TERCERA PARTE: RESILIENCIA

PRÓLOGO

Mikasa solo esperaba entretenerlo el tiempo suficiente para que Eren llevara a cabo su plan.

La lluvia estaba convirtiéndose poco a poco en tormenta. La tela de su uniforme especial hacía poco por mantener el calor en su cuerpo. Agradecía haberse llevado su capa antes de partir de las murallas junto con Eren y Armin, pero ahora la tela era inútil contra las implacables gotas de lluvia que le golpeaban el rostro y la obligaban a parpadear constantemente. Pero a pesar de sus propias dificultades, su oponente a unos metros de ella parecía inmutable a las inclemencias del tiempo.

Mikasa se mordió el interior de su mejilla, estaba nerviosa. No sabía cómo proceder contra un oponente como Levi. En las veces que entrenó cuerpo a cuerpo con él, su destreza siempre se sobreponía para salir victorioso. Puede que pudiera igualarlo en fuerza y velocidad, pero él tenía una entrenada y pulida agilidad que, bueno, la superan. No podía, la desarmaría en unos cuantos movimientos y con otros tantos la doblegaría para iniciar su caza tras Eren. Y no podía siquiera imaginarse lo que le haría.

La paliza del juicio vino como una respuesta a la mente ansiosa de Mikasa en ese momento. Apretó el agarre en las empuñaduras de sus cuchillas.

Como un faro en la oscuridad, a la mente de Mikasa afloro la única vez que había podido derribar al soldado más fuerte de la humanidad. Lo había pillado desprevenido. En ese entonces, él se encontraba débil por la batalla que tuvo que dar al otro lado del muro en la retoma de la muralla María, y, estaba afectado mentalmente al verse en una encrucijada de darle el suero a Erwin para salvarle la vida en vez de a la de Armin. Si, lo había derribado. Si no se hubiera visto interceptada por Floch y Hange, su pelea de pulso contra Levi la habría ganado. Estaba segura.

Aunque ahora las condiciones eran totalmente distintas a aquella vez. Tales como que Levi estaba en guardia con ella en vez de distraído, y, que en vez de estar confundido estaba furioso. Lo único con lo que Mikasa podía contar era con el factor de que estaba agotado, maltratado. La batalla había sido larga. Tenía que tomar ventaja de ello.

Y por eso decidió que antes de que él pudiera hacer un movimiento contra ella, atacaría primero.

Sus cuchillas se descargaron sin contención contra las de él e inmediatamente ambos se sumergieron en una vorágine de letales ataques. Para Mikasa pronto se convirtió enseguida en una situación de supervivencia, pues las embestidas de Levi la rozaban de tanto en tanto peligrosamente. En un embiste, fue tal la fuerza del impacto de sus cuchillas que gimieron con un chirriante sonido al rozarse entre sí, y, en otro embiste, se quebraron una contra la otra, haciendo saltar sus pedazos por los aires. Pasar al combate a mano limpia fue aún más difícil. En ningún momento su tobillo había dejado de protestar por el forzado uso, recriminándola de tanto en tanto con punzadas de dolor.

La lluvia arreciando, la ropa incómodamente mojada y pegada al cuerpo, la irregularidad del terreno y el peso muerto del EM3D en sus piernas y caderas fueron los factores que mermaron gradualmente la fuerza de Mikasa. Lo que acabó con su inicial entusiasmo completamente fue el comprobar que Levi esquivaba y bloqueaba sus ataques con casi nula dificultad. Su confianza fue decreciendo por esto. Internamente Mikasa empezó a dudar de sus habilidades, de su fuerza, lo que inevitablemente la distrajo e hizo sus ataques cada vez mas débiles y lanzados a la desesperada. Sus puños empezaron a temblar con inseguridad. Se estaba dando cuenta de que no podría salir victoriosa de esa batalla.

Si el conjunto de sus fuerzas y habilidades eran comparables a cien hombres, el de Levi lo era a todo el maldito ejército junto. La facilidad con que atajaba sus golpes sin asomarse la mas mínima preocupación o sorpresa en su rostro, era enervante. Su rostro solo denotaba dureza, frialdad, severidad...

Inevitablemente, Mikasa se distrajo por los rasgos ásperos en el semblante de Levi lo que hizo que el puñetazo que lanzaba en ese momento viajara de forma inofensiva y sin objetivo. Levi ni se molestó en atajarlo o esquivarlo.

- Patético - habló él por primera vez desde que empezaron esa ridícula danza, observando de soslayo la extensión de su brazo aterrizar sin daño ni fuerza en su bíceps.

Mikasa retrocedió como si el comentario hubiera sido un golpe y al apoyar su peso en su pie malo la punzada de dolor fue tan abrumadora que simplemente se giró en su puesto para darle la espalda a Levi y que no viera su expresión de dolor. Se sentó con pesadez en el encharcado terreno.

Estaba doliendo. No solo su hinchado y adolorido tobillo, no solo los pequeños cortes y golpes acumulados de la batalla hace unas horas o los adquiridos en su contienda con Levi, sino que estaba doliendo adentro. Su orgullo y su confianza en sí misma estaban heridos. Quería sentirse enfadada e indignada por la reacción de Levi. Estaba haciendo las cosas mas difíciles para ella. Haciéndola sentir culpable, traidora, débil, desubicada con sus decisiones. Solo estaba jugando con ella. Primero, haciéndola ponerse en guardia con la promesa de severas represalias en sus gestos para después actuar con falta de compromiso en sus ataques. Como si se estuviera tomando la molestia de tratar con los infructuosos esfuerzos de un niño que patalea.

Quería sentirse enfadada… pero, sin comprenderlo, solo sentía una amarga tristeza y sensación de derrota naciendo del pecho y atorándose en la garganta. Sintió las cálidas lágrimas brotar de sus ojos y mezclarse con la lluvia que le caía en el rostro. La invadía una irrefrenable sensación de impotencia y debilidad, que solo la hacia sentir patética.

Lo más seguro es que él tenga razón. Quizás Eren estaba dirigiéndose a una emboscada por propia voluntad y ella solo estaba allí, perdiendo el tiempo por no pensar y seguir el pedido de Eren sin rechistar. Si algo le pasaba a Eren no podría perdonárselo.

El sonido de la tormenta no alcanzó a camuflar los pasos pesados de Levi pisando el encharcado terreno a su espalda. Estaba acercándose a ella. Mikasa respingo al percibirlo, no lo quería cerca de ella. No quería escucharlo remarcar lo estúpida que era. O peor, que le diera un gesto de fingida lástima al comprobar su desbaratado estado.

¡Largo!, rogó Mikasa internamente en un momento de nerviosismo. Por favor, no lo quiero escuchar. Que se vaya. Que algo pase y se olvide de mí. Por favor. Por favor. Que me deje en paz…

La mano de Levi agarrando su hombro interrumpió el tren de sus plegarias.

Antes de que Mikasa pudiera considerar saltar fuera de su alcance, huir o gritarle que la dejara en paz en su sufrimiento, el mundo se suspendió a su alrededor. Las gotas de lluvia dejaron de naturalmente caer hasta quedarse inmóviles en el aire. Quietas, sin moverse. Como si la naturaleza, el mundo y la vida hubieran contenido la respiración. Entonces todo se puso negro y el mundo cambio.


No sé con cara me vengo a aparecer, pero bueno, mejor tarde que nunca. Esto es lo que paso con Mikasa y Levi pre amnesia. Es importante para lo que se viene. Nos leemos en el próximo capitulo.