III - MIKASA

Cuando Mikasa despertó se encontró contemplando el techo de una habitación sombría. Parpadeo varias veces con pesadez tratando de espantar las telarañas del sueño. Realmente, durante esos escasos instantes con su mente en blanco, su mayor problema fue combatir la somnolencia. Pero entonces, como si un tapón se retirara o una cortina se descorriera, su cabeza empezó a zumbar mientras todo lo ocurrido en las últimas horas colindaba sin ningún orden en su mente.

El juicio de Zeke… Armin discutiendo con Eren… Levi guiándola por los escombros… Eren hablándoles con frialdad… ella neutralizando a Armin contra la mesa sin querer… Eren destrozándole el corazón con unas cuantas palabras…

"Al parecer, cuando un Ackerman despierta, suelen sufrir constantes dolores de cabeza…"

No.

Mikasa cortó la línea de pensamiento y se concentró en su estado y situación actual. Al incorporarse sobre un codo, fue suficiente para hacerla dolorosamente consciente del estado de su cabeza. Deslizó las piernas fuera de la cama mientras se toqueteaba la venda apretada que tenía alrededor de la cabeza; y, con una ligera sensación de náuseas inspeccionó el cuarto.

Se llevó una sorpresa al darse cuenta que no era la única persona convaleciente allí. En el otro extremo de la habitación, en una cama paralela a la suya, Mikasa distinguió el perfil de otra persona. Se levantó con cuidado y se acercó para examinar mejor. La pobre luminiscencia que ofrecía la luz exterior apenas le ofreció visibilidad, pero fue suficiente para trazar los familiares rasgos de Hange. El rostro de ella se veía ligeramente contraído y un suave quejido escapó de su boca entreabierta en ese momento. Si no fuera por la blancura del vendaje rodeando su cabeza que resaltaba en la oscuridad, Mikasa habría pensado que Hange estaba teniendo un mal sueño.

Ver a Hange en aquel estado, además en el que se encontraba ella misma, hizo palidecer a Mikasa de angustia. No quería ni pensar cómo estarían los demás.

"Armin podría estar necesitando nuestra ayuda, Mikasa." resonó en su mente entonces la voz de Levi aumentando su preocupación. Y pensar en Armin, le trajo un regusto de culpabilidad a la boca.

Debo disculparme. Mikasa recordaba cuan perplejo se mostró Armin al verse inmovilizado contra la mesa por sus desmedidos impulsos. Y Eren ¿Estará bien? Él…

"Solo has sido esclava de tus impulsos… un esclavo que nunca titubea y que solo obedece órdenes…"

No.

Mikasa sacudió su cabeza forzando a su mente a no atormentarse con lo que había pasado. El brusco movimiento solo envió un aguijonazo de dolor a través de su temple obligándola a tomar apoyo en la pared por los puntos negros que aparecieron en su visión. Mikasa dirigió su mirada de nuevo a la figura inmóvil de Hange, y, debido a la poca definición y a la penumbra, y tal vez a los delirios de su mente, el cuerpo en reposo de Hange transmuto por un momento al de Sasha con vendas en el torso.

Mikasa cerró los ojos con fuerza a la vez que se mordía el interior de su mejilla intentando alejar el pánico. Era evidente que la quietud y la oscuridad sólo estaban empeorando todo, ya que su mente la atormentaba con destellos de recuerdos y fragmentos de conversaciones en contra de su voluntad. Y voces muertas hacía mucho. Carne.

El dolor de cabeza se le intensificó y temiendo que las sombras y la penumbra la engulleran en una nube negra, Mikasa se colocó trabajosamente las botas como pudo y salió de allí.


Para el momento en que Mikasa salía del pabellón médico su migraña se había mermado lo suficiente para ser apenas soportable. Tuvo que concentrar de lleno sus esfuerzos en caminar, y más en el momento en que tuvo que abandonar el apoyo que le había estado brindando la pared al caminar para llegar hasta los dormitorios. Sin nada sólido a lo que apoyarse Mikasa se sintió como muñeca atravesando los patios. Su mirada se concentró en el suelo frente a sí.

- ¿A dónde crees que vas? – Mikasa alzó la mirada al reconocer el tono fastidiado de Levi. Él estaba a unos metros frente suyo, con los brazos cruzados sobre el pecho.

- A las barracas – murmuró Mikasa después de parpadear un par de veces.

- Estás en maldita observación. ¡Regresa!

Mikasa se abrazó el torso con sus brazos desnudos al sentir que empezaba a ventilar más fuerte. Trago con dificultas buscando algo con lo que objetar.

- Solo necesito ver a Armin.

- Él está bien. No hay de qué preocuparse.

- Necesito hablar con él. - rectificó ella.

- ¿Sabes la hora que es? – Levi chasquea la lengua con molestia. Tarde, supuso Mikasa pues en realidad no sabía qué horas eran o cuánto tiempo había pasado desde que había quedado fuera de combate. Solo suponía que era de noche – Lo que sea que tengas que hablar puede esperar. Vuelve a la cama.

Mikasa miró con resignación a las barracas más allá de Levi. De verdad quería hablar con Armin. Pero, su verdadera intención en el momento era huir de los fantasmas y sus propios lastimeros pensamientos. Tuvo el impulso por rebatir, por señalar su propio dormitorio como su nuevo destino, por su propia cama, un cambio de ropa o lo que sea, pero así como apareció el impulso, murió. Se dio media vuelta e hizo el lento retorno al pabellón médico, resignada. Al menos la brisa fresca había despejado su mente.

- No tiene por qué seguirme – Levi la seguía a unos pasos tras ella – Estoy regresando a la cama, como me ordenó – Mikasa negó levemente para sí. Al parecer, Levi tenía la sospecha de que iba a desviarse o desobedecer la orden.

- ¿Contigo? No se sabe – Entonces si. Levi no confiaba en ella – Además, voy a checar a Hange.

- Aún no despierta – informa Mikasa.

- Claramente. No te hubiera dejado salir en ese lamentable estado en medio de la noche y temblando como cervatillo.

Mikasa no respondió al crítico comentario. Aunque aún no se había visto, pero suponía que una contusión en la cabeza no debía favorecer en la imagen de nadie.

Afortunadamente, cuando Mikasa ingreso en el cuarto del que sus engullidoras sombras la habían hecho huir no le pareció tan aterrador como antes. Localizó fácilmente una lámpara de aceite que encendió ligeramente y se descalzó las botas. Un leve mareo la invadió en el proceso, pero se lo aguanto. Mientras se sentaba en el borde de la cama se fijó en la mesita de noche que había pasado por alto antes. Sobre esta estaba un par de píldoras en una bandeja junto con un vaso de agua, y, pulcramente doblada a un lado estaba su bufanda.

Mientras observaba la prenda, Mikasa rememoró la paliza que le había dado Eren a Armin, las palabras de desprecio que les había dirigido a ambos y la mirada sombría y helada que le dirigió mientras hablaba.

"Desde que era niño siempre te he…"

¡No! Basta.

Mikasa se reprendió mentalmente mientras estiraba el brazo hacia la mesilla. No por su bufanda sino por las píldoras y se las tragaba, rogando que fueran calmantes o un poderoso somnífero. Descargo el vaso vacío con más fuerza de la necesaria en la mesita, haciéndola traquetear en la silenciosa estancia.

Mikasa entonces se percató del silencio de la habitación y buscó con la mirada a Levi. Él se había ubicado en una de las sillas al pie de la entrada y la escrutaba sin remilgos. Ante el incómodo silencio Mikasa se obligó a hablar.

- Gracias por lo de hoy, capitán – Levi soltó un suspiro para disimular que no había estado escudriñándola con la mirada mientras se aflojaba el cuello de la capa que llevaba encima. Su aspecto, como era poco usual, se veía un poco descuidado. Y Mikasa no se refería solo al atuendo - ¿Cómo se encuentra?

- Cansado.

- ¿Su espalda? - tenía vagos recuerdos de escucharlo quejarse sobre esta.

- Rígida. Entumecida. Doliendo como mil demonios.

- ¿Ya lo revisaron? – Mikasa recordaba vagamente el caminar encorvado de Levi esa mañana. Incluso ahora que se fijaba veía una innatural tensión en su postura.

- Como si hubiera tenido el maldito tiempo.

Mikasa se mordió el interior de la mejilla en conflicto. Si hubiera sido alguno de sus compañeros el que le hubiera dado esa clase de respuesta habría recibido de su parte una reprimenda a la vez que se hacía cargo de que recibiera la atención adecuada. Pero, siendo Levi el sujeto en esa ocasión, se encontró dudosa. Alguien como Levi debería saber que toda herida debía tratarse para evitar complicaciones o infecciones. Él estaría bien.

Sin embargo, al dar otro vistazo a Levi quien parecía decidido a dormirse en la silla no pudo evitar sentir pena por él, se percibía su desgaste.

- Podría echarle un vistazo. Si quiere – como agradecimiento por lo de ese día y todas las anteriores veces que la había ayudado hizo el ofrecimiento. Y porque estaba en la naturaleza misma de ella.

Que lo aceptara o lo rechazara estaba fuera del alcance de ella. Y, parecía ser el último caso porque Levi no se inmuto por sus palabras siquiera, y Mikasa no era tan ingenua para suponer que se había dormido tan ligero. Encogió los hombros con la conciencia más ligera mientras se preparaba para acostarse.

Un momento después, Levi acercó la silla hasta su cama, más cerca del radio de luz de la lámpara y se sentó a horcajadas en esta mientras se quitaba la capa y se subía el buso que llevaba debajo. Mikasa abrió los ojos en horror ante la vista de su espalda. Tenía tres grandes hematomas: uno desde el hombro derecho hacia mas debajo de la costilla, otro en la región lumbar y otro que rodeaba un arañazo largo e irregular que atravesaba desde su omóplato izquierdo hasta el otro lado a su cintura.

Lo bueno de estar recluida en el ala médica es que era posible encontrar implementos médicos fácilmente.

Limpió y desinfectó el corte, y lo suturó con el mayor cuidado. Tenia curiosidad por saber cómo y qué le había hecho el corte pues era lo bastante irregular para suponer que no había sido producto de un solo tajo, pero opto por concentrarse en las puntadas. Aunque tenso, Levi no respingaba por cada pinchazo que hacia con la aguja. Aplicó una pomada de árnica que encontró en un gabinete sobre los moretones con las yemas de sus dedos extendiéndola con suavidad. Cada tanto topaba con el trazo de alguna cicatriz y la reseguía inconscientemente. Sintió sus mejillas calentarse al sentirse embelesada por la tremenda musculatura que sentía bajo las manos y los rastros de cicatrices medio borradas. Definitivamente, no estaba en su completo juicio.

Finalmente, tomado nota de que Levi no podía mantener su habitual postura erguida ajusto su tórax con vendas intentando no pensar en como la acción lo obligaba a casi abrazarlo.

- Necesita descanso. Dormir. – sus manos le habían advertido del estado febril de su piel. Podría deberse a alguna infección o simplemente su cuerpo estaba pasándole factura por el maltrato.

- Buena idea. - murmuró él con voz ronca.

Mikasa no supo identificar si había sarcasmo o no en el comentario. Solo se limitó a terminar y recoger todos los implementos que había sacado. La tarea la había hecho olvidarse de su propio estado, por lo que cuando se agachó para recoger un rollo de vendas que se había caído al suelo, sintió su cabeza girar por el rápido movimiento.

Solo fue un mareo acompañado de una palpitación en la cabeza, pero la hizo tambalear ligeramente. Levi agarró su brazo para darle estabilidad.

- Déjalo ya. Yo ordeno. Acuéstate de una buena vez.

Mikasa asintió con una mano en la sien y se metió entre las sábanas, sin protestar. Cruzó sus manos bajo el pecho y tal como había despertado se encontró contemplando el techo, tratando de evocar a su mente de permanecer en blanco. No quería tener pensamientos dolorosos.

Pero, ¿Quién podía evitar que la mente vagara sin voluntad a pensamientos traicioneros?

Para el momento en que la habitación volvió a sumirse en penumbras ya que Levi apagó la lámpara, Mikasa estaba batallando con un nudo en la garganta y una repentina opresión en el pecho. La voz de Levi la tomó por sorpresa.

- Estoy cansado – Levi se paró al pie de su cama – Molido. ¿Compartirías… - Levi se aclaró la garganta – la cama conmigo?

- … ¿Qué? – Mikasa creyó haber oído mal.

- Podría dormir con Hange, o buscar una cama libre en este aparentemente abandonado edificio – Mikasa era incapaz de ver con claridad la clase de gesto que tenía Levi. – Pero… No me hagas repetirlo – aquello lo acompaño con un suspiro.

Ciertamente había algo que no encajaba en tal desfasado pedido. Un pedido que inquietaba algo dentro de ella. El que hubiera señalado tan abiertamente las otras opciones más razonables era un indicativo de que Levi quería dejar claro que estaba consciente de lo absurdo del pedido.

- ¿Por qué?

Levi no contestó inmediatamente, se removió un poco en su puesto e incluso se pasó una mano por el cabello. Mikasa era incapaz de dilucidar su expresión pero dado su lenguaje corporal podía decirse que era una pregunta que lo incomodaba.

- Solo… porque sí. – una respuesta esquiva.

Claro que no. Mikasa no accedería a una petición tan descabellada. Era su superior y un hombre mayor. Alguien con el que no tenía el grado de confianza suficiente, alguien con el que no puede sentirse completamente a gusto. Y por sobre todo, alguien con el que se había besado en dos ocasiones. No podía pensar en una situación más incómoda que la de ahora…

Calma, Mikasa. Estas siendo infantilmente dramática. Compartir una cama es una tontería. Lo harías con otro compañero si no hay opción. Es normal entre soldados...

Aunque no del todo segura, Mikasa asintió y empezó a hacer espacio en la que ahora le parecía una muy estrecha cama.

- No es necesario que te corras – Levi se sentó en el borde mientras se quitaba las botas. Supuso que Levi estaba siendo considerado con ella y con su convaleciente estado. No le prestó atención porque estaba lidiando con un pulso involuntariamente errático.

Mikasa creía que esto era una prueba de confianza como cuando le había guiado en una sesión de terapia en el agua cuando estuvieron en las costas de Liberio. Él nunca mostró perversas intenciones. Nunca lo hacía.

Sin embargo, cuando se colocó encima de ella era imposible no suponer oscuras intenciones.

- ¿Qué hace? – cuestiono Mikasa al ver que Levi estaba en cuatro arriba suyo.

- Es… no sé como explicar esto – Ahora que lo tenía más cerca podía ver con más definición sus rasgos. Se veía confundido y apenado de alguna forma – Empújame o córreme si no te agrada. - advirtió él.

- ¿Qué…? – Mikasa no pudo terminar su pregunta,

Levi solo se apoyó en sus antebrazos reduciendo aún más la distancia entre ellos, sus rostros. Una de sus piernas se ubicó entre las suyas. Y por un momento, Levi sostuvo su angustiada mirada desde sus ojos hasta su boca lo que hizo calentar sus mejillas. Mikasa esperaba que el rubor no se pudiera distinguir.

Y aunque Levi le dijo que podía empujarlo, aún si no se lo hubiera dicho, Mikasa solo permaneció inmóvil anticipando lo que se venía. Cerró los ojos porque mantenerlos abiertos se le hizo muy difícil. Sintió el fantasma de la respiración de Levi sobre la cara y…

- ¿Capitán? – el peso del cuerpo de Levi se soltó sobre el de ella mientras su cabeza se recostó en su pecho. Sentía el cabello de Levi en la base de la quijada.

Por inercia colocó sus manos en sus hombros con la intención de empujarlo.

- Sin abrazos – señaló Levi, intencionada o inintencionadamente, malinterpretando el gesto.

Mikasa sintió su rostro calentarse aún mas por diferentes razones.

- ¿Qué es esto? ¿se burla de mí acaso? – estaba molesta como si se hubiera dado cuenta que le estaban jugando una broma pesada.

- Estamos compartiendo cama. Solo no te detalle el cómo.

- Entonces, si me está tomando el pelo – Mikasa cerró los ojos con fuerza al reconocer que había malinterpretado sus intenciones. Ella había anticipado… otra cosa. No esa ridiculez.

- Cálmate. Solo será un par de horas. No suelo dormir más de eso. – Era imposible disimular la respiración agitada teniendo tan íntima cercanía. A pesar de todo, la respiración de él era acompasada.

- Está delirando. Ardiendo, literalmente. – Mikasa sentía el calor del cuerpo de Levi irradiar sobre ella.

- Te compartiré calor entonces.

- Capitán, no puedo hacer esto – Mikasa no sabía porque estaba intentando excusarse en vez de simplemente empujarlo y correrlo a patadas – Esto es… - incorrecto, completamente ridículo, impensable, embarazoso… su pulso errático estaba siendo monitoreado por él. Esconder su nerviosismo estaba fuera de discusión.

- Ya te lo dije. Solo quítame… o duerme – las palabras sonaron arrastradas como si Levi estuviera estuviera a punto de rendirse al sueño.

Mikasa parpadeó varias veces sin saber cómo reaccionar ante tal comportamiento nunca antes tratado. Ya sea que esto fuera producto del agotamiento o la extenuación, ciertamente Levi había sabido golpear en un lado suave de ella. Porque habiendo tratado hace un momento sus heridas, sintiendo su estado febril y escuchar su voz debilitada por la fatiga y el sueño, hacían que Mikasa no pudiera ser implacable con él. Y porque siendo Levi la persona tan singular con la que había sido íntima de otras maneras hacían aquella situación extrañamente permisible. Quizás se arrepintiera más adelante, como solía hacer, pero en ese momento, Mikasa no encontró las suficientes razones para evitar esa situación.

- No creo poder dormir así – dijo ella como último recurso. Levi tardó en responder.

- Es una suerte que sea yo el que quiera dormir – el tono esta vez fue más relajado.

Mikasa se mordió el labio mientras se cubría los ojos con el antebrazo. ¿estaba buscando una distracción para sus pensamientos? Sobradamente la tenía.


Estaba de blanco. No sabía si lo que usaba era un vestido o un camisón. Solo sabía que la prenda escondía un cuerpo cada vez más gastado y cadavérico. Las suaves curvas se habían vuelto angulosas y poco atractivas. El color cremoso de su piel ahora era un pálido enfermizo. Que algo letal corroía su cuerpo ya era un hecho. Poco a poco la muerte la reclamaba.

Un par de brazos pequeños y delgados la abrazaron por la cadera. Bajo la mirada y vio una mini versión suya masculina mirarla con embeleso, como si todos los defectos fueran invisibles para él. Tal vez lo eran. O tal vez él fuera lo suficientemente listo para saber lo que necesitaba una desconsolada mujer. Acarició la cabeza del niño, se agachó y le besó en la frente.

Su vida como Olimpia tenía los días contados. Lastimosamente, sus días de madre también.

Mikasa abrió los ojos, no con sobresalto ni pánico. Se había acostumbrado a tener ocasionalmente esa clase de sueños, los de tintes oscuros. Para ella ya era un hecho que de un tiempo para acá, había empezado a ser consciente respecto a lo que soñaba. Sus sueños eran obras lúcidas y mayormente sin sentido. Es decir, Mikasa comprendía o al menos los interpretaba, como las emociones reprimidas, los impulsos, la angustia hasta los temores que se exponían de una forma oscuramente creativa.

Mayormente, cada uno dejaba algún resquicio tras su despertar. Si soñaba con debilidad e impotencia se despertaba ansiosa. Si soñaba con soledad y pérdida se despertaba amargada. Si soñaba con muerte y fantasmas del pasado se despertaba ausente y sin ánimo… Era lo contraproducente de generar conciencia en la subconsciencia del sueño. Despertar con indeseados e innecesarios pensamientos.

El sueño que acababa de tener reflejaba que tan turbia se volvía su mente. Entre sus deseos más lejanos y casi impensables ahora, Mikasa quería formar una familia. La crianza era algo que le parecía bello. La maternidad, una de las expresiones más puras del amor. Pero como se mencionó antes, eso era un deseo muy lejano, casi fantasioso para ella. No era posible, no teniendo a Eren tan alejado, no con la incertidumbre de represalias del mundo contra ellos.

Mikasa ya no se imaginaba como madre, ni siquiera pensaba en ello. Tampoco se ilusionaba con futuros felices. Aquella versión soñada suya estaba condenada a la muerte, al igual que sus deseos de ser madre. Ya no lo quería. Su futuro era una sombra para ella. Mikasa suspiro con pesar. A pesar del poco interés que profesaba ahora, era inevitable empatizar con la congoja de la mujer manifestada en su sueño.

Después de ese pequeño análisis, inmediatamente Mikasa fue consciente de que lo que había pasado en la noche fue muy real. Levi dormía con ella. En algún punto de la noche, los movimientos de ella habían despertado la compasión de Levi, o tal vez la lucidez, y se había deslizado de encima suyo para dormir sobre su costado. Ya no tenían contacto pero la cercanía era suficiente para sentir la presencia del otro.

La luz del amanecer que se filtraba por la ventana aún no era lo suficientemente fuerte pero le permitió definir vagamente los rasgos faciales de Levi suavizados por el sueño. No tuvo que ver con algún embeleso cuando delicadamente apartó el cabello que caía sobre la frente de Levi con sus dedos, ni tampoco hubo picardía al acercarse y darle un dulce beso sobre esta.

Pasaba que, Mikasa aun estaba muy conectada con las sensaciones que le había transmitido el sueño. Y en ese momento, Levi tenía una mirada tan limpia como la del niño soñado.

Fue un acto sin pensar y que enseguida lamentó.

Mikasa giró hacia su otro costado, dándole la espalda como debió haber hecho desde un principio. Sintió la vergüenza calentar su rostro y quiso fundirse en el colchón cuando sintió enseguida a Levi levantarse y segundos después salir del cuarto.


Un par de horas después, Hange despertó con una severa migraña y muchas preguntas. El equipo médico entró momentos después para examinarlas a ambas. A Mikasa tuvieron que darle puntos ya que se había abierto la cabeza y el golpe la había noqueado, fue más escandaloso de lo que parecía. La debilidad y desorientación que sintió después podían deberse al mismo incidente; sin embargo, le administraron suplementos de hierro y vitaminas. Mikasa no comentó nada pero había estudiado lo suficiente del doctor Grisha para saber que se le administraban esos suplementos a personas que presentaban cuadros de anemia. Aún no se había visto a un espejo, pero suponía que debía verse lo bastante demacrada y paliducha para alertar a los médicos. Eso sin olvidar su historial medico en los últimos meses.

A pesar de que le había tomado más tiempo a Hange el volver en sí, la gravedad de su golpe en su cabeza se evaluaría con el transcurrir de los días para descartar algún traumatismo cerebral grave dado que el grado de debilidad de ella era aun mayor.

Aun con todo eso, Hange tenía un paquete de informes en la mano haciendo caso omiso del reposo recomendado. Mikasa terminó de tasajear las manzanas que les habían llevado y le pasó el cuenco a Hange.

- Gracias, Mikasa. No te hubieras molestado. – Mikasa encogió los hombros mientras se sentaba en el borde de la cama de Hange. Dar esa clase de atenciones era más fuerza de costumbre que otra cosa.

Tenía una pregunta. Una loca teoría que tenía que descartar antes de ponerse en asuntos más serios. Y solo Hange podría darle claridad a ello.

- El capitán Levi estuvo aquí anoche. Para ver si habías despertado, entre otras cosas.

- Eso es muy considerado del enano – Hange dijo con una ligera sonrisa mientras pinchaba con un palillo los trozos de fruta – Suele preocuparse cuando alguien conocido está herido, aunque no lo parezca.

Mikasa asintió de acuerdo con ella.

- Le tuve que dar atención médica a sus heridas. Estaban bastante descuidadas. Y también paso la noche aquí - comentó Mikasa mirando con reproche la cama al otro lado del cuarto.

- ¿Oh? Gracias por eso. A veces hay que señalarle cuando parar. Suele meterse de lleno en algo hasta el punto de sobre exigirse. – Hange suspiro mientras masticaba – Me imagino que habrá pasado la velada encorvado en esa silla. ¿Qué no estamos en un complejo médico? Debe haber por lo menos una cama libre en este edificio. La clave para un reparador descanso es una buena cama… ¿Estás bien? – Mikasa se había llevado una mano a la cabeza – Tal vez estoy hablando demasiado. Hasta yo misma siento el esfuerzo que me lleva formar oraciones.

- Estoy bien – el gesto había sido más de incredulidad que de malestar. Las mismas palabras había mencionado Levi al respecto – No durmió en esa silla. Él… - miró de nuevo la otra cama antes de sacudir la cabeza y concentrarse en Hange - ¿Hay… ¿Hay alguna posibilidad de que el capitán me vea como una figura materna?

Expresarlo en voz alta la hizo sentir más estúpida de lo que había pensado. Pero era la razón más plausible que había concluido en el corto tiempo. Aparte de la otra razón más increíble. Sus sueños no eran proféticos, pero si el que tuvo esa noche era indicativo de algo pues Mikasa preferiría apostar por eso que por lo otro.

La pregunta había congelado a Hange dejando su mano suspendida a mitad de camino, la fruta deslizándose del pincho y cayendo en su regazo mientras su boca estaba entreabierta. Mikasa compuso el gesto más serio que pudo. Hange se aclaró la garganta antes de hablar.

- ¿Por qué preguntarías eso? – había sorpresa en el tono de voz – Es más, ¿Por qué supondrías aquello? ¿Quién besaría a su mamá del modo en que ustedes lo han hecho? Entonces, no. Mi respuesta es no. No hay una mínima posibilidad que Levi te retrate como una figura materna.

- Entiendo – murmuró Mikasa con resignación.

Entonces es lo otro… le gusto al capitán.

Los años en la academia y en el servicio militar le habían enseñado a Mikasa el tipo de comportamientos que tenía un hombre cuando, discreta o indiscretamente, manifestaban atracción por ella. Siempre había algo diferente en el modo en que alguien se expresaba con una compañera y una mujer de su interés. Y Levi con sus comportamientos, su extraño deseo de dormir con ella, la falta de juicio que mostró al acostarse sobre ella, las miradas, los comentarios, e incluso si se ponía a pensar más allá de lo que había pasado esa noche podía apuntar a más señales que probarían que había despertado el interés romántico en Levi.

- ¿Pasa algo? – Hange llamó su atención.

- Él tiene comportamientos extraños conmigo – Mikasa no era la indicada para decir eso después de haberle besado tiernamente la frente mientras dormía – No sé qué hacer. Es mi capitán y de cierta manera lo respeto. No estoy para estas situaciones… Yo tengo mis propios sentimientos por Eren, ¿se comprende? - La idea de que Levi la pretendiera la tenia descolocada.

- ¿Acaso hay algo que está insinuándote? – Hange parecía levemente alarmada. Mikasa negó con la cabeza rápidamente.

- Es solo… - no sabia como explicarse. Ni a ella misma.

- Tal vez, porque Levi es mi amigo, he sido algo laxa con esto. – Hange suspiro antes de posar una mano en el hombro de ella – Mikasa, como comandante y como mujer, te digo lo siguiente: no importa quien sea, no debes dejar que nadie te intimide, te acose o te manipule. Si tu consideras que hay agravios de ahora o incluso de antes que te estén causando problemas, te ayudaré a ponerle un alto a esto. De la manera que quieras. – la mirada de Hange era seria y firme.

Mikasa comprendía lo que Hange quería decir. Podía denunciar a Levi, exponerlo públicamente. Levi había cruzado la línea cuando la había besado en Ciudad Subterránea. Fue incorrecto y grosero. Una fricción áspera de labios. Sin olvidar el exceso de fuerza empleado para inmovilizarla. Siempre imponiendo su autoridad y su superioridad física. Mikasa aun recordaba su último encuentro antes de la amnesia, era una herida abierta aún dentro de ella. Un bruto, un insensible, un bastardo, un aprovechado…

Y, sin embargo, Mikasa recordaba cuán perdida se sintió compartiendo ese primer beso, como sus labios dejaron de agredirse para torpe y afanosamente disculparse con movimientos suaves y sentidos. Después de eso hubo mucho caos y ajetreo en la vida de Mikasa para pensar siquiera que aquello había sido un asalto hacia su persona, pero estaba completamente segura de que en ningún momento Levi había intentado coaccionarla para no denunciarlo. Quizás porque para él aquello no había pasado por su mente tampoco.

Su otro beso en los bosques fue casi accidental. Una malinterpretación de la relación de ambos. Casi una hilaridad del destino. Pero tampoco llevaba en la memoria pensamientos malos sobre ello. Mikasa guardaba aquellos besos como una cómica, estremecedora y embriagadora experiencia de los dos en algún lugar muy profundo y recóndito dentro ella.

- Como amiga de años de Levi – Hange siguió hablando – te puedo decir que no pienso que Levi tome provecho de las situaciones. Es más, habría que señalarle las oportunidades a dedo para que las tomara. Pienso yo que solo es inconsciente de lo que hace. O lo que provoca – Esta vez la sonrisa de Hange era casi una maternal.

En toda la maraña que se había convertido su vida, Mikasa no podía creer que estaba desperdiciando su tiempo y pensamientos en eso. Necesitaba saber que había sido de Eren, disculparse con Armin, saber qué demonios había pasado el día anterior… y ella estaba preocupándose por los actuares de Levi.

- Lo pensaré – concluyó Mikasa mientras se levantaba y se dirigía a su cama para acostarse. La verdad, no quería pensar más.