Aparte, tú y yo, apenas nos conocemos, yo no soy nadie, no vengo de una buena familia, las cosas que he hecho, yo…
— ¡Detente! —exclamó.
Haruka se volvió hacia ella. Michiru la tomó por el rostro con ambas manos y cerró los ojos con fuerza, sintiéndose mareada.
—¡Te amo! — casi lo gritó.
Hubo un fuerte silencio.
Ambas respiraban agitadas, Haruka se sintió aturdida por un momento. Michiru temblaba. Al fin se lo dijo, después de tanto. Nunca pensó que sería así, tan brusco y en medio de una discusión, pero finalmente sacó esas palabras de su corazón.
Michiru abrió los ojos para ver a Haruka. Al hacer contacto visual con ella, esta última aparto la mirada y negó con la cabeza.
—No sabes lo que dices.
La peliverde sintió que el corazón se le caía a pedazos, por un momento dejó de respirar, y se limitó a parpadear confundida. El tiempo, de repente, se congeló. Le parecía todo tan irreal. Haruka entonces, volvió a verla por un segundo y sus miradas se mezclaron en una. En ese momento, Michiru sintió que todo comenzó a moverse extremadamente rápido dentro de ella, su corazón, sus pulmones, la sangre que le recorría por las venas. Sintió una mezcla de ira, frustración y tristeza, huracanándose en su interior. Empujó a la rubia con toda su fuerza, quien casi se cae en el acto.
- ¡¿Es todo lo que vas a decir?!— le gritó.
Haruka la vio a los ojos, después de recuperar el equilibrio. Nada de mares u océanos, en esos ojos había fuego y furia.
—No lo tomes a mal, pero tú no me conoces.
— ¡¿No te conozco?! ¡Pasamos casi un mes juntas!
—Y no lo haces.
Michiru bufó furiosa.
— ¿Entonces qué? ¿Tú tampoco me conoces?
—Creo que eso quedo bastante claro hoy— Soltó mordaz.
Ambas guardaron silencio.
—¿Sabes que es la maldita primera vez que le digo esto a alguien? — su voz estaba cargada de dolor e ira.
—Lo sé.
—Haruka, nunca me había enamorado antes.
—Lo siento. De verdad, pero no quiero que cometas un error.
Michiru negó con la cabeza.
— ¿Un error? — se tapó el rostro con ambas manos, tenía ganas de llorar, pero no quería que la rubia la viera. Ya tenía bastante herido el orgullo, como para hacer tal cosa—. Dime, ¿qué sería lo correcto?
Haruka guardó silencio unos segundos y luego contestó.
—Takano me dijo que tu relación era importante para tu familia, que traería muchas…— se detuvo.
— ¿Qué? ¿Ganancias? ¿Hablas de dinero?
—Si la terminas, tendrás muchos problemas.
—Sí, y ¿qué? … Entonces según tú, debería casarme con él.
Haruka no contestó. Tensó la mandíbula, apartó su mirada, y apretó los puños. Michiru negó con la cabeza y sonrió con amargura. Se había prometido nunca volver a jugar con el orgullo de la rubia, pero ella estaba destruyendo el suyo, así que, al diablo con todo, la haría sufrir.
— ¿Es lo que quieres? — comenzó a acercase a ella—. Que me case con él, que viva en su casa, que duerma en su cama.
Michiru tomó su corbata, acarició la tela con la punta de su dedo pulgar y de un momento a otro la jaló. Sus rostros quedaron a pocos centímetros, sus labios casi se rozaban.
—Quieres que me haga el amor todas las noches y sea suya— dijo lento y sensual—. Que esté dentro de mí y me llené por completo. Que me haga berrear de placer y me venga con él. Que me corra sobre él, debajo de él, en todas partes, una y otra vez.
La peliverde la observó unos segundos.
Haruka prácticamente estaba ahogada en su propia respiración, sus músculos estaban tensos, sus labios secos, y su corazón golpeaba con tanta fuerza que sus costillas le dolían. No podía quitar su mirada de los labios de la peliverde, así como tampoco borrar el fotograma mental de su amante desnuda entre los brazos de ese imbécil.
—Dime ¿es lo que quieres?
Haruka subió su mirada, y Michiru pudo ver ese fuego que tanto le encendía. Odió sentirse excitada de pronto.
—Si es lo mejor para ti— masculló la rubia.
Michiru contuvo la respiración. La vio con odio, cosa que no pasó desapercibida para Haruka. Pero no se percató, que la peliverde había levantado su mano libre, solo para darle una fuerte cachetada.
Haruka se tomó el rostro, justo donde la había golpeado. Con rapidez buscó sus ojos. Sus miradas chocaron. Estaba lista para decir algo cuando la peliverde la tomó por el cuello de la camisa y le estampó un beso en los labios.
Al inicio, la rubia no supo cómo responder, un beso era lo último que hubiese esperado y lo último que quería, pues sabía que terminaría en la cama de Michiru, y su convicción, y fuerza de voluntad saldrían volando por la ventana en cuanto la violinista la poseyera.
Puso sus manos sobre la cintura de su amante, con toda la intención de separarla, pero no pudo. En cuanto sintió el calor fluir por el cuerpo esbelto de esa sirena, su cerebro sufrió un cortocircuito, y en lugar de apartarla la jaló contra su cuerpo. Sintió sus caderas, sus piernas, sus pechos apretarse contra ella.
Michiru gimió, estaba completamente excitada. Odiaba sentirse así de débil en esos momentos, pero ver esa mirada alterada, desafiante y amenazadora de la rubia, provocó una explosión en su pecho. Y pronto, el deseo intenso de hacerle el amor a aquella rubia idiota se apoderó de ella. Gimió de nuevo, al sentir la mano atrevida de la rubia apretarle un glúteo. Separó los labios dejándole paso libre a su amante, quien ni corta ni perezosa, comenzó a explorar con su lengua su boca.
Ambas estaban perdidas, presas de la pasión que las consumía. Haruka levantó a Michiru, con una facilidad que excitó aún más a esta última, quien rodeó con sus piernas el cuerpo de la piloto.
A tientas, la rubia comenzó a caminar por ese departamento que conocía muy bien. Con bastante rapidez, llegó hasta la sala, y ubicó el enorme sofá negro que estaba ahí. La recostó con cuidado, y bajó sus besos por su cuello.
Michiru jadeó excitada, mientras movía sus caderas contra el cuerpo de su amante. A pesar de todo lo que había soportado la deseaba, la necesitaba.
—Tómame— Susurró al oído de la rubia.
Haruka se estremeció.
—Soy tuya Haruka.
La rubia entonces se detuvo y se separó de ella.
—Michiru.
—No digas nada joder, solo cógeme y ya.
Se vieron a los ojos, ambas estaban agitadas, deseosas. Aun así, Haruka tomó fuerza de donde no las tenía, y contuvo la reparación para calmarse.
—No— dijo negando con la cabeza.
Se separó por completo de ella y dejó caer su cuerpo a los pies del sofá, sentándose contra él. Apoyó su cabeza sobre sus manos, y sus codos en sus rodillas flexionadas.
Michiru cerró los ojos, y se abrazó a sí misma. No pudo más, y comenzó a llorar. Estaba demasiado dolida, y por primera vez en semanas se sentía vacía, tenía ganas de morir, de que esa noche acabara. Terminar con Yukio, discutir con su madre, con su padre, con todo el mundo, había sido agotador, pero, que Haruka la rechazara, que minimizara sus sentimientos, que prácticamente le pidiera que se quedara con alguien más, y ahora, que no quisiera estar con ella, era demasiado y se sintió devastada. El pecho le dolía mucho.
Haruka apretó aún más sus manos, sentía que su cabeza explotaría. Escuchar a la peliverde llorar a sus espaldas la estaba matando. Respiró profundo, tenía que tranquilizarse, y calmar a su sirena de alguna forma.
Se dio la vuelta e intentó acariciar el brazo de la violinista. Pero esta se apartó.
—Michiru…
—No me toques, no lo hagas— dijo entre sollozos—. Nunca había hecho tanto por alguien, nunca había amado a alguien, nunca… y tu... imbécil, todo te importa un cuerno. Nunca me habían humillado asi. ¿Por qué Haruka? ¿Tanto esfuerzo? ¿Tantas palabras bonitas? Y todo para ¿Qué? ¿Llevarme a la cama y nada más? No debías haberte esforzado tanto sabes.
—No es asi.
— ¿Entonces? ¿Es por el dinero? ¿Es tan importante? ¿Quieres que me quede con él por eso?
—No quiero que estés con él.
—Pero tampoco que esté contigo ¿No?
—Michiru, solo, no quiero que cometas un error.
La ojiazul bajó sus manos, y al fin vio a la rubia. Haruka se sintió hecha pedazos, ver a su sirena así, le partía el alma.
— ¿Es un error que te ame?
—Michiru…
— ¿Tu no me amas?
Haruka dudo unos segundos, pero Michiru lo vio en sus ojos, pudo notarlo antes de que la rubia bajara la mirada y apoyara su frente contra el sofá. Había amor en esos verdes orbes, mucho amor, pero también miedo y eso la desconcertó. Enjugó sus lágrimas, y se sentó en el suelo al lado de la corredora. Acarició su cabeza.
—Haruka— casi susurro.
—No sabes quién soy Michiru. No sabes nada, estás enamorada de un monstruo y ni siquiera te enteras.
—Mi amor, no lo eres.
—Lo soy— tenía la voz quebrada—, y solo voy a destruirte. Como he destruido todo lo que amo. Michiru perdón, nunca debí estar contigo, y con nadie. Nunca debí pretender que podía ser parte de sus vidas. Yo solo estoy llevando mi mierda a su mundo. Lo tienen todo, tú lo tienes todo, y no puedo permitir que lo pierdas por mí culpa.
—Haruka… Dime, si al final, ibas a pedirme esto ¿Para qué hiciste que me enamorara de ti?
—Porque soy una imbécil egoísta, y no lo pensé bien. Porque— levantó la cabeza y la vio— me sentía muy bien cuando estaba contigo. Después de tanto tiempo, al fin me sentía viva y feliz. Pero sirena, no puedo arrastrarte conmigo, porque no sabes con quien quieres compartir tu vida. Y debí decirte tantas cosas antes, pero no lo hice porque soy cobarde, y si lo hubiera hecho, tú me hubieses dejado, y lo único que quería era aferrarme a ti y quedarme a tu lado.
—Haru… mi amor— Michiru la besó en la frente—. Si hablas de tu pasado, sabes que no me importa.
—Aun así, debí decírtelo, no era tu decisión ignorarlo.
—Si lo era. Porque no me interesa, no eres esa persona.
—Pero lo fui. ¿Cómo puedes decir que me amas sin siquiera saberlo?
—Mi amor… ¿Qué es lo que quieres?
—Quiero que sepas quien era… quien soy.
—No quiero saberlo.
—Tampoco yo, pero creo que es lo mejor. Y si, aun después de escucharme, quieres estar conmigo, al menos, no sentiré que te estoy engañando de alguna manera, y no te sentirás traicionada si te enteras por alguien más. Porque al final, todo, termina alcanzándonos, y no quiero que sea demasiado tarde para que te arrepientas.
Se vieron unos segundos más. Hasta que Haruka se giró un poco, apoyando su espalda contra el sofá. Inspiró profundo y luego exhaló. Sabía que estaba a punto de dar un salto al vacío, y ninguna cuerda evitaría que el abismo la engullera.
—Voy a decírtelo todo Michiru— soltó con determinación.
Continuara...
Hola mi gente bella. Pues vengo con otro cap. Esto ya se me esta poniendo intenso (ósea la historia). Espero que les guste y lo disfruten. Siempre es un gusto leer sus comentarios, saber lo que piensan es importante para mi. Y saber que les gusta aun mas.
HaruTenoh11 siempre me alegra leer tus comentarios. Pues acá ya esta el reencuentro, y vamos a ver mas de la historia de Haru, se vienen capítulos un poco intensos entonces. Un saludo para ti.
Kyoky muchas gracias por siempre leer mi historia, y pues sip, ellas tienen que conocerse mas y pronto también nosotras lo haremos. Un saludo.
También un saludo a las personas que se suscriben, las que leen desde las sombras, y todos los que están pendiente de mi historia.
El siguiente cap, solo para un pequeño adelanto, vendrá con una narración un poco diferente y pues aun me faltan detallitos, pero ahí vamos con el.
Siento un poco si me retraso. Mi computadora esta dando problemas de nuevo, quizá el otro año la cambie, pero pues veremos cuanto aguanta ahorita.
En fin, un saludo para todxs, se e cuidan mucho y nos leemos pronto.
