IV - EREN - HACE CINCO MESES
Las decisiones más difíciles pueden implicar diversas cosas que hasta para la persona más resuelta puede hacerla vacilar. Y una vez tomado un camino lo que podría haber ocurrido en el otro queda en la incertidumbre, sin saber si uno u otro era mejor o peor alternativa. Lo único que se puede hacer es seguir caminando, paso a paso, sin mirar atrás y tratar con los baches resultantes en tu elección…
«¡Mataré a los titanes, hasta el último de ellos!»
Fueron las palabras de un Eren infante con su hogar recién destruido, su distrito asediado por una masa sin paragón de titanes y su madre devorada por una de esas bestias ante sus ojos. Fue tal el odio y desprecio que sintió por esos monstruos y lo que habían ocasionado, que esas palabras se marcaron como un hierro al rojo vivo en su sacudido corazón. El mundo en el que vivían era horrible y sin esperanza, donde el ser superior solo eran seres gigantes y estúpidos de carne con el único propósito de despedazarlos trozo a trozo hasta que no quedara ninguno. Y las personas como Eren, solo eran hormigas, ganado, sin fuerza, ni gracia ni poder para hacer algo al respecto. Los odiaba con el alma…
«Puede que no tenga el talento, pero ¡Tengo la determinación!»
Pese a no tener el innato talento de Mikasa ni la audacia táctica de Armin tenía una llama inextinguible de perseveración. Perseverancia y determinación. Ni las críticas, ni los sabotajes, las burlas o el cansancio mellaron eso. Y fue recompensado por eso. Había recibido el poder. El Poder. Dentro de él moraba un titán lleno de ira y con sed de venganza contra las bestias… Todo esfuerzo tiene su fruto… Y Eren había sido elegido para poseer el poder para liberar a la humanidad…
«No moriré aún... Todavía tengo que averiguar qué le pasa realmente a este mundo.»
El desengaño que tuvo que pasar no solo por uno sino por tres de sus antiguos compañeros de academia fue una puñalada en la espalda, a cada cual más penetrante, más retorcida. No lo entendió en ese momento, lo renegaba a pesar de todas las evidencias. ¿Por qué la humanidad estaba dándose entre sí traspiés hacia un mundo libre y sin amenazas? Resultó que la realidad era más compleja de lo que se creía…
«¿Esperanza o desesperanza? Si no cambia nada, se repetirá la misma tragedia. Si pudiera cambiar algo haciéndolo, entregaría mi vida las veces que fuera necesario.»
Exacto. ¿Cuántas veces no había puesto de lado su propia integridad por los mejores resultados? Ya sea en las batallas en el campo o en los exhaustivos experimentos de Hange. No le importaba maltratarse, desgastarse si con ello significaba estar un paso más cerca de la libertad. ¡Maldita sea! No le importó sacrificar su propia existencia para librar al mundo de titanes y darle una segunda oportunidad a la humanidad. Porque era lo justo, era lo correcto, lo que debía hacerse...
«La última esperanza de la humanidad»
¿La última? ¿si él fracasa era el fin? Qué gran carga era llevar ese nombre. Eren no era ningún héroe, ningún mesías. Solo era un humano que había optado por la opción más altruista para no recargar con un peso terrible en la conciencia… Se suponía que la amnesia era la solución… Se suponía. O al menos eso creyó.
"Sasha murió"
¿Habría cambiado algo si hubiera optado por el Retumbar? ¿Condené a Sasha por haber elegido la amnesia? Si simplemente no hubiera hecho nada y hubiera dejado en paz los poderes de Ymir ¿Sasha aún seguiría con nosotros?...
La incertidumbre y la culpa carcomía a Eren a partes iguales. Ambas conduciendo peligrosamente al desespero. Había algo que pullaba constantemente las delgadas paredes de su estabilidad mental y eran los escabrosos y caóticos escenarios que había vislumbrado al hacer contacto con Historia. El último resquicio de su poder. Una realidad en la que Sasha también moría. Moria. Moria.
Lo más desconsolador en esforzarse, en dejar sudor, lágrimas y sangre con el objetivo de cambiar algo, es darte cuenta de que por más que fuerces y tuerzas el camino en otra dirección todo parece llevar al mismo fatídico desenlace. Lo odiaba.
- …Ahí estás. – sin siquiera preguntar Mikasa rodeo con sus brazos el torso de Eren para abrazarlo. Apenas se habían visto, mucho menos hablando desde que ella había arribado a los muros con el cuerpo de Sasha - ¿Cómo estás? Luces cansado – mencionó ella tras unos segundos al separarse.
- Lo estoy – murmura Eren con voz afectada al darse cuenta que el abrazo casi lo desbarata por dentro. De verdad, estaba muy mal.
- Lo siento por no prestarte atención – Mikasa apoya su espalda contra la pared mientras sus manos empezaron a juguetear con las puntas de su bufanda – He estado con Armin. Lo que sucedió con Sasha no ha sido fácil de asimilar para él… ni para mí. – suelta con un tembloroso suspiro mirando hacia el suelo.
Eren apretó el puño a su lado. Pensar en Sasha de por si era doloroso, hablarlo en voz alta era aún peor. No quería pensar en ella. No ahora.
El espacio entre ellos se llenó de un prolongado silencio. Era el turno de Eren de hablar. De soltar unas cuantas palabras de consuelo o confort para ambos por lo sucedido. Pero estaba cansado de la rutina de lamerse las heridas para seguir adelante como si nada.
Si puedo ser egoísta por una vez…
- Me siento del mismo modo. - tragó con dificultad al sentir la boca repentinamente seca, lo que iba a decir era difícil por el grado de coraje que requería para una persona que tenía nula experiencia en abrirse con esos temas - Eres la persona más preciosa que puede haberme dejado este cruel mundo – a pesar de toda la amargura y desaliento que embargaba a Eren, hizo un esfuerzo para darle convicción a sus palabras. Después de todo, se lo debía a Mikasa – Esa es mi respuesta a tu confesión.
Mikasa parpadeó un par de veces sorprendida mirando el suelo y se removió un poco entre sus pies antes de observarlo directamente. Parecía no saber qué decir o responder ante el repentino giro de la conversación.
- Eren… – las mejillas de Mikasa lejos de tener un adorable sonrojo por la confesión, estaban pálidas signos de su fatiga acumulada en los últimos días; sus ojos enmarcados por bolsas estaban milagrosamente húmedos a pesar de que Eren sabía que no habían tenido tregua desde el fallecimiento de Sasha y solo se lograba vislumbrar el fantasma de una temblorosa sonrisa que no se atrevía a desentonar de la expresión apesadumbrada de su rostro – Gracias… - No era la respuesta que esperaba.
Sí, tal vez no era el momento ni las circunstancias adecuadas. Pero, ¿Cuándo lo era? Más valía soltar ese nudo de la maraña que parecía estrujar a su corazón. Antes de que fuera demasiado tarde.
El silencio volvió a caer sobre ellos.
- ¿Qué soy ahora para ti? – Eren agarró la mano de Mikasa para atraer nuevamente su atención. La pregunta era importante. Al igual que la respuesta.
- …Muy importante – De nuevo no era la respuesta que esperaba. Eren suspiró mientras intentaba de nuevo.
-Estoy cansado de todo esto, Mikasa. Un mundo injusto, un destino cruel – había un poco de exasperación en el tono de sus palabras – Esta no es la vida que quiero. No soy tan fuerte… ya no más…
Mikasa inclinó su cabeza hacia un lado con preocupación. Ella era la única con la podía exponerse de ese modo.
- …¿Qué quieres hacer? – Mikasa traga con dificultad y mira a ambos lados para cerciorarse que estaban solos, temiendo que alguien los pudiera oír– Acaso, ¿quieres irte?
Eren suelta de golpe la respiración que estaba conteniendo. Eso es. Como un rayo de sol que se cuela en medio de las nubes negras, algo se aclaró en su interior. Sí, sincera y cobardemente quería abdicar de todo. Y lo añoraba con Mikasa. No podía ser nadie más.
- ¿Vendrías conmigo? – apretó su mano aún más.
Eren cerró los ojos por un momento. Imaginándose a sí mismo y a Mikasa, en un nuevo capítulo de sus vidas. Ambos irían lo más lejos de todo, a las montañas, para vivir en la clandestinidad como solían hacerlo los padres de ella. En una cabaña, y ambos teniendo una plácida y pacífica vida hogareña, muy lejos de los terrores del mundo.
El solo pensamiento hizo aligerar el peso en su pecho… aún cuando el nombre de Armin parecía querer entrometerse de por medio en ellos. Porque escapar era una palabra muy corta para todo lo que implicaba su ida. Abandonar, dejar a todos, ¡a Armin!, a su suerte, era más adecuado.
Pero en ese momento, Eren estaba convencido de que la felicidad podía ser más grande que cualquier remordimiento.
- Eren – la voz de Mikasa atrajo nuevamente su atención de la fantasía. Eren abrió los ojos con una ligera sonrisa queriendo asomarse por su boca. No noto el tono quebrado con el que hablo Mikasa – No podemos. No puedo…
Eren volvió a cerrar sus ojos, esta vez por un momento, al sentir los trozos de su espíritu cayéndose a pedazos. Sentía una repentina llamarada de emociones en su interior queriendo abrasar todo en ese solo momento. Tristeza, ira, desilusión, locura, desesperación, frustración, odio… Era horrible la mezcla de sensaciones que estaban colindando dentro de él.
- Bien – Eren asintió para sí mientras cerraba ese capítulo inexplorado de su vida – Bien.
- Eren.
No se había dado cuenta que había empezado a caminar hasta que escuchó la voz de Mikasa a su espalda, pero hizo oídos sordos a su llamado. Sentía que el agarre de sus emociones se debilitaba, estaban deslizándose como la arena entre los dedos. Eren sentía el hueco agrandarse a cada paso en su pecho.
«Los humanos somos débiles, y sólo por eso no podemos hacer nada más que llorar.»
Tal como comencé esta historia voy a llevar dos líneas temporales. Pero en este caso, la del pasado solo va a ser desde la perspectiva de Eren. Por otro lado, qué bonito volver a leerlos en las reviews, ya extrañaba ese apoyo y energía que recibo de uds. No quisiera excusarme para tanto abandono a la historia, hubieron muchas cosas que pasaron. La primera de todas es que el disco duro de mi compu murió y todo el adelanto que llevaba de la historia se perdió, y ya se imaginaran como eso lo desanima a uno. Sin más, nos leemos.
