CAPITULO UNO
HANGE
La estancia era un hervidero de voces entre airadas a consternadas. Hange no alcanzaba a seguir el hilo de una oración cuando otra se sobreponía. Los pocos fragmentos que alcanzaba a descifrar eran comentarios sueltos que iban desde inminentes conflagraciones, mensajeros de guerra, una nueva tapadera del gobierno o del ejército, ambos en conjunto hasta el comienzo del caos… E incluso alcanzó a oír una frase suelta que decía que la lunática de la legión estaba detrás de todo. Más por curiosidad que por ofensa, Hange dirigió su mirada al punto donde creyó que provino el comentario a su persona, pero nadie fue capaz de encontrar su mirada.
El detonante de tanto alboroto podría segregarse en varias partes.
Primero que todo, el despertar de los recuerdos, la restauración de memorias o como se quiera llamar, había despertado los viejos temores en las personas. No el miedo primigenio de titanes al acecho sino la realidad de que no eran queridos por el resto del mundo. Hecho corroborado por lo sucedido a sus unidades en la costa recién anulada la amnesia.
Segundo. Si no fuera suficiente la histeria colectiva, empezó a tomar fuerza otra preocupación entre la ciudadanía al comprender una escalofriante verdad: tal como en el pasado, eran vulnerables a que les lavaran el cerebro a su antojo, por su misma gente.
Tercero. Indudablemente estaban indefensos y vulnerables sin el par de titanes que antes estaban de su lado por lo que ahora la gente solo se preguntaba cuándo sería el momento en el que el otro lado atacaría a unos isleños con solo unos muros de protección.
Cuarto. La permanencia de los Tybur en la isla tenía dividida a la isla. Estaban los que pensaban que debían usarlos como moneda de cambio por su inocencia, los que pensaban que tocaba retenerlos y usarlos como escudo ante las futuras amenazas, y, los que creían que podían ser su boleto, su intermediario con el mundo. Hange era del último grupo.
¿Cambiar toda una ideología global, el estigma de demonios, el odio enconado a lo largo de un siglo, refutar lo que los medios y los libros declaran de ellos a través de un eldiano influyente de Marley que había sido retenido en contra de su voluntad en los últimos meses, con el aliciente de que uno de los suyos había sido el causante de todo el descontrol desatado por la amnesia en masa? Si, ¿Por qué no? A Hange le gustaban los retos. Y era partidaria de que unas buenas horas invertidas con Willy resultarían en favor de ellos.
Quinto. Las cosas empezaron a ir mal.
Willy Tybur y todos sus familiares se habían fugado de la casa segura en la que los habían instalado. Sin dejar notas, ni rastro de forzamiento de alguna puerta o cerradura, sin testigos que los hubieran visto, sin víctimas que hubieran sido neutralizadas en la fuga… Así, de un día para otro, los Tybur se esfumaron de la custodia de la comandante de la legión de reconocimiento del ejército de las murallas. ¿Cómo se explicaba eso a sus superiores? A Hange se le fue el alma a los pies cuando se enteró de ello y no porque iba a ser severamente reprendida por sus superiores sino porque no entendía el motivo que había ido mal. Según ella, las conversaciones con Willy iban por buen rumbo. Pero antes de que pudiera ponerse a cavilar o lamentarse por lo ocurrido, había desplegado a sus hombres para hallarlo donde sea que fuera.
Y sexto, la chispa que encendió los nervios de todas las personas en la estancia y la única que habían encontrado en sus infructuosos esfuerzos por hallar a Tybur. Esta persona estaba en el centro de la sala, acuclillado con sus brazos esposados a la espalda y una barra de hierro asegurando la cadena al suelo. Tal como había estado Eren hace unos años cuando el descubrimiento de su poder estaba siendo juzgado por los cabecillas de las murallas, así se encontraba ahora Zeke Jaeger. Un fantasma del pasado. Una pesadilla del pasado.
- ¡Silencio! – reverbero una voz atronadora por toda la estancia acallando por fin todo el bullicio en la sala. Cortesía de Pixis.
. Gracias, comandante Dot – Darius se acomodó en su silla, su rostro reflejaba que no andaba de buen humor ese día – La pretensión del día de hoy es para dar sentencia a Zeke Jaeger. Reconocido enemigo de la nación, principal perpetrador de diversos ataques a la nación entre los que se le atribuye los crímenes de la población de Ragako, de la mayoría de activos de la Legión y sin olvidar el deceso del antiguo comandante de la misma, Erwin Smith. – Darius dejó a un lado sus papeles mientras cruzo sus manos sobre la mesa y observaba severamente a Zeke – Para mi y para todos los aquí presentes son claras las intenciones para cometer tales crímenes de lesa humanidad. Por lo que antes de tomar una decisión condenatoria al respecto quisiera que me explicara qué lo motivó a entregarse de una manera tan arbitraria a nosotros.
Entregarse. Hange apoyó una mano en el mentón en gesto pensativo. Ciertamente, la unidad que halló a Zeke afirmaba que se habían topado con él por accidente en el camino y que este no había puesto resistencia a su aprehensión. Solo un idiota se acercaría a un nido de víboras descuidadamente... a menos que trame algo.
- La situación es caótica en Marley, ¿saben? Marley se jactaba de estar liderando las apuestas en la guerra. Con sus tácticas, sus avanzadas, sus ofensas… no había contraataque que no pudiera repeler – Zeke asiente para sí casi con orgullo – pero de un día para otro, el ejército marleyano empezó a tambalear. Su armamento era obsoleto, sus tácticas no tenían sentido y no contaban con el suficiente poder de ataque para seguir el ritmo de la guerra...
- Casi me hace llorar – fue el comentario sarcástico que soltó Levi al lado de Hange.
- …Cuando por fin se esclareció la raíz del problema uno pensaría que a Marley le calaría la idea de que simplemente ya no hay titanes. – el tono de Zeke se volvió sombrío – No lo hizo. Persona por persona. Están torturando a cada eldiano en Marley en busca de lo que ya no se puede encontrar.
- Y vino hasta aquí, ¿huyendo? – interrogó con tono monótono Darius.
- ¡Ja! Claro que no – bufa Zeke indignado – Si hay alguien que pueda ayudarme a detener esta masacre es Willy Tybur. Se que está aquí – Zeke usa la barra a su espalda para apoyarse con confianza – O al menos lo estaba.
Hange negó levemente con la cabeza. En el lapso que la gente se había alborotado algún bocafloja había soltado lo que no debía. Sin esforzarse, Zeke solo había tenido que prestar oídos para enterarse de su situación. Algunas personas en los balcones empezaron a removerse incomodas.
- Tybur se fuga. Usted aparece. Demasiada coincidencia.
- Ya lo creo – murmuró Zeke para sí – O mala suerte. Están en una situación precaria. Es cuestión de tiempo para que Marley dirija la vista hacia esta isla. Marley o cualquier otro. – Eso era un hecho – Soy de alguna forma, su única salvación.
Ese último comentario hizo estallar el precario sostén que tenían los asistentes sobre sus emociones. De más está decir que la bulla era un coro de indignación e incredulidad. Desde una visión más objetiva y menos emocional, Hange sabía que Zeke era ahora su único vínculo con el exterior, por esa razón lo que decía era cierto, era valioso. Pero no por la canallada de que fuera su salvación. Bastantes pelotas tiene.
- Tiene los huevos por las nubes – hizo eco de sus pensamientos Levi.
Una serie consecutiva de mazazos fue lo que poco a poco acalló los humos. La fuerza de estos era otro indicativo del mal humor de Darius.
- Ciertamente le sobra cinismo a sus palabras. Puede hablar todo lo que quiera de sus pensamientos altruistas con su gente, pero ¡sé! Que no hay ningún motivo para que se apiade de nosotros…
- Si lo hay – interrumpe con firmeza Zeke a Darius – Quiero darle la paz por la que tanto ha peleado mi infeliz hermano – la mirada de Zeke se dirigió a un lado, a uno de los pabellones entre los que se encontraban los miembros del escuadrón de operaciones especiales, en el que se encontraba Eren.
El gesto que le devolvía Eren a su hermano era una incontenida mueca de desprecio y asco.
Hange suspiró con cansancio mientras caminaba por los corredores del edificio de audiencias. La audiencia de Zeke había terminado sin nada concluyente. Posterior a eso, los comandantes se habían reunido para discutir la custodia de su nuevo prisionero. Temas logísticos principalmente.
A pesar de lo precario que se estaba poniendo la situación, la mente de Hange andaba ausente con sus propios pensamientos. Apenas se había percatado de haber nominado a Levi como parte del equipo de custodia. Su mente daba círculos con sus encuentros con Willy.
Era cierto que inicialmente la indignación y el desprecio fueron los acompañantes en sus conversaciones. Willy era severo, analítico y muy orgulloso, se jactaba de las proezas de su linaje, del importante rol de sus antepasados en la conclusión de una sangrienta guerra, en como el deber de los suyos era mantener esa paz tan esforzadamente conseguida… Pero contra los mejores argumentos Hange sabía dar con las palabras adecuadas y precisas. Lo cierto era que ya no existía amenaza de retumbar, ahora todos eran iguales, incluso antes lo eran. Y sin demeritar las proezas de sus antepasados. Hange solo esperaba que su actual cabecilla añadiera al legado de su familia la hazaña de unificar el mundo.
Hange había sembrado una semilla, estaba segura. Por lo que se sentía completamente descolocada por la ida de Willy ¿la había engañado? ¿fue él acaso más astuto que ella?...
Y aun con todo eso, había algo que la preocupaba aún más y era el éxito de la fuga de los Tybur. Su sistema de vigilancia no era incompetente, la casa en la que los había instalado no estaba hecha de paja y nadie era lo suficientemente rápido para desaparecer del radar. ¿Su teoría? Alguien había ayudado en la consecución de esto. ¿Un traidor? ¿En sus filas?...
Hange suspiro nuevamente ante la implicación. Todo apuntaba para peor, mirase por donde lo mirase. Le dio un vistazo a su silencioso acompañante y volvió a suspirar, esta vez más sonoramente.
- Es bueno saber que cuento con tu alentadora compañía – comentó Hange con sarcasmo.
- ¿Quieres una patada para que te suba el ánimo? – preguntó Levi sin prestarle atención.
- Eso sería mejor que nada – Levi negó con incredulidad aun sin prestarle su entera atención. No era un buen momento para bromas – Te ves… estresado.
- Como si las circunstancias dieran para estar relajado – chasqueo Levi con la lengua – Haz el favor de no hacer observaciones tan estúpidamente obvias. – Hange hizo una mueca ante el tono mordaz.
- Entonces andas de mal humor.
- Ciertamente no ando de las mil maravillas, cuatro ojos.
. ¿Y cuándo lo estás? – Hange jadea con fingida indignación - ¿Sabes? Tu tan inmaculada imagen de estoicismo se está viendo afectada por esa pequeña arruga. Ahí, entre las cejas – apunta Hange con su índice. Levi solo manotea su dedo lejos, sin comentarios.
Ambos se habían detenido al pie de uno de los grandes ventanales de la planta.
Hange entendía el humor agrio de Levi. Solo su entrenado autocontrol impidió que tasajeara a Zeke en el acto. Sabía de la promesa hecha a Erwin y como está perseguiría a Levi hasta que no le diera un justo término. Solo Zeke podía escaparse una y otra vez del filo de las cuchillas de Levi por centímetros. Tenerlo tan al alcance, pero convenientemente protegido por las actuales circunstancias debía ser una completa bofetada a las intenciones de Levi.
Pero aparte de eso, Hange sabía que habían otras cuestiones más reales que preocupaban a su amigo.
- …Tengo el presentimiento de que las cosas solo van a ponerse turbias – dijo Levi antes de rodar los ojos – Eso sonó a agüero de anciano.
- Ciertamente nada de lo que se desarrolle a partir de ahora será bueno.
- Por el momento me conformaré con apretarle las cadenas al mono ese hasta que se ponga morado o azul. El color que me satisfaga más.
- Bien puedas – Hange invitó con un gesto de su mano.
Levi no se movió de su sitio. Por el contrario, empezó a marcar un ritmo rápido con su índice en el marco de la ventana, pensativo.
- ¿Podría encargarte echarle un ojo a Eren? No parecía contento de ver al mono ese. ¿Quién lo estaría? – después de la declaración pública de amor filial hecha por su medio hermano, Eren había salido encolerizado e indignado de la estancia.
- Ciertamente, Armin y Mikasa ya se habrán encargado de ello. – como era predecible, ambos habían salido tras la partida de Eren.
- Ciertamente – asiente pensativo Levi – Pero Eren… se convertirá en un problema. Su mirada hoy me lo confirmó.
- Entonces, hazlo tú. Catéalo a tu manera.
- No soy su niñera. De ninguno de ellos ya puestos.
- …Correcto.
No era la primera vez que Levi insinuaba preocupación por el comportamiento de los miembros de su escuadrón. La pérdida de Sasha había marcado a cada uno de ellos, hasta Hange misma lo notaba. La jovialidad de Connie, la seguridad de Jean, el optimismo de Armin, la expresividad de Mikasa y la personalidad de Eren se habían visto afectadas en mayor o menor medida. Y ni el tiempo había logrado disipar esa nube negra que se había instalado sobre ellos desde entonces.
Hange sabía que como capitán de escuadra, Levi hacía bien al señalar el decaimiento anímico de sus subordinados. Los observaba, los ocupaba con diferentes tareas, los observaba, intentaba actuar del modo más normal e indiferente frente a ellos y los observaba, los observaba, los observaba...
El problema era que Levi era muy reacio a involucrarse más allá de lo necesario con cualquier persona. Él creía firmemente en la superación personal por propia experiencia y consentirlos más allá de lo que había intentado con cada uno al principio estaba más allá de lo permisible. Era la forma de pensar de Levi. Así su mirada se desviara constantemente con molestia a cierta taciturna pelinegra, podía más su terca filosofía.
- Sería refrescante volver a ver una de las miradas asesinas que Mikasa te dirigía. - comenta Hange cuidadosamente.
- De alguna forma son memorables. - bufo Levi mientras rodaba los ojos sin apartar la vista de la ventana. Curiosamente, Hange noto cómo el ceño de Levi se relajaba levemente. ¿Por el recuerdo? ¿por la idea de una mirada más memorable? ¿o por otra cuestión totalmente distinta? Hange tenía sus apuestas altas.
- ¿Qué? – Levi había notado su mirada divertidamente curiosa.
- De alguna forma… - Hange se mordió el labio tratando en vano de colocar una expresión seria – extraño escuchar de tus chocoaventuras con Mikasa.
Levi solo la observó largo rato sin parpadear, ni hablar, sin dar alguna pista si el comentario había caído en el lado de gracia o de molestia para él. Hange trago duro por el escrutinio.
- ¿Chocoaventuras? – preguntó finalmente Levi arqueando una ceja – Creo que si te mereces la patada.
Hange soltó una carcajada de alivio y se sorprendió al instante de sentirse refrescada por ella. Después de tanto estrés, intrigas por resolver y estar actuando su papel con la mayor seriedad por tanto tiempo, reír fue un respiro en medio de la tormenta.
Sin embargo, fue más corto de lo que pensaba. Al fondo del pasillo una puerta se abrió estrepitosamente atrayendo la atención de ambos. De este cuarto salió Eren con gesto sombrío y a grandes pasos, poco después salieron Armin y Mikasa, sus expresiones no auguraban nada bueno. Los tres partieron por caminos distintos.
- Son tres y nosotros dos – señaló después de un momento Hange – Escogeré a Armin.
Levi negó levemente mientras volvía a poner su atención en el ventanal, rehusándose a dar un paso de allí. Hange solo suspiro y lo dejó allí. Por experiencia sabía que era mejor no presionar ni forzar nada con Levi.
Mientras Eren se había dirigido por las escaleras hacia la salida, Armin y Mikasa tomaron los corredores, por lo que seguían en la misma planta. Después de doblar unos cuantos recodos identificó la figura de Armin más adelante.
- ¡Armin! – llamó Hange mientras se acercaba. Armin giró levemente hacia ella – …pero ¿Qué te pasó? – interrogó al ver ahora las marcas indudables de golpes en su rostro, uno de sus ojos había comenzado a hincharse. La preocupación empezó a crepitar dentro de ella.
- Fue Eren – contestó Armin mientras se pasaba una manga bajo la nariz para limpiarse los rastros de sangre.
- Eren te golpeó - concluyó rápidamente ella.
- Sí, pero no me refería a eso – Armin trago con dificultad – Fue Eren. Él…
Lo que sea que Armin fuera a decir se vio interrumpido al momento en que la tierra sufrió una gran sacudida embistiendo a Hange contra el muro. En el momento que su cabeza chocó con el muro explosiones blancas de dolor puro estallaron detrás de sus ojos. Un ataque, pensó Hange antes de que todo se volviera negro y sucumbiera a la inconciencia.
